Nada tienen los periodistas que celebrar

La profesión está vapuleada por la sangre. Más que un Día de la Libertad de Prensa, México tiene la urgencia de asegurarles la vida. Con 105 muertes en los últimos trece años, no puede haber ninguna fiesta.

 

Teodoro Rentería Arróyave firma lo que no querría firmar. No sólo no es un delirio: es tan real que duele. Es 10 de junio y nadie reparte tequilas o cervezas para brindar. Genera impotencia. Impotencia, dice la RAE, es la falta de poder para hacer algo. Y es impotencia. Pero qué quieren que haga. Si él, Presidente fundador y honorario de la Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos (FAPERMEX), vicepresidente de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP), tiene la obligación de decirlo: en el Día de la Libertad de Prensa, no puede haber fiesta.

Desde 2000, 105 no es fiesta.

Desde 2000, 105 son los comunicadores asesinados.

Desde 2000, 105 son los que ya no hablan.

105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105.

Hasta que se vuelvan 106.

Pero ese no es el eje de las discrepancias. A esta altura, al sol nadie lo tapa con las manos. Aunque, a veces, se le borronean los mensajes. La Comisión Nacional de Derechos Humanos de México saca un comunicado en el que anuncia que los muertos son 84. En un listado preciso que se encuentra en www.fapermex.mx, figuran 105 más una incorporación de 23 nuevas personas, que no aparecen en las nóminas oficiales: son 10 trabajadores de prensa, 9 familiares, 3 amigos de comunicadores y 1 civil, a quienes se los incorpora a esta lista a pesar de las concepciones de el ex presidente mexicano Felipe Calderón, quien planteaba que estos casos eran de “daños colateral”.

Pero, aún así, esa diferencia de números no es la que genera la mayor rabia: el 91 por ciento de los 143 casos son impunes, tan sólo 27 fueron los que llegaron a la Justicia y sólo en 12 se ha dictado sentencia.

“Honduras, México y Siria son ahora los países más letales para el periodismo”, escribía hace unos meses Ernesto Carmona, Presidente de la Comisión Investigadora de Atentados a Periodistas (CIAP). Lo hacía un año después de que Irina Bokova, directora de Unesco, anunciara que el 2012 había sido “el año más mortifero para el periodismo”. Janis Karlins, subdirector de Comunicación e Información de la organización, planteaba que “los países que desgraciadamente encabezan la lista de naciones en donde más periodistas se asesinan son México (…) y Honduras que tiene el triste honor de encabezar, por un lado, el número más grande per cápita de asesinatos de periodistas y, por otro, ser el país donde más se asesina per cápita en el mundo (92 homicidios por cada 100.000 habitantes)”.

Y, en eso, caben una serie de preguntas de las más difíciles: ¿la muerte es política? ¿la muerte es ideológica? ¿las muertes, estas muertes, son mafiosas? ¿las mafias son política? ¿las mafias son ideología? ¿las mafias son partes necesarias del sistema?

Con buenas intenciones de debate, Mariano Tenconi Blanco, en el primer número de la interesante revista argentina Don Julio, realiza una entrevista con una de las mejores plumas de este planeta. El periodista y escritor Juan Villoro lo espera en Colonia Coyoacán para hablar de Menotti, de Bilardo, de Guardiola, de Mourinho y del Barcelona. Es vox populi que Villoro es mucho más que amable. Por eso, adentrado en la charla, el entrevistador se anima a enunciar una pregunta de la que no espera recibir un cachetazo. Valioso cachetazo que termina siendo un gran logro del periodista:

– El periodismo es otro de tus oficios, y hay un debate en la Argentina sobre el periodista que defiende al monopolio y a los grupos económicos, y el periodista que tiene ideología partidaria y milita desde su rol de periodista.

– No puede haber periodismo indiferente. Todo periodismo, en menor o mayor medida, es militante. El periodista no puede ser ajeno a la realidad y debe pronunciarse ante ella. (…) México es el país más peligroso para ejercer el periodismo. Tiene otros enemigos, como el crimen organizado y sobre todo en las zonas donde se conecta con el poder. No te mata un capo de la droga, te mata el político al que puedes poner en evidencia o el empresario que lava el dinero. No los malos, sino los que parecen buenos. Esos serían, entonces, los tres jinetes del apocalipsis para el periodismo.

