Boom inmobiliario popular

Para poder tener sus casas, ocuparon los terrenos que un empresario decía suyos. La policía los reprimió mientras dormían. La Legislatura de la Provincia de Buenos Aires aprobó el proyecto de ley presentado por la Asamblea de Legítimos Ocupantes para expropiar esas tierras. Para que se promulgue solo falta la firma del Daniel Scioli. Aún a la espera.

Él es Rene Ramos Flores.

Rene Ramos Flores.
Rene Ramos Flores.

Y ahora va a tener su casa en los terrenos que Alberto Mattioli, mejor conocido como El estafador, El dueño de la mitad de La Plata, El que le roba hasta a los muertos, alquilaba ilegalmente.

Es que Alberto Mattioli, al frente de una “empresa familiar dedicada a emprendimientos inmobiliarios donde cuenta la persona como centro de atención con sus necesidades, deseos y requerimientos” -según lo indica su página web-, es en realidad una persona que se apropia de tierras que no son suyas, las alquila, y cuando vecinos de la zona intentan recuperar esas tierras para construir sus casas, los denuncia.

Así pasó en la localidad de Abasto, La Plata, en los terrenos ubicados entre las calles 520 a 530 y de 213 a 217.

Esas tierras fueron adquiridas en los años 60 por Zelindo Lentini, presidente del club Estudiantes de La Plata en la década del 80. Allí fundó y radicó la empresa Texlen, que quebró en el 2001 y empezó a contraer una deuda con el Estado. Lentini falleció en el 2007 y Mattioli, mediante un supuesto poder que Lentini le dejó y nunca presentó ante la Justicia, se declaró administrador de esos terrenos ociosos. Cercó el lugar y lo empezó a alquilar a quinteros.

Los terrenos desalojados.
Los terrenos desalojados.

El domingo 19 de abril vecinos de Abasto ingresaron a esos terrenos unidos en la Asamblea de Legítimos Ocupantes. Más de 300 familias entraron pacíficamente al predio, que no tenía alambrado, y empezaron a construir casillas improvisadas, algunas cerca de las tierras cultivadas por los quinteros pero sin afectar su producción. Mattioli, alegando que las familias estaban destruyendo la cosecha de sus inquilinos, denunció la ocupación.

¿Qué hizo el Poder Judicial con la denuncia de Mattioli? El Juzgado de Garantías Nº 3, a cargo de Pablo Raele, ordenó desalojar el predio. El juez Raele no le exigió a Mattioli los títulos de propiedad, ni contempló que las tierras no estaban alambradas y que la ocupación había sido pacífica, ni mucho menos reparó en que la vivienda es un derecho al que todos los habitantes de la Argentina deben acceder. No hizo nada de eso, sino que utilizó la fuerza, esa que la Constitución reserva sólo para el Estado, para preservar los negocios ilegales de un individuo. Resultado: la represión de 300 familias que intentaban recuperar un predio usurpado por este empresario.

El domingo 3 de mayo llegó a los vecinos la orden de desalojar el predio, dictada por el Juzgado de Garantías Nº 3. A pesar de que el juez Arias, a cargo del Juzgado en lo Contencioso Administrativo Nº1 de La Plata, había dispuesto una medida precautelar mediante la cual le ordenaba al Poder Ejecutivo de la Provincia que “se abstenga de llevar adelante la orden de desalojo”. Mientras todo el barrio estaba militarizado por centenas de gendarmes de la bonaerense, hasta el vicegobernador de la Provincia de Buenos Aires, Gabriel Mariotto, se hizo presente en el lugar el miércoles 5 de mayo y afirmó que “en estas tierras no va haber represión y se construirá un plan de viviendas para todas y todos”.

Adalberto, miembro de la Asamblea, relata lo que pasó ese día luego de la visita de Mariotto: “Para nosotros el miércoles fue un día de celebración, terminamos la asamblea decidiendo qué nombre ponerle al barrio, muchos chicos volvieron porque habíamos decidido que el día de la posible represión no haya chicos, ni madres, ni ancianos. Esa gente volvió y a partir de las 5 de la mañana del jueves comenzó la represión”.

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El acampe de la Asamblea de Legítimos Ocupantes.

Ingresaron los efectivos de la policía Bonaerense: unos 600 oficiales. Más del doble de la cantidad de gente que dormía en ese momento en las casillas, algunas más improvisadas, de lona y plástico, y otras mejor plantadas, con paredes de madera. Ingresaron sin dar voz, ni pedir que abandonen la zona de forma pacífica. Pisaron a la gente que dormía, la patearon, dispararon. Asesinaron a los perros, prendieron fuego las pertenencias de los vecinos. A los que lograron escapar los persiguieron por entre los campos linderos. Hubo más de 30 heridos y trece personas terminaron detenidas, incluyendo al abogado que defiende a los legítimos ocupantes

Víctor, también miembro de la Asamblea, cuenta junto con Adalberto lo que pasó esa madrugada: “La zaña que tuvieron con nosotros no se puede explicar, hasta chicos lastimaron. Y no fue que entraron y nos desalojaron, nos corrieron hasta Ruta 2 y por el medio del campo. Como si fuéramos salvajes. En esta época es algo inentendible que hayan tratado a la gente así”.

Adalberto remata, categórico: “Lo principal acá en Abasto es la necesidad de vivienda que hay. La gran cantidad de gente que ocupó los terrenos trabaja y alquila, todo ese dinero volcado a la especulación inmobiliaria, volcado a la construcción de la propia casa. Se acaba el negocio de unos cuantos”.

Mirá bien estas caras, porque todos ellos juntos, le ganaron a la especulación privada, esa que no vive sin una mano del Poder Judicial.

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Ganaron porque después de los palos no se abatieron. Se reunieron y acamparon una semana sobre la calle 212. Hicieron asambleas, reuniones, festivales, marchas. Sostuvieron la lucha que venían llevando a cabo hacía meses, lucha que tiene como eje central el derecho a la vivienda digna.

Le ganaron porque agrupados en la Asamblea de Legítimos Ocupantes presentaron un proyecto de ley en la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires para expropiar esas tierras. Y lo lograron. El proyecto se aprobó el 13 de mayo. Ahora los terrenos que antes explotaba ilegalmente Mattioli “serán destinados al desarrollo de planes de vivienda, teniendo en cuenta a sus actuales ocupantes (…) Los bienes expropiados por la presente ley se destinarán a la vivienda única, familiar y de ocupación permanente de los actuales ocupantes”.

Para que esta ley se promulgue necesita la firma del Daniel Scioli, que tiene diez dias para hacerlo, contando desde el 21 de mayo pasado. Mientras tanto los vecinos esperan. Algunos ya no tenían un lugar donde ir desde que empezó la toma, y aún no lo tienen. La Asamblea de Legítimos Ocupantes está acampando frente al predio. Las tierras siguen custodiadas por la policía. Por ahora las carpas del acampe son la casa de muchos vecinos del Abasto, y aunque el viento las vuele y el frio se cuele por las costuras, siguen plantadas firmes ante los terrenos que la Asamblea logró recuperar.

