Vivienda, electricidad, agua

NosDigital estuvo en Miraflores, Chaco, para sentir en la propia carne la realidad cotidiana de las comunidades originarias en el Impenetrable chaqueño. Una crónica donde el Mal de Chagas se funde con la aridez de un mundo sin agua y la construcción de una mejor realidad por medio de la organización y la lucha.

Abrís los ojos en Miraflores y de pronto te encontrás en un pueblo cuyo tamaño es bien abarcable por la vista: mirás a la izquierda, la estación de servicio que te da la bienvenida, a la derecha, las últimas casas que te despiden. Pero en esa mañana fresca de invierno en la puerta del Impenetrable el único ruido que rompe con la calma son los camiones cisterna de la empresa de agua chaqueña SAMEEP. ¿Qué estaba pasando ahí? “No hay agua” nos responden en cada casa que pisamos. “A 40 kms. tenemos un río y no han hecho ningún trabajo allí, por eso que ahora se ha secado y tuvimos que ir con nuestros camiones a recoger todos los pescados que estaban ahí para que no se echasen a perder. Y ahora tenemos que traer el agua en esos camiones” tira un vecino, Marcelino, ante nuestra sorpresa. De Castelli, a una hora del pueblo, estuvieron trayendo el agua para consumo domestico. 300 mil litros al día son depositados según reconoció el gobierno chaqueño[i]; pero cualquiera puede calcular si no es más barato que el gobierno invirtiera en pozos antes que día a día hacer 60kms.

DSC_0279Ya a la tarde tenemos la confirmación que nos están esperando en la casa de Bernardo Yuni: “frente a la estación de servicio hay cartelito que dice barrio originario, encará por ahí derecho y ya te vas a encontrar con las casas”. Seguimos las órdenes y de pronto se nos abre el espacio que nos albergará por la próxima semana: la comunidad qom del Movimiento Qompi Voque Naqocta. A simple vista nada la diferencia de un barrio de casas construidas por el gobierno, pero acá se está gestando algo más que la simple conglomeración de viviendas: la organización de las personas. La comunidad fue formada hace 15 años y hoy en día sigue siendo liderada por uno de sus iniciadores, el qarashé Marcos López, quien también preside el Concejo Qarashe de la región que integra a casi una decena de diversas comunidades en la región, tanto qom como wichis. Ya en la noche después de la cena, Bernardo nos cuenta un poco de todo aquello: las 25 casas fueron construidas en los últimos años, que también lograron la electrificación, que por falta de agua ya casi ni se puede mantener los chanchos, chivos o gallinas ni cultivar las sandías, zapallos o el algodón. ¿De qué viven entonces?, “Y acá la mayoría vive tanto de la asignación universal por hijo como por la pensión por Mal de Chagas”. Con los días y visitando diferentes asentamientos más distantes descubrimos el alcance de esta frase: todos tienen chagas. No por nada Marcos López nos dirá más tarde: “este lugar lo llamo la capital nacional del chagas, también yo tengo”.

Campo la China, El Zanjón, Techat, Pozo del Toro, El Algarrobal, cada paraje que se nos cruza en la ruta y los problemas parecen repetirse frente al monte que monopoliza la visión, pero que a la vez sigue siendo fuente complementaria para la vida de los lugareños. Pablo de Campo la China por ejemplo, ante la posibilidad de vivir urbanizados como en Miraflores, nos respondió: “nos sirve más vivir en el monte, porque ahí tenés todo, leña, agua, comida, a diferencia del barrio que tenés que pagar por todo”.

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-¿Cultivan, cazan…?

-Sí, cazamos wasunchos (chivos), tatu carretas, tigres, quirquinchos. Pero no podemos cultivar porque es monte y no hay mucha agua. La que sacamos del pozo es agua amarga, no la podemos usar, pero sí los animales. Igual los pozos están secos ahora, porque no llueve hace 6 u 8 meses más o menos.

