Si he de morir cruzando, que no sea en vano

Por Los de Arriba las manos.

La agenda marca los temas, ¿pero quién marca la agenda? Tendemos a medir todo. Ponerle un número basta para pensar que eso nos permite dimensionar algo hasta agotarlo. Lo que sea que nos permita pensar que comprendemos algo sobre algo, sentirnos tocados por ello, nos desafía cada día desde que en alguna parte del mundo pasa algo. Y necesariamente dar cuenta de la noticia, de lo que nos llegó por intermediarios, de que sabemos, de que oímos, de que opinamos, de que somos, a veces nos pone a destajo.

La deuda externa, las reservas de un Central, la transgénesis, los commodities, las pateras, bolsas de valores y los climas: todo va de la mano. Si como dicen somos piezas mecánicas de un engranaje cuyo resorte en general ignoramos, todas las semanas eso se engrana en el Mediterráneo. El numero de la que pasó fue 900, el número oficial. Vaya a saberse cual fue el real, cuál fue el de la anterior o el de la que está por llegar. Cada tanto, esta noticia reaparece, cobra tapa y contratapa, cita voces de expertos en toda trama, y vaya catarsis social -aunque la repitencia sea indicador de que nada cambió y difícilmente vaya a cambiar.

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Listados innumerables de responsables y cómplices quedan a la vista, pero pocas veces se profundiza sobre los verdaderos causantes. ¿Cómo pensar qué es lo que motiva y maltrata procesos migratorios que terminan tan mal? Difícil intentar reunir aquí los infinitos procesos sociales, políticos, humanos, que terminan impactando sobre la decisión personal de migrar bajo estas condiciones, poniendo en juego la vida y todos los elementos que lo impulsan. Escribir sabiendo como terminó esta historia ya nos hace responsables, al menos, de pensarlo.

Una cosa va atada a la otra y hay dinámicas que los que mencionan al sistema financiero, a la falta de regulaciones, a las fronteras selectivas, a los demonios de esta era –los internos, a los de la propia felicidad surgida del poder de compra frente a la desinversión en educación y salud en general y mucho de lo que hace a la falta de oportunidad, hace tiempo ya empezaron a cuestionar. Fueron ellos quienes nos pasaron el siguiente consejo: que no volvamos a leer sobre las desgracias ajenas sin derecho a exigir algo.

Exigir información con algún trasfondo para no convencernos que con un aumento de presupuesto en los organismos que ya provocan todo va a haber genoma de cambio. Porque si se habla de migrantes africanos y de costas europeas, casi seguro conversamos de naufragios. Ya que cuando encima llegan enteros, a unos los contratan rápido para el trabajo sucio, y a los que sobran, a los chanchos.

Porque son dinámicas de migración fomentadas por países envejecidos que ya ni procrean y por tanto claman infancia ajena, que combinadas con realidades expulsantes sólo se explican si le prestamos atención a determinantes que alarman. Uno de ellos es el control de los recursos naturales, no tanto por parte de los Estados extranjeros sino por empresas multinacionales que con base en aquellos no dejan ni una miga en los países expoliados. Entonces no hablemos de tragedia sin nombrar la letra chica del rol de la Organización Mundial de Comercio, de las lógicas de patentamiento y de los tribunales internacionales donde luego se juzgan los reclamos. Es allí donde aprieta el nudo para entender estas lógicas causales.

Expectativas de futuro también falsas se postulan desde medios que omnipresentes, nos vienen colonizando con valores extranjerizantes. Cable a tierra/tierra a tele y publicidades hasta en el plato, instalan modelos y seducen permanentemente a cruzar el Mediterráneo. Eso porque no están reguladas, ni los medios ni las proclamas, que apelando a una falsa libertad de expresión y de mercado, cuando se intenta equilibrar la balanza, como se dice, golpe blando.

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Y la falta de trabajo, las guerras tan mentadas, los conflictos civiles que desde lejos dos o tres fotos ya consagran, en realidad, excepto la primera, suelen ser exageradas. Que existen, existen, pero no para agasajarlas tanto. Es que si a un medio continente se le define la política económica desde un banco central en je sui Francia, y se le devalúa la moneda cada vez que algún despierto por la deuda externa reclama, si se la ata a un tipo de cambio redituable solo para los acreedores de la banca y no prestamos atención a los índices de los países atados al franco CFA y su eterna colocación entre los Países que Menos Avanzan (ONU) en realidad… ¿qué esperábamos que pasara?

Que si de los acuerdos y las bases militares, del posicionamiento estratégico armado norteamericano, de los 12 millones anuales para el ACRI, el AACOT y otras transas nunca escuchamos nada; de que financiados bajo el lema del terrorismo y la trata, metales, óleos y agua se negociaron, no es que justo se olvidaron de contarlo, es que son intereses locales y extranjeros los que se la están jugando. Y no es caerle sólo a la prensa, es que se arrogan el sentido de informarnos, cuando si analizamos sus componentes accionarios vemos que son los mensajeros de todo ese conglomerado.

La prensa hegemónica matiza y las instituciones fronterizas ejecutan lo que otros cargan en contenedores. Es que, si como dicen, hay que poner un límite, que eso quede lejos de todo lo que genere conciencia de masas. Pero como el mar no calla ni traga, si los que televisaron a los muertos nada de esto nos mencionaron, entonces será tarea nuestra ver qué verdaderamente pasa y por qué de las orillas no pasaron. Porque si tras esas 900 no se habla de los Acuerdos de Tampere, de la Cumbre de Sevilla, del espacio Schengen, de FRONTEX y de sus trampas, entonces nos perdimos entender cuál es la verdadera trama.

Pretendíamos saber de todo, y eso nos llevo a saber de nada. Pero quedó algo que aún recordamos, y vaya carga. Que si los cuerpos sobre el agua normalmente flotan, que 900 se hundan es que de algo van cargadas. Que si los muertos traficaban, simplemente era sus almas. Almas que se hundieron por el peso del antinomio, del flúor y el germanio que cargaban, por el uranio francés que hay en Níger, por el manganeso, el oro y el cobalto del Sahara.

Que si el fósforo del Occidente tras el muro o el vanadio alemán de Burkina Faso hablaran, lo mismo el gas hoy de Bolivia o el petróleo yankee de la Guayra, nos contarían que a las aleaciones industriales y a la aeronáutica le viene faltando lo que los gringos tanto arañan. Y que si se les caen los negociados, se les viene abajo la industria pesada. Porque se les acaban los recursos sobre los que consolidaron una industria sumamente calva, y que para esto se armaron durante tantos años: para cuando les escaseara.

