Ritmo cariñoso

Carinhosos Da Garrafa ha conquistado La Trastienda a fuerza de tambor en lo que se afirma como “el evento más importante de música brasilera en Argentina”.  Recuperan las rodas del terreiro, fusionan ritmos y nos invitan a vibrar al unísono.

–          ¿Cómo se piensa una propuesta distinta?

–          El planteo lo arrancamos al revés: ¿qué es lo que hay mucho? Dentro de ese mucho, ¿qué es lo que no vemos que hay? Dentro de todo eso, ¿qué es lo que queremos nosotros para ser felices?

[Distinto1, ta.

(Del lat. distinctus, part. pas. de distinguĕre, distinguir).

1.       adj. Que no es lo mismo, que tiene realidad o existencia diferente de aquello otro de que se trata]

*

Carinhosos Da Garrafa primero, ocho años atrás en La Plata, se pensó como banda bailando al ritmo del samba y coqueteando con diferentes géneros y sus instrumentos. Ese romance los llevó a interpretar con cavaquinho, repenique, banjo y pandeiro -entre muchos otros- temas que van desde de Charly García hasta Adele. “Pasa muchas veces que nosotros como músicos queremos tocar música cubana como la hacen los cubanos para los cubanos, música uruguaya como la hacen los uruguayos y así. Acá estamos en Argentina, hay que adaptar”, dicen y prefieren dejarse matizar por los ritmos de su cotidianeidad.

Cuando estaban ya en movimiento pensaron cómo mantener el baile y crearon un ciclo -originalmente los martes en La Plata- con la música brasilera de columna vertebral. La experiencia tomó cuerpos, se multiplicó cada semana, se mudó de un bar a un espacio abierto durante el verano y desde mitad de año llegó también a Capital Federal. ¿Creció? Mucho, desde el recién estrenado año, todos los miércoles La Trastienda se pone cariñosa. En horario de after office, cuando las computadoras se apagan, las luces se encienden y el público baila con caipirinhas y cervezas frías en la mano, la banda sale a escena sin subir al escenario.

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Imágenes: NosDigital

 

–          Estamos tocando en el medio del salón. No es el escenario que arranca alto, está casi a tu misma altura, eso hace que la gente lo incorpore. Es algo distinto, una propuesta que está buena, no tiene edades, no tiene estratos sociales, es para todos. Hay una continuidad entre el público y el músico, somos todos protagonistas. Empezó así en bares y en casas, en el fondo, en el patio. El mismo músico era público también. Cantaban todos, no se necesitaba amplificar ninguna voz ni nada. Eso hace que esa diferencia entre el público y el artista no se sienta. Es todo una sola cosa.

–          ¿Se genera sentido de comunidad?

–          En principio era así, dentro de una casa, una familia, una comunidad de cierto barrio, casi siempre marginal. Se genera una cuestión de pertenencia.

–          ¿Las comunidades no implica dejar gente afuera?

–          No, y no queremos que pase. De hecho nosotros dentro del repertorio hacemos temas que se cantan en inglés, en castellano, que todos se sientan un poco representados. Vi gente que no es del palo del samba y por ahí escucha “El viejo” de Pappo y lo canta, lo prendiste, le entró por otro lado. Además este formato permite recuperar algo que en el escenario se pierde un poco: hay muchos instrumentos de percusión y tienen un audio natural que energéticamente te generan algo. No es lo mismo estar en el escenario que lo único que recibís es el audio que sale amplificado. Pasan otras cosas, se escucha el audio del micrófono pero se escucha también el audio natural y eso te sacude.

Y como Atahualpa le escribió un salmo a la guitarra, esa que sirve para encontrarse con uno mismo, Carinhosos hace ritual cada miércoles para que la percusión se escuche latir como el pecho y la semana palpite fin de semana que resuena. La proximidad del sonido, la roda que envuelve, los cuerpos que chocan a la altura de las caderas obligan a salir de la pasividad. No hay butaca y estado de contemplación, tenés que hacerte cargo: sos parte del momento.

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Suenan en La Trastienda.

“Esta música no es para quedarse pasivo”, sentencian.

