El baile de las escobas justas

El ciclo “Marzo, mujer y memoria” se estrenó con fiesta y carnaval: centenares de mujeres marcharon por el centro de la Ciudad de Buenos Aires llevando las escobas que barren las injusticias y que nunca estigmatizan. Música, poesía y baile en una tarde-noche que dio comienzo a una serie de actividades que articulan la lucha de género con la memoria activa y presente.

Día internacional de la Mujer Trabajadora – Día 8
–  Marzo
Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia – Día 24

escobasEl ciclo “Marzo, mujer y memoria” propone puentes y remata su nombre con “Arte y conciencia” como eslabones de unión. Desde el 6 hasta el 22 de marzo, una grilla de actividades le pone cuerpo de mujer al Auditorio Kraft, apuntando directo a las sensibilidades. El primer encuentro sale a festejarse a la calle. Mujeres y mujeres y algunos varones llegan a la puerta del auditorio en Florida al 600. El movimiento empieza a tomar forma. Durante la tarde, y hasta que llegue la noche, la propuesta va a tomar diferentes cuerpos y objetos. Poesía, cuentos susurrados al oído, batucadas y clowns son la previa a la “Marcha de las escobas”, una performance artística que propone barrer las injusticias transitando el centro porteño hasta el escenario que espera en Plaza San Martin.

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20.00hs – Susy Shock- ¿Quién es?: “-Soy arte- digo mientras revoleo las caderas y me pierdo entre la gente y su humo cigarro y su brillo sin estrellas y su hambre de ser… travesti outlet bizarría del ángel o el cometa que viene a despabilarte el rato que estemos, el rato que nos toque en suerte transitar”, dice su blog.

–       ¿Cómo relacionas la identidad de género con la memoria, verdad y justicia?

–       Yo no sé cuál es la connotación que puede tener la palabra identidad, la palabra femeneidad, la palabra memoria en otro lado del mundo, pero para nosotros y nosotras nos atraviesa en muchos sentidos. Más allá de la lucha puntual de las personas trans para que se nos respeten las identidades autopercibidas, estamos atravesados y atravesadas por una dictadura que ha dejado todo un tema de identidades expropiadas. Todavía hay que seguir buscando. Como sociedad todavía estamos medio rengos y rengas para continuar. Nos cuesta mucho a las personas trans decir soy esto y que se acepte. Pero, también es muy terrible transitar en identidades mentirosas, en identidades que te exigen y que te imponen. Cualquiera puede ser, a cualquiera le pudo haber pasado y eso hace en principio que nos mantenga muy vivos. Hay algo que todavía no se cerró y en otras sociedades es un síntoma de no se habla más y no se hace más nada. Sin embrago, acá, aún en los peores años de impunidad, siempre fue la gran ejercitación recrear los modos de resistir y continuar y no quedarse con esas llagas abiertas.

–       ¿Cómo juega el arte en la construcción continua de la memoria?        

escobas–       Las personas trans y todas las organizaciones de la diversidad hemos aprendido fundamentalmente de la militancia de las organizaciones de Derechos Humanos. Estamos absolutamente ligados a poner el cuerpo, a ese modo de estar en la calle, de hacer una acción donde el propio cuerpo es la bandera del reclamo. En cuanto al arte, no entiendo un arte que sea político y otro que no. Todo arte es político aun cuando se dedique solo a divertir, de la manera más prosaica y más frívola. Aún así está siendo arte político, que se encarga precisamente de esa otra parte, que es la que anestesia en muchos sentidos.

–       ¿Qué te gustaría barrer con tu escoba?

–       Todavía hay mucho machismo que tenemos que barrer, desde adentro mismo, desde nosotras mismas inclusive. Ese machismo que a veces seguimos construyendo cada vez que nos toca criar hijos e hijas. Ese machismo que nos hace ver a las pares a veces en sospecha, en competencia. Ese machismo que regula en serio muchos sentidos y muchos deseos.

