La batalla del periodista contra el escritor

Cuando a Sergio Olguín le preguntan de qué trabaja, pone que es periodista. Ya tiene cuatro novelas y muchos adictos, pero no termina de alejarse de las redacciones. Su último y su próximo trabajo hablan de la vida del hombre dedicado a la prensa. ¿Se puede ser las dos cosas? “Si a mí me dicen que mi escritura literaria es periodística lo veo como un halago”, analiza.

Yo soy muy vago, se define Sergio Olguín, sentado en una mesa de un café de Balvanera. Parece un adjetivo injusto para un hombre que a los 46 años editó cuatro libros de cuentos, publicó tres narraciones juveniles –El equipo de los sueños, Springfield y Cómo cocinar un plato volador-, cuatro novelas –Filo, Lanús, Oscura monótona sangre y La fragilidad de los cuerpos- y que acaba de ponerle el punto final a lo que será su quinta novela, una continuación de la última, otra vez con Verónica Rozenthal, una periodista treintañera, como protagonista. “Me divertí muchísimo haciendo que Verónica se pareciera a mí en cuanto a su concepción del periodismo. Me pareció –explica Olguín, mientras disfruta del último cortado porteño antes de viajar a Frankfurt, Alemania, para participar de la Feria del Libro- que estaba bueno que cargara en ella muchas cosas de las que yo pienso de cómo ejercer el oficio. Eso fue configurando la personalidad de ella en cuanto a lo profesional. Y con su editora, Patricia Beltrán, me identifico más, porque es una periodista de mi edad, cansada del trabajo, descreída de lo que es el periodismo”.

– ¿Y quedan Verónicas en el periodismo?

Fotos: NosDigital.
Fotos: NosDigital.

-Cuando uno entra en el periodismo lo hace pensando que no es un simple oficio. Sino que tenés la posibilidad de decir cosas: qué está mal, remarcar lo que está bien. Hay una cuestión bastante romántica cuando uno empieza a trabajar o a estudiar para ser periodista. Después te das cuenta de que no es tan así, que no siempre podés decir lo que querés. Incluso en los medios más libres, tenés algún tipo de limitación. Y eso también hace al trabajo de periodista. Que no es como el de un oficinista, pero sí tiene mucho de rutinario. No está en el origen cuando uno se plantea hacer periodismo, pero ocurre. Sí hay muchas Verónicas en el comienzo del trabajo, cuando uno empieza a ser periodista cree en esos valores de investigar, encontrar la verdad, la justicia. Con los años se vuelve más cínico y mira todo con más desconfianza.

“Una buena razón para dedicarse al periodismo gráfico es que no hay que madrugar”, escribe Olguín en la primera línea de La fragilidad de los cuerpos. Después de casi treinta años de ejercer el violento oficio de escribir, se animó a hacer girar su novela alrededor de ese oficio que ahora pretende abandonar para dedicarse con exclusividad a la ficción. Aunque le cueste: “Pero es el día de hoy que cuando tengo que llenar una ficha con mi profesión, pongo periodista. Me parece más comprobable. Periodista es alguien que hace periodismo. Si ponés escritor, tenés que poner bueno o malo, algún detalle más. Aunque también hay periodistas malos”. A Olguín, de todos modos, lo que parece haberlo aburrido del periodismo es la rutina. No la realidad, que tiene lugar en cada una de sus novelas (http://www.nosdigital.com.ar/2011/09/prefiero-escribir-sobre-los-problemas-del-gran-buenos-aires-que-sobre-suiza/). “A veces es más fácil tomar una historia de la realidad y a partir de ahí inventar un montón de consecuencias que inventarse toda una historia directamente. Ya que la realidad –define- tiene como una de sus pocas virtudes regalarme historias todo el tiempo prefiero recurrir a esas historias para inventar el resto. Es algo que me funciona, lo que no significa que dependa de la realidad para escribir mis ficciones. Mis ficciones dependen de un universo encerrado en sí mismo que es el texto”. Esa novela que acaba de terminar, que será publicada el año que viene como la continuación de La fragilidad de los cuerpos, también se enmarca en esa misma realidad. “Es Verónica de nuevo, pero no tiene que ver con los trenes. Hay muchos personajes que se repiten, pero ella está de vacaciones en Tucumán. Es una investigación periodística sobre un caso parecido al de las turistas francesas asesinadas en Salta”, adelanta.

-Tus libros casi siempre tienen una impronta policial. ¿Te camina distinto la cabeza cuando te sentás a escribir una nota periodística que una novela?

-Son dos cosas distintas, con fuerte influencia. Cuando escribís periodismo, usas tus estrategias literarias. Y al revés, también. Yo trabajo, por ejemplo, con un mundo imaginario de entregas. Todos los días me impongo entregar determinada cantidad de caracteres a mí mismo. Trato de cumplir con una cuota diaria, cuento los caracteres. Eso es de periodista. Después si a mí me dicen que mi escritura literaria es periodística lo veo como un halago, no como una crítica. Aunque me lo digan como una crítica. Me parece que el periodismo tiene elementos que en una narrativa pueden estar buenos: cierta claridad expositiva en las ideas, contar una historia de la manera más compacta y clara. Eso que enseña el periodismo con los años trato de meterlo en mis novelas.

Por ejemplo, en esta última novela que sucede en una redacción, un lugar que conocés bien, ¿los personajes son gente que conociste a lo largo de tu oficio y los llevaste a la ficción?

– Hay algo que la gente no tiene por qué saber que es que, cuando la novela ya estaba terminada, le agregué el primer capítulo. Y el prólogo. En el primero, está más metido el oficio. Ese sí está pensando desde la redacción de El Guardián, la revista donde yo trabajaba. Las reuniones de sumario son como las describo ahí: esa cosa aburrida donde a nadie le interesa nada y todos hacemos que parece interesante lo que decimos, pero después se decide entre el director y el editor qué es lo que va y que no va. Obviamente que voy sacando un poco de cada persona que conocí en este oficio. Hay un Rodolfo Corso que es una mezcla de muchos periodistas y en los nombres una mezcla de dos periodistas amigos que son Rodolfo Palacios y Pablo Corzo.

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-¿No creés que el periodismo, más que nada el Policial, cada vez se vuelve más parecido a la ficción?

