Los guardianes del aborto clandestino

Prometen una “revolución cultural” y renuevan el discurso de los sectores poderosos del catolicismo para disputar su lugar en la regulación de la vida y la sexualidad de las personas. ¿Cómo operan estos grupos? ¿Qué estrategias despliegan para condenar a miles de mujeres al aborto clandestino?

“La ‘cultura de la vida’ y la ‘cultura de la muerte’ pujan una vez más en la cámara baja del Congreso de la Nación. Volvió a presentarse el expediente de la ‘Campaña por el derecho al aborto’, pero el proyecto de la Red Federal de Familias (RFF) -que garantiza la protección integral de la embarazada en riesgo y su hijo- ya consiguió la adhesión de 50 diputados nacionales”. Esto se lee en una nota publicada el miércoles 29 de junio en la web de la Agencia Informativa Católica Argentina (AICA). Como si se tratara de un nuevo round entre dos legendarios boxeadores, cuando lo que está en juego no es el cinturón de campeón, sino los derechos sexuales y reproductivos, el reconocimiento de la autonomía de las mujeres en la toma de decisiones sobre sus cuerpos y sus vida, y el rol de la Iglesia Católica en la regulación de la vida y la sexualidad de las personas.

En efecto, el jueves 30 de junio se presentó por sexta vez en la Cámara de Diputados el proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), con la expectativa, casi a modo de consigna, de “que sea la vencida”. A pesar de que en las sucesivas presentaciones fue ganando firmas de apoyo de diputadas y diputados, el proyecto nunca llegó a la votación en el recinto. Por otra parte, también el 6 de mayo ingresó al Congreso el proyecto de ley de “Protección integral de los derechos de las mujeres embarazadas y de las niñas y/o niños por nacer”. A partir de postular como “niño por nacer” a “todo ser humano desde el momento de la concepción o fertilización del óvulo, hasta el de su efectivo nacimiento”, el proyecto pretende cercenar no solamente la despenalización del aborto, sino también restringir las prácticas de reproducción asistida, actualmente reconocidas por la ley 26.862 y el nuevo Código Civil y Comercial, puesto que éstas presuponen la manipulación, criconservación y descarte de embriones. Si bien este proyecto tampoco ha avanzado en la agenda parlamentaria (fue presentado anteriormente en 2010, 2012 y 2013), el grupo cuyos intereses representa no carece de cosechas. Muestra de esto es la incorporación, casi de último momento, del artículo 19 en el nuevo Código Civil y Comercial, que reconoce el inicio de la vida en la concepción. ¿Pero quiénes son estos grupos? ¿Cómo operan para obstruir una y otra vez el debate legislativo sobre el aborto? ¿Qué estrategias despliegan para condenar a miles de mujeres al aborto clandestino?

No se requiere de mucha investigación para señalar a la Iglesia Católica como un actor político decisivo en la obstaculización del acceso al aborto legal y seguro, desde el lugar hegemónico que ha logrado mantener para imponer su visión de lo que se considera legítimo y deseable en la vida social, muy especialmente en la regulación de la sexualidad, las familias y las relaciones de género. Operando judicialmente para frenar la conquista de derechos, tejiendo alianzas con gobernadores como Juan Manuel Urtubey (Salta), incidiendo en las políticas sanitarias a través de figuras como Abel Albino, estos grupos alimentan el mito de la “nación católica”, montado en la particular y estrecha relación forjada entre el Estado y la jerarquía eclesiástica de la Iglesia Católica, prácticamente desde la Independencia. Desde sus espacios institucionales, pero también desde asociaciones civiles, en un fenómeno que han llamado oenegización religiosa, se posicionan en el espacio de lo público, como legisladores ocultos e intangibles. Si fueron las feministas quienes se encargaron de demostrar que “lo personal es político”, los grupos religiosos salieron a dar batalla y se vienen movilizando políticamente para recuperar el lugar de portavoz en torno a la “moral sexual”.

En defensa de las familias… ¿pero cuáles?

