“Lo encontramos así tirado”

La policía le pisó la cabeza con un patrullero a la salida de la matiné de un boliche en Ituzaingó. Diego Aljanati tenía 13. Lo mataron y buscaron encubrir el asesinato. Sus padres cuentan la historia.

Diego Aljanati fue a la matiné Enjoy, en el predio del Club Leloir por tercera vez en sus trece años . Lo acompañó su papá, caminando las 20, 30 cuadras, desde su casa, frente al cementerio de Morón, hasta Autopista del Oeste y Puente Barcala, Ituzaingó. Cuando salió, testigos lo vieron contento, sonriendo, tranquilo, pero los patovas empezaron a ahuyentar a los nenes (12 a 15 años) a las corridas. Él se alejó caminando, todavía tranquilo, pero el patrullero que conducía Graciela Noemí Basualdo aceleró, según Cristian, padre de Diego, “para dispersar a los chicos arriándolos como vacas”. Y lo pisó y mató. Iba con luces, pero sin sirena. Ya habían golpeado a otro chico. “Todos sabemos cómo era esto. Iban cagándose de risa, acelerando y…

-Mirá cómo corren los pendejos”.

“Tropezó con una piedra y cayó adelante del móvil”, declaró la imputada policía Basualdo, hoy desafectada de la fuerza, pero no detenida. Dijo también que aceleró, pero no mucho.

Cristian y Miriam, sus padres.
Cristian y Miriam, sus padres.

Cristian lo fue a buscar a las 23.30. Remarca que por instantes no lo encontró antes de que fuera atropellado. “Fueron segundos. Vi al patrullero pasar por una esquina y cuando llegué a la otra calle fue, en lo que tardé en caminar esos 100 metros fue que lo mataron”, se lamenta. Cuando llegó al boliche, vio que Diego no estaba en la esquina, miró para todos lados, cuatro patovicas volvían caminando hacia el boliche. Se acercó y preguntó qué estaba pasando.

– Estos pendejos que hacen quilombo.

Se fue para atrás, volvió  para la puerta del boliche, no lo vio de nuevo. Llegó a la esquina y Diego no. Veinte metros antes, treinta… por segundos. Vio al patrullero parado con las dos policías fuera. Se acercó, la persona que estaba tirada en el piso era su hijo. Tenía la cabeza destrozada. Supo que ya no habría vuelta atrás. Tenía la cabeza para el lado del conductor y los pies hacia el lugar del acompañante”, cuenta. La posición va a importar porque muestra que la escena estaba preparándose para ser encubierta. Desesperado, le pidió a una persona que salía de una casa que llamara una ambulancia. Le preguntó a la que después sabría que era la asesina de su hijo qué fue lo que pasó.

– Lo encontramos así tirado.

En eso llegaron “como cinco patrulleros”. Cristian sospecha que aparecieron para tapar el homicidio. Sabe que si él no hubiera estado ahí, le hubieran dicho cualquier cosa. De hecho se la dijeron y repitieron una y otra vez. A la ambulancia, los policías insistieron:

– Lo encontramos así tirado.

Después de tres horas, cuando ya se había confirmado que tenía muerte cerebral, policías del mismo comando para el que trabajaba Basualdo le dijeron a la familia que al nene lo había atropellado un vehículo. Al rato, minutos después, hablando con la tía, un policía le admitió que ese “vehículo” era un móvil policial.

Mientras tanto, policías fueron al boliche y les dijeron a los patovicas que dijeran:

-Lo encontramos así tirado.

Cristian: “Lamentablemente fue necesario que yo viera a mi hijo así porque si no, no nos hubiéramos enterado de cómo fue. Como yo soy el padre y justo estaba ahí segundos después de lo que pasó… Fue lo que me tocó a mí vivir”.

 

***

“Entiendo cómo se maneja el país, cómo se maneja todo esto. Mientras más conocido se haga, por lo menos voy a tener una respuesta de más arriba”, dice ahora Cristian sentado en su casa, tratando de que los chicos, hermanos y primos de Diego no escuchen la historia las 70 veces que él la habrá contado a medios y abogados. Los hermanos pasean igual por la casa de la abuela de Diego, donde Cristian y Miriam, la madre de Diego, se mudaron. “Desde que pasó, no volvimos a nuestra casa ni para limpiarla”, dice Cristian. Hércules, el perro de Diego, no está comiendo. “Se da cuenta”, explica Cristian.

Para seguir haciendo conocida la historia consiguieron al abogado Pierri, defensor, por ejemplo, de Jorge Mangeri, acusado por el femicidio de Ángeles Rawson. Lo mediático del abogado creen que le va a servir a la causa. Pierri está esperando las pericias. Dice que hasta entonces no puede hacer nada.

La camiseta de Diego la lleva Cristian.
La camiseta de Diego la lleva Cristian.

La familia organizó una movilización al boliche el sábado a la tarde. Fueron más de 900 personas. Muchos chicos, compañeros de Diego en los tres clubes cuyas remeras defendía: Porvenir de Castelar, Club Libertador y Morón, remera que hoy Cristian no se quiere sacar. Llevaron banderas, carteles y pintaron consignas en paredes que los dueños del boliche se encargaron de tapar inmediatamente después de la manifestación. Sin miedos, abrieron las puertas ese mismo sábado 4 de abril, una semana después del asesinato de Diego.

***

La primera vez que Diego fue a un boliche fue para festejar sus trece años. Cristian: “Lo acompañé, me fijé cómo era, cómo funcionaba. El boliche pide autorización, con teléfono de los padres. Después no hicieron nada con eso. Cuando entran los chicos, se ocupan porque van a consumir. Cuando salen ya no gastan, entonces no se ocupan”. Ahí encuentra la responsabilidad del boliche en la muerte, y la irresponsabilidad de volver a abrir, con patovas que no saben resolver problemas con nenes. Alto y fuerte, Cristian admite: “Si a mí me viene a correr un chabón grandote, yo corro. Imaginate un nene”. La familia ahora tiene también la versión de que los dueños del boliche borraron todas las cámaras de adentro y las fotos en las que se ve a Diego.

Cristian es joven. Vivió los bailes en una época no muy distinta. Por eso está seguro de cómo fueron las cosas: “La piba [Basualdo] era joven, no tenía experiencia, le dieron un curso de seis meses y la mandaron a la calle. Si los patovicas no hubieran corrido a los chicos, si hubiesen sabido tratar a nenes de 13 años… Como no sabían, los arriaron como vacas. La policía, para que se dispersen, aceleró…

-Mirá cómo corren estos pibes. Se dijeron.

Los policías están acostumbrados a matar. Para ellos matar a una persona es nada. Aceleran y listo. Uno menos”, se queja.

***

Cristian  se va a mover con su familia y todos los que querían a Diego y se divertían con él hasta conseguir que Basualdo, los encubridores, los patovas y los dueños de Enjoy cumplan su pena, y hasta asegurarse de que no haya más muertes como esta. Recuerda que en el mismo boliche, aunque con el nombre de Montecristo, el 26 de marzo de 2006, fue asesinado a golpes Leonel Arrieta. Lo mataron el sonidista y el iluminador del local, Carlos Arrigone Michelle y Leonardo Campaña, que, evidentemente, hacían las veces de patovicas.

Leonel Arrieta, asesinado en el mismo boliche.
Leonel Arrieta, asesinado en el mismo boliche.

Durante la investigación, el presidente del Concejo Deliberante de Ituzaingó, Juan Carlos Roumieux –ladero del todavía intendente Alberto Descalzo-, puso a disposición de la familia Arrieta al abogado Luis Rapazzo. No hizo nada por la causa.

El policía que estaba en el boliche dejó que movieran el cuerpo de Leonel, “que lo tocaran y que se borraran todas la pruebas y no detuvo a los agresores señalados por muchos testigos”, según declaró la familia de la víctima a la prensa.

Las condenas a los asesinos fueron de dos y tres años . “Si hubiese sido hijo de un juez otra hubiera sido la sentencia, pero era un repartidor de pizzas, hay distintas justicias en este país, la justicia de los que tienen y la justicia de los que no tienen”, razonó la hermana de Leonel a Enorsai, después del juicio.

Entre otras irregularidades, llama la atención una denuncia del Periódico Tribuna durante ese mismo año 2006: el boliche trabajó durante años sin la aprobación del plano, el certificado final de obra, ni la aprobación técnica.  Tampoco cumplía con las normas contra incendios, aún un año después de que el lugar fuera incendiado intencionalmente por hombres que incluso atacaron al sereno.

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Imágenes: NosDigital

 

La pregunta que les queda a los padres de Leonel y de Diego es cómo ese lugar sigue abierto, aunque tienen sus buenas sospechas, por las que ya se están organizando con otros familiares de las más de 4 mil víctimas de gatillo fácil en democracia y de la misma corrupción que incendió Cromañón.

“No la vi más”

Un festival para visibilizar casos de negligencia, violencia y explotación sexual. En pleno centro porteño, frente a Tribunales, el lunes 16 de marzo convocaron familiares de víctimas de desapariciones por trata. En seis años 3166 chicas escaparon o fueron rescatadas . Sin clientes no hay trata. 