En Pozo del Toro la situación es parecida: “acá tenemos un pozo, pero si no te levantás a las 3 am, lo que te queda es agua chocolate. Nos gustaría que hubiese cañería para que la gente pudiese tener en sus propias casas y no tener que caminar para llegar”. El ir y venir de las bicicletas adornadas con bidones a los costados hacen que cualquier duda sobre las palabras repetidas se esfume para siempre. Este conflicto de cada día se junta con la necesidad de vivir en casas de material. Acabar de una vez y para siempre con la sed y el frío. Y la vinchuca, que seguirá entre ellos hasta que no abandonen las casas de barro, en las que habita. El gobierno promete casas, o sea vivienda digna, pero no cumple. Si en Miraflores hay 25 hechas, una vez que nos alejamos se empieza a convertir en algo excepcional: solo unos pocos pueden ahora gozar de las viviendas, a pesar que hace 3 años empezaron los pedidos. Sin embargo, ¿cómo romper con la indiferencia –apatía, deshonestidad o el calificativo que más les guste- del gobierno de Capitanich? “Con la lucha” entonan sus labios cada vez que hacemos la pregunta. “La lucha” y su “organización” saben que son el camino y las únicas bases fuertes para lograr mejorar sus vidas. Si durante tantos decenios el estado argentino los mantuvo fuera de cualquier beneficio, solo por su unión han logrado salir un poco de la exclusión.

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Sequía, sed, frío, vinchuca, chagas, lucha y organización, son por ahora las constantes que vamos encontrando a nuestro pasar. Pero las privaciones no son solo para las comunidades, sino también para los servicios públicos que están en sus alrededores. El ejemplo de la Escuela 1017 esclarece. Está en medio de la ruta, nos presentamos e inmediatamente fuimos recibidos por una amable directora, Mabel. En la 1017 hay 240 alumnos, que no solo reciben la educación pública sino que además le otorgan gran parte de su alimentación: “hace 5 meses que no me llegan los fondos para mantener el comedor. Todo este tiempo tuve que pedir fiado a los comerciantes de acá. No sabés la vergüenza que me da entrar y tener que decirles que de nuevo no tengo con qué pagarles. Un día, me dijeron que ya no iban a poder fiar más. Yo los entendí, porque no te pueden ir regalando las cosas; pero ahí fue un golpe tremendo”. La única vez que recibió alguna respuesta este 2013 fue cuando la llamaron de un programa de Radio 10 y ella contó lo que estaba pasando. Ahí, inmediatamente llamaron desde Resistencia, diciéndole que cómo iba a decir esas cosas por una radio de alcance nacional, que no tenía códigos, que no se qué. Ese mes le llegó la plata, el siguiente también, luego, de vuelta al silencio. Sin embargo, ella se enorgullece de lo conseguido: “acá la mitad son qom y la otra criollos. Me costó hacerles entender a los adultos que tenían que dejar de lado sus diferencias y que tenían que pensar en los chicos”, resaltando un conflicto que según cada lugar esconde una relación conflictiva que se entremezcla la historia, los discursos invisibilizadores y evolucionistas, y la violencia. Pero si hay algo que han logrado las comunidades fue imponer la enseñanza en la lengua qom, el qomlactac, mediante los ADA, auxiliares docentes aborígenes, claves en los primeros años, donde los nenes sin saber una sola palabra del castellano –o la castilla como lo llaman- eran obligados a aprender a leer y escribir en un idioma completamente ajeno.

 

Entre el celular, el avance del internet gracias a las compus que ya tiene la escuela, la televisión, el abandono de algunas prácticas históricas con el monte, parece ir moldeando a los jóvenes de las comunidades. ¿Qué son? ¿qué se les permite ser? Por un lado, la caza, la pesca, la subsistencia mediante la naturaleza ha sido abandonada en Miraflores, aunque todavía el sistema no los considera como sus miembros plenos. Incorporación a un modelo de vida, pero como excluidos de tal. Esto trae la malnutrición, ya que no se han hecho de una dieta integral por falta de recursos o conocimientos, pero también graves consecuencias sociales: el poxi se va extendiendo entre los pibes. ¿Acaso este proceso de huída no puede ser consecuencia obvia de una incorporación parcial de una juventud, a la que se le muestra y se les impone una forma de vida, pero que solo parcialmente van a poder acceder? Por ello, la búsqueda de los mayores en recuperar y mantener los valores culturales propios, pero no como un salto hacia atrás, sino como herramienta para el presente, para llenar la nueva vida que están empezando a transitar.

