Sí se puede

La Cooperativa de Trabajadores Lacar logró eludir al telegrama de empleo, gambetear el vaciamiento y mantener las máquinas en funcionamiento. Mientras esperan la expropiación definitiva, hacen un balance de estos dos años duros pero esperanzadores.

Los empleados de Lacar vivieron una real pesadilla en los últimos tres meses de un ya lejano 2011: primero, a mitad de septiembre, amanecieron con la fábrica cerrada, los 20 locales sin mercadería, la compañía en quiebra y sin ningún tipo de señales de indemnización ni nada por el estilo. 150 personas quedaban en la nada misma. No era la primera vez que Lacar se convertía en noticia: en el 2005 fue la primer compañía en ser denunciada por trabajo esclavo. Ahora era noticia no sólo a las “estrategias productivas” de su ex dueño José Tarica – que llevaron todo a la quiebra- sino gracias a los reflejos rápidos de los trabajadores que tomaron rápidamente la iniciativa: decidieron formar una cooperativa y presentaron un plan de producción al juez Federico Guerri del  Juzgado Comercial  nº 17 para hacerse cargo de la maquinaria y los talleres, teniendo la prioridad antes que los acreedores, según marcaba la nueva Ley de Quiebras. Movilizaciones y acampes de por medio, el 29 de diciembre del 2011 nació la Cooperativa de Trabajo Lacar, con una orden provisoria de cesión de los derechos de los bienes muebles e inmuebles. Una fábrica recuperada más en el mapa argentino.

NosDigital se juntó con Aníbal Castillo, uno de los compañeros que desde el primer día estuvieron cimentando la organización, en el local de Lacar en Av. Directorio 3715, en Parque Avellaneda:

-¿Cómo anda la Cooperativa Lacar a dos años de su fundación?

Hoy en día bien, con el mismo sacrificio y más ahora con la inflación que se fue para arriba. Haciendo lo mismo de siempre y esperando que el juez nos confirme la expropiación definitiva, porque el fallo sólo fue provisorio. Seguimos igual que antes, un poquitito mejor, pero siempre muy sacrificados.

-¿Cómo lograron reestablecer las relaciones con los proveedores y distribuidores después del vaciamiento?

Nosotros hablamos con todos y algunos sí aceptaron trabajar con la cooperativa y otros no. Así que salimos a buscar nuevos. Por suerte seguimos en el Polo Textil haciendo nuestras camperas, pero la mayor complicación sigue siendo la plata.

De sus labios salen dos palabras una y otra vez, tal vez las más comunes en el planeta de las fábricas recuperadas: plata y sacrificio. Plata, porque salir al mercado sin inversiones externas, sin acceso a créditos fáciles y evitando bajar los costos del producto mediante despidos o mayor explotación se hace casi una tarea titánica. Y Aníbal resalta cómo cuando el dueño cerró las puertas eran 150 y ahora son 30, porque muchos tuvieron que salir a buscar empleos para mantener a sus familias, que ahora labura 8 o 9 horas ganando el básico, del esfuerzo que hacen para ir asesorándose y aprendiendo nuevas tareas y así rotar en los puestos y ayudar a los compañeros. De ahí, la otra cara de la moneda, el sacrificio. Pero prefiere con orgullo su nueva condición: “Acá ganás mucho menos, el sacrificio es otro; pero los que estamos acá es porque queremos este tipo de vida. Yo estuve 20 años laburando para un patrón llevándome 8 mil pesos y no sabía nada y el tipo hacía de todo. ¿Pero qué tranquilidad te da si el tipo es un corrupto? Vos te metés en una empresa, ponés la tarjeta, cobrás a fin de mes y te vas; no sabés nada de lo que hace el dueño”. No saber qué hacía en Lacar fue casi un pecado, teniendo en cuenta que mucha de la materia prima venía de los talleres clandestinos. Cuenta Castillo cómo reaccionaron cuando la organización La Alameda fue por primera vez a denunciar lo que pasaba: “Nosotros nos enteramos porque una vez vinieron los de La Alameda. El dueños nos decía que no, que ellos se habían confundido, que solo venían a hacer quilombo. Y después cuando pasó todo lo que nos hizo, nos cayó la ficha”.