Volvamos al principio. Siguiendo el objetivo de entender quiénes son y cómo operan estos grupos que intervienen directamente sobre nuestras vidas cotidianas, pertenezcamos o no a su credo o institución, detengámonos en la Red Federal de Familias. Esta organización se fundó, como tantas otras de su tipo, a fines de 2009, ante “la amenaza del matrimonio igualitario”. Sosteniendo un concepto de familia basado en el “matrimonio entre varón y mujer, estable y duradera, en respeto a la vida y el orden natural”, formaron parte de la organización de marchas, movidas mediáticas y lobby parlamentario para frenar la sanción de la ley que incluyó en la institución del matrimonio a las parejas del mismo sexo. Ante la derrota, redoblaron los esfuerzos de organización, y hasta el día de hoy la Red articula estrategias de acción con los obispados católicos provinciales, las autoridades evangélicas de las regiones y funcionarios políticos de amplio rango. Entre sus acciones visibles se destaca la conmemoración cada año del Día del Niño por Nacer, decretado por Menem con el visto bueno del entonces papa Juan Pablo II, el 8 de diciembre de 1998. Sí, el Día de la Inmaculada Concepción de la Virgen. La fecha elegida para la conmemoración fue el 25 de marzo en consonancia con el día de la resurrección de Jesús. Este año, los grupos religiosos que se autodenominan “pro-vida”, con motivo de esta fecha, empapelaron la zona del Congreso con afiches de fetos y circularon por las redes sociales imágenes con el lema “Un inocente abortado, otro Cristo crucificado”. La apuesta hacia delante es instalarlo comercialmente como el Día de la Embarazada y promover una marcha nacional.

Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

La Red Federal de Familias es también la que organiza desde hace cinco años el Congreso Nacional Familia y Vida, cuya última edición fue los días 6 y 7 de mayo en Rosario, Santa Fe. En su página web se lee: “Este Congreso está abierto a todas las personas que crean en la necesidad de promover el valor de la vida, la importancia de la familia como célula básica de la sociedad y la educación en verdaderos valores. Está abierta a todo público, docentes, magistrados, funcionarios públicos, sacerdotes, dirigentes sociales y catequistas y también para estudiantes secundarios y universitarios”. Las dos jornadas se desarrollaron en el Salón Metropolitano de Rosario. Luego de la acreditación (previa inscripción y pago de arancel), se podía recorrer una serie de stands de organizaciones e instituciones católicas. Entre los materiales desplegados en las mesas se destacaban aquellos que denunciaban la invasión de la “ideología de género” en las educación de los/as hijos/as, la difusión de la “planificación familiar natural” y los consejos para la vida marital en armonía. La mayoría de los asistentes al Congreso eran adolescentes y jóvenes, en general en grupo, pertenecientes a parroquias o escuelas católicas. Con un funcionamiento de talleres y paneles simultáneos, el Congreso estuvo pensado para pasar el fin de semana, e incluía momentos de socialización como el almuerzo y los cortes de café. En el salón principal, las paredes estaban cubiertas de banners con imágenes de embriones y fetos en distintas etapas de desarrollo e indicando lo que “sienten” en cada momento. Una imagen de la Virgen María acompañó a cada expositor a un costado del estrado. Las presentaciones estuvieron principalmente a cargo de abogados/as y médicos/as, marcando el tono secular del encuentro, principalmente articulado en torno a argumentos médico-científicos y fundamentos jurídicos. Los miembros de la jerarquía de la Iglesia Católica estaban más ocupados en la organización y supervisión de las actividades que detrás del micrófono.

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Congreso Nacional Familia y Vida, 7 de mayo 2016.

Profesionales del derecho y la salud no son actores casuales ni secundarios en esta problemática, sino que encarnan las principales estrategias de estos grupos: la judicialización, el uso de la objeción de conciencia y la presión para dar injerencia a los comités de ética hospitalaria, liderados por médicos católicos, para restringir el acceso a los abortos no punibles y para incidir en la orientación de la políticas de salud reproductiva.