Vivienda, electricidad, agua. En este orden las comunidades van exigiéndole al gobierno provincial. Ellos han esperado mucho para que sus vidas mejorasen y ahora mediante la organización política han comenzado a gozar de algunos resultados. Por eso, es difícil no enorgullecerse con ellos cuando proyectan su futuro y dicen “solo lo vamos a conseguir gracias a la lucha”.

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[i] http://www.prensa.chaco.gov.ar/?pag=noticia&nid=29552

Voces enterradas

“Puel Kona es un grupo de música mapuce fusión”, así se definen.  Desde la  comunidad Newen Mapu, ubicada en Neuquén Capital, estallan las voces de estos militantes de la comunicación que reivindican su identidad y denuncian el etnocidio que los intereses capitalistas siguen perpetrando en sus tierras.

Los nombran y por inercia a los minutos los googleo, son de una comunidad de Neuquén Capital que se llama “Newen Mapu” y significa fuerza de la tierra. La descripción de facebook dice “Puel Kona es un grupo de música mapuce fusión”. Me queda sabor a ganas de más y abro una nueva pestaña en el buscador, entro a youtube, escucho “Clandestinos”, corte de difusión de su primer disco. A mitad del tema les mando un inbox, no están online. Otra nueva pestaña me lleva a twitter, los sigo y les pido un contacto. Llevo el mouse hasta youtube nuevamente, ya estoy tarareando el estribillo.

La mañana siguiente empezamos a charlar. Del otro lado del teléfono me atiende Lefxaru, guitarra y voz de la banda. Resolvemos seguirla por mail, tienen una estructura horizontal y no quieren que la conversación quede en una sola voz. Casi mágicamente a pesar de los kilómetros se suman Aylin (voz), Amaru (teclados y voz), Umawtufe (bajo y Xuxuka), Ñamku (Xuxuka, xompe, sikus), Lucio (Batería) y Malen (saxo).

 

“Clandestino en tu propia tierra, extranjero en tu propio origen. Es nacer y ya estar condenados, existir pero ser invisibles” (Puel Kona – Clandestinos)

La comunidad “Newen Mapu” está cumpliendo sus primeros treinta años. Puel Kona nació, creció y fortaleció su identidad mapuce a la par del progresivo afianzamiento de la comunidad en la que vive. Proceso conflictuado muchas veces por el hecho de estar situados en la ciudad donde sistemáticamente se los volvió ajenos a su propio territorio. Este estigma recae sobre ellos como un azote difícil de imaginar para nosotros: Su vínculo con el territorio no se reduce a una mera funcionalidad, sino que es parte estructurante de su cultura. “Mapuche” quiere decir “gente de la tierra”, pero con una sutileza que el idioma conquistador no deja entrever: primero son tierra (“mapu”) y luego gente (“che”). Se vuelve más claro, entonces, que el despojamiento territorial y la devastación cultural son dos caras de un mismo proceso. “Si bien nuestros padres se encontraban en la ciudad, y nosotros nacimos y nos criamos en estos espacios, nunca nos fuimos de territorios mapuce porque somos parte de este territorio que nos da origen e identidad, al igual que nuestros antepasados. Nosotros no hemos emigrado de nuestro territorio, sino que es la ciudad la que se instaló dentro de territorio mapuce”, lo dicen convencidos. Abren una grieta en un sistema que apuesta a negarlos, una grieta por donde se filtra la luz.

La adolescencia los encontró ante la necesidad de comunicar quiénes eran y rebatir todo eso que querían imponerles. El impulso los llevó a formar Kona, un centro de comunicación en el cual empezaron a decir en diferentes formatos. Eran la primera generación adolescente dentro de la comunidad y llevaban dentro años de voces que habían querido ser silenciadas. A ellos les tocaba gritar “Creemos que tenemos muchas cosas por decir desde nuestra propia perspectiva, para que nadie hable por nosotros sino que nosotros tengamos nuestras propias voces mapuce para poder contar nuestro sentir, nuestras posiciones”.

