La danza de la posesión

Entre salas de ensayo y escenarios diversos, se mueve ágil el coreógrafo Pablo Rotemberg. Con dos obras en cartel y otra en pleno proceso creativo, se toma un respiro para repensar la danza y sus propias producciones.

Pablo Rotemberg dice casi todas las cosas más de una vez; las piensa, se critica, se corrige y las vuelve a lanzar como torpedos al aire. Tiene mirada profunda y los ojos alerta, manos movedizas y tantas ideas agolpadas en su pensamiento que hay algo de su discurso que siempre se nos escurre. Se dice neurótico: aIMG_2705 la salida de sus obras se lo puede encontrar tanto eufórico como deprimido. Siempre falta algo y siempre hay algo para corregir. Como un monstruo de dos cabezas – por lo menos –, se hará pedazos a sí mismo para luego justificarse y mostrarse vanidoso. Crítica y espectadores coinciden: es un coreógrafo que hay que ver. Inquieto en su hablar como en su trabajo, se encuentra sumergido en un nuevo proyecto – que cree se llamará “Wagner” –, y tiene en cartel “Las Vírgenes” – estrenada a fin de año pasado como proyecto de graduación de estudiantes de Artes Dramáticas del IUNA – y “La Idea Fija”, que va por su quinta temporada en El Portón de Sánchez.

“Nunca me sentí lo suficientemente bueno para nada”, dispara Pablo sin medias tintas. Es por eso que probó meterse con un poco de todo y armar algo a partir de eso. De chiquito estudió piano, fiel al deseo paterno, e inició un recorrido en la música que continúa hasta hoy.  Cuando tenía 17 años, el Comité de Admisiones de la Julliard School – uno de los conservatorios de arte más competitivos a nivel internacional – creyó que él tenía lo necesario para seguir la carrera de pianista en su academia. Sin embargo, Pablo no estuvo de acuerdo: “si hubiera tenido pasta para seguir la carrera de pianista, si hubiera tenido la sensación de que eso era para mí, hubiera sido feliz, era mi fantasía”. Dice que la música quedó en su cabeza y sigue siendo lo que más disfruta. Tras esta crisis que define como “existencial”, hizo un breve paso por la carrera de Diseño del Paisaje en la Facultad de Agronomía, y luego aterrizó en la flamante Universidad del Cine. Tres años después, cuando egresó como Licenciado en Cinematografía con orientación en Guion, le hizo un nuevo “ole” a la vida. A pesar de considerarse un cinéfilo perdido, a Pablo el cine no le gustaba para trabajar, porque lo social le cuesta y el cine es una actividad que implica delegar; la relación más estrecha con el dinero y la tecnología tampoco lo convencían. “Ahí empecé a estudiar teatro con Ricardo Bartís y por una compañera empecé a tomar clases de danza, de Graham y Ballet. Y me di cuenta que se empezó a armar algo que me gustaba”. Pablo se quedó en el movimiento y sigue en este baile.

IMG_2775“Yo creo que hay un cierto misterio en el movimiento, o quizás es lo que me digo a mí mismo, lo que me armo para justificar mi trabajo, quizás no es verdad. Es una imagen en la que me gusta creer, en la que me gusta tener fe, por la cual yo trato de justificar por qué la danza”, confiesa Rotemberg. A la pregunta de por qué el movimiento, qué tiene eso que pueda superar la palabra, el texto o la imagen filmada, se contesta: “Hay algo del movimiento que es más inefable, revela otra parte de uno que de otro modo no saldría. La palabra es más controlada, más racionalizada. El movimiento puede ser la puerta a algo oculto”. El año pasado, Pablo se enfrentó a un desafío: tuvo que crear y dirigir una obra para 20 estudiantes que se recibían de Actuación en el IUNA. Esos cuerpos sin recorrido en la danza fueron la materia prima de “Las Vírgenes”, que hoy se puede ver los sábados a las 23 hs en El Teatrito de French 3614. El proceso de creación duró entre 5 y 6 meses, y el disparador fue pensar en hacer La Casa del Diablo (obra que en paralelo Pablo preparaba con el Ballet Contemporáneo del San Martín) por no bailarines. El día del estreno de “Las Vírgenes”, Pablo y su asistente, Josefina Gorstiza, se miraron atónitos: “Parecían poseídos. A mí me interesa el cuerpo poseído, hay algo que se manifiesta en la actitud física, más allá de lo que pase con las mentes. Cuando está bien hecha, tiene un grado de intensidad y de posesión, que tiene que ver con cierta inocencia por parte de ellos, no hay del todo conciencia sobre lo que se está haciendo, y eso es muy atractivo”.