Por la familia natural (y judicial)

“Una vez que el pueblo votó, las puertas del poder se cierran. Hay que quedar del lado de adentro”, así empezó Aurelio García (Encuentro Vecinal Córdoba) el “Panel con Político”, y habla desde la experiencia. A continuación, narró su orgullo profesional: haber impedido que se acceda a los abortos no punibles en la Provincia de Córdoba. Luego del Fallo FAL de la Corte Suprema, el Ministerio de Salud de Córdoba emitió la resolución 93/12 que estableció la “Guía de Procedimiento para la atención de pacientes que soliciten prácticas de aborto no punible, según lo establecido en el artículo 86 incisos 1º y 2° del Código Penal de la Nación”. A continuación, la asociación Portal de Belén – subsidiada por la Subsecretaría de Protección Integral de Niñez y Adolescencia de la provincia y fundada por el propio Aurelio García en 1991 para “dar una respuesta concreta a la problemática de la mujer embarazada y sola” – presentó una medida de amparo para que se declare inaplicable la resolución ministerial e inconstitucional la figura del aborto no punible, hoy vigente de acuerdo al Código Penal. Aunque todavía sin sentencia firme, se logró una medida cautelar que suspendió la aplicación de la Guía en cuestión. Por su trascendencia, en el 2014, Amnistía Internacional, el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género y el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) se presentaron como amicus curiae para dar argumentos al Tribunal Superior de Justicia de Córdoba. Bajo esta misma figura se presentó en el último mayo el Centro de Estudios en Derechos Humanos y la Carrera de Especialización en Protección de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes, de la Facultad de Derecho, de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN). Católicas por el Derecho a Decidir también participa, en carácter de tercero coadyuvante en defensa de los derechos humanos de las mujeres. El poder no entiende mayorías y minorías, y se suele requerir de unos cuantos para contrarrestar la acción de unos pocos. En su exposición en el Congreso Familia y Vida, Aurelio García relató que al juez que dio lugar al amparo “se le venía el juicio político. Cuando lo pidieron en la Legislatura de Córdoba, diez días antes habíamos conseguido firmas para apoyar la moción del juez. Lo desactivamos”.

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Diputado Nacional Juan Fernando Brugge (izq.) y Legislador, Córdoba, Aurelio García (der.)

En ese contexto teñido de una cierta épica macabra, se dio lugar a las preguntas de los/as asistentes. La que abrió la ronda fue al grano: “¿Es posible ir para atrás con el matrimonio igualitario?”. El primero en responder, más moderado en su discurso, fue el Diputado Nacional Juan Fernando Brugge por la Provincia de Córdoba, representante del Partido Democrática Cristiano, hoy integrante del bloque UNA, aclarando que él no veía el contexto parlamentario favorable para instalar ese debate hoy. Si bien Aurelio García estuvo de acuerdo, dejó claro que tampoco está dispuesto a sentarse a esperar: “La apuesta es hackear judicialmente el nuevo código civil. Ir con el interés superior del niño para argumentar que la adopción debe ser con mamá y papá. Tenemos que ser la resistencia cultural. No nos podemos rendir ante lo políticamente correcto. Y vamos a enfrentar al sistema de Fertilización In Vitro, vamos por la protección de los embriones, que son vida”.

Generación pro-vida

Tuvo su lugar en el estrado el Frente Joven, en la voz de Santiago Santino, su coordinador de Formación. Cuando le pedís un contacto, te da su twitter, en el que se presenta “Convencido de que se puede hacer un país mejor para todos”. Con la consigna de que “Sin vida no hay derechos y sin derechos no hay futuro”, presentó, junto a Memé Moscoso – del Portal de Belén – la nueva campaña “Derecho al Futuro”, que el Frente Joven llevará a cabo este año junto a otras ONG’s de todo el país, entre las que se encuentran Rosario te quiero Pro Vida, Elegimos la Vida de La Plata y Universitarios por la Vida de Córdoba.

