“Si no hay justicia, hay escrache”

Julieta Colomer es una fotógrafa argentina que militaba en H.I.J.O.S y era parte activa de la Mesa de Escraches Popular. Por las imágenes de este mecanismo de pedir justicia, expuso en el Museo Reina Sofía, de Madrid, y participó de charlas sobre la resignificación del espacio público. A su vuelta, invita a la reflexión sobre nuestra historia reciente y la compara con la realidad española.

Para la mayoría de los turistas que llegan a Madrid, el Museo Reina Sofía es lo segundo que se ve de la ciudad. A no ser que te subas a un taxi o a un auto particular para ir hasta donde te alojes en la capital de España, lo más probable es que – hayas viajado en avión o en tren o en colectivo – termines en la estación de trenes de Atocha, en pleno centro madrileño. Enfrente de Atocha está el Reina Sofía, uno de los museos más famosos y modernos de Europa. Allí duerme el Guernica de Picasso –la obra en la que el pintor español ilustra la salvajada de los bombardeos a esa ciudad durante la Guerra Civil – y varias otras joyas de Salvador Dalí y Joan Miró, entre otros. Mientras se recorre el primero de los cuatro pisos del Museo a las apuradas, porque la cita con la piel de gallina para ver el Guernica no se puede posponer demasiado, se pueden encontrar montones de obras seductoras que demoran el encuentro con Pablo Picasso. Exposiciones inesperadas. Por ejemplo: fotografías de los escraches que inventó H.I.J.O.S –Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio- en la década del 90’ para generar condena social en los vecinos de los represores, que sacaban a pasear su impunidad por los barrios mientras los amparaban los indultos, la leyes de Obediencia Debida y el Punto Final y, también, su apariencia de ancianos vecinos. “Si no hay Justicia, hay escrache”, era la consigna.

Negativos positivos.
Negativos positivos.

Las fotos son de Julieta Colomer, una fotógrafa argentina que militaba en H.I.J.O.S y era parte activa de la Mesa de Escraches Popular. “Es groso tener las fotos ahí. Son fotos que han estado en la calle, en centros sociales comunitarios, en predios que tomaron las asambleas post 2001. Han estado en La ideal en Villa Urquiza, en la casa de Cucha Cucha, que fue la casa que tomó la asamblea de La Paternal, en la olla de Callao y Corrientes. Post 2001, en la etapa de los cacerolazos, se había armado una especie de colectivo grande que unió a fotógrafos y documentalistas que se llamaba Argentina Arde. Y ahí hicimos muestras de fotos en la calle”, cuenta Julieta, a su regreso de Madrid, luego de pagarse el pasaje para ver sus fotos colgadas en las paredes del Reina Sofía y participar de distintas charlas. Las fotos estaban ahí porque formaban parte de una de la exposición que armó Marcelo Expósito, un español artista y activista social. A la muestra se la llamó Playgrounds,  porque trataba la resiginficación del espacio público, y se exhibió hasta finales de septiembre pasado. “Las fotografías de Julieta muestran la experiencia de los escraches desde dentro, a diferencia de otras visiones de tipo más periodístico o reportajista, constituyen documentos excepcionales de esa experiencia histórica vista desde su interior”, explica Expósito desde Barcelona.

-¿Cómo eran esos escraches de H.I.J.O.S?

-Los escraches apuntaban a la condena social. Fueron en su mayoría entre el 98’ y el 2006. Se laburaba dos meses en el barrio para construir ese consenso y esa condena social en los vecinos. Tenía diferentes partes. Primero una situación más cerrada, en la que H.I.J.O.S investigaba los legajos que conocía de militares y ahí empezaba la averiguación de si la dirección que figuraba en los legajos era actual. Después de ahí –cuenta Julieta Colomer- se trataba de pensar cómo sacarle la foto, porque lo interesante era hablar con el vecino pero también mostrarle que el tipo al que escrachábamos ya no era un joven, sino que la mayoría de los genocidas ya eran personas mayores, que pasaban como vecinos de tercera edad, y en muchos casos ya no se reconocían porque los legajos de la CONADEP son de hace mucho tiempo. Y al final, una vez que ya estaba el operativo hecho, se invitaba a la gente al domicilio para hacer el escrache al represor.