No queda otra que sacudir el polvo de las tapas para buscar quiénes son los dueños de las minas de donde todo aquello se extrae; no es más que indagar cómo consiguieron esos papeles o cómo se negociaron leyes hasta parirlas constitucionales, para entender que a los trabajadores no los amparen derechos o que desde lo impositivo no se recupere nada de lo que sale.

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¿Qué vamos a decir que usted no sepa, excepto un dato ineludible? Sobre cómo se vulnera el derecho al refugio, sobre como se deslocalizan los controles, de eso mucho no se esgrime. De cómo en medio del desierto pagás o no sos nada. De cómo en algunos países, hasta intentar emigrar es considerado falta. Y no olvidemos que en Ezeiza, sin sellito o pasaje de vuelta no subís ni aunque lo valgas.

¿Y el artículo 13 de la declaración universal? ¿Y el derecho a salir de cualquier país, incluso del propio?

“Yo solo cumplo mi trabajo” – dijeron los de la seguridad privada.

Y todo para decir nomás que si nos la vuelven a contar sin citar los PEAS de ajuste estructural o que al 73% de las fronteras las dibujaron los mismos europeos repartiéndose la riqueza por la que ahora no los dejan entrar, lo que están buscando, en el perpetuo ninguneo de los propios protagonistas -a los que no se los escucha, sino que se los indaga-, quizás sea distraernos de lo que pasa en realidad.

Es que si esperamos que nos la cuenten sin matices, es el autoengaño el que nos habla. Y si solo culpamos al otro por no enterarnos de nada, a los medios o a los canales de la pavada, también somos funcionales a todo lo que nos empaña. Por eso no vamos a decir que todo esto en realidad no sirve de nada, porque lo que está pasando lejos, nos deja ver qué tal por casa. Porque acá también flotaron cuerpos, y de acuerdo a algunos, no pasaba nada.

Cerramos con lo que nos dijo un amigo no hace tanto, antes de emprender su viaje por el Sahara. Que si nunca mas de él se supiera, que no sea en vano, que se hablara. Por suerte en el sur del sur del mundo todos nos pusimos de acuerdo en algo, y es en lo que la Ley de Migraciones dice: que migrar, como debe ser, es derecho humano. Y que si al dar vuelta la página, las injusticias no se arreglaron, que del otro lado no se silencie lo que le pasó en el taller clandestino de Flores a los hermanitos bolivianos.

¿De quién es la isla del tesoro?

Con gigantes moáis y a 3700 kilómetros de zonas habitadas, el pueblo rapanui puja por el derecho a su tierra. Desde Rapa Nui o Isla de Pascua, la soberanía colonizada por Chile.

En el cartel contiguo al edificio donde funciona el Parlamento Rapa Nui, conformado por un representante de cada familia, se lee: “Para el conocimiento internacional, Rapa Nui jamás entregó ni cedió la soberanía al gobierno chileno”. En Rapa Nui – “Isla de Pascua”, en la lengua colonizadora – hay un pueblo que resiste. Herederos de una historia de dominación occidental que transformó su vida social y política, diezmando la población, trastocando su patrón de asentamiento y prohibiéndoles su tierra y hasta su lengua, hoy se organizan para hacer frente a las manifestaciones contemporáneas del colonialismo. Desde el 26 de marzo iniciaron cortes y acampes en los accesos a los sitios arqueológicos, por los retrasos del gobierno nacional en la aprobación de una ley que reclaman hace años. El proyecto presentado persigue una regulación de los movimientos migratorios de la isla para la protección del patrimonio cultural y arqueológico y por la sustentabilidad del medioambiente. Un conflicto entretejido en la lucha por la propiedad de las tierras y por mayor autonomía respecto del Estado chileno. El Parlamento funciona desde el 2001 y en su constitución expresa:

“El poder político ‘corrupto’ ha oprimido a nuestro pueblo, durante largos y crueles años, como colectividad erradicada de su propia tierra, como descendencia originaria e innegable (…) Exigimos, por tanto, la restricción en la entrada y permanencia en nuestro territorio de toda persona ajena al mismo, ya que tal situación hace peligrar la integridad y seguridad de nuestro territorio y sus recursos, al adoptar la forma de ‘nueva colonización’ (…) nuestra evolución histórica cambió bruscamente su rumbo natural tras la colonización de la isla, y todos hemos sido y seguimos siendo, víctimas de un poder político discriminatorio y corrupto. Nuestras reclamaciones territoriales han sido permanentes, y con igual intensidad desoídos desde el primer día que se produjo dicha ocupación. Nuestro deber hoy, es recuperar la identidad individual y social que un día nos arrebataron. Reclamamos nuestra identidad y por lo tanto anunciamos nuestra autonomía a través de la creación de nuestras propias estructuras de gobierno”.

Parlamento Rapanui
Parlamento Rapa Nui.

La toma de posesión de Rapa Nui por parte del Estado Chileno fue en 1888. La historia suena conocida: un grupo comandado por el marino Policarpo Toro, llegó a la isla con un documento en español y otro en rapanui mezclado con tahitiano. El texto en español hablaba de cesión sin reserva de la soberanía plena a Chile. A su vez, el texto en rapanui mezclado con tahitiano no hablaba de cesión de soberanía y usaba el concepto de mau te hoa kona (traducido como “amigo del lugar”, que estaría relacionado con una anterior solicitud de protectorado francés) y además indicaba ia i haka tika i ta ite runga, iraro ina he kainga kai ta (traducido como “escribir sobre lo de arriba, lo de abajo no se escribe aquí”, lo de arriba excluye a la propiedad de la tierra). La tradición oral rapanui indica que días más tarde, al izar Policarpo Toro la bandera chilena en la isla, el rey rapanui le dijo “Al levantar tu bandera no quedas dueño de la isla porque nada hemos vendido”. La mujer a cargo de cuidar el Parlamento durante el primer día de la toma, agrega a la historia: “Ellos no sabían español. Yo tengo 60 años y soy de las primeras generaciones en hablarlo fluidamente. Entonces eso fue un abuso, se aprovecharon. Y a mi abuelo lo mataron. A él con otro grupo que integraban el Consejo de Ancianos se los llevaron en una embarcación y los envenenaron en el trayecto. No los vimos más”. A partir de entonces, la cultura rapanui dejó de ser un orgullo para convertirse en una amenaza. Las familias dejaron de hablar la lengua con sus hijos por temor a que fueran discriminados y para alentarlos en un manejo fluido del español. “Para que tuviéramos más herramientas para enfrentar la vida moderna”, agrega Noe, guía turística rapanui de 30 años graduada en España.

