“No la vi más”

Un festival para visibilizar casos de negligencia, violencia y explotación sexual. En pleno centro porteño, frente a Tribunales, el lunes 16 de marzo convocaron familiares de víctimas de desapariciones por trata. En seis años 3166 chicas escaparon o fueron rescatadas . Sin clientes no hay trata. 

El mismo 16 de marzo de 2015 se cumplieron diez años desde la desaparición de Florencia Pennacchi y dos del secuestro de Milagros Gonzalez. “Las historias de todas son lo mismo. Tienen sus diferencias, pero en esencia son lo mismo”, discute un hombre con familiares de víctimas en el festival contra la trata. Frente a Tribunales, en la plaza Lavalle, se levanta el escenario. “No la vi más”, repite Pedro el hermano de Florencia en un video detrás de los músicos. La imagen se detiene en los ojos, que quedan mirando de frente a algún que otro juez, fiscal, secretario, que se arrepiente de haber relojeado por la ventana.

“Allá. Esa es la dirección del prostíbulo”, le dice un hombre a Margarita Meira, de Madres de Constitución, señalando primero el edificio de detrás del escenario, sobre la calle Libertad, entre Lavalle y Tucumán, y después un papelito de esos con un culo enorme y un número de teléfono. Como ese, Meira dice que hay más de 1300 prostíbulos, “con más de diez chicas secuestradas en cada uno”.

Margarita es la madre de Graciela Susana Meira.
Margarita es la madre de Graciela Susana Meira.

Ese prostíbulo también mira de frente a esos jueces, fiscales, secretarios.

El “No la vi más” sigue repitiéndose, y representa a los familiares de cada una de las 500 mujeres que desaparecen por año. “Y si vuelve, ya no es lo mismo. La violación es constante”, termina el hermano de Florencia Pennacchi.

Existen casos de mujeres que se escapan o son rescatadas. 3166 entre 2008 y 2014, según la Oficina de Rescate y Acompañamiento de Personas Damnificadas del Delito de Trata.

Los números precisos de la cantidad de personas secuestradas son imposibles de conocer, por la forma en cómo se dan, por silencio mediático, encubrimiento judicial, que suele desoír e investigar a las familias. Luisa Olivera, madre de Mariela Tasat, por ejemplo, recién pudo dar a conocer públicamente la desaparición de su hija 12 años después. 

 

Mariela Tasat . “No la vi más” desde el 7 de septiembre del 2002

Estaba en la puerta de su casa con el hermano, que entró a atender el teléfono. Cuando salió ya no estaba. Todavía se culpa. Luisa se encontró con otras madres demasiado tarde. Hoy son su sustento. Con la causa cerrada, sigue buscando a su hija. 

Luisa Olivera, madre de Mariela Tasat.
Luisa Olivera, madre de Mariela Tasat.

La policía no le hizo esperar 48 horas para tomar la denuncia, únicamente porque el padre de Mariela era ex policía. El primer mes parecía que la causa se movía. La televisión mostró la cara de Mariela. “Siempre por un tercero nos decían que la habían visto. Que en el barrio La Fe, en Monte Chingolo. Siempre conocidos de amigos de amigos de mi hijo o algo así. Se hicieron varios allanamientos en el barrio. Después se cortó todo. Nadie me llamó, nadie hizo nada. Mi marido iba al Juzgado y le decían ‘No, ya está. No hay nada’”, cuenta Luisa.

Al segundo mes, para Canal 13 ya era “noticia vieja”. Para la policía, Mariela se fue por una pelea familiar.

Al cuarto año Luisa se enteró que, en realidad la causa estaba cerrada desde dos días después de la desaparición. El secretario del Juez Bonadío le pidió alguna novedad para poder abrirla.

En 2007, fue una amiga con la que Luisa trabajaba quien le dijo: “La vi a Mariela”.  La había visto en la puerta de un prostíbulo en Agüero, a dos cuadras del Boulevard de Los Italianos, en Monte Chingolo.“Tenía una pollera escocesa con una botas largas y tenía una remera blanquita, como cremita. Como blanca, pero sucia”, le especificó.