“Hay algo que se armó con La Idea Fija. Me parece que tuvo que ver con el desnudo, pero un desnudo en vivo no como ‘mi cuerpo es un objeto bello’, sino que son cuerpos más vulgares y carnales. Hay algo de nuestra morbosidad argentina respecto al sexo que gusta, hay algo con el humor, con lo popular, la música pop, el texto que también aparece.” Los elementos que Pablo enumera se conjugan en La Idea Fija, obra que indaga sobre la violencia, la soledad y el sexo, y se mantiene por quinto año en cartel (domingos 19hs en El Portón de Sánchez), de la mano de los intérpretes Alfonso Barón, Juan González, Rosaura García, Diego Maurino, Marina Otero. El sexo, canonizado en nuestra sociedad como “la” relación, asociado a una supuesta intimidad, aparece aquí deshumanizado, sordo y ausente. Los movimientos mecánicos y violentos de los cuerpos desnudos de los intérpretes empapados en sudor develan que lo que obsesiona en las relaciones humanas es atraer al otro hasta poseerlo, capturar su atención, en un mundo poco amable en el que a veces solo un golpe puede hacernos sentir y sacarnos del entumecimiento.IMG_2677

Ante el éxito de la obra, sorprende que el borderó (balance de la venta de localidades) de las funciones sea una especie de viático, lejos de ser un sueldo. Pablo afirma que “al nivel de producción en el que nosotros estamos, el éxito es poder mantener la obra cuatro años en cartel, casi enteros, tener la posibilidad de girar en el país y afuera. Dentro del circuito que estamos la obra prácticamente desde el estreno casi siempre estuvo llena. Para una obra de danza es inusual”. Para Pablo, todos los que trabajan en las artes escénicas aspiran al reconocimiento, al rédito económico y la fama. Sin embargo, ante la palabra “éxito”, tiene algunas reservas: “Me gusta la idea del éxito, porque es como un premio al trabajo que uno hace. Pero la palabra me suena un poco absurda porque la danza no tiene ningún prestigio, no tiene un público amplio porque no hay difusión, tiene poca visibilidad”. Pablo denuncia las injustas y desiguales condiciones de producción de la danza respecto de otras disciplinas: no cuenta con Instituto Nacional de la Danza, es un circuito más chico, con menos dinero y difusión, el Fondo de las Artes está colapsado y Prodanza es solo para Capital Federal. Y a la danza todavía le falta generar esa cosa gremial que tiene el teatro, aunque Pablo reconoce que las nuevas generaciones tienen un sentido de realidad más interesante en relación a la concepción del arte como trabajo y cree que eso va a permitir que puedan subsistir por más tiempo produciendo. En cambio, para su generación las cosas son un poco distintas: “La gente empieza a dejar de coreografear, eso no está bueno, porque no se genera una tradición. Si bien es una sociedad en donde se valora la juventud en todo orden, igual está bueno que las personas de 50 años sigan haciendo obras, incluso para que los más jóvenes vean que tienen posibilidades de una proyección sostenida en el tiempo”.

Aunque Pablo a veces se pregunta para qué seguir produciendo con todo el sacrificio que implica, por suerte, lo sigue haciendo. Y hay un tema que lo obsesiona: la violencia. “Caminar es agresivo, la vida es agresiva, al cuerpo lo va destruyendo de a poco. Yo trabajo con una violencia literal, pienso que espacializo algo violento que hay dentro mío, en mis obras. La verdad es que no me interesa juzgarlo, sí analizarlo en terapia, pero esa espacialización que hago es como curativa y a la vez me atrae escénicamente”. En el actual proceso de creación de su próxima obra, se pregunta por qué lo violento, para qué, cuáles son las consecuencias para el cuerpo, pero siente “que todavía tengo que seguir con esto y de acuerdo a lo que resulte me parece que algo en mi producción va a cambiar. Todavía me obsesiona el tema”.