En su búsqueda del decir, de encarnar en palabra tanta historia, llegó la música para poder decir mucho más. “El hecho de constituirnos como banda fue todo un aprendizaje, porque no hacíamos música desde antes, no éramos músicos ni habíamos estudiado música. Más que nada comenzamos a hacerla porque nos dedicábamos a  comunicar y la música era otra forma de comunicación. Pero a medida que fuimos creciendo como banda, fuimos aprendiendo un montón en relación al sentimiento musical, y a entender que no era tan sólo una forma más de hacer comunicación como nosotros creíamos, sino que es algo mucho más profundo, que tiene que ver con relacionarse con tu propio interior, con las vivencias que has podido experimentar a lo largo de tu vida, de tus sentimientos, de tus sensaciones, de cómo entendemos nuestra espiritualidad, de cómo vivimos nuestra identidad”  

Cuando cantan, una mezcla de sentimientos se entrecruza. El dolor, la alegría, la nostalgia, la tristeza, el amor y la esperanza se hacen presentes en su voz para gritar que la identidad mapuce está viva y con mucha fuerza para proyectarse. “Nos hemos sentido o nos han querido hacer sentir como extranjeros en nuestra tierra. Desde la Campaña del Desierto hasta ahora hemos sufrido la invasión territorial, por intereses petroleros,  por el turismo, por la minería, por los estancieros, por el agua. Fundamentalmente, en un primer momento para responder a la necesidad de la Argentina agro exportadora, y luego hasta el día de hoy, en función de intereses capitalistas que valoran mucho más los beneficios económicos que la vida”.

La grieta sigue sumando nuevos gritos que la expanden, el deseo colectivo motoriza la producción de una nueva forma de concebirse a ellos mismos por fuera de la mirada eurocentrista única, totalitaria y excluyente. Las fusiones de ritmos que pasan por ska, hip hop, reggae, chamamé, saya, cumbia, entre otros, hablan también de la pluralidad que defienden. La diversidad potencia la energía, los temas te mueven casi sin darte cuenta, transmiten alegría, celebran la vida.

“No creo en tu frontera, no me hagas el dominio. Jura tu bandera que demasiado duro ya es tener que ir a tu escuela donde se niega tu identidad y te enseñaran una historia ajena” (Puel Kona – Clandestinos)

El conocimiento es también una forma de colonización, es meterse con lo más profundo de tu subjetividad e imponer nuevos sistemas de entender el entorno para echar claridad sobre una única forma de saber y meter todo el resto en un agujero oscuro y profundo. La educación se encarga de transmitir esta univoca forma de conocimiento académico. “Desde niños tenemos que asistir a una escuela en donde nos enseñan que los mapuce no existen o que si existen viven perdidos en un paraje del campo en donde no hay caminos. Que no existimo, y que si existimos somos borrachos y vagos. Que no existimos y que si existimos hay que tratar de que aprendamos a dejar de ser mapuce”

Ellos no se callan y toman la decisión de cantar en castellano y en mapuzugun, dos puntas del mismo puente que pretende unir. “Para nosotros es fundamental recuperarlo, fortalecerlo, ayudar a despertarlo en las generaciones más jóvenes porque allí se encuentra toda nuestra cosmovisión”. Entienden que es necesario apropiarse de estos espacios que tienden a invisibilizarlos y trabajan para resignificarlos, para construir nuevas relaciones que no dejen a nadie afuera, en donde cada uno pueda ser libremente aportando a la diversidad cultural. “Criticamos una educación que es la que representa Sarmiento, negando lo originario de este territorio y valorando elementos extranjeros. Con esto no queremos decir que queremos generar discriminación a la inversa; sino que creemos que hay que fortalecer cada una de las culturas para que entre todos podamos aprender a respetarnos y convivir dentro del espacio territorial que compartimos”

“A nosotros como jóvenes nos ha tocado dar la discusión en nuestros espacios de formación y construir alianzas, relaciones con sectores de estudiantes que también entienden la necesidad de valorar la diversidad cultural con la que contamos. Así trabajamos para poder aportar a este cambio desde la educación, porque es la base fundamental para poder pensar otro tipo de sociedad y otras relaciones más fraternales e incluyentes”. Desobedecer. Cuestionar. Organizarse. Contrainformar. Construir. Descolonializarse. Sentir. Puel Kona, los “Guerreros del Este”, sigue luchando, sigue agrietando.

Aquel multitudinario desierto conquistado

Acompañanos en un sobrevuelo bien rasante y veloz por un pedazo de la historia argentina que nos marcó como pocos otros. La mal llamada Conquista del Desierto encabezada por el personaje de los billetes violetas en las palabras de los protagonistas.  