-¿Cómo comparás el trabajo de antes con la nueva realidad de estar al frente de la cooperativa?

Ahora la cooperativa es tuya, es otra cosa, la piloteás vos, te hacés cargo de todo, porque esto es una fábrica recuperada. El ser humano tiene conflictos, tiene problemas, y acá también los hay, pero más allá de todo eso, nosotros tratamos de que esto sea de todos, que haya igualdad. A nosotros nos cagó un tipo y tratamos ahora de no hacer lo mismo, manejarnos de otra manera. Lo único que te complica es cuando estás con lo justo; la cooperativa es así en los primeros tiempos, y hay que entenderlo, pero estamos bien, la estamos peleando.

-¿Qué significa para pertenecer a ese mundo de las fábricas recuperadas?

Yo no conocía esto, yo iba a trabajar, cobraba y me iba. Yo lo vivo a full, sé que lo más importante es el sacrificio. Gente que no le pasó no te puede entender. A mí me gusta esto de la cooperativa que el trabajador sabe, se asesora de lo que pasa en su lugar de trabajo. Más en este sector, el textil, el trabajador no sabe nada.

-¿Qué se siente cuándo van y cuentan su experiencia a otras fábricas que están pasando lo que ustedes hace dos años?

Por ejemplo, fuimos a ver el caso de Dulce Carola, que les pasó lo mismo. Fuimos, los asesoramos, les contamos nuestra experiencia. Siempre que tenemos tiempo tratamos de ayudar a quienes están en esa situación. Y yo no lo puedo creer, a mí me encanta, cómo te escuchan, poder ayudarlos, saber que hubo gente que pasó por lo mismo.

Lacar sigue de pie y eso es motivo de sacarle una sonrisa a cualquiera que piense que hubo tipos que en la lona decidieron hacer lo contrario al sentido común, y con un esfuerzo descomunal lograron hacerse cargo de su propio trabajo aún en las condiciones más adversas.

La noticia sin noticia

Lacar, la marca de camperas, antes una máquina de trabajo esclavo, ahora, una empresa en vías de recuperación. Actualización de la noticia que ya tiene 3 meses de incertidumbres y a decenas de familias a la espera.

Foto: Nos Digital.