La comisaría 8va y la fiscalía hicieron lo necesario para entrar recién cuatro horas después de que Mariela fuera vista. Que sola no, que falta la orden, que el patrullero no aparece. Entraron y Mariela no estaba.En ese momento no caí. Me tendría que haber mandado o llamado a mi hijo para decirle: ‘Venite y nos mandamos’”.

Imágenes: NosDigital.
Imágenes: NosDigital.

Luisa no tiene ni tuvo plata para un abogado. Hasta hoy en día no sabe “cómo mierda está la causa”, si cerrada o archivada.

“Ahora, juntándome con otras madres me entero que me tienen que dar un abogado estatal. A los 15 días que asumió Kirchner yo me entrevisté con él.

-Sí, querida. Pero yo hace 15 días que asumo. Todavía no estoy en la pasta, integrado. Yo lo único que puedo hacer, te vamos a ayudar, es mandarte con el Dr. Podestá, que está en La Plata”.

La atendió una sola vez y nunca más le respondió un llamado. 

 

Otoño Uriarte

Su padre todavía hace silencio. Escribe el discurso que va a leer desde el escenario después de que toque Salta La Banca y lo comparte con otros familiares. Otoño apareció asesinada después de siete meses de su secuestro. Tenía 16 años, volvía de la escuela. Las seis personas acusadas fueron sobreseídas. La policía disperso rumores estúpidos. Los mismos de siempre: la culpa, de la víctima.  

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Roberto Uriarte, padre de Otoño.

 

Milagros Gonzalez

Fue secuestrada el 16 de marzo de 2013, a los 14 años. Se escapó por sus propios medios. Las investigaciones judiciales apuntaron y apuntan siempre a la familia: si iba a la escuela, si los hermanos estudian, si Milagros tenía fantasías antes del secuestro. “Milagros fue violada. ¿Qué fantasía es esa?”, se pregunta Silvia Mónica, la madre. Ahora Milagros fuma. No es un vicio por una familia que no la haya atendido. No. Empezó a fumar en el psiquiátrico, donde también se hizo adicta a algunos medicamentos. 

Silvia Mónica González, mamá de Milagros.
Silvia Mónica González, mamá de Milagros.

Cuando Silvia necesitó ayuda policial, tuvo estas respuestas: “¿Cómo crió a su hija?” “¿No sabe dónde fue?” “Seguro tiene un novio y usted no lo sabe”, “No tengo fotocopiadora”, “La fiscal no me mandó la orden”. Cuando Milagros apareció, sí tuvieron tiempo para sacar una orden de allanamiento y declarar a Silvia insana por no tener marido, tener trabajo y seis hijos.

Milagros fuma. Lo aprendió en el psiquiátrico, donde le dieron drogas legales hasta crearle una adicción.

Aunque la ley de trata se lo garantizaba, tuvieron que pelearla y esperar para que se les diera una casa en otra localidad. Hasta que lograron mudarse, las amenazas e intimidaciones policiales fueron moneda corriente.

Milagros todavía tiene brotes nerviosos. Ve algo, escucha algo y le viene a la mente el secuestro o las violaciones o… Y si bien quiere volver a estudiar, ninguna escuela la aceptó este año. Prefieren evitar el compromiso de darle los medicamentos y los problemas por nuevas tensiones nerviosas. 

 

Florencia Pennacchi “No la vi más” desde el 16 de marzo de 2005

Sigue desaparecida desde el 16 de marzo de 2005, cuando fue vista por última vez al salir del departamento del barrio de Palermo, CABA, donde vivía con su hermano. Dos chicas rescatadas de prostíbulos atestiguaron haberla visto en las provincias de Córdoba y Buenos Aires. Cuando tenían que presentarse a ampliar su declaración, una fue nuevamente secuestrada; la otra, intimidada.

Desalojando Buenos Aires

El 2013 tuvo cifras récord de desalojos de viviendas y este año arrancó con todo contra el espacio público y predios tomados en la zona desatendida de Lugano. Historia y datos para entender por dónde viene la mano.

