Linchado, muerto e impune

A Lucas Navarro, 15 años, lo mataron porque intentó robar. Y la Justicia no condenó a nadie. En medio del bombardeo mediático de los linchamientos, su hermano lo recuerda en esta nota.

A Lucas Navarro lo lincharon el 28 de marzo de 2010. Tenía 15 años. Hubiera cumplido 20 el viernes pasado, 18 de abril. Trató de robar un auto que entraba en un chalet del barrio Los Pinos, en Isidro Casanova. La víctima de ese intento, Gastón Roda, se convirtió en asesino junto con su padre Horacio y Gastón Dillman, Adrián González y su padre Norberto. Dillman se le sentó encima mientras los demás lo pateaban hasta romperle el cráneo. La policía llegó media hora después de que empezó el problema. Cerca de 40 personas veían lo que estaba pasando y no hacían nada para evitarlo. Le preguntaban a Lucas de dónde era, qué había hecho. Al principio Lucas respondía desde el suelo a las preguntas, pero las patadas siguieron. Durante el juicio recordaron los gritos de “Llevátelo porque lo matamos”. Un policía le tomó el pulso y supuestamente todavía tenía, aunque muy leve. Lo esposaron estando inconsciente y lo metieron en el patrullero para llevarlo al hospital Paroissien, en el kilómetro 21 de la Ruta Nº 3. Cuando llegó, llegó muerto. “Fueron contra mi hermano y no contra los agresores”, se lamenta con la cabeza en alto Gastón Navarro, hermano de Lucas.

¿Quién era Lucas?

En la casa todos trabajaban. Eran cuatro hermanos varones, el padre y la madre. “Todos teníamos que laburar porque no es como era antes, que solo el padre lo hacía. Él se encontró solo y equivocó el camino. Él había dejado la escuela en 2009 y en 2010 volvió. Estaba mucho mejor. Recién empezaba la vuelta a la escuela cuando pasó esto. Lo que duele es que se crean que la madre de un delincuente, por así decirlo, no sufre. Todos sufrimos su falta ahora. Se creen que la madre del que delinque es prostituta, el padre vende falopa. Lo que no ven es que le puede pasar a cualquiera que un hijo equivoque el camino. Nosotros estábamos atrás de él, pero a veces llegaba con un celular robado y lo parábamos ahí nomás, pero el daño ya estaba hecho. La calle no es buena compañera. Él se encontró con pibes más grandes. Tampoco es fácil ayudar a un pibe que llegó a eso porque no sabés cómo va a reaccionar”, recuerda.

Justicia y objetividad

“A los dos días de que lo mataron, en la casa de la familia Ronda había un micro antimotín y habían vallado las dos esquinas. Yo me imagino que eso no les pasa a todos. Se imaginaban que los hermanos del pibe que mataron eran unos delincuentes. Nada que ver. No tiene por qué ser así. Nunca fui a tirar una piedra a la casa, nunca los insulté. Llegó, no por casualidad, al abogado Alejandro Bois, de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. A un amigo suyo le habían matado un hermano en la represión del 2001, y Bois tomó el caso. Lograron llevarlo a juicio. La fiscal Silvina Breggia caratuló “Homicidio en agresión”, como si no hubiera habido intención de matarlo. “Yo pretendería que quien imparte justicia sea más objetivo que yo. ‘Usted está insultando mi inteligencia’, le dije. Si cinco tipos se sientan arriba de un pibe de 15 años que pesa 48 kilos y le pegan en grupo, sí querían matarlo. Todos los testigos apuntan a estas cinco personas. No lo pudimos revertir. Uno no espera que le pase una cosa así, entonces no sabe qué puerta tocar”. El Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) Nº 5 de La Matanza absolvió a los Gonzalez y los Ronda porque entendió que lo quisieron proteger. El mismo Tribunal había absuelto a todos los policías en el caso Gastón Duffau, muerto a golpes dentro de un patrullero. “Esas personas que deberían ser objetivas no lo son. En vez de resolver el caso de mi hermano, están pensando que el que mataron es un pibe chorro. Cuando empezaron a leer la sentencia, parecía que los iban a sentenciar. Después empezaron a dar vuelta la cosa y por poco no me hacen pedirles disculpas porque, decían, lo querían cuidar a mi hermano. Si lo querés proteger, lo agarrás, lo metés en tu casa y no le pegan más. Si querés proteger a una persona, lo hacés. ­­Gastón Dillman firmó un abreviado y los otros cuatro dicen que se sentaron arriba para que no lo golpearan. A nosotros ni se nos avisó de ese abreviado (juicio en el que acordó tres años de sentencia excarcelables). Yo lo tuve que reconocer en la morgue y era un monstruo. Te das cuenta de la saña con la que le pegaron. ¿Qué decís? ¿Que no lo querías matar? Yo confío en la Justicia si hago las cosas como tengo que hacer. Entiendo que puedo lograr justicia, pese al fallo de primera instancia en contra”, dice Navarro. Además de los testimonios, los peritos encontraron una inflamación en el empeine de un pie de Horacio Ronda. Supuestamente quiso frenar una patada. Gastón Navarro enumera las pruebas: “No hay que ser muy inteligente para pensar que es difícil frenar una patada con el empeine. El tipo le pegó una patada a mi hermano. Los testigos apuntan a que a ellos los ven golpeándolo”.

