Linchado, muerto e impune

A Lucas Navarro, 15 años, lo mataron porque intentó robar. Y la Justicia no condenó a nadie. En medio del bombardeo mediático de los linchamientos, su hermano lo recuerda en esta nota.

A Lucas Navarro lo lincharon el 28 de marzo de 2010. Tenía 15 años. Hubiera cumplido 20 el viernes pasado, 18 de abril. Trató de robar un auto que entraba en un chalet del barrio Los Pinos, en Isidro Casanova. La víctima de ese intento, Gastón Roda, se convirtió en asesino junto con su padre Horacio y Gastón Dillman, Adrián González y su padre Norberto. Dillman se le sentó encima mientras los demás lo pateaban hasta romperle el cráneo. La policía llegó media hora después de que empezó el problema. Cerca de 40 personas veían lo que estaba pasando y no hacían nada para evitarlo. Le preguntaban a Lucas de dónde era, qué había hecho. Al principio Lucas respondía desde el suelo a las preguntas, pero las patadas siguieron. Durante el juicio recordaron los gritos de “Llevátelo porque lo matamos”. Un policía le tomó el pulso y supuestamente todavía tenía, aunque muy leve. Lo esposaron estando inconsciente y lo metieron en el patrullero para llevarlo al hospital Paroissien, en el kilómetro 21 de la Ruta Nº 3. Cuando llegó, llegó muerto. “Fueron contra mi hermano y no contra los agresores”, se lamenta con la cabeza en alto Gastón Navarro, hermano de Lucas.

¿Quién era Lucas?

En la casa todos trabajaban. Eran cuatro hermanos varones, el padre y la madre. “Todos teníamos que laburar porque no es como era antes, que solo el padre lo hacía. Él se encontró solo y equivocó el camino. Él había dejado la escuela en 2009 y en 2010 volvió. Estaba mucho mejor. Recién empezaba la vuelta a la escuela cuando pasó esto. Lo que duele es que se crean que la madre de un delincuente, por así decirlo, no sufre. Todos sufrimos su falta ahora. Se creen que la madre del que delinque es prostituta, el padre vende falopa. Lo que no ven es que le puede pasar a cualquiera que un hijo equivoque el camino. Nosotros estábamos atrás de él, pero a veces llegaba con un celular robado y lo parábamos ahí nomás, pero el daño ya estaba hecho. La calle no es buena compañera. Él se encontró con pibes más grandes. Tampoco es fácil ayudar a un pibe que llegó a eso porque no sabés cómo va a reaccionar”, recuerda.

Justicia y objetividad

“A los dos días de que lo mataron, en la casa de la familia Ronda había un micro antimotín y habían vallado las dos esquinas. Yo me imagino que eso no les pasa a todos. Se imaginaban que los hermanos del pibe que mataron eran unos delincuentes. Nada que ver. No tiene por qué ser así. Nunca fui a tirar una piedra a la casa, nunca los insulté. Llegó, no por casualidad, al abogado Alejandro Bois, de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. A un amigo suyo le habían matado un hermano en la represión del 2001, y Bois tomó el caso. Lograron llevarlo a juicio. La fiscal Silvina Breggia caratuló “Homicidio en agresión”, como si no hubiera habido intención de matarlo. “Yo pretendería que quien imparte justicia sea más objetivo que yo. ‘Usted está insultando mi inteligencia’, le dije. Si cinco tipos se sientan arriba de un pibe de 15 años que pesa 48 kilos y le pegan en grupo, sí querían matarlo. Todos los testigos apuntan a estas cinco personas. No lo pudimos revertir. Uno no espera que le pase una cosa así, entonces no sabe qué puerta tocar”. El Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) Nº 5 de La Matanza absolvió a los Gonzalez y los Ronda porque entendió que lo quisieron proteger. El mismo Tribunal había absuelto a todos los policías en el caso Gastón Duffau, muerto a golpes dentro de un patrullero. “Esas personas que deberían ser objetivas no lo son. En vez de resolver el caso de mi hermano, están pensando que el que mataron es un pibe chorro. Cuando empezaron a leer la sentencia, parecía que los iban a sentenciar. Después empezaron a dar vuelta la cosa y por poco no me hacen pedirles disculpas porque, decían, lo querían cuidar a mi hermano. Si lo querés proteger, lo agarrás, lo metés en tu casa y no le pegan más. Si querés proteger a una persona, lo hacés. ­­Gastón Dillman firmó un abreviado y los otros cuatro dicen que se sentaron arriba para que no lo golpearan. A nosotros ni se nos avisó de ese abreviado (juicio en el que acordó tres años de sentencia excarcelables). Yo lo tuve que reconocer en la morgue y era un monstruo. Te das cuenta de la saña con la que le pegaron. ¿Qué decís? ¿Que no lo querías matar? Yo confío en la Justicia si hago las cosas como tengo que hacer. Entiendo que puedo lograr justicia, pese al fallo de primera instancia en contra”, dice Navarro. Además de los testimonios, los peritos encontraron una inflamación en el empeine de un pie de Horacio Ronda. Supuestamente quiso frenar una patada. Gastón Navarro enumera las pruebas: “No hay que ser muy inteligente para pensar que es difícil frenar una patada con el empeine. El tipo le pegó una patada a mi hermano. Los testigos apuntan a que a ellos los ven golpeándolo”.

