Generación Arruga

Nos quieren sacar a Luciano Arruga para tapar los más de 4 mil casos de gatillo fácil desde que volvió la democracia, como si invisibilizándolos taparan también la pobreza.
Luciano fue depositado en un barrio pobre, carente de todos sus derechos, fue instigado a robar y fue torturado por pobre.
Su familia lo tuvo que buscar cinco años y ocho meses porque es pobre.

Como a Luciano, a Kiki Lezcano y Ezequiel Blanco los tuvieron desaparecidos durante meses porque eran pobres.

Habían sido perseguidos por policías por ser pobres.

Kiki había sido introducido en las peores drogas, que llegan a los barrios pobres.

Fueron encontrados muertos, como NN en Chacarita, como Luciano, habían sido asesinados por policías por ser pobres.

David Vivas y Javier Alarcón fueron asesinados por un subcomisario. Habían discutido y el subcomisario decidió resolverlo a los tiros. Los diarios hablaron de “delincuentes pirañas”. Pueden mentir así porque sus víctimas son pobres.

A Diego Núñez lo fusiló un policía. A su hermano Francisco lo metieron preso durante un año y tres meses, lo torturaron, lo drogaron y lo absolvieron. No tenía nada que ver con el homicidio por el que cayó. Lo pueden hacer porque son pobres.

A Braian Hernández lo mató el policía que manejaba las drogas en el barrio. Al testigo clave lo mandaron a matar el día después de que declarara. Sus familias siguen amenazadas, por ser pobres.

Los cuatro mil pibes pobres asesinados por la policía merecen la verdad y la justicia. Toda la generación de pibes pobres merece el derecho a vivir con dignidad.

Relatos salvajes

Jonathan intentó escapar y un vecino quiso ayudarlo, pero se desmayó por la sangre en los pulmones. Con él, estaba Matías, que está preso en José C. Paz porque lo acusan de matar a Brian, su hermano. También Maju, tiene cuatro tiros en el cuerpo y está internada. Las víctimas.

Jonathan saludó a su hermana Yoana, que estaba por comer, y salió 20.30 de su casa, éste último jueves 7 de agosto. Se compró un arroz con pollo y se sentó en un umbral. Maju, Matías y Brian pasaron en una Suran azul que los vecinos habían visto tirada y completamente abierta, con llave puesta, desde hacía dos días, frente a la escuela de Chilavert y Larraya, y la levantaron para dar una vuelta. Hicieron una cuadra, desde Larrazábal y Barros Pazos hasta Larraya, y la Brigada de Investigaciones los persiguió a los tiros limpios, sin prender sirena ni dar la voz de alto. Antes de las 21, se escuchó una balacera. El policía Rubén Solanes, Percha, de civil, igual que el Fluence que manejaba, entró al auto y fusiló a Matías, a Brian y a Maju. Matías quedó tendido en el asiento de adelante. Está preso en José C. Paz. Sin condena. Brian quedó agonizando. Murió más tarde. Jonathan bajó con las manos en alto. Percha lo hizo correr y le disparó. Cayó muerto a unas cuadras. Maju, herido y todo, salió corriendo. Le quedó un pulmón muy comprometido. Lo hizo aun sabiendo que los chicos no tenían armas, porque nunca respondieron los balazos. “Ahí está el arma”, dijo un policía, señalando una bolsa de arroz con pollo que había comprado Yoni.

Jonathan

Yoni se entregó. Estaba Matías tirado en el piso, mientras le estaban pisando la cabeza. “Corré”, le dijeron Percha y el Mario “Indio” Chaves. Yoni salió corriendo y le tiraron. Siguió corriendo. Le dieron en la espalda. Corrió dos cuadras, se metió en un pasillo. Un vecino sacó a los policías a los escopetazos. Logró que no avanzaran más hacia Yoni, que en el pasillo cayó desmayado por la sangre en los pulmones.

Media hora después lo encontró su mejor amigo, en ese pasillo oscuro. La madre de Yoni lo llevó al hospital. Cuando murió, la policía no quería que la familia entrara a la sala a verlo. “No querían que viéramos que también habían entrado otros tres chicos de Soldati asesinados por la policía en ese barrio”, dice Rosa.