Los escraches de H.I.J.O.S fueron el instrumento para combatir la impunidad que encontró esta agrupación formada en 1995 por hijos e hijas de las víctimas del Terrorismo de Estado de la última dictadura militar argentina. En la Mesa de Escrache, además de militantes de H.I.J.O.S, había gente que se acercaba por las suyas: grupos de arte callejeros, alumnos de centros de estudiantes de los secundarios, gente del Sindicato de Motoqueros, o asambleístas de los barrios que estaba por pasar o por los que ya había pasado el escrache post 2001. Todo el laburo que le ponían a marcar la casa donde vivía un genocida con su familia, ante la indiferencia y el desconocimiento de la gran mayoría de los vecinos previo a que el escrache pasara por allí, tenía su fruto una vez que dejaban la zona. “Nos enteramos de varias situaciones en las que se tuvieron que mudar después de que pasamos, porque la familia no soportaba la presión de ser marcados. Sobre todo las esposas de los represores. Nos enteramos de algunos que se suicidaron. También hubo algunas reacciones de vecinos que acompañaban. Me acuerdo que en Villa Urquiza hicimos un escrache a un médico y laburamos con un jardín maternal. Al otro día del escrache, desde el jardín fueron y le tiraron pañales todos cagados. Nos encontrábamos ese tipo de reacciones”, cuenta Julieta, comunicadora social y fotógrafa de la Cooperativa La Vaca, para la que también realizó junto con Graciela Daleo, sobreviviente de la ESMA, un noticiero radial quincenal sobre los juicios de lesa humanidad que se están desarrollando en los tribunales federales de todo el país.

Imagen: NosDigital
Imagen: NosDigital

Además de testimoniar con su cámara el momento en que el escrache se hacía carne, o sea cuando se realizaba la movilización de vecinos a la puerta del escrachado, Julieta junto a otros compañeros de la Mesa de Escraches se encargaba de la inteligencia previa para generar ambiente y conciencia en el barrio. Así lo cuenta: “El operativo de sacarle la foto al represor era bastante complicado porque no podía abrirse demasiado. La mesa de escrache era un espacio heterogéneo y esa información la manejaba solamente H.I.J.O.S. Era un momento tenso el de la foto. Hubo uno que nos paranoiqueó mal. Habíamos ido con cinco compañeros en una especie de operativo clandestino que armábamos y ya de por sí era todo muy raro. Vivía en un pasaje muy chiquitito, tuvimos que pasar varias veces para ver cuál era la casa, eso ya nos botoneó un poco. Pero hicimos toda la movida para lograr que el tipo asomara la cabeza a la calle, porque necesitábamos sacarle la foto. Por lo general lo que hacíamos era llevarle una carta disfrazados, la idea era que saliera él, no su mujer ni un hijo ni ningún otro. Y no era fácil. Logramos que este tipo saliera y cuando le estoy por disparar la foto desde adentro de un auto, veo que me sacan una foto a mí desde la casa, de un piso de arriba. Entonces ahí fue como no entender nada. Fue decir dos palabras y subirnos todos al auto y nos fuimos. Mucha paranoia porque no sabíamos cómo se había filtrado. Nos dio miedo. Nunca nos había pasado”. La anécdota sirve para entender el laburo previo que había detrás de esos escraches y para comprobar que eran necesarios no sólo para construir condena social por la memoria de lo que esos genocidas habían hecho 30 años atrás con sus padres, sino porque muchos de los escrachados seguían en actividad. Y con poder. “El escrache ese se hizo dos años después. Fue muy raro porque era a un tipo que seguía en actividad, fue médico, obstetra de la brigada de San Justo, entregó bebes. El tipo nos jodió durante varios meses todo el laburo. Apenas llegábamos al barrio, la Mesa de Esraches hacía un mapa y durante los dos meses previos al escrache organizaba cine debate, charlas, volanteaba las plazas, todo para informar. También escribíamos una carta que la repartíamos por debajo de la puerta a los vecinos, para explicar por qué el escrache, quién era el escrachado en cuestión que vivía en ese barrio. A las pocas semanas el tipo escribió su propia carta, hablando bien de él a sus vecinos y diciendo que nosotros éramos violentos, vengativos. Hicimos pintadas y las encontramos al otro día todas tachadas. Eso fue una pelea en el propio territorio. Y una muestra de que el tipo seguía activo, operando. Hasta el momento uno no se imaginaba eso: que todavía mueve groso, que no es ningún boludo, que tiene su aparato. Para nosotros eran todos viejos que estaban retirados”.