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18.00hs. “Si alguien no me dice que sobrevivirá una migaja, aunque sea pleno día, voy a ponerme a gritar”, las palabras de la poetisa Juana Bignozzi llegan desde la punta de un tubo de madera. Una mujer del otro lado, promedia los setenta años, y vestida de blanco, ofrece regalar la lectura al oído de quien esté dispuesto a recibirla. El muchacho se saca los auriculares y se dispone a escuchar. La señora reclama: “Quiero más poesías”. La joven dice que está apurada que no puede frenar. El niño abraza a la señora de blanco. Muchos sacan fotos, todos giran, los bombos están por salir.

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21.00hs – Miss Bolivia – ¿Quién es?: “Armada hasta los dientes con lírica incendiaria y comprometida, Miss Bolivia despliega un mensaje de emancipación y llamado a la reconexión natural con un combo que arrasa: sonidos de barrio con mensaje directo, ultra bailable y versátil.”, dice su FanPage.

–       Tu tema “Rap para las madres” atraviesa los tópicos de esta jornada: mujer y memoria.

escobas–       Para mí es un himno que canto personalmente para homenajear y reconocer a las madres como mujeres maestras de la perseverancia y de la lucha. Desde mi historia personal lo que intento es narrar la historia nuestra como pueblo, sin ambiciones de ser portavoz pero sí de contar mi humilde historia.

–       ¿El arte puede correrse de ser un hecho político?  

–       El arte es política por definición. Cada hecho artístico, cada hecho estético es un acto político, como cada pequeño acto de la vida del ser humano. Mi música como acto estético es un acto político, eso no quiere decir que sea partidario.

–       Siguiendo con la idea de la marcha de las escobas, ¿te gustaría barrer algo?

–       Yo me convertiría en una barredora profesional y creo que de a poco lo estamos haciendo. Nosotros barremos con la lengua,  no tenemos escobas. Me interesó mucho la propuesta por la resignificación del objeto, la escoba para barrer como acto revolucionario y de resistencia, no es lo mismo que la escoba de la ama de casa, mujer oprimida, explotada, con un trabajo de riesgo no remunerado. Yo pienso que hay que resignificar, usar las armas que han sido utilizadas para nuestra opresión como herramientas y armas de emancipación.

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19.00hs. Con la cara pintada marcan el ritmo. Son mujeres de TUMMBanda las que suenan potente en la peatonal porteña. Rompen el círculo cuando las escobas se disponen a intervenir las calles.

Eugenia, desde la organización, explica: “En 1907 hubo un aumento terrible en los alquileres de los conventillos de La Boca y las que salieron a pelearla fueron las mujeres con sus escobas y sus hijos. Esta recreación que hacemos significa eso.  Cada una tiene su lucha, sus ganas de pelear. Es una forma de sumar a todas. Que vengan a barrer lo que crean que son las injusticias”.

La marcha late bajo las escaleras del auditorio. Llegará hasta el escenario donde esperan Susy Shock y Miss Bolivia en plena Plaza San Martin. Un primer grupo se asoma agachado. De blanco, son los clowns con narices de payasos y sonrisas de hoyito a hoyito en las mejillas. El segundo grupo de mujeres llega al rato. Están vestidas de violeta y negro. Llevan escobas en sus manos, respiran profundo inflando el pecho y mantienen la espalda y la mirada firmes. El ciclo empieza a oscilar entre el movimiento y la serenidad. Explota un grito de guerra, que también es grito de fiesta: hay que bailar barriendo injusticias.

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¿Sos lo que trabajás?

¿Quién trabaja?

¿Para qué?

¿Cuál es la categoría que te vuelve trabajador?

 

¿Si se gana plata a partir de hacer algo?

¿O sea que si es usurero es trabajador?

¿Si hace plata con su plata es trabajador?

¿Si vive del alquiler de sus departamentos?

¿Si gana con inversiones?

¿Si gana plata prestándole plata a un banco en un plazo fijo?

¿Si se queja del dolar y después compra en el blue para ganarle a la tómbola?

¿Si no se queja, pero lo hace igual?

¿Si es ilegal?