“Es el jefe de la banda”, dijeron en la tele. La madre, cuando lo recuerda, no lo puede creer. Se agarra la cabeza. Cuenta cuando lo ponía en penitencia y Yoni se ponía a hablar con los amigos desde la ventana. Cuenta cuando se ponía a jugar con el perro, como un chico. Cuenta cuando iba a pescar pescaditos mínimos, que ni se podían comer. Cuenta que le tenía miedo a las armas. “Se subió al auto para hacerse ver. Es un adolescente”, se explica la hermana.

Brian y Matías

La policía culpa a Matías de matar a Brian. Eran hermanos. Se llevaban bien.

Brian quedó agonizando en el auto. Lo tiraron en los asientos de atrás. A Matías lo sacaron del auto, ya fusilado, herido. Le pisaron la cabeza contra el piso. Lo metieron en el auto de nuevo para que viera cómo estaba Brian. Desde entonces, no puede hablar más. Está herido, pero en la cárcel de José C. Paz. Aunque legalmente tiene que ir primero a una comisaría, después a una alcaidía y, recién con la orden del juez, a la cárcel. Pero ya está en la cárcel. Ahí, los presos decían que le iban a pegar. “No. A este no, que está reservado”, respondieron los guardias.

La familia teme que lo maten.

Maju

Con cuatro tiros, dos en los hombros y dos en las piernas, Maju corrió una cuadra y se metió en un pasillo. Se metió en la casa de un vecino, lo que le evitó que el Indio lo rematara. Está internado, con un pulmón comprometido.

-¿Por qué no retiraron antes la Surán?- le preguntó Rosa, hermana de Yoni, al comisario de la 52, porque sabe que en la 20 y en villas de Soldati, hay autos de alta gama, abiertos, como la Suran, con la llave puesta. “Son señuelos”, dice Rosa. “A los pibes que se suben, se sienten con derecho a matarlos”. También teme que mezclen esa Suran, con otra, robada a una señora dos días después, que apareció en el barrio y que la policía quemó. Si hacen pasar una por otra, limpiarían las pruebas. En la comisaría 36, la comisaria Carrizo le dijo al padre de Yoni que el coche era rojo. Le dijo también que Yoni tenía un arma en la cintura. Los médicos, cuando llegó al hospital, no la encontraron.

Los casquillos son todos de pistolas 9mm. Sin embargo, la policía intenta instalar que fue un problema entre bandas y armó una causa diferente para cada chico, para que las familias no pudieran trabajar juntas. Las familias saben que no.

Las pericias no dan cuenta de armas de los chicos, pero un vecino vio cómo el Indio o el Percha tiraba una remera adentro de la Suran, donde sospecha que había un arma.

En Cruz y Lafayate, los policías “armaron el espectáculo para Crónica” –dice Rosa-, mientras Brian moría. Hasta ahí, empujaron el auto, cuyo motor no respondía porque había sido acribillado por las balas policiales.

La familia de Brian cortó avenida Cruz. Cuando pasaban patrulleros, les tiraban piedras, de la bronca. La gendarmería respondía con balas de goma.

Los portavoces de la policía confunden todo. La comisaría 36 tiene un discurso. La de Robos y Hurtos, otro. Dan el apodo de un chico por otro.

Solanes pasó por el santuario que le armaron a Jonathan, bajó de su Fluence gris y pateó una de las sillas que cortaban la calle de Larraya y José Barros Pazos. Acostumbra pasar, pedirles fuego a los chicos, para marcar la cancha, y verles la cara de cerca.

El miércoles posterior, volvieron a pasar, como siempre. Eran cuatro. Se bajó uno a desafiar: “A ver quién viene. Tengo una bala para cada uno”.

El guapo del barrio es un asesino

En la villa 20 de Lugano, Jonathan se subió a un auto que llevaba dos días abierto y con las llaves puestas, un policía lo frenó, señaló una bolsa donde había un arroz con pollo, gritó “ahí está el arma”, disparó y lo liquidó. Ese oficial se llama Rubén Solanes. Camina libre por la calle.