Congreso Nacional Familia y Vida
Congreso Nacional Familia y Vida

“No somos la generación perdida, somos la generación pro-vida”, sostienen y encarnan una de las fuertes estrategias de los últimos años de los grupos católicos hegemónicos: la apelación a los derechos humanos. Desde esa posición es que acusan de “genocidas” a los/as que defienden el derecho a decidir y de “terrorismo de estado”a los avances en derechos sexuales y reproductivos. Sin embargo, lejos de las posiciones melancólicas y de un discurso conservador, se presentan como una “revolución” y un “cambio cultural”. “Somos lo nuevo, la muerte siempre envejece. Estamos preparando algo grande, queremos salir a las calles, dar charlas en formato TED, transmitir el bien. Y en octubre hacer una gran fiesta. Porque se protesta la muerte, se festeja la vida”. Y como en algo le hicieron caso a Aurelio García, en eso de que “Cuando se cierran las puertas, hay que quedar del lado de adentro, no importa por dónde se entre”, crearon una escuela de Jóvenes Dirigentes, con sede en Buenos Aires, Mendoza, Tucumán, San Juan y Mar del Plata. Ya tiene 159 egresados y recibe el apoyo del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, la Municipalidad de San Miguel (Pcia. De Buenos Aires) y de San Miguel de Tucumán, de la Universidad Fausta, la Universidad de San Pablo Tucumán, de la Escuela de Negocios, de la Universidad de Congreso, de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa y de la Fundación Nuevas Generaciones. Entre sus docentes, se destacan el pediatra Abel Albino – propuesto para Ministro de Salud de la por Mauricio Macri– y Mariano Gerván, Secretario Parlamentario del Bloque PRO de la Cámara de Diputados de la Nación. La mayoría del plantel se conforma con egresados de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Católica Argentina.

La peregrinación peronista

El 18 de enero de este año se firmó el “Pacto de Padua” entre un grupo de intendentes peronistas del conurbano bonaerense, “inspirados en el liderazgo internacional del Papa Francisco” (…) “tomando como iniciador de nuestro pensamiento ecológico integral al General Juan Domingo Perón”. Desde esa fecha hasta el día de hoy, no paran de sumar adhesiones de intendentes de todo el país. El último 13 de junio, aprovechando el contexto de tensión entre la Casa Rosada y el Vaticano, el Pacto fue ratificado mediante la firma del “Compromiso de San Antonio de Areco”. El quinto principio – suman diez en total – es “Proteger a la familia como célula básica de la sociedad y la vida humana desde la concepción”:

Apoyar la realización de las familias es parte de una política socialmente activa, que genere empleo y que ofrezca oportunidades de desarrollo para todos. En el reciente e histórico encuentro que el Papa Francisco y el Patriarca Kirill de la Iglesia Ortodoxa mantuvieron en Cuba, emitieron una declaración de imprescindible lectura, uno de cuyos puntos enfatiza: “La familia es fundada sobre el matrimonio, que es un acto libre y fiel de amor entre un hombre y una mujer. El amor fortalece su unión, les enseña unos a otros como un don, es la escuela del amor y la fidelidad”. A la vez, realizaron un llamamiento “para respetar el derecho inalienable a la vida. Millones de bebés están privados de la propia posibilidad de aparecer a la luz”.

Por si quedaban dudas, el Partido Justicialista redobló la apuesta y el 16 de junio lanzó una secretaría partidaria de Culto y Doctrina Social de la Iglesia Católica. En la presentación estuvieron el presidente del PJ, José Luis Gioja, los intendentes Verónica Magario (La Matanza) y Gustavo Menéndez (Merlo) y el padre José “Pepe” María Di Paola. Previamente, el 1 de junio, recién conformadas las nuevas autoridades del PJ, la Conferencia Episcopal Argentina recibió en su sede a la mesa de conducción partidaria, ocasión en la que los obispos José María Arancedo y Carlos Malfa recibieron a Gioja, Daniel Scioli, Lucía Corpacci (gobernadora de Catamarca) y Gildo Insfrán (gobernador de Formosa). Desde el PJ, declararon que “Tanto la Iglesia quedó a disposición de las necesidades del partido, como viceversa”. El ya nombrado intendente de Merlo, Gustavo Menéndez es una figura convocante dentro de este grupo y así lo demuestra en el (no tan) fino trabajo territorial que lleva adelante. El jueves 30 de junio, participó con el obispo de Merlo-Moreno, monseñor Fernando Maletti, de un encuentro en el que 180 instituciones educativas del partido de Merlo adhirieron al Pacto de Padua.