El mismo 16 de marzo de 2015 se cumplieron diez años desde la desaparición de Florencia Pennacchi y dos del secuestro de Milagros Gonzalez. “Las historias de todas son lo mismo. Tienen sus diferencias, pero en esencia son lo mismo”, discute un hombre con familiares de víctimas en el festival contra la trata. Frente a Tribunales, en la plaza Lavalle, se levanta el escenario. “No la vi más”, repite Pedro el hermano de Florencia en un video detrás de los músicos. La imagen se detiene en los ojos, que quedan mirando de frente a algún que otro juez, fiscal, secretario, que se arrepiente de haber relojeado por la ventana.

“Allá. Esa es la dirección del prostíbulo”, le dice un hombre a Margarita Meira, de Madres de Constitución, señalando primero el edificio de detrás del escenario, sobre la calle Libertad, entre Lavalle y Tucumán, y después un papelito de esos con un culo enorme y un número de teléfono. Como ese, Meira dice que hay más de 1300 prostíbulos, “con más de diez chicas secuestradas en cada uno”.

Margarita es la madre de Graciela Susana Meira.
Margarita es la madre de Graciela Susana Meira.

Ese prostíbulo también mira de frente a esos jueces, fiscales, secretarios.

El “No la vi más” sigue repitiéndose, y representa a los familiares de cada una de las 500 mujeres que desaparecen por año. “Y si vuelve, ya no es lo mismo. La violación es constante”, termina el hermano de Florencia Pennacchi.

Existen casos de mujeres que se escapan o son rescatadas. 3166 entre 2008 y 2014, según la Oficina de Rescate y Acompañamiento de Personas Damnificadas del Delito de Trata.

Los números precisos de la cantidad de personas secuestradas son imposibles de conocer, por la forma en cómo se dan, por silencio mediático, encubrimiento judicial, que suele desoír e investigar a las familias. Luisa Olivera, madre de Mariela Tasat, por ejemplo, recién pudo dar a conocer públicamente la desaparición de su hija 12 años después. 

 

Mariela Tasat . “No la vi más” desde el 7 de septiembre del 2002

Estaba en la puerta de su casa con el hermano, que entró a atender el teléfono. Cuando salió ya no estaba. Todavía se culpa. Luisa se encontró con otras madres demasiado tarde. Hoy son su sustento. Con la causa cerrada, sigue buscando a su hija. 

Luisa Olivera, madre de Mariela Tasat.
Luisa Olivera, madre de Mariela Tasat.

La policía no le hizo esperar 48 horas para tomar la denuncia, únicamente porque el padre de Mariela era ex policía. El primer mes parecía que la causa se movía. La televisión mostró la cara de Mariela. “Siempre por un tercero nos decían que la habían visto. Que en el barrio La Fe, en Monte Chingolo. Siempre conocidos de amigos de amigos de mi hijo o algo así. Se hicieron varios allanamientos en el barrio. Después se cortó todo. Nadie me llamó, nadie hizo nada. Mi marido iba al Juzgado y le decían ‘No, ya está. No hay nada’”, cuenta Luisa.

Al segundo mes, para Canal 13 ya era “noticia vieja”. Para la policía, Mariela se fue por una pelea familiar.

Al cuarto año Luisa se enteró que, en realidad la causa estaba cerrada desde dos días después de la desaparición. El secretario del Juez Bonadío le pidió alguna novedad para poder abrirla.

En 2007, fue una amiga con la que Luisa trabajaba quien le dijo: “La vi a Mariela”.  La había visto en la puerta de un prostíbulo en Agüero, a dos cuadras del Boulevard de Los Italianos, en Monte Chingolo.“Tenía una pollera escocesa con una botas largas y tenía una remera blanquita, como cremita. Como blanca, pero sucia”, le especificó.

La comisaría 8va y la fiscalía hicieron lo necesario para entrar recién cuatro horas después de que Mariela fuera vista. Que sola no, que falta la orden, que el patrullero no aparece. Entraron y Mariela no estaba.En ese momento no caí. Me tendría que haber mandado o llamado a mi hijo para decirle: ‘Venite y nos mandamos’”.

Imágenes: NosDigital.
Imágenes: NosDigital.

Luisa no tiene ni tuvo plata para un abogado. Hasta hoy en día no sabe “cómo mierda está la causa”, si cerrada o archivada.

“Ahora, juntándome con otras madres me entero que me tienen que dar un abogado estatal. A los 15 días que asumió Kirchner yo me entrevisté con él.

-Sí, querida. Pero yo hace 15 días que asumo. Todavía no estoy en la pasta, integrado. Yo lo único que puedo hacer, te vamos a ayudar, es mandarte con el Dr. Podestá, que está en La Plata”.

La atendió una sola vez y nunca más le respondió un llamado. 

 

Otoño Uriarte

Su padre todavía hace silencio. Escribe el discurso que va a leer desde el escenario después de que toque Salta La Banca y lo comparte con otros familiares. Otoño apareció asesinada después de siete meses de su secuestro. Tenía 16 años, volvía de la escuela. Las seis personas acusadas fueron sobreseídas. La policía disperso rumores estúpidos. Los mismos de siempre: la culpa, de la víctima.  

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Roberto Uriarte, padre de Otoño.

 

Milagros Gonzalez

Fue secuestrada el 16 de marzo de 2013, a los 14 años. Se escapó por sus propios medios. Las investigaciones judiciales apuntaron y apuntan siempre a la familia: si iba a la escuela, si los hermanos estudian, si Milagros tenía fantasías antes del secuestro. “Milagros fue violada. ¿Qué fantasía es esa?”, se pregunta Silvia Mónica, la madre. Ahora Milagros fuma. No es un vicio por una familia que no la haya atendido. No. Empezó a fumar en el psiquiátrico, donde también se hizo adicta a algunos medicamentos. 

Silvia Mónica González, mamá de Milagros.
Silvia Mónica González, mamá de Milagros.

Cuando Silvia necesitó ayuda policial, tuvo estas respuestas: “¿Cómo crió a su hija?” “¿No sabe dónde fue?” “Seguro tiene un novio y usted no lo sabe”, “No tengo fotocopiadora”, “La fiscal no me mandó la orden”. Cuando Milagros apareció, sí tuvieron tiempo para sacar una orden de allanamiento y declarar a Silvia insana por no tener marido, tener trabajo y seis hijos.

Milagros fuma. Lo aprendió en el psiquiátrico, donde le dieron drogas legales hasta crearle una adicción.

Aunque la ley de trata se lo garantizaba, tuvieron que pelearla y esperar para que se les diera una casa en otra localidad. Hasta que lograron mudarse, las amenazas e intimidaciones policiales fueron moneda corriente.

Milagros todavía tiene brotes nerviosos. Ve algo, escucha algo y le viene a la mente el secuestro o las violaciones o… Y si bien quiere volver a estudiar, ninguna escuela la aceptó este año. Prefieren evitar el compromiso de darle los medicamentos y los problemas por nuevas tensiones nerviosas. 

 

Florencia Pennacchi “No la vi más” desde el 16 de marzo de 2005

Sigue desaparecida desde el 16 de marzo de 2005, cuando fue vista por última vez al salir del departamento del barrio de Palermo, CABA, donde vivía con su hermano. Dos chicas rescatadas de prostíbulos atestiguaron haberla visto en las provincias de Córdoba y Buenos Aires. Cuando tenían que presentarse a ampliar su declaración, una fue nuevamente secuestrada; la otra, intimidada.

“Somos trabajadores que queremos producir”

El intento de la Cooperativa 28 de Mayo por recuperar su fuente de trabajo aún depende de eternas jornadas judiciales. Mientras los acusan de usurpadores, acampan hace más de dos años frente a la ex Lanci Impresiones, luego de su cierre.

Hay 15 trabajadores que se turnan día a día para estar presentes en la improvisada casa que se armó en la vereda de la calle Mom al 2800, en el barrio de Pompeya. El acampe está frente a la ex Lanci Impresiones que hace más de dos años -y luego de casi cuatro de inseguridad laboral- cerró sus puertas, vaciada, adeudada, paralizada. De 50 trabajadores, 16 decidieron tomar la fábrica el 28 de mayo del 2012 luego de soportar cuatro años de atrasos salariales; un año después fueron desalojados por la Policía Metropolitana en un despliegue de fuerzas enorme frente a los cinco obreros que dormían adentro: sin poder llamar a sus abogados, rodeados de decenas de uniformados y con el sonido de un helicóptero dando vueltas sobre sus cabeza, los 351 días de autogestión se hicieron pedazos. Pero no desistieron, y ahora, catorce meses después, siguen esperando un fallo judicial que los termine por dejar en la calle o, por el contrario, les de las llaves de la sede y vuelvan a producir: “adentro las máquinas se oxidan y está lleno de ratas” nos cuenta uno de los operarios que, interrumpido su almuerzo, nos relata la larga espera.

Medio

Entre juzgados, abogados, jueces y denuncias

El intento de la Cooperativa 28 de Mayo por recuperar la fuente de trabajo está mediada por lo que parecen ser eternas jornadas judiciales en la que operan tres diferentes juzgados con causas completamente distintas. La primera causa está en manos del Juzgado Penal debido a una denuncia hecha por el ex dueño de la empresa contra los trabajadores por usurpación de la propiedad privada, durante los momentos de la toma, y contra el Presidente de la Cooperativa Telésforo Gallardo por amenazas, lo que le impide estar a más de 600 metros del establecimiento. Estas denuncias tienen implicancia directa para la causa en el Juzgado Comercial, que trata sobre la quiebra ya que como nos explicó Gallardo, “el juez en lo comercial que decretó la quiebra no nos quiere dar el inmueble porque para él nosotros no somos trabajadores sino usurpadores”.