Hay un policía que se hizo muy conocido en la villa 20 de Lugano. Se anda haciendo el guapo por el barrio. Se llama Rubén Solanes. Se hizo rumorear que había dejado el barrio después de que los familiares de sus incontables víctimas hicieran públicas las denuncias. Se dijo que había estado preso. Estuvo detenido con sus excompañeros. Pero, por todas las descripciones, volvió y se hizo notar. No dejó de usar los “trofeos”, lo que les robaba a sus perseguidos. Desde la División de Robos y Hurtos de la Brigada de Investigaciones, se pasea en su Renault Fluence gris. Baja de su auto y prepotea. Camina sin uniforme, porque no lo necesita. Y mata.

En la masacre a Jonathan Mareco, Braian, Matías y Majo, persiguió al auto donde iban. Sin sirena, a los tiros. Podía ser un ladrón. Era un policía. Bajó cuando pararon, se acercó al Suran donde iban, abrió una puerta y los fusiló. Sabía que estaban desarmados. Si no, no se metía así nomás. Sabía que era impune, si no, no hacía esa barbarie. No murieron ahí. Con su compañero, “El Indio”, persiguió a Jonathan y Majo disparándoles. Jonathan murió después de tambalearse una cuadra y caer desmayado en un pasillo oscuro donde se iba a esconder. La sangre marcó el camino por donde media hora después lo encontró su mejor amigo. Murió en el hospital. Majo corrió en otra dirección. Lo ayudaron abriéndole la puerta de una casa, en otro pasillo oscuro. Está peleándola en el hospital. Braian moriría al poco tiempo. Quedó en el auto agonizando. A Matías, su medio hermano, lo metieron en la Suran para ver cómo había quedado Braian. Está preso en José C. Paz, sin paso por comisarías ni alcaidías. Está casi sin habla por lo que vivió, porque vio la muerte.

“Yo los conocía de nombre. Son los de la Brigada, escuchaba. Si había pibes robando, Solanes les sacaba las cadenitas, los celulares”, contextualiza Yoana, hermana de Jonathan, otra de sus víctimas fatales. “Son sus trofeos”, dicen en el barrio. “Si te fijás, andan con una cantidad de cadenas de oro colgando. ¿El sueldo de policía les alcanza para eso?”, marca Rosa, otra hermana de Jonathan. Son sus trofeos, y los enrostran. A un amigo de Jonathan lo había agarrado fumando un porro y lo tiró al piso y le empezó a dar patadas. El pibe pensaba que lo iban a matar.

Con otros tres compañeros suyos, se paseó por el santuario que hicieron los amigos de Jonathan y pateó una silla. Otro día, uno de los cuatro invitó a pelear a los chicos. “Tengo una bala para cada uno”, les dijo, mientras los insultaba.

“Yo escuchaba el nombre del famoso Percha”, dice la madre de Yoni. Percha es Rubén Solanes porque a algunos de sus muertos, les tiraba una percha encima. Rubén Solanes, Percha, aunque no coincidieron temporalmente, “es de la escuela del Indio”, dice Angélica Urquiza, madre de Kiki Lezcano, que estaba con Ezequiel Blanco cuando Daniel Veygas y otros policías los mataron. El Indio le decía a Kiki: “Voy a ser tu sombra”. Le decía a Angélica: “Cuídelo, le puede pasar algo malo”. “Si alguna vez trabajaste para ellos, ellos siempre están detrás tuyo”, le dijo un joven al diario El Argentino.

En 2002, Percha fusiló también a dos chicos de 17 años, Daniel Barboza y Marcelo Acosta que estaban fumando porro en las “canchas de los huérfanos”, con toda la gente alrededor: los hizo arrodillar y les disparó. Se animaron a declararlo los que lo vieron desde un monoblock. Por su prontuario, por su fama, por lo que Percha mismo había construido, ya lo conocían.