¿Si tiene un trabajo en buenas condiciones y gasta la plata en cuestiones ilegales?

¿Si gana bien y gasta la plata en prostitución?

¿Y si se prostituye?

¿Y si se prostituye y gana mucha plata?

¿Y si quiere trabajar de algo que no le rinde al mercado?

¿Y si quiere hacer cine y nadie quiere pagar por el cine?

¿Y si quiere hacer música y nadie quiere pagar por la música?

¿Y si trabaja 18 horas por día por dos mangos?

¿Y si trabaja 18 horas por día por muchos mangos?

¿Y si tiene un jefe que lo maltrata?

¿Y si es un jefe que maltrata?

¿Y si tiene un jefe que maltrata y, a la vez, es un jefe que maltrata?

¿Y si trabaja y no llega a fin de mes?

¿Y si caga a los compañeros?

¿Y si lo cagan los compañeros?

¿Y si por trabajar no ve a sus hijos?

¿Y si el trabajo desemboca en un malhumor constante?

 

¿Si no decide nada en su trabajo?

¿Si nadie le pregunta qué piensa?

 

¿Qué pasa si no es feliz haciendo eso?

¿Qué pasa si ya ni sabe si es feliz?

 

Parece claro, pero no lo es: ¿qué es un trabajador?

Piedra libre para ser

María Laura Alemán, compositora y cantante trans, hizo su presentación oficial como solista en Mu. Punto de Encuentro. El recital devino en un encuentro entre almas y la artista nos invitó en un recorrido por sus creaciones y su vida. “Desde que me animé a cantar mis canciones, me encuentro con una situación nueva. Se da una conexión amorosísima y creo que el hecho artístico verdadero es ese.”

Ella es alta, rubísima y de ojos profundos. En la curvatura de sus párpados, parece dibujarse cada sensación que le atraviesa el cuerpo. Lleva rouge oscuro y algo de sombra en los ojos. El ancho de su espalda es el ideal para un buen abrazo. Las uñas de manos y pies, de un negro brillante, a tono con los pequeños aros que penden del lóbulo de sus orejas. Sus manos se mueven algo inquietas, en un caos aparente solo para el que no sabe escuchar los gestos: entre sus palmas, le pone música al tic-tac del reloj. Quien nos presta su presencia para el escueto retrato es María Laura Alemán, cantante y compositora trans. Luego de numerosas apariciones artísticas desde el 2009, su primer año como María Laura, hizo su presentación oficial como solista en Mu. Punto de Encuentro.
Para mí, fue muy emocionante. Es un descubrimiento, porque antes, como hombre, jamás me animé a cantar mis cosas, jamás. No quería trascender como Eduardo, aunque ya lo había hecho bastante como músico, pero no saliendo a cantar mis canciones. Las cantaba Cecile, mi exmujer, siempre. Me acuerdo que en la terapia en que descubrí mi transexualidad, el tipo me preguntaba “¿cuándo le vas a poner la voz a tus canciones?”
Hay muchas otras preguntas, como cuánto de quién ella es, cuánto de su identidad está anclado en su cuerpo y cuánto (más) fluye en su arte y sus canciones.

Recuerda como una de sus primeras composiciones un blues que escribió en primer año, cuando hacía la secundaria en el colegio de varones, San Martín de Tours. La música apareció pronto y se convirtió en su medio de vida y expresión, a la par que desarrollaba estrategias creativas para sobrevivir como Eduardo. Y hay que decir que, para el afuera, esa lucha por ser un hombre correcto y exitoso fue bastante fructífera. Desarrolló sus habilidades deportivas en el rugby, y su disciplinada autodidaxia en la música la pusieron al frente de numerosos coros, recibió premios por sus composiciones y ejerció la docencia en el colegio religioso donde había hecho sus estudios. El mismo colegio que, acuerdo laboral mediante, la expulsó y la estigmatizó por su transexualidad.
A lo largo de esos años, en los que se escondía de sí misma y frenaba las pulsiones para las que aún no encontraba un nombre, el rol que probablemente más disfrutó fue el de esposo y padre de tres (Lalo, Luisa y Sonia). Sigue cumpliendo su rol de padre, que nada tiene que ver con su género. A partir de su visibilización como María Laura, empezó un proceso de transformación al interior de la familia y se ensayaron lazos más reales, basados en la libertad y el amor entre personas. “Zamba del vuelo”, la canción con la que abre cada uno de sus recitales y la que también inaugura las primeras páginas de su libro “Transhistorias”, dice: yo no soy el que fui / ni seré quién soy ahora / solo sé que mi amor / duerme intacto en mi corazón.