 

Dice Villoro, involucrando dos elementos centrales: el pueblo y el poder. La sociedad y los funcionarios. La gente y el crímen. El individuo y las mafias. Todos y las mafias. Todo porque todos son parte de la realidad. Porque todo, en cada paso, es política.

“Nada tienen los periodistas que celebrar”, dice el comunicado de la FAPERMEX. A Teodoro Rentería Arróyave no lo desencaja del todo porque desde 1983 anunciana lo mismo. A México, en sí, no lo desencaja del todo, porque lleva más de una década sintiéndolo. A todos, claro, los que no descubrieron hace poco que el periodismo siempre fue militante, tampoco los sorprende.

“Nadie será libre mientras haya peste”, escribió Albert Camus en La Peste. Junio tuvo, también, el día del periodista en Argentina. Acá, allá, donde sea: la libertad es una deuda pendiente.

En la fiesta de las mafias, no hay fiesta.periodistasmexico

Palabras de libertad tras las rejas

“Lunas Cautivas” es el documental de Marcia Paradiso que se llevó el premio a Mejor Documental Nacional en el Festival de Cine de Derechos Humanos. La cámara nos inserta en el taller de poesía que se dicta en la unidad 31 de Ezeiza y nos trastoca la mirada sobre las tres mujeres presas que hilvanan el relato con sus cuerpos. NosDigital asistió a la proyección y habló con su directora y algunas de las protagonistas.

 

“Del otro lado de la reja está la realidad, de este lado de la reja también está la realidad; la única irreal es la reja”. Esto lo decía Paco Urondo desde la cárcel de Devoto. Pero lo podría haber escrito cualquiera de las protagonistas de la película. Lidia, Majo y Lili: las mujeres cautivas (detenidas, no, nunca) en la unidad 31 de Ezeiza que se acercan al taller de poesía dictado en el penal en busca de la libertad. En uno de los encuentros, una dispara “el sol es engañoso, no se deja ver de frente”; por si quedaban dudas, ellas son las lunas: se enfrentan a la cámara y las vemos auténticas, queribles, con sus imperfecciones y su ladoscuro, las reconocemos reales, de carne y hueso…como vos, como yo. Por el rato que dura cada lunes el taller que organiza la Asociación Civil Yo no Fui (y por los 64 minutos de documental que vemos nosotros), no se habla de causas, de condenas, de leyes ni de abogados. En ese espacio, ellas se encuentran y se rescatan con palabras. Estas mujeres están presas, pero son poetas. Esta no es otra historia sobre el encierro, no es otro retrato sórdido sobre las cárceles (que vaya si lo son). Esta es la Historia de las poetas presas.

Marcia Paradiso, directora de “Lunas Cautivas”, nos aclara: “La película busca cambiar la representación que tenemos, desde afuera, de esas que están adentro”. No es una mera propuesta reflexiva. Sabemos que la imagen que construimos sobre ellas no es inocente y, en cierta medida, las define. Casi seguro que lo último que nos viene a la mente cuando nos dicen “cárcel” es un grupo de mujeres (ronda de mate de por medio) hablando sobre un poema de Luis Cernuda. Y mucho menos, si al estrecho cuadro la sumamos a Abril, hija de Lidia, que nació en prisión y juega con los libros mientras las grandes se descubren escritoras a cada minuto. Sí, el cuadro es muy estrecho; tanto que contagia la asfixia, el encierro. Justo al borde del ahogo, se rompe el silencio y la palabra nos libera, nos da aire: Nunca digo yo no fui, digo he sido y habré de ser, esta vez es Lidia quien nos salva con su escrito. Durante la proyección, ella está solo unas filas adelante mío porque mientras filmaban el documental alcanzó su libertad. En las escenas previas a su salida, la vemos transitar esta experiencia compleja, angustiante, impensable para nosotros: “No es fácil salir, a mí me genera mucha ansiedad, afuera todo es muy abrumador. Y también es difícil romper lazos simbólicos de amistades verdaderas que solo nacen en este lugar”. Te desarma su fortaleza. Hoy, Lidia es profesora de su propio taller de poesía en otros penales y, claro, sigue escribiendo. Estas mujeres te desencajan en cada verso.