El desalojo es el síntoma de una serie de políticas mal contenidas, el último recurso, correr atrás de la pelota.

La moda de desalojar hoteles familiares, casas tomadas y predios ocupados crece año tras año, cuando en 2006 fue ya decretada la “emergencia habitacional” en la Ciudad; hoy el desborde es evidente: cerca de 500 familias ocupan un predio lindero a la Villa 20, como respuesta a las urbanizaciones mal planteadas y razones infinitas.

Los que tienen coronita

Mientras tanto, en Ciudad Gótica más del 23% de las viviendas particulares se encuentran deshabitadas; pensemos en Puerto Madero. Las comunas 8 y 9 de la zona sur tienen el déficit más alto pero también una gran proporción de parque habitacional deshabitado. Sobre ellas el gobierno porteño avanza con un “plan maestro” que significa vender una serie de terrenos al desarrollo inmobiliario, so pretexto de igualar el desarrollo del norte con el del sur. “Pero detrás de esos buenos principios”, explica Jonatan Baldiviezo, abogado especializado en temas inmobiliarios, “lo que se hace en la práctica es privilegiar a propietarios o emprendimientos inmobiliarios. Se lleva el Metrobús, el subte, se instalan los polos tecnológicos, de las artes, del deporte, que son extensiones para la instalación de nuevos emprendimientos comerciales”.

Ejemplo: los polos (tecnológico en Parque Patricios, Audiovisual en Chacarita, etc.) son delimitaciones en un sector de la ciudad donde residen empresas que gozan de beneficios económicos: “Tienen exenciones impositivas de 10, 20 años, no pagan ingresos brutos, ni derecho a la construcción”, dice Baldiviezo. Aparte de este oasis fiscal en pleno Buenos Aires, el desarrollo prioritario de estos proyectos dejan relegados las construcciones residenciales, que son acaso las que urgen.

La entrada del mercado a las villas

En este momento, Jonatan habla desde la ocupación de la Villa 20, la cual junto a su agrupación Colectivo por la igualdad y como representante de Abogados ambientalistas está ayudando a organizar. Cuenta que son 500 familias en igual cantidad de lotes, un predio que se extiende de la Villa 20. “Es la única villa que tiene un banco de tierras para la urbanización”, dice Baldiviezo. Justamente esa promesa incumplida es uno de los detonantes de la ocupación masiva, según una lógica que explica también la toma desalojada del Indoamericano en 2010. Baldiviezo: “Nosotros entendemos que urbanizar es poner servicios públicos, integrar al barrio, solucionar la vivienda a los inquilinos, otorgar propiedades… El PRO dice que no lo puede hacer, entonces lo que busca es dar títulos de propiedad, que es el último paso”. Al parcelar las villas y dejarlas en deterioro, lo que se habilita es la entrada especulativa del mercado sobre esos terrenos: “Para que el mercado ingrese tiene que haber propiedades en las villas. Es el proceso lento de sacarlos, para que el mercado las compre a precios bajos y  que luego sea el mercado el que vaya urbanizando”.

Este tipo de maniobras dejan desprotegidos sobre todo a los inquilinos, que no se agarran ni de los títulos de propiedad: “Entonces la única forma que ven es tomar la tierra”, explica sobre la ocupación de Lugano. “Este predio quiso ser vendido en el plan maestro, los vecinos lo defendieron porque son su promesa de urbanización, y hace años que es un cementerio de autos”.

Los desalojados como nueva clase social

La responsabilidad no es sólo del gobierno municipal cuando de entender las fluctuaciones de las migraciones se trata: el éxodo del campo hacia la ciudad producido por un monocultivo que precisa escaso trabajo, y tecnologización de las tareas; las oportunidades aparentes o reales que parece brindar la city; acaso los propios desalojos aparentes o reales de las propias provincias.

El gobierno de la Ciudad se manda la parte; no sólo en el tema vivienda; los desalojos a manteros en la vía pública muestra también que la idea de sacarlos, de desplazarlos no contiene una segunda respuesta. Es decir, en forma de las preguntas que se hacen estos trabajadores: “Si nos sacan de la calle, ¿a dónde vamos a ir?”