-Lo que ocurre con el periodismo policial muchas veces es que prefieren trabajar a partir de una sospecha más que de una certeza. Entones, alimentan una sospecha de un comentario menor de un vecino. Lo agrandan, lo afirman, en vez de agarrar eso como una punta para una investigación. Hay como una intencionalidad de mantener vivo el cuento, la historia, la ficción alrededor de eso. Después se desmiente y no molesta tanto que pase eso. Sobre todo en el periodismo televisivo. Para no ir a la saga, suelen inventar historias.

“Mi escuela siempre ha sido leer”, responde cuando se le pregunta por su formación, ya sea como escritor o como periodista. Olguín, desde su época de estudiante de Letras, cuando fundó la revista V de Vian, es crítico de la visión elitista de la academia. “No escribo para un sector iluminado de la Facultad de Filosofía y Letras –explica el escritor que llena de guiños sexuales, futboleros y barriales sus páginas- que cree que cuanto más oscuro la literatura gana en profundidad. A mí me parece que la literatura gana en profundidad a partir del lenguaje, los personajes, el argumento, la trama”. Por eso se revela como un vago: porque no se ocupa de crear un universo ficcional nuevo en sus textos sino que escribe sobre su propia naturaleza. “Una ficción lo que tiene ser es verosímil, como lo decía hace ya mucho tiempo Aristóteles. Entonces yo trabajo con esos elementos que me da la realidad porque es lo que mejor conozco. Uno cuando escribe ficción tiene que saber traicionar su historia. Esos datos autobiográficos están si me dan una sensación de ficción, sino no tiene sentido. Me es más fácil inventar una infancia en la Lanús de los 70 en la que crecí que una en Mendoza en los años 40. Por ahí en otro momento lo haga”, dice y anuncia que algún día escribirá sobre la Edad Media, en la que se suele meter a través del Age of Empire. “Soy un jugador que no aprende nunca. Ese universo también me copa, tiene un componente novelístico muy grande. Son cosas que influyen a la hora de escribir. Hablamos de la realidad pero también influyen los videos juegos, la música, los libros que lees”, agrega. Por ahora, al menos, se enmarca en lo cotidiano, como puede ser cualquiera de las charlas futboleras que se dan en este bar un día después del River-Boca. “Lo vi por tele, en casa, solo”, cuenta Olguín, fanático de Boca, tal cual se transparenta a través de algunas señas en sus libros.

En 2010, Olguín publicó Oscura monótona sangre, una novela en la que un empresario se obsesiona con Daiana, una prostituta de 15 años que ofrece sus servicios alrededor de la Villa 21 y se mete en una confusión que termina con algunos asesinatos a los que los medios de comunicación nunca hubieran etiquetado como casos de inseguridad. Al año, en la prensa se podía leer sobre el Caso Candela, el asesinato de una nena de 11 años vinculado con una red de prostitución y narcotráfico. En 2012, publicó La fragilidad de los cuerpos, una historia que tiene como protagonista al Ferrocarril Sarmiento, con un juego macabro que enloquece a maquinistas y provoca muertes y suicidios. Ese año fue la Tragedia de Once. Y al año siguiente, el choque de trenes en Castelar. ¿Casualidad o presentimiento? “El caso Candela es bastante distinto al de Daiana en Oscura. El caso Candela tenía vinculaciones con el narcotráfico, mejicaneadas y Daiana es mayor que Candela. Sí lo del Sarmiento. Yo terminé la novela antes que pasaran los dos accidentes. De hecho la novela está basada en un cuento, que ya aparecía el juego de los chicos, y eso fue mucho más anterior aun. Son fruto de la casualidad. Lo que pasa es que yo trabajo mucho con la realidad como punto de referencia, sin atarme, sino que tomo lo que me sirve para la ficción. Pero no me ato porque sino sería una crónica. No es disonante lo que yo escribo con lo que ocurre posteriormente. Más que elegir un tema vas eligiendo otras cosas. Yo parto de una escena. Por ejemplo, en Oscura, tenía la escena del protagonista escapándose de un lugar porque lo perseguían por algo que había hecho. No sabía que iba a ser en una villa, ni que después del encuentro con una prostituta. Después, a partir de un artículo que leí sobre una nota que denunciaba que había prostitución adolescente en la Villa 21, enganché por ahí la novela. Pero no lo tengo tan claro, en general”.

– Antes decías que no escribís para un sector iluminado de la Facultad de Filosofía y Letras. Y cuándo escribís, ¿pensás para quién escribís?

-A mí me gusta pensar que tengo un lector. Si pienso que no lo va leer nadie, no escribiría. A medida que avanzo con la escritura, esos lectores se van concretando. Tengo gente amiga a quien consulto y pienso en un lector ideal que va a leer eso y lo va a disfrutar. Escribo para ese lector. Es raro. A mi lo que me pasa desde mi primera novela es saber que lo que escribo, se publica. Hasta ahora, toco madera, me ha ocurrido eso. Y eso es una ventaja, al menos para la gente como yo, que piensa que eso que uno escribe no tiene que quedar encerrado en la computadora. Sino que cierra el círculo cuando entra en contacto con el lector.

-¿Y cómo imaginás ese lector ideal?

-Es muy difícil definir. Creo que tiene un gusto parecido al que tengo yo por la literatura. En ese sentido, el lector ideal se parece a uno mismo. Uno escribe pensando en gente con la que tiene muchos puntos en común.

-Con el Twitter, ahora, estás en contacto con tus lectores. ¿Cómo es eso?

-Facilita muchísimo el contacto directo con los lectores. Esto está buenísimo. Después te inhibe un poquito porque te dicen que buena novela, que bueno que hable de los trenes. Y vos pensás, la pucha, la que viene no tiene trenes, ¿qué hago? Le pongo un tren en el medio, para que se ponga contento ese lector. Me gusta estar en contacto con los lectores y estar atados a ellos. Me parece que el escritor tiene que desafiarse. Eso de que el escritor tiene que trabajar libre de cualquier tipo de limitación no tiene por qué ser así. Hay obras maestras que se han escrito bajo presión de un emperador, como la Eneída. Creo que las presiones de todo tipo sirven para generar una novela. Ahora tuiteo menos porque desde junio empecé con la novela en serio. Ayer mandé tres tuits, pero por el Boca-River. Aprendí a no tomarte todo en serio. Antes pensaba que todo era verdad y me peleaba mucho. Es la única red social de la que participo.

