Los que reforman la injusticia

Los cambios en la Justicia se pronunciaron en la calle y se instalaron en las mesas argentinas. Se debaten acuerdos parlamentarios y se acusan cofradías partidarias. En el medio, la historia de Luz y de Diego, acusados de algo que no hicieron, detenidos por un Poder que los deja de lado.

ÚNICO BLOQUE

En el patio de una casa, escenografía improvisada: dos sillas de cocina, un mate largo. Una mujer termina de colocarle el micrófono a LUZ en la camisa. PRESENTADOR con hojas en la mano, una lapicera en el bolsillo de la camisa blanca, mira a cámara, ensaya algunas palabras inentendibles. DIEGO aparece en escena con el pelo mojado y se sienta mirando hacia el mismo lugar que LUZ, pero las cámaras los toman de modo tal que aparecen enfrentados. Se enciende las luces blancas que apuntan a PRESENTADOR. Se escucha una música escalofriante cada vez más fuerte.

PRESENTADOR

(De frente a la cámara 1. De espaldas a DIEGO y LUZ) Bienvenidos a otro Debate Público, otra oportunidad para que nos escuchemos todos y cada uno saque sus conclusiones. El tema de esta semana: la reforma judicial. ¿Quién sale beneficiado? (Se toma las manos) ¿Un avance sobre los derechos civiles? ¿La democratización de un poder feudal? (A otra cámara, de frente, sacando pecho y levantando la voz) Diego Romero y Luz Gómez (los señala con las manos) están presos desde el 21 de diciembre de 2011 por ser los supuestos asesinos del chofer de colectivo Roberto Castillo el 1 de octubre de ese año. (Se acomoda el flequillo con las manos) En las rejas de la casa donde sucedió el crimen, apareció sangre de la pareja de ladrones y una mochila con el certificado de vacunación de Zaira, la hija de Diego y Luz. Ella, beneficiada por la crianza de la nena, tuvo desde un principio prisión domiciliaria. Él iba a ser beneficiado, pero el fiscal apeló y sus primeros abogados defensores no hicieron el intento de morigeración. Estuvo hasta dos meses atrás en la Unidad de Ituzaingó. Diego, Luz, buenas noches. Sabemos que después de un año y cinco meses tratando de demostrar su inocencia, conocen a la Justicia como pocos.

LUZ

(Se encienden las luces traseras, amarillas. Se ve a LUZ cabizbaja y a DIEGO serio) Buenas noches.

DIEGO

(Tímido, sonriente) Buenas noches. Es cierto. Yo siempre discutía de economía, trabajo, industria… Lo gremial sí me interesaba. Ahora… este tema de la justicia nunca me había llamado la atención, pero hoy veo que pasan cosas que hay que conocer.

PRESENTADOR

(Se quita la mano del audífono) ¿Y qué opinión te merece?

DIEGO

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

(Tres cuartos perfil a cámara) Uno, siendo víctima de un sistema judicial, escucha las dos perspectivas. Es más que nada política. Yo creo que el gobierno debería tomar un poco más de responsabilidad en las decisiones que toma porque el hecho de que disfraza a la justicia y da una pulseada para la reforma judicial que es más que nada política y económica. Hoy los más perjudicados somos los de la clase baja. Te dan un defensor del Estado, pero uno que defienda como nos defendió a nosotros, ni me lo des. Pero como dijo nuestro actual abogado, Suárez: “Hoy por hoy está tan poblada la cárcel que un defensor no puede llevar tantos casos”. Sos el cliente número 25 mil. El 2 mil quiere que se cierre su caso. No se trata de que seamos números. El gobierno dice que quiere agilizar. ¿Por qué no nos fijamos hoy por hoy por qué están superpobladas las cárceles? . Está superpoblada porque la policía te agarra en la esquina buscando a un asesino parecido a vos (señala a PRESENTADOR por un instante), y sos vos el criminal (señala a PRESENTADOR). En una cárcel de 48, hay 70. Gente durmiendo en el piso. En la cárcel está lleno de gente a la que el sistema judicial no se encargó de investigar para ver si son o no delincuentes. ¿Por qué no se fijan quiénes son los que arman causas? ¿Por qué no dejan de comparar números: quién cerró más causas, cómo estamos en comparación con Estados Unidos que no sé cuántas causan sacan por año? Hay más gente procesada adentro que penada. Quizás tienen que ver, quizás no. Deberían fijarse las necesidades de la sociedad: la inseguridad de la policía que te está armando causas. En la justicia se sienten impunes y piensan que la justicia es para el que tiene un buen abogado. Si no lo tenés, quedás adentro.

LUZ

En la tele no sale mucho el tema de la injusticia.

DIEGO

Y si pasa, pasa así (se chasquea los dedos).

LUZ

Uno que ve la tele ve solo justicia. Acá todo te lo arma la policía. Si sos inocente, te aprieta para que no digas la verdad. No somos los únicos que están pasando esto. Conocimos un montón de gente a la que le pasó. Pero aprietan a las familias y se callan. A nosotros también aparte de que no sabíamos nada, de que fuimos maltratados, también en un principio pasó algo con la policía para que no dijéramos la verdad. (Se acomoda el micrófono) ¿Qué más daño que el que nos hicieron nos podían hacer? Fijate también lo de las hermanas Jara. Pasaron dos días y ya no se ve más en la tele. A Alejandro Bordón lo acusan por un buzo del mismo color y ¡nada más! Después de una semana nadie habla de Alejandro Bordón.

DIEGO

Pasa que uno habla de lo personal. Si nunca hubiese caído en la cárcel, no sabría lo que pasa adentro: que está lleno de causas armadas. Ahora hay que hacerle ver a la sociedad que el problema está. Se sienten dueños de la verdad. Te hacen pensar que sos lo peor… Estamos siendo víctimas de un sistema judicial.

LUZ

(Interrumpe) Más que eso. A mí me correspondía el salario de Zaira, que pasó a ser Asignación Universal por Hijo cuando quedé presa, y nunca me avisaron. Recién un año después, cuando dejé de llorar y llorar y llorar, pregunté y me dicen que me corresponde. El fondo de desempleo también me correspondía y lo perdí. Fijate todo lo que te quitan.