– ¿Y con la nueva Ley de Quiebras no estarían habilitados a hacerse de la fábrica a cambio de la deuda que tienen?

– No, porque cuando vino el tipo y puso la faja de quiebra, nosotros estábamos en la calle y no en la fábrica produciendo.

Este problema es crucial para los trabajadores ya que de reactivar la fábrica conseguirían mantener un sueldo. “Acá todos tenemos entre 40 y 50 años, ¿quién te va a dar trabajo con esta edad?” nos preguntan en el acampe. Sin embargo está el tema de la deuda, los cuatro años en los que recibieron la mitad del sueldo o incluso menos debido a los problemas económicos que decía tener la compañía. Nuevamente la Justicia se opuso a la historia de estos trabajadores, ya que el síndico enviado a administrar la empresa cuando entró en quiebra reconoció estas deudas muy por debajo de lo que fueron realmente: “Al primer síndico nosotros le tuvimos que presentar las deudas que tenían de manera individual. Pero el síndico en el concurso solo reconoció la mitad de la deuda de uno, un 2% de otro, un 10% y a otro nada. ¿Cómo no te lo va a reconocer?” nos cuenta Waldemar. Pero, la luz de esperanza se abrió con la intervención del Juzgado en lo Laboral, ya que el conflicto entre los trabajadores y el dueño que comenzó con las huelgas y la toma de fábrica tendría que haber sido tomada por este juzgado. En caso de reconocer las faltas que tuvo la compañía para con los obreros, el Juzgado Comercial se vería obligado a aplicar la Ley de Quiebras y darles el establecimiento junto con las máquinas a cambio de las deudas que tienen con ellos. Pero recién comenzó el litigio y la Justicia es tan lenta como perezosa…

La deuda como violencia de género

“La Justicia nos quiere tratar como delincuentes, hablando de usurpación, pero ¿qué delincuente se queda en el lugar del hecho? Nosotros nos quedamos frente a la fábrica porque somos trabajadores que queremos ponernos a producir” señala Waldemar en relación al acampe. Pero este acampe es mucho más que el esfuerzo de los propios operarios, es también el reflejo del aguante de la familia. Estas familias lo vienen haciendo hace añares, cuando empezaron a ver sus ingresos disminuidos por los recortes del patrón. Por eso la vida privada de cada uno se vio violentamente modificada, teniendo que empezar a recibir ayudas de los padres, debiendo la mujer salir a mantener el hogar. Y de esta violencia también nos relatan: “Desde el 2009 arranca nuestra bronca, cuando empezábamos a cobrar medio sueldo e ibas a tu casa y ya no podías ser más el jefe de familia. Ahí te empezabas a sentirte violado… La familia es quien evita que te caigas. Ellos te sostienen en esta lucha por intentar recuperar la fuente de trabajo. En ese momento éramos 50 personas y ahora somos 15 nomás”. Sentirse violado porque fueron sometidos al poder del patrón. Waldemar nos lo dice directamente: “en lo personal, para mí esto fue violencia de género”.

-¿Por qué violencia de género?

-Porque él hizo abuso de poder, abuso de poder económico, sobre nosotros, que estábamos económicamente destruidos. Con lo que nos debía de sueldos, estábamos económicamente destruidos. El tipo abusó de tener más poder que nosotros. El patrón se abusa al no darte tu salario; y él capacidad de pago tenía. Tenía bienes, tenía capacidad de producción; nosotros no dejamos nunca de trabajar. Eso es un abuso, no sexualmente, pero abusa porque él maneja otros tiempos que vos no podés manejar. Por eso es “relación de dependencia”, porque vos dependés de él. El patrón estornuda y el trabajador se engripa. Eso es así, históricamente fue así y será así para el obrero.

Mientras tanto, ya van terminando de almorzar los seis obreros que adentro de una casa improvisada de maderas y chapas. La espera, nos dicen, es tremenda. Los tiempos de la Justicia parecen no tener relación alguna con las necesidades reales de quienes necesitan respuestas. Y antes de irnos les preguntamos cómo se sienten estando a metros de la salida a sus problemas, a metros de ese anhelo de dos años: “Es triste, se hace muy pesado. Estar afuera, sentado, esperando a que los días pasen, a que la Justicia decida. Lo triste es la incertidumbre. Imaginate que vos tenés a tu mujer embarazada, con tres meses de gestación, pero sabés que tenés que esperar seis meses todavía. Entonces esos seis meses los esperás con esperanza, con alegría, con fe. Tal vez querés que nazca ahora, pero el profesional te dice: “no seas ansioso, tenés que esperar nueve meses y listo”. Nosotros en cambio no sabemos cuánto va a tardar, no sabemos siquiera si la Justicia que solo tiene que firmar un papel, va a firmar. Porque una cosa es la ley escrita y otra cosa es el que firma, aprobando esta ley, que es un Ser Humano. La Ley de Quiebras está aprobada, pero un juez tiene, una persona, es quien tiene que agarrar una lapicera y firmar que nosotros estemos adentro”.

Las primeras gotas caen, nosotros nos saludamos y nos vamos con la certeza que nos tiraron en la despedida: “vuelvan, total, vamos a seguir estando acá”.

Posible Final A

Los que reforman la injusticia

Los cambios en la Justicia se pronunciaron en la calle y se instalaron en las mesas argentinas. Se debaten acuerdos parlamentarios y se acusan cofradías partidarias. En el medio, la historia de Luz y de Diego, acusados de algo que no hicieron, detenidos por un Poder que los deja de lado.

ÚNICO BLOQUE

En el patio de una casa, escenografía improvisada: dos sillas de cocina, un mate largo. Una mujer termina de colocarle el micrófono a LUZ en la camisa. PRESENTADOR con hojas en la mano, una lapicera en el bolsillo de la camisa blanca, mira a cámara, ensaya algunas palabras inentendibles. DIEGO aparece en escena con el pelo mojado y se sienta mirando hacia el mismo lugar que LUZ, pero las cámaras los toman de modo tal que aparecen enfrentados. Se enciende las luces blancas que apuntan a PRESENTADOR. Se escucha una música escalofriante cada vez más fuerte.

PRESENTADOR

(De frente a la cámara 1. De espaldas a DIEGO y LUZ) Bienvenidos a otro Debate Público, otra oportunidad para que nos escuchemos todos y cada uno saque sus conclusiones. El tema de esta semana: la reforma judicial. ¿Quién sale beneficiado? (Se toma las manos) ¿Un avance sobre los derechos civiles? ¿La democratización de un poder feudal? (A otra cámara, de frente, sacando pecho y levantando la voz) Diego Romero y Luz Gómez (los señala con las manos) están presos desde el 21 de diciembre de 2011 por ser los supuestos asesinos del chofer de colectivo Roberto Castillo el 1 de octubre de ese año. (Se acomoda el flequillo con las manos) En las rejas de la casa donde sucedió el crimen, apareció sangre de la pareja de ladrones y una mochila con el certificado de vacunación de Zaira, la hija de Diego y Luz. Ella, beneficiada por la crianza de la nena, tuvo desde un principio prisión domiciliaria. Él iba a ser beneficiado, pero el fiscal apeló y sus primeros abogados defensores no hicieron el intento de morigeración. Estuvo hasta dos meses atrás en la Unidad de Ituzaingó. Diego, Luz, buenas noches. Sabemos que después de un año y cinco meses tratando de demostrar su inocencia, conocen a la Justicia como pocos.

LUZ

(Se encienden las luces traseras, amarillas. Se ve a LUZ cabizbaja y a DIEGO serio) Buenas noches.

DIEGO

(Tímido, sonriente) Buenas noches. Es cierto. Yo siempre discutía de economía, trabajo, industria… Lo gremial sí me interesaba. Ahora… este tema de la justicia nunca me había llamado la atención, pero hoy veo que pasan cosas que hay que conocer.

PRESENTADOR

(Se quita la mano del audífono) ¿Y qué opinión te merece?

DIEGO

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

(Tres cuartos perfil a cámara) Uno, siendo víctima de un sistema judicial, escucha las dos perspectivas. Es más que nada política. Yo creo que el gobierno debería tomar un poco más de responsabilidad en las decisiones que toma porque el hecho de que disfraza a la justicia y da una pulseada para la reforma judicial que es más que nada política y económica. Hoy los más perjudicados somos los de la clase baja. Te dan un defensor del Estado, pero uno que defienda como nos defendió a nosotros, ni me lo des. Pero como dijo nuestro actual abogado, Suárez: “Hoy por hoy está tan poblada la cárcel que un defensor no puede llevar tantos casos”. Sos el cliente número 25 mil. El 2 mil quiere que se cierre su caso. No se trata de que seamos números. El gobierno dice que quiere agilizar. ¿Por qué no nos fijamos hoy por hoy por qué están superpobladas las cárceles? . Está superpoblada porque la policía te agarra en la esquina buscando a un asesino parecido a vos (señala a PRESENTADOR por un instante), y sos vos el criminal (señala a PRESENTADOR). En una cárcel de 48, hay 70. Gente durmiendo en el piso. En la cárcel está lleno de gente a la que el sistema judicial no se encargó de investigar para ver si son o no delincuentes. ¿Por qué no se fijan quiénes son los que arman causas? ¿Por qué no dejan de comparar números: quién cerró más causas, cómo estamos en comparación con Estados Unidos que no sé cuántas causan sacan por año? Hay más gente procesada adentro que penada. Quizás tienen que ver, quizás no. Deberían fijarse las necesidades de la sociedad: la inseguridad de la policía que te está armando causas. En la justicia se sienten impunes y piensan que la justicia es para el que tiene un buen abogado. Si no lo tenés, quedás adentro.