Tienen esa hermosura que emociona, que te hace abrir grandes los ojos y te pone la piel de gallina. Cuando están juntas, se ríen mucho. “Risas de sueños”, les llaman ellas. Majo, la Gallega, se ríe grande. En realidad, todo lo siente en grande. Algunos ejercicios de escritura la angustian y vemos cómo la taza de té que sostiene tiembla entre sus manos de madre, o cómo se retuerce la lapicera negra que aprieta con los dientes mientras empuja las lágrimas hacia adentro. Majo tiene ojos celestes claro que no saben esconder el llanto. Escribe sobre una foto familiar y entreteje un puente que atraviesa el Océano. Otra vez la palabra la salva a ella, nos salva a nosotros de cualquier mirada obtusa o renegada. Qué manera intensa de estar en el mundo, desafiante de toda lógica de rejas y cerraduras. Me dan ganas de pensarla con sus cinco hijos, ahora que sé que sus poesías se transformaron en un vuelo directo Buenos Aires – Madrid.

María, la profesora del taller, insiste: “Otros ya contaron todo lo malo que pasa en las cárceles. Las cárceles no tienen que existir, es obvio decirlo. Pero también es obvio que existen. Acá se muestra otro costado, sobre todo, se muestra a las personas”. Liliana Cabrera es una de esas personas que desborda cualquier imagen prefabricada y cualquier slogan progre. En las primeras tomas, sus silencios nos confunden y disimulan el torbellino detrás de sus ojos vivaces. Es muy joven  y la vemos crecer y encontrarse con el correr de los minutos. Cuando la punta del lápiz siente la textura del papel, hay un destello que brota de la mirada de Lili. “La reja se cierra, deja surcos invisibles en el mosaico; marcas que permanecen como heridas abiertas, en las muñecas, cortes verticales en las venas, de esos que no se pueden suturar. Ustedes allí, nosotras acá. En el medio, un torrente de vida que se escapa. Es imposible unir lo que separa”. Son algunas de las palabras que nacen de su mano franca de uñas pintadas. No se adelanten; este párrafo no termina con Lili de este lado de las rejas.  Ella sigue presa. Lo repito: detenida es el adjetivo que menos la describe. En el 2011, publicó su primer libro, “Obligado tic tac”, editado por Cartonerita Solar de Neuquén. La vemos agarrar el micrófono con fuerza mientras lee sus poemas en la presentación del libro, como cuidando que no se escape de su piel ni una pizca de recuerdos del antes del cerrojo. Lili, una vez más, descubrió uno de esos surcos invisibles: a partir del libro, surgió la posibilidad de crear un espacio propio dentro de la máquina reproductora de no-sujetos. Así, del cruce de palabras entre Lili y su compañera Silvina Prieto, nació la primera editorial cartonera en una cárcel de mujeres: “Me muero muerta”.

Los jurados la premiaron “por la coherencia entre la propuesta y el diseño sonoro y visual”. También rescatan (y creo que ahí está su valor artístico) que “propone una reflexión sobre el arte como catalizador para la transformación personal y colectiva, y como acto de liberación que permite desarrollar nuevas facetas de la identidad”. También se llevó la mención SIGNIS y el Premio del Público en la categoría de documentales. Por detrás de las historias que se narran descubrimos a la poesía, que exponencia toda potencia de libertad, todo espíritu de búsqueda, y entreteje una red que nos salva de cualquier extrañamiento, de cualquier soledad. “Lunas Cautivas” nos muestra ese cotidiano empapado de arte, esa salvación que pende de una letra posada en un reglón.