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Yo no soy invisible

Yo soy Ernesto Martínez y me asesinó la policía en Lanús. Era un pibe común hasta que me volví una víctima más del gatillo fácil. Mi muerte hubiera sido un plan perfecto, pero zafó de las balas Santiago, mi mejor amigo, que vivió para contarlo. Fui pobre y me mataron por serlo. En vida, nadie me escuchó. Pero no pudieron silenciarme.

 

La voz de Santi

 

Todavía no tenemos los nombres de los policías. La salita no tiene los medios para darle vida a un pibe que llega en ese estado. Los tipos sabían y ahí nos llevaron. UPA (Unidad de Pronta Atención) se llama. No da esperanza el nombre. A Ernes lo dejaron ahí. A mí me llevaron al hospital Gandulfo por la herida en el brazo. Capaz que si hacían 20 cuadras más, lo llevaban al hospital y lo salvaban.

***

La voz de Ernes

Que es un barrio privado, privado de todo ya lo dijo Maradona. Que acá la cana hace lo que quiere no lo dijo nadie, pero lo sabemos todos. Diego hizo una cancha acá en Fiorito frente a mi casa. El césped se lo llevaron los campeonatos que jugamos. La pintada del fondo la hicieron mis amigos: “Herne, amigos por siempre”. Desde chiquito, en lo de Santi, Rubén, el padre nos enseñaba a manejarnos con cuidado. Nos miraba y decía cosas que ahora entiendo. A él le daba los lujos que podía.

Nos criamos acá en la calle. Nos fascinaron siempre las motos. Las veíamos pasar desde la cancha y nos imaginábamos cuando corriéramos por todo Lomas y Lanús. A las pibas les gustan.

Vimos cómo tomaban terrenos, cómo nuestros tíos, nuestros hermanos, nuestros amigos empezaban a cartonear. Todo por tener algo nuestro. Y llegamos a hacerlo. A Santi, Rubén le compró una Yamaha YBR. En el medio conocí a mi mujer, quedó embarazada. Cuatro meses y una felicidad enorme, muchos planes.

***

La voz de Santi

Arrancamos a las 21 ese jueves 28 de febrero. Salió de la casa, nos juntamos en la esquina. Nos sacamos unas fotos, como siempre que podíamos. Éramos seis, siete. Y media agarramos la moto y dimos unas vueltas por Lomas. Siempre andamos por todos lados. A veces me levantaba y lo iba a buscar. Un par de cuadras antes del cementerio, las más escondidas, un chabón se bajó de una EcoSport. Me parece que era policía porque no dijo nada y empezó a tirar. Plá plaplá. Plá plá. Estaba solo. Después empezó la persecución de la Hilux de la policía, cuando veníamos para acá, para zafar, buscando luz, derecho por Hornos desde el cementerio. El patrullero nos empezó a tirar. Yo venía levantando las manos hasta que me pegaron el tiro en el brazo. Yo le decía a Ernes: “Acelerá, acelerá”. Seis, siete cuadras levantaba las manos y ellos seguían tirando. Si frenaba, nos iban a matar a los dos. Aceleramos, la Hilux tiró a rebaje y lo encalzó. Ernes lo esquivó y ahí nos tiró como seis corchazos. A mí me dieron en el brazo y a él le cruzó de lado a lado. A la media cuadra se dio cuenta de que le habían dado. Ya le estaba faltando el aire, se empezó a desvanecer y me pidió que no lo dejara. Yo lo puse en el tanque y con una mano aceleré cinco cuadras hasta que nos caímos. A él lo dejaron como 20 minutos ahí. A mí me empezaron a pegar. Ni sentía las patadas. Quería levantar a Ernes y llevármelo. Eran tres. Dos chabones y una minita. Pidieron refuerzos. A la minita la conozco re bien, me fue a cuidar al hospital, todo. Ahí se llenó de gente que les decían: “¡Lo están dejando morir!”. Me llevaron a la salita.

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Imágenes: NosDigital

El de adelante lloraba.

-¿La moto es legal o trucha?

-Legal.

Y lloraba:

-¿Y por qué corrían?

-Y si venías tirando.

De ahí, a mí me trasladaron al Gandulfo.

Tiros y tiros y tiros tiraban ellos. Sonaban plá. Ninguno era de gomas. Acá en los barrios marginales casi no usan balas de gomas. La comisaría de Fiorito ese mismo día, la cana mató a un pibe de un tiro en la cabeza. Tiraban desde la derecha y la minita de atrás. Los que nos dieron a nosotros eran de la 7ma dependencia, de Centenario, que es un descontrol. Yo caí una vez y me rompieron todos los dientes. Yo tenía 16 años. Me tendría que haber ido a las 12 y me fui a las 4. Cuando mi viejo pidió verme, a mí me estaban pegando. Lo dejaron verme por una rendija mínima.

-Andá verlo allá.

-No. Lo quiero ver, lo quiero ver bien.

Lo sacó matando.

-Ahora no lo ves nada. Salí para afuera

Indignante cómo te tratan.

A mí me pegaron una banda, no uno solo. Me quisieron quemar, pero como tiró toda junta, yo la esquivé y zafé. En esa comisaría te re verduguean.

***

La voz de Santi

Son gente como nosotros… No tienen corazón. Cómo no me van a dejar verlo más que por una rendija. ¿Y si estaba mal? Yo digo que se manejan por portación de cara. Si sos negro, feo, no valés. No somos dignos de nada.

Claro, yo le pregunté a Santi por qué no pararon.

-Si yo levantaba las manos para que no tiraran y seguían. Lo cargué en el tanque y seguían tirando. Qué voy a parar. Yo quería llegar a donde hubiera luz, ahí en el cementerio no hay nada. La gente salía a la calle. Lo mataron re mal.

Y es verdad. Porque acá no buscan a los que traen droga, que es lo que mata. Hay chicos que son muertos vivientes. Los de arriba no miran lo que realmente está matando. Si ni en la puerta de mi casa puedo dejar la moto porque vienen y me piden los papeles. Yo no conocí muy bien los tiempos de la dictadura, pero los pibes no pueden salir ni a la puerta de la casa. Tenemos miedo de que nos lleven. Estamos viviendo en un  país democrático, donde creo yo que somos libres. Y nosotros no tenemos esos derechos. Todos los días pago los impuestos y no tenemos derecho ni siquiera a hablar, a hacer una denuncia porque no sabemos si la policía hace algo o no. Todo porque vivimos de las vías para acá. Somos marginados. Eso, en una palabra: somos marginados. Para colocar un teléfono, somos zona roja. Entonces, la pucha, quizás porque no tenemos estudios, porque comemos lo que podemos comer. No hay derecho. Todos somos seres humanos. A veces prendo la tele y veo que la presidenta habla de la juventud que es la base del país. Habla de la juventud de ellos porque la nuestra no tiene derecho a andar en pantaloncito corto, a andar en moto, a usar gorra. El que la hace mal la tiene que pagar, pero acá el problema es usar gorra. Estamos cansados de siempre ser nosotros los que ligan los palazos.