Ritmo cariñoso

Carinhosos Da Garrafa ha conquistado La Trastienda a fuerza de tambor en lo que se afirma como “el evento más importante de música brasilera en Argentina”.  Recuperan las rodas del terreiro, fusionan ritmos y nos invitan a vibrar al unísono.

–          ¿Cómo se piensa una propuesta distinta?

–          El planteo lo arrancamos al revés: ¿qué es lo que hay mucho? Dentro de ese mucho, ¿qué es lo que no vemos que hay? Dentro de todo eso, ¿qué es lo que queremos nosotros para ser felices?

[Distinto1, ta.

(Del lat. distinctus, part. pas. de distinguĕre, distinguir).

1.       adj. Que no es lo mismo, que tiene realidad o existencia diferente de aquello otro de que se trata]

*

Carinhosos Da Garrafa primero, ocho años atrás en La Plata, se pensó como banda bailando al ritmo del samba y coqueteando con diferentes géneros y sus instrumentos. Ese romance los llevó a interpretar con cavaquinho, repenique, banjo y pandeiro -entre muchos otros- temas que van desde de Charly García hasta Adele. “Pasa muchas veces que nosotros como músicos queremos tocar música cubana como la hacen los cubanos para los cubanos, música uruguaya como la hacen los uruguayos y así. Acá estamos en Argentina, hay que adaptar”, dicen y prefieren dejarse matizar por los ritmos de su cotidianeidad.

Cuando estaban ya en movimiento pensaron cómo mantener el baile y crearon un ciclo -originalmente los martes en La Plata- con la música brasilera de columna vertebral. La experiencia tomó cuerpos, se multiplicó cada semana, se mudó de un bar a un espacio abierto durante el verano y desde mitad de año llegó también a Capital Federal. ¿Creció? Mucho, desde el recién estrenado año, todos los miércoles La Trastienda se pone cariñosa. En horario de after office, cuando las computadoras se apagan, las luces se encienden y el público baila con caipirinhas y cervezas frías en la mano, la banda sale a escena sin subir al escenario.

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Imágenes: NosDigital

 

–          Estamos tocando en el medio del salón. No es el escenario que arranca alto, está casi a tu misma altura, eso hace que la gente lo incorpore. Es algo distinto, una propuesta que está buena, no tiene edades, no tiene estratos sociales, es para todos. Hay una continuidad entre el público y el músico, somos todos protagonistas. Empezó así en bares y en casas, en el fondo, en el patio. El mismo músico era público también. Cantaban todos, no se necesitaba amplificar ninguna voz ni nada. Eso hace que esa diferencia entre el público y el artista no se sienta. Es todo una sola cosa.

–          ¿Se genera sentido de comunidad?

–          En principio era así, dentro de una casa, una familia, una comunidad de cierto barrio, casi siempre marginal. Se genera una cuestión de pertenencia.

–          ¿Las comunidades no implica dejar gente afuera?

–          No, y no queremos que pase. De hecho nosotros dentro del repertorio hacemos temas que se cantan en inglés, en castellano, que todos se sientan un poco representados. Vi gente que no es del palo del samba y por ahí escucha “El viejo” de Pappo y lo canta, lo prendiste, le entró por otro lado. Además este formato permite recuperar algo que en el escenario se pierde un poco: hay muchos instrumentos de percusión y tienen un audio natural que energéticamente te generan algo. No es lo mismo estar en el escenario que lo único que recibís es el audio que sale amplificado. Pasan otras cosas, se escucha el audio del micrófono pero se escucha también el audio natural y eso te sacude.

Y como Atahualpa le escribió un salmo a la guitarra, esa que sirve para encontrarse con uno mismo, Carinhosos hace ritual cada miércoles para que la percusión se escuche latir como el pecho y la semana palpite fin de semana que resuena. La proximidad del sonido, la roda que envuelve, los cuerpos que chocan a la altura de las caderas obligan a salir de la pasividad. No hay butaca y estado de contemplación, tenés que hacerte cargo: sos parte del momento.

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Suenan en La Trastienda.

“Esta música no es para quedarse pasivo”, sentencian.

El atardecer huele a traspiración de plena madrugada bailable. Están los que todavía llevan rastros de oficina en la ropa y arremangan la camisa, los que bailan descalzos, los de remera ajustada con logo de alguna batucada, todos bailando juntos en ronda. “Yo sólo creería en un Dios que supiera bailar”, dijo Nietzsche y acá parecen prenderse velas en el mismo altar.

El lugar está lleno. Las edades del público van desde adolescentes a quienes pisan seis décadas. “La mayoría de nosotros tenemos familias, entonces dijimos: ‘che, vamos a armar un evento que podamos ir con nuestros hijos también porque si no siempre es complicado’. Integrar, se trata de eso”, explican.

¿Por qué integrar? El neurocientífico Lawrence Parsons en una entrevista a fines del 2008 explica: “La música y la danza, y contar historias y la comunicación son una especie de tela entretejida entre los humanos. Creemos que cantar y bailar juntos, como grupo, tiene ventajas evolutivas. Nos ayuda a sobrevivir mejor que un grupo que no tiene música, que no tiene danza”. ¡Subime la música!

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La música que te hace bailar.

 

Si seguimos con la lógica de día de semana que todavía no llegó a la madrugada, decimos que a mitad de la jornada hay un break y se pueblan las barras. Después Carinhosos sale por segunda vez a escena y se acomoda en butacas alrededor de una mesa que contiene todos los instrumentos. Entre ellos, la energía también es circular. Es la última entrega antes de que lleguen los invitados para cerrar la gala. La pregunta queda obsoleta cuando le pega la respuesta. ¿Por qué los invitados cierran la noche y no abren?, en un bar del barrio del Abasto Pablo y Nacho -integrantes Carinhosos- abren los ojos desconcertados: “¿Vos decís porque la banda invitada no está antes y nosotros cerramos?”. Y vuelven a abrir los ojos. “Es una especie de frutillita, lo pensamos así. Un regalo para la gente, un mimo. Y que se entienda que no porque hacés un estilo de música sos eso, la música es música”. Y no dicen nada más. Y el ego del artista se aleja de la mesa.

Cuando llega el momento de la banda invitada, las luces se encienden en el escenario, los cuerpos giran la mirada y siguen bailando. Es una transición orgánica. ¿Por qué? “Nuestro gurú dijo: la gente quiere mover el culo”.

*

Carinhosos Da Garrafa son: Marina di Bastiano en voz y cavaquinho, Pablo Palleiro en tan tan y repenique, Nacho Álvarez en voz y banjo-cavaquinho, Esteban Álvarez  en voz, repique de mano y pandeiro, Fernando Álvarez en voz y mandolina, Martín Messineo en guitarra de 7 cuerdas, Juan Zabala en cuica y pandeiro, Esteban Portnoy en batería, Claudio Braga en surdo y repique de anillo. La Trastienda se pone cariñosa cada miércoles, 20hs.