LUZ

En la tele no sale mucho el tema de la injusticia.

DIEGO

Y si pasa, pasa así (se chasquea los dedos).

LUZ

Uno que ve la tele ve solo justicia. Acá todo te lo arma la policía. Si sos inocente, te aprieta para que no digas la verdad. No somos los únicos que están pasando esto. Conocimos un montón de gente a la que le pasó. Pero aprietan a las familias y se callan. A nosotros también aparte de que no sabíamos nada, de que fuimos maltratados, también en un principio pasó algo con la policía para que no dijéramos la verdad. (Se acomoda el micrófono) ¿Qué más daño que el que nos hicieron nos podían hacer? Fijate también lo de las hermanas Jara. Pasaron dos días y ya no se ve más en la tele. A Alejandro Bordón lo acusan por un buzo del mismo color y ¡nada más! Después de una semana nadie habla de Alejandro Bordón.

DIEGO

Pasa que uno habla de lo personal. Si nunca hubiese caído en la cárcel, no sabría lo que pasa adentro: que está lleno de causas armadas. Ahora hay que hacerle ver a la sociedad que el problema está. Se sienten dueños de la verdad. Te hacen pensar que sos lo peor… Estamos siendo víctimas de un sistema judicial.

LUZ

(Interrumpe) Más que eso. A mí me correspondía el salario de Zaira, que pasó a ser Asignación Universal por Hijo cuando quedé presa, y nunca me avisaron. Recién un año después, cuando dejé de llorar y llorar y llorar, pregunté y me dicen que me corresponde. El fondo de desempleo también me correspondía y lo perdí. Fijate todo lo que te quitan.

DIEGO

Es feo todo esto porque cuando estaba en la Unidad, yo era un gasto para mi familia que ni tenía para el colectivo. No era feliz, me sentía mal.

PRESENTADOR

(Se toma las manos y mira a los ojos alternadamente a LUZ y a DIEGO) ¿Por qué creen que el mayor interés de estudio de los internos se da con el derecho?

DIEGO

Al penal entran chicos jovencitos que nunca tuvieron posibilidades de estudiar. Dentro del pabellón que estaba, yo era el único estudiando. Hay una materia que da un interno que estudiaba abogacía, sobre orientación legal. Los jóvenes ni siquiera saben qué causa tienen. Sí hay posibilidad, en algunas unidades como La Plata, de estudiar en nivel universitario, pero muchas veces pierden mesas de exámenes porque no tienen movilidad. El traslado de Unidad también implica un problema.

 (LUZ se detiene a darle alguna indicación a ZAIRA)

PRESENTADOR

(A cámara) La justicia parece ser un algo más abarcativo que jueces y fiscales.

DIEGO

Claro que sí, en nuestro caso se ve claramente.

PRESENTADOR

(A LUZ) ¿Cómo colaboraron, en su caso, las tan polémicas cámaras de seguridad?

 LUZ

Tampoco se usaron las cámaras del COTO adonde fuimos a comprar un LCD en un remís donde perdimos la mochila. Si se hubieran usado en julio, sabrían cuáles fueron los autos que nos fueron a buscar a nosotros de la remisería. (Hace una pausa. Con voz firme) Pero ellos también dejaron pasar ese tiempo para que las dos pruebas fundamentales para nuestra defensa no fueran utilizables… Porque con la sangre pasó lo mismo…

DIEGO

Es medio gracioso todo esto po…

LUZ

(Interrumpe) No investigaron nada de nuestra declaración. En diciembre le decíamos a nuestro primer abogado que habíamos hecho una llamada a Mendoza el 1 de octubre. El abogado dejó pasar el tiempo sin pedir esa prueba porque supuestamente no era contundente. Hoy el fiscal tiene el poder de decidir si pide esa llamada o no. Suárez pidió tanto esa como las que hicimos desde COTO a la remisería para pedir el coche como después para reclamar la mochila.

PRESENTADOR

(Se quita una lapicera del bolsillo de la camisa y la agita mientras habla) Todas estas herramientas de la tecnología, ya existentes, hubieran ayudado a saber la verdad y sin embargo no se utilizaron.

DIEGO

Lo malo de todo esto es que pasa en muchísimos otros casos. Al no haber tomado con importancia nuestra declaración, se perdieron pruebas que llevarían a la verdad. Per…

LUZ

(Interrumpe) No sé si a la verdad llegarían así. Llegarían a la verdad si quisieran leer las otras declaraciones que dicen quiénes fueron los culpables. Ellos tienen que ir por la línea de investigación de los detenidos. Dicen su participación en el hecho y dicen quién es la persona que entró, que da la casualidad que trabajaba en donde yo me olvidé la mochila. No entiendo por qué no van por ahí. Al primer abogado particular que tuvimos le dijeron que lo iban a atrapar cuando cometiera otro delito. “Si no comete otro delito, yo sigo acá para siempre”, le decía yo y me respondía: “Sí”.

DIEGO

Obviamente, pero yo me refería a la verdad en el sentido de que vean el video de la cámara de COTO.  Ahí aparecen los dos vehículos que nos fueron a buscar, en uno de los cuales perdimos la mochila. (Abre los ojos bien grandes) Oh casualidad que las dos personas detenidas involucradas en este hecho dicen que  la persona que entró en la casa, trabajaba en la remisería que llamamos y tiene un auto del color que nosotros mencionamos en la primera declaración. ¡Sin conocernos a nosotros! (Indignado, levanta la voz) Obvio que todo va a estar difícil para nosotros si no nos escuchan. Fuimos considerados culpables desde el principio. Nos querían llevar a juicio en esas condiciones, pero hoy tenemos el apoyo de mucha gente y lo podemos pelear de otra manera para que la misma jueza se dé cuenta de que hay cosas que están mal hechas.

PRESENTADOR

Ahí se ve la participación o la ausencia de ella por parte de los abogados defensores, estatales o particulares.

DIEGO

Los primeros abogados uno se pregunta quién se los mandó (sube y baja los hombros repetidas veces). El primero permitió irregularidades, el segundo nos sacó plata y tampoco empujó en el sentido de exigir que se investigue el camino correcto.

LUZ

Excepto Suárez, todos nos tomaron el pelo y nos hicieron perder tiempo importantísimo. En diciembre podríamos haber usado, por ejemplo, la información del llamado que hice a Mendoza el día del crimen. El tema de la sangre tampoco lo hizo ni el primer abogado ni el segundo. La fiscal le dijo al primer abogado que la sangre no servía. Como no sabíamos que todo se manejaba por escrito, solo decíamos: “sí abogado, tiene razón”.  Los dos abogados lo que querían era llegar a juicio. Imaginate que las comparaciones recién las hicieron un año y medio después del crimen porque nosotros mismos presionamos con movilizaciones. El abogado estatal no nos creyó.

PRESENTADOR

¿Y la policía?

DIEGO

Estuvo dos meses y pico investigando, desde el 1 de octubre hasta el 21 de diciembre de 2011. Tenían la dirección, el nombre, todo lo que necesitaban saber sobre mi hija y por lo tanto sobre nosotros (se señala el pecho con las dos manos). Si lo hubieran hecho en un principio nos podrían haber hecho pruebas de pólvora y se hubieran dado cuenta de que no éramos nosotros. Uno se pregunta por qué no lo hicieron.

LUZ

Por algo cuando nos detuvieron buscaban un Nextel y armas de fuego y solo se llevaron una foto mía y otra tuya (mirando a DIEGO de costado)

DIEGO

Cuando nos detuvieron y nos dijeron que nos vinculaba una mochila, no entendíamos nada hasta que recordamos la que habíamos perdido cuando fuimos a comprar un televisor. Yo había llamado dos veces a la remisería para ir (levanta los dedos índice y mayor de la mano derecha). Exigimos ese registro de llamados para comprobarlo. El defensor nunca nos creyó y nos trataba como si hubiéramos cometido ese hecho. No quería que declaráramos. Nosotros sí, porque queríamos contar nuestra verdad. En el estado en que estábamos, tratábamos de hacer memoria.

LUZ

Declaramos todo (separa los brazos desde el pecho hasta desaparecer del alcance de la cámara 3), pero imaginate que no te acordás lo que pasó hace dos semanas, menos hace dos meses. Lo poco que nos acordamos lo contamos: el color del coche que nos llevó al COTO y donde perdimos la mochila. De qué manera nos pueden vincular si no tienen qué.

DIEGO

Siguió el proceso de investigación, pero pasaba el tiempo, los meses.

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LUZ

Y la rueda de prensa, Diego. El 23 la hicieron. Participamos mi mamá, con 53 años, una tía de Diego de 40, mi hermana, de 32, que no tiene nada que ver con lo que había descrito la viuda, y yo. Claro que dio positivo. Diego apareció con el pelo cortado parecido al identikit, cuando no lo tenía así. Hay una declaración de la viuda que declara que mi hija es de tez blanca y tiene el pelo castaño claro. Nada que ver. Cuando fue a la rueda dijo que era ella.