A partir de ese momento, los rapanui quedaron encerrados como “inquilinos” en su propia tierra, ahora propiedad de manos ajenas. La isla pasó a ser administrada por la Armada de Chile, que a su vez la arrendó en su totalidad a la compañía ovejera Williamson-Balfour hasta la década de 1950. En este contexto, arrinconaron a los rapanui en el pueblo de Hanga Roa, que aún hoy es el único núcleo poblacional y constituye un porcentaje mínimo del territorio total de 163,6 km2. A su vez, en las primeras décadas del siglo XX el Estado chileno inscribió la totalidad de las tierras de la isla como “tierras fiscales”, violando y usurpando la propiedad ancestral rapanui. Para luego declarar como parques nacionales al 80% de la isla. La historia de Rapa Nui testimonia otro caso en el que los indígenas han sido desplazados de sus territorios ancestrales, esclavizados e incluso exterminados. La colonización supo superar el proceso de descolonización que siguió a la Segunda Posguerra, ahora bajo la forma del Estado de Chile.

Los 15 moáis de Ahu Tongariki.
Los 15 moáis de Ahu Tongariki.

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“Esta mañana llegué al paso hacia Rano Raraku con un grupo de visitantes y me encontré con que estaba bloqueado. Y que detrás del corte, estaba mi padre”. El padre de Noe integra el grupo que desde el jueves 26 de marzo está cortando el acceso al volcán del que se extraía la piedra para la elaboración de los gigantes moáis, estatuas de piedra monolítica encargadas de proyectar el mana (fuerza espiritual y sagrada) sobre el pueblo, venerados por los rapanui entre los siglos XII y XVII. A un lado del cráter volcánico, se encuentra la cantera donde esculpían los moáis y donde hoy cientos de ejemplares permanecen semienterrados, configurando un paisaje único: el de una historia viva. Es el destino principal de los viajeros que visitan Rapa Nui y uno de los dos lugares en donde se ubican las casillas de la CONAF (Corporación Nacional Forestal) administración estatal del Parque Nacional, donde se solicita un ticket de ingreso de 60 dólares. Dinero que, reclaman los rapanui, no se queda ni se reinvierte en la isla, sino que es recaudado por el gobierno nacional para ser redistribuido según su criterio. Como el padre de Noe, hay otras decenas de rapanuis distribuidas en todos los caminos del Parque Nacional bloqueando las entradas a los sitios arqueológicos. Noe caminó sobre sus pasos y le explicó a su grupo:

Cantera de Rano Raraku.
Cantera de Rano Raraku.

– Desde esta mañana, el Parque se encuentra tomado por decisión del Parlamento Rapa Nui como una medida extrema de presión al gobierno chileno para que apruebe la Ley de Migraciones, que se nos promete desde hace décadas. No es contra el turismo, nosotros estamos felices de compartir nuestra cultura y la historia de nuestro pueblo. Lo que se reclama es una regulación migratoria. Por un lado, para hacer valer los derechos ancestrales de los rapanui sobre la isla y por el otro, para proteger la sustentabilidad del ambiente. Rapa Nui se encuentra superpoblada y nos enfrentamos a un agotamiento de recursos. Esperamos que sepan comprender y nos mantendremos informados.

De acuerdo al último censo, en la isla viven 5.761 personas con permanencia fija en la isla, de las que solo 2700 son rapanuis. El resto lo conforman chilenos continentales atraídos por la calidad de vida de la isla y algunos otros extranjeros que llegaron con fines turísticos o científicos y decidieron quedarse. Cuando se habla de la calidad de vida en Rapa Nui, básicamente se refiere a que no hay pobreza en términos sociológicos. La actividad económica está centrada en el turismo y la pesca. Además, se estima que otras 2 mil personas constituyen una población “flotante” que oscila estacionalmente por trabajo entre la isla y el continente. El problema es que el aislamiento geográfico genera una cierta fragilidad de la isla, que tiene espacio, recursos y posibilidades de inversión limitados. El endurecimiento en los requisitos para la residencia permanente en la isla responde a problemas en el manejo de los residuos, fuentes de agua potable, sobreconsumo de electricidad y agotamiento de recursos para la construcción, que ya evidencian una sobrepoblación y un desequilibrio ecológico. Rodeados de puro Océano Pacífico hace décadas ya decidieron derivar sus desechos cloacales hacia cámaras sépticas, opción poco viable para la Europa que ha hecho del Mediterraneo su inodoro principal. Las estadísticas indican que en el mundo hay 3 mil rapanuis. “Cada uno de nosotros es completamente único y somos una representación singular de nuestro pueblo. No existe otra persona en el mundo con mi nombre y apellido”, dice Noe, la guía turística local.

Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

Al llegar a Rapa Nui desde Santiago de Chile no hay ningún tipo de control. De no ser por la pista y, claro, por el avión, no parece un aeropuerto. Antes de aterrizar se reparten unas papeletas de “llenado opcional” que solo se entregan de forma voluntaria. El proyecto de ley para la regulación migratoria que vienen presentando desde Rapa Nui contempla un registro electrónico actualizado y eficaz de todas las personas que ingresen al territorio, su fiscalización, el establecimiento de un tiempo límite de estadía y sanciones por incumplimiento. A partir de una serie de negociaciones con el gobierno chileno se habían logrado los acuerdos para sancionar esta normativa y se habían acordado los plazos, que tenían al pasado enero como última fecha. Sin embargo, sigue siendo una deuda. “No se trata de racismo ni clasismo. No queremos echar a nadie de aquí, solo queremos regularlo”, aclara Noe.

Aunque la organización social para la lucha de los rapanui aún es fragmentaria e inestable, es un pueblo con una larga trayectoria de resistencia. Una de las principales conquistas es que solo los rapanui pueden ser propietarios de tierra en la isla. Sin embargo, el conflicto étnico-territorial se continúa acentuando. En los últimos años, se ha dado un activo proceso de ocupaciones territoriales pacíficas que afectó tanto a tierras fiscales, dependencias públicas y propiedades privadas, emplazadas en tierras que fueron usurpadas a familias rapanuis. Estas medidas fueron violentamente reprimidas por las fuerzas policiales chilenas.

Cortes a los territorios ancestrales.
Cortes en los territorios ancestrales.