“No tuve otra vida que para las canciones”

Desde un grito desesperado hasta consagrarse en el oficio de la música, Manuel Moretti, cantante de Estelares, nunca dejó de experimentar entre la palabra y la melodía. En una heladería en City Bell repasa su vida en el rock y confiesa que aflojó con el alcohol por el placer de jugar al fútbol los sábados.

Manuel Moretti pisa los 49 años. La primera vez que subió a un escenario fue hace un cuarto de siglo para cantar tres canciones: “Blanco y Negro”, “¿De qué estás hablando Willys?” y “En la esquina venden pan”. En una heladería céntrica en City Bell, frente a la plaza que hace de imán, también él atrae, de chupines rojos y de lentes negros, a las chicas que le piden fotos. Accede. Tres décadas atrás nada era tan polite: en el escenario que lo desvirgó valía todo. Y todo es TODO. Y todo incluye cantar: “Hoy mis piernas no están bien mamá, se me quebraron en dos y no puedo caminar mamá…”.  Y todo fue saber sólo tres acordes y con eso salir a tocar en un corto de Guillermo Beilinson. Y todo es tener, ese día, de público al Indio Solari y Skay. Porque en esa La Plata es que valía todo. Así lo recibieron.

–          ¿Estabas nervioso?

–          Era una época en que tomaba tres mogra de merca por día, me levantaba a las diez de la mañana a tomar, después me iba a laburar, a la escuela de teatro y salía… Estaba muy contento, no me acuerdo de estar nervioso. Estaba feliz y muy drogado, era joven, 21 años, las chicas más lindas me daban bola, era Gardel y Lepera. Mientras estaba colocado era la felicidad, después… Fue hace mucho tiempo, pero le tengo cariño a todo lo que pasó. Una cosa es cuando tomás merca el fin de semana y otra cuando sos un adicto diario. Es otra vida. Te vas, tenés categorías que la mayoría de la gente no las conoce. Todo esto es medio raro de decir, suena muy heavy para algunos, pero estás en otro planeta. Te inyectás – no es broma – falopa. Por mucho tiempo no tuve sentimientos normales, todos sentimientos lunáticos, chiflados. Esta relación intensa y medio pesada terminó a los 24 años. Pasaron un montón de años, el primer cambio fue por el alcohol. Dejé las drogas y me metí en el alcohol como para empezar a bajar.

–          ¿Ahora tenés sentimientos normales?

–          Podría decirte que sí. Me da miedo decir esto. Con mi terapeuta y con otra gente lo puedo charlar largo y tendido, pero es tan psicoanalítico que es medio choto. Yo fui un tipo que pudo sostener mi deseo, me ordené, laburé, tuve siempre banda sonando, hice canciones. Antes, me acuerdo cuando tenía novia y la chica me decía el domingo de salir a pasear… para mí era lunático lo que me decía. Hay sentimientos que son muy raros, siempre estaba loco o angustiado, una porquería todo. Yo laburé mucho tiempo para volver a tener una vida satisfactoria. Me terminó yendo bien, podría haber sido mucho peor. Por suerte quedaron las canciones.

Manuel compró una casa en Villa Elisa – La Plata –en el año 2009, mientras vivía en un departamento que alquilaba en Capital Federal. Hasta el 2012, la casa fue sólo un lugar para escapar. Hace dos años vive ahí. Cerca – todo es relativamente cerca entre City Bell y Villa Elisa – Manuel pide un café.

IMG_5337–          ¿Cambió tu ritmo de vida viviendo acá?

–          Yo vivía en Buenos Aires, pero no salía del departamento. Lo que tiene este lugar es que yo me despierto y tengo mi patio, un terreno atrás que está libre y como 18 hectáreas en una de las calles al lado de mi casa que están en sucesión. Tengo caballos salvajes corriendo por ahí. Eso me cambió: los amaneceres y los atardeceres, estar en calles chicas, arboladas, con muchos pájaros, animales. Te da otra dinámica.

–          ¿Te gusta más este ritmo?

–          A mí me gusta la ciudad, pero yo me las arreglé para que cuando todos están yendo, yo vuelvo. Si todos van a la costa en enero, yo voy en mayo, si todos van el sábado, yo voy el lunes. Siempre tuve esa dinámica y en función de eso me acomodé para no ir con la gran masa. No tengo problema ni con ciudad ni con pueblo. Lo que no me gusta es estar en situaciones con mucha gente, por eso es un milagro el trabajo que me conseguí porque si yo fuese espectador del trabajo que hago me muero de hambre, no voy a ver ningún show. Soy por naturaleza un tipo medio reservado, solitario. Me crie en Junín, que es un pueblo grande, una ciudad de 90 mil habitantes. Me eduqué hasta los 9 años en la casa de mis abuelos, en un pueblo de 300 habitantes. Una de las cosas que me gustaba de La Plata era eso: las diagonales, una ciudad planeada por racionales, súper orgánica y súper airosa. Pero no sé por qué, la primera vez que vine a City Bell quedé flasheado. Después te das cuenta la conexión que tiene con la música, con los Virus, con un montón de amigos, con Los Redondos, con gente que después tocaste y seguís tocando. Lo que me pasa acá es que hay un cariño, quiero a ésta segunda ciudad que me abrigó que fue La Plata, dónde creció Estelares y mi profesión, dónde me desarrollé ni bien vine, de verdad estaba completamente drogado, loco…

–          ¿A qué edad llegaste a La Plata?

–          Mi relación con las drogas fue entre los 18 y los 24 años. Yo llegué acá a limpiarme, supuestamente, a los 20 años. Fueron etapas en las que me volví adicto a la cocaína, a la morfina, a cualquier cosa. También, La Plata me dio la posibilidad de a poco de ponerme a laburar, de empezar la escuela de teatro, cuatro años de bellas artes. Toda la instrumentación de lo que es nuestro lenguaje, nuestra formación, yo la hice acá, por eso le agradezco y la quiero mucho. Dentro de eso había un cariño viejísimo que tenía que ver con City Bell. Mirá qué increíble, pasan un montón de años, como 25 años, y termino viviendo en este lugar que tanto me gusta.

–          ¿Cuándo te fuiste de La Plata a Capital Federal?

–          Estuve desde el primer semestre del ‘87 hasta el ’99: 12 años que fueron para el desarrollo. Cuando me fui ya habíamos grabado los dos primeros discos de Estelares: Extraño Lugar (1996) y Amantes Suicidas (1998). Empezaba a laburar con Juanchi Baleiron, no tenía un mango y tenía 35 años. Comenzaban a volverme todo tipo de fantasmas. Ahí me fui a Buenos Aires, estuve del 2000 al 2012: 12 años más. Después volví acá

–          De La Plata de ese momento a lo que es hoy, ¿qué cambió?