Imagen: NosDigital

-Aunque la zamba diga eso, mi cambio radical fue la visibilización, pero en realidad, soy la misma persona. A nivel familiar, cuando alguien quiere suponer que la persona que era yo antes se murió, yo digo que no; yo sigo siendo, sigo llevando  esa persona y además, con mucho orgullo. Es lo que me tocó vivir e hice lo mejor que pude. No borro el pasado.
Mientras hablamos, por el monitor de su computadora pasan algunas fotos. Sobre una de las imágenes, posa el mouse y la detiene. Se ve un muelle largo de madera que culmina en dos espaldas curvadas hacia el futuro. Una nena de 7 años y un hombre de espalda blanca y pelo acanado. Eduardo y su hija menor están rodeados de un agua celeste, de postal. La penúltima canción que compuso María Laura se llama “Foto con Sonia en la bahía”.
– Esa foto a mí siempre me emocionó profundamente. Es del año 2001. Me pasó de estar mirando ahora esa foto y sentir que en realidad estábamos mirando este futuro, sin saberlo. No es el horizonte que se ve ahí, es algo más que un papá y su hija mirando, y me planteé si no estábamos mirando hacia este ahora.

Tiene más de 350 canciones compuestas, en un repertorio que se divide entre la música popular y la música clásica, y sin contar los temas más rockeros de su adolescencia. Ante monumental obra, alguien podría pensar (un alguien que nunca la escuchó) que su producción artística responde a algún mecanismo automático casi industrial. Con tan solo unos acordes, con el solo susurro de un par de versos, queda claro que cada una de sus creaciones responde a una emoción profunda. Y en ese mar de historias y sensaciones nos zambullimos cuando ella está en el escenario.
-¿Cómo empieza el proceso de composición?
– A veces me vienen imágenes de donde sale una canción…es algo que de alguna manera me impacta, puede ser una imagen, un encuentro, un lugar. Surge de algo que pasó, que me marca de alguna manera. Yo no digo “voy a hacer canciones”, salvo cuando alguien viene, me contrata, me da una letra…funciona de otra manera. Pero si no, en general, me tomo muchísimo tiempo, no quiero sacar la canción. Soy muy crítica, pese a que hay algunos temas a los que le perdono la vida y los canto, no están todos en la misma categoría.
-¿Hubo cambios en la forma de hacer música desde tu visibilización como María Laura?
– Hubo cambios en la composición, pero en realidad es como que se liberó. Mi lenguaje se volvió más fluido, pero no hubo un gran cambio. A lo mejor, ahora estoy más atenta a situaciones que pasan, a mirarme más, a mirarme de una manera real, verdadera, sin miedos. Entonces, puede ser que esté más atenta y de pronto sé que hay cosas de las que va a salir una canción. Hay algunas canciones que son de hace muchísimo y las podría haber escrito ayer. “El vendedor de curitas”, es viejísima. La escribí antes del 90’ y es de un episodio del 68’. Lo que sacude esa historia es un tema de discriminación, que yo a los 11 años por primera vez me encontré con una situación de ese tipo. Y no es nada lejano a lo que podría escribir ahora.
La soledad, la humillación, los miedos y las desapariciones tiñen algunas de sus canciones. Del mismo modo en que algo de nuestro ser más íntimo salpica cada cosa que hacemos, la transexualidad atraviesa todas las canciones de María Laura. La música fue y sigue siendo un espacio vital para reafirmar su existencia y encontrar un lugar en el mundo.
-Las canciones me sirvieron para decir yo estoy, yo existo, yo soy. La música era un espacio donde podía hablar de mi soledad, que es algo muy presente en la vida de cualquier persona que vive en algún tipo de margen, pero también de las cosas lindas, de mi amor por la vida. Hoy sigue siendo fundamental, porque aunque ya me expreso por la vida como quien soy, siempre hay algo más que tiene el arte de poder expresarnos. La creatividad te saca afuera todo lo que podés tener atrapado. Cuando creás, sos vos. Yo sé que yo canto y escribo por una necesidad, cuando yo no podía hablar, no podía decir… el arte me salvó la vida.