La gran rebelión de Pontiac

Última entrega de Revoluciones en la preindependencia americana. Desde las actuales Bolivia –Democracia antes que independencia– y México – El retorno del Rey– vimos diferentes proyectos de autodeterminación. Ahora, en el final de esta trilogía, nos movemos a la región de Los Grandes Lagos, al norte de Estados Unidos, en uno de los movimientos más exitosos en la lucha de los nativos por gobernar su territorio. Así se revela que no solo la Revolución Francesa o de las ideas de libertad de Rosseau o Montesquieu, eran las únicas experiencias que se nutrieron los movimientos revolucionarios y sus actores; los americanos bien tenían puertas adentros una historia colectiva de conflictos frente al dominio colonial.

“Nuestro principio fundamental es este: no es crimen en estafar o robar a un indio. Tampoco el matar a los salvajes y quedarse con sus pertenencias. Mientras viviesen como bestias, morirían como bestias”. Esta imponente descripción  salió publicada en Inglaterra en 1783, dentro de una tragedia titulada Ponteach o los Salvajes de Norteamérica. Así los ingleses veían a los locales y así los trataban, por ello no se entendieron la posibilidad de la gran rebelión de Pontiac. La que de1763 a 1765 iba a sacudir el norte de los actuales Estados Unidos y pondría en duda la capacidad europea de dominar a las sociedades nativas. Adelantaremos el final: se llegaron a entregar mantas infestadas con viruela para poder quebrar la resistencia del rival…

Pero esta historia comienza en 1760, con la derrota francesa frente a Reino Unido, despachando a los primeros del norte. En un abrir y cerrar de ojos, miles y miles de colonos comenzarían a llegar a la región de Ohio apropiándose de territorios ya ocupados por los nativos con total apoyo de los soldados victoriosos ingleses, que ahora tenían como función propagar los asentamientos para hacer efectivo el dominio dela Coronasobre su nueva conquista.

Los pueblos indígenas estaban fuertemente desmoralizados. Ellos habían colaborado con los franceses durante el conflicto armado y ante la derrota sus mayores temores se hacían realidad: sus terrenos, sus pastos, sus lagos, es decir, sus fuentes de subsistencia eran tomadas una a una por el enemigo. Pero lejos de quedarse pasivos ante lo que parecía un catastrófico futuro, tanto los pueblos Sénecas como los Ottawas enviaron mensajeros para conformar una confederación ofensiva que expulsase a los blancos que osaban avanzar contra ellos. Así que para mayo de 1763 los Delawere, los Wyandot, los Seneca, los Shawnee, los Munsee, liderados por Pontiac, jefe Ottawa, libraron su primera batalla, atacando el Fuerte Detroit. Impávidos los europeos resistían asediados sin poder más que defenderse murallas adentro.

Y entonces el rumor empezó a correr: en las Montañas Apalaches, una liga nativa estaba guerreando por ganar su libertad. Y no solo eso, ataque que realizaban, fuerte que caía en sus manos: Le Beuf, Presqu’Isle, Venango, Michilimackinac no habían resistido al embate de los pieles rojas. Mientras tanto, miles y miles de colonos huían, y si no lo hacían, se los obligaba a desaparecer de la zona. La región de Ottawa y su vecina Pennsylvania, vivían una insurrección indígena tratando de emular esta gesta inicial.

Pontiac, ¿quién era este líder que estaba llevando a la derrota a los británicos?: Jefe de los Ottawas, decía haber visto al Señor de la Vida quien le ordenó recuperar las tierras que les habían sido concedidas desde los inicios, despidiendo a los intrusos. Incluso afirmaba qué el Señor los acompañaba en la batalla y los hacía imbatibles. Si alguno llegó a dudar, al calor de las luchas tuvo que empezar a creer. Tanta fue su fama que los ingleses prometieron doscientas libras –fabulosa suma para la época- por su cabeza. Nadie pudo lograrlo.

La contraofensiva iba a llegar. En Pennsylvania se inició la represión contra los sublevados y de allí, hacia Ohio. Mientras tanto, la victoria de Pontiac y su dominio faltaba poco para coronarse Los fuertes Detroit y Pitt estaban sitiados y con ellos caería todo poder europeo.

Si por las armas no lograban vencer, los ingleses tenían una nueva táctica: la viruela. El General Amherst propuso desplegar mantas infestadas de viruela en el Fuerte Pitt. La única forma de ganar era matando a cada uno de los sublevados, fuesen o no soldados.