–          No sé, no me acuerdo. Te puedo decir qué cambió de cuando llegué a cuando me fui. En el ‘99 sentía que la ciudad ya me había dado todo, no me daban ganas de salir de noche, los bares no me emocionaban, no me contenían, la facultad no me importaba mucho. Se había dado un proceso en mí: estaba cansado. La Plata me había ayudado un montón pero me quería ir porque para mí tiene, como todo mecanismo que te contiene, eso que si te quedás mucho tiempo te adormece. Yo sentí que me tenía que ir.

–          Como espacio de gestación de cultura, ¿sigue igual?

–          Es un lugar muy especial, muy inspirado. Tenés Facultad de Bellas Artes, que no hay muchas en todo el país. Cuando yo estudiaba no estaba la Facultad de Cine, ahora está. También está la Escuela de Teatro, Humanidades y un montón de gente que viene del interior y se congrega en una ciudad que por raíz tiene esta voluntad masónica, racional, de consulta, duda, sospecha, construcción, investigación. Todo eso hace un caldo de cultivo. Fijate que las bandas platenses siempre, cuando comienzan y algunos siguen, cruzan un lugar de rebeldía, de rareza. En La Plata no ibas a encontrar muchas bandas que hiciesen rhythm and blues que en Buenos Aires había mucho más. Yo llegué a fines de los 80, era la primavera alfonsinista. Era tremendo, una época única. Todo lo que andaba dando vuelta por ahí lo probábamos. Era como pasó en España después del Franquismo: de destape. Cuando llegué me tocó conocer a gente cercana a Virus y a Los Redondos, toda esa vorágine nos empezó a formar y dar un matiz. Esa fue La Plata que a mí me dio un montón.

–          ¿El rock qué rol tomó en la primavera alfonsinista? ¿El neoliberalismo qué le hizo a ese rock?

–          Tengo impresiones, no estoy muy seguro. Para mí la primavera alfonsinista tenía esa especie de florecimiento. Es una mirada un poco vieja, romántica, después de la dictadura vino eso y estábamos todos muy contentos. El neoliberalismo en mi opinión lo que hace es amecetar esta voluntad culturosa de final de los ’80. Se caracteriza por vaciar de sentido todo, por igualar. Hubo un montón de manifestaciones y bandas que estuvieron muy bien en los ‘90, pero para mí están signados por vaciamiento de sentido. No te olvides que voy a cumplir 49, han pasado muchos años y muchas situaciones, no quiero meterme con nadie, pero ¿qué siento de los noventa? A mí no me dijeron nada, los detesté profundamente. No sé si escuchaba mucho rock, no me importaba mucho, con Estelares éramos bichos de otro pozo, hacíamos canciones. Después le estaba yendo muy bien a lo que te decía que acá no se hace mucho: el rhythm and blues, lo que después se mal denominó rock chabón.

–          ¿Por qué mal denominado?

–          Porque es una denominación muy caprichosa. Yo detesto ser viejo y hablar como viejo, no lo siento como tal pero parece ser que a nosotros nos tocó educarnos con Miguel Abuelo, Almendra, Color Humano, Sui Generis y después con los solistas: García y Luis, cada uno en su lugar. Nos tocó educarnos con eso. También con The Velvet Undeground, Bowie, New York Dolls, (the) Who, (the) Kings. Vos escuchás las bandas derivadas de final de los ‘90 y les tocó juntarse en una esquina, agarrar una guitarra y tomar birra. Es el mecanismo habitual, si vos prestás atención, de lo que hacen las bandas. A lo único que le creen es a la canción de esquina. Yo tengo amigos escritores que me gastan, en la canción Rimbaud, yo me pongo a jugar con lo que me pasó a mí, pero sabía que me iban a decir: ‘que canción pretenciosa’ porque habla de Juan Cocteau, de Paul Klee, las cosas que a mí me formaron. En una canción de esquina no se labura con eso y a algunos de esos se los llamó rock chabón. Me parece que no es así, es otra información.

–          ¿Ahí tuvo responsabilidad el neoliberalismo?

–          Me cuesta mucho hacer juicio de valor al respecto. Pero lo que digo es, por ejemplo, bandas como Callejeros, La Renga, o lo que pasó con Los Redondos, lo que contiene es el ritual. El ritual de ir a misa. Vas a misa. Eso para mí trae el segundo espaldarazo de los ’90: es la gente que se quedó afuera. Se quedó afuera la juventud y armó estos rituales.

A Manuel le suena su celular, pide disculpas y atiende. Tiene que ultimar detalles de su gira por España. La rutina se repite – kilómetros más, kilómetros menos – casi todos sus fines de semanas. Estelares viaja en micro, avión, auto, hasta donde Manuel, un tipo que confiesa no gustar de las multitudes, sube a un escenario muchas veces frente a masas gigantes de ojos que lo observan. ¿Por qué decidir ser cantante?

–          La canción aparece como defensa de la realidad. Esa etapa del principio era muy desesperada. El mecanismo que empecé a hacer era laburar sobre la neurosis. Acción y reacción casi desesperado. Guitarra, melodías, versos, sin aprender mucho, a fuerza de que me pasaban cosas. Después hay algo en mí que me pulsa y emociona que es la palabra. Hay dos cosas con las que tengo, “entre comillas”, cierta facilidad: la melodía y la palabra. Eso empezó a armar una pequeña casita que todo el mundo que veía me decía: está buenísimo. Entonces empecé a tomar eso y armé una banda y salí a cantar. Pero salí a cantar para defenderme, a salvarme, a gritar, a hacer cualquier cosa. Pasó el tiempo y se convirtió en oficio y en algo que me da mucha felicidad. Cuando compongo es muy alucinante, por mucho tiempo fue lo que más me gustó hacer de toda la vida. Hasta que nació mi primera hija estaba casado con las canciones. Es muy psicoanalítico en mi caso, por ahí puede sonar hasta pretencioso, pero es absolutamente así, la gente que ha vivido conmigo lo sabe: no he tenido otra vida que para las canciones. Me pasó muchas veces que componiendo estoy contento, pero salir a tocar y decir ¿qué hago acá? Después pasa como en cualquier oficio, lo naturalizás. Cuando me fui a vivir a Buenos Aires tenía 35 años y no tenía laburo. Comía de la amabilidad de amigos, ahí el oficio flaqueaba y yo sabes cómo flaqueaba, no daba más. Las convicciones, esto que me encanta, que es lo que más me gusta hacer y que de alguna manera es mi manera de relacionarme con el mundo, me sostuvo y sostuvo todo lo que ocurrió después. Si me preguntás cómo arrancó… Arrancó como una necesidad desesperada, siguió siempre siendo una necesidad desesperada pero en un momento se convirtió en un oficio.

–          En esa primera etapa hablás de mucha intensidad, ¿seguís siendo un tipo intenso?