Idas y vueltas en la relación entre Iglesia y Estado, confluencias entre catolicismo y peronismo. Giros alrededor de quiénes nos niegan nuestro derecho a decidir.

Desobediencia

Mabel Bellucci nos interpela con su libro “Historias de una desobediencia. Aborto y feminismo” y apuesta a reflexionar sobre los mandatos de heterosexualidad y reproducción biológica. “Abortar representa una desobediencia de vida, una gesta de soberanía sobre el propio cuerpo”.

Hablamos de las maneras más diversas para instalar el debate, sus contiendas, sus entradas y salidas de la órbita pública y los modos en que ciertas feministas nos proponemos visibilizar lo que se mantiene entre cuatro paredes de lo íntimo y provoca tanto escozor con solo nombrarlo. Independientemente de lo que apunten la iglesia, los gobiernos, el parlamento, la corporación médica y jurídica, las mujeres implantamos nuestra propia decisión de abortar como una gesta de desobediencia frente al mandato compulsivo de la maternidad. ¿Ante quién nos insubordinamos? A la heterosexualidad como régimen político[i].

Un centenar de mujeres en blanco y negro se agolpa a espaldas al Congreso y levanta las banderas de una revolución que promete: “No a la maternidad. Sí al Placer”; “Despenalizar el aborto”; “Machismo es Fascismo”. Son los años 80’ y comienzan a multiplicarse las movilizaciones de mujeres. Esa imagen -hito es la tapa de “Historias de una desobediencia. Aborto y Feminismo”, escrito por la activista Mabel Bellucci y editado por Capital Intelectual, un libro que ensaya una genealogía y cartografía del feminismo, pero más como una espiral de debates y disputas que como una sucesión de fechas y nombres. Es tanto una reconstrucción de las luchas por el aborto voluntario como una propuesta de seguir batallando. Desde un registro heterogéneo, que recupera a las ancestras feministas, a los aportes académicos y a la trayectoria del activismo feminista y LGTBI, Mabel nos incita a pensar nuevos horizontes políticos y de transformación social marcados por esta contienda ineludible contra la opresión sexista y heteronormativa. Por eso, la autora invita – sin descanso y con humor – a conformar “rondas de pensamiento”. Y desde allí nos interpela:

– La idea es que este texto sea una caja de herramientas para los movimientos de desobediencia sexual, en especial el abortista. Interesa qué dispara, qué comunidades se van armando, qué nexos político-afectivos emergen. Lo lúdico permite abrir debates, por ejemplo: suelo preguntar como un juego “¿cómo decidieron ser heterosexuales?”, entonces se arma un clima de reflexión desde el cual es posible pensar a la heterosexualidad como un régimen político, sin cuestionar la intimidad de cada persona. En líneas generales, mi intención no es dar clases, ni presentar mi libro, apuesto a generar una performance entre el activismo. Tampoco lanzo bibliografías, ni marcos teóricos, sí me interesa identificar algunas tensiones y desafíos que permitan iluminar la reconstrucción de la memoria de nuestros movimientos, quiero volverlos del olvido.

– ¿Cómo te presentás?

– Como activista feminista queer, casi es mi logo. Estoy dentro de corrientes de pensamiento autonomistas y situacionales. Me interesa estar, no ser. Me siento bien navegando. Apostar a intervenciones en las cuales la teoría se vuelve política y la política se sostiene en pensamiento. Una de las premisas sería teorizar la práctica.

– ¿Por qué escribir un libro sobre la lucha por el aborto voluntario?

