Una para festejar

El ex destacamento de Lomas del Mirador, donde desapareció Luciano Arruga, fue cedido parcialmente a sus familiares y amigos que ya planean convertirlo en un espacio de defensa de derechos humanos.

Antes de septiembre de 2007, la seguridad de Lomas del Mirador estaba a cargo entre otras de la Comisaría 8°, que durante la dictadura funcionó como centro clandestino de detención y tortura conocido como “Sheraton”, entonces dirigido por Leopoldo Luis Baume, responsable de la desaparición, entre muchos otros, de Héctor Oesterheld.

En esa fecha, a pedido de una serie de vecinos nucleados en VALOMI (Vecinos en Alerta de Lomas del Mirador), el intendente Fernando Espinoza inauguró un destacamento policial que funcionaría como “base de operaciones” de la 8°, y reforzaría las medidas que tendían a generar “más seguridad” reclamada por los vecinos. El lugar elegido para el destacamento fue una casa de tres ambientes y un pequeño parque sobre la calle Indart, a pocas cuadras de dos lugares picantes señalados por VALOMI: la villa Santos Vega y el asentamiento 12 de octubre.

En una esquina de la 12 de octubre vivía Luciano Arruga junto a su madre Mónica y sus dos hermanos menores. En diagonal, a 50 metros apenas, hay un chalet de dos pisos y camioneta que pertenece al repartidor de panes Fargo Gabriel Lombardo, fundador de VALOMI, y agitador explícito de la criminalización de la pobreza y los reclamos de mano dura.

El chalet del comerciante supo ser sede de la campaña provincial de Francisco De Narváez  – cuando le terminó ganando a Néstor Kirchner- y también de generosos asados a los efectivos policiales del destacamento, según relatan en la zona.

Lombardo se encargó de salir en los medios contando que lo habían asaltado 39 veces y asegurando que “los malandras están en las villas”.  Cuando desapareció Luciano también filtró versiones acerca de que el joven estaba en Córdoba o en alguna de las villas de Capital, desestimando toda implicancia policial. Pocos días después, en febrero del 2009, asesinaron en Lomas del Mirador al florista de Susana Giménez; el hecho, que puede resultar anecdótico, fue aprovechado por la conductora para alardear los discursos de mano dura promovidos por Lombardo y VALOMI, y sellar una manera de concebir la “seguridad”.

Por el crimen del florista Gustavo Lanzavecchia hubo dos condenados a perpetua, mientras que todavía se sigue buscando dónde está Luciano Arruga.

¿Seguridad para quién?

Vanesa Orieta, hermana de Luciano, cuenta de qué se trataba la “mayor seguridad” en manos del destacamento: “Esa policía era la encargada de generar una seguridad para un sector acomodado mientras que para el otro lo que había eran detenciones arbitrarias, palizas, propuestas para delinquir y persecución”.

Vanesa ya no recuerda cuándo fue la primera vez que fue al destacamento de la calle Indart: “Iba cada dos por tres para buscar a mi hermano o a otro pibe porque me pedían ayuda”.

La seguridad que proveía el destacamento puede leerse a través de dos sucesos ocurridos en septiembre de 2008:

-Conocidos de la villa Santos Vega presentaron a Luciano y sus amigos a un hombre de pelo corto que manejaba un auto blanco. Mónica Alegre, la madre de Luciano, lo vio en la parada con los pibes y se extrañó; cuando le preguntó a su hijo, éste le confirmó que “estaba pasando algo” pero que no importaba: “cuanto menos sepas, mejor”. Luego fue aflojando y le relató a Mónica, según cuenta, que el policía le garantizó que su familia iba a estar mejor si trabajaba para él. Luciano se negó, y es entonces cuando empezó su persecución.

-El 22 de septiembre Luciano fue detenido durante varias horas en el destacamento de manera ilegal, ya que no se permite retener gente si no es en una comisaría o una cárcel. Cuando su hermana Vanesa fue a buscarlo lo escuchó gritar por los golpes que le daban y supo que lo tenían en la cocina. También escuchó un grito: “Negro de mierda, te van a violar en la 8° y vas a aparecer en un zanjón”. A Luciano le adjudicaban el nunca comprobado robo de dos celulares. Salió con moretones y rengueras por los golpes que tuvo que atenderse en el Hospital de San Justo.