Entre canción y canción, María Laura va entretejiendo la noche de historias. Con el decir y el ritmo que le imprime a sus palabras, nos contagia su pasión por narrar. En definitiva, nos invita a acompañarla en su viaje, en su tránsito por la vida. Una que le gusta contar es la anécdota que dio origen al megahit, como le decimos entre risas, “Peñas Blancas”, premiada en 2005 por el Fondo Nacional de las Artes en el concurso “Canciones de raíz folklórica”, en el área de música litoraleña. Peñas Blancas queda en Salta, a poca distancia del dique Cabra Corral, y es una región en la que coexiste diversidad de flora. La canción, compuesta en 2003, está inspirada en una tarde de rafting, en los descensos por los rápidos del Río Juramento, un tajo gigante entre las montañas. Mientras contaba esto en el festival “Destravarte” 2009, se dio cuenta que todos esos años había creído estar hablándole al río, cuando, en realidad, el río era el que le decía a ella: déjate llevar, déjate llevar / por los remolinos / que como el vino, te hacen girar.
– A veces pasa que no entiendo por qué puse algo, y de pronto, aparece una respuesta un tiempo después. El pintor Mariano Cornejo, con el que hice algunas canciones, decía que el arte es como alguien que te agarró, te tiró por el aire, y allá subiendo, pudiste ver por una ventanita y después bajaste. Y escribís sobre lo que creés que viste. Pero lo que está pasando es eso que está ahí, y nosotros tenemos un mínimo acceso, que es enorme de cualquier manera. El arte define a la especie humana, está totalmente asociado con la supervivencia. Es una manera de conectarnos con algo muy grande, muy profundo, que no sabemos qué es, pero que nos toca, nos emociona, nos hace plantearnos a cada segundo cuál es el sentido de nuestra vida.
María Laura comparte sus reflexiones, sus historias y nos brinda una parte de su vida. También comparte el escenario y esta noche de septiembre tiene de invitados a su hijo, Lalo Alemán, que interpreta composiciones propias en la guitarra, a Cecile Caillon, actriz, clown, cantante y exmujer de María Laura, y al cantante Lito Zer.

Desde 2009, María Laura vive en sola en un departamento sobre Av. Rivadavia, en el cruce entre Almagro, Once y Balvanera.  Su visibilización y su lucha contra los mandatos impuestos tuvieron sus costos. Mientras se liberaba y comenzaba a vivir su vida como necesitaba vivirla, fue desaparecida de muchos de los ámbitos en los que se movía cómodamente como Eduardo. Muchos de sus logros fueron desestimados y se le bloquearon las vías de expresión, su posibilidad de existencia. Para la persona transexual, la intimidad y su identidad primera están a flor de piel, expuestas y vulnerables a ser violentadas, humilladas o negadas de forma sistemática. María Laura reconoce el miedo a la exposición y al rechazo.
– Yo constantemente vivo ese miedo. Pero desde que me vine a vivir acá, tomé la decisión de salir siempre a la calle, pase lo que pase, salir. Es verdad, hay miedos, yo cada vez que paso por el lavadero de autos pienso a ver quién me va a decir algo y cómo lo voy a resolver… Pero no dejo de salir. La calle no es un mundo totalmente hostil, se producen muchos encuentros especiales. Muchas veces, se genera una situación de respeto. Cuando recibo un buen feedback de la gente, entiendo que es porque vieron mi libertad. A la gente, en general, le gusta ver gente libre por la calle, de alguna manera nos está diciendo que todos podemos ser libres.
En el relato “Encuentros con ángeles”, que aparece en las “Transhistorias”, dice: Me doy cuenta que a medida que voy desapareciendo de un mundo comienzo a aparecer en otro; un mundo de ángeles sin alas, que se ven y se reconocen en una ciudad en la que eso no le sucede a muchas personas. A lo mejor yo también me estoy convirtiendo en un ángel. Sobre estos encuentros, también compuso la canción “Los ángeles de Buenos Aires”, una de sus favoritas de estos últimos tiempos.
Ante tanto miedo al otro, María Laura descubrió, a raíz de un rencuentro con una alumna de canto particular, que hay un miedo mucho más grande.
-En realidad, me parece que el terror más grande que tenemos es a encontrarnos con nuestra propia belleza, que la tenemos todos. Ese es un abismo mucho pero mucho más grande…el de nuestra belleza, de nuestra esencia, de lo que somos. Es mucho más grande que lo que te pueda decir cualquier persona en la calle. Cuando podés ver esos lugares, esos precipicios propios, es mucho más difícil hacer daño.