– ¿Y por qué no? El movimiento abortista dispone de una larga historia que tiene sus especificidades respecto de las corrientes feministas en general. Con este libro, intento escapar del discurso tradicional alrededor de la victimización de las mujeres y de las estadísticas de las muertas. Este país ya está apabullado por todos los discursos relacionados con la muerte. Yo quiero hablar de las vidas, romper ese muro discursivo. A mi entender, ese fue un discurso muy efectista para los años 80´, en el inicio de la transición democrática, en el que se instalaba el debate sobre el aborto en consonancia con el clima de época. Quiero sacar al aborto de ese closet y complejizar las nuevas prácticas abortivas. Desde ahí, cuestiono ese discurso de “las mujeres no queremos abortar”. Cuando una mujer decide abortar, en ese momento es lo que más quiere. Es una decisión en primera persona.

– ¿Cómo lo relacionás con la heterosexualidad obligatoria?

– Es un derivado de ese régimen. La “famosa” culpa que muchas sienten cuando abortan tiene que ver con el mandato de maternidad que impone la heterosexualidad como régimen político. Es una matriz que nos precede: la imposición de la maternidad como definición misma de ser mujer. Interpelo ese mandato totalmente naturalizado, tal como está naturalizado el mercado en el capitalismo. Aún no entiendo cómo no existe un repudio en masa a esa reproducción biológica y esas formas de relacionarnos afectivamente, como la conyugalidad y la familia.

Mabel discute estas instituciones modernas como los únicos modelos válidos de relación sexual, afectiva y de parentesco. Esta noción trae al espacio de la política la dimensión del deseo; Bellucci insiste en la consigna: “erotizar la política y politizar los cuerpos”.

– ¿Qué discusiones planteás frente al “heterofeminismo”?

– Entiendo por heterofeminismo a la tradición feminista que considera como sujeto político a la mujer heterosexual de cierta clase y etnia, y lo transforma en un universal. Siendo la práctica abortiva clandestina, ¿en qué se sustenta el heterofeminismo para decir que los sujetos del aborto son solo las mujeres heterosexuales? Las lesbianas, las bisexuales y los varones trans… todo cuerpo que porte un útero es sujeto del aborto.  Con la irrupción de la práctica socorrista se empieza a escuchar quiénes son. Empieza a haber pluralidad de voces, ya no tienen que ser más “representadas por”. Emergen voces del anonimato para volverse protagonistas, se atreven a decir “yo aborté”, es una primera persona en plural, porque es un “abortamos” colectivo.

Incita a repensar el discurso instalado y políticamente correcto de “nadie quiere abortar” y recupera en lo político el deseo de abortar como ejercicio de autonomía y emancipación ante el mandato compulsivo de la maternidad. El capítulo “La gesta del aborto propio”, escrito por la colectiva feminista La Revuelta, narra la experiencia de Socorro Rosa, un servicio que brinda información y acompañamiento a mujeres que deciden interrumpir un embarazo mediante el uso de misoprostol. También batallan por la legalización del aborto como medida indispensable para el respeto por la autonomía corporal y el reconocimiento de los derechos de las mujeres. Más allá o más acá de los marcos de la legalidad, se trata de activar lo concreto y revolucionar las prácticas.

Experiencias como la del socorrismo permiten sacar a la práctica abortiva de la soledad, el silencio y la vergüenza y volverlo un hecho colectivo y visible. Bellucci reconoce este tipo de iniciativas como espacios de resistencia feminista ante la negación y privación de derechos por parte de la maquinaria del Estado. Pero la lucha por la ley no se abandona y es el eje desde hace casi diez años de la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. En abril de este año, se presentó por quinta vez en la Cámara de Diputados del Congreso de la Nación el proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Firmado por más de 60 diputados de la mayoría de los bloques parlamentarios, pero con el significativo silencio del Ejecutivo, que periódicamente recuerda que el tema no está en su agenda. Desde su presentación original en 2005, el proyecto nunca fue tratado. Para el próximo 29 de septiembre está organizada una Jornada Federal por la Legalización del Aborto en el Congreso entre las 10 y las 17 horas, en la que se lanzarán los foros de debate sobre el proyecto de ley.