Al tercer día de los cortes, se decidió dejar ingresar a visitantes solo si iban acompañados de un guía rapanui. Los criterios son móviles y las estrategias se redefinen y comunican periódicamente. Hablar de independencia no deja de ser una posibilidad si bien entienden que no es el momento de asumir las responsabilidades que implica para los rapanuis. Aunque el temporal en el norte del país concentra la agenda oficial con la Presidenta Bachelet en Copiapó, la medida pacífica, que los rapanuis califican de “extrema”, tiene como único objetivo llamar la atención de la prensa y del gobierno chileno. Con pocas repercusiones fuera de la isla, el horizonte siempre es más amplio. Desde el Parlamento Rapa Nui, sientan posición:

– El reclamo es por mayor autonomía y control sobre nuestro territorio. Entendemos que esto resulta amenazante para el gobierno chileno porque no quieren perder control sobre lo que para ellos son “tierras fiscales” y porque también temen que esto fortalezca los reclamos de indígenas chilenos. Pero nosotros no somos nativos americanos, si bien respetamos y acompañamos su lucha, nuestra situación es completamente distinta y las leyes chilenas no deben considerarnos como uniformes y homogéneos. La independencia siempre es una opción. Pero nos mantenemos conscientes sobre la viabilidad de ese proyecto y en este momento, no estamos preparados para hacernos cargo.

Ser o ser otro

Ignacio Huang es un actor taiwanés, radicado en Argentina y formado en el IUNA. Aunque para muchos, es el chino de “Un Cuento Chino”. Ignorado en su comunidad por bohemio y ajeno en Argentina por oriental, plantea: “Ese es mi gran desafío: defender y asumir mi identidad y luchar contra los estereotipos”.

Ignacio Huang nació en Taipei, capital de Taiwán, a 19 mil kilómetros de Buenos Aires. Doce años después recorrería esa distancia arriba de un avión durante casi tres días. Su identidad quedaría perdida en el medio de esa larga ruta: en el mismo lugar donde la encontraría muchos años después.

Ya pasaron 24 años de ese viaje y ahora Nacho llega al Cementerio de la Recoleta, totalmente pálido, como si estuviese preparado para una de terror. “No se asusten, vengo de la prueba de maquillaje de la nueva obra”. Tiene la risa fácil y la expresión tierna. Su acento oriental envuelve su lenguaje de coloquio y lunfardo y le da a toda la escena un encanto que él siente propio, justo en ese lugar impreciso para las estructuras y los estereotipos: en lo complejo y lo particular de su vida, atravesada por dos culturas que no se reconocen entre sí y que construyen representaciones a groso modo de lo ajeno.

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Esta es la historia de Huang Sheng Huang, mal conocido como “el chino” de “Un Cuento Chino” o, actualmente, como el el chino gritón que tiene un supermercado en “Guapas”. Bien conocido como Nacho, una persona que decidió hacerse cargo de sus deseos, ser actor y trabajar desde ese lugar para desterrar los estereotipos que lo separaron tanto tiempo de su identidad multicultural y -lo separan- del reconocimiento justo y desprejuiciado.

– ¿Alguna vez quisiste ser otro?

– Y, sí, claro. Un día soñé con despertarme negro y cantar como ellos, tener esa voz. ¡Quise ser estadounidense! ¡Ser rubio! ¡Tener ojos claros! Porque hay todo un estándar de belleza occidental del que justamente uno queda afuera. Y mi conclusión fue: aceptás lo que sos o seguís sufriendo. Pasé muchos subes y bajas hasta llegar a la conclusión de que tengo que aceptar lo que soy, mi historia, mi devenir, no puedo negar mi raíz. A partir de ahí nace toda mi búsqueda de cruzar culturas, de mestizaje. Viví doce años en Taiwán, nací ahí, tengo una cultura fuerte, de 5 mil años, un montón de conceptos, estéticas, reglamentos e impedimentos metidos en la cabeza. Consciente o inconsciente, está en mi sistema de pensamiento. Pero, te juro que hay un deseo tan grande en el fondo de pasar desapercibido que llegás a decir… yo quisiera ser…normal.

Sentado en un banco verde de Plaza Francia, alejado del ruido de los camiones de basura y los colectivos que pasan a lo lejos, se ríe aliviado de poder decirlo, después de una pausa larga, algo dramática, que representa tantos años. Ahora él lo puede poner en palabras, pero antes fue silencio y angustia. Cuando los Huang llegaron a Buenos Aires no sabían hablar ni una coma en español. En Taiwán sólo quedaban deudas así que todo era mejor. “Venir acá era la posibilidad de sobrevivir”, recuerda. Pero Nacho tenía más barreras que esas: tampoco podía expresarse con los que hablaban su mismo idioma.

-Ser actor no era bien visto por mi papá. Para él los actores eran gente vulgar, promiscua, de mala reputación. Pero hay cosas que uno siempre tiende a buscar. Así fue como empecé teatro. Sin ninguna esperanza de ser actor. Lo hice para hacer alguna changuita en fotografía. Todos necesitan alguna vez un modelo oriental para unas fotos, pensé. Pero no tenía ni la más mínima esperanza de hacer algo artístico. Me fui metiendo y fui encontrando que en el mercado hay cierto huequito donde puede existir y trabajar alguien diferente. Después me di cuenta que siempre tuve clara mi vocación, pero no me atrevía a realizarlo, a vivirlo, por mi cultura, por la represión propia cultural y familiar.

Sus decisiones lo transformaron en más de un sentido. Se convirtió de a poco y para muchos en una oveja negra: se metió en la actuación, no se casó y dejó su empleo de diseñador gráfico. “Para mi familia fue una cosa tremenda, llegó un punto en que mi mamá y mi papá no querían ni mencionarme cuando llamaban a los parientes en Taiwán, me salteaban, no querían dar ninguna información mía”. Nacho para algunos ojos era el hippie que no tenía trabajo ni había formado una familia. “Prácticamente una vergüenza.”

– ¿Sigue siendo así?

– No. Todo cambió cuando -hace otro silencio largo- me volví famoso -y se ríe expulsando mucho aire-. Antes de hacer “Un Cuento Chino” yo era la lacra social, era la oveja negra. Después, mi viejo empezó a verme desde otro ángulo – su mamá ya había fallecido -. Y lo gracioso es que toda la sociedad taiwanesa, mi colectividad, me empezó a mirar distinto. De pronto, me convertí en un modelo para la comunidad: el joven ascendente, emprendedor, artista. Toda una planfetería tremenda alrededor mío, por la película, que repercutió mucho en la sociedad oriental.