Poco a poco la brutal enfermedad fue conquistando su éxito. Tanto guerreros como mujeres y niños eran víctimas de tal suerte. Tratándose de una enfermedad novedosa en la zona, los locales no tenían forma de defenderse. Así la guerra se convirtió en total. Los blancos volvían a la carga.

Entre 1764 y 1765 decayeron las fuerzas insurrectas de Pontiac, tanto su número como su moral. No era fácil luchar mientras en sus tierras caían enfermos los seres queridos hasta morir.

En agosto de 1765 se firmaría la Paz de Oswego, donde Pontiac y los generales ingleses llegaron a un acuerdo. Las tierras nativas serían respetadas al oeste de los Apalaches –cosa que posteriormente no sería cumplida- y se aprobaríala Declaración de Derechos Indios.

Pontiac iba a morir tres años más tarde, a manos de un mercenario nativo enviado por los ingleses. Más allá del resultado final, su ejemplo guiaría los siguientes levantamientos en la región por la defensa de su tierra ante el avance colonial.

“El bloqueo sobre Cuba genera muerte”

Interiorizándonos en la situación cubana, la segunda parte de la entrevista a Atilio Borón. Interpretación y explicación de las diferentes nociones de libertad, la actualidad de las reformas que se vienen discutiendo, y desde dónde mirar a Cuba y a la América que la rodea.

Primera parte:  “Estados Unidos prepara un golpe en Venezuela”

Atilio Borón, politólogo y sociólogo, llegado de República Dominicana, donde participó de una conferencia sobre Juan Bosch, se sienta delante de su foto con Fidel Castro, pone jazz de fondo, levanta el señalador de NosDigital y lee “En la batalla de ideas, las que no se conocen, no luchan”. Separa los papeles del escritorio, recuerda el discurso de su entrañable amigo hablándoles a los intelectuales en la Biblioteca Nacional José Martí de La Habana, allá por 1961. Se lo imagina parado, firme, resistiendo los primeros embates de Estados Unidos, lúcido: “Nosotros hemos sido agentes de esta revolución, de la revolución económica-social que está teniendo lugar en Cuba. A su vez esa revolución económica y social tiene que producir inevitablemente también una revolución cultural en nuestro país”. Borón lo tiene en cuenta, como siempre, y lanza: “La batalla de ideas es un elemento fundamental de la lucha de clases contemporáneas. No se puede reducir el conflicto tan solo a los aspectos más económicos. Sobre todo cuando, si el capitalismo ha logrado prevalecer y mantenerse a pesar de sus conflictos y sus crisis, ha sido porque en gran medida supo desarrollar una hegemonía que revela la capacidad ideológica de conducción y de dirección, lo que Gramsci llamaba capacidad de dirección intelectual y moral”. Por eso dirige el Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales, dirigió el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales y es titular de las cátedras Teoría Política y Social I y II.
Desde sus trincheras, enseña que si el capitalismo tuviera que mantenerse solo en base a sus éxitos económicos, se hubiera caído hace tiempo. “Se mantiene porque a pesar de la gran frustración que genera aún cuando las cosas van bien, a pesar de la enorme irritación en momentos como el actual, hay todavía una victoria ideológica cultural que es muy importante y que hace que siga su rumbo a pesar de todas esas dificultades”, se entusiasma y dispara: “Dar la batalla en ese terreno estratégico es importantísimo”.
“Hoy la guerra antisubversiva se libra en el terreno de la cultura y en los medios”, leyó examinando material del Congreso de los Estados Unidos. Lo declaró uno de los más altos jefes militares a la cámara de Representantes. “Más allá de las confusiones que suele haber en el campo del pensamiento de la izquierda, la derecha tiene muy clara la importancia excepcional de la batalla de ideas. Hay que salir a batallar, a desmontar todas las falsificaciones que genera la sociedad burguesa en relación a sí misma y a quienes desean cambiarla”, se ensalza. Vuelve a imaginarse a Castro en uno de sus tantos momentos históricos, cuando llegó a la Habana el 8 de enero de 1959 y gritó: “Decir la verdad es el primer deber de todo revolucionario. Engañar al pueblo, despertarle engañosas ilusiones, siempre traerá las peores consecuencias y estimo que al pueblo hay que alertarlo contra el exceso de optimismo”. Lo trae a la actualidad, a su otro admirado amigo Noam Chomsky y su programa: “decir la verdad y denunciar todas las mentiras”.
Parado en una esquina de la capital cubana, durante su último viaje a la isla, se quedó mirando el horizonte y un par de desconocidos se le acercaron para preguntarle si necesitaba algo. No necesitaba nada, pero le urgía hablar de política. Recuerda y señala: “Los cubanos dicen con absoluta franqueza lo que piensan de política. La idea de que Cuba es un estado policial como dicen en EE.UU. es absurda e incompatible con el espíritu caribeño que tienen. Se quejan de lo económico que está mal por responsabilidad del Estado, pero sobre todo por el bloqueo. Pero el núcleo duro con el que tropieza el Imperio es que los cubanos no quieren saber nada con un país colonizado”. Su compañero martiano lo había dicho en 1960: “Nosotros no hemos de cometer el error de subestimar al enemigo imperialista, sino conocerlo en su fuerza real, apreciarlo en su fuerza real, y hacer, por nuestra parte, lo necesario para salir victoriosos en esta batalla por la liberación de la patria”. Le respondió así a uno de los atentados que sufría el país por entonces: “¡Qué ingenuos son! ¡Si por cada petardito que pagan los imperialistas nosotros construimos quinientas casas!”.
Por eso abordaron también los ataques económicos, que aún duran. “El bloqueo es una política totalmente ilegal, es una política de guerra y de agresión que no debe tener lugar en la comunidad internacional”, explica Borón.