El atardecer huele a traspiración de plena madrugada bailable. Están los que todavía llevan rastros de oficina en la ropa y arremangan la camisa, los que bailan descalzos, los de remera ajustada con logo de alguna batucada, todos bailando juntos en ronda. “Yo sólo creería en un Dios que supiera bailar”, dijo Nietzsche y acá parecen prenderse velas en el mismo altar.

El lugar está lleno. Las edades del público van desde adolescentes a quienes pisan seis décadas. “La mayoría de nosotros tenemos familias, entonces dijimos: ‘che, vamos a armar un evento que podamos ir con nuestros hijos también porque si no siempre es complicado’. Integrar, se trata de eso”, explican.

¿Por qué integrar? El neurocientífico Lawrence Parsons en una entrevista a fines del 2008 explica: “La música y la danza, y contar historias y la comunicación son una especie de tela entretejida entre los humanos. Creemos que cantar y bailar juntos, como grupo, tiene ventajas evolutivas. Nos ayuda a sobrevivir mejor que un grupo que no tiene música, que no tiene danza”. ¡Subime la música!

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La música que te hace bailar.

 

Si seguimos con la lógica de día de semana que todavía no llegó a la madrugada, decimos que a mitad de la jornada hay un break y se pueblan las barras. Después Carinhosos sale por segunda vez a escena y se acomoda en butacas alrededor de una mesa que contiene todos los instrumentos. Entre ellos, la energía también es circular. Es la última entrega antes de que lleguen los invitados para cerrar la gala. La pregunta queda obsoleta cuando le pega la respuesta. ¿Por qué los invitados cierran la noche y no abren?, en un bar del barrio del Abasto Pablo y Nacho -integrantes Carinhosos- abren los ojos desconcertados: “¿Vos decís porque la banda invitada no está antes y nosotros cerramos?”. Y vuelven a abrir los ojos. “Es una especie de frutillita, lo pensamos así. Un regalo para la gente, un mimo. Y que se entienda que no porque hacés un estilo de música sos eso, la música es música”. Y no dicen nada más. Y el ego del artista se aleja de la mesa.

Cuando llega el momento de la banda invitada, las luces se encienden en el escenario, los cuerpos giran la mirada y siguen bailando. Es una transición orgánica. ¿Por qué? “Nuestro gurú dijo: la gente quiere mover el culo”.

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Carinhosos Da Garrafa son: Marina di Bastiano en voz y cavaquinho, Pablo Palleiro en tan tan y repenique, Nacho Álvarez en voz y banjo-cavaquinho, Esteban Álvarez  en voz, repique de mano y pandeiro, Fernando Álvarez en voz y mandolina, Martín Messineo en guitarra de 7 cuerdas, Juan Zabala en cuica y pandeiro, Esteban Portnoy en batería, Claudio Braga en surdo y repique de anillo. La Trastienda se pone cariñosa cada miércoles, 20hs.

“El rock no es lineal y creo que Pier lo abarca en su totalidad”

Pier es una banda de rock rolinga de los 90′, dirían algunos. Que se curtan: Ya entrados en la segunda década del 2000 y tras 18 años de carrera, se mantienen vigentes y expresando su amor por la música. El 17 y 18 agosto se presentan en La Trastienda a festejar con su público la reedición de su primer disco, “La Codiciada”. Pier es una banda de rock. Y punto.

Es lunes, pero de esos lunes lindos, los soleados de invierno que te sorprenden abrigado. Llegamos al edificio en la calle Dorrego a las 16.30, el momento del día que más me gusta, la hora de los mates. El ascensor casi camuflado en la pared nos sube al quinto piso, toc toc, unos segundos y se abre la puerta. En el departamento luminoso de Palermo, sentados en unos lindos sillones cerca del ventanal, nos reciben Ramiro y Agustín Cerezo; cuando nos saludan se presenta cada uno por el nombre. Como si fuera necesaria la presentación. Ellos son Pier y marcaron una etapa musical de mi adolescencia.

“Está bueno, yo creo que tiene que ver con la carrera que llevamos a cuestas, después de 18 años me imagino que hemos penetrado en la gente de alguna manera y eso marca que evidentemente estamos haciendo las cosas bien por decirlo de alguna manera. Siempre tratamos, a medida que fueron pasando los años, de generar cosas que tengan que ver con lo artístico, puntualmente con lo musical que es el palo nuestro y bueno, parece que está muy bueno y nos hace sentir bien que haya gente que se identifique con las canciones nuestras, con los discos, con los shows, que tiene que ver con lo que Pier hace y con lo que venimos forjando hace muchos años”.