La cooperativa de trabajadores de Lacar sigue esperando que el juez Federico Guerri falle a su favor la propiedad de los bienes (indumentaria y maquinaria) que el antiguo dueño de la firma, José Tarica, vació de los locales comerciales y la fábrica y escondió en dos depósitos que los trabajadores encontraron, vigilaron y hoy reclaman. Ninguna obstrucción legal impide al juez dictaminar sobre el tema. De hecho, desde aquél domingo 18 de septiembre en que se desencadenó todo, los trabajadores ya formaron una cooperativa, presentaron un plan productivo y se reúnen todas las semanas, dos veces. La maniobra judicial, así, sólo puede leerse como un desgaste: a tres meses del vaciamiento, los trabajadores continúan sin ver un centavo.
La espera ahoga. Con festivales y rifas apenas llegan a cubrir los “vales” que piden los más necesitados. Otros más suertudos confiesan estar viviendo de la familia o algún compañero. Semana a semana trazan nuevas estrategias que permitan el próximo paso hacia la producción. En el polo textil del INTI ya se ponen a ritmo con cursos y capacitaciones. “La gente del INTI nos acercó unas máquinas y nos está dando uno que otro curso para ir preparándonos. Porque la gran mayoría de gente que forma la cooperativa no es precisamente de talleres… Ellos antes mandaban todo a clandestinos”.
No es menor lo que explica Gabriela, tesorera de la cooperativa. Precisamente en esos talleres clandestinos comienza la historia siniestra de la firma Lacar en Argentina: fue la primera denunciada por encierro, hacinamiento y sobreexplotación de talleristas. Es ése el trabajo que ahora están aprendiendo, en otro intento de amoldarse a la redistribución de tareas. “Pero sin las máquinas, sin las camperas para empezar a vender es muy difícil”, explica Gabriela. Ya tienen las cantidades y números de tela, cierres y etiquetas que deben comprar como para una primera tanda. Pelean, mientras tanto, no sólo por la liberación de la ropa y las máquinas, sino también por la propiedad del “bien inmaterial” que es la propia firma Lacar. Se entiende, el impacto comercial y de marketing no sería el mismo aunque las camperas mantengan su calidad. Otro de los tantos inconvenientes será reubicar locales comerciales donde pueda venderse la mercadería que produzcan.
Pero para eso falta. Ahora queda presionar por la propiedad de los bienes: “Este lunes 19 iremos hasta el juzgado a ver si por medio de la presencia podemos encontrar alguna otra respuesta, básicamente pedir que liberen los bienes a nuestro favor”, anuncia Gabriela. El pedido de los trabajadores se basa en la reciente Ley de Quiebras que obliga al juez a revisar una serie de “créditos laborales”, asimilables a lo que entendemos como “indemnizaciones”, cuya suma puede intercambiarse por los bienes de la empresa. Antes, los bienes se consideraban para el dueño. Esta ley da prioridad a los trabajadores a tasar los bienes de la empresa y corresponderlos con el valor de la suma de los créditos laborales. Es decir, permite la posibilidad legal de expropiar bienes materiales (máquinas, productos y hasta la fábrica misma) e inmateriales (inteligibles, como la firma de una empresa). El caso de la cooperativa de trabajadores de Lacar es de los primeros que ponen en juego la ley.
Por qué no se aplica la ecuación de la ley no es fácil de desentrañar. Por lo pronto, los trabajadores de Lacar cuentan con un inconveniente comparado a otras fábricas recuperadas: el edificio en que trabajaban era alquilado. También hay que reconocer cierta astucia del antiguo dueño José Tarica para mantener en secreto la quiebra de la empresa. Los trabajadores no se la esperaban. No pudieron ni supieron entonces entrar a la fábrica, tomarla, resistir. Tarica limpió hasta las fotos familiares que tenían los administrativos colgadas en las oficinas. De las máquinas ni hablar. Los locales comerciales, lo mismo: todos vaciados. El dueño de la fábrica que alquilaba a Tarica no tiene razones para hacer voluntarismo: ya alquiló la fábrica a otra empresa.
Desde que se conoció la noticia del vaciamiento, el INTI les guarda un lugar en su polo textil en Barracas. Por ahora sólo ayuda con cursos y capacitaciones, y unas pocas máquinas para poner en práctica nuevos conocimientos de corte y confección, lo que antes se terciarizaba. Pero ya con este reconocimiento del INTI, el convenio que les cede lugar físico, se supone, supuso el abogado del Movimiento Nacional de Fábricas Recuperadas, Luis Caro, que el juez tenía que tomar una decisión positiva sobre los bienes. Es decir, a favor de los trabajadores. “No hay nada que esté obstruyendo que el juez tome una decisión a nuestro favor. El papel ya fue entregado hace quince días a la justicia, pero todavía no tenemos respuesta”, cuenta Gabriela.
Las tareas, ahora, mientras, es de corte y confección de ánimos, psicologías y ayuda económica para quienes más lo necesiten. El juez a cargo es el mismo quien, en primera instancia, apuró a rematar los bienes sin precio de partida, violando la propia Ley de Quiebras. El abogado de las recuperadas Luis Caro rápidamente pidió su revocatoria. Guerri dio marcha atrás con su decisión, hizo tasar los bienes por un síndico y ahora demora la decisión sobre su propiedad. El antiguo dueño José Tarica, lejos de estar reclamándolos, declaró la quiebra de la empresa, no apareció más, siquiera se presentó a las audiencias que convocó el Ministerio de Trabajo y, se sabe, descansa en el country del Club Náutico Hacoaj donde vive.
Se avecina fin de año y la inminente feria judicial apura a los trabajadores. Gabriela: “Hoy justamente, antes de juntarnos a hacer un brindis tuvimos una asamblea y tratamos de apuntalarnos… Porque hay determinados momentos que te hacen bajar los brazos… Tratamos de acompañarnos para que cuando alguno se caiga, no se pierda la esperanza”. El lunes 18 irán al juzgado no a presionar sino a buscar lo que antes muchas otras recuperadas consiguieron tomando fábricas, resistiendo desalojos y estirando con amparos: justicia, expropiación, producir sin patrón.

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