DIEGO

Es feo todo esto porque cuando estaba en la Unidad, yo era un gasto para mi familia que ni tenía para el colectivo. No era feliz, me sentía mal.

PRESENTADOR

(Se toma las manos y mira a los ojos alternadamente a LUZ y a DIEGO) ¿Por qué creen que el mayor interés de estudio de los internos se da con el derecho?

DIEGO

Al penal entran chicos jovencitos que nunca tuvieron posibilidades de estudiar. Dentro del pabellón que estaba, yo era el único estudiando. Hay una materia que da un interno que estudiaba abogacía, sobre orientación legal. Los jóvenes ni siquiera saben qué causa tienen. Sí hay posibilidad, en algunas unidades como La Plata, de estudiar en nivel universitario, pero muchas veces pierden mesas de exámenes porque no tienen movilidad. El traslado de Unidad también implica un problema.

 (LUZ se detiene a darle alguna indicación a ZAIRA)

PRESENTADOR

(A cámara) La justicia parece ser un algo más abarcativo que jueces y fiscales.

DIEGO

Claro que sí, en nuestro caso se ve claramente.

PRESENTADOR

(A LUZ) ¿Cómo colaboraron, en su caso, las tan polémicas cámaras de seguridad?

 LUZ

Tampoco se usaron las cámaras del COTO adonde fuimos a comprar un LCD en un remís donde perdimos la mochila. Si se hubieran usado en julio, sabrían cuáles fueron los autos que nos fueron a buscar a nosotros de la remisería. (Hace una pausa. Con voz firme) Pero ellos también dejaron pasar ese tiempo para que las dos pruebas fundamentales para nuestra defensa no fueran utilizables… Porque con la sangre pasó lo mismo…

DIEGO

Es medio gracioso todo esto po…

LUZ

(Interrumpe) No investigaron nada de nuestra declaración. En diciembre le decíamos a nuestro primer abogado que habíamos hecho una llamada a Mendoza el 1 de octubre. El abogado dejó pasar el tiempo sin pedir esa prueba porque supuestamente no era contundente. Hoy el fiscal tiene el poder de decidir si pide esa llamada o no. Suárez pidió tanto esa como las que hicimos desde COTO a la remisería para pedir el coche como después para reclamar la mochila.

PRESENTADOR

(Se quita una lapicera del bolsillo de la camisa y la agita mientras habla) Todas estas herramientas de la tecnología, ya existentes, hubieran ayudado a saber la verdad y sin embargo no se utilizaron.

DIEGO

Lo malo de todo esto es que pasa en muchísimos otros casos. Al no haber tomado con importancia nuestra declaración, se perdieron pruebas que llevarían a la verdad. Per…

LUZ

(Interrumpe) No sé si a la verdad llegarían así. Llegarían a la verdad si quisieran leer las otras declaraciones que dicen quiénes fueron los culpables. Ellos tienen que ir por la línea de investigación de los detenidos. Dicen su participación en el hecho y dicen quién es la persona que entró, que da la casualidad que trabajaba en donde yo me olvidé la mochila. No entiendo por qué no van por ahí. Al primer abogado particular que tuvimos le dijeron que lo iban a atrapar cuando cometiera otro delito. “Si no comete otro delito, yo sigo acá para siempre”, le decía yo y me respondía: “Sí”.

DIEGO

Obviamente, pero yo me refería a la verdad en el sentido de que vean el video de la cámara de COTO.  Ahí aparecen los dos vehículos que nos fueron a buscar, en uno de los cuales perdimos la mochila. (Abre los ojos bien grandes) Oh casualidad que las dos personas detenidas involucradas en este hecho dicen que  la persona que entró en la casa, trabajaba en la remisería que llamamos y tiene un auto del color que nosotros mencionamos en la primera declaración. ¡Sin conocernos a nosotros! (Indignado, levanta la voz) Obvio que todo va a estar difícil para nosotros si no nos escuchan. Fuimos considerados culpables desde el principio. Nos querían llevar a juicio en esas condiciones, pero hoy tenemos el apoyo de mucha gente y lo podemos pelear de otra manera para que la misma jueza se dé cuenta de que hay cosas que están mal hechas.

PRESENTADOR

Ahí se ve la participación o la ausencia de ella por parte de los abogados defensores, estatales o particulares.

DIEGO

Los primeros abogados uno se pregunta quién se los mandó (sube y baja los hombros repetidas veces). El primero permitió irregularidades, el segundo nos sacó plata y tampoco empujó en el sentido de exigir que se investigue el camino correcto.

LUZ

Excepto Suárez, todos nos tomaron el pelo y nos hicieron perder tiempo importantísimo. En diciembre podríamos haber usado, por ejemplo, la información del llamado que hice a Mendoza el día del crimen. El tema de la sangre tampoco lo hizo ni el primer abogado ni el segundo. La fiscal le dijo al primer abogado que la sangre no servía. Como no sabíamos que todo se manejaba por escrito, solo decíamos: “sí abogado, tiene razón”.  Los dos abogados lo que querían era llegar a juicio. Imaginate que las comparaciones recién las hicieron un año y medio después del crimen porque nosotros mismos presionamos con movilizaciones. El abogado estatal no nos creyó.

PRESENTADOR

¿Y la policía?

DIEGO

Estuvo dos meses y pico investigando, desde el 1 de octubre hasta el 21 de diciembre de 2011. Tenían la dirección, el nombre, todo lo que necesitaban saber sobre mi hija y por lo tanto sobre nosotros (se señala el pecho con las dos manos). Si lo hubieran hecho en un principio nos podrían haber hecho pruebas de pólvora y se hubieran dado cuenta de que no éramos nosotros. Uno se pregunta por qué no lo hicieron.