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Ausencias de Consejo, Flores del IUNA son

Planes de estudio infinitos, aulas sin infraestructura, autoridades que no responden, alumnos cansados que migran a otras escuelas buscando más certezas. A los reclamos con aroma a añejo, se suma una crisis institucional: Julio Flores es el decano re-electo de forma ilegítima, que reniega del consejo departamental y se cree director/dueño de escuela.

Es miércoles y son casi las diez de la mañana cuando bajamos del colectivo en Bartolomé Mitre al 1800, cruzamos de vereda y dejamos los bostezos en la puerta de esta sede del Instituto Universitario Nacional de Artes. Me sorprende encontrar los pasillos del edificio tan quietos. Pero mientras bajamos las escaleras hasta el subsuelo y recorremos una a una las aulas vacías pienso que debe ser el momento del día, esta mañana de café y caramelo, e imagino en unas horas el ir y venir de mil manos ansiosas vibrando con las ganas de hacer arte.

La estructura de madera que nos encontramos sobre una de las paredes del pasillo parece algo así como un perchero. Pero no son abrigos los que cuelgan en esta mañana de invierno. Una junto a otra, desde la serenidad del blanco y negro, las caras que aparecen en esas fotos parecen decirnos buen día. Debajo de cada rostro hay dos fechas. Fecha de ingreso. Fecha de deserto. Las cruces que acompañan este cementerio de rostros también están acompañadas por palabras. “Eterno mismo plan de estudios”, dicen, “eternamente cursando”, “eternamente el negocio IUNA”. Son palabras que conozco, quejas que ya escuché. Planes de estudio infinitos, aulas sin infraestructura, autoridades que no responden, alumnos cansados que migran a otras escuelas buscando más certezas.

En los pisos de arriba hay un poco más de movimiento, apenas algunas aulas en las que resuena una voz apagada, reglas y lápices desparramados sobre las mesas, un pincel que dibuja una pausa. Me sorprende una canción que no conozco y me detengo a espiar un empeine que se curva. Y es que en este edificio no funciona, como yo creía, solamente el Departamento de Artes Visuales (que tiene otra sede en La Boca), sino también el área de Crítica y una parte de Movimiento.

De Artes Visuales y de su compleja situación institucional vinimos a empaparnos hoy. Y por eso ya en la esquina asoma la mochila de Damián Barbarito, que forma parte de Ensamble Artístico, la conducción del centro de estudiantes, y es además Consejero Superior. Junto a él y a partir de su relato intentaremos reconstruir cómo se llegó a la situación que transita hoy el departamento, con un Decano relegido ilegítimamente que ha dejado de convocar consejos departamentales que de manera ordinaria deberían al menos producirse una vez por mes.

Empecemos por el principio. Las elecciones fueron en octubre del año pasado. “Fue todo muy turbio. Nosotros presentamos siete tipos de impugnaciones diferentes porque hubo muchas irregularidades. Antes de que sean las elecciones de Decano tienen que renovarse todos los claustros. Y estos tipos la hicieron en el medio de las elecciones de Graduados. Era la primera vez que se hacían las elecciones para Consejeros de Graduados, porque después de 10 años recién se juntaron los cincuenta que se necesitan” cuenta Damián, “el chabón entonces mandó a la elección sin quorum, le faltaban Consejeros, se estaban haciendo las elecciones, se votó a él mismo.”

En marzo de este año, cinco meses después de comenzado el conflicto, los estudiantes lograron que se convocara un Consejo Superior Extraordinario para tratar la cuestión, proponiendo una nueva realización de las elecciones de Decano que se pusiera en práctica de modo serio y legal. Sin embargo, la moción que se aprobó fue la presentada por la Rectoría del IUNA, donde se exigió que la cuestión se resolviera en los Consejos Departamentales. “El Consejo Superior lo que dijo fue ‘arréglense ustedes’, y entonces Flores quedó como Decano y no llamó más a un consejo. En realidad llamó a uno solo, para tratar posgrados. Un consejo extraordinario y con un solo tema. Nada más.”