– La Campaña cumple un rol protagónico en la lucha por conquistar la ley. Está instalado el debate en la sociedad, en la cultura, en los medios, básicamente en los alternativos… los medios hegemónicos también sacan notas, pero en general cuando están relacionadas a casos de violación. Con excepción de algunas periodistas como Mariana Carbajal y Moira Sotto. El debate está planteado en todos los campos, menos en el parlamentario. En casi todas las movilizaciones sociales, se ve flameando el pañuelo verde como un gesto de visibilidad y de protesta.

– Muchos apuntan a que la designación de Bergoglio en el Vaticano puede obstaculizar aún más la discusión…

– Pero Bergoglio está hace un año, ¿antes qué pasaba? Ahora se escudan en eso, pero nunca hubo voluntad política de llevar adelante este tema. Sí, es cierto que hay cambios de posturas inesperados. Pero tampoco es que el Opus Dei esté ahí adentro, como pasa en España por ejemplo, que lo ves activando cuerpo a cuerpo. Es mucho peor lo nuestro, más cínico. Acá obedecen sin que se lo pidan. A Binner, ¿quién le pidió que diga que el aborto tiene que ser ilegal: la iglesia, los evangelistas, los sojeros? Históricamente, el Partido Socialista siempre bregó y tuvo figuras fundamentales como Alfredo Bravo, que estaban entregados a la ley de aborto. Otro: Pino Solanas firmó gran parte de las solicitadas de la Campaña, ¿qué pasó ahora? La verdad es que no tengo respuestas sobre si va a salir o no la ley, pero el lobby parlamentario no es lo mío.

Bellucci percibe que lo fáctico constriñe las reflexiones y el pensamiento, por lo que prefiere situarse en los bordes de lo institucional: “Quiero que en los márgenes se armen también debates que quizás no puedan instalarse en el centro. Porque está muy tomado por los discursos y los términos estratégicos para dialogar con los legisladores, con el Ejecutivo, con los medios y las instituciones, entonces no hay complejidad. Me interesa que surjan otras propuestas, nuevos lazos, nuevas coaliciones. A mí me interesa la desobediencia sexual y convoco a activar lazos con la desobediencia civil y política”.

– En relación a estas múltiples desobediencias, la lucha por el aborto tuvo un impulso particular en el pos-2001…

– Claro, tuvo un empuje como pocas veces, se transversalizó, salió del corralito feminista  y cruzó los movimientos. Tanto el aborto como la diversidad sexual fueron expresiones muy interesantes de ese momento. Lo que pasa es que para que haya habido un 2001 tuvieron que estar los años 90´ de un fuerte activismo. Eso yo lo discuto mucho. Porque el discurso oficial, ¿cuál es? Los años 90´ como aplastantes y oscuridad total, pero fueron también mucha expresión activista, hubo resistencia. Por supuesto que en seis meses privatizaron todo, fue una locura, en pocos países del mundo levantaron en tan poco tiempo todo el andamiaje de empresas del Estado, pero eso ya venía muy armado. Que hubo resistencia, la hubo. El kirchnerismo como tiene sus raíces en el menemato quiere mostrarlo como una historia negra, para diferenciarse. Pero nunca activamos tanto como en el menemato, nos cruzábamos todxs bajo trincheras porque teníamos un enemigo en común y sin el estado de represión de una dictadura militar que habíamos soportado décadas anteriores, lo cual para nuestra generación era muy significativo

– A diez años, ¿cuál es tu lectura de esas experiencias y esas formas de hacer política?

– Un interrogante que nos tenemos que hacer es cómo todas las corrientes autonomistas que gritaban “que se vayan todos” terminaron en una gestión totalmente personalista, piramidal y estatalista. En verdad, se arrasó con todo lo que habíamos tejido en ese laboratorio social que fue la rebelión plebeya de 2001. Esas tentativas a muchos y muchas nos fascinaron, nos erotizaron. Aunque las asambleas populares tuvieron su auge hacia mediados del 2002, continuaron con fuerza hasta la consolidación del kirchnerismo como fuerza política. Fue nuestra Comuna de París, pero la nuestra no duró nueve días, duró dos años, bastante…

[i]               Mabel Bellucci (2014). Historia de una desobediencia. Aborto y feminismo. Buenos Aires: Capital Intelectual.