Hace dos meses, se bajaron tres personas de un auto blanco con vidrios polarizados y empezaron a dispararles a los pibes que estaban ahí. Estaban jugando a la pelota. Uno es el sobrino de Yoana, que recibió dos disparos en la pierna. No puede jugar más al fútbol. Dejó el colegio. Ahora se metió en la droga. Otro chico murió. “La familia es tan humilde que no pudo hacer nada”, se lamenta Yoana, que está segura de que eran los de la Brigada de Robo y Hurtos.

Hasta un compañero suyo fue su víctima, dice Rosa. Uno de los fusilamientos lo había sacudido. No lo aguantaba y se había decidido a hablar. Percha simuló una persecución, se le acercó por la espalda y le disparó en la nuca. Cuando cayó, le pisó la cabeza y le dijo: “¿Viste que no ibas a decir nada?”.

Hay hasta comisarios que dicen tener miedo. ¿Será el miedo lo que hizo que reincorporen a Percha a la Federal después de haber sido condenado por un homicidio simple? ¿Si comisarios le temen, qué queda? ¿De verdad le tienen miedo o son sus mejores herramientas?

A una madre también le pegó un tiro en la cabeza, sigue enumerando Rosa. Ella no paraba de pedir justicia por su hijo asesinado por el Percha.

CORREPI denuncia que en la comisaría 52, cuando él era jefe de calle, practicaban torturas como submarino seco.

En el mismo barrio tres policías federales mataron a Camila Arjona, en 2005, mientras tiroteaban a un joven que se había negado a ir a comprarles cocaína. Es el único caso con condenas. Esta vez, no estaban Percha ni Indio.

Percha es uno de los policías, de la institución que se tome en la Argentina, que se ganaron el apodo de “Mataguachos”, como José Antonio Peloso, de Fiorito, que hace gala de sus muertos y anda mostrando el arma por el barrio, ya retirado. Los mueven de un lugar a otro cuando conviene. Después vuelven.

Más de 3 mil muertos tienen en sus espaldas las fuerzas de seguridad argentinas desde que volvió la democracia. Más de tres mil, sin contar los reales enfrentamientos.

“Se sienten dios porque matan y no pasa nada”, sintetiza Ricardo, hermano de Jonathan Mareco.

#yoylayuta cuando te detienen

Nos venís contando muchas de tus historias de todos los días con la policía. Los abusos se repiten de forma sistemática. Las devoluciones en las palabras de Vanesa Orieta, el CORREPI, el CELS, la Asociación Permanente por los Derechos Humanos y los hechos de todos los muertos por gatillo fácil. 

Sabemos, porque lo vivió Luciano Arruga y nos lo contó su hermana, Vanesa Orieta, que el pobre no tiene dónde hacer públicas sus denuncias, no tiene cómo defenderse, está siempre manipulado por algún sector político, de las fuerzas de seguridad o judicial.

-Mantener a los pobres sin ningún tipo de derecho para de esta manera manejar su forma de pensar, sus decisiones -nos decía-.  Desde el sector judicial, a los pobres se los utiliza por ejemplo armándoles causas, siendo conscientes de que no tienen ningún tipo de defensa, de que el sistema carcelario solo encierra pobres, entonces todo sigue así. No tienen contención ni canal donde hacer efectivas las denuncias. Desde la policía, el caso de Luciano es el mejor ejemplo: abusar de la pobreza de un pibe que es falto de todos sus derechos para utilizarlo en el robo porque el pibe, por miedo, no lo va a denunciar, porque además es común que se utilice la violencia, porque no se va a poner a pensar que alguien se puede poner a protestar por él. El pibe pobre o es depositado en un barrio pobre, en un penal, en un instituto de menores o en un manicomio. La policía tiene una relación de control sobre los pibes

Sabemos, porque lo vivió ella y también Angélica, la madre de Kiki Lezcano, y también Omar Núñez, padre de Diego, asesinado por la policía, que después de denunciar, llegan las amenazas, los aprietes. Por eso, Familiares y Amigos de Luciano Arruga recomienda denunciar en el Poder Judicial -y nunca en comisarías- siempre acompañado de un organismo de Derechos Humanos.