La desaparición

La secuencia que involucra al destacamento sigue el propio día en que Luciano fue visto por última vez. La causa da por probado que el 31 de enero de 2009 Luciano Arruga fue levantado por un móvil policial en la esquina de Perú y Pringles (a metros de la 12 de octubre, frente a la placita donde paraba) y los peritajes demostraron que fue llevado al destacamento de la calle Indart. Incluso, en la causa figura un testigo reservado que asegura haberlo visto a Luciano “golpeado y ensangrentado” en el destacamento policial.

Cuando Mónica fue a denunciar que su hijo no había vuelto los efectivos del destacamento le contestaron: “Quedate tranquila que debe estar con alguna minita”. Le tomaron una declaración pero no le dieron copia. Cuando Vanesa fue a reclamar esa copia, se encontró con un penetrante olor a lavandina en medio de un improvisado ataque de limpieza. Luego se comprobó también que una serie de hojas del libro de entradas habían sido arrancadas.

Por presión familiar, la investigación del abogado Juan Manuel Combi y algunas concesiones de la fiscal Celia Cejas fueron removidos de su cargo ocho oficiales de apellidos Sotelo, Borrego, Vázquez, Fekter, Márquez, Díaz y Zeliz, todos del destacamento.

El 28 de septiembre del 2011 el destacamento de la calle Indart debió cerrar ante las evidencias del caso, y fue trasladado a un predio deportivo que también está siendo investigado por los peritos por la desaparición de Luciano.

Cuenta Vanesa: “Una vez cerrado, el municipio quería transformarlo en una repartición municipal. Nosotros entendíamos que el tipo de cuidado que le iban a dar a ese lugar era importante para los peritos y solicitamos una medida cautelar”. Esa medida se mantiene al día de hoy e impide ingresar a determinados ambientes del destacamento.

Crear vida desde la muerte

Los familiares de Luciano siguieron avanzando con la idea de hacer del ex descamento un lugar social y cultural en defensa de los derechos humanos y en contra de la violencia institucional. El intendente Fernando Espinoza se comprometió a cederlo, colgó un cartel que dice “Espacio para la memoria social y cultural Luciano Arruga”, pero los familiares nunca tuvieron la coordinación del espacio.

El 23 de marzo de 2012, en un acto que reunió a Pérez Esquivel, Nora Cortiñas, Pablo Pimentel y otros referentes de derechos humanos, Vanesa Orieta denunció que la intendencia había cambiado la cerradura sin aviso, entre otros desmanejos. Dijo en aquella jornada: “Hoy estamos del lado de afuera lamentablemente. Por eso llamamos la atención de todos aquellos que quieren tener una participación para que tengan en cuenta que si nosotros no entramos, ellos van a tener las manos manchadas con sangre. Es increíble que nosotros, que venimos peleando por este espacio, lo tengamos que ver de afuera, y que aquellos que no han hecho absolutamente nada por nosotros ni por la familia ni por Luciano, hoy pongan tremendo cartel y que chapeen con el nombre de Luciano y que intenten hacer de esto un centro social y deportivo. No lo vamos a permitir”.

El pasado 17 de octubre los familiares y amigos de Luciano trazaron una estrategia que forzara a cambiar las cosas: bien temprano, tomaron por tiempo indeterminado la parte externa del destacamento. Concretamente reclamaban dos cosas: avances en la investigación forense de esa dependencia, donde un georadar detectó movimientos de tierra; y el cumplimiento de la promesa del intendente de La Matanza de ceder el espacio a familiares y amigos de Luciano. Todo en el marco de una campaña que llamaron “por el derecho a saber dónde está Luciano”, que continúa y continuará.

Luego de más de dos meses de acampe, lograron mover los dos objetivos: el Equipo Argentino de Antropología Forense realizó los peritajes en el lugar, cuyos resultados se aguardan; y el intendente Espinoza – el mismo que había inaugurado junto a Lombardo el destacamento en 2007- cedió en carácter de “comodato” (no definitivo) el ex destacamento a la Comisión Por la Memoria de La Matanza, en representación de la familia de Luciano.

Cómo sigue la recuperación del espacio:

-“En primer lugar hay que esperar los resultados de los peritos para saber si levanta la medida cautelar o no, para poder entrar”.

