La red de la locura

Milagros González fue secuestrada en Burzaco el 16 de marzo y apareció diez días después violada y drogada. En su relato identifica a un joven que la marcó en una iglesia evangélica y a una mujer que se le hacía la amiga y terminó entregándola. La complicidad policial, política y judicial que volvió loca- literalmente- a una nena de 14 años, contada por su madre.

Pagamos derecho de piso porque somos nuevas en el barrio, en Burzaco. Milagros tenía catorce años cuando conoció a su secuestrador, un animal que vendía drogas en la iglesia evangélica a la que ella iba con su hermanita Ludmila, de doce años. El muchacho, que las saludaba siempre al pasar, desapareció un tiempo antes del secuestro y no volvió a aparecer. Según los pastores, con la iglesia no tenía nada que ver.

El secuestro

A Milagros la secuestraron el 16 de marzo de este año cuando volvía de la casa del padre, donde había discutido con sus hermanos. Como yo no estaba en casa, hablé con ella que me fue a esperar a la estación de Burzaco.

La regenteadora fue una tal Belén, una mujer que tiene una lágrima tatuada en la cara, que se hace amiga de las chicas y es la que las recluta: les saca el número de teléfono, la dirección, con quién viven. Ella pagaba lo que consumía entregando chicas; había sido también víctima de trata. Esta mujer regenteaba desde el COTO, Jumbo y se ve que en la iglesia. Miraba a qué indigentes, a quién podía levantar. Hacía una especie de espionaje.

Esta Belén la invita a la casa y Milagros le dice que no, porque me estaba esperando a mí. La mujer esta iba hablando por Handy, hasta que de repente aparece una camioneta. Con un revólver me la subieron a la camioneta, la encapucharon, la manosearon, la drogaron. Lo último que recuerda Milagros es que siempre se manejaron con handie para hablar con otros secuestradores: recuerda Camino de las latas, la villa Betharram.

La vuelta

El 26 de marzo apareció de vuelta. Se escapó. El forense no quiso ni siquiera tocarla, investigar la situación. No contó nada. No quería que la policía interviniera porque había policías involucrados en el secuestro: Milagros los había visto con uniforme.

El 27 apareció en casa una camioneta negra. Ella la vio y se dio cuenta de que la venían a buscar, que había estado detenida en un prostíbulo en Camino de las Latas, hizo pases (se tuvo que prostituir), la encapucharon, comió dos de diez días, le daban pastillas, inyecciones (comprobadas). Como era chica y ella tiene una discapacidad, ofrecían poca plata.

La intentaron vender en la villa del Bajo Flores a la banda de Los Chinos. El mismo 27 Milagros le contó a otro forense y ahí si la revisaron.

Las amenazas

Llamaban por teléfono, decían que ninguno de ellos iba a caer detenido porque está metido el poder judicial y político, que escapar era una pérdida de tiempo. Esos llamados nunca fueron investigados por el gobierno de Esteban porque están metidos en la trata: desde La Colorada, la prostitución está regenteada por la Brigada.

A Yamila (17), una vez una camioneta le pregunta una dirección que no existía; aprovecharon y se le tiraron encima y le dijeron que no se metiera más, que cortara con el tema de la trata y de la policía porque íbamos a terminar todos en una zanja. Se salvó porque justo unos chicos de ahí la acompañaron hasta la casa del novio.

A Florencia (23), yendo acá a dos cuadras, la quisieron levantar en una camioneta, pero los vecinos estaban todos afuera y lo impidieron.

Todo esto, en pleno día.

La internación

El 5 de abril fue internada porque llevaba once días de desidia; esos once días Milagros tenía brotes de que se quería suicidar. La interné en San Martín de Porres, por mi obra social, pero como no es infanto-juvenil la terminé sacando. Había varones, personas con condiciones psiquiátricas que veían chicas y se les tiraban encima. Para ella eso era volver a vivir lo que le pasó en cautiverio.

La segunda vez hicimos una experiencia piloto para traerla a casa. Tuvo otro brote y la internamos en el San Jorge, mixto también. Quince días después, yo no veía solución. Estaba en una celda con chalecos de fuerza, chalecos químicos. La tenían con pañales, no la dejaban ir al baño, todo el día drogada, todo el día babeada.

El allanamiento

Yo decidí sacarla y me allanaron la casa. El 8 de mayo ella declaró todo en una cámara Gesell. Ese día apareció a las 17 una camioneta roja – que era de un efectivo de Esteban Echeverría- que nos quiso atropellar. Ahí tuvo otro brote. Decidieron darle la internación, yo dije que no. La Unidad de Fortalecimiento Familiar y Niñez, que nunca participó de nada, bajo la autoridad de Mariana Pérez decidió que yo soy nociva. Me allanaron y se llevaron a Milagros. Si nos resistíamos, nos iban a romper todo.

Mariana Pérez me decía que si yo seguía haciendo mucho problema por la trata, me iban a sacar a mis hijos.

Cuando dejé de ser nociva para el Estado, la pude traer y Milagros tuvo otra recaída. Porque fue mal medicada. Decidí entonces que vuelva a internarse en una clínica que me paga la obra social en Avellaneda. Quedó con un estrés postraumático, trauma y esquizofrenia. No reconocía a la familia, se volvía agresiva. Esquizofrénica total, sin cura.

La casa

Ya saben bien dónde vivimos. Con los carteles visibilizamos lo que le pasó y lo que le puede pasar a cualquiera, porque eso aprendimos. La trata le puede pasar a cualquiera. Las puertas quedan abiertas. Nos cuidamos entre nosotros. Nos manejamos con handie con botón antipánico. De día debería pasar el patrullero. De noche tenemos custodia de 19 a 7.

A nosotros, por la Ley de Trata se nos tiene que dar un lugar nuevo.

La trata

Hay treinta desaparecidas acá en Almirante Brown, en las mismas condiciones.