El último escrache de H.I.J.O.S fue hace ocho años, en 2006. “Fue el más difícil que nos tocó hacer: a un comisario que estaba en actividad”, recuerda Julieta. Pero el final no tuvo que ver con eso, sino con el momento histórico que se vivía en la Argentina. En 2003, al asumir Néstor Kirchner, lo primero que hizo fue anular las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. “Fue un paso necesario e importante. La primera vez que un gobierno constitucional daba respuesta al reclamo histórico de los organismos de derechos humanos. Por ese entonces en la Mesa de Escrache se agudizó una discusión que había surgido años antes y que nos interpelaba a pensar qué entendíamos por Justicia. Existía una diferencia muy sutil pero tajante entre la idea de concebir el escrache como herramienta capaz de presionar para lograr el juicio y castigo y había otra idea que lo entendía como una construcción desde abajo y entre los vecinos: la construcción de condena social. A mi modo de ver ambas propuestas podían convivir pero no fue posible llegar a un acuerdo y la discusión terminó con la salida de H.I.J.O.S de la Mesa de Escrache. Esta situación complicó los mecanismos para seguir investigando a los genocidas. Por eso, ya a fines de 2006, se hizo cada vez más difícil la construcción de los escraches”, explica Julieta, de 40 años. Fue ahí cuando los inventores del escrache dejaron de hacer escraches. Una modalidad que replicó rápido en varios puntos de Sudamérica. Y que el año pasado migró a España. Acaso por eso también estuvieron esas fotos colgadas en las paredes del Reina Sofía. “Los escraches han migrado a España en los últimos años, no como una reivindicación de la memoria, sino como una herramienta de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), con un apoyo social amplísimo. De hecho, los escraches practicados a los políticos responsables de la violencia sobre la población resultante del estallido de la burbuja inmobiliaria y la emergencia habitacional, han contribuido a señalizar con nombres y apellidos a los políticos cómplices del genocidio financiero, provocando con ello su fuerte deslegitimación”, cuenta Marcelo Expósito, el artista que armó la muestra en el Reina Sofía, quien divide su tiempo entre Barcelona y Buenos Aires.

La PAH es un movimiento social surgido en 2009, en Barcelona, que agrupa personas con dificultades para pagar la hipoteca o que se encuentran en situación de ejecución hipotecaria. En España, la subida del precio de la vivienda acompañada de un buen pasar económico, en lo que se conoció como burbuja inmobiliaria, provocó que sacar una hipoteca para vivienda fuera casi tan sencillo como ir al quiosco. Pero la burbuja un día explotó: desde la crisis económica que se desató en 2008, con el aumento del desempleo a más del 25%, se ha vuelto imposible para más de 350 mil familias pagar las hipotecas. Son los desahuciados, como se los llama en España, donde a los desalojos se los conoce como desahucios. Son los que se quedan sin la vivienda pero continúan con la deuda con el banco a cuestas aunque no disfruten del calor del hogar por el que deben pagar. “Los escraches efectuados por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca están estrechamente vinculados a los escraches argentinos, aun con las diferencias sustanciales en sus objetivos. También en el Estado español –cuenta Marcelo- se apela a la sociedad civil, se le reclama a la gente tomar posición. Son una apelación a la justicia desde abajo, sin ejercicio de violencia ni venganza, pero contundente en su condena social de los cómplices de violencia contra la sociedad civil”.