DIEGO

Después, la familia trató de conseguir otro abogado recomendado de la familia que nos sacó plata y no hizo nada. Casualidades que al primo de una amiga mía tenía un compañero de trabajo al que también le había pasado lo mismo. Nos contactaron con el doctor Suárez, que nos llamó para asesorarnos de qué manera podíamos empezar a lucharla. Suárez vio la preventiva y se dio cuenta de todas las irregularidades. Logramos esto gracias al empuje y perseverancia de la familia y a las movilizaciones. Las pericias tenían que estar el 10 de diciembre y estuvieron el 21 (Dibuja un salto con el índice de la mano derecha). Las comparaciones de sangre dos meses tardaron. La audiencia llegó recién después de otra movilización. El 7 de marzo de este año, después de pelear dos meses, tenía que ser la audiencia, pero la fiscalía la suspendió porque supuestamente iba a declarar esta gente. De la fiscalía los mandaron al juzgado, que nos reservó para el 18 de ese mes.

LUZ

En realidad lo que pasó con la audiencia fue que la fiscalía no quería. Cuando se suspendió la audiencia, mi mamá fue al juzgado. La atendió el secretario de la jueza y, enojado con la fiscalía por suspenderla, puso la fecha bien cerca para que no se pudiera suspender. Si mi mamá no iba a preguntar, tampoco pasaba na…

DIEGO

(Interrumpe) Claro, por eso te digo. No estaba en su interés hacer la audiencia. Lo que termino entendiendo es que si el juzgado no hubiera dado la audiencia a una semana, date por segura que la hubieran suspendido también. A todo esto ya teníamos las comparaciones de sangre que dieron positivo. Por supuesto que nosotros lo sabíamos, pero con la desconfianza que adquirimos de la justicia, teníamos miedo de la manipulación. Por eso tratamos de conseguir un perito y hacérselo saber a la fiscalía.

PRESENTADOR

(Serio, mirando a cámara) También desconfiaban de la fiscalía…

LUZ

Sí, pero al perito no le dan a tiempo de intervenir porque ya estaban sobre la fecha.

DIEGO

Pero el tema era que ellos supieran que había alguien controlando. Cuando llegó la audiencia, me llevaron ahí. El abogado hizo el descargo. Estaba también la jueza. Le conocí la cara.

PRESENTADOR

Recién entonces conociste a la jueza.

DIEGO

Sí. Te decía… El doctor Suárez le dijo que la morigeración era lo mínimo que podía pedir por mí porque ya sabían de las comparaciones negativas. Suárez hizo saber de las firmas que había conseguido con mi mamá, de gente que daba fe de que no íbamos a hacer nada.

LUZ

Que vos no ibas a hacer nada. El primer juez también te había dado la domiciliaria, pero el fiscal apeló. Eso fue en 2012, en febrero. Porque había que seguir investigando, pero en ese momento, la fiscal apeló por posible intento de fuga. Por mí no apeló por la nena. Nuestros abogados en ese momento no hicieron nada, y como nosotros no sabíamos nada de cómo manejarnos y no conocíamos ninguna organización que nos asesorara…

PRESENTADOR

(A DIEGO) ¿Qué le dirías a la Justicia si la pudieras personificar?

DIEGO

Justicia toma decisiones que hacen que gente que no tiene nada que ver caiga en un penal, sin tomar conciencia de las cosas que pasan ahí adentro. Yo tengo la suerte de estar bien, de haber sobrevivido, pero no todos tienen esa suerte que yo tuve. Por eso, el Poder Judicial se siente dueño de la verdad y toma malas decisiones y manda gente inocente dentro de un penal y esa gente termina siendo lastimada. Dentro de la Unidad hay una guerra de pobres. Imaginate que un Penal de 500 personas (abre grandes los ojos), estadísticamente, tiene entre 800 y 900. No tienen conocimiento de lo que es una cárcel. Hay gente que se termina sucediendo, gente que termina apuñalada. Esto tiene que comenzar de nuevo porque quieren llevar una persona a juicio cuando ellos mismos saben que esa persona es inocente. Antes de hacerle pasar esa situación, ¿por qué no toman el camino correcto desde el principio? En la Unidad sigue habiendo gente inocente que no tiene la posibilidad que yo tuve, ni el apoyo. Te sacan los días y te hacen sentir como el peor, maltratan a tu familia en la fiscalía: parece que fueran familia del peor. Te complican en lo económico, en lo emocional. Ni siquiera hacen justicia por la víctima. Yo toda la culpa se la echo a este sistema judicial que se cree que todos los que están del otro lado del escritorio son malos. Mi verdad no se calla. Ni tiene precio. A mi familia me la destruyeron.

PRESENTADOR

¿Luz? (Mira su reloj pulsera) Treinta segundos tenés.

LUZ

Que el fiscal escuche lo que dijo Diego, porque ahora él es la Justicia para nosotros. Él es dueño y señor de nosotros. Si decide que vayamos a juicio, así será.

DIEGO

Y la jueza siempre va a prestar más oído al fiscal que al abogado defensor. No debería llevarle tanto el apunte a un fiscal que está yendo por el camino equivocado.

PRESENTADOR

Así dicen que funciona la justicia: demuestra en los números su eficiencia, sin importar las personas. La voz que se escucha es la de la policía, repetida por abogados, fiscales, jueces. Diego, Luz, muchas gracias por participar de este debate.

(Se apagan las luces. Sube el volumen de la música. DIEGO y LUZ se ponen de pie y saludan a PRESENTADOR).

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Yo estoy en huelga de hambre

La desaparición de Daniel Solano lleva 20 meses. Su padre hace 14 días está en huelga de hambre por irregularidades en la causa.  Siete policías detenidos y un aborigen que nadie encuentra en Choele Choel.

Desde hace 14 días Gualberto Solano, el papá de Daniel, está en huelga de hambre junto a Julieta Vinaya, mamá de Atahualpa Martínez Vinaya, otro joven asesinado en Viedma en 2008, y el abogado de la causa Sergio Heredia. Las razones son varias, pero hay una urgente: trasladaron a los siete policías imputados por el homicidio de Daniel (sí, se logró demostrar que lo mataron aunque el cuerpo permanece desaparecido) a la misma comisaría de Lamarque donde cumplían funciones. El traslado se concretó en una camioneta Traffic (y no en las celulares correspondientes) y durante los últimos kilómetros de llegada los policías gozaron de una caravana de familiares que festejaba su regreso al pueblo. El colmo del privilegio es que en esa Traffic viajaron junto a sus esposas y algunos otros familiares.

Lo peor no es esta situación puntual, sino que el cuerpo de Daniel Solano está desaparecido hace 20 meses y, si bien los abogados lograron imputar a 7 policías, la trama de corrupción y impunidad que descubrieron detrás de su asesinato involucra también a empresarios, fiscales y jueces.

La historia de la desaparición de Daniel pone a todos los supuestos que reúnen a las empresas, la policía y la justicia en una mafia criminal a escala pueblerina. Así: la empresa Agrocosecha S.A., comandada por los hermanos Gustavo y Adrián Lapenta, contrataba jóvenes del norte del país que viajaban hasta Río Negro a trabajar en la cosecha de frutas; el trabajo duraba una temporada de 6 meses y les prometían sueldos razonables y cómodas condiciones de vida; al contrario, los peones vivían en gamelas de más de 100 personas y los sueldos eran muy irregulares; en noviembre de 2011, Daniel Solano había cobrado 800 pesos por el mes trabajado, y empezó a organizar a sus compañeros para protestar; la noche del 4 de noviembre, lo invitan insistentemente a una fiesta a la que termina yendo, y en la que se consuma su muerte; a Daniel lo sacan del boliche dos policías que hacían de seguridad, y lo golpean junto a otros cuatro a la vuelta del lugar, donde muere; luego desaparecen su cuerpo; la justicia investigó primero la versión que sostenían los hermanos Lapenta: que Daniel había viajado a Neuquén; la coartada involucraba testigos falsos, además de las amenazas y presiones correspondientes; cuando el abogado Sergio Heredia llegó a Choele Choel, desandó ese camino logrando revertir los testigos falsos, imputar y detener nada menos que a siete policías, lograr que dos jueces abandonen la causa y que cierre la empresa Agrocosecha S.A., a la cual se investiga por fraude laboral.

La causa ahora parece haber llegado a una meseta, producto de tres cuestiones según Heredia:

-“La prima de la jueza está involucrada porque fue una de las abogadas de Agrocosecha”

-“No tiene apoyo político”

-“Quieren dar un mensaje de que si esto queda en la nada, hacen lo que quieren”.

Conviene aclarar que Gualberto Solano, el padre, mantiene un acampe en frente de la fiscalía desde hace 18 meses, esta es su segunda huelga de hambre, es invierno y él es un guaraní del norte de Jujuy, su salud es delicada, y no parece tener problema en demostrar que la injusticia también mata personas.

La década sin Matías

Hace diez años, al pibe lo mató un policía que se hace llamar el Mataguachos. No es el primer caso que sucede en Fiorito. Dijeron que se había suicidado, pero fue fusilado. El asesino fue declarado culpable, pero ya está libre. 