A pesar de que el Decano no es el único con la facultad de convocar Consejos Departamentales, ya que también pueden hacerlo los Consejeros, la situación está trabada. Para que el consejo se concrete tienen que ser al menos tres Consejeros los que lo llamen, y luego tiene que haber quorum. Ocurre que si bien las otras partes acceden a participar, lo hacen imponiendo ciertas condiciones, principalmente destituir a Flores de su cargo, “y el tema es que vos no vas a llamar a un consejo para sacar a uno y poner a otro.” Es decir, no es una opción real. Todo se reduce a una suerte de niñería que no permite avanzar en ninguna dirección. “Estás muy al horno cuando la parte más “madura”, así entre comillas, es la parte estudiantil, porque los chabones tienen todo el resto del Consejo.” Mientras la situación continúa estancada, resta todavía mencionar una cuestión clave: el Decano tiene la atribución de sacar resoluciones ad referéndum, es decir, que puede tomar decisiones que luego deben ser validadas o rechazadas por el Consejo. El problema reside en que, a pesar de que el consejo no se reúna, las resoluciones del Decano tienen valor, en tanto “hay una cuestión que es de principios de derecho administrativo que indica que una resolución es válida desde el momento en que se levanta hasta que alguien dice que no es válida.”

Qué camino tomar entonces frente a la ausencia de un espacio clave de discusión, debate y resolución de cuestiones múltiples. Una de las posibilidades es acudir directamente a la instancia del Consejo Superior, materia compleja en tanto hay tecnicismos y cuestiones burocráticas de por medio. Como cuenta Damián, “te pueden rebotar cualquier cosa porque vos te estás salteando una instancia. Vos tenés que debatir las cosas en Consejo Departamental, si algo no sale la tenés que apelar ahí, el órgano tiene que revisarlo y si no se puede resolver ahí recién pasa al Consejo Superior.” Otra posibilidad es acudir al Rectorado, pero sin perder de vista que ahí también hay intereses en juego. Dice Damián que no hay mucho de lo que puedan encargarse sin intervenir el departamento, con la consecuente bajada de línea que ello comportaría. “El modelo que empuja la gente del Rectorado es más bien el de una universidad chiquita, cerrada, súper elitista. En los departamentos donde está esta gente hay cursos de ingreso súper restrictivos, edificios chiquitos, osea, todo para una élite, como eran las antiguas escuelas de danza o de música”.

A medida que recorremos los recovecos de este laberinto, va tornándose cada vez más claro que para resolver la cuestión es imprescindible la participación y el compromiso del estudiantado. “En realidad lo que habría que hacer es llamar a Consejo con presión de los compañeros. La comunidad tiene que estar informada. Vos pasás, y es como muy difícil instalar entre los chicos por qué esto es importante. La mayoría ni siquiera sabe que existe el Consejo, lo cual es terrible. Los pasos me parece que son: habría que instalar el tema con los compañeros, y después convocar un consejo con la presión de la comunidad entera.” El IUNA es una universidad joven y según nos cuenta Damián desde los estudiantes hay una militancia muy corta. Aguafuerte, la agrupación a la que él pertenece que hoy forma parte de Ensamble Artístico, la conducción del centro, tiene apenas dos años. En ese sentido la desinformación general se vuelve muy difícil de encarar, y a ella contribuye el hecho de que las diferentes sedes estén tan separadas entre sí. “Al estar tan dispersos vos tenés que hacer todo un trabajo de militancia en cada sede como si fuera una facultad. Y dos años es muy poquito. No llegás a movilizar. Si no, uno dice ‘ya está, habría que tomar la facultad’ pero si tus compañeros no están con eso, no están informados, no están al tanto de lo que estás haciendo, no estás tomando, son cinco locos atrincherados en una universidad pública.”