En el caso de las viviendas el Gobierno porteño ofrece la opción de un subsidio habitacional que consta de seis cuotas de 450 pesos con opción de extender a cuatro cuotas más; según el programa de Atención de Familias en Situación de Calle son 3.500 los beneficiarios del plan que cumplen con todos los requisitos; muchas personas lo solicitan pero no acceden a cobrarlo.

Lo cierto es que más allá de estas ayudas que no ayudan a nadie, el año pasado la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia realizó un análisis sobre el presupuesto para vivienda del período 2008-2012: “Para todo el período los gastos de los programas de vivienda representaron porcentajes significativamente menores a los asignados originalmente por la Legislatura. En 2010, por ejemplo, la Legislatura destinó un 2,6 por ciento del presupuesto general pero en el gasto real realizado por el Ejecutivo implicó sólo un 1,5 por ciento”. Esta diferencia la explican las subejecuciones del presupuesto que permiten al gobierno reasignar recursos que en principio estaban destinados a una cartera, hacia otra por motivos que deben explicar. Estos acomodos significaron partidas por casi mil millones.

El Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC) no construyó una sola casa en el período 2010-2013, según estadísticas de la propia Dirección de Estadística y Censos de la Ciudad. En cambio, en los bosques de Palermo pueden verse camionetas ploteadas con promotoras con calzas negras publicitando al IVC. “El IVC está totalmente desguazado, sólo tiene infraestructura con personal transitorio, y todas sus competencias se pasaron en la práctica al ministerio de hábitat e inclusión social”, cuenta Baldiviezo.

De aquella Ley de Emergencia Habitacional sancionada en 2006, quedó nada. La creación de un fondo presupuestario para programas habitacionales nunca fue reglamentada; y el artículo que suspendía los desalojos a inmuebles públicos fue vetado por el ejecutivo del Gobierno de la Ciudad.

Se hizo uso en cambio de una medida aprobada en 2001 que permite ejecutar un desalojo antes de que sea dictada una sentencia judicial: “desocupación inmediata”.

En este contexto se cuentan 2.300 familias con sentencia firme de desalojo en la Ciudad de Buenos Aires, según el Programa de Atención a Familias en Situación de Calle.

La manta corta

¿Cuál es el negocio? La ciudad del club de amigos no sólo aplica derecho de admisión a los que no les caen bien – la política patovica- , sino que hace sus negocios gracia a la famosa “burbuja inmobiliaria”.

En los últimos años se ha ido incrementando el precio de las propiedades, al punto que triplica el índice inflacionario del resto de los bienes.  Según un informe de la Dirección de Estadísticas y Censos de la Ciudad de Buenos Aires, entre 2002 y 2005 la superficie construida creció un 600%, y el metro cuadrado aumentó a razón de un 35% anual. Este proceso de valorización del suelo urbano está impulsado por el dinamismo que tomaron el mercado de la construcción y la actividad inmobiliaria, guiados por una lógica especulativa, cuyos protagonistas guardan estrechas relaciones con algunos funcionarios porteños.  Acreditada está la de Nicolás Caputo, íntimo de Macri y ex asesor del gobierno, dueño de la firma CAPUTO S.A. que consigue licitaciones para construir llamativamente seguido. Telemetrix, Altote, Mediterránea, American Traffic, Instalectro e IRSA son otras de las empresas que viven ganando licitaciones que habilitan a construir en suelo porteño.

El abogado Baldiviezo explica: “La lógica de la expansión de la especulación inmobiliaria en la Ciudad presiona sobre la recuperación de los predios que están en manos populares o que no tienen cierta seguridad en la tenencia. Los proyectos de desarrollo tienen bien determinadas hacia qué áreas van a impulsar y hacia dónde se van a orientar: fue Palermo, Belgrano y ahora es la zona sur con San Telmo y La Boca, que es donde casualmente hay la mayor cantidad de desalojos”.