Mucho palo pa’ que aprenda a no crear

Los atropellos del Gobierno de la Ciudad a la cultura no tienen frenos. Políticas de desfinanciamiento, mercantilización del arte y cierres de espacios culturales. Esta vez, la clausura le tocó a San Nicolás Social y Cultural. Para el domingo 5, organizan el Festival de Inspección Popular frente al Ministerio de Cultura.

La puerta es alta y angosta, la siguen algunos escalones y otra puerta. Adentro – y arriba –tantos recovecos como historias se apretujan y se esconden a lo largo de esta casona, típica chorizo. Desde el zócalo, me mira el recuerdo de la risa de unas noches atrás. Sigo. Hoy hay fiesta en las paredes; se celebra un cumpleaños, pero eso yo todavía no lo sé. El patio, corazón de cualquier casa como ésta, está techado, y apenas sopla el frío que afuera se siente hasta lo más hondo del ombligo. Pero ni este patio es como otro patio, ni esta casa es cualquier casa. Acá funciona, desde hace casi un año, San Nicolás Social y Cultural. Un lugar de encuentro y de expresión de artistas de múltiple lenguajes, donde los que se sientan en estas sillas no son espectadores, sino amigos de la casa con participación activa en el devenir de cada noche. Si te encuentra la mañana en San Nicolás, vas a descubrir que es también un espacio de formación, con talleres diarios. Se me mezclan los tiempos y me trabo con la conjugación de algunos verbos. Lo certero es lo que pasó la noche del 19 de junio: “Había un recital de Pablo Dacal, un cantautor que estaba cantando sin micrófono y con la guitarra sin amplificar; había 50 personas sentadas en las mesas, un clima súper íntimo, súper tranquilo. Y bueno, cayeron. Tenían  el flyer del evento y la gacetilla de la difusión impresa. Nos clausuraron”, recuerda Pablo Vergani, uno de los coordinadores del espacio. Como la cultura no duerme, enseguida empezaron a organizar el Festival de Inspección Popular que tendrá lugar frente al Ministerio de Cultura porteño el domingo 5 de agosto desde las 15 hs. “Esa misma noche, empezamos a movernos. Nosotros ya sabíamos cuál era la situación, sabíamos cuál era la política sistemática que se estaba sosteniendo. Sacamos una solicitada en repudio a lo que nos pasó pero también para instalar el tema de las políticas culturales y rebotó en Facebook más de mil veces; fue como toda una efusividad con eso y entendimos que de alguna forma teníamos que canalizarlo en movilización real y que no quedara en compartir una foto o poner ‘me gusta’”, nos dice Pablo. Va a haber música, pintura en vivo, teatro y otras manifestaciones artísticas. El cierre será la clausura del Ministerio por no tener habilitación social.

En la Ciudad de Buenos Aires, se calcula que los centros culturales en peligro de cierre son más de 60. ¿El motivo? No tienen habilitación comercial. ¿La trampa? La legislación porteña no contempla la figura de los Centros Culturales y Sociales en su Código de Habilitaciones y Verificaciones. Deja un vacío legal complejo y obliga a estos espacios a tramitar una habilitación como “café-bar”, “club social y deportivo” o “teatro independiente”. Como dicen desde San Nicolás: Los mismos requerimientos que se exigen para que un bar de Palermo cobre en dólares un plato de fideos con albóndigas y para montar mega recitales en estadios, se reclaman a proyectos autogestionados, de encuentro, cooperativos. “Queremos la habilitación, pero la que nos reconozca en nuestra compleja especificidad, en el tipo de espacio que somos. Ese vacío legal, en vez de reconocerse como falencia, se utiliza estratégicamente para cerrar espacios. Hay prostíbulos que se habilitan como boliches y ante eso se hace la vista gorda; en cambio, a los lugares que escapan a la lógica comercial, con una función social clave, se los clausura sistemáticamente, se los persigue”, nos dice Pablo. Casa Orilla, Espacio Cultural El Puente, San Nicolás Social y Cultural, Casa del Pueblo, Centro Cultural Pachamama (“El Pacha”), Compadres del Horizonte, La Usina Cultural del Sur, Centro Cultural y Social Almagro, Casa Zitarrosa son solo algunos de los espacios clausurados o con orden de desalojo durante la gestión del PRO. Si a esto le sumamos el desfinanciamiento de programas como Proteatro y Cultura en Barrios (con más de 500 talleres cerrados), el desalojo de la Sala Alberdi y los numerosos conflictos con los trabajadores de distintos teatros municipales… ¡qué pobres vamos quedando! ¿Será que no alcanza la plata? Más bien parece lo contrario: hace algunos días se hizo público que en un acuerdo firmado por los ministros de Cultura, Hernán Lombardi, de Desarrollo Económico, Francisco Cabrera y el brasileño Roberto Medina, presidente Dream Factory, el Gobierno porteño accedió a ceder gratis el Parque de la Ciudad para el Festival Rock in Rio y a hacerse cargo de adecuar las instalaciones del parque público.

Para hacerle frente a estas políticas – de negocios – culturales, se conformó el Movimiento de Espacios Culturales y Artísticos (MECA). En el 2011, los 15 centros culturales nucleados en MECA elaboraron y presentaron ante la legislatura porteña dos proyectos de ley: uno para regularizar la situación de los sitios de cultura emergentes y crear la figura de “Centro Cultural y Social” y otro para que se fomente la actividad desde el Estado. A más de un año, no hay novedades. “Te obligan a funcionar a puertas cerradas cuando nuestra lógica es diferente, nosotros queremos ser un espacio abierto, comunitario, al que se pueda acercar cualquiera. Hay todo un circuito de estos espacios, que cada vez son más, pero que en un 90% funcionan a puertas cerradas, para quienes saben dónde queda o a quién preguntarle, y eso atenta contra la lógica de esta movida. Nosotros queremos funcionar a puertas abiertas, difundir las actividades que hacemos. No es la idea ser marginales.” Pero las ausencias también son políticas. En la era post-Cromañón, son muchos los medios de comunicación que se han encargado de vincular la cultura, la inseguridad y la juventud, en vez de enfatizar lo obvio: las relaciones y los acuerdos entre funcionarios del Estado con empresarios inescrupulosos que privilegian el carácter mercantil de la cultura. Pablo agrega: “Es como lavarse las manos, como no son lugares que dejen rédito comercial, para ellos es preferible que funcionemos a puertas cerradas sin habilitación y caer y clausurarnos, que darnos una habilitación que nos corresponda y fomentar económicamente. Pero si está presente un ente gubernamental, ya tienen la responsabilidad. En lugar de hacerse cargo, prefieren esto.”

Pablo todavía se acuerda cuando el año pasado la casa que había sido de su familia por tantos años quedó vacía y su vieja le dijo si no la quería alquilar él. Se acuerda cuando se lo contó a un amigo y enseguida salió la idea del centro cultural; esas primeras semanas de acomodar todo con las manos que se multiplicaban a cada instante. Un año después, los amigos son cada vez más y todos trabajan para el festival del domingo. Dejamos que lo digan ellos: “El domingo 5 de agosto, vamos a demostrar qué es lo que defendemos. La música en vivo, la pintura, el teatro forman parte de nuestro irrenunciable patrimonio. Te invitamos a compartir una tarde disfrutando de todo ello, mientras alzamos nuestra voz para exigirle al gobierno porteño el merecido reconocimiento. Los espacios culturales autónomos no somos comercios y el Ministerio de Cultura de la Ciudad debería saberlo. No vamos a aceptar entrar en su lógica comercial. Mejor, que ellos exhiban su habilitación social.”. Nos vemos ahí.