– ¿Vos cómo sentís que ahora te miren de esa manera?

– Si hubiera sido referente desde mis inicios lo sentiría como algo bueno. Pero como yo viví el otro lado de la moneda y sé lo que es ser tratado como la vergüenza social, no me siento así. Sé que es algo que no entienden en esencia, porque yo no hice esa película de casualidad. Cuando fui a la audición con Sebastián Borenstein, el director de la película, quedé para el personaje no porque tuviera cara de chino. Fue por mi experiencia. Ya había actuado en teatro, en películas de cine independiente, en publicidad, en tele, me había recibido en el IUNA, cosas que los otros 250 aspirantes orientales no tenían. Así gané el papel, con diez años de trabajo atrás. Por eso no me interesa ni me engancha todo lo que ahora empezaron a decir sobre mí en mi comunidad.

– ¿Qué te pidieron en la audición?

– El momento clave de la audición fue cuando me pidió que contara un relato a la cámara que conmoviera. Pero en mi idioma, en taiwanés. No se iba a entender nada, pero tenía que conmover. Fui con todo el relato de mi abuela, de alguien que perdió mucha gente. Hablé de cómo es perder a alguien, que es básicamente la historia de Jun, el personaje. O sea, la experiencia de vida también sumó.

– ¿Te molesta que solo te reconozcan por esa película?

– Y… “Un Cuento Chino” fue hace 3 años. La memoria emotiva de la gente es así. Pero qué suerte, en todo caso, que eso es positivo. La gente se acuerda de mí con cariño.

– ¿Tu personaje respondía a un estereotipo occidental?

– No, porque estuvo muy trabajado y me involucré mucho en la construcción del personaje. Cuando Sebastián vino con el primer borrador, escribió desde su punto de vista, como un autor occidental ve a un chino. Decía: “El chino le dice gracias”, “el chino cabecea mostrando agradecimiento”. Entonces, le empecé a dar mi punto de vista. Armé toda una historia para Jun. Sugerí que era dibujante, trabajaba en una fábrica y era huérfano. Y a Sebastián le encantó. Quizás ni aparece en la película, pero por lo menos yo lo sabía. Es importante desarrollar todo el aspecto oculto y particular de un personaje para no caer en estereotipos.

Imagen: NosDigital
Imagen: NosDigital

– ¿Dónde está la frontera entre la identidad y el estereotipo?

– Ese es mi gran desafío: defender y asumir mi identidad y luchar contra los estereotipos. Uno no puede pelear contra su origen, contra su ser. Pero hay una ola muy grande que te pasa por arriba. Siempre trabajé para otra persona, hacía lo que otro proponía. En gran mayoría son directores argentinos. Claro, porque autor y productor chino no hay –se ríe-. Y me cansa hacer siempre lo que otro imagina que un chino debe hacer. Piensan en chinos cuando son personajes mafiosos, matones o torturadores. O piensan que tiene un supermercado o una tintorería. Es cierto que los chinos acá tienen supermercados, qué quieren, es un trabajo, pero no son solo supermercadistas. Además es como si todo lo oriental fuera igual. Hice de chino, koreano, japonés, todo lo que tenga ojos rasgados. Pero yo soy taiwanés. Existen diferencias finas pero complejas, distintas culturas. Por eso prefiero hacer cosas por mi propia cuenta.

– ¿Cuáles son las diferencias?

– Hay finas clasificaciones, es difícil establecerlas. Yo no puedo decir que un argentino es lo mismo que un uruguayo, pero creeme que para un chino están bastante cerca, aunque un uruguayo es un uruguayo y en los partidos de fútbol va a hinchar por Uruguay. Es lo mismo, pero allá. Japón tiene muchos problemas con China. En realidad, Japón tiene problemas con todos. Taiwán estuvo dominado por Japón toda una generación, la de mis abuelos. Mis abuelos hablan japonés. Dejó mucha influencia. Taiwán tiene toda una cuestión de la limpieza muy japonesa. Pero mis papás ya nacieron en la época de influencia china. A mí no me molesta que me confundan con koreano, japonés o chino. No tuve una historia penosa en donde me mataron mis parientes, no tuve esos conflictos. Actué como japonés, de hecho, sin problemas. Con China hay más afinidad todavía. Además, de raíz, un taiwanés es un chino. Hace 60 años Taiwán se separó políticamente de China y eso hizo que hoy por hoy los chinos y los taiwaneses piensen diferente. Los chinos son personas muy sufridas, salidas de catástrofes, más tensos. Los taiwaneses son más parecidos a la argentinos, más relajados.

Mientras las gárgolas del Cementerio contemplan las coquetas plazoletas, Nacho habla de su ópera prima, “China Pampa”: un crimen y entierro al estereotipo. Huang quería decir algo desde su extranjería, desde su experiencia como inmigrante: “La obra expresa cierta pena por habitar un mundo en el que la mayoría no es como uno, es diferente a uno. Como mi caso, que vivo en Argentina, donde casi todos occidentales”.

Al orientalismo, como se conoce a la representación que construye el mundo occidental del oriental, Ignacio lo choca en carne propia. Algo no encaja. Sin embargo, entiende que la clave está en quien ocupe el centro de la escena: “Ojo que si vas a China todos tienen una idea establecida de los occidentales: tienen nariz y ojos muy grandes. Así los identifican”.

– ¿Te sentís muy determinado por tu cuerpo en la actuación?

– Ahora se va estrenar La Salada, de Juan Martín Hsu, que es de origen oriental, pero nació en Argentina. Tiene toda una historia de inmigrante. En la película yo interpreto su alter ego casi, lo que él no puede expresar como actor, porque es director, lo hago yo. Hay un montón de situaciones rayadísimas que tienen que ver con esto. El personaje mira películas argentinas para ser más argentino, quiere tener una novia argentina, se cambia el color de pelo para ver si se ve más occidental. Una cosa que se torna ridícula. Esto mismo que le pasa a este muchacho le pasa a mucha personas, como yo, como otros orientales o por qué no simplemente gente de otras nacionalidades. El deseo de poder ser uno más y no estar marcado por la diferencia.

– ¿No es injusto que los papeles que te ofrezcan nunca excedan tu apariencia, independientemente de tu talento como actor?