Los medios y el quilombo

Al mismo Gastón Navarro que le mataron un hermano lo invitó Mauro Viale a su programa de televisión. Sin avisarle, lo sentó frente al padre de una chica asesinada durante un robo. “Yo no voy a estar feliz de que me roben, pero no me voy a convertir en asesino”, tuvo que explicar en vivo, frente a una cámara, frente a otra cámara y frente a un hijo de puta que lo deja parado como un asesino a él, que le mataron un hermano. Con la misma calma, ahora reflexiona sobre esa entrevista: “A veces los medios buscan crear un quilombo. Y yo no tengo nada contra esa persona. A él le mataron una hija, a mí un hermano. Yo busco que el caso se conozca. No me importa la inclinación política del medio. Lamentablemente tengo que aprovechar este mal momento porque antes a mí no se me dio pelota”.-¿Qué pasa ahora con los linchamientos?-Ahora están de moda. De hecho se ve, son casos aislados, como fue un caso aislado el de Lucas, pero ahora se ven más porque apareció Gerardo Romano y supuestamente evitó uno. Pero no es de hoy. Por lo menos acá se ve muchísimo a la salida de los boliches. Lo terrible es que la gente piense que eso es justicia. Esta semana estuve en muchos medios y mucha gente llamaba para decir que hubieran hecho lo mismo, lo hubieran matado. Yo no creo que toda la gente que dice que mataría, mataría. Creo que la gente dice porque mucha gente lo dice. No creo que todos seamos asesinos.

-Pero te sentaron en el programa frente a una víctima, te pusieron del lado del delito.

-Cuando fuimos a juicio yo decía: “Soy una persona objetiva. Yo no defiendo a los chorros. No me va a poner feliz que me roben. De ahí a matar a una persona, estoy muy lejos”. Mi hermano pesaba 48 kilos y tenía 15 años. Si querés parar a una persona así, lo agarrás de una oreja, le metés una patada en el culo. Entiendo esa reacción. No puedo entender que cinco tipos se le sienten encima y le peguen hasta matarlo. Siendo cinco personas, alguno tiene que parar la cosa. Si no, formas parte de un asesinato. Parás a un delincuente y te convertís en un asesino. Mi hermano tenía que ir a un juzgado de menores o a un lugar donde se pudiera recuperar. No me puedo excusar en que un pibito entra y sale para matar a una persona.

-¿Qué impresión te parece que deja esta sentencia de primera instancia?