LUZ

Por algo cuando nos detuvieron buscaban un Nextel y armas de fuego y solo se llevaron una foto mía y otra tuya (mirando a DIEGO de costado)

DIEGO

Cuando nos detuvieron y nos dijeron que nos vinculaba una mochila, no entendíamos nada hasta que recordamos la que habíamos perdido cuando fuimos a comprar un televisor. Yo había llamado dos veces a la remisería para ir (levanta los dedos índice y mayor de la mano derecha). Exigimos ese registro de llamados para comprobarlo. El defensor nunca nos creyó y nos trataba como si hubiéramos cometido ese hecho. No quería que declaráramos. Nosotros sí, porque queríamos contar nuestra verdad. En el estado en que estábamos, tratábamos de hacer memoria.

LUZ

Declaramos todo (separa los brazos desde el pecho hasta desaparecer del alcance de la cámara 3), pero imaginate que no te acordás lo que pasó hace dos semanas, menos hace dos meses. Lo poco que nos acordamos lo contamos: el color del coche que nos llevó al COTO y donde perdimos la mochila. De qué manera nos pueden vincular si no tienen qué.

DIEGO

Siguió el proceso de investigación, pero pasaba el tiempo, los meses.

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LUZ

Y la rueda de prensa, Diego. El 23 la hicieron. Participamos mi mamá, con 53 años, una tía de Diego de 40, mi hermana, de 32, que no tiene nada que ver con lo que había descrito la viuda, y yo. Claro que dio positivo. Diego apareció con el pelo cortado parecido al identikit, cuando no lo tenía así. Hay una declaración de la viuda que declara que mi hija es de tez blanca y tiene el pelo castaño claro. Nada que ver. Cuando fue a la rueda dijo que era ella.

DIEGO

Después, la familia trató de conseguir otro abogado recomendado de la familia que nos sacó plata y no hizo nada. Casualidades que al primo de una amiga mía tenía un compañero de trabajo al que también le había pasado lo mismo. Nos contactaron con el doctor Suárez, que nos llamó para asesorarnos de qué manera podíamos empezar a lucharla. Suárez vio la preventiva y se dio cuenta de todas las irregularidades. Logramos esto gracias al empuje y perseverancia de la familia y a las movilizaciones. Las pericias tenían que estar el 10 de diciembre y estuvieron el 21 (Dibuja un salto con el índice de la mano derecha). Las comparaciones de sangre dos meses tardaron. La audiencia llegó recién después de otra movilización. El 7 de marzo de este año, después de pelear dos meses, tenía que ser la audiencia, pero la fiscalía la suspendió porque supuestamente iba a declarar esta gente. De la fiscalía los mandaron al juzgado, que nos reservó para el 18 de ese mes.

LUZ

En realidad lo que pasó con la audiencia fue que la fiscalía no quería. Cuando se suspendió la audiencia, mi mamá fue al juzgado. La atendió el secretario de la jueza y, enojado con la fiscalía por suspenderla, puso la fecha bien cerca para que no se pudiera suspender. Si mi mamá no iba a preguntar, tampoco pasaba na…

DIEGO

(Interrumpe) Claro, por eso te digo. No estaba en su interés hacer la audiencia. Lo que termino entendiendo es que si el juzgado no hubiera dado la audiencia a una semana, date por segura que la hubieran suspendido también. A todo esto ya teníamos las comparaciones de sangre que dieron positivo. Por supuesto que nosotros lo sabíamos, pero con la desconfianza que adquirimos de la justicia, teníamos miedo de la manipulación. Por eso tratamos de conseguir un perito y hacérselo saber a la fiscalía.

PRESENTADOR

(Serio, mirando a cámara) También desconfiaban de la fiscalía…

LUZ

Sí, pero al perito no le dan a tiempo de intervenir porque ya estaban sobre la fecha.

DIEGO

Pero el tema era que ellos supieran que había alguien controlando. Cuando llegó la audiencia, me llevaron ahí. El abogado hizo el descargo. Estaba también la jueza. Le conocí la cara.

PRESENTADOR

Recién entonces conociste a la jueza.

DIEGO

Sí. Te decía… El doctor Suárez le dijo que la morigeración era lo mínimo que podía pedir por mí porque ya sabían de las comparaciones negativas. Suárez hizo saber de las firmas que había conseguido con mi mamá, de gente que daba fe de que no íbamos a hacer nada.

LUZ

Que vos no ibas a hacer nada. El primer juez también te había dado la domiciliaria, pero el fiscal apeló. Eso fue en 2012, en febrero. Porque había que seguir investigando, pero en ese momento, la fiscal apeló por posible intento de fuga. Por mí no apeló por la nena. Nuestros abogados en ese momento no hicieron nada, y como nosotros no sabíamos nada de cómo manejarnos y no conocíamos ninguna organización que nos asesorara…

PRESENTADOR

(A DIEGO) ¿Qué le dirías a la Justicia si la pudieras personificar?

DIEGO

Justicia toma decisiones que hacen que gente que no tiene nada que ver caiga en un penal, sin tomar conciencia de las cosas que pasan ahí adentro. Yo tengo la suerte de estar bien, de haber sobrevivido, pero no todos tienen esa suerte que yo tuve. Por eso, el Poder Judicial se siente dueño de la verdad y toma malas decisiones y manda gente inocente dentro de un penal y esa gente termina siendo lastimada. Dentro de la Unidad hay una guerra de pobres. Imaginate que un Penal de 500 personas (abre grandes los ojos), estadísticamente, tiene entre 800 y 900. No tienen conocimiento de lo que es una cárcel. Hay gente que se termina sucediendo, gente que termina apuñalada. Esto tiene que comenzar de nuevo porque quieren llevar una persona a juicio cuando ellos mismos saben que esa persona es inocente. Antes de hacerle pasar esa situación, ¿por qué no toman el camino correcto desde el principio? En la Unidad sigue habiendo gente inocente que no tiene la posibilidad que yo tuve, ni el apoyo. Te sacan los días y te hacen sentir como el peor, maltratan a tu familia en la fiscalía: parece que fueran familia del peor. Te complican en lo económico, en lo emocional. Ni siquiera hacen justicia por la víctima. Yo toda la culpa se la echo a este sistema judicial que se cree que todos los que están del otro lado del escritorio son malos. Mi verdad no se calla. Ni tiene precio. A mi familia me la destruyeron.