Durante su estadía en Madrid, Julieta Colomer dio una charla en el Patio Maravillas, un colegio que llevaba siete años cerrados hasta que se lo ocupó para transformarlo en el centro comunitario más grande de la capital española, junto con miembros de la PAH. “Ellos tuvieron la experiencia del 15M que fue similar al 19 y 20 de acá. El escrache que replicó allá, o que ellos tomaron, no es de víctimas de del franquismo sino que tiene que ver con un motivo económico. Tiene esas diferencias. Para algunos de allá, para otros no, pero sobre todo para las víctimas del franquismo que siempre remarcan que en España no se mira nunca al pasado, que no se ha hecho nada por esas víctimas, son importantes esas diferencias”, cuenta.  Marcelo Expósito retoma esos contrastes: “Aun así, desde hace quince años se desarrolla en todo el Estado español un potente movimiento por la recuperación de la memoria histórica, que si bien no ha hecho uso de la herramienta de los escraches, sí lo ha hecho de acciones contundentes con la continuada localización y exhumación de tumbas NN donde se encuentran todavía los más de cien mil desaparecidos fruto del crimen de Estado en los primeros años del franquismo. La influencia que el movimiento histórico por los derechos humanos argentino ha ejercido sobre este movimiento por la recuperación de la memoria histórica en el Estado español, ha sido enorme”.

El escrache español tiene el mismo fin que el que inventó H.I.J.O.S pero una impronta bien distinta. “Tiene que ver con la época también. Es una situación un poco más virtual. Hay mucho tuiteo, redes sociales. Pero ellos han logrado con los escraches frenar algunos desalojos. Y el tema de los desalojos es bestial: hay gente que se quedó sin la casa pero además tiene la deuda por 20 años. Es tremendo –cuenta Julieta- eso generó mucha rabia y canalizó en el escrache. Allá se señala a los diputados que frenaron la ley que ampara los desalojos. Lo que pasa es que la sociedad española no logró calar el escrache porque no les gustó eso de señalar con el dedo, de buscar condena social. No está bien visto a nivel social. Por supuesto que sí en los jóvenes. Y hay algunas excepciones: cerrajeros  que les tocaba ir a desalojar y se negaron”.

Este asesino vive en nuestro barrio. Julieta Colomer.
Este asesino vive en nuestro barrio. Julieta Colomer.
Frente a la casa del torturador. Julieta Colomer.
Frente a la casa del torturador. Julieta Colomer.
En el barrio. Julieta Colomer.
En el barrio. Julieta Colomer.
Conozca a su vecino. Julieta Colomer.
Conozca a su vecino. Julieta Colomer.
Condena social. Julieta Colomer
Condena social. Julieta Colomer
Juicio y castigo. Julieta Colomer.
Juicio y castigo. Julieta Colomer.
Redoblante. Julieta Colomer.
Redoblante. Julieta Colomer.
Stencil en la calle. Julieta Colomer.
Stencil en la calle. Julieta Colomer.
Torturador suelto. Julieta Colomer.
Torturador suelto. Julieta Colomer.
Verdad justicia memoria. Julieta Colomer
Verdad justicia memoria. Julieta Colomer
Volante. Julieta Colomer.
Volante. Julieta Colomer.

En medio de los vacíos de una ley

Mientras continúan los debates en torno a la Ley de Medios, otro proyecto de ley viene a visibilizar los límites y los silencios de la norma para con los medios gráficos y de internet. Desde la Asociación de Revistas Cuturales e Independientes de Argentina, se elaboró una ley de fomento para las ediciones independientes y se denuncia la política de exclusión que avanza sobre los circuitos de comercialización y distribución.

Toda ley es un proceso político. Teñida de una coyuntura particular, craneada desde el Estado o apuntalada por necesidades y reclamos populares. Alianzas más, alianzas menos, hay de las que salen rápido y de las que demoran años; las que son un punto de quiebre y las otras, de las que casi ni nos enteramos; algunas, muy poquitas, sirven de faro para un cambio que la sociedad no termina de madurar, y algunas otras llegan tarde, tardísimo. Están las mediáticas, y las que se sancionan por lo bajo; las que se festejan en la Plaza del Congreso y las que se repudian con todo el cuerpo. Están las que se cumplen. Y las que no.