Nosotros nos juntamos para pelear por la justicia de Ernes, por nuestra dignidad. Estos policías están trabajando y mañana pueden cometer el mismo delito, total ¿Quién les dice algo? Un pibe más… Todos los días, un pibe más. Parece que no somos dignos de nada.

Y los profesionales nos dicen: “Encima que tu hijo fue a delinquir, ¿vos lo premiás con una moto?”

A veces es fácil hablar cuando tenés la teoría. Sabés qué difícil cuando tenés un hijo rebelde, por ejemplo en la escuela. “Seguro que hay problemas en tu casa”. Ese chico puede ser un hombre de bien. Si hace algo, lo marginan. Yo no soy dueño de la vida ni nada. Ellos se creen que sí.

***

La voz de Rubén

Gatillo fácil en Lanús.
Gatillo fácil en Lanús.

Por el frente de mi casa pasan autos raros, dos Kangoo, que nunca vimos por acá. No sabemos quiénes son. “Tirarte contra el poder es como tirarte contra la mafia. Uno siempre tiene el temor de que pase algo raro. Por eso no queremos que le saquen fotos”, le digo a Santi para que no salga, para cuidarlo.

Esa noche misma que pasó lo de Ernes, cuando notificaron que, bueno, que el Ernes estaba muerto, los pibes se vinieron para acá. La cana apareció en la esquina y los sacaron matando. Se tomaron el vituperio de que uno está de duelo. ¿Qué quieren hacer? ¿Atemorizar? Ni siquiera tuvieron respeto. Vos imagínate que la gente está herida. Se podía armar cualquier cosa: está la bronca, el dolor. Es una provocación. No lo veo bien yo por esa parte.

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La voz de Ernes

Caio, mi hermano, habla poco. Escucha que la yegua relincha y se preocupa. Está atada a la reja y la puede llegar a romper, pero está ocupado tratando de difundir lo que me hicieron. Nuestro cuñado, Jorge, está en el Movimiento de Trabajadores Excluidos. Está dando una mano enorme en la movilización y conseguir abogados. Caio le acepta la propuesta por Nextel: “¡Tenemos que hacer una comidita, eh!”. Gracias a Jorge ahora tenemos abogados en la causa. Rubén, cuando Santi cayó en cana el año pasado tuvo que vender el auto para conseguir un abogado que lo defendiera bien. Ahora que la otra parte es la cana, que tiene mi homicidio encima, tendríamos que vender la casa si no nos dieran una mano.

Saben que yo no tenía armas. Mis hermanos tienen la verdad. Se lo dijeron los pibes. “Aunque mientan ellos, van a tener que entregar al que tiró en algún momento. La mentira tiene patas cortas. Sabemos que la van a pagar”, dice ahora Caio. Pero mientras le saca tiempo de laburo, de descanso. La primera semana ya estuvieron dando vueltas con quién va a agarrar la causa. Parece que está definido, volvió a menores. El secretario de fiscal de menores nos dijo: “Pasa al de mayores, porque está comprobado que el que tiraba era el mayor. Al menor ni siquiera lo podemos retener porque en la investigación es como que no tiene nada que ver. No tenía pólvora en las manos”. ¡La dieron vuelta! A ellos hay que investigarlos. Y todavía no sabemos qué hicieron cuando estuvieron solos con mi cuerpo.

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La voz de Caio
Por eso fuimos a presionar, a hacer un escrache a la comisaría 7ma. Estaban todos metidos adentro porque sabían que se habían mandado una cagada. Infantería estaba afuera. Estaban también los de la 5ta, la de Fiorito. Son todos ñieris. Logramos llegar hasta ahí de buena manera, hablando y diciendo que no íbamos a hacer quilombo.

***

La voz de Rubén

-Esto a nosotros nos afecta, porque no todos somos malos. Nos afecta a los policías que queremos hacer bien las cosas.

-Si ustedes tuvieran esa mentalidad, los de abajo suyo van a hacer bien las cosas. Esos asesinos siguen trabajando. Tienen acceso a lo que se les canta. Yo no voy a negar que hay policías buenos, pero evidentemente algo más grande funciona mal. ¿Por qué siempre mueren pibes pobres?

“Perdimos 20 años por querer copiar a Europa”

Ramón Cabrero tiene 65 años, es el coordinador de inferiores de Lanús y el único técnico que salió campeón de Primera con ese club que ahora está de nuevo en la pelea del título. Es, además, un español que conoció la nieve haciendo el servicio militar con el franquismo, que jugó una final de Copa de Europa para el Atlético de Madrid y un hombre al que vale la pena escucharlo hablar de fútbol y de la formación de los pibes durante una hora.”Yo creo que por arriba del fútbol argentino está sólo el brasilero”, dice.


Ramón Cabrero nació hace 65 muy lejos de acá, de Arias y Guidi, Lanús, corazón del sur del conurbano, donde está parado ahora. Él es cantábrico, de España, pero un barco lo trajo hasta aquí junto a su familia a los 4 años. Aunque haya nacido allá y vivido en Albania o Medellín, este es su pago: acá conoce cada rincón y por eso pide apurar la nota para cumplir con el asado que se hace a fuego lento en los quinchos del club. Pero la prisa no distrae a Ramón, que habla con la tranquilidad de haberlo visto casi todo.

-Haciendo un poco de archivo nos encontramos con que usted hizo el servicio militar español durante el franquismo.
-Hice 45 días en Victoria, que era al lado de San Sebastián. Era la instrucción, como le decían allá. Fue en el año 73. Como yo soy español, y nunca me hice ciudadano argentino, lo tuve que hacer. Lo hice con mucha gente más grande, de entre 27 y 35 años más o menos, que eran los que pedían prórrogas. Fueron 40 días donde no podías salir. Apenas hacía un año que había llegado a España. Gracias a eso conocí la nieve ahí en Victoria. Un metro de nieve. Yo jugaba en el Atlético de Madrid.