–          Uno no lo puede evitar, pero hay que ver de qué manera. Es la vida de un hombre de familia la que tengo últimamente. Yo volví a tener un placer: jugar al fútbol en cancha de 11. Más allá de haber jugado en inferiores en Junín, es un juego donde disfruto mucho, sigo siendo creativo. Estuve años sin jugar. Hace 3 o 4 años de a poco empecé, primero en fútbol 5 para recuperar el cuerpo, hasta que un día me dijeron de volver a la cancha de 11. Eso hace que por ejemplo, a mí que me encanta salir con amigos y beber, si el sábado voy a jugar, el viernes no tomo, cosa que antes no lo hacía por nada. Obviamente juego con gente de mi edad, pero me encanta. La intensidad la pongo en las ganas que tengo de ir a jugar al fútbol. En términos psicoanalíticos: ya no pulso más, no doy más vueltas por el goce. El goce es la repetición incesante, ahora disfruto en líneas generales. Yo era un tipo que tomaba ¾ de botella de whisky por show. Dejé eso, ahora me tomo un vaso de Fernet. Me duró beber mucho hasta hace 5 años atrás, desde los 24 hasta los 42 años de siete noches seis estaba bebido. Dos birras, medio tubo, dos Fernet por noche, el cuerpo lo naturaliza. Todo eso cambió. Me preguntaste por la intensidad, yo prefiero esta intensidad, no la otra.

–          ¿Qué tiene más creatividad: una canción o una jugada?

–           Yo tengo tal devoción por el juego. Te voy a contar una: el otro día me sacan un lateral, la paro de aire y sin que pique la pongo entre medio de dos y dejo a un hombre libre. Esa jugada me parece extraordinaria. Lo que pasa es que una canción es algo muy emocionante, pero si vos me decís ahora ¿qué es lo que quiero? Quiero jugar al futbol todos los sábados. Pero ¿qué hago de domingo a viernes?

El rock del país

Cómo unos ricoteros armaron el documental del viaje mítico redondo. Ese que fue origen de la banda del pogo más grande del mundo.

¿Cuántos de los 170 mil que el sábado 12 de abril se hundieron en el barro de Gualeguaychú para gritar que esa noche el infierno estaba encantador durante el show del Indio Solari sabrán que todo ese estofado de ricota comenzó a cocinarse durante un viaje de hachís en París, durante las réplicas del Mayo Francés?

No son pocos los que aseguran que el crecimiento de Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota a lo largo de sus años tiene que ver con el mito que lograron construir acerca de sus orígenes en la ciudad de La Plata, allá por los 70, a puro hipismo en una era de plomo. Poco se sabe de esos inicios redondos. Y casi nada se ha visto o escuchado de esos orígenes misteriosos. El Comando Luddista hace unos ocho años sintió la necesidad de echar luz a ese germen casi secreto que luego se transformó en la banda más emblemática del rock nacional para, al menos, tres generaciones.

¿Qué es el Comando Luddista? “Es un grupo que está integrado por cuatro personas que son Walter Blanco, Hidroman, el Capitán Balurdo y Miguel Funes. Son unos seudónimos que los pensamos para retomar una vieja premisa de Patricio Rey que está en la única entrevista que dio, allá por el año 79. Ahí dice que la identidad no agrega nada a la obra, sino que lo más importante es combatir al ego. La idea fue un poco jugar con eso y con toda la historia de Patricio Rey”, cuenta uno de sus integrantes. La entrevista de la que habla, que le llega en un sobre al periodista Claudio Kleiman y se publica en el N° 31 del Expreso Imaginario, en febrero del 79, la consigue el periodista free lancer Norman Olliermo Indigi, quien se encuentra con Patricio Rey en un club nocturno de Bruselas, gracias al dato que la alcanza un peluquero berlinés. Allí PR se define como un “gurú” que ejerce su padrinazgo sólo en Argentina porque un grupo de jóvenes le escribió una carta en 1977 en la que lo amenazaban con “desatar una ola de terror” si no lograban su padrinazgo. Esto, claro, en plena dictadura. Eso eran Los Redondos.

Y así es como se los descubre en el documental “El alucinante viaje de Patricio Rey”. Una película imprescindible para tratar de entender por qué una banda que hace trece años no se sube a ningún escenario sigue apareciendo con un grafiti en cada esquina. El rockumental se estrenó en febrero, en el Cosquín Rock y luego tuvo algunas presentaciones en Córdoba, Villa María, Rafaela, Venado Tuerto, Paraná, Firmat y Rosario. Aun no se proyectó en Capital, algo que está pensando hacia fin de año. “La idea es ir viajando por el interior y después recién ir a Capital. Eso tiene que ver, además de con nuestras ganas de viajar, con invertir la lógica general de cómo se mueven los bienes culturales en este país, que es una lógica bastante unitaria. Siempre todo pasa por Capital Federal y después va para las provincias, si es que va”, explican desde el Comando Ludista, que volvemos a preguntarnos qué es por si en el párrafo de arriba no quedó claro. “El Comando Luddista se juntó para esta misión, para hacer esta película. La idea nace hace más de ocho años fundamentalmente porque los integrantes del Comando son todos ricoteros y sufren esa afección que se llama ricotitis aguda. Como no había ninguna película de Los Redondos, sí algunas producciones que no ahondan, que no son producciones periodísticas serias, por lo menos desde lo audiovisual sentimos esa necesidad. Sí hay muchos libros y revistas, pero nosotros venimos del palo del cine y la comunicación. Entonces se mezcló nuestra formación y las ganas que teníamos de ver un documental que estuviera a la altura de lo que es la historia de la banda”.

Después de una hora y media de rockumental que te acerca el aroma psicodélico que se respiraba en La Plata en los 60, se puede afirmar que el Comando logró su misión: abrir la caja negra que tenía encerrado el origen de un mito llamado Patricio Rey. Allí se pueden ver y oír grabaciones que en casi 40 años no habían visto la luz. Son, según los hacedores del documental, joyas patricias. Desde el primer ensayo de Los Redonditos de Ricota en un sótano de la primera galería platense hasta la faceta del Indio –con barba y algo de pelo – como actor en dos cortos distintos dirigidos por el hermano de Skay, Guillermo Beilinson. O también se puede ver a Horacio Fontova remplazando a Solari en un show del 79, en el Margarita Xirgu.