 -Queda como que la víctima son los que lo mataron. Ellos no son ninguna víctima de nada. Si mi hermano, yo estoy seguro, en vez de ir a delinquir, hubiera ido a jugar a la pelota y pasaba esto, el caso estaba resuelto. El problema es que mi hermano fue a robar. Entonces, mataron a un chorro, no mataron a una persona. Se creen que la gente sufre diferente. La justicia tiene que ser igual para todos. En definitiva a mi hermano lo mataron. Yo no justifico los errores de mi hermano. Tenía que estar detenido o en un centro de rehabilitación. Por no rehabilitar a los que cayeron en eso, estamos convirtiéndonos todos en asesinos por miedo de que nos pase algo. A veces puede pasar por una confusión, con esta mentalidad, que te terminen matando a vos porque la gente está nerviosa de que cualquiera te quiere robar. Ahora pasa con los motoqueros, van a tener que usar chaleco, no van a poder ir de a dos. No hay soluciones. No todos los pibes son chorros. Los pibes no tienen una salida. Por temor estamos justificando matar a una persona. A mí realmente me da mucho miedo, como sociedad, lo que está pasando. Pero insisto en que no todos los que dicen que matarían, realmente podrían hacerlo. Si no, estaríamos rodeados de asesinos. Quiero creer que no es así.

Policía para todos

Un proyecto promueve crear una policía propia para cada distrito bonaerense con más de 70 mil habitantes. Otra vez, más efectivos como la solución al problema. ¿Cómo se vive en los barrios marginados? 

policiaQuienes promueven la creación de la policía comunal para distritos de la provincia de Buenos Aires con más de 70 mil habitantes, “respetando la procedencia territorial de los aspirantes que se seleccionen para incorporarse”, sostienen también que los efectivos estén siempre armados, por si acaso “algún delincuente se quiere vengar”. Reconocen la naturaleza violenta de una institución que durante 2012 mata más fuera de servicio que con el uniforme puesto (Derecho para matar), pero pretende armonizarla con la comunidad.

La discusión mediática pasa por quién pagaría y por quién tendría el poder de manejar a esa nueva fuerza: los intendentes – todavía barones del conurbano (Llevamos mucho tiempo sin democracia en Merlo) y cada vez más cerca de la oposición de derecha-.

¿Qué piensa un secretario de seguridad?

Gustavo Posse, intendente de San Isidro, se quejó de que el Ejecutivo Nacional le quitara los gendarmes: “Los trajeron para la época electoral”, y lanzó una campaña de inscripción para ingresar a la policía: 10 mil efectivos destinados a San Isidro, José C. Paz, Malvinas Argentinas, Vicente López, San Fernando, Tigre y Pilar.

El ministro provincial, ex intendente de Ezeiza Alejandro Granados define: “El que hace política con la inseguridad es un salame”.

Los altos sueldos supuestamente descartan las posibilidades de que la policía vuelva a amotinarse. Dice el secretario de seguridad:

Clarín: –¿No hay una queja subterránea en la Policía por los sueldos bajos, ni posibilidad de que vuelvan las sublevaciones del año pasado?

Granados: –No, si cualquier policía gana 12.000 pesos. Andá y preguntale a cualquier policía en la calle cuánto gana y vas a ver.

Trato diferenciado

El Centro de Estudios Legales y Sociales enmarcó en un estudio de 2013 las diferentes formas de actuar según sectores sociales: “Las zonas pobres de la ciudad de Buenos Aires y los partidos del Conurbano han sido históricamente un ámbito diferenciado de las políticas de seguridad y de las prácticas policiales. Tradicionalmente, los modos en que las policías se relacionan con los vecinos de estos barrios y con estos territorios han implicado prácticas abusivas, tanto en el trato cotidiano como en los grandes operativos. (…) Pese a la variedad de las intervenciones de seguridad en barrios pobres, hay particularmente un punto en común: difícilmente serían toleradas en zonas habitadas por sectores de clases medias y altas. (…)”. Por ejemplo: el relevamiento de prácticas abusivas cotidianas, que tienen lugar tanto en intervenciones regulares (por ejemplo, allanamientos con orden judicial) como en la participación en redes de ilegalidad (por ejemplo, en negocios de toma de tierras y venta de drogas).

Granados insiste: “El déficit número uno es la falta de policías. A fin de año egresaron 5.000 cadetes y los mandamos a la Costa. El Operativo Sol fue extraordinario. Por más que me lo quieran bajar, fue así. Pregúntenle a la gente que fue a la playa. Ahora esos policías volvieron a sus lugares de origen, porque eso es lo que se había pactado. El de Olavarría se fue a Olavarría, el de San Pedro a San Pedro, así que una buena cantidad no puede venir al Conurbano”.

El secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, advirtió que la policía comunal “puede ser un elemento innovador, pero si no se  emplea correctamente puede tener los efectos no deseados”. Agregó: “No emplearla correctamente es que la policía municipal se termine convirtiendo en la fuerza de choque de un intendente, por ejemplo”. La presidenta Cristina Fernández había adelantado su oposición al lanzamiento, porque militantes de La Cámpora denunciaron golpizas de agentes de San Isidro, gobernado por el opositor Gustavo Posse.

El caso testigo

En La Matanza, el intendente Fernando Espinosa lanzó en abril de 2010 su policía municipal compuesta, según sus propias palabras, por ex militares y ex policías con portación de armas. A metros de Capital, en ese partido había desaparecido 13 meses antes Luciano Arruga, previamente torturado por la policía y amenazado para que robara para la comisaría 8va de la Bonaerense. Vanesa Orieta, hermana de Luciano Arruga explica cómo se legitimó la apertura del destacamento donde fue torturado y visto por última vez: “Algún sector de Lomas del Mirador se sintió identificado con el discurso de la inseguridad de Vecinos en Alerta (Valomi), y empezó un reclamo por más seguridad. Estaban influenciados por la forma de vender la noticia en los medios de comunicación. Cuando algún sector de la sociedad se siente inseguro recurre a criminalizar a los sectores más pobres porque creen que por tener menos educación, toman tierras, no trabajan. Todo ese mito es aprovechado para formar estos discursos discriminadores”. Las palabras de Vanesa, su experiencia, grafican qué sucede cuando se pide más seguridad.

Matín Insaurralde, ex intendente de Lomas de Zamora, hoy diputado nacional, defendió la propuesta de creación de la policía comunal desde España: “Tomando las experiencias en materia de seguridad, logística, infraestructura que vivió España. Hemos visto cómo la tecnología, el profesionalismo ha creado una fuerza local, comunal que le está dando resultados de excelencia a Madrid y a todo el país”. ¿Les suenan las políticas importadas? ¿Los anhelos de ser como el Viejo Continente?

¿Qué pasa en la calle?

Desde San Justo, La Matanza, Familiares y Amigos de Luciano Arruga describen el vínculo de vecinos con la policía: “La relación es de control sobre los pibes, y también de manipulación porque muchos jóvenes terminaban siendo rehenes de las propuestas de estos policías de robar para ellos. La relación entre los vecinos y las fuerzas de seguridad suele ser la misma. Sean gendarmes, bonaerenses o policías tipo municipal o Policía Bonaerense dos. Algunos vecinos exigen presencia de la policía a causa de la inseguridad que, sabemos, existe. Otros son los que a la policía le tienen miedo y se comen un verdugueo nuevo todos los días. No creemos que eso sea diferente con la municipal. La impresión que Luciano en particular tenía de la policía era la que vivía en su barrio. Estaba acostumbrado a que la policía los parara a él y a sus amigos, se lo llevaran detenidos, los tuvieran varias horas, los golpearan en la comisaría. Lo tenía naturalizado. Si se preguntaba algo era por qué lo molestaban. Se daba con él como con sus amigos y con cualquier otra persona en la misma situación”. Es decir: jóvenes y pobres.

La Policía Metropolitana, creada en 2010, no fue excepción. Al año siguiente provocó cuatro muertes y en agosto de 2013 una más; en todos intervinieron funcionarios fuera de servicio. Esas armas policiales que sólo deberían utilizarse en servicio, también han provocado numerosas muertes en conflictos intrafamiliares, parejas mal avenidas, peleas entre vecinos o incidentes de tránsito, el rubro que menos prensa tiene en la denominada inseguridad, y que más vidas se lleva.

La industria de la pobreza

La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de La Plata (APDH) resumió en septiembre de 2010 lo que estructura los problemas de inseguridad. “Hemos ‘asistido’ a numerosos procedimientos en villas miserias o barrios de emergencia bajo el modelo denominado ‘de saturación’, es decir, rebalsar el barrio de personal de seguridad con gran despliegue de armas y móviles policiales. Da la imagen de ‘guerra’; de lugar ‘tomado’, es fuerte ver esas imágenes”.