-¿En esa época era muy distinto el fútbol europeo del que se jugaba acá?
-Era distinto el fútbol. El Atlético en ese momento era un equipo muy potente, estaba encima del Barcelona y más o menos como el Real. Salimos dos veces campeones y perdimos una final de Copa Europa con Bayern Munich. Pero había una distancia a nivel de fútbol: era más lento, con menos marcas. El fútbol cambió como cambió todo.

-Y si le dan para ver un partido de esa época o un partido de ahora, ¿cuál mira?
-Eran cosas distintas. Yo soy de los que piensan que los buenos jugadores juegan en todas las épocas. Hay algo que es muy sencillo: si me dan un buen jugador, lo más seguro es que a tirarse a los pies y a correr le puedo enseñar rápido. Ahora, enseñarle a jugar es muy difícil. No va a aprender nunca. Por eso lo que importa es que el jugador sea bueno, lo demás se adapta. Hoy Ángel Clemente Rojas, por decir uno bueno de mi época, jugaría brillantemente.

-¿Pero hoy todos tienen que correr y tirarse a los pies?
-No. Riquelme no corre ni se tira a los pies. Y juega bien. Te tenés que adaptar al ritmo. Jugar como hace treinta años, es imposible.

– Y el fútbol español de ese momento, ¿qué tanto se parecía al de ahora?
-Era similar. Todavía en el fútbol argentino no había llegado el cambio. Era la época que nosotros creíamos que en el fútbol europeo se corría más, se entrenaba más. Y no había nada de cierto. En el año 75, cuando agarra César –por Menotti- la Selección, el fútbol argentino empezó a cambiar. Y el cambio estuvo cuando los jugadores se empezaron a ir afuera. Yo en el 71 me fui a España cuando no se iban muchos. Y el fútbol europeo era más profesional. Entonces los que se iban afuera y hablaban con sus ex compañeros notaban una gran diferencia en lo profesional. Y eso empezó a cambiar, el fútbol argentino empezó a tener menos mañas y ser más profesional.

-Perfumo el otro día se quejaba de que en esa época los hacían mirar mucho fútbol español por videos y decía que así se desprestigiaba el fútbol argentino.

Fotos: NosDigital
-Ese fue el gran defecto del fútbol argentino en la década de los 70: creer que el fútbol europeo era superior. Brasil nunca lo copió y siempre fue el mejor. No entraron en eso de pensar eso que pensábamos nosotros, sobre lo físico y qué se yo. A Brasil le metían tres y ellos decían que te metían cuatro. Ese era el lema en los 70. Ahora ya no le metés tres a Brasil, eso lo corrigieron. Uno de los grandes atrasos del fútbol argentino fue querer copiar a los europeos. Cada uno tiene su estilo. Y de repente cuando uno va a Europa se da cuenta de que el jugador argentino es muy admirado. Yo cuando jugaba en Newell´s vivía con Marito Zanabria en el mismo departamento. Salíamos a correr al parque y, a veces, cuando te podías esconder atrás de un árbol lo hacías. Eso ya no lo podés hacer. Hoy si te escondés para no hacer un ejercicio, tus compañeros te cagan a putedas.

-¿Y hoy en qué estamos?
-A nivel local el fútbol argentino es malo. Es lamentable. Al fútbol lo juegan los jugadores y acá los mejores no están. Si se juega un clásico River-Boca, deberían estar los 22 mejores del país ahí pero debe haber jugadores que se deben pellizcar y decir ‘la pucha, estoy jugando en River o en Boca’. Los buenos jugadores se van, no duran. ¿Lamela cuánto jugó? Cuatro meses. El hincha de River no pudo ver a Lamela, como pasó con Saviola, Aimar, con todos.

-El problema es estructural, del sistema, no es que no surgen los jugadores.
-Tampoco es estructural. El problema es la plata. Si mañana vienen y le dicen al presidente de Lanús: “¿cuánto vale Pizarro? te pongo siete millones de dólares”, chau Pizarro. Como fue chau Leto, chau Acosta, chau Salvio, chau Blanco.

-Pero esos jugadores, por ejemplo, acá hacían una diferencia bárbara y en Europa no están en un primer nivel.
-El jugador argentino es muy preciado. Se adapta. Tiene personalidad. Yo estuve en Colombia, en Atlético nacional. El jugador colombiano es muy buen jugador, pero le falta ese plus de personalidad y de querer ganar que tiene el futbolista argentino. Yo creo que por arriba del fútbol argentino está solo el brasilero. Históricamente fue así. No por casualidad los dos mejores jugadores de la historia del mundo nacieron acá, que son Maradona y Messi. Creo que perdimos veinte años queriendo copiar algo que para mi no había por qué. Ya después, con los medios de comunicación, con los jugadores que se iban y venían, ya adquirió una identidad propia porque se dieron cuenta que allá no se entrenaba más ni se corría más como se pensaba. Cuando yo fui pensé que me iban a matar entrenando. Y entrenábamos menos que acá.

-¿Y en las Inferiores también existió eso de tratar de imitar a Europa?
-No. En las Inferiores fuimos, somos y vamos a ser por veinte años más un ejemplo. El fútbol argentino en Inferiores es el mejor del mundo, no hay con qué darle. No hay europeo, no hay colombiano, no hay brasilero, no hay con qué darle. El campeonato de fútbol juvenil de Argentina es único.

-¿Por qué?
-Porque todos los equipos compiten. Venís a ver la novena de Lanús contra la novena de River y ya vienen de tres años de infantiles, de competir a los 14 años y todavía les falta llegar hasta la cuarta. Si vos vas a España que juega el Real Madrid contra el Barcelona, por poner un caso, novena división no existe. En Colombia empiezan a jugar a partir de los 16 años entre los de ahí nomás, los de cerquita. Yo estuve en Medellín y jugaban solo los cuatro de equipos con un colegio de acá, con una escuela de allá y le meten siete u ocho goles. No hay competición.

-¿Pero sirve para formar a un jugador competir a los 14 años?
-Sin competición no podés formar un jugador. A ver: si acá, que trabajamos muy bien las juveniles, jugamos con el Colegio Don Bosco, le metemos 10 goles. Ahora, si jugás con River es distinto.