PRESENTADOR

¿Luz? (Mira su reloj pulsera) Treinta segundos tenés.

LUZ

Que el fiscal escuche lo que dijo Diego, porque ahora él es la Justicia para nosotros. Él es dueño y señor de nosotros. Si decide que vayamos a juicio, así será.

DIEGO

Y la jueza siempre va a prestar más oído al fiscal que al abogado defensor. No debería llevarle tanto el apunte a un fiscal que está yendo por el camino equivocado.

PRESENTADOR

Así dicen que funciona la justicia: demuestra en los números su eficiencia, sin importar las personas. La voz que se escucha es la de la policía, repetida por abogados, fiscales, jueces. Diego, Luz, muchas gracias por participar de este debate.

(Se apagan las luces. Sube el volumen de la música. DIEGO y LUZ se ponen de pie y saludan a PRESENTADOR).

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La década sin Matías

Hace diez años, al pibe lo mató un policía que se hace llamar el Mataguachos. No es el primer caso que sucede en Fiorito. Dijeron que se había suicidado, pero fue fusilado. El asesino fue declarado culpable, pero ya está libre. 

Causa N° 2752 caratulada Pelozo Jose Antonio S/Homicidio Simple de trámite por ante el Tribunal Oral Criminal N°  Departamental. Juzgado de Garanías N°6 a cargo del Dr. Daniel Viaggiano. Unidad Funcional de Instrucción N°15 a cargo de la Sra. Agente Fiscal Titular Dra Liliana Thiem. Abogado defensor: Dr. Gastón Carrizo. Y muchas fojas terminan con “SERÁ JUSTICIA”. Uno se pregunta cuándo, si este Pelozo hijo de puta, ¿cuánto hace que viene matando y torturando?

Si hasta se hace llamar “el Mataguachos”.

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

¿Qué más hace falta? Yo, me presento, soy uno de esos guachos que mató hace exactamente 10 años, Matías Barzola. Hijo de Stella y Julio. A mi viejo sí lo habían metido en cana rapidísimo y sin vueltas por un accidente muy desgraciado que no viene al caso. Y antes del juicio por mi asesinato murió. A Carlitos Taylor también lo mató Pelozo frente a su casa, con la misma Browning 9mm. ¿Será porque es “Suboficial mayor retirado” que está libre?

Vive a seis cuadras de mi casa, también en Fiorito. Tenía un almacén ahí. Siempre salía calzado y alardeando. Siempre con su pelo corto, en pantalones cortos. Así mismo ya me había corrido a mí con otros amigos. Nos sacó a los tiros. Yo zafé porque doblé en una cuadra que era más corta y porque entrenaba mucho. Joni no se salvó, cobró un tiro en la gamba. Cuando declaró por mi fusilamiento, Joni dijo: “Matías me insistía: ese viejo me tiene bronca”. Las palabras de Beti, la mamá de mi amigo, también están en fojas: “Se presentó el encartado Pelozo quien le manifestó que se confundió, que la que quería era a Barzola, agregando ‘…que las características físicas de su hijo y de Matías son muy similares, entendiendo la deponente que éste se equivocó e hirió a su hijo creyendo que era Barzola…’”.

Andrea Celeste Brandan en fojas. 204 y fs. 448/449: Pelozo llegó a la casa de “Cuni”, para convencerlo por las malas de que dijera que conmigo le quisimos robar las zapatillas cuando fui a jugar a los jueguitos, que no diga que fue él, Pelozo.

Todos, todos en el barrio saben cómo fue. El 3 de junio de 2003, yo 17 años, caminaba por la calle Recondo de Villa Fiorito con dos amigos, Cuni y Lucas. Estaba llegando a Unamuno. No salíamos a robar ni estábamos armados. Pero en esa esquina paraban un par de pibes que sí robaban, por ejemplo “Boliche”. Ahí pasó Pelozo en su Falcon marrón. Lucas cree que Pelozo nos confundió con Boliche y, como encima yo lo reconocí y salí corriendo, me tiró a matar. Yo creo que me mató porque ya me tenía idea. A “Boliche” no le iba a disparar. Yo creo, como Nely, la mamá de Lean, que mataron a una cuadra de donde me mataron a mí, que ahí la Policía deja que los pibes roben para ellos. Como Luciano Arruga, como Kiki Lezcano.

La causa dice que el disparo fue “con la evidente intención de ocasionarle la muerte, produciéndole una herida en la zona creaneana que le provocó la destrucción de centros nerviosos vitales”. Un fusilamiento. El Código Penal, en su artículo 79: Se aplicará reclusión o prisión de ocho a veinticinco años, al que matare a otro, siempre que en este Código no se estableciere otra pena.

matias fioritoBueno, pero mi mamá todavía no sabía que era un cana, ni que siempre el viejo era sobreseído por legítima defensa, ni que el primer policía que llegó a Recondo y Unamuno, Isidoro Segundo Concha, entonces sargento ayudante de la comisaría 5ta, estaba imputado en el asesinato con torturas de Jorge Omar González. Esta vez, otra vez, le iba a costar argumentar la legítima defensa porque la bala entró “en la región parietal izquierda, dos cm. por encima del implante superior del pabellón auricular, con una trayectoria de izquierda a derecha, ¡de atrás hacia adelante y de arriba hacia abajo!

Más le costó porque mi mamá no se quedó quieta. Estuvo cuatro años investigando. Empezó a hacer escraches y siempre algún vecino se le acercaba y daba un dato más.