Dice Damián que el problema central es la falta de conciencia acerca de qué es una universidad. “Esto fue armado hace 10 años, y aunque suene duro, la mayoría de los docentes y de la gente que trabaja acá, nunca piso una universidad en su vida (…) La cabeza de esta gente no entiende que el Consejo es un órgano de gobierno, me parece, siguen con la mente de cuando esto era una Escuela Nacional, y en las escuelas nacionales la máxima autoridad era un Director. No entienden que Director no es Decano.” Y mientras el órgano que debería regular las decisiones del Decanato continúa sin funcionar, las problemáticas se acumulan. Son murmullos que condensan en los carteles de los pasillos, ojos que se resignan detrás de un café, voces múltiples que se dejan escuchar y se quejan porque las correlatividades se exigen de un día para el otro, porque el presupuesto no está detallado, porque desde su creación Visuales cuenta apenas cincuenta graduados, porque lo mínimo que necesitás para un aula es que tenga sillas y un pizarrón, porque se robaron los proyectores nuevos, porque no hay agua, porque se están cerrando comisiones a lo loco, porque parece que lo que de verdad se busca es vaciar la Universidad. El Departamento de Artes Visuales navega a la deriva, y todavía no aparece en el horizonte nada parecido a una solución.

Una verdadera pérdida

La sede de avenida Las Heras del IUNA es un edificio que conmueve por su belleza. Sin embargo, está cerrado y los estudiantes no pueden usarlo. Las condiciones edilicias no son buenas, pero tampoco son buenas las esperanzas que se tienen para armar un proyecto para acondicionarlo. Algo curioso, justo en una universidad que tiene la carrera de restauración.

Callao derecho y doblás en avenida Las Heras, al 1749, te sorprende una fachada de principios de siglo XX, lamentablemente, la puerta esta cerrada.

El edificio construido por el arquitecto Carlos Nordmann, quien tiene en su haber obras como El Torreón del Monje en Mar del Plata o el demolido Teatro Coliseo, fue en sus principios una elegante vivienda señorial y luego sede de la prestigiosa Escuela Nacional de Bellas Artes “Prilidiano Pueyrredón”.
Hasta que a fines de 1996, instituciones terciarias y superiores de arte, se fusionaron para conformar lo que hoy se conoce como IUNA, Instituto Universitario Nacional de Arte. Desde entonces, funciona en la sede de avenida Las Heras el departamento de Artes Visuales.

Es indiscutible que el edificio es testimonio de la historia del arte argentino, pero conjuntamente goza de múltiples protecciones legales: la ley que resguarda construcciones públicas con mas de 50 años de antigüedad, la ley 3056 que por ser anterior al año 1941 no permite demoliciones ni alteraciones y el hecho de estar catalogado como protección estructural por el GCBA. A pesar de todos estos “beneficios”, hoy los alumnos de las diferentes licenciaturas no pueden disfrutarlo.

En agosto del 2010, fue cerrado por el peligro que le generaba la construcción de un hotel en el terreno lindero. Pasillos apuntalados, paredes caídas en el subsuelo, puertas de acceso y seguridad con dificultades para ser abiertas, grietas en el piso y escaleras, es el panorama que se presenta en la actualidad.

Damián, integrante del frente Ensamble Artístico Independiente, asegura que desde el Centro de Estudiantes uno de los reclamos principales es la reapertura de la sede Las Heras, pero que no obtienen respuestas por parte de las autoridades.
Con respecto al valor cultural del edificio y el patrimonio que se encuentra dentro, Jimena, consejera por la mayoría del frente EAI, reclama: “Adentro tenemos una biblioteca de puta madre (pide perdón entre sonrisas y corrige), libros de gran valor en peligro de que se destruyan; así como un montón de materiales que nosotros necesitamos cotidianamente y que por una cuestión de que no se sacan no los tenemos hoy para trabajar”.

Frente al proyecto presentado por las autoridades de ampliar en aproximadamente 2000 metros cuadrados la capacidad del edificio una vez recuperado, para así funcionar como sede única del departamento, Jimena, nos dice: “Es un poco contradictorio. Primero habría que pensar en cómo poder recuperarlo y cómo evitar que se derrumbe y en todo caso en un futuro proyecto por ahí pensarlo como un edificio único para visuales”.
Y concluye: “Uno de nuestros reclamos es tener un edificio único, pero no en estas condiciones”.

Si bien en Agosto del 2010 se presentó por parte de las autoridades el proyecto “Puesta en valor de la sede Las Heras” (Expediente Ministerio de Planificación 290516/10), a mas de un año del cierre, el edificio de carácter singular y memoria cultural peligra, en una facultad en la cual se dicta la carrera de Restauración y Conservación…