-Pero es criticable que a los 14 años se piense en un resultado y no en jugar.
-Eso es otra cosa. La competencia te da categoría, te hace crecer al jugador a un buen nivel. Ahora, que le des más importancia al resultado que al jugador es un tema más amplio y hay mucha gente que dice que no lo hace pero lo hace. Yo he escuchado decir que lo que les importa es que los pibes lleguen a primera bien formado y después se agarran a trompadas los directivos, los técnicos, los jueces, todos porque quieren ganar. Es más amplio el tema, pero si hay algo bueno en el fútbol argentino son los campeonatos juveniles que tenemos.

-Pero los dirigentes miden los trabajos de inferiores de acuerdo a los resultados de las categorías.
-A ellos lo que les importa es si ganamos. Te dicen que lo importante es sacar jugadores, pero es mentira. Lo digo yo porque acá lo puede o decir. Es contraproducente. Pero se instala tanto, que si pierden un par de partidos, se quedan sin el puesto el coordinador y el técnico. Y viven de eso. Entonces lo que vos querés es ganar antes que nada. Acá hemos tratado de cambiarlo, pero no es tan fácil. La prioridad es que jueguen en Primera la mayor cantidad de chicos.

-¿Cómo se maneja que haya familias que piensen a pibes de 14 años que juegan a la pelota como su motor económico?
-En el club tenemos 60 contratos de 5 mil pesos entre la novena y la cuarta división. Somos uno de los cuatro o cinco clubes que se manejan así porque si no le hacés un contrato a un pibe que juega bien viene cualquiera y te lo roba. Ya es una inversión. Muchos de esos chicos, aunque parezca mentira, son el sostén del hogar. Son pibes de 14, 15, 16 años y no tienen por qué mantener una familia. Debería ser distinto, porque sino crecen demasiado rápido

-El laburo en inferiores para los formadores se vuelve más exigente entonces.
-Tenés que tener la posibilidad de poder trabajar bien. Este club hace siete años no tenía nada que ver con esto que se ve. No había canchas buenas, era un desastre. Nosotros ahora tenemos pensión, vestuario, buenas canchas, buena ropa, hotelería, psicólogo, colegio particular, todo lo habido y por haber hay que dárselo al jugador. Obvio: si no juega bien, no sirve. Pero para que juegue bien vos le tenés que dar todo eso porque no es lo mismo para un jugador que viene de afuera o que viene creciendo. Esto es un trabajo ciego, que nadie lo ve. La gente prefiere gastar 500 mil dólares en un jugador que ponerlos en inferiores, porque nadie se entera que hiciste dos canchas nuevas. Lanús invirtió mucho dinero del que ganó en las inferiores. Y este club se hizo grande por sus inferiores: en los últimos años vendió por 60 millones de dólares.

-Zubeldía dijo hace poco en una entrevista que las camadas que vienen después del año 81 tienen más dificultades a nivel intelectual.
-Tampoco te tenés que ir del otro lado y decir yo voy a formar un profesional para que sea un fenómeno de pibe si no llega a la Primera de Lanús. Nosotros estamos formando jugadores de fútbol, ayudándolos, complementándolos para que sea un chico educado, que vaya al colegio y otras posibilidades que si no fuera por el club ellos no las tendrían. Todo lo otro, es relativo. Acá el contexto es difícil porque de donde nosotros sacamos la mayoría de los chicos, que es por los alrededores de acá, no tienen realidades muy fáciles. Si están en la pensión están mejor que en su casa porque una prioridad para el club es que vayan al colegio: aunque repita 17 grados tiene que seguir yendo. Ahora, la realidad es que si tenés uno que todos los domingos hace tres goles y no va al colegio, el presidente del club te va a decir que tiene que jugar. Todo es elástico. Ha pasado: el Toto Salvio si no iba al colegio jugaba igual.

-De todo este tiempo que lleva acá, ¿qué jugador piensa que es el emblemático de los chicos de Lanús?
-Lo más importante del club es el fútbol infantil porque si vos vas a buscar jugadores de afuera por más que pongas plata y todo, no lo vas a poder traer si juega muy bien a cierta edad. La inversión la tenés que hacer en el fútbol infantil: ir a buscar a los barrios y traerlos. Cuando Lanús sale campeón, Pelletieri, Archubi, Acosta, Blanco, Fritzler, Valeri, todos venían del fútbol infantil. Desde los 10 años. Ahí está la formación, siempre fueron buenos jugadores, pero se pulen. Se hace muy difícil conseguir un jugador de 16, 17 años que sea bueno como Valeri. Y también es muy difícil traer un chico del interior, aunque a veces los vamos a buscar, de 10 u 11 años porque se le hace difícil vivir acá. Se vuelven rápido.

-Ahora Lanús está peleando de nuevo pero sin tantos chicos surgidos del club. ¿Cambió la planificación o no surgieron tantos talentos?
-Hay una idea equivocada del equipo del 2007. Pasó lo mismo que ahora, quizás un poquito más. Jugaba cuatro o cinco chicos y después jugaba Bossio, Graieb, Ribonetto, Hoyos, Velázquez, Sand. En este equipo también juegan algunos chicos. Pasa que algunos se olvidan que Marchesín salió hace dos años. O Pizarro, Balbi, Izquierdoz, Benítez. Hay chicos que están jugando y tres son titulares. En 2007 fue parecido. El mix es lo más importante para un equipo: jugadores grandes con jóvenes que le den la frescura.

-Está jugando bien Lanús, como en aquel año. ¿Ve algo parecido?
-Creo que con Vélez vamos a pelear hasta el final. Somos un equipo que en este sprint final viene en alza, intenta jugar y juega bien. Guillermo y Gustavo encontraron un mediocampo que realmente maneja los partidos. Lanús te de la sensación de que te gana. Incluso cuando no juega bien. Y eso en el fútbol es muy importante. El otro día estaba viendo el partido e iba 0 a 0, iban sólo veinte minutos, y desde arriba la sensación que te daba era que el partido lo ibas a ganar.

-Juega con la pelota, que no es poco.
-Agarró un momento donde tiene un mediocampo que pega bien la vuelta, que juega pelotas entrelíneas, que siempre hay uno destapado. Tiene jugadores en muy buen nivel como Pizarro, Pereyra. Dentro de lo que hay, está bien. Creo que la gran virtud de un técnico es saber elegir los complementos. En un mediocampo no tienen que jugar los cuatro mejores sino los que se complementen. Y eso a veces aparece sin darse cuenta. Nosotros salimos subcamepones en el año 2006 jugando con Archubi de tres y Leto de carrilero. Era insólito, pero andaban muy bien. Hacían un surco por ese lado.