– Sí, me duele pensar en eso. Cuando se estrenó “Un Cuento Chino”, aparecieron todas las nominaciones de premios. A mí no me gustan mucho, porque los premios son una demostración de poder. Digo, no es nada divertido ni interesante para mí como artista. Pero yo estaba nominado como revelación y como actor secundario de Darín. Y no gané ni uno, y la persona que ganó quizás hizo una película y un personaje menor. Y se llevaron el premio y ahora están en Polka o yo qué sé. Si hubiera sido argentino quizás me hubieran elegido. No es que quiera el premio, ¡quiero chances de trabajar!  Quiero que me den personajes que valgan la pena, no estereotipos. Y un premio te abre esas puertas. Y no se abrieron. Pero, la verdad, quiero dejar de perseguir toda la cuestión de que esto te lleva a lo otro, la escalera del éxito. Me quiero relajar, quiero estar tranquilo, porque hay un deseo muy fuerte de ser hijo legítimo, pero no me pasó, no es mi vida. Y tengo que convivir bien con eso porque se trata de mi sufrimiento, no del de los demás.

– ¿Qué cambiaste en tu forma de trabajar para evitar este sufrimiento?

– He dejado muchas cosas. Publicidad no hago más, que es lo más estereotipado de todo. Y es muy injusto porque es donde mejor te pagan. Es perverso: más te pagan cuando más te quieren someter, cuando más te exigen que seas lo que no sos. Todas publicidades horribles: un argentino es así y un chino de esta otra manera ¡No! ¡Un argentino no es de una manera! Un argentino varón no es el coche, la mujer y el partido. Me indigna que la sociedad esté diciéndote todo el tiempo cómo tenés que ser ¿A mí me querés decir quién tengo que ser? Me resisto a eso. Hago el personaje de Lucero en China Pampa, que es un chino gauchesco. Algo que uno no espera de un chino. Por eso es más fácil hacer tus propias cosas, autoproducirte, darte la chance a vos mismo de ser libre y de hacer otras cosas. En las producciones independientes y en la autogestión yo veo una salida a esta perversión.  No hay que dejar que el mundo te dicte como tenés que ser, porque  dentro de ese mundo se pierde. Te perdés.

– ¿Cambia esa representación según los ámbitos artísticos?

– El ámbito menos estereotipado es el teatral, es el más abierto. Tele y cine en Argentina son tiranía. La televisión en Argentina son tres productoras de tiras: Polka, Underground y Telefé. Casi que no podés elegir. Ahora estoy haciendo una participación especial en “Guapas”. Es un cliché hasta el extremo. Pero tampoco se puede pedir algo demasiado original en ese ámbito. Lo hago por los chances de poder conseguir más trabajos en el futuro, porque  si vos rechazás ya no te llaman. Elegís no hacer tele o tenés que someterte a esa lógica. Por ejemplo, el año pasado en Graduados estaba el actor Chang Kim Sung, que es koreano, y lo llamaron para hacer de chino. Hacía de un secretario chino homosexual. Funcionó ese personaje y se convirtió en un nuevo estereotipo. Este año me llamaron de una productora para hacer de un secretario chino homosexual. Siempre lo que tiene éxito se convierte en estereotipo.Y en cine tampoco tenés mucho para elegir: trabajás con Darín o hacés algo que van a ver 200 personas. Por eso el teatro es lo más libre: necesitás menos plata y podés decir algo.

– ¿Qué te interesa decir con esa libertad?

– Trato de empezar a ubicarme en un lugar intermedio entre mi comunidad y la sociedad argentina. Porque acá se sigue teniendo un misterio hacia mi comunidad, hacia lo chino, lo oriental. Está bien, no somos muy abiertos, pero hay una cuestión del misterio que genera distancia. Y yo me considero uno de los elementos menos misteriosos, más conocidos, porque hice una película con uno de sus actores más queridos. Entonces, trato de ponerme en el medio y de unir la dos cosas, una cultura con otra, de poder reconocernos entre sí. De eso se trata mi próximo espectáculo, “La Maquila”, que es de títeres tradicionales chinos ejecutados por titiriteros argentinos.

Ignacio, mientras se tapa hasta la nariz con todo el abrigo que trajo, admite que de vez en cuando considera la posibilidad de volver a Taiwán, donde quizás sea más reconocido o tenga más diversidad en las ofertas de trabajo. Pero, rápidamente dice que no, que no quiere volver a empezar de cero. Acá ya es alguien: es Nacho y es Huang, una química particular de culturas distintas que él buscó y encontró en un lugar que no es ni aquí ni allá. Es un lugar nuevo, inesperado y provocador. Entonces, descarta la ruta a Taipei y elige tomar el 110, de Recoleta a Villa Crespo, para llegar a tiempo al ensayo de “La Maquila”, su segunda obra de autogestión.

-Yo creo que se trata de búsquedas, cada uno desde su particularidad. Está buenísimo encontrarse y romper ese molde. Asumir lo incierto del futuro. Preguntarte cómo vas a seguir con esa tradición de tus raíces y cómo podés integrar esa tradición al mundo que te toca vivir. En el teatro inevitablemente vas a hablar de muchas cosas, vas a hablar de perversión, de todo. Y quizás mucha gente se va escandalizar, pero es parte del arte. Además uno no puede sumir sus deseos a las limitaciones de entendimiento y comprensión de los demás.

 

Privilegios de ser cubano

De Cuba socialista al imperio, se sale hoy por medio de la isla del capital financiero. Facilidades para que el recurso más importante del país se vaya a buscar un horizonte con un futuro asegurado en una cómoda posición social y económica, únicamente por haberse ido de Cuba. La propaganda posterior y la historia del acecho.

Ahí voy a poner mi granito de arena a la Revolución Cubana: el turismo es la segunda mayor vía de ingreso de divisas del país y un importante proveedor de empleos. Ya tengo la visa que saqué en 20 minutos. Solo necesito el pasaporte para salir del país –en cada una de las escalas- y una vez que salga de Cuba, para entrar a Caimán. Migraciones cubana no firma los pasaportes para que Estados Unidos no pueda saber quién pisó Cuba y quién no. A quién van a dejar entrar, y a quién no. Yo voy con expectativas de no ver, una vez en mi vida, gente viviendo en la calle. Mi acompañante, un país muy cerrado en todo sentido. La década del 90, el Período Especial, tiró abajo mi suposición. La historia, a la de mi acompañante.