Ocupación militar del Río Negro en la expedición al mando del General Julio A. Roca, de Juan Manuel Blanes

 

Imagínese estar por el barrio porteño de Caballito, y usted, amante del fútbol no tiene mejor idea que ir a visitar la cancha de Ferrocarril Oeste. Es día de partido y a unas cuadras ya siente el griterío, al estar frente a él lo ve completamente lleno: las entradas están completamente agotadas y los 24 mil lugares están ocupados. Sonríe y sigue su camino. Pero al hacer unos metros un completo desconocido –de barba larga, bigote tupido y ya entrado en años- le dice con total naturalidad: “no hay nadie en el estadio eh, ¡ni un alma!”. Lo ignora y prosigue, un loco más, píensa. Sin embargo, hace 120 años un loco con las mismas descripciones nos hizo creer que 24 mil indígenas constituían un “desierto”. Así, en esta nota nos encargaremos de esos prisioneros que a pesar de ser invisibilizados tuvieron un destino, trágico destino de muerte.

“El año 1879 (…) ha visto realizarse un  acontecimiento cuyas consecuencias sobre la historia nacional obligan más la gratitud de las generaciones venideras que la de la presente (…).Ese acontecimiento es la supresión de los indios ladrones que ocupaban el Sur de nuestro territorio y asolaban sus distritos fronterizos: es la campaña llevada a cabo con acierto y energía, que ha dado por resultado la ocupación de la línea del Rio Negro y del Neuquen.”[i]

Con estas líneas se iniciaba el “Informe de la Comisión Científica Agregada al Estado Mayor General de la Expediciónal Río Negro (Patagonia)” ordenada por el mismísimo Julio Argentino Roca en 1879 para dar cuentas al Congreso de la Nación sobre su grandiosa gesta civilizatoria.

¿Qué nos cuenta el propio Roca acerca de los prisioneros? Terminada la conquista, en ambas Cámaras mostraba los resultados: 1271 “indios de lanza” incorporados al Ejército Nacional o a la Marina, 600 “indios fueron enviados a Tucumán, con destino la zafra” y “muchas mujeres y niños distribuidas en el seno de familias que los solicitaban, con intervención de la Sociedad Benéfica y el Defensor de menores”[ii].

Por ahora la cuenta nos cierra que sabemos que dos mil terminaron ya sea incorporadas a las Fuerzas Armadas encargadas del propio exterminio y despojo de las comunidades, otras tantas como mano de obra servil en los ingenios azucareros tucumanos. Sobre las “muchas” mujeres y niños, lo mismo, separadas de sus familias se convertirían en servidumbre para las altas casas de la elite.

Darío Aranda en Argentina Originaria, nos cuenta que otros tres mil fueron esparcidos por Mendoza para trabajar en el área vitivinícola.

Pero sin dudas, el destino más terrible que podían tener eran los –lisos y llanos- campos de concentración, desplegados por todo el país: Junin de los Andes (Neuquén), Chinchinales y Valcheta (Río Negro), Carmen de Patagones (Buenos Aires) y, el más terrible de todos, La Isla Martín García.

Las cuentas bautismales permiten contar 825 indígenas que allí fueron depositadas en 1879. “Fue claramente un mecanismo de control social enmarcado en un proceso mucho mayor: el del genocidio”, precisa Alexis Papazian, que forma parte de la Red de Estudios sobre Genocidio. Explica que en 1890 ya no quedaban indígenas en Martín García[iii].

Entonces para 1879 los resultados eran claros: primero, conquistados a punta de lanza, luego obligados a dejar sus tierras, ganado, cultivos y propiedades. Si sobrevivían al viaje, no les esperaba mucho más que el trabajo servil en hogares aristócratas, campos de hacendados o en un Ejército genocida. ¿Y todo por qué? Dejemos que Roca responda solo: “Dicen que dilapido la tierra pública, que la doy al dominio de capitales extranjeros: sirvo al país en la medida de mis capacidades. (Carlos) Pellegrini mismo acaba de escribirme que la venta de 24 mil leguas sería instalar una nueva Irlanda en la Argentina. ¿Pero no es mejor que estas tierras las explote el enérgico sajón y no que sigan bajo la incuria del tehuelche?”[iv]

Por si queda alguna duda, entre 1800 personas se repartieron los 42 millones de hectáreas de las tierras conquistadas, total equivalente a 30 veces el tamaño de Inglaterra.