-Después de tanto tiempo en el mundo del fútbol, que alguna vez lo ha cansado, ¿por qué sigue trabajando en esto y no se dedica a descansar o a otra cosa?
-No me cansé del fútbol, me cansé de dirigir Primera. Por eso estoy acá: porque estar acá es parte de mi familia. Si yo me quiero ir 15 días a Europa le digo al presidente del club que me voy 15 días. Si me quiero quedar 20 días en Mar del Plata en verano me quedo. Esto es un premio que creo habérmelo ganado. Acá disfruto: estoy a diez cuadras de mi casa, vengo a la mañana, miro fútbol, doy mi opinión, trabajo tres o cuatro horas por día. Con Primera es más difícil. Tomé esta decisión pensando en la tranquilidad.

-¿Y en Primera ya no tiene ganas?
-Hace poco estuve muy cerca de Huracán, porque el presidente me quería, me había hecho una oferta buena pero no se concretó. Yo nunca digo que no. Tiene que ser algo que me sirva mucho, que me convenza mucho y que me convenga mucho económicamente. A esta altura de mi vida si trabajo en primera es por dinero. Ya he padecido mucho a los 65 años.

Los fantasmas de Valentín Alsina

El oído, las historias y las memorias de Valentín Alsina cuentan que en la ex fábrica Campomar funcionó un centro clandestino de detención durante la última dictadura. La recuperación y la investigación sobre el terrorismo de Estado se enfrentan contra el municipio de Lanús y su proyecto inmobiliario en esos mismos terrenos. Entrá y metete en esta historia de asesinatos, desaparecidos, millonadas y vecinos que se niegan a olvidar.

En un comunicado de prensa del 31 de mayo de este año el Municipio de Lanús anunciaba que “con el firme objetivo de llevar adelante un cambio por demás significativo para la ciudad de Valentín Alsina, se puso en marcha con la firma del convenio entre el Municipio de Lanús y la empresa Electroingeniería S.A, el desarrollo del ambicioso emprendimiento urbanístico a realizarse en el predio de la ex Campomar, denominado Nuevo Valentín Alsina”. ¿Cómo no entusiasmarse cuando se leen frases como “ambicioso emprendimiento”, “cambio por demás significativo para la ciudad”? Si, un enorme proyecto que implica la construcción de 1500 viviendas y un centro comercial en esa destartalada fábrica. Suficiente. De pié y a aplaudir… Pasemos a ver, mejor.
Sin embargo, siempre hay alguien que intenta arruinar la supuesta fiesta. En este caso la Comisión de Vecinos “Valentín Alsina por la Verdad” será la encargada de sacarnos de tanto júbilo y mostrarnos la tenebrosa verdad presente bajo los escombros de lo que supo ser la vida económica y social de aquella ciudad. Juan Ayala, periodista y miembro de la Comisión le cuenta a NosDigital: “A partir de un viejo rumor que se corrió en el barrio y ante la inminencia del derrumbe de la fábrica y con ello la caída de probables pruebas, es que reuní los testimonios, que terminaron por declarar frente a la Cámara Federal en La Plata. Fue en base a esto que se frenó la intención de demoler la fábrica por un mes”.
¿La Secretaría de Derechos Humanos de Lanús? Nada de nada. Solo promesas de que iban a actuar, rastrillar, investigar. En palabras de Juan: “fuimos con dos vecinos a la Secretaria de Derechos Humanos del Municipio, nos recibieron, y prometieron ellos llevarlo a La Plata para presentarlo a la Cámara Federal, cosa que nunca hicieron y así lo tuvimos que hacer nosotros como vecinos”. Así, se inicia el largo camino para motorizar la causa.
Haydee Villar, otra de las que participan en la Comisión y que estuvo al frente en las denuncias, recuerda: “nos conformamos en una comisión de vecinos en forma práctica, y comenzamos a trabajar, a investigar, pero lo extendimos más allá de Valentín Alsina. Tenemos historias de vecinos que hablaron, pero que tienen miedo, no quieren declarar ante la Justicia, porque aún eso del ´Silencio es Salud´ aún perdura. Estamos siguiendo la causa y nos estamos expandiendo. Queremos que se investigue y que se sepa. No que se haga que se investiga y así nos vamos todos contentos. Esto se logrará solo con una investigación antropológica adecuada, con medios que el país sí tiene.”
Ok, se juntaron, recogieron las historias, la presentaron frente a la Cámara Federal de Apelaciones en La Plata y por un mes se suspendieron las obras. El día clave para saber si se continuaba con la investigación o se seguía con las obras de construcción fue el 12 de octubre. ¿Qué pasó? Inspección ocular a cargo del Juez del Tribunal doctor Leopoldo Héctor Schiffrin, juntaron pruebas y el jueves 18 decidieron prorrogar la resolución por otro mes más.
Volvamos a Lanús. Haydee mencionó la frase el Silencio es Salud, ahora usaremos otra para entender a la intendencia de esta localidad: el Silencio es Cómplice. ¿Por qué no se movió el intendente Díaz Pérez al conocer la noticia? Ayala da en la tecla: “hay un convenio no explicito con Electroingenieria S.A. El municipio se mostró siempre interesado en llevar adelante el proyecto inmobiliario, ya que ellos lo impulsaron. Incluso se mostraron como auspiciantes, pegando afiches, publicitándolo. Tampoco hay que olvidar que la familia Díaz Pérez está ligada al negocio inmobiliario y a este en particular; y más allá de que a la prensa se muestran como a favor de los Derechos Humanos, realmente poco les importa”.
Empezamos a entender un poco qué pasa por estos pagos. Pero esto recién comienza y las novedades irán surgiendo: qué fue Campomar, quiénes participaron, el rol de la Comisaría que se encuentra a solo tres cuadras del lugar, y mucho más. Mientras tanto, nos vamos con la reflexión de Haydee de por qué los vecinos se niegan a abandonar a su suerte a esta causa, que lejos de ser local es tan nacional como humana: “memoria, verdad y justicia es la única forma para que un pueblo pueda crecer. Para que nosotros tengamos saldadas cuestiones de historia reciente. Hay muchos familiares que están buscando a los suyos. Hay que agotar todas las instancias para que así suceda, y evitar que sea un como si. No se puede vivir con falsedad, sin conocimiento real. Solo falta voluntad política”.