Así se termina de comprender que antes de ser una banda de rock, Los Redondos fueron un colectivo artístico novedosísimo que regalaba unas auténticas fiestas dionisíacas. Comenzaron en el Teatro Lozano de La Plata, donde no sólo se cerraban las puertas para que comience la función, sino para inventar allí una realidad sublevada con la que se vivía afuera. “Por mucho menos te hacían boleta”, dice durante el documental Sergio Mufercho Martínez, maestro de ceremonias de Patricio Rey en sus inicios. “Era demasiado libre para la realidad que vivíamos”, asegura otro de los muchísimos testimonios que se recolectaron sobre esa génesis ricotera que a medida que pasan los años y por cómo se las muestra en la película resulta más cercana al hipismo. Si hasta el papá de los Beilinson tuvo que ceder algunas hectáreas de un campo en Pigüé para evitar que sus hijos se manden en una aventura psicodélica hasta Brasil, donde existía el mito de que regalaban tierras fiscales. En esas hectáreas donde se intentó armar una comunidad hippie, según cuenta Guillermo Beilinson en la película, los que más aguantaron fueron Skay y la Negra Poli. “Algunas historias las sabíamos por leer revistas o investigaciones, pero la mayoría de las cosas que nos contaban fueron un alucinante viaje de descubrimiento. Porque cuando arrancamos lo único que había era el deseo de hacer la película. Hicimos un trabajo de preproducción exhaustivo. Armamos una lista enorme de entrevistables para poder contactar. Empezamos así con una entrevista, con dos, después saltaba otro nombre hasta rastrearlo y así se fue sumando material. Terminamos con 120 horas de entrevista a la hora del rodaje”, agregan desde el Comando.

-Como ricoteros, ¿no les dio pudor echar algo de luz a toda la oscuridad de esos comienzos que ya se volvieron mito?

-Fue descubrir una cosa impresionante. Cuando aparecieron las imágenes, más aun. No es que estaba el archivo y nosotros dijimos, che hagamos una peli. El archivo lo tenía la gente que fuimos entrevistando y lo cedió para la película. Hay muchos que si no hubiera sido por el tiempo que nos tomamos no habrían salido las entrevistas. Con algunos hubo muchas idas y vueltas. Hacía falta un buen laburo. Arrancamos con el sueño, pensamos que la podíamos hacer nosotros la película. Nos une una profunda amistad desde antes, creo que eso nos ayudó: si no sería difícil estar ocho años para hacer un documental. Fueron ocho años, con momentos de más laburo y momentos de menos intensidad, porque la película fue autogestionada y producida por nosotros de un modo independiente.

El alucinante viaje –o el Magic Mystery Tour ricotero – fue el que hicieron una quincena de jóvenes desde La Plata hasta Salta, en enero del 78. Skay y Poli ya vivían en el Norte porque la situación platense inquietaba cada vez más y consiguieron el contacto local para tocar en Salta. Así, alquilaron un micro y se mandaron a hacer 1600 kilómetros con el calor de enero que amenazaba mucho menos que toda la presencia militar con la que se fueron cruzando a medida que avanzaban con un cargamento de marihuana encanutado y las bebidas alcohólicas a la vista. Igual llegaron e hicieron su primera presentación bajo el nombre de Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota. El contexto no era el esperado: fue de madrugada en un cabaret salteño que se llamaba “El Polaco”, donde casi todos los presentes, entre los que estaba el folclorista Cuchi Leguizamón, se sorprendieron. Fueron a ver qué proponían arriba del escenario un grupo de estudiantes platenses pero se encontraron con una fiesta inédita para ellos.

Para estar atento al itinerario del Aulcinante viaje de Patricio Rey, podés seguir las novedades en: http://www.elalucinanteviaje.com

Transformers atacan Berisso

En el sur se siguen recortando espacios verdes: sobre un humedal que regula las crecidas del río, avanza un puerto con máquinas monstruo en Berisso.

Un señor en Formosa prende la televisión. Sólo el resplandor de la pantalla y el del farol de la calle que se cuela por la puerta abierta iluminan su living comedor. Tiene que subir el volumen porque está un poco sordo ya, y las vecinas de al lado sentadas en la vereda están hablando demasiado fuerte. El noticiero le lanza una noticia atrás de otra: caos de transito en la 9 de Julio, desalojos en una villa miseria en el conurbano bonaerense, un muerto en un asalto a un banco en Villa Crespo. Mientras el señor trata de imaginarse cómo será ese lugar, Villa Crespo, y cómo se vivirá exactamente ese caos del que hablan tanto, una noticia menos de rutina lo saca de su pensamiento. Sube más el volumen, eso sí le interesa. Cuando la periodista termina de hablar apaga la tele y se suma a la conversación callejera con sus vecinas.

Les cuenta con tono de maestro lo que acaba de ver. Las vecinas con cara de alumnas aplicadas escuchan que la ciudad de Berisso, partido de La Plata, va a contar con una terminal portuaria de última generación, una de las más grandes y modernas de América Latina. La presidenta de la Nación ya la inauguró. El vecino tiene la primicia y se envalentona mientras la cuenta.

Parece que entre las obras del puerto está el mayor orgullo de la municipalidad de Berisso: la terminal de contenedores Tecplata. Mucha plata lleva hacerla: 400 millones de dólares. Quizás parezca mucho dinero, les advierte a las señoras que abrieron grandes los ojos, pero el estacionamiento de contenedores va a tener todo esto:

– Grúas pórtico Super Post Panamax  (“Super Post Panamax” susurran las vecinas), y con un alcance que permite atender a buques portacontenedores con hasta 20 posiciones, es decir 49 metros de ancho o manga y estibados hasta 25 metros de altura de nivel de cubierta con capacidad de 55 toneladas bajo gancho.

– Un muelle corrido capaz de operar simultáneamente con dos buques Super Post Panamax.

– 15 hectáreas de playa estacionamiento, con la mayor capacidad disponible en el país para contenedores refrigerados.

– 4 grúas pórtico tipo Super Post Panamax, 9 grúas de playa, quince Transtainers, tres montacargas contenedores, tres montacargas de almacén y treinta Terminal Tractor Trailer.

El señor casi se queda sin aliento, y las señoras ya no atinan a agregar nada. El silencio es dueño de la vereda del pequeño pueblo y de la conversación. Igualmente los tres sacan la misma conclusión mientras imaginan a las máquinas transformers moviendo barcos de miles de toneladas de acá para allá: que el progreso llegó para quedarse.

Lo que no saben estos buenos vecinos, porque el noticiero no se los contó, es que dónde se empezó a construir la mega obra: sobre un monte ribereño. Está compuesto por humedales, vegetación que permite absorber y regular las crecidas del Río y las precipitaciones. Lo que sí saben de Berisso estos vecinos es que queda en La Plata, que además de ser la capital de Buenos Aires, sufrió las inundaciones que dejaron 30 muertos declarados el año pasado.

La Asamblea Salvemos el Monte está formada por vecinos y productores ribereños de los Municipios de Berisso y Ensenada desde febrero de 2012. Se reunieron porque les  inquietaron las obras realizadas por el Consorcio de Gestión Puerto La Plata en una zona declarada Paisaje Protegido por la Ley 12756.

Denuncian que de acuerdo con lo establecido por la Ley provincial de Paisaje Protegido, el artículo 28 º de la Constitución de la Provincia de Buenos Aires y la Ley de Bosques, las autoridades del Consorcio del Puerto de La Plata, como así también las municipales, están poniendo en serio riesgo la biodiversidad de la región y realizando desmontes de manera ilegal.