-No sabés lo que caminé. No te das una idea. Lo que pasa es que viste cómo es en estos casos. Nadie quiere decir, nadie quiere contar. Hoy me enteré que se había hecho una encuesta sobre cómo era este José Antonio Pelozo. Los chicos contaban que pegaba, que mataba a los pibes. Te digo la verdad: me involucré en la investigación porque quería saber quién había matado a Matías. La abogada María del Carmen Verdú me dijo, cuando terminó el juicio, que al principio no le tenía fe al caso porque no conseguíamos nada, ni un testimonio. Nadie quería hablar. Nadie. Tenían miedo y nosotros no sabíamos ni que lo había matado un policía. Cuando yo me enteré, el cuerpo ya estaba tirado desde hacía dos horas. El padre de un pibe que estaba con Matías me dijo que era alguien muy pesado quien lo había matado.

Y siguió investigando, conociendo otros casos parecidos al mío, llegó a CORREPI, que también estaba buscando a Pelozo. Averiguaron que había sido partícipe de la época de la represión, del tiempo militar. Trabajaba en la comisaría 5ta de Fiorito. A mi mamá ya entonces, cuando tenía 13 y de vuelta cuando tenía 16, la pararon por nada mientras venía desde la zona de Puente La Noria. Y por nada también se salvó. Justo llegó su hermano.

El 3 de julio empezó el juicio. Terminó el 16. Un mes antes habían levantado a mi hermano Lucas por estar ahí chusmeando durante un robo. Lo pararon por “portar ropa deportiva”. Como si fuera un arma. Y de casualidad mi mamá se enteró dónde estaba, porque nadie le avisó. En una semana que estuvo detenido, la causa juntó 400 fojas. La causa por mi asesinato juntó 160 en un año porque el primer fiscal era de la Policía.

Decía que llegó el juicio, mi mamá confiaba porque el segundo fiscal trabajó bien. Como la hija de Pelozo trabajaba en lo que es asesoramiento a la víctima, el fiscal sacó la causa del sistema así Pelozo no estaba atento a lo que podía pasar. Y conseguimos una sentencia de 13 años. “Era un logro. Mi hijo no va a volver, pero conseguimos esa condena para alguien que se creía tan impune matando a tanta gente. Pero un año y tres meses después de la sentencia ya salió en libertad. El fiscal me dijo que acá debía haber habido plata. Él vive acá cerca, tenía un coche viejo. Yo supongo que hubo alguien atrás, como en el caso de Nely. Es algo muy obvio. Ni siquiera lo sentenciaron, lo absolvieron. Yo estoy conforme por lo que nosotros logramos, pero por lo que es la justicia no”.

matias fiorito¿Cuántos casos somos acá? Leandro, Walter, Matías, otro pibe que también mató Pelozo, por el que la mamá no hizo nada. Antes de 2003 es como que yo no veía esto que pasa. Los diarios siempre dicen que se matan en tiroteos, o como dijeron de mí, que estaba bajoneado por lo de papá y me maté, o que me mataron por una chica. Hoy Lucas le tiene terror a la Policía. Es morocho, siempre anda con capucha. Es muy raro que se vista de jean, como todos nosotros. Ropa deportiva, como dicen.

De las palabras de Pelozo no tomo ni una. Hasta en la causa se habla de su “mendacidad”, sus mentiras y sinsentidos. Ahora está libre.

“Quedó una dictadura”

El papá de Juan sabe que a su hijo lo mataron. También sabe que en San Pedro, Jujuy, no es el único caso. La Policía entra a casas, patea puertas y levanta chicos de los barrios marginales. Trampas con paco. Abogados que aseguran no tener tiempo. En Argentina, el infierno.

A una cuadra de la estación de micros de San Pedro, Jujuy, unas chapas escritas con tiza hablan de injusticias cotidianas. Proponen, como respuesta, la acción del pueblo. Parece lo que estaba buscando. Aprovecho mi soledad, mi tiempo libre. Sé que si falla esta investigación, sigo de vacaciones, o sigo la Ruta 34 a ver en qué anda Ledesma, en qué anda Tartagal. En una casa me dicen: “Son de Marcelino Romero, se lo respeta mucho. Preguntá al lado”.  Voy.

-¿Conoce a Pablo Juarez? Sé que milita contra la represión policial y vi un graffiti “Dr. Juarez, el pueblo está con usted”.

El señor, vestido de entrecasa, con la puerta abierta y la reja cerrada, no lo conoce, pero me recomienda preguntar en la peluquería de esa misma cuadra. Cree que es familiar de la dueña.

– Pero esperame un poco.

Se va y vuelve al rato con unos papeles. “Polémica entre el cerebro y el músculo. Los protagonistas de esta discusión son un abogado y un albañil, el primero representa a los trabajadores teóricos e intelectuales, que son dueños de un poder valorado por esta sociedad; el segundo representa a la CLASE OBRERA, muy especialmente al 90% de los obreros que nacen, viven y mueren pobres en esta sociedad mal gobernada”, dice impreso en máquina de escribir. “UNA ENSEÑANZA EJEMPLAR DE PADRE A HIJO (Cuento)”, “LO MÁS GRANDE QUE HAY SOBRE LA TIERRA ES EL OBRERO” y  el único impreso en computadora: “33 Consejos para la perfección humana”. Prometo leerlos más tarde.

En la peluquería me dicen que ese Juárez no era a quien yo buscaba. Vuelvo a girar sin rumbo, buscando un lugar donde parar. Una mochila enorme y un aislante hacen que me vea raro en el silencio de la calle. Las pocas personas que encontré –la mayoría andando en moto- pararon amablemente y me mandaron a hoteles de lujo, a la nada, a la mierda y a un telo. Preferí la nada, el calor quemante de la plaza. Leí los papeles y volví a arrancar. Encontré un hotel que parecía barato. No lo era.

Llamé otra vez a ese supuesto número de Pablo Juárez en el que nadie me había atendido tantas veces. Me atiende. Arreglamos la entrevista para la mañana siguiente en la plaza central.

Vino con el padre del único caso de asesinato que se conoce hasta ahora. Nos metimos en un bar.

-Hablé con Marcelino Romero. Me mandó a una peluquería y me dijeron que nada que ver con vos. Vi también unas pintadas.

-No, nada que ver conmigo. Ese… bueno, mejor dejalo ahí.