-Desde 1959 Cuba está sometida a un bloqueo estadounidense. ¿Cómo se continua la lucha en contra de ese autoritarismo?

-No hay que acostumbrarse al bloqueo. Es un acto criminal. Significa someter a una población considerada enemiga, aunque no lo sea. En vez de tirarle bombas, les arroja una serie de dificultades económicas que en muchos casos significan pérdidas de vidas humanas. En el caso de Cuba, el bloqueo implicó un costo comparativamente menor porque hay una red de seguridad social muy fuerte que no existe en otros países. Ellos calculan que murieron siete mil personas porque no pudieron acceder a medicamentos que se producen solamente en Estados Unidos o, por ejemplo, en España, pero cuya producción alcanza un 10 por ciento estadounidense. Por las leyes del bloqueo, no se lo pueden vender a Cuba. Eso genera muerte. En un caso de un bloqueo menos prolongado como el de Irak, que no tenía la seguridad social cubana, se estima que murieron 800 mil personas. Solo por un bloqueo económico, sin contabilizar los militares. Ésa es una cifra oficial del gobierno estadounidense. Y la gran mayoría de esos muertos eran niños. A Cuba le ha costado en términos económicos, el equivalente a dos planes Marshall. Con uno solo se recuperó Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Cuando estos cínicos hablan de los problemas de economía cubana, me gustaría ver cómo funciona Estados Unidos con dos planes Marshall en contra en cincuenta años. Ese país sería una hecatombe total. Estados Unidos, además, internacionalizó el bloqueo con la extraterritorialidad: un productor holandés que le quiere vender a Cuba un tomógrafo computado, si tiene un componente tecnológico, de patente o material mayor al diez por ciento, no puede venderselo.

-El bloqueo se extiende también a lo informático.
-Cuba tenía acceso a Internet, pero necesitaba el caño submarino para que fuera de alta velocidad. A causa del bloqueo, Cuba no tiene ese acceso. Los países (República Dominicana, Jamaica) que se lo ofrecieron fueron sancionados por Estados Unidos: “si continúan ayudando, les vamos a cortar el acceso a nuestros mercados, no vamos a dejar que entren los inmigrantes, etcétera”. Chávez les ha tirado un caño de 1300 kilómetros. Vamos a ver cuándo va a funcionar. Eventualmente Cuba va a poder acceder a la era digital plenamente.