Los medios y el quilombo

Al mismo Gastón Navarro que le mataron un hermano lo invitó Mauro Viale a su programa de televisión. Sin avisarle, lo sentó frente al padre de una chica asesinada durante un robo. “Yo no voy a estar feliz de que me roben, pero no me voy a convertir en asesino”, tuvo que explicar en vivo, frente a una cámara, frente a otra cámara y frente a un hijo de puta que lo deja parado como un asesino a él, que le mataron un hermano. Con la misma calma, ahora reflexiona sobre esa entrevista: “A veces los medios buscan crear un quilombo. Y yo no tengo nada contra esa persona. A él le mataron una hija, a mí un hermano. Yo busco que el caso se conozca. No me importa la inclinación política del medio. Lamentablemente tengo que aprovechar este mal momento porque antes a mí no se me dio pelota”.-¿Qué pasa ahora con los linchamientos?-Ahora están de moda. De hecho se ve, son casos aislados, como fue un caso aislado el de Lucas, pero ahora se ven más porque apareció Gerardo Romano y supuestamente evitó uno. Pero no es de hoy. Por lo menos acá se ve muchísimo a la salida de los boliches. Lo terrible es que la gente piense que eso es justicia. Esta semana estuve en muchos medios y mucha gente llamaba para decir que hubieran hecho lo mismo, lo hubieran matado. Yo no creo que toda la gente que dice que mataría, mataría. Creo que la gente dice porque mucha gente lo dice. No creo que todos seamos asesinos.

-Pero te sentaron en el programa frente a una víctima, te pusieron del lado del delito.

-Cuando fuimos a juicio yo decía: “Soy una persona objetiva. Yo no defiendo a los chorros. No me va a poner feliz que me roben. De ahí a matar a una persona, estoy muy lejos”. Mi hermano pesaba 48 kilos y tenía 15 años. Si querés parar a una persona así, lo agarrás de una oreja, le metés una patada en el culo. Entiendo esa reacción. No puedo entender que cinco tipos se le sienten encima y le peguen hasta matarlo. Siendo cinco personas, alguno tiene que parar la cosa. Si no, formas parte de un asesinato. Parás a un delincuente y te convertís en un asesino. Mi hermano tenía que ir a un juzgado de menores o a un lugar donde se pudiera recuperar. No me puedo excusar en que un pibito entra y sale para matar a una persona.

-¿Qué impresión te parece que deja esta sentencia de primera instancia?

 -Queda como que la víctima son los que lo mataron. Ellos no son ninguna víctima de nada. Si mi hermano, yo estoy seguro, en vez de ir a delinquir, hubiera ido a jugar a la pelota y pasaba esto, el caso estaba resuelto. El problema es que mi hermano fue a robar. Entonces, mataron a un chorro, no mataron a una persona. Se creen que la gente sufre diferente. La justicia tiene que ser igual para todos. En definitiva a mi hermano lo mataron. Yo no justifico los errores de mi hermano. Tenía que estar detenido o en un centro de rehabilitación. Por no rehabilitar a los que cayeron en eso, estamos convirtiéndonos todos en asesinos por miedo de que nos pase algo. A veces puede pasar por una confusión, con esta mentalidad, que te terminen matando a vos porque la gente está nerviosa de que cualquiera te quiere robar. Ahora pasa con los motoqueros, van a tener que usar chaleco, no van a poder ir de a dos. No hay soluciones. No todos los pibes son chorros. Los pibes no tienen una salida. Por temor estamos justificando matar a una persona. A mí realmente me da mucho miedo, como sociedad, lo que está pasando. Pero insisto en que no todos los que dicen que matarían, realmente podrían hacerlo. Si no, estaríamos rodeados de asesinos. Quiero creer que no es así.