El Consorcio de Gestión de Puerto no sólo sueña con máquinas transformers, si no que también planea construir un complejo turístico sobre la Isla Paulino que sigue con la línea de destrucción de gran parte del humedal. El proyecto fue publicado en la revista Ciudad Inmigrante nº 19 en Marzo de 2012.

El señor formoseño ya no tiene nada para agregar a su relato y planea irse a dormir. Sin embargo, hay más información que se le escapó: por ejemplo, que el martes 11 de marzo la Asamblea Salvemos al Monte va a marchar, junto con otras organizaciones y asambleas en defensa del Medio Ambiente, al Organismo Provincial de Desarrollo Sostenible. Están luchando contra el nuevo mapa de ordenamiento territorial de bosques nativos de la provincia de Buenos Aires. (Ver nota anterior: El último bosque del sur)

Este ordenamiento da luz verde a la terminal de contenedores Tecplata. Así como también permite la “Nueva Costa del Plata”, de Techint, en Quilmes y Avellaneda; el Vial Costero en Vicente López; Colony Park en Tigre; el Puerto de Escobar; los barrios privados en el Río Lujan y el camino costero en Berazategui.

Con estas obras se continúa con el plan de edificar sobre lo que queda de verde en la costa del Río de La Plata. Costa que, con sus humedales y vegetación, permiten que el Río no avance sobre las casas de la gente, y que las precipitaciones fluyan sin encontrar trabas hacia el Río. Sólo el 2% del territorio provincial corresponde a bosques nativos. En Berisso algunos vecinos ya sufren de inundaciones cuando llueve, por la falta de obras hidráulicas y por la presencia de otras obras como los terraplenes costeros que no dejan fluir el agua hacia los humedales de la costa.

El señor ya está acostado en su cama. Sigue pensando en las máquinas transformers en La Plata. Está contento de haber llegado a la edad necesaria para ver esas tecnologías en función de la comunidad, como dijo el noticiero. Él mismo leyó que, por definición, el progreso es un concepto que indica la existencia de un sentido de mejora en la condición humana. El señor se durmió tranquilo, sin saber de los futuros inundados de Berisso.

¿Hasta cuándo habrá sol?

Juan Pérez se pone la mano sobre los ojos, formando una visera. El sol no lo dejar ver hacia delante. Igual sabe que el caballo que arrastra su carro va a seguir el camino, estoico, derecho. Casi como si supiera donde queda el club en el que están dando las donaciones. La meta es el colchón. Ojalá consiga dos así puede dormir con su mujer en uno y los chicos en otro. Llega. Espera. Después de varias horas se los dan. También recibe ropa. Lavandina, agua. Se sorprende por la cantidad de gente que está donando cosas.

En el camino de vuelta se siente más calmado. El sol sigue pegando y ya puede ver a lo lejos la esquina de su casa. La tierra platense está seca. Lo peor ya pasó, ahora queda seguir delante, piensa. También imagina todo lo que le va a costar y se le estruja el estómago. Pero hay otra cosa, algo más que lo inquieta. Cree que es la bronca. La muerte trae bronca. Quiere saber quién o qué es el culpable de que varios de sus vecinos estén muertos. La idea de que sólo fue la lluvia no lo convence demasiado.

Decide parar con el carro una cuadra antes de llegar. Necesita pensar un poco antes de seguir limpiando su casa. Más que nada quiere sacarse ese nudo en la garganta que se le generó recién. Se recuesta todo lo que puede sobre el respaldo del asiento y pone los pies sobre el caballo. A veces le gusta recostarse así y mirar alrededor. Ahora observa y recuerda. De cuando era chico y en esa misma esquina de su casa había una laguna y todas las manzanas eran baldíos enormes. Ahora está todo construido por varios kilómetros más, hasta el arroyo y más allá. Arroyo que cambiaron su cauce y rellenaron su cuenca. Puro cemento.

Cierra los ojos y viaja por los lugares de su infancia. En todos ellos ahora hay barrios cerrados en terrenos elevados, autopistas y construcciones de todo tipo, incluso en terrenos bajos donde no se podía construir. Zonas de amortiguación de las inundaciones, les llaman. Las autoridades autorizaron rellenarlas y vender esos lugares como lotes. Así nacieron muchos barrios, él se acuerda. No sabe por qué, será por esa manía siempre suya de dejar volar la cabeza, que se le aparecen todas las construcciones a la vera del río, los arroyos entubados, los humedales rellenados y los polos industriales que se levantaron en las últimas décadas. Su mente se pone gris. Cemento, cemento, cemento, cemento, cemento.

Abre los ojos. Esta asustado. Ahora sabe, se da cuenta, es lógica pura. El agua busca fluir. Por arroyos, cauces, hacia el río. Esos arroyos no están. Las zonas bajas están llenas de cemento. El agua no encuentra rumbo, no fluye, y se estanca. Adentro de su casa.

Se inquieta, su corazón late cada vez más rápido, tiene miedo. Se percata de que sólo le queda rezar para que algo así no vuelva a suceder. Y él siempre fue ateo. Piensa en los funcionarios políticos, los empresarios y sus medios de comunicación. ¿Qué van a hacer ellos? ¿van a frenar todas las obras que tienen planeadas? Se le vienen a la mente montones:

– La construcción de la Nueva Costa del Plata en las costas de Bernal y Avellaneda, lo que provocará la perdida de la reserva y los humedales de la región. Los humedales que destruyen son los reguladores de los procesos hidrológicos y ecológicos y, entre muchas funciones, actúan como una esponja previniendo y mitigando inundaciones.

-El Camino costanero en Berazategui, a lo largo de 5 km, que producirá el relleno de los humedales y generará un dique de contención de las aguas que corren naturalmente de oeste a este, buscando el Río de la Plata.

– La negación del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires a reglamentar la Ley de Bosques Nativos porque está a la espera de cerrar todos los negocios inmobiliarios que están proyectados en la costa del Río de la Plata (desde el Delta hasta Ensenada).

Y esos son solo ejemplos de una sola zona, casos así hay en todos lados. Por un momento se paraliza. El cuerpo le va a volar en mil pedazos si no para de pensar. Se para de golpe, sacude la cabeza y las manos. No se puede dejar llevar, tiene que volver a su casa con su mujer, sus hijos y sus vecinos. A limpiar, a tirar los muebles arruinados, a empezar de cero. A seguir viviendo. La tarea es demasiado enorme para ocupar la cabeza en otras cosas. El caballo arranca, Juan se rasca la nuca: el sol le hace picar. Por suerte volvió a salir, a secar las calles. Sí, por suerte, piensa. Por suerte y por ahora…

Foto: NosDigital

“Que Sahara sea colonia implica a Occidente”

Bien al norte de África, se erige una nación a la que no dejan convertirse en independiente. Sahara Occidental sufre el colonialismo marroquí en su etapa de poscolonialismo español. La explotación no se acaba. Nos juntamos con Luz Marina Mateo mientras prepara el inicio de la Cátedra Libre de Estudios sobre Sahara Occidental de la Universidad de La Plata

El Sahara Occidental es el último territorio colonizado del continente africano. Desde 1976, luego de décadas de ser una provincia española cayó en manos marroquíes después del fraudulento Acuerdo de Madrid. NosDigital habló con Luz Marina Mateo, miembro de la Cátedra Libre de Estudios sobre Sahara Occidental de la Universidad de La Plata. Se trata de la primera cátedra con esta temática del mundo, así nos adentramos en el mundo de la lucha por la independencia que le sigue siendo esquiva al movilizado pueblo saharaui.