Desde la APDH hace tiempo que venimos denunciando una estructuración social perversa que reconoce su origen en la década del 90 pero cuya lógica impera aún hoy. Es decir, aquel círculo vicioso de pobreza, marginación, drogas, cárcel, libertad, marginación, cárcel o muerte: la  desproporción y desequilibrio económico acudiendo solidariamente hacia esos sectores sociales, en realidad, se ha creado una subrepticia e inconfesable industria de la pobreza. Las demás clases  sociales viven de los pobres. De allí la inacabable creación de juzgados penales, fiscalías, todo ello con nombramiento de personal para las distintas funciones que se requieren, psicólogos, asistentes sociales, especialistas de toda especie, policías: la de siempre, la policía dos, policía rural, policía comunal, agencias de seguridad, venta de tecnología vinculada a la inseguridad, gendarmería afectada a la seguridad, construcción de cárceles, aumento del personal policial y penitenciario, aumento de los gastos de mantenimiento de toda esa estructura, compra de armamento, vehículos vinculados a la luchas contra el delito, etc. Es difícil saber el presupuesto que ello demanda”.

Mi viejo supo que me mataron

Diego Nuñez fue fusilado por un policía en el palier de un edificio de Caballito. Le pegaron cinco tiros, aunque procuraron que quedara como que le dieron solo uno. Su papá lo buscó durante dos días hasta que lo encontró en la morgue. Su hermano está detenido por una causa que, según la familia, está armada. Denuncian torturas físicas y psicológicas para callarlos.

Estaban en El Campito, de La Boca, los de la Kiki Lezcano, los del Bachi La Pulpería, donde yo estudiaba, los del Partido Obrero, los de la Asociación Civil Miguel Bru… Iban a hacer una radio abierta para difundir que a mí me mataron mal y llegó la prefectura. Cuchá:

-¿El permiso para pasar música y vender comida?
-Vos sos profesional de tu laburo. No te tengo que decir lo que provoca la saturación en algunos momentos. Si vos saturás de fuerzas policiales en un momento de dolor tratando de difundir una causa que es una injusticia, lo único que provocás es más bronca. Tu compañero dijo: “Si no tenés nada que ocultar”. Acá no hay nada que ocultar. No hay que sospechar del pueblo.

-Semejante despliegue…

-Siempre llevamos cuatro patrulleros

-Ser pobre no puede ser delito

-¿Le decís que hable con el Ministerio de Seguridad? Estamos haciendo una actividad por la muerte de Diego Núñez”:…

-Los días de partido nadie vigila a los que venden chori. Está todo lleno hasta la cancha.

-Los días de partido depende de la Policía Federal.

-Vos no tocás nada.

-Van en camino.

-Ya está, Gabriel.

Imagen: NosDigital

-¿Usted es el responsable? Dígame su nombre
-Francisco Omar Núñez, padre de Diego Nicolás Núñez, joven asesinado por el policía Pablo Alberto Carmona, de la Federal, el día de su cumpleaños en el barrio de Caballito. Argentino. 48 años el día que sepulté a mi hijo.
Se tuvieron que ir. Había bastante gente y varias cámaras. Y se comieron la respuesta.

Aquel día jugaba Boca. Yo sabía que era un partido fácil. En el fondo quería verlo con mi viejo, pero al día siguiente cumplía 19. Pensé algo así: “Mejor salgo con los pibes. No sé bien qué hacer, a dónde ir. El barrio es un quilombo como siempre que hay partido. Salgo de casa, donde no hay un prefectura hay un cana. A la escuela van solo los profes y algunos grandes que viven cerca, porque la Federal corta todo con vallas y si sos de afuera no llegás, porque otros van a ver el partido. Y yo cumplo años… La dire esta vez me va a aprobar porque le caigo bien, aunque no vaya a todas las asambleas y me pegue unos borradas. Fue”. Y fui.