Causa N° 2752 caratulada Pelozo Jose Antonio S/Homicidio Simple de trámite por ante el Tribunal Oral Criminal N°  Departamental. Juzgado de Garanías N°6 a cargo del Dr. Daniel Viaggiano. Unidad Funcional de Instrucción N°15 a cargo de la Sra. Agente Fiscal Titular Dra Liliana Thiem. Abogado defensor: Dr. Gastón Carrizo. Y muchas fojas terminan con “SERÁ JUSTICIA”. Uno se pregunta cuándo, si este Pelozo hijo de puta, ¿cuánto hace que viene matando y torturando?

Si hasta se hace llamar “el Mataguachos”.

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

¿Qué más hace falta? Yo, me presento, soy uno de esos guachos que mató hace exactamente 10 años, Matías Barzola. Hijo de Stella y Julio. A mi viejo sí lo habían metido en cana rapidísimo y sin vueltas por un accidente muy desgraciado que no viene al caso. Y antes del juicio por mi asesinato murió. A Carlitos Taylor también lo mató Pelozo frente a su casa, con la misma Browning 9mm. ¿Será porque es “Suboficial mayor retirado” que está libre?

Vive a seis cuadras de mi casa, también en Fiorito. Tenía un almacén ahí. Siempre salía calzado y alardeando. Siempre con su pelo corto, en pantalones cortos. Así mismo ya me había corrido a mí con otros amigos. Nos sacó a los tiros. Yo zafé porque doblé en una cuadra que era más corta y porque entrenaba mucho. Joni no se salvó, cobró un tiro en la gamba. Cuando declaró por mi fusilamiento, Joni dijo: “Matías me insistía: ese viejo me tiene bronca”. Las palabras de Beti, la mamá de mi amigo, también están en fojas: “Se presentó el encartado Pelozo quien le manifestó que se confundió, que la que quería era a Barzola, agregando ‘…que las características físicas de su hijo y de Matías son muy similares, entendiendo la deponente que éste se equivocó e hirió a su hijo creyendo que era Barzola…’”.

Andrea Celeste Brandan en fojas. 204 y fs. 448/449: Pelozo llegó a la casa de “Cuni”, para convencerlo por las malas de que dijera que conmigo le quisimos robar las zapatillas cuando fui a jugar a los jueguitos, que no diga que fue él, Pelozo.

Todos, todos en el barrio saben cómo fue. El 3 de junio de 2003, yo 17 años, caminaba por la calle Recondo de Villa Fiorito con dos amigos, Cuni y Lucas. Estaba llegando a Unamuno. No salíamos a robar ni estábamos armados. Pero en esa esquina paraban un par de pibes que sí robaban, por ejemplo “Boliche”. Ahí pasó Pelozo en su Falcon marrón. Lucas cree que Pelozo nos confundió con Boliche y, como encima yo lo reconocí y salí corriendo, me tiró a matar. Yo creo que me mató porque ya me tenía idea. A “Boliche” no le iba a disparar. Yo creo, como Nely, la mamá de Lean, que mataron a una cuadra de donde me mataron a mí, que ahí la Policía deja que los pibes roben para ellos. Como Luciano Arruga, como Kiki Lezcano.

La causa dice que el disparo fue “con la evidente intención de ocasionarle la muerte, produciéndole una herida en la zona creaneana que le provocó la destrucción de centros nerviosos vitales”. Un fusilamiento. El Código Penal, en su artículo 79: Se aplicará reclusión o prisión de ocho a veinticinco años, al que matare a otro, siempre que en este Código no se estableciere otra pena.

matias fioritoBueno, pero mi mamá todavía no sabía que era un cana, ni que siempre el viejo era sobreseído por legítima defensa, ni que el primer policía que llegó a Recondo y Unamuno, Isidoro Segundo Concha, entonces sargento ayudante de la comisaría 5ta, estaba imputado en el asesinato con torturas de Jorge Omar González. Esta vez, otra vez, le iba a costar argumentar la legítima defensa porque la bala entró “en la región parietal izquierda, dos cm. por encima del implante superior del pabellón auricular, con una trayectoria de izquierda a derecha, ¡de atrás hacia adelante y de arriba hacia abajo!

Más le costó porque mi mamá no se quedó quieta. Estuvo cuatro años investigando. Empezó a hacer escraches y siempre algún vecino se le acercaba y daba un dato más.

-No sabés lo que caminé. No te das una idea. Lo que pasa es que viste cómo es en estos casos. Nadie quiere decir, nadie quiere contar. Hoy me enteré que se había hecho una encuesta sobre cómo era este José Antonio Pelozo. Los chicos contaban que pegaba, que mataba a los pibes. Te digo la verdad: me involucré en la investigación porque quería saber quién había matado a Matías. La abogada María del Carmen Verdú me dijo, cuando terminó el juicio, que al principio no le tenía fe al caso porque no conseguíamos nada, ni un testimonio. Nadie quería hablar. Nadie. Tenían miedo y nosotros no sabíamos ni que lo había matado un policía. Cuando yo me enteré, el cuerpo ya estaba tirado desde hacía dos horas. El padre de un pibe que estaba con Matías me dijo que era alguien muy pesado quien lo había matado.

Y siguió investigando, conociendo otros casos parecidos al mío, llegó a CORREPI, que también estaba buscando a Pelozo. Averiguaron que había sido partícipe de la época de la represión, del tiempo militar. Trabajaba en la comisaría 5ta de Fiorito. A mi mamá ya entonces, cuando tenía 13 y de vuelta cuando tenía 16, la pararon por nada mientras venía desde la zona de Puente La Noria. Y por nada también se salvó. Justo llegó su hermano.

El 3 de julio empezó el juicio. Terminó el 16. Un mes antes habían levantado a mi hermano Lucas por estar ahí chusmeando durante un robo. Lo pararon por “portar ropa deportiva”. Como si fuera un arma. Y de casualidad mi mamá se enteró dónde estaba, porque nadie le avisó. En una semana que estuvo detenido, la causa juntó 400 fojas. La causa por mi asesinato juntó 160 en un año porque el primer fiscal era de la Policía.

Decía que llegó el juicio, mi mamá confiaba porque el segundo fiscal trabajó bien. Como la hija de Pelozo trabajaba en lo que es asesoramiento a la víctima, el fiscal sacó la causa del sistema así Pelozo no estaba atento a lo que podía pasar. Y conseguimos una sentencia de 13 años. “Era un logro. Mi hijo no va a volver, pero conseguimos esa condena para alguien que se creía tan impune matando a tanta gente. Pero un año y tres meses después de la sentencia ya salió en libertad. El fiscal me dijo que acá debía haber habido plata. Él vive acá cerca, tenía un coche viejo. Yo supongo que hubo alguien atrás, como en el caso de Nely. Es algo muy obvio. Ni siquiera lo sentenciaron, lo absolvieron. Yo estoy conforme por lo que nosotros logramos, pero por lo que es la justicia no”.

matias fiorito¿Cuántos casos somos acá? Leandro, Walter, Matías, otro pibe que también mató Pelozo, por el que la mamá no hizo nada. Antes de 2003 es como que yo no veía esto que pasa. Los diarios siempre dicen que se matan en tiroteos, o como dijeron de mí, que estaba bajoneado por lo de papá y me maté, o que me mataron por una chica. Hoy Lucas le tiene terror a la Policía. Es morocho, siempre anda con capucha. Es muy raro que se vista de jean, como todos nosotros. Ropa deportiva, como dicen.

De las palabras de Pelozo no tomo ni una. Hasta en la causa se habla de su “mendacidad”, sus mentiras y sinsentidos. Ahora está libre.

El pez por la boca no muere

fioritoSomos de Fiorito nosotros, ¿viste? Pasa seguido acá. Yo recién volvía de cartonear. Era como la una de la madrugada del 25 de septiembre del 2010. Me bañé y ya salía para bailar. Compré una cerveza, me junté en el pool de Recondo y Pío Baraja. Lo vimos pasar a este hijo de puta y le gritamos cornudo. No sabíamos nosotros que era gorra. Trabajaba en la Casa Rosada. Se llama Maximiliano Germán Ledezma, tenía 23 años, y vive acá cerca, en Rodríguez. Estaba noviando frente al pool. Se metió, se hizo el capo, ni sacó la chapa ni nos pidió documentos, como hacen otros. Si pedía, ahí le decía: “Leandro Pérez, excompañero de tu novia; él es Walter Robles. También la conoce bien”. Por joder nomás. Ni sabíamos que era rati. Le daría vergüenza ser vigilante. No le habría dicho a la piba. Acá en el barrio son muchos, pero ni te enterás. Salen de civil, van a trabajar y vuelven de civil. No. No mostró que era policía hasta que nos sacó a los tiros, nos dejó muertos en el piso. A mí me pegó tres tiros por la espalda, a Walter, cuatro mientras se cubría con las manos. Ahí sí nos dimos cuenta que era cana. Cayeron los de la 5ta y lo encubrieron. Después dijo que le queríamos robar la moto. Ñaca. Yo tenía la mía. Dos días antes la policía me la había sacado por no tener casco. A las 12 horas de que mamá, Nely, pagó los 1500 pesos a la Policía para sacarla, otra vez me la sacaron.

Los vecinos vieron que él tiró un tiro al aire para decir que hubo un enfrentamiento.

El vigilante tenía dos armas. Una, reglamentaria; la otra, dada vuelta. O sea que se la puso así a Walter. Eso declararon todos los testigos: que vieron que tenía dos armas. Todos salieron gritando que deje de tirar tiros que va a matar a otro más. Y ahí lo vieron, que tenía el arma del lado del revés. Él tiró todos los tiros.