Este proceso excede por mucho al “debate” parlamentario, que es más bien la performance para el noticiero nocturno. En el antes, se juega la batalla. De ideas, de palabras, de gritos y de algún manotazo también. Es en esa previa en la que se entretejen los hilos del “tira y afloje” de la situación política del momento, en la que se moldean algunos sueños y se trabaja por la búsqueda de lo común, de un reclamo afianzado con un colectivo detrás que aguante la parada. O, por lo menos, algo de esto empapa la gestación del Proyecto de Ley de Fomento para la Producción Independiente y Autogestiva de Comunicación Cultural por Medios Gráficos y de Internet. El colectivo de referencia es, para el caso, la Asociación de Revistas Culturales Independientes de Argentina (AReCIA). Como se decía desde NosDigital cuando comenzaba a visibilizarse este trabajo en conjunto y este intercambio de saberes y experiencias heterogéneas: No hay pauta oficial ni publicidad que financie la libertad de expresión ni la existencia de una publicación destinada a la pasión y no a la moda. De eso se trata una revista cultural (http://www.nosdigital.dreamhosters.com//2011/07/las-revistas-se-asocian-la-autogestion-camina/).

Las publicaciones que integran AReCIA ya trepan a 320. Trescientas veinte historias únicas, singulares que, más que encarnar un punto de vista o la vista de un punto, son la mixtura de voces múltiples, discusiones apasionadas y sueños de un mundo ancho y, esta vez, muy propio. Autogestión, trabajo colectivo e independencia son algunas de las palabras que hermanaron a estas historias y forjaron un sueño común. Sobre este terreno fértil se dieron las discusiones que culminaron en este proyecto de ley, que, en sus fundamentos, afirma: “Esta ley viene a saldar una vieja deuda de la democracia con el periodismo cultural independiente (…) sin publicaciones culturales independientes no hubiera habido voces que se alzaran contra las dictaduras militares ni de mercado”. Lo que está en juego es la propia existencia y sostenibilidad de estas publicaciones, que sirven de decoración para la bandera de la “pluralidad de voces”, pero no son amparadas por el Estado. Estos proyectos, que no gozan de las ventajas impositivas, comerciales ni administrativas que tienen las grandes empresas de medios gráficos, se encuentran ahogados en el límite de la supervivencia. En este sentido, los miembros de AReCIA destacan que la unión y la fuerza colectivas les permitieron sobreponerse al agotamiento “de empujar un sueño contra viento y marea para que ese sueño se convierta en vida”.

Este reconocerse como “sector” y la vocación de encontrarse y afianzar lo colectivo impulsaron el Foro Social de Revistas Culturales Independientes, organizado por AReCIA, que tuvo lugar en la Manzana de las Luces entre el 11 y 14 de octubre, con el lema “El Poder a la imaginación”. Entre los muros del emblemático edificio de la historia argentina, se sucedieron muestras y actividades artísticas, proyección de películas, talleres de formación, charlas y feria de revistas. De puertas abiertas, el espacio “cuna de la intelectualidad” sirvió también de soporte para discusiones álgidas, rondas de mates, conversaciones de pasillo y ese encuentro cara-a-cara entre pares. El día domingo, la jornada se abrió en la Sala de los Representantes con la Asamblea General de AReCIA, que tuvo a la Ley de Fomento Comunicación Cultural Independiente y Autogestiva como eje central. Allí, dispuestos en un semicírculo abierto y receptivo se repasaron los principales debates y las resoluciones del Foro, y se avanzó en la organización de la campaña para lograr la sanción de la Ley.

En medio de los continuos debates y toda la parafernalia de “7-D”, este proyecto de ley viene a visibilizar la deuda que tiene la Ley de Servicios Audiovisuales (“Ley de Medios”) con las publicaciones gráficas y virtuales. Aún en este nuevo proyecto, los proyectos digitales se enfrentan a una situación compleja, por la total falta de legislación y por la cantidad de debates internacionales que los atraviesan. A pesar de las diferentes necesidades y problemáticas cotidianas, medios gráficos y digitales pudieron encontrar puntos de contacto y debatir las particularidades del periodismo cultural y las nociones de comunicación social en conjunto. Este sector “olvidado” fue un actor clave en los debates y la difusión de las discusiones que permitieron la sanción de dicha ley. Y cumple, en la actualidad, un rol social fundamental a la hora de pensar otra forma de comunicación, pero también, otra forma de pensar los vínculos humanos al interior de un proyecto laboral y productivo. De reacción rápida y claridad para señalar las aristas de toda construcción discursiva, se quitan los motes de “alternativos” y de “minoría”; en palabras de Claudia Acuña, presidenta de AReCIA y editora de la revista MU: “No somos chicos: somos los muchos. Y la crisis que hoy hay en todo el sistema de distribución es justamente porque está pensado en términos de concentración, de pocos.”