 -Sin embargo le critican el corto acceso a la información.
-No le dan la posibilidad de permitirlo. Desde Cuba hasta Estados Unidos hay unas 100 millas. Se podría haber solucionado mucho más fácil. Hay que entender que Cuba está en guerra: lo bloquean, amenazan, sabotean (con muertos incluidos). Cuando japoneses en la Segunda Guerra Mundial entraron en California, Estados Unidos los metió en un campo de concentración. Cuando un país es objeto de un ataque, existe un recorte de las libertades públicas. Se puede resolver levantando el bloqueo y dejando de atacar a Cuba. La Central de Inteligencia Americana reconoció los más de 600 atentados para acabar con la vida de Fidel Castro. No le pueden pedir a Cuba que despliegue todas las libertades públicas. Un cubano tiene más libertad que gente de cualquier otro país de América Latina: saben que no se van a morir por falta de atención médica, que es gratuito el acceso a la mejor educación posible. El estadounidense no tiene esa libertad. Si no tiene dinero, no puede estudiar y difícilmente consiga becas, salvo condiciones excepcionales.

-También le reprochan tener un sistema de partido único.
-Eso es muy controversial. EE.UU. tiene un sistema bipartidario. Como dijo mi gran amigo y talentosísimo Noam Chomsky, en EE.UU. hay un solo partido: el Wall Street Party. Las diferencias entre republicanos y demócratas son marginales. No hacen al fondo de la cuestión. Puede haber un sistema de partido único más democrático que un sistema bipartidario o multipartidario. Cuba tiene algunos rasgos de democracia radical muy fuerte: es uno de los únicos países del mundo donde los candidatos a los cargos electivos de la Asamblea Nacional surgen de las instancias territoriales (barrio o lugar de trabajo). En Cuba el partido Comunista no puede presentar candidatos. Puede el barrio elegir a alguien del partido, pero puede también que no. De hecho, más de una tercera parte de los asambleístas no eran miembros del PC Cubano. Es muy importante porque da un control muy fuerte sobre el representante. ¿A quién le voy a reclamar yo si se derrumba un edificio como consecuencia de corrupción? También hay gastos enormes en la campaña en Estados Unidos y en los Estados capitalistas que recortan las posibilidades de ser electo. Las versiones más optimistas dicen que la campaña de Obama costó un billón de dólares. Las menos, el triple.

-Cuba está actualmente realizando reformas económicas. ¿Qué opinión le despiertan?
-Tiene que hacer reformas porque el sistema antiguo está agotado. Yo creo que las debería haber hecho hace unos cuantos años. Debería haber avanzado más rápidamente a otra forma de organización económica social. Ahora tiene que ir muy rápido porque le está costando mucho funcionar. Tiene que eliminar formas estatizadas de actividades económicas que eran absurdas, por ejemplo, la barbería o la producción de vestidos de novia. Yo lo decía en Cuba: “¿en qué parte de El Capital de Karl Marx, dice que el Estado tiene que tener en sus manos absolutamente todas las actividades económicas?”. El pueblo cubano tiene una gran capacidad creativa, entonces yo creo que van a superar los obstáculos.

-¿Estas reformas pueden llegar a generar acumulación?
-Existe acumulación de dinero importante porque a pesar de los bajos salarios, los cubanos no gastan nada: la comida la dan en el trabajo, alquiler no existe, lo que pagan por luz o gas es mínimo. Me parece que hay una capacidad de compra muy fuerte en Cuba. En los últimos 10 años hubo un proceso importante de acumulación. Fidel le tiene miedo, cree que puede ser el inicio a una vuelta al capitalismo. Yo creo respetuosamente que no. Hay un Estado cubano muy fuerte capaz de controlarlo y de evitar la creación de una burguesía que ponga en jaque a la Revolución. Estados Unidos quiere aportar a eso, pero no lo va a conseguir. Con estas reformas, Cuba va a conseguir galvanizar un apoyo mucho mayor de la población cuyas críticas fundamentales se dirigen a lo económico.

Foto: Mariano Frisoli.