DSC_0233Estuvimos una semana. Vimos discutir sobre Martí a dos personas en la parada del “guagua”, colectivo, a las siete de la mañana. Escuchamos a muchos cubanos diciéndonos que “mañana” o “en un rato” habla Fidel. Me elogió las ojotas, “porque acá no se consiguen”, uno que me “confundió con cubano”. Nos habíamos dado vuelta ya cientos de veces al escuchar “¡Argentinos!”. Vimos las puertas de casas abiertas como en ningún otro lugar. Vimos cómo cada vez que un edificio tenía riesgos estructurales, el Estado iba detrás a solucionarlo, sin arriesgar viviendas ni vidas. No ayudamos a ese hombre que nos pidió medicamentos porque su hija había tenido un accidente con la estufa o el calefón y “aunque tengamos los mejores médicos, el bloqueo de Estados Unidos impide la importación de esas medicinas”. Nos enrostraron que el Comandante es de ellos. Compramos libros nuevos por el equivalente a tres pesos argentinos. Nunca supe si me pedían pesos convertibles –la divisa- o pesos cubanos. Los precios, para un argentino, eran extremadamente baratos o extremadamente caros si se los pensaba en peso argentino. Nos cruzamos con cubanos que nos decían que no comían carne vacuna desde niños. Con otros que agradecían su formación educativa, la salud y los alimentos, que seguramente también habían comido muy poca carne vacuna en su vida. Uno de los primeros me hablaba de la falta de libertad de expresión, del no acceso a internet, de que, así, estudiar en la universidad se hace difícil sin un pendrive. Y me mangueó, eso sí, a cambio de clases de historia, de filosofía, de psicología, que era lo que podía darme: cultura. No estaba en mis planes estudiar esa semana. En sus planes estaba irse formado y volver cuando la cosa haya mejorado.

Manuel Yepe, periodista especializado en temas de política internacional, plantea el provecho que saca Estados Unidos de los emigrados “Quizás lo más hipócrita de la política hostil de Estados Unidos contra Cuba sea la promoción mediática de la idea de que la mayor parte de los inmigrantes cubanos están allí por motivos políticos”. Enrique Ubieta Gomez, ensayista y periodista cubano agrega un problema/solución: “Nuestra principal riqueza hoy son las personas -dice el autor de Cuba: ¿revolución o reforma? en entrevista a Alberto López Girondo-. Nuestra política va en el sentido de que esas personas puedan realizarse espiritualmente, eso incluye laboralmente y eso incluye sus condiciones de vida, que puedan al mismo tiempo tener una calidad de vida que el país le permita, ese es el enfoque”. “Cada médico o deportista que deserta es la victoria de la ‘normalidad’ frente al sueño de una sociedad solidaria. Pero la deserción (que es la renuncia de alguien a su presunta ‘anormalidad’) es presentada como un hecho en sí anormal, extraordinario en el contexto global, pero deseado por ‘todos los cubanos’: que el futbolista Ronaldo acepte un contrato millonario es normal; que un cubano lo acepte, no”.

Semana después, justo antes de irme, puedo hablar con un senador cubano. Me resume la historia de Cuba en relación a Estados Unidos, con lujo de detalles que no puedo dar. Guerra de independencia de España. Intervención y ocupación yanqui. Enmienda Platt: derecho a EE.UU. de intervención política y militar. El poder ejecutivo isleño no tiene nada que hacer. Revolución antiimperialista y socialista. A partir de la Revolución, de una u otra forma comenzó a ser recibida sin obstáculo alguno en Estados Unidos, toda persona que saliera ilegalmente de Cuba con cualquier pretexto y llegara a ese territorio. Un cubano cualquiera, con antecedentes o lo que fuere, tiene privilegios ante un ciudadano de cualquier otro país. Se le sumó el Programa de Refugiados Cubanos, para los cubanos alentaba la emigración desde Cuba y disponía de algo más de 100 millones de dólares anuales. Operación Peter Pan: divulgación de falsos proyectos de ley sobre la supresión de la patria potestad. Muchas familias de capas medias emigraron. Bloqueo. Kennedy anunció que los cubanos que llegaran a Estados Unidos directamente desde la Isla serían recibidos como refugiados, mientras que los que buscaran entrar desde terceros países serían considerados extranjeros y quedarían sujetos a todas las restricciones migratorias norteamericanas. En los inicios de los 90 de nuevo se intensificó esta campaña y se promovieron las salidas ilegales, conocida entonces como Crisis de los Balseros. Todas estas salidas siempre estuvieron amparadas por la Ley de Ajuste Cubano, que ha sido a su vez el estímulo fundamental para que estas salidas se produjeran.

DSC_1089El problema se mantiene latente y, desde 1998, se acerca al límite (y lo pasa) del tráfico ilegal de personas, según denuncia CubavsBloqueo,  “organizado y financiado por sectores de los cubanoamericanos del sur de la Florida, a riesgo de las vidas humanas envueltas en tales procedimientos. Los estímulos y las exhortaciones a las salidas ilegales se mantienen e incluso se incrementan provocando tragedias humanas”.

Y se van vía Grand Caimán. Salen a una hora. Llegan a la misma. La hora de avión se la consumen los meridianos. Todo sigue igual también en el aeropuerto del paraíso fiscal, donde los esperan altoparlantes hablando, por única vez, en español. Cubanos en migraciones. Guías hispanoparlantes. En medio, cambian de pasaporte cubano a español, en su mayoría. Y así también vuelven. Muchos, con electrodomésticos, “monitores-televisores” -como corrigió una señora al de la aduana que le preguntó si llevaba un plasma-… Y pasaron sin más palabras.

De Caimán, a Miami. Pero ahí también intentan pasar otros, como las 20 personas detenidas entre el 16 y 17 de abril de este año. Llegaron a Estados Unidos, donde fueron descubiertos como falsos cubanos. Querían aprovechar las facilidades migratorias que Kennedy inauguró y todos los siguientes presidentes yanquis mantuvieron. Ser cubano puede ser un privilegio.

En el paraíso fiscal quedan pocos. Los que están, llegaron en balsas y fueron también recibidos. Hubo momentos en que se los devolvía a Cuba. Otros momentos en que no. Depende muchas veces de quién esté dispuesto a poner la plata de los pasajes. Todo es plata. Ellos también.

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Segregación migratoria en el Ártico

Suecia se presenta con políticas antiracistas y de apertura a la inmigración. Solo encubren la desigualdad con los extranjeros, arrinconados en los suburbios, con sueldos bajos y en el ojo de una Policía que sabe dispararles.  