-“Una vez que se levante, lo primero es entrar a un lugar que nos causa mucho dolor, y tratar de llenarlo de contenido sin invadir esos espacios que son muy significativos. Por ejemplo, la cocina para muchos jóvenes significó el lugar de detención donde eran golpeados. Entonces tiene que haber un trabajo de mucho respeto, que trate de informar esas situaciones”.

-“Esto es lo que hay que hacer: desembarcar en un lugar hostil y llenarlo de contenido, que sea una prueba objetiva de a dónde llegan los pedidos de más seguridad y cómo se criminalizan a los sectores humildes”.

No es nada nuevo lo que se propone Vanesa junto a familiares y amigos: ya vienen realizando una radio abierta, actividades sociales, culturales e informativas en los tres años sin Luciano. La idea, dice Vanesa, es  llevar esto que vienen en la calle y en las plazas hacia adentro del ex destacamento: “Que los jóvenes se apropien de ese espacio, que lo llenen de actividades, que carguen información y defiendan sus derechos”. Otras puntas que se planean para este espacio para la memoria social y cultural son una biblioteca de derechos humanos y un archivo de casos de violencia institucional.

Qué falta para poder festejar: “Ahora hay que avanzar con el EAF en otros lugares como en el Monte Dorrego, donde trasladaron el destacamento”.

Y sobre todo, que la cesión del espacio no sea a medidas, como ya ha sucedido con la voluntad del municipio: “Queremos que se firme el comodato y en paralelo se avance con una medida de sanción que favorece el pedido de expropiación del espacio”. Esta sería la maniobra legal que les permitiría a los familiares tener propiedad definitiva sobre el ex destacamento.

Vanesa cierra: “Todos los lugares que se abran en defensa de los derechos humanos es necesario que tengan una participación de organismos de derechos humanos independientes de todo gobierno, que los nombres no se usen, y hacer un análisis humilde y objetivo de lo que significan los derechos humanos en democracia”.

Luciano y la justicia, desaparecidos

Luciano Arruga hace más de tres años que fue desaparecido por la Policía Bonaerense. Los episodios de aquel 31 de enero de 2009 están tapados por la negligencia y cierta colaboración de la Justicia que no tienen voluntad ninguna de esclarecerlos. Su familia y sus amigos son los verdaderos y únicos estandartes en esta lucha de pequeños contra gigantes, que después de mucho tiempo trae novedades. Aunque no sean las que deseariamos contar, acá las tenés. 

A más de tres años de la desaparición de Luciano Arruga, 16 años, la causa que “investiga” el hecho continúa caratulada como “averiguación de paradero” y no tiene imputados. Los policías señalados por la familia como autores de la desaparición, cuya participación esa noche pudo comprobarse con peritos, aparecen en carácter de “testigos” y cumplen funciones en alguna otra comisaría de la provincia. El destacamento para el cual trabajaban fue, sin embargo, cerrado el 28 de diciembre de 2011 gracias a la presión de los familiares de Luciano. Ésa había sido la promesa que lograron arrancarle al intendente de Lomas del Mirador Fernando Espinoza ni bien se concretara una prueba en contra de los efectivos. También se había acordado que la coordinación del espacio que dejó el destacamento estaría en manos de los familiares de Luciano, quienes planeaban un centro de referencia barrial para los pibes de la zona: una biblioteca, un archivo de casos, distintas actividades. La semana del último 19 de marzo la intendencia cambió la cerradura de la llave del ex destacamento que los familiares manejaban, y los dejaron afuera, una vez más.

Todo esto denunció Vanesa Orieta, la hermana de Luciano, el pasado 23 de marzo en un encuentro a las puertas del ex destacamento. Según reza un cartel, el espacio es ahora un Centro Social dela Memoria, lleva el nombre de Luciano Arruga y la firma del intendente Espinoza. Vanesa mira el afiche y descarga: “Es increíble que nosotros, que venimos peleando por este espacio, lo tengamos que ver de afuera, y que aquellos que no han hecho absolutamente nada por nosotros ni por la familia ni por Luciano hoy pongan tremendo cartel y que chapeen con el nombre de Luciano y que intenten hacer de esto un centro social y deportivo. No lo vamos a permitir”.