Pasadas las 12, el recital llega a su fin y da inicio a un nuevo día. La emoción es como una cuerda que nos une a todos los presentes en un solo abrazo.
-Desde que me animé a cantar mis canciones, me encuentro con una situación nueva. Se da una conexión amorosísima y creo que el hecho artístico verdadero es ese. Hay un medio que es la música y son las canciones, pero es algo que pasa entre las almas. Donde todos salimos mejores personas.

La búsqueda creativa de la propia identidad

Se realizó en Buenos Aires una nueva edición del Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos, con la “identidad” como eje central. En esta propuesta, el arte como el modo más íntimo de expresión y como una herramienta para la representación propia y del otro, tiene mucho que decir. NosDigital se acercó a la actividad “Arte por la Identidad” para situarte en el centro del debate.

Fotos: NosDigital

El centro de noche no parece ser el centro, quizás los ejes se mueven junto a las agujas del reloj. Puede ser también, que el centro de noche sea el centro, sin los autos, desprovisto de bocinas y ruidos, vacío de los tacos que corretean para llegar al bondi, de murmullos apurados. Esta noche, confieso, el centro me parece más centro que nunca cuando salgo del subte hacia el medio del debate.

En la calle Piedras al 700, el teatro La Máscara nos espera con la sala del primer piso lista. Inserto en el 14° Festival de Cine de Derechos Humanos, nos acomodamos para ver la proyección del corto “La Mirada Perdida” de Damián Dionisio que nos invita a reflexionar sobre la articulación de dos conceptos que hoy se nos vuelven inseparables: arte e identidad.

Una familia viviendo en la clandestinidad. Una nena que pinta con su mamá. Los nervios en el aire latentes. Un auto del que baja un grupo de tareas. Camperas de cuero. Falcón. Lentes negros. Armas. Impunidad. Ropa desesperada dentro de una valija. Tiros.  Muerte. Secuestro  Y en medio de todo ese dolor que nos eriza la piel, una imagen maravillosamente lograda. Una madre que le pinta con paisajes de colores los anteojos a su hija para que solo vea cosas lindas.

Once minutos de proyección y todo un pasado se instala entre las butacas. El concepto se refuerza con una representación en formato semimontado de la obra “Los tres patitos” de Beatriz Pustilnik, que plantea un lugar de posibles encuentros con las cosas que cada uno lleva encima, aquellas que no se pueden dejar de lado y viven con nosotros de por vida. Mientras se sostienen los aplausos, las actrices Sandra Posadino y Lucia Snieg se suman al público que espera que se arme la mesa de debate.

Taty Almeida, referente de Madres de Plaza de Mayo línea fundadora, rompió el hielo alentando a los presentes a seguir recordando y remarcó el gran momento que vive el arte en la actualidad, desde todas sus ramificaciones, como sujeto generador de memoria, una de las principales lucha de Madres junto a verdad y