-¿Cómo es que decidieron emprender una cátedra libre acerca de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD)?

Fotos: NosDigital.

-Primero hay que hablar del director de la Cátedra el Doctor Norberto Consani, que es el director del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de la Plata, que desde hace muchos años, desde el gobierno de Alfonsín cuando se estuvo a punto de reconocer a la República Saharaui, se mostraba públicamente a favor. Sin embargo, no se dio y no hubo más representación saharaui en Argentina hasta el 2010, cuando llegó Salem Bachir y se acercó al Dr. Consani. Vino con el Ministro de América Latina a dar conferencias, charlas para alumnos de grado y de posgrado. A partir de eso, en abril de este año se gestionó la visita a la Universidad de Salem y Fátima Mehdi, Presidenta Unión Nacional de Mujeres Saharauis, y a partir de ese momento ambos fueron recibidos por el Presidente de la Universidad al a la que se le presentó el proyecto de hacer una Cátedra Libre acerca del Sahara. Entonces lo armamos, en cuestión de días, con los fundamentos basados sobre todo en el derecho internacional, los derechos humanos y derecho humanitario internacional. Se presentó al mes y que fue aprobado por decreto. La idea es abordar el problema saharaui de una manera multidisciplinar: desde el Derecho en general, la Antropología en relación sobre la cuestión de la identidad del pueblo saharaui, obviamente desde la Historia y la Política; y también la Cultura, en lo que pensamos incluir sobre la tradición oral saharaui. La idea es constituir seminarios virtuales, semi-presenciales y presenciales para grado y posgrado, gratuitos, ya que estamos en una universidad pública.

-¿Cómo van abordar desde la Historia y el Derecho Internacional, tanto que el Saharaui sea la última colonia existente en África y su lucha emancipatoria desde el Frente POLISARIO??

-Desde el derecho internacional es el campo más rico para abordarlo porque tiene que ver con que la República está, como las Malvinas, en el Comité de Descolonización de la ONU; que también es la última colonia africana, que hay resoluciones de la ONU en relación a la Autodeterminación de los Pueblos y hay  otras pidiendo el fin del expolio de los recursos naturales. Hace poco hubo enviados viendo los campamentos refugiados y las cárceles en el territorio ocupado. Por otra parte, desde el derecho internacional humanitario, que es aquel que regula –parece increíble- la guerra. Y cuando se habla de la guerra se refiere a interestatales e intraestatales. Y, entonces, ¿dónde está la violación en este caso? Hay seis muros que en total suman 2700 kilómetros de longitud, plagados de minas anti-personas que están prohibidas aún por el derecho que regula la guerra. Y después podemos hablar de los derechos de asociación, de prensa, de expresión, opinión que están siendo vulnerados. Así que desde el derecho es donde se puede analizar la realidad saharaui, ya que es donde más flagrantemente están siendo violados en relación a la legislación internacional.

-Mencionaste tanto la falta de derechos políticos, como la enajenación constante de Marruecos sobre los recursos del territorio ocupado. ¿Estos hechos no implican el fracaso de la misión de la ONU –MINURSO- asentada desde 1991?

No hablemos de un fracaso rotundo, sino lo que quedaría es volver a una situación anterior al alto al fuego y eso naturalmente lo tienen que analizar los saharauis y no yo decir qué les conviene y qué no. La MINURSO es la Misión de Naciones Unidas para el Referendum en el Sahara Occidental, y en este sentido sí ha fracasado porque no ha hecho el referéndum. Christopher Ross, su director, estuvo hablando en la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, junto con el representante del POLISARIO y de Marruecos, y de allí, de todo lo charlado se puede ver una luz de esperanza para que se haga el referéndum. Sin embargo lo más grave de la MINURSO es que no tiene competencia en derechos humanos. Es la única misión de la ONU sin competencia en derechos humanos, competencia que ha sido vetada sistemáticamente en el Consejo de Seguridad por Francia, aliada a Marruecos. Ya no estamos hablando de si es que el Sahara debe ser libre o no, sino de que se haga el referéndum de manera libre y acorde al derecho internacional, y de que se respeten los derechos humanos. Después, lo que decida el pueblo saharaui, es tema del pueblo saharaui.

-¿El rol de los países vecinos africanos?

-Hasta el momento, los países limítrofes vienen planteando esto último que te conté: respeto por el referéndum y los derechos humanos. Por lo pronto desde el punto de vista del África, el RASD ha sido miembro fundador de la Unión Africana (UA), el único que no la integra es justamente Marruecos. El problema excede África en mi opinión. Tiene que ver mucho más con Occidente y su injerencia en el tema: el caso de España y el Acuerdo de Madrid que cedió en 1976 el territorio saharaui a Mauritania y Marruecos, violando su propio derecho interno como el internacional, ya que por un lado nunca fueron publicados en el Boletín Oficial español, aquí tenés una transgresión al derecho español. Por el otro, en el internacional, ya que no se puede ceder la administración de una colonia, gratuita y alegremente si pertenecés a la ONU.

-El caso particular del RASD es que no logra entrar en el proceso descolonizador del continente de los 60 y 70, ¿cómo se explica?

Hasta 1975 el Sahara era una provincia española, todavía había colonias de Portugal –Guinea Bissau, Santo Tomé y Principe, Angola y Mozambique-. En esa época y con Franco agonizando y cuando en realidad se tenía que negociar la independencia saharaui, Marruecos invade el territorio. Ahí es cuando vienen a la muerte de Franco los famosos acuerdos tripartitos de Madrid. Así el Frente POLISARIO tiene que luchar en tres frentes, el marroquí-mauritano, porque estos últimos se van recién en 1979, y por último con España. Así que era prácticamente imposible su independencia. Diferente hubiese sido el cantar si solo hubiese tenido que negociar con la potencia colonizadora.

-¿Modificó algo la situación saharaui con la llamada Primavera Árabe?

-Justamente la Primavera Árabe no empieza en Marruecos, sino en sus territorios ocupados del Sahara. Gente como Chomsky plantea que comenzó allí, y que fue brutalmente reprimida, con muertes y presos políticos. Y recién luego vinieron en la zona todos los movimientos de liberación, en Egipto, Libia; etc. Esta situación creo que ha favorecido a la cuestión saharaui en relación a la visibilidad, ese otro gran muro que hay que romper, el muro informativo, que si bien es menos escandaloso pero no por ello es menos perverso.