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

Ahí salieron a ver. Y mi hermana estaba ahí cerca. Lo vio y le avisó a mi mamá. Es como dice mamá: “En todos lados esto pasa seguido. Uno escucha tiros. Trata de pensar que es una moto, pero a veces no.”

Y este día cayó la policía de la 5ta. Querían sacar a mi familia porque tenía que ir a trabajar la fiscal. Mi hermana le dijo “No dejes el cuerpo solo porque ellos van a querer poner algo”. Lo que pasa es que ellos se cubren entre ellos. Son compañeros. Uno de la federal, otros de la bonaerense. Pero como los testigos no querían que a sus hijos le pasara lo que a mí y a Walter, y se animaron a declarar.

El juicio iba a ser hace dos años, pero bueno, logramos que Walter también fuera considerado víctima para que el matapibes por la espalda, como le pusieron en un escrache, fuera juzgado por los dos. Mientras estuvo preso, pero como dice mi vieja, “más de dos años no puede estar preso un policía. Si es un civil sí, se come la cárcel hasta el juicio”. Estuvo dos años preso en la Unidad 30 de Alvear. Le dieron arresto “porque era buen pibe”, porque la madre estaba enferma en la casa. Había dicho también que ese día tuvo mucho temor, que se asustó mucho. Menos mal que tenía temor, porque nos dio tres y cuatro tiros. Cómo será si no tenía temor.

En el medio a mi hermano Maxi lo atropelló un borracho que venía a contramano. Tuvo que dejar el fútbol. Nosotros, los pibes, juntábamos unas monedas para pagarle la ropa, los viajes, la vianda. Ahora anda en muletas.

Y arrancó el juicio. “Fuimos a tres audiencias. La están estirando y estirando como un chicle”, decía la mamá de Walter en su momento. “Ellos como que nos quieren cansar a todos”, seguía mamá. Era un arreglo clariiísimo. Yo digo que los jueces le dieron tiempo al vigilante para arreglarle los problemas. Los jueces ni estaban en la sentencia. El secretario vino listo para rajar. No quería que entraran celulares, mochilas, carteras. “A nosotras, que somos las mamás, nos revisan de pies a cabeza, a ver si llevamos algo. Tienen miedo de nosotros, cuando el asesino está adentro. No lo revisan a él. Tienen miedo de nosotros. Y él es el que mató a nuestros hijos. Todo al revés es acá”, decía mi mamá antes de la sentencia. Ahora, mirá. Ni hizo falta que entraran algo. Todo, todo les sacó porque ya sabía lo que venía. Solo a 20 dejó entrar. A ella la mandó al fondo. “¿Por qué al fondo? ¿No me reconocés la cara todavía? Yo voy delante de todo”, le dijo mamá. El tipo se reía, como irónico. Cuando entró, saludó. “Les leo el artículo tanto y tanto. Lo absuelvo a fulano de tal de causa y de todo”. O sea que quedaba libre. ¡¿Qué?! Solo los de adelante llegaron a escuchar. La Sabri, mi hermana, gritó, porque nosotros pensábamos que lo iban a sobreseer a Walter porque apareció con un arma, ¿pero por los dos? ¿Sabés lo que fue ese momento? No quedó un vidrio sano. Fue un momento de locura. El cana, encima, el que cuidaba al otro cana, hacía “jojo”, como una burla. Marcela le llegó a pegar un arrebato a uno. Lo cazó del cuello y le empezó a dar. Mis hermanas mías le agarraron la computadora donde escribía el tipo. La hicieron mierda. Maxi revoleaba la muleta a quien venía. En un juicio, nunca más va a entrar uno con una muleta, porque el quilombo que hicieron… La Doctora Verdú dijo que hicieron mal. Quedó sorprendida de todo lo que pasó, pero ella tenía que hacer un documento para apelar. Pero la saaangre que hervía entonces… Cuando la cana quería agarrar a uno, diez se le venían encima. No pudieron hacer nada.

fioritoDigo yo: esto estuvo preparado. Les dieron tiempo para que consiguieran un pez gordo que pusiera plata. Y los jueces ni se fijaron y bueno. Primero el 17 de abril. Después, una semana, después diez días, después otros cinco días más. Es mucho tiempo. Si una sentencia es mucho más rápido si era uno común. Un día el alegato, el otro día la sentencia, como el Pata Díaz. El fiscal pidió 20 años. La Doctora, perpetua. Los jueces los desacreditaron a los dos. Tomaron el argumento del “contexto social y cultural”, que dijo el rati. “Barrio bajo”, decía. No porque se inunde, por la gente lo decía. Mamá no escuchó al policía porque como también tenía que declarar, no podía ni ella ni Marce, la mamá de Walter, escuchar lo que decía él. Los que estaban en la sala dijeron que dijo cualquier cosa, se contradecía, no era nada coherente.

Marcela casi se suicidó cuando llegó a la casa. Se tomó como 20 comprimidos de lo que ella toma desde que lo mataron a Walter. Quedó mal. No pudo superarlo. Y con esto que pasó, peor todavía. Mi vieja sigue fuerte. Todavía hay posibilidades de apelar y que esto se ponga con los pies para abajo y la cabeza para arriba, como tiene que ser. Con el tipo en la cárcel, los que lo cubrieron también y el barrio tranquilo, que ya no sé cuántas muertes van. Y Marce y mamá bien, que tiene que cuidar a mi nene, que ya tiene tres añitos.

Cárceles

En la edición especial sobre cárceles de Vámonos de Casa, programa de radio de NosDigital, tuvimos una mesa debate compuesta por dos integrantes de organismos de DDHH: Lucía Sánchez, militante de la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (Correpi), y Norberto Tavonanska, juez penal y coordinador de la comisión de seguridad y política criminal de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH). No te pierdas el desarrollo y el análisis de la situación del sistema penitenciario en Argentina.

Son Hermanos de la Verdad y la Justicia

Después del terrorismo de Estado en los setentas, miles de familias perdieron hijos y nietos, pero también perdieron hermanos. La reflexión y la acción llegaron después del desahogo. El lazo de hermandad es el más igualador y contemporáneo entre dos historias, es complicidad y contención: es tácito. Por eso, también es una despedida muy difícil de digerir. En la voz de Beatriz Luque vamos a escuchar cómo comenzó la historia de una organización que surgió última de todas, que se tomó su tiempo, pero que ya llevan diez años de lucha activa, repleta de compromiso en la búsqueda de la verdad y justicia para sus hermanos desaparecidos.

Es una de esas caras difíciles de olvidar, si se vio aunque sea una vez. Como esa energía que no se puede explicar, solo se percibe. Beatriz Luque nos espera en un café paquete en Avenida de Mayo y Perú, el lugar es elegido por casualidad, no por gusto. Son las siete de la tarde y está sentada al lado de una ventana, está contigua al desorden del Centro, pero se la ve tranquila, leyendo. Está repasando hojas, documentos de estos diez años como integrante de la organización Herman@s de desaparecidos por la Verdad y la Justicia. Sin dudas, el compromiso que a cada uno de ellos les significa pertenecer a un colectivo convierte en una responsabilidad muy grande ser el vocero de esta historia. De esta construcción, la más joven en cuanto a las demás conformadas por familiares.

Desde su experiencia, pero también desde su dolor convertido en lucha, se toma un café con nosotros para compartirnos un poco de qué se trata este espacio de hermandad y reencuentro que ya lleva diez años, o más bien, treinta y siete años.

“Quiero sacar el pin de mi hermano, es lo que más me interesa si hay fotos”. Beatriz recuerda con mucha emoción a Marcos: “Era un muchacho muy creativo, totalmente rebelde. Provocó en la familia todos los cambios posibles. Desde nenito se hacía sus propios juguetes con botones y plastilina, hacía batallas inmensas y después rompía todo. Era totalmente alegre, muy libre, irradiaba energía. Jugaba al rugby y amaba a los Beatles, tenía pelo largo. Fuimos hasta el Machu Pichu en auto, recién ahora estoy pudiendo ver fotos de aquellas épocas.” Las palabras sobre su hermano se intercalan todo el tiempo, interrumpen sus relatos. Está con ella, lo mantiene vivo.

 

– ¿Cómo surge la organización Herman@s por la Verdad y la Justicia?

-En el año 2002 apareció en Madres una periodista que trabajaba en derechos humanos para el gobierno de la Ciudad, estaba haciendo una investigación y pidió testimonios de hermanos de víctimas. Recibí un llamado de Tati Almeyda, me comentó de la reunión y fui. Estaban Ana Sabino, Margarita Maroni y yo. Ana falleció. Todavía retengo la imagen plástica de ese lugar de Madres línea fundadora, un lugar muy amado, íbamos mucho ahí, acompañábamos. Atardecía, y la pared tenía carteles de HIJOS y de Abuelas. La periodista puso el grabador en el medio y empezamos a hablar. El recuerdo más profundo que tengo es que nos olvidamos del tiempo. Hablamos de nosotras, de nuestras historias, nos abrazamos, lloramos. Ahí surgió ese sentimiento: ‘¿por qué no nos reunimos más?’. Empezamos a convocar a otros hermanos, muchos de ellos militaban con sus hermanos desaparecidos y otros también eran hijos de Madres de Plaza de Mayo, pero no estábamos juntos. Entonces, elegimos un lugar, lo sugerí yo porque tenía a mi papá muy enfermo y necesitaba que quedara cerca de donde estaba él, fue la confitería Tuñín en Castros Barros y Rivadavia, empezamos a hablar, pero había mucho ruido y poca intimidad, entonces nos cruzamos a las Violetas, a una mesa redonda. Fue la primera reunión, a raíz de ella tuvimos la noción de que necesitábamos algo distinto para nosotros.