Otro de los rumores que se filtró desde la intendencia es que harán allí un “centro social y deportivo”, propuesta contraria a los intereses de los familiares y amigos. Vanesa recuerda que el mismo destacamento había sido abierto en 2007 por un pedido expreso de ciertos vecinos nucleados en Vecinos en Alerta de Lomas del Mirador (VALOMI). Fue cerrado por el mismo intendente cuatro años después, comprobada –aunque no parala Justicia-la participación de sus efectivos en la desaparición de Luciano.

Se cree que allí estuvo la noche del 31 de enero de 2009 en que fue visto por última vez. Luciano había ido a la casa de su hermana Vanesa, no la encontró, volvía a su casa en el asentamiento 14 de octubre cuando fue interceptado por un móvil policial. Lo que sigue es apenas reconstruido por dos testigo que afirman haberlo visto “muy golpeado” entrando a la Comisaría 8va de Lomas del Mirador, de la cual depende el destacamento. La misma comisaría que durante la dictadura funcionó como centro clandestino de detención conocida con el mote de “Sheraton”.

Ahora Vanesa escupe de bronca el micrófono, mira a los ojos a los guardapolvos blancos que la escuchan atentos, dice: “Hoy estamos del lado de afuera lamentablemente. Por eso llamamos la atención de todos aquellos que quieren tener una participación para que tengan en cuenta que si nosotros no entramos, ellos van a tener las manos manchadas con sangre”. Vanesa intenta así interpelar a los responsables políticos que en su momento se involucraron con el cierre del destacamento y hoy se hacen los desentendidos. De hecho, en el encuentro que se celebró simbólicamente un día antes del 24 de marzo no asistieron funcionarios nacionales ni provinciales. En cambio estaba Nora Cortiñas, Adolfo Pérez Esquivel, Hugo Cañón, Pablo Pimentel y representantes dela Asamblea Permanentepor los Derechos Humanos deLa Matanza(APDH) yla Comisión Provincialporla Memoria, que decidió anexar allí su acto institucional de repudio al golpe.

La jornada arrancó pasadas las diez de la mañana con una serie de pancartas y collages informativos que hicieron los más chicos sobre el caso de Luciano. Los mismos podían verse estampados sobre las paredes del destacamento, abierto al público hasta las 14 horas que duró la jornada. Podían visitarse tres de las cinco salas, ya que en las restantes un cartel aseguraba que seguían siendo objeto de pericias (tres años después…).

Sobre la vereda de la calle Indart, Lomas del Mirador, desde un escenario hablaron, en orden, Hugo Cañón (presidente dela Comisión Provincialporla Memoria), Pablo Pimentel, Adolfo Pérez Esquivel y Vanesa Orieta. Sobre el final, Nora Cortiñas arrebató el micrófono, gritando: “¿Luciano Arruga y 30 mil compañeros desaparecidos?”.

“¡Presentes!”.

Enseguida las casi cien personas que se habían acercado fueron dispersándose. Los familiares y amigos despegaban de las paredes del ex destacamento los carteles que habían hecho los chicos. Se fueron a Morón, a otro acto. Tenían que devolver las llaves.

Por lo demás, Vanesa aprovechó la “sobremesa” de la jornada para seguir con su reclamo por el espacio del ex destacamento. Contó qué tenían pensado hacer allí: “Que este lugar sea un referente del tema de derechos humanos actuales. Que el de Luciano se convierta en un caso testigo de situaciones que no pueden ser visibles para el resto de la sociedad. Lamentablemente el poder político municipal no entiende que somos familiares de víctimas y que queremos transformar este lugar de muerte en un lugar de vida con nuestra forma de organización y de lucha. Nuestro trabajo acá tenía que ver con la reconstrucción de la memoria, con un archivo de casos, con una biblioteca de derechos humanos, tratando de crear un espacio para que los jóvenes de los barrios puedan ser integrados a un proyecto más humanizado”.

Por ahora, sin llaves, la última novedad data del 28 de marzo de 2012: enla Cámarabaja dela Provinciade Buenos Aires se aprobó una iniciativa solicitando información y denunciando las irregularidades en el caso Arruga. La  propuesta fue presentada por el diputado provincial Miguel Ángel Funes, del Frente Parala Victoria, y tras sus palabras se sumaron el diputado de Nuevo Encuentro Marcelo Saín, Ricardo Vago, del Frente Amplio Progresista y Guido Lorenzino. Sus intervenciones pidieron por “transparencia policial” y reclamaron la creación de una comisión bicameral encargada de seguir los casos de violencia institucional.