Si, leíste bien. Pier lleva transitando escenarios 18 años, a lo largo y ancho del país, de países.  Pero durante esta charla lo que gira es el mate, que deja lugar a recuerdos de presentaciones. Pienso que deben ser recuerdos infinitos, DIECIOCHO años. ¡Qué huevos para seguir estando vigentes!  “Tiene que ver con el esfuerzo, con la dedicación, con el amor por la música, son un montón de cosas. Ser perseverantes, confiar en lo que hacemos, tratar de crecer con defectos y con algunas virtudes y siempre tratando de hacer algo que a nosotros nos llene y que esa satisfacción que sentimos se traslade a la gente”.

La satisfacción se transforma en agite y, del otro lado de los micrófonos, hay gente de todas las edades, algunos que siguen ahí desde los inicios, otros que se sumaron, reciclaron, fueron y volvieron. Todos ellos fervorosos, pasionales. Ramiro y Agustín lo reconocen y se sienten halagados. El agite del rock encarnado, pero con su propia impronta, destilando su propio estilo, evolucionando. “El núcleo de la música de Pier es el rock. Después, el rock tampoco es tan lineal, fijo, tiene sus derivaciones para distintos lados y yo creo que Pier lo abarca en su totalidad”.

Algunos comentarios del calor del edificio, de la calefacción central que no bajan, un par de mates más, unos tragos de gaseosa del otro lado de la mesa y ya abandonamos la idea de rock como concepto musical, vamos un poco más lejos donde cuesta ver si no fijamos la vista. Ellos me dicen “Es una manifestación cultural” y yo le sonrío a la idea integral que plantean.

Imagen: NosDigital

Tanto camino recorrido los paró delante de mucha gente que los escuchó decir, cantar, pensar, afianzar ideas, muchos de ellos se identificaron e hicieron suya su bandera. “La música, primero que nada es un producto artístico, obviamente que a nosotros nos pasan cosas y tenemos sensaciones de gente que viven en este país, cosas que les pasan a todos. Por eso la gente de Pier se identifica rápidamente con lo que decimos y con lo que sentimos, enseguida se nota”. Uno habla y el otro asiente compartiendo lo dicho: “Estamos en un intermedio, no entretener pero tampoco concientizar. No es nuestra
responsabilidad, si hay una identificación con las cosas que nos pasan, hay muchos que tienen ese tipo de responsabilidades y sería bueno que se hagan un poco cargo”.

La tienen clara y lo dicen claro, no dudan y cada vez que uno habla el otro mueve la cabeza positivamente. No son dos, son uno más uno y así de consolidados salen a rodar su nuevo material “La Codiciada 2012”, una reversión de su primer disco salido a la calle en el año 1998. “La Codiciada es el primero y hubo una serie de demos que se vendieron, algunas copias, pero es muy poca gente la que tuvo ese disco; entonces, por eso quisimos también volver a grabarlo para que las canciones tengan el audio y la calidad necesaria porque fueron canciones que siempre nos gustaron mucho y a nuestro público también, pero además lo grabamos de nuevo para que toda la gente que no lo tenía lo pueda tener. Es como que se reclamaba el disco ese y no estaba en ningún lado, ahora está en todos lados”.

Todas canciones que nunca se dejaron de tocar, pero sobre todo que desde el otro lado nunca se dejaron de cantar. La posibilidad de volverlas a ver en vivo nos invita el viernes 17 y sábado 18 de Agosto a La Trastienda, diez temas de su primer material al que se le suman dos covers de Héroes del Silencio, le dan vida al último trabajo de Pier lanzado de manera independiente.

Una nueva parada en la trayectoria de la banda que desde hace casi veinte años no para de crecer y de cranear nuevas formas de hacerse camino. “Nosotros la luchamos, estamos en la lucha, la gente se identifica con eso también, les cuestan mucho las cosas como a nosotros nos costaron y nos siguen costando a través de los años”. Seis discos, un DVD, dieciocho años, todo hecho palabras en una tarde. Apagamos el grabador y los siento todavía más ellos, dos tipos de barrio y de rock.