Salieron para el lado de Caballito. Cuando estaban volviendo, entran al palier de un edificio y, estando ahí, sale un policía de la Federal y los corre arma en mano. Salen corriendo y Diego queda rezagado… y le da 5 tiros. Todos tiros de detención -mortales, tal vez, porque la zona inguinal es muy sangrante-: uno en la pierna, otro en el abdomen, otro en el tórax, y a modo de ejecución, dos en la cabeza –desde arriba hacia abajo, de adelante hacia atrás. La deflagración de los disparos le quema la cara. Eso indica que es ejecución y a muy cerca distancia. Mucha alevosía.

Diego muere instantáneamente.

En el diario El Día, digital, sale que el policía se parapeta detrás de una puerta y le da un solo disparo en el tórax. En realidad, nada fue así. A partir de ahí, nunca nos avisaron. Ese día le habíamos regalado un Nextel nuevo con batería recargada por tres días. No lo usaron. Nunca nos avisaron, nunca le tomaron huellas. Vos, juez Rodolfo Carlos Cresseri , del Juzgado de Instrucción Nro. 40, me dijiste que no lo habían identificado porque tenía mucha tinta en las manos y por eso no había salido. Nosotros lo tenemos filmado desde que lo retiramos de la morgue.

Mi viejo supo que me mataron mal. Lo sospechó siempre. Los conoce. Siempre dice que al pibe que peleaba para que no haya tercerización en los ferrocarriles, lo mataron, que a los que recuperan una fábrica para seguir laburando, los cagan a palos, que la droga, que se fijen bien los corredores: la ruta 14, la ruta 11. Porque lo veo yo, y si lo veo yo, creo que lo ve cualquiera. La tiene clara y te la dice máaas clara. Cuando uno dudaría, él se acerca y te habla más claro y con la posta. Como cuando el juez le preguntó cómo había encontrado mi cuerpo. Después lo tuvo que escuchar.

Lo habíamos estado buscando en comisarías, hospitales, el Centro de Orientación sobre Personas. Cuando vinimos a preguntar si sabían algo en la 24°, nos dijeron que no habláramos con el COP, que ellos iban a hacer una averiguación de paradero. Yo supuse que Diego debía estar en cana. Nos resultó extraño que ellos al toque dijeran de hacer una averiguación de paradero cuando todos saben que eso nunca es así. Te tenés que desangrar frente a una comisaría para que te den bola en estos casos.

Después llamamos al COP. Le describí las zapatillas de Diego, porque eran muy particulares: unas Reebok de cuero blancas con cordones verdes. ¿Y tenía unas bermudas de jean negras y una remera negra? No sé si negra, exactamente negras, pero oscuras sí. ¿Sabés algo? No, no sé nada. Pero me lo estás describiendo. No, no sé nada.

Anduvimos por comisarías de todos lados. Amigos míos del SAME, de guardias de hospitales, recorrieron todas las salas y no encontraron nada. El 20 me fui a acostar porque estaba agotado. Ya hacía dos días que andaba. Me acosté hasta las 14 y fuimos a la morgue porque sospechaba de forma contundente que Diego estaba muerto. Llámese sospecha, llámese intuición…

Fuimos, hablé con un sargento y le hablé de igual a igual. Le dije que buscaba a un pibe con sus características, su ropa. Ellos también conocían el tema de las zapatillas. Todos. Tal es así que cuando la abogada me dice la ropa está, la fue a retirar de la morgue. Sí. Por qué pensás eso? No, por simple deducción. Si todos conocían la ropa, la ropa terminó donde terminó Diego, en la morgue. Sí, es verdad. Gendarmería fue y la retiró para periciar. Cuando hablé con el sargento y le di la descripción y las coordenadas, me contestó que había un pibe joven más o menos con la descripción que fue muerto en un enfrentamiento. Le dije que no dijera eso, que no dijera que fue muerto en un enfrentamiento porque iba a ir preso. A mi hijo lo fusilaron. LO MATARON MAL. Tanto la policía como la política como la jerga como ustedes saben lo que es matar mal o matar bien a una persona. A Diego lo mataron mal. No tenía armas ni nada.