El proyecto de ley sería presentado en el Congreso en las próximas semanas por Omar Plaini, diputado nacional por en FpV, titular del Sindicato de Vendedores de Diarios y Revistas y miembro del Secretariado Nacional de la CGT. Esta alianza responde a los reclamos por la distribución y la devolución de tiradas que afecta tanto a las revistas independientes como a los canillitas. La llegada de la publicación a los lectores es una preocupación clave y transversal a todas estas revistas; sobre todo, si se tiene en cuenta que es el sostén económico de estos proyectos. El encuentro entre estos sectores se materializó en el piquete que, a principios de septiembre, organizaron los canillitas porteños frente al Centro de Distribución. Los editores independientes se sumaron al reclamo y denunciaron en conjunto la política de expulsión, los intentos de controlar el Centro de Distribución y las estrategias para concentrar en los kioscos unos pocos títulos, los “grandes”, los que cada vez la gente lee menos. Desde el año pasado, son muchos los dedos que apuntan al Grupo Clarín; Plaini decía por agosto de este año, un mes antes de que se visibilizara el conflicto: “Clarín ya ha comprado distribuidoras. Ahora es una empresa de contenido y distribución. El 30% de los puntos de venta lo controla a través de testaferros, dicho por los propios distribuidores”. Estos manejos y la proximidad a la fecha en que finalizan los amparos judiciales contra el artículo de la Ley de Servicios Audiovisuales que fija la desinversión de los grupos mediáticos avivan la teoría de que estos grupos están aprovechando la debilidad de la nueva norma, señalada hasta el cansancio por AReCIA: la Ley de Medios no es para todos los medios.

Conscientes de este vacío, desde AReCIA se elaboró este nuevo proyecto, que pretende saldar las deudas y menguar las eternas asimetrías y desigualdades. El meollo del asunto se batalla en los beneficios impositivos, tratados en el Artículo 3° de la ley, que contempla la exención en el impuesto a las ganancias y en el impuesto al valor agregado, en la importación de maquinaria, equipos, piezas necesarias y de insumos, y en la exportación de las publicaciones elaboradas. En la actualidad, el IVA para las revistas está pautado en 10,5%.

Mientras se aguarda que el proyecto tome estado parlamentario, desde AReCIA se planifica una acción frente al Congreso, con feria de revistas independientes, para el próximo miércoles 24 de octubre. Con acciones, palabras, discursos y gestos intentan enfatizar y visibilizar “la tarea social que cumple el sector: la batalla que allí se libra cotidiana y sostenidamente contra la monopolización no sólo de productos, sino de contenidos. No sólo de voces, sino de estéticas. No sólo de ideas, sino de futuros posibles. La edición cultural independiente y autogestiva es, por eso mismo, diversa y múltiple; crítica y comprometida”, como se lee en los fundamentos de la ley.

Feminismo explícito: Universidad de la Concha

Desde la cooperativa LaVaca hace años que trabajan activamente sobre el feminismo, defendiendo los derechos de la mujer. Desde el  21 de julio comenzó un ciclo de encuentros que se dicta el último sábado de cada mes, dirigido “ni a hombres ni a mujeres, a todas las personas”. A través de un espacio reflexivo buscan romper con el estereotipo de la víctima, “porque ninguna mujer llorando y de rodillas puede cambiar su situación”.

Fotos: Veroka Velazquez

Claudia Acuña, una de las cabezas de este proyecto, nos explica claramente cuáles son esas herramientas que utilizan y generan para darle batalla al sistema patriarcal. Propone una mirada diferente sobre el problema del machismo: “el machismo es femenino, pero si sos el problema también sos la solución”.

¿Cómo surge la idea de llevar adelante una Universidad de la Concha?