Juez y parte

A Gonzalo Pecha lo atropelló una camioneta de la Municipalidad, pero la causa no encuentra evidencias. ¿Quién se hace cargo?

El reloj de las cámaras de seguridad del sanatorio Modelo Burzaco y de la calle Alsina y Espora marcaba las 19.30 del miércoles 16 de octubre de 2013. Gonzalo Pecha volvía a la casa en bicicleta con su camisa a cuadros y su pantalón de jean. Pasó a una cuadra de donde Jorge, su papá, estaba esperando el bondi. No lo supo. A la medianoche Gonzalo todavía no había llegado. Jorge llamó al celular. Lo atendió un policía que había llevado a Gonzalo al hospital. Había visto a un pibe tirado con una camisa a cuadros, pero supuso que no sería justo su hijo. Había visto, también, pasar a una camioneta muy rápido y a contramano. No sabe si fue esa misma camioneta u otra que fuera de apoyo al lugar del accidente.

Julio César Funes lo había atropellado con la patrulla 3 de la Municipalidad de Almirante Brown, una Hilux sin vidrios polarizados de patente JLM 022. El acompañante, policía, oficial de tránsito, es Montenegro. Funes declaró que Gonzalo le embistió la rueda delantera del lado del conductor. La camioneta supuestamente quedó golpeada. La bicicleta no tiene ni un raspón. Gonzalo cayó en el medio de la calle Espora. Funes dice que fue a parar arriba de la vereda por el volantazo para esquivar la embestida de la bicicleta.

Gonzalo quedó con muerte cerebral instantánea por un golpe en la nuca. Sangraron los oídos, la nariz. Los pulmones estaban perforados por las costillas rotas.

 Versiones

Dicen que Funes era policía retirado. Dicen que lo sacaron del cargo. También dicen que solamente estaba manejando la camioneta Hilux. Más precisiones no hay. Hay versiones encontradas porque las cámaras no muestran el accidente, pero muestran que la calle estaba llena de testigos que no hablan, que el fiscal Gustavo Giorgi, de la Unidad 24, no encuentra.

Como los del colectivo que pasó en el momento del accidente.

Como la señora del quiosco que primero dijo que vio el accidente y después, cuando volvieron, se retractó.

Como los de la parrilla, idéntica situación.

Como la chica de la casa textil que no sale como testigo porque la amenazaron con quedarse sin  trabajo.

Como Esteban, que vio la sirena apagada en el momento del choque, pero todavía, tres meses y medio después, no declaró.

El acta, en el momento, lo labró Montenegro, testigo visual. Pasó por alto que era juez y parte.

Yo no fui

“Solo después de que el lunes pasado cortamos Alsina y Espora se comunicaron conmigo desde la Secretaría de Seguridad”, recuerda María Laura Miño, la mamá.

Dicen que la camioneta está parada, pero la familia la vio circulando varias veces. Lo que cambió es que ahora tiene los vidrios polarizados. La vieron donde los bomberos, donde la municipalidad, y en la misma esquina de la casa de Gonzalo. La 12, la 13, la 4, en cambio, no tienen los vidrios polarizados.

Las filmaciones del sanatorio y en la calle Alsina que prometió conseguir el fiscal Giorgi no muestran el momento del choque. Se ven solo sirenas prendidas, quietas, y un montón de camionetas policiales después de la embestida. Una de las cámaras gira minutos después, minutos que no aparecen en el video, justo del accidente.

El intendente dijo ponerse a disposición. Los padres, que pararían con las marchas a menos que aparezcan más irregularidades. Esperan que se haga justicia con una carátula no excarcelable, porque tantas faltas les dejan la certeza de que no fue un accidente, sino una imprudencia.