Ya te dije, mi viejo tiene la posta. Los que son unos pelotudos son los de gendarmería. Le dan mal la dirección, los números no coincidían. Mi viejo tiene que andar buscando dónde está gendarmería. Cuando llega, le vuelven a decir que yo morí en un enfrentamiento. Yo lo sé como nadie: mi viejo no se cansa. Vuelta a decirle que no mienta, que iba a terminar preso.

Otros pelotudos son los de la morgue, que me pusieron Ariel Diego Nicolás. Yo soy Diego Nicolás Núñez.
No sé si son pelotudos, si me estaban descansando a mí o lo querían hacer dar vueltas a mi viejo. Seguro que las tres.

Le declaramos que nuestro hijo fue fusilado. Después cambió la carátula de abatido en enfrentamiento a homicidio simple. Yo creo que va a haber otra investigación. Carmona, Pablo Alberto, de la seccional de INTERPOL, que levanta turistas borrachos como aquí levantaría a cualquiera. INTERPOL es una mierda igual que todo. Ahí recibimos la autorización para venir. Cuando llegamos a reconocer el cuerpo, nos volvieron a llamar para declarar dónde lo íbamos a sepultar y nos dijeron que no podíamos sepultarlo. Diego es católico. No lo íbamos a cremar. Filmamos, filmamos, filmamos el cuerpo aunque nos decían que no filmáramos porque “comprometíamos” al tipo de ahí. Tenía toda la cara quemada con salpicaduras de pólvora por el fusilamiento. Dos tiros en la cabeza, en la parte de arriba, hacia abajo, de adelante hacia atrás. La deflagración fue lo que le quemó la cara. Porque hoy las pólvoras ni siquiera humo largan. Esas quemaduras le causaron los disparos por la cercanía del arma. Cuando íbamos a velarlo, de nuevo nos llamó gendarmería para decir que había que tomarle huellas de nuevo para incidencias y antecedentes, cuando Diego tuvo un segundo documento con este nuevo empadronamiento que inmediatamente salen todos los datos. ¿Por qué no se le hizo eso? Diego no tenía nada de tinta en las manos. Nada. Ni mucha, ni poca.

Al otro día, después de boludearnos mal por todos lados, trajimos el cuerpo de Diego a las 16. Lo sacamos de la morgue tipo 17 horas. Por orden del juez teníamos que velarlo con el cajón cerrado. Lo velamos con cajón abierto porque es nuestro derecho.

Me vieron mis conocidos, me van a tener que ver los peritos y me van a ver todos. Carmona está absuelto. Tiene una apelación. No sé cuándo vendrá la devolución del juez. Porque viste que para nuestro lado tardan las devoluciones. Este hijo de puta estuvo en cana menos de 24 horas.

Todo eso indica que hay un gran encubrimiento y corremos en desventaja con este tema porque el juez, así como lo vemos, está fallando a favor del policía aunque sea un homicida. Su argumento es la falta de mérito. Cuando ves la cara de Diego te das cuenta que es un fusilamiento. Las pericias no se hicieron todas. Falta peritar la ropa. O al menos no sabemos si ya lo hicieron porque las devoluciones, ya te digo, no son rápidas. Falta saber a qué distancia fueron los disparos. Y hay más, porque ahora también nos corren con Francisco, nuestro otro hijo. Le armaron una causa y lo están torturando física y psicológicamente. 

Me están volviendo a callar, porque mi hermano va a tener 25 años guardado entre rejas y verdugueado si mi familia se sigue ocupando de mi causa y no de la de él. Mientras tanto, mi asesino sigue libre.

La asociación civil Miguel Bru y la abogada nos ayudaron a saber quién era el policía. El que literalmente lo fusiló. Le aclaro, juez, que un policía es por lo que tiene en la cabeza y no por tener una 9 mm o una Cobalt. En este momento estoy rodeado de otros casos que nos acompañan. Hay muchas muertes de jóvenes en democracia o dedocracia. Solamente policía y nada de trabajo social no es la solución a la inseguridad. Les están quitando inclusive la posibilidad de vivir a los pibes. Todo el poder político nos está bombardeando y matando a los pibes. Y ellos lo saben.