¿Cómo reaccionar cuando el discurso plantea una realidad opuesta a la que se vive? ¿Qué medidas tomar para cambiar el status quo si uno es un huésped de un país ajeno? Enigmas como estos fueron los que se expresaron en las últimas dos semanas de mayo en Suecia, cuando desde Estocolmo, la capital sueca, se inició una rebelión a gran escala que no tardó en expandirse por las ciudades y pueblos de este territorio que se nos aparece como tranquilo y de un nivel de vida alto. La exclusión, segregación y desigualdad de los inmigrantes se iluminaron al fuego de los autos incendiados, revelando un mundo que se ocultaba a las sombras de las políticas antiracistas y de apertura a la inmigración. Rebelión en el primerísimo mundo, al compás de los extranjeros y los jóvenes.

La imagen mundial, la imagen propia y el día a día

“Las bizarras discrepancias entre la imagen de Suecia en el mundo, la imagen propia de los suecos,  la institucionalizada política integracionista anti racista, y la realidad de extrema segregación en todos los aspectos de la sociedad, son ciertamente parte de los últimos sucesos”. El investigador surcoreano radicado en Suecia, Tobias Hübinette en diálogo con NosDigital resume la contradicción social que afecta al país escandinavo.

El 19 de mayo explotó la protesta. La chispa que inició el descontento general comenzó en Husby, distrito ubicado a 20 minutos de tren de la capital, luego de la muerte a balazos de Lenine Relvas-Martins, un portugués de 69 años, que fue ejecutado por la Policía luego de que entraran a su departamento y tiraran sin preguntar. ¿La excusa? Portación de un machete de modo amenazante y el secuestro de una mujer. ¿Qué pasó? La Policía había sido notificada de una discusión entre un hombre y unos pibes que paraban en la puerta de su casa. El primero quería que se fuesen, los segundos querían quedarse ahí sentados. Los uniformados entraron a la fuerza a la casa, sorprendieron al hombre con un cuchillo en la mano y le dispararon. La esposa, a su lado, no pudo hacer nada. No hubo machete, no hubo peligro, no hubo secuestro. Solo un portugués en su cocina con su mujer. La rabia pudo más y los jóvenes se empezaron a movilizar contra un atropello más del Estado contra un inmigrante. Una vez más…

-La muerte de Lenine fue lo que comenzó a movilizar a la población, ¿qué tipo de abusos institucionales se viven en los barrios mayoritariamente inmigrante?

-Hechos como la muerte a tiros de un anciano no son comunes, aunque si pasan ahora y sucedieron antes. A nivel diario hay un cierto nivel de hostigamiento de los jóvenes de las minorías que crea un montón de frustración y agresión contra la Policía. El trato general en los suburbios y en las poblaciones minoritarias es, primero, que no son tratados ni vistos como suecos aunque vivan en Suecia; y segundo, que los suburbios no pertenecen a Suecia debido a la gente que los habitan, los inmigrantes. Las consecuencias de estas dos actitudes son que los extranjeros sean vistos menos valiosos, menos importantes, menos merecedores que los otros suecos.

En Husby, los números reflejan la no inclusión. El 80% de sus 12 mil habitantes son extranjeros. El 10% de la gente entre 25 y 55 está desempleada, en comparación con el 3,5% de Estocolmo. Y aquellos que efectivamente tienen trabajo, ganan un 40% menos que la media de los trabajadores de la capital[i].

Movilización social, discurso racista

El viernes 19 de mayo comenzaron las protestas, y una semana después se expandieron: primero Husby, luego Estocolmo en su conjunto y de allí, para todos los puntos cardinales. Uppsala, Linköping, Örebro, Malmö y Dalarna, ciudades que se encendieron con los gritos de respeto y cambio encabezados por los jóvenes e inmigrantes. Los medios de comunicación, principalmente los internacionales, lanzaron observaciones simplistas, conservadoras y en más de una ocasión, racistas. La conflictividad se empezó a medir en autos incendiados, policías heridos y manifestantes arrestados. Las causas del estallido, la incapacidad migrante de acomodarse al nuevo hogar, “choque de culturas”, limitaciones de la religión musulmana. En el caso de los jóvenes, como siempre, rebeldes sin causa, inmaduros para comprender la realidad[ii]. Y en todo esto, la pobre Suecia, los pobres suecos que abrieron sus fronteras desde hace décadas al mundo y así les pagaron, con destrucción y odio. Los datos de siempre: Suecia la permitió la entrada a 11 mil sirios desde el 2012 y a más de 100 mil iraquíes y somalíes en las últimas décadas. Pero esta verdad, solo fue a medias, ya que ocultó la compleja realidad de segregación.

-Frente a la visión apocalíptica de los medios internacionales de una “violencia musulmana destructiva”, ¿cómo fue percibida desde la propia Suecia?

-En medios extranjeros hubo reportes sobre unas revueltas de jóvenes musulmanes, pero estaría mal categorizar a los jóvenes que protestaron como musulmanes. Lo que tienen en común entre ellos es que una vasta mayoría de ellos nació y creció en Suecia –son hijos de los migrantes, por eso son llamados segunda generación- y que vienen de diferentes ambientes. El problema con el establishment sueco es que son vistos y tratados como no suecos, ni siquiera como segunda generación, sino como inmigrantes sin importar si nacieron en el país por lo que tendrían que ser vistos como nacionales o, al menos, como minorías suecas. Por eso mientras los políticos y partidos suecos hablen de estos eventos como “problemas migratorios”, no habrá solución a la “Cuestión Sueca”.

-Entonces, ¿cómo caracterizás a los grupos que participaron en el conflicto?

La mayoría tiene entre 15 y 25 años. Pero lo que es más importante de recordar es que la mayoría de los jóvenes de estos suburbios no participó sino solo una minoría. Entre los que sí lo hicieron hubo una extraña mezcla de radicales, desempleados, criminales, “asociales” y jóvenes que acumularon mucha bronca durante años contra la sociedad, fruto de la trato injusto y excluyente de la sociedad para con ellos.

Así, en un país donde 15 de cada 100 es extranjero o hijo de uno[iii], donde por serlo muy probablemente termines excluido de las grandes ciudades, de los mejores trabajos y termines consiguiendo solo lo mínimo para una vida digna por tu nacionalidad, mientras las autoridades gubernamentales sigan creyendo y estimulando una visión exterior del territorio como justo y abierto para todo. Es difícil creer que este capítulo se haya terminado. Entonces, pronto volverá Suecia a amanecer bajo una gran conflictividad, latente e invisibilizada.