Sabemos que en otros sectores sociales, y en ese mismo, pasan cosas como esta que nos contó un lector en #yoylayuta que no se animó -por miedo a algún tipo de represión- a decir su nombre: Una vez la policía me paró mientras yo estaba fumando y me hizo tragarme una piedra entera. Me dijeron que la tragaba o me llevaban detenido.

Sabemos cuándo llega algún sentimiento de alivio, al menos: cuando se conoce a otros en su misma situación y se sabe que no se está solo. Como cuando Angélica conoció a la madre de Arruga, a la madre de Camila Arjona.

Podemos conocer la ley y cuándo pueden detenernos, cuándo no:

Ley orgánica de la Policía Federal N° 23.950

Art. 1, Inciso 1: Fuera de los casos establecidos en el Código de Procedimientos en Materia Penal, no podrá detenerse a las personas sin orden de juez competente. Sin embargo, si existiesen circunstancias debidamente fundadas que hagan presumir que alguien hubiese cometido o pudiese cometer un hecho delictivo o contravencional y no acreditase fehacientemente su identidad, podrá ser conducido a la dependencia policial que correspondiese, con noticia al juez con competencia en lo correccional en turno y demorada por el tiempo mínimo necesario para establecer su identidad, el que en ningún caso podrá exceder de diez horas. Se le permitirá comunicarse en forma inmediata con un familiar o persona de su confianza a fin de informar de su situación. Las personas demoradas para su identificación no podrán ser alojadas junto ni en los lugares destinados a los detenidos por delitos o contravenciones”.

Podemos conocerlo provincia por provincia en el documento del Cels.

Podemos conocer paso por paso y caso por caso qué hacer si se nos para un cana adelante, gracias a la organización de CORREPI, que recomiendan, entre otros, Familiares y amigos de Luciano Arruga: el Manual del pequeño detenido, hecho por CORREPI.

-Llevá siempre DNI.

-Sabé que las armas la tiene la policía. Mirá todo lo que hacen, pero tratá de no ponerte nervioso.

-Tenés derecho a hacer una llamada.

-Preguntá por qué te detienen.

-Leé lo que te hacen firmar para poder contarlo después.

-Si sos menor, preguntá si dieron intervención al juez de menores, que tus padres o encargado lleve la partida de nacimiento a la comisaría.

-Siendo menor, no te pueden detener por averiguación.

-Que te acompañen cuanto antes.

-Pedí el blanqueo y presencia del médico.

-No podés estar mas de 12 horas detenido.

-Si vas a la comisaría y dicen que no está ahí quien sabés que fue detenido ahí, hacé un habeas corpus.

-Tenés derecho a que tu abogado esté presente en la indagatoria y tenés derecho a negarte a declarar.

-Si te pegaron, que te revisen en un hospital y que quede registrado.

Bernardo Blázquez en twitter: A mí me pusieron contra la pared y me palparon de armas pq un amigo tenía gorrita puesta!!!

Otro prefirió guardar su nombre: A mi me quisieron levantar volviendo de la escuela. En barrio Manuelita en San Miguel son re pajas los de la gorra te siguen con el auto como una cuadra acosandote.. una vez me dijeron q me suba al auto q ellos me llevaban a mi casa, les dije q ni aunq fueran la gorra me subía a un auto, me decian q la iba a pasar bien y todas esas mierdas y ahi me saq y empece a levantar la voz y medio a gritar en medio de la calle q “q carajo se creian” como empece a armar bardo y se acercaron un par de vecinos me diieron q era una puta y se fueron jajaja. En otra vuelta allanaron mi casa. cero respeto los chabones fumaban en mi casa rompieron un vaso y bueno momento de mierda y odio a la puta yuta para siempre.. fachos del orto.