 

– De alguna manera encontraron un clima de hermandad entre los compañeros…

-Sí, porque los hermanos somos los contemporáneos, somos los que escuchamos sus voces, sus llantos, discutimos, compartimos militancia y confidencias. Somos los pares. Y esta sensación muy fuerte explica por qué surgimos. Tuvimos que seguir la pérdida del par, de algún modo también tuvimos que cuidar a nuestros padres, a los hijos, acompañar a los amigos de nuestros hermanos. Fue largo, un exilio interior enorme. Al encontrarnos empezamos a reproducir esta relación fraternal. En muchos casos no había otra, yo no tengo otros hermanos, perdí a Marcos y no tengo dónde encontrar de nuevo esa relación incondicional y absoluta, de peleas, alegrías, juegos y complicidad. Pero algo de eso encontré en este grupo, con todo el costo que implica. Es volver a encontrar ese lugar fecundo para cambiar, entre todos, fortalecernos. Es darle cuerpo a nuestros hermanos que se fueron tan jóvenes, poder abrazar a un hermano maduro que es como él o como ella nos permite instalarnos en un espacio real encarnado en el reencuentro.

Beatriz era dos años más grande que Marcos, mantenían una relación muy íntima. Compartían espacios de estudio, mientras ella repasaba Historia del Arte, él le leía sus textos de Arquitectura. No sólo el arte los unía, también sus ideas: “En nuestra casa la política se vivía con mucho debate. La decisión de Marcos por integrarse al PRT y a la clandestinidad surgió a raíz de La Noche de los Bastones Largos. Ese día estuvo presente, vio esa violencia inexplicable contra los docentes y se llenó de indignación. Su entrega fue total, fue su vida. Tomó con conciencia y lucidez que la historia había que cambiarla, que los jóvenes tenían que pensar en otro mundo. Me hablaba de todo eso, compartíamos la vida política, discutí mucho con él, dolorosamente, porque sentía que era un riesgo muy alto. Pero finalmente terminaba respaldándolo, siempre. El día antes de irse le pidió a papá que lo bendijera, teníamos una relación familiar muy fuerte, pero eso también hizo que viviera sus experiencias con total libertad. Desde la clandestinidad seguía trabajando. Mi papá se enfermó de la cadera y lo tenían que operar, Marcos vino a casa a verlo. Ese día lo secuestraron. El momento fue terrible porque yo abrí la puerta, mi hermano vino y les dijo: ‘No le peguen más: soy yo’. Nunca me voy a olvidar, se acomodó el reloj y no lo pude ver más”. Esa voz es la que lleva con ella, la que hace que tenga fe para seguir: “No tengo su cuerpo, no tengo sus huesos, pero tengo su voz”.

 

Imagen: NosDigital

-En todos los testimonios, los integrantes de Herman@s confiesan que se crearon una especie de pared alrededor para poder contener a sus padres en ese momento, que no les ganara el dolor. ¿Cómo se transita ese cambio para fortalecerse y luchar?

-Es una pared que nos pusimos todos. Reunirnos fue empezar a abrir ventanas en esa oscuridad. Creo que la muralla como tal, ya no estaba, pero aún no habíamos podido atravesar ese portal de ingresar a la generación que nos acompañaba en ese momento. Generamos una red colectiva que trajo crecimientos individuales y colectivos muy fuertes. Las primeras reuniones después de ese primer encuentro fueron en casas. Eran multitudinarias, el eje pasaba por saber quiénes éramos. Decidimos ser Herman@s de desaparecidos, pero con la aclaración Porla Verdadyla Justicia, porque fueron ellos quienes la buscaron. Nosotros ahora también lo buscamos. Logramos transformar el castigo en un mensaje de vida, que no niega la cruel realidad, pero que tenazmente deja en claro que el terrorismo de Estado no se presentará nunca más.

 

El recuerdo de la cara de Beatriz se hace visible tras una anécdota. La conocemos desde un acto en el Colegio Nacional Buenos Aires, en la colocación de las baldosas conmemorativas que se encuentran ahora en la vereda de este secundario. Fue vocera aquel día, se la veía muy emocionada, pero con un discurso claro, sentido, cargado de orgullo hacia la docencia: “El día del discurso en la puerta del Nacional fue un antes y un después. Nunca había hablado en público de Marcos, nunca puedo contar su historia sin quebrarme. En esos últimos días antes de su secuestro él estaba en la clandestinidad, pero vino a casa  y le trajo a mi papá los dibujos de sus alumnos. Todo el tiempo contaba sobre los chicos, que lo querían muchísimo. Llamaban a casa, ‘¿dónde está el profesor?, ¿por qué no viene?’, lo extrañaban. Una de las últimas veces que lo ví fue en el Colegio. Entraba con tanto amor a ese lugar, compartir con los alumnos actuales y con sus compañeros de aquel momento una colocación de baldosas con su nombre fue muy fuerte”.

 

-Una de tus preocupaciones, por el 2002, era que la juventud de hoy no fuera una víctima del trabajo de la dictadura, de desconcientizar. ¿Cómo encontrás hoy en día a los jóvenes?

-El trabajo en la juventud ha sido permanente, desde el primer momento las Madres hicieron un agujerito en el muro. Se visibilizaron en el peor momento de la dictadura en la Plaza de Mayo, demostraron mucho coraje, contagioso. Veo un movimiento y una conciencia por parte de los jóvenes muy emocionante y valioso. Soy docente de alma, me jubilé hace dos años, si no hubiera sido por mis alumnos, nunca hubiera llegado con tanta fuerza. Porque en todos los momentos en los que fui profesora mis alumnos me enseñaban a mí, porque yo no tenía esperanzas en la vida, yo trataba de disimular eso. Reconozco compañeros en los gestos de los chicos, es una alegría. La generación del setenta es gloriosa, luchó de una manera determinada y sigue creando de una manera determinada. Pero la nueva generación reivindica eso, lo investiga y cuestiona, lo enriquece.

Un Mariano Acosta para el recuerdo

Esas baldosas que dan color en medio de la monotonía grisácea de cada vereda, esas que recuerdan desde el lugar mismo de donde fueron arrancados los detenidos, desaparecidos o asesinados. Fue el turno para la comunidad del colegio Mariano Acosta de pleno corazón porteño. Allí estuvimos para contártelo.

El lunes 14 de mayo pasado la organización “Barrios por la memoria y la justicia” dejó una nueva huella en el camino que transitan por mantener vivos a aquellos hombres y mujeres, jóvenes también, desaparecidos por el terrorismo de Estado de la última dictadura. Se trata de un grupo de vecinos que se juntan semanalmente en representación de cada uno de sus barrios. Se reúnen después de sus trabajos, laburan apoyados en un compañerismo sentido y se manejan a pulmón. Su tarea y objetivo es colocar baldosas a lo largo y ancho de todala Capital Federal en aquellos lugares específicos donde fueron secuestradas, para luego ser asesinadas, personas durante la década del ´70. En este caso fue el turno de la  Escuela Normal Superior N°2 Mariano Acosta, uno de los establecimientos educacionales que más víctimas tiene en manos de la A.A.A. y los militares. 35 jóvenes, cada uno con su nombre, hoy son parte de las veredas del lugar que los vio estudiar, militar y crecer.

Nora es una de las integrantes del grupo de Balvanera, junto con sus compañeros nos explicaron la importancia de su trabajo. Ellos mismos diseñan y consiguen los materiales para hacer las baldosas, tienen un objetivo y una razón muy claros: “Tratamos de salirnos del concepto global de treinta mil desaparecidos. Entendemos que cada uno de esos miles era una persona, con sus nombres y con sus historias. Nosotros reconstruimos esas historias, identificándolos, conociendo sus apodos. La baldosa es poner nuevamente en la calle, presentes y caminando, a todos los compañeros que durante o antes de la dictadura fueron secuestrados y desaparecidos. Volver a tener en la Ciudad sus pasos, para que la memoria esté fresca, quienes pasen los van a ver ahí.”

El acto se reprodujo en las puertas del Mariano Acosta, los oradores se repartieron entre profesores actuales y autoridades. Los saludos y las adhesiones llegaban desde todas las organizaciones de derechos humanos, incluso varias Madres de Línea Fundadora se acercaron en persona a presenciarlo, entre ellas Nora Cortiñas. Luego llegó la hora de los integrantes del Centro de Estudiantes quienes dijeron estar orgullosos por el crecimiento de su escuela y aseguraron que la mejor forma de reivindicar a los desaparecidos es a través de la lucha activa: pedir becas, mejoras edilicias, inaugurar nuevos espacios.

Por último fue el turno de las palabras de un ex compañero de algunas de las víctimas: “Muchas veces nos preguntábamos qué pasaría el día de mañana, qué dirán los chicos de seis años que vengan a cursar a la escuela y encuentren las baldosas con los nombres de nuestros queridos compañeros. Sabrán que fueron quienes lucharon por la educación publica, conviviendo con el terror y la ignorancia de aquellos tiempos, que lucharon para que de este colegio hayan podido salir grandes maestros y profesores comprometidos con la enseñanza”.