-Hace mucho tiempo que desde LaVaca venimos trabajando y reflexionando sobre el tema del feminismo hoy. De cómo perdió potencia su discurso y, lo que es más grave, de cómo operan los controles sobre sus lenguajes, tanto a nivel de la palabra como de la imagen, para restarle poder de transformación social. El trayecto que hicimos en este sentido es muy largo, pero podríamos sintetizarlo en dos etapas: una de mayor intervención pública, cuya herramienta más visible es la muestra y el libro “Ninguna mujer nace para puta”. Y otra más silenciosa, que llamamos de “submarino” que nos permitió consolidar un grupo de trabajo heterogéneo en su formación de origen, pero muy sintonizado en cuanto al interés de plantearse qué significa la batalla feminista hoy. La Universidad de la Concha marca el inicio de otra etapa, en la que abrimos las puertas para compartir un espacio de reflexión para la acción. La idea surgió a partir de dos experiencias concretas que en la UCO se unen formalmente, por un lado, los talleres de crónica periodística, en los cuales trabajamos mucho y durante largo tiempo con un grupo de mujeres periodistas y con la psicóloga Susana García, el tema del lenguaje y la identidad, de cómo está colonizado tanto por el sistema patriarcal como por la sintaxis disciplinadora de las oenegés y, por otro lado, el Poeticazo, el espacio que llevaron adelante desde LaVaca la poeta Daniela Andújar y la artistas Veroka Velázquez. Estas dos experiencias fueron el  útero de esta nueva iniciativa. Allí, participaron músicas, poetas y artistas visuales durante tres años, entonces la UCO acumula estas experiencias y personas que se proponen el rol de anfitrionas. No damos cátedra, recibimos en un espacio, y para un tema concreto, a personas que saben tanto o más que nosotras. De hecho, están participando mujeres de varias provincias que tienen una larga trayectoria de trabajo en temas feministas y que tienen la misma necesidad que nosotras de compartir un espacio de reflexión sobre las propias prácticas.

-¿Cuál es el propósito de estas reuniones que llevan la frase “Ni hombres ni mujeres: encuentro para personas”?

-El propósito  es claro porque no queremos hacer perder el tiempo a nadie, ni perder el nuestro: hacer algo. Son cinco reuniones destinadas a replantearnos cosas, aprender otras, intercambiar saberes, debatir ideas y prácticas. Pero todo esto está destinado a hacer algo concreto. Cada participante lo hará en el espacio que crea mejor o necesite hacerlo. Nosotras, desde la UCO, queremos producir una acción callejera e invitamos a las participantes que quieran a que lo hagamos juntas, pero no es una obligación. Este año esa acción tiene como eje la imagen. Por eso cada encuentro está pensado en función de reflexionar sobre tres preguntas: “¿Cómo nos vemos?, ¿Cómo nos ven? y ¿Cómo queremos que nos vean?”. Buscamos romper con el estereotipo de la víctima, porque ninguna mujer llorando y de rodillas puede cambiar su situación. La UCO no es un espacio para pensar las imágenes y discursos que produce el sistema, sino para interpelar las que producimos nosotras mismas. Hay muchos y seguramente mejores espacios de reflexión sobre la guerra que este sistema libra sobre nuestros cuerpos y subjetividades. Proponemos la autocrítica como frente de batalla, a partir de un diagnóstico concreto. Algo falla en lo que hacemos si hay 52 mujeres quemadas por sus parejas, si hay la cantidad de mujeres explotadas sexualmente que existen hoy, en este país y en este momento, y sino podemos imponer que se despenalice el aborto, por poner solo tres ejemplos de actualidad. Algo estamos haciendo mal, diciendo mal y mostrando mal porque la violencia contra las mujeres, aquí y ahora, es brutal. La UCO se propone analizar nuestros errores, potenciar nuestras capacidades y lograr acciones más potentes, populares, de real intervención social. Por eso la convocatoria es abierta a las personas. No nos interesa la orientación sexual, como no debería interesarle al Estado la sexualidad de sus ciudadanos. Lo que queremos y por eso lo hicimos explícito es conversar, pensar y hacer cosas con personas que estén dispuestas a darle batalla al sistema patriarcal, con todo lo que eso implica.