Pero sabemos que es difícil, que las condiciones no son las que nosotros ponemos. Juan Manuel Combi, abogado en la Asociación Permanente por los Derechos Humanos, cree que es un muy buen manual, que construye ciudadanía, pero que es difícil inculcarlo en los barrios:

-Uno le puede dar consejos de qué hacer a una persona, pero hay que estar con esa persona en el momento de ser detenido. Esto no es una crítica ni al manual ni a CORREPI. Es una limitación de los manuales. Los pibes saben mejor que nosotros qué hacer ante la policía, el problema es que en la situación de violencia que viven cotidianamente como que no te pare el colectivo, es difícil ponerse a la altura de una discusión con un policía. Me lo tomo como una pregunta. Aun planteándolo con cuidado, es muy difícil que los pibes puedan pensar qué hacer en ese momento, pero el manual seguro que es enriquecedor. No hay recetas perfectas. Las fuerzas institucionales se aprovechan muchas veces del desconocimiento de los derechos. La Justicia presupone que uno tiene que conocer todas las leyes. El Colegio de Abogados propone en propagandas en los subtes “No hagas nada sin tu abogado”. Es gravísimo. ¿Cuánta gente no tiene acceso a un abogado? En una situación más justa e igualitaria, los abogados no deberían existir, o al menos, reducir mucho el marco de su intervención. No sé qué puede hacer un pibe cuando lo coimean, pero yo me pongo a disposición de quien necesite un abogado para eso. Seríamos muy soberbios como abogados en aconsejar a quienes son sometidos a estos tratamiento por parte de la policía. Recomiendo denunciar, pero no todos pueden. Habría que denunciar ante mecanismos estatales. En el caso de coimas por control vehicular: fiscalía de turno del lugar donde ocurrió. Igual que el caso de tortura que significa hacerle tragar la marihuana al pibe que encontraron fumando. Es una tortura psicológica. En caso de causa armada, denunciar ante fiscalía de cámara en la Provincia y ante Cámara Criminal en Nación.

Con organización, visibilizando los casos, acompañando a las familias, a las víctimas, generando vínculos de confianza y por sobretodo, además de proveerles información, humanizar cada acción para que sientan el acompañamiento desde el afecto.
Y es muy importante decir siempre que hay un “próximo”, una nueva víctima, y que nadie está exento, por lo tanto es muy importante la participación de todos.

Sabemos, por escuchar sábado a sábado Desde Afuera, el programa de radio de Familiares y Amigos de Arruga, que con organización, visibilizando los casos, acompañando a las familias, a las víctimas, generando vínculos de confianza y por sobretodo, además de proveerles información, humanizar cada acción para que sientan el acompañamiento desde el afecto.
Y es muy importante decir siempre que hay un “próximo”, una nueva víctima, y que nadie está exento, por lo tanto es muy importante la participación de todos.

Y sabemos, porque CORREPI nos lo enseñó cuando nos acercábamos a las familias de David Vivas y Javier Alarcón, asesinados en Quilmes por la policía, que todos los casos de gatillo fácil, violencia policial, causas armadas, torturas, detenciones arbitrarias, acoso callejero,… no están sueltos: “Son parte de un accionar cotidiano que no solo se cobra vidas sino que funciona, se expresa, en distintas formas como el hostigamiento, las amenazas, la persecución, todo lo que apunte a que la cana en el barrio es quien manda. Entonces, evita que aquellos pibes que potencialmente podrían organizarse y cuestionar las bases de este sistema de explotación transformen su conciencia o su resistencia a la hegemonía o se organicen. Tienen una clara función de disciplinamiento y de control social todas estas prácticas cotidianas de detenciones arbitrarias: te llevo porque no me gustó tu gorrita. Todo eso lleva a generar un miedo que paraliza. La Justicia es otra pata necesaria para que todo esto sea posible”.

Mientras Cecilia, conductora de Desde Afuera, nos informa cómo denunciar ciertos hechos (con gendarmes, prefectos, policía federal, aeroportuaria o prefectura) hay que dejar asentada denuncia en el 0800-5555-065, donde funciona el Ministerio de Seguridad de la Nación, a veces la denuncia sigue su curso, a veces no. En la Ciudad de Buenos Aires por hechos con la Policía Metropolitana o en la Provincia de Buenos Aires, o en las provincias, los números a marcar simplemente redoblarían la represión y los uniformados, se pregunta: ¿por qué hay un Ministerio de seguridad y no uno de vivienda?

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