“Las Malvinas son argentinas”

El Club Atlético Lanús se hace cargo de eso que a esta altura parece obvio pero que no muchos se animan a hacer: unir el deporte y la política. En el año en que vuelve a jugar la Libertadores, el Grana llevará en una de sus magnas la insignia de las Islas, a 30 años de aquella guerra. Su técnico, Gabriel Schurrer, se enorgullece de la iniciativa: “Es una discusión nacional y nosotros como club no podemos escaparnos de esto”.

Cuando Malvinas se volvió un campo de guerras y de tristezas, Gabriel Schurrer era un nene de diez años que pateaba las calles de su Rafaela natal y que llevaba una pelota por debajo de la axila. Era 1982 y en su cabeza sólo se movían un mar de sueños de volverse futbolista. Pero nada de eso hizo que la vista se le fuera y que no se enterara del desembarco de las tropas argentinas en las Islas.

Ahora, a los 40, siendo el entrenador de Lanús, Schurrer todavía no se olvida de esa guerra. No pierde de viste que se cumplen 30 años ni que hace falta un compromiso general para reclamarlas. Por eso, cuando desde el club deciden formar parte de una campaña que pide que las Malvinas vuelvan a ser argentinas, infla el pecho y se siente lleno de orgullo.

– ¿Qué genera dirigir a un equipo que tiene en la manga de su camiseta un dibujo de las islas?

– Para mí, es un enorme orgullo. Se lo vengo diciendo a todos los que me voy cruzando. Somos el primer club que toma esta decisión. Lanús se pone del lado de un reclamo que es muy importante y que para los argentinos representa mucho. Yo no tengo dudas: las Malvinas son argentinas.

– ¿De qué manera funciona esto de meter al equipo entero en una discusión política?

– Para mí está bien que nos sumemos a esto. Es justo este reclamo. Por eso me parece muy bien que apoyemos este proceso político en el que se pide que demos un paso adelante. Es una discusión nacional y nosotros como club no podemos escaparnos de esto.

Llevar este mensaje va a permitir que muchos chicos se enteren de lo que fue Malvinas. Quizás, incluso, sus jugadores.

– A mí me parece algo muy interesante es. Los jóvenes de hoy andan mucho con los teléfonos que tienen internet y siempre están conectados. Está bueno y me parece una cuestión obligatoria que aprovechen ese tiempo para usar la computadora y averiguar qué fue lo que pasó en esta guerra y por qué tiene sentido este reclamo.

No se despega ni un solo segundo de esa identidad profunda que siente por el club. Si la camiseta va hacia un lado, Schurrer no se le escapa a esos colores. Y no se marea pensando tan sólo en la pelota, su vida tiene que ver con la institución en general. Pero, cuando el fútbol aparece, puede dar conceptos precisos.

-¿Cómo se explica que este plantel pasó de perder en la Copa Argentina contra un rival menor a estar puntero en el campeonato?

-No creo que haya grandes secretos. Nosotros nos preparamos siempre igual. Lo que puede cambiar es el estado de ánimo. El resto, todo lo que tiene que ver con la cuestión futbolística, es algo que nosotros intentamos en todos los partidos de la misma forma. No es que cambia la preparación. Somos constantes y a veces sale bien y a veces no. Es simplemente eso.

-Ahora que está tan en discusión qué es jugar bien y qué es jugar mal, ¿cómo definiría el estilo de su equipo?

-Nosotros jugamos siempre a intentar. Eso es lo importante. A veces funciona jugar bien y a veces no nos sale. Pero creo que somos un equipo que busca tener protagonismo. En eso, apostamos mucho a la presión. En todos los partidos tomamos la iniciativa de presionar mucho a los defensores rivales. A los laterales. Así les quitamos juego y podemos avanzar nosotros.

-¿Qué otro equipo del fútbol argentino le gusta?

-Es difícil jugar bien. Creo que Vélez es un equipo que siempre es interesantes. A mí me gusta mucho. Me parece, después, que hay que mirar a Tigre porque logró mostrar cosas que valen la pena. Una idea bastante ambiciosa. Cerca aparece Racing, que me parece que tiene que despegar. Y después, bueno, está Boca, que es realmente difícil.

-De alguna forma es como si este torneo se pareciera bastante al anterior.

-Es que va a ser así. No se pueden esperar cambios rotundos. Los que juegan bien, seguirán haciéndolo. Y los que lo hacen mal, probablemente también. Todo seguirá siendo bastante parecido.

-De los que nombró, hay varios que jugarán la Copa Libertadores. ¿Eso va a afectar el rendimiento?

-Puede que eso sea lo que varíe un poco el nivel general. Vélez, Boca y nosotros vamos a tener que jugar dos competiciones y eso obliga a que algunos partidos no podamos poner todo lo mejor que tenemos. Pero lo importante es la idea y nosotros no vamos a cambiarla.

El ascenso comenta el fútbol

Suben, bajan, pero la pelota pelota no se mancha.
Tienen sus historias y El Ascenso comenta al Fútbol en Vámonos de Casa.

– Mónica Nielsen, la fundadora del Social Atlético Deportivo Che Guevara, club de fútbol cordobés que juega la liga regional de Colón- 14 de octubre del 2012
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-Luciano Theiler, jugó en Islas Maldivas, el Líbano y Bangladesh-23 de septiembre del 2012
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-Esteban Salvatore, arquero de Atlético Policial, nos cantó canciones de la hinchada – 16 de Septiembre del 2012
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– Diego Méndez, futbolista argentino que juega en Vietnam- 9 de septiembre del 2012
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-Pablo Bastianini, futbolista de Boca Unidos de Corrientes, jugó en Japón e Israel- 2 de septiembre del 2012
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– Lucas Mancinelli, lateral derecho de Atlante, Primera B Metropolitana – 26 de agosto del 2012
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-Daniel Casais, volante derecho de Liniers, club de la Primera C – 12 de agosto del 2012
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-Sebastián Bértoli, arquero de Patronato – 5 de Agosto del 2012
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-Rodrigo Sánchez, goleador de Villa Mitre – 18 de abril del 2012
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-Néstor Retamar, DT de Atlas – 11 de abril 2012
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– Fernando Pellegrino, arquero de Atlanta – 4 de abril del 2012
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