-¿En qué autores y experiencias se basan para organizar los encuentros?

-Nuestra principal fuente teórica surge de nuestras propias prácticas, de analizarlas y sistematizarlas. Hay autoras que nos han servido más que otras y esto no construye una jerarquía, sino que se arma una utilidad o complicidad, para decirlo mejor, que ha surgido de los tramados que hemos hecho en estos años. Nuestras autoras por suerte son también nuestras amigas, han estado a nuestro lado pensando y haciendo juntas. Sin duda, María Galindo y “Mujeres Creando de Bolivia” o Silvia Federici, autora de “El Calibán yla Bruja” y María Lugones , quien escribió uno de los textos claves del pensamiento de la descolonialidad, desde Estados Unidos, forman parte de ese tejido, con distintas intensidades pero sumando colores a nuestras prácticas. En el primer encuentro tuvimos la colaboración de Andrea Andujar, una historiadora que ha investigado dos temas que nos interesan, como por ejemplo las mujeres guerrilleras de los 70 y las piqueteras de los 90. Pero su aporte fue más allá de lo teórico, porque Andrea es la hermana de la poeta Daniela Andújar y a la UCO no solo aportan y asisten las dos, sino también su mamá. Tener estas tres generaciones pensando juntas, compartiendo lo que aprendieron y analizando sus historias, y no “La Historia”, es algo que supera lo que cualquier texto te puede dar.

-Según Aristóteles, tratar como iguales a dos sujetos desiguales era una injusticia. Entonces, ¿la búsqueda de la igualdad entre el hombre y la mujer debe contemplar la diferencia de género o tales diferencias no son inherentes al ser humano, sino una construcción social?

-El feminismo ya le respondió a Aristóteles y a todo lo que él representa: el Estado patriarcal. Creó una herramienta muy eficaz, la discriminación positiva. La mano del Estado tiene que ser más larga para quien menos puede llegar hasta arriba. Es una herramienta que usaron los afroamericanos en su lucha contra el racismo y las mujeres en la política, cuando se impusieron las cuotas, por ejemplo.  Estados Unidos tiene un presidente negro, Argentina y varios países del mundo, jefas de gobierno mujer, en sí misma la herramienta es tremendamente eficaz, pero no garantiza que lo que produzca por sí sola sea un cambio social. La batalla está en las subjetividades que este sistema crea y eso atraviesa a todas las identidades sexuales, pero claramente a las mujeres. El problema del machismo es femenino, lo bueno de esto es que si sos el problema también sos la solución. En nosotras y por nosotras, entonces, pasa el cambio social. 

-Un sector del feminismo, ligado al socialismo, sostiene que la liberación de la mujer es imposible bajo este sistema, formado bajo la base patriarcal, siendo entonces posible bajo un nuevo orden social. ¿Cuál es su postura?

-Coincido con el discurso, pero no con la práctica de los partidos tradicionales de izquierda, infectados por el machismo que dicen criticar. El cambio, la revolución que proclaman,  debería empezar por ellos mismos, jubilando a los gerontes que hace años dominan las jerarquías de esos partidos y postulando a las mujeres que le aportan el dinamismo y el futuro, que necesitan en forma urgente. Creemos que no se puede separar discurso de práctica. En colectivos que se proponen la construcción de un cambio social deberían plantearse muy seriamente la posibilidad de que los hombres no dominen nunca la escena, por lo menos durante un tiempo, hasta ver qué pasa, hasta sacar una conclusión. Y más en aquellos que se dicen radicales, ¿por qué, qué temen perder? Se lo plantee en una reunión a uno de los referentes del Movimiento Sin Tierra de Brasil, a mi juicio una de las organizaciones sociales más poderosas de Latinoamérica, y se quedó mirándome, mudo. Recién cuando terminó el panel público y charlamos informalmente admitió que quizá tuviera razón: es hora de experimentar en nuestras propias construcciones las relaciones sociales que proclamamos para toda la sociedad. Bueno, esa es nuestra tarea. La UCO es la forma de hacernos cargo de la pequeñísima parte que nos toca de esa enorme responsabilidad.