Cuando las demás mesas no miran, me cuentan que los mandan de un lado para otro, que les dan un abogado que está a cargo de los juicios de lesa humanidad y no tienen tiempo. Casos de tortura que se ven por semana: 10. “¡10 que se ven!” Mayormente a los mismos chicos, que no pueden defenderse, de barrios sin recursos, que van a un boliche y son levantados sin ninguna razón por policías borrachos. Les pegan, les roban.

Juan Gómez: Yo pasé la dictadura siendo joven. Veía todos los días lo que hacían. Se fueron, pero quedó una dictadura apoyada por los gobiernos de turno. Ahora le toca a cualquiera. No le importa si tienen orden de allanamiento o no. Entran, golpean bebés, te rompen todo, te ponen armas en las cabezas.

Se calla y mira por la ventana. Lo mira a Pablo y señala un auto de policía.

-Ese es de la Brigada de Barbosa –me dice Pablo-. No te preocupes, Juan.

– A mi hijo, Juan Martín, “Sonrisa” -le decían porque se llevaba bien con todos-, lo detuvieron por última vez el 3 de noviembre de 2011. Lo torturaron y recién el 4 lo llevaron al hospital La Esperanza, que es donde los médicos son cómplices porque nunca hacen la denuncia. El agente Barbosa, la mano fuerte de la Brigada de Investigaciones, lo esposó con otros dos, le tiraron agua hervida. El 6 hice la denuncia. La información de Tribunales rápido le llegó a la policía porque abogados, fiscal, ayudante de fiscal, abogados, jueces, son todos una familia. “¿Cuánto quiere tu viejo para quedarse piola?”, le preguntaron a él. Si me hubieran hecho caso, mi hijo estaría vivo. Para colmo, de todas las detenciones que tuvo, nunca le comprobaron nada. Después de un proceso de recuperación de adicción al paco –el Rey de San Pedro-, el 17 de junio fue la primera vez que salió solo. No volvió. Cualquier persona te va a contar que saben quiénes son los que venden y que tienen que ver con la policía. A él lo obligaban a ir a Jujuy a vender paco.  La gente me contó el recorrido que él hizo. Tengo entendido que también lo llevaron a Bolivia.

Me cuenta que lo mataron en la casa de un policía, que apareció incrustado en el ventiluz del baño, por el que claramente se hubiera dado cuenta de que no pasaba. Estaba asfixiado por su campera. La policía dice que quiso entrar a robar. Juan está seguro de que lo hicieron ir con alguna excusa y ahí lo asfixiaron entre varios. Las versiones de cómo lo encontraron fueron difiriendo con el paso del tiempo y según quién las dijera. El celular de Sonrisa le llegó a Juan reseteado y sin bolsa, por lo que no lo puede ya peritar. Una señora de edad que vive en la misma cuadra donde mataron a Martín asegura que esa casa es un aguantadero, que nadie va a entrar a robar ahí.

Al hermano de Juan lo levantaron en diciembre mientras trabajaba. De las ocho personas que había, solo lo pararon a él. Lo desfiguraron a golpes al grito de: “Si siguen jodiendo con el tema de Sonrisa, ya saben lo que puede pasar”. La protección para la familia todavía no llegó. Al hermano de Sonrisa, Daniel, también lo agarraron. Dijeron que tenía marihuana, pero no existió ningún secuestro. “No lo trataron mal porque no les dimos tiempo”, dice Juan. “¿Tu viejo es quilombero? Se viene con todos los Derechos Humanos encima”, le preguntaron a Daniel. Cuando Juan se retiró de la comisaría, cerca de las 17, Daniel pidió ir al baño. Cuando estaba ahí, un policía lo chicaneó, él contestó y lo amenazaron:

-Vas a necesitar una manito, ¿no?

.-Sí, traé la tuya.

-Ya te vamos a dar todas las manos que vos quieras cuando te metamos en el calabozo.

A Walter, tío de Sonrisa, el 26 de enero, lo volvieron a agarrar. “Le hicieron una cama. Estuvo 33 días porque le pusieron paco en el auto. Salió porque pude ponerle un abogado. Lo que consta en el expediente es que le secuestraron tres gramos de paco. Lo que salió en los medios es que es jefe narco, con auto de alta gama de dudosa procedencia, que desbarataron a la banda. Cuando logramos retirar el auto, le faltaba una de las llaves. Nadie se quiso hacer cargo. Vamos a tener que hacer otra llave porque en cualquier momento pueden agarrar el auto y meterle droga adentro. No es fácil para nosotros cambiar la cerradura por el costo”.

-El fiscal Catán y el ayudante, Flores, se lavan las manos como quieren –dice Pablo-. Catán, enviado por el juez Samann, retiró todo tipo de documentación que había en las comisaría entre los años 73 y el 84. Nunca dieron aviso a ninguna otra fiscalía. Flores entra a las comisarías, a las celdas, insulta a los chicos, los patea, los escupe. No hay contención del Estado, todo lo contrario. Nos cansamos de discutir con la asesora de la secretaría de Derechos Humanos de la provincia, María Luciana Eichenberger, que dice que no tiene poder para actuar. ¿Quién le tiene que dar poder? Recién cuando el Alem la llamó hizo algo. María Luciana Eichenberger se manejó de una forma totalmente déspota. Ni siquiera tomaron las denuncias. ¿Dónde están acá los derechos humanos de los pobres? No hay un abogado estatal para lo que está pasando en San Pedro. En ningún momento hubo una respuesta del estado. “Es un problema judicial”, nos dijo el subsecretario de Derechos Humanos de la Nación, Luis Alem. “Vayan a Acceso a la Justicia”. Cuando fuimos al ministerio de Justicia para hablar con el viceministro, nos atendió el secretario de su secretario y nos dijo que lo tenía que ver Derechos Humanos. Hablaron con Juan Manuel Civila. Él fue sincero: no se podía dedicar porque los juicios de lesa humanidad le quitaban el tiempo. Por eso vamos a volver a Buenos Aires para conseguir que traigan un abogado que se dedique.

Terminamos la entrevista y Pablo me invita a seguir investigando juntos. Me lleva a lo de la madre de otro chico perseguido. Al hijo de Gladys lo metieron en “el tema drogas” a los 14 años. Primero le regalaban, después tenía que vender tres de los cinco paquetes. Hasta que se consumió todos y lo obligaron a robar, después de enseñarle, para pagar. El doctor Samann prometió buscar un lugar para que se recuperara. El lugar solo existió para las cámaras de fotos. Después era chamuyo. Ni un psicólogo. Le tuvo que llevar comida. Al otro día tenía una hematoma en la cabeza y la planta de un borceguí marcada en la espalda. El cuartelero había abierto las puertas para que quien quisiera violara a los que hubieran violado. Gladys le pidió que no se metiera. Él prometió mantenerse apartado, pero le pidió 20 pesos para comprarle marihuana al cuartelero, así no le pegan. Las pastillas para el tratamiento de conducto que dejó no le llegaron al hijo. La respuesta del fiscal Samann, dice Gladys: “Bueno, ¿qué querés? Si tenés un hijo delincuente ¿querés un hotel 5 estrellas?” Cuando amenazó con ir a algún organismo de derechos humanos, el hijo salió libre.

“Así se repitió dos veces más -sigue Gladys-. La cuarta, el doctor Froilán Flores me dijo que mi hijo era consumidor y que entonces lo iba a tener tres meses para que aprendiera. ‘Usted se acuerda de Gómez, el que murió en barrio Bernacchi. Yo creo que no le gustaría que su hijo muriera así’. Nunca supe cómo interpretar eso”.

La quinta vez, el 15 de noviembre, ni importó que la ropa de su hijo y la de quien había robado una moto fueran similares, ni que la que llevaba no fuera una Tuning. La denunciante dijo que el hijo de Gladys no había sido. No importó.

Cuando Gladys, en 2010, denunció ante la policía a quienes vendían, le rompieron la puerta de la casa.

Ahora, si intenta trabajar, la policía les avisa a los patrones que él se droga e inmediatamente pierde el trabajo.

-Cuando mi hijo consumía, los narcos entraban a mi casa y a la de mi mamá y se llevaban todo.

-¿Conoce muchos casos como los de su hijo?

-Sí.

Vuelvo a lo de Pablo. Me cuenta la historia de Diego Constancio, un pibe de 23 años. Se tuvo que ir de San Pedro para que dejaran de perseguirlo.  Lo detuvieron por denunciar que el agente Facundo Quiroga, de la Brigada de Toxicomanía, tiró un paquete en un cajón de gaseosas mientras hacía un allanamiento a un kiosco. Antes de declarar, lo amenazaron con matarlo, con hacerle la tortura “submarino” y hasta con desaparecerlo. Por eso se tuvo que ir un tiempo de San Pedro.

Me encontré con Diego para escucharlo de su boca, pero la historia seguía:

-A la salida del baile, nos decían “Andá a dormir”, y nosotros no íbamos. Ahí nomás nos metían adentro, así, por borrachos. Después de lo del kiosco me pasó que un sábado a la noche no quería salir para trabajar el domingo. Me levanté a las 10. Bajé para ir a laburar, caminé por el pasillo, así –por las señas, parece ser angosto-, de mi barrio. Vi que venía caminando uno a mi costado. Del otro lado, otro vago. Miré para adelante y tenía a un patrullero de la Brigada de Investigaciones. “Vení para acá”. ¿Para qué? Yo digo chu, ¿por qué me llevan? Me querían hacer una causa, o no sé si me la hicieron, de un tele, un televisor. No salí anoche. ¿Tengo olor a alcohol? ¿Estoy trasnochado? Me metieron adentro del patrullero. ME llevaron al Paterson, no tenía nada. Después, en la comisaría sí me dieron, en la 9na, donde está Barbosa. Me tiraban de las manos por atrás, cuando estaba esposado. Como a las 12 mi mamá me llevó la comida. No me la dieron. Me la dejaron a las 9 de la noche. A todo eso, me sacaron fotos… Y a la noche me dijeron: “Vení, firmá”. Y yo no sé leer. O sea, más o menos. “Firmá si querés salir. Ah, y una cosita: no vayas a querer decirle a tus vecinos que te trajimos por el tele”.

-¿Viste a los policías en funciones en pedo?

-Sí.

Nos llega un papel con seis nombre, seis edades de entre 15 y 26 años, seis direcciones con sus barrios y seis divisiones distintas de la policía. Salimos en moto. Todos allá se mueven en moto. “El transporte público es muy caro y muy malo”, repiten los sampedreños.

En el Barrio Niño Jesús:

-Manzana [dice un número], lote [dice otro número]. Acá tiene que ser –me dice Pablo Juarez cuando me bajo de la moto.

Meto las manos entre los tablones de madera. Aplaudo.

-No, no lo conozco.

-Sigamos

-¡Eh, [dice un apodo]! Él es periodista –le dice Pablo-. ¿Le querés contar lo que te pasó a vos y en qué andás ahora?

-Aquí en el Norte no hay justicia. Te agarran y si no tenés abogado, te fajan. Tengo 28 años. A los 18 fue la primera vez. Después a los 25 y ahora hace 4 meses. No quiero caer más por el abuso que hacen ellos. Varios chicos sufren mucho ahí adentro. Son olvidados, procesados en San Pedro. Acá no es un lugar para ser procesados. Es un proceso de 9, 12 meses. Cuatro celdas con cuatro personas adentro. Solo 3 horas de recreo separadas. No podés pedir que te saquen al baño. Después, se abusan con golpes físicos, picana. Todo lo que te podés imaginar. Nadie hace nada. No contamos con recursos para contratar a un abogado que haga valer nuestros recursos. Lamentablemente ya estamos acostumbrados y no va a cambiar nunca en esta parte del país. Los abogados del Estado no hacen nada. Te dejan ahí por robo simple, o un supuesto hurto, y te procesan 6 meses.  Llegás a juicio y te condenan. Cuando te levantan, solo lo hacen por fijarse en tu cara. Si un porteño se levanta una moto acá y a cinco metros, yo me levanto otra, me van a parar a mí. Hay mucha discriminación. Mayormente con la gente humilde. Hay changos que sufrieron abusos. Yo personalmente los vi. Bolsa, quemaduras con agua hirviendo, picana, golpes en los riñones. A la mayoría les rompen los tímpanos. A Martín Gómez, todo el mundo lo sabe, lo mataron. No fue un accidente. Lo mató la policía. Tengo miedo de que me vuelvan a detener, no quiero seguir saliendo.

-¿Drogas circulan en las comisarías y las cárceles?

-Si yo tuviera que hablar, amigo… Tengo miedo por mi seguridad. No sé qué puede pasar. Temo por mí, mis compañeros y mi familia. La policía hace lo que quiere.

-¿Seguimos? ¿Qué dice el tercero?

-Barrio Libertad. Se llama así porque los propios vecinos se organizaron para construir sus casas. No dejaron que entrara nadie a aparatear.

Arranca, saltando pozos, esquivando piedras, mirando para atrás para cuidar que nadie nos siguiera. Llegamos, preguntamos un par de veces. Nadie conoce esos nombres. Los lotes cambiaron de numeración. Vemos a unos pibes laburando en una casa.

-Amigo, ¿cómo andás? Estamos buscando a [nombre tal], de [tal manzana y lote]. Somos de derechos humanos. Él es periodista de Buenos…

-Ah, son de derechos humanos, ¿quieren hablar? –dice uno a los demás. Había algunos adentro. Eran siete.

-Vengan, vamos al cuarto –se acomodan, bromean sobre la autoridad del pibito porteño, se piensan apodos y sin mucha introducción, empezaron.

-Yo –dice Chichani, de 23 años, tiene dos tiros de escopeta marcados en la panza. Se los dio el hijo de un oficial retirado con el arma de su viejo- una vez estaba en la plaza, sentado con los compañeros que venían a trabajar. Llegó la brigada, me pidieron solo a mí los papeles de la moto. De la nada. Perdí horas de laburo que ya no me pagan por esa detención. “Vení a dejar los papeles. Si vos no venís, ya sabés lo que te va a pasar”, me decían.

-Ellos hacen así –dice Andrés “Chupito”, que más tarde me enteré que sabe mucho porque es médico de la gendarmería-: entran, revientan y sacan a los chicos, todo.

-¿A todos acá los agarraron?

-Sí –dejan claro siete voces-.

-Yo estaba durmiendo a las cinco y algo de la mañana –vuelve Chichani-, siento un ruido de la puerta. Era la policía de la Brigada de Investigaciones “Todos al suelo”, dicen. Me echaron agua ardiendo ahí nomás.

-Los de la novena –insiste Chupito- hicieron dos veces un allanamiento: “No sabíamos que ya habían venido”, dicen.

-Me dieron picana por la espalda -sigue Chichani-. Cuando vuelvo tarde a mi casa, tengo que ir orillando para que no me agarren.

-Querés conocer la causa y no te dicen –sigue Chupito-. Yo estoy en la medicina y por eso no me joden a mí. A los demás los llevan.

-“La muñeca” Barbosa ya está acostumbrado –sigue Chupito- a golpear a los chicos. Al hermano de Seba lo golpearon solo por ser hermano.

-Los días sábado -habla por primera vez Chemín, que tiene catorce disparos de goma en el cuerpo. Se los dieron adentro de la comisaría 9na- se ponen a tomar pasando la calle 9 de julio y quedan re machados.

-¿Y qué hacen –intervengo- cuando los cagan a tiros adentro de la comisaría? ¿Los llevan al hospital?

-¿Qué te van a llevar al hospital? Hay una médica –vuelve Chupito- que no te hace ningún estudio. Te toma el nombre, te dice que levantes la remera y ni te mira. Y listo. Él –señala a Chichani- tenía el dedo reventadísimo y ni lo vio. Cuando pedimos ir al baño, nos tuvieron diez horas para ir. “¿Cómo hago yo para ver a mi abogado?” “No, eso se ve solo en las películas, me dice Barbosa”. Él me tiró una cachetada que yo esquivé. “Vos me tocás a mí y perdés tu laburo”, le dije, y se disculpó: “Vos ayudá con la causa y listo”. Después se desquitaron con un vago en la celda de al lado.

-¿Es cierto que les dan cinco paquetes y si no venden tres, cagaron?

-Si te negás o te quedás las cosas, te liquidan –dice Chupito-, así como le hicieron al changuito Martín Gómez. Le hicieron la causa de que se había muerto solo. Mentira.

Me cuentan que la fiscal pasa a veces por donde ellos se junten, pasa bien, bien despacio. La brigada también, en un Fiat blanco. Además de todo eso, les roban lo que tengan. Se quedaron hasta con una moto con papeles, dicen. Supuestamente está en San Salvador. Les hacen estar culo para arriba, con las manos en alto, arrodillados, sin apoyar el culo… Lo que se les ocurra para divertirse un rato. También cuentan que se quedan con la comida, que nadie es bueno “adentro”.

Chupito agrega información de otros casos: “Los changos se amotinan, prenden fuego para que vaya el juez. El juez va y también los caga a palos. A algunos ya no les importa nada y se cortan. Nos lo dijo un chico cuando entramos nosotros”.

Efectivamente, mientras estábamos ahí adentro, pasó un patrullero de civil mirando para adentro.

Al día siguiente, estaban cuatro de ellos en una de sus casas cuando entró la policía sin ningún motivo, cerca de las 22. Vieron que estaban con el médico y se calmaron. Dijeron que tenían información de que había dos motos robadas. Revisaron y encontraron una sola, pero con todos los papeles en regla.

Pablo me acompaña a agarrar la mochila. Vuelve a mirar para todos lados. Acelera en la moto, frena. Espera. Deja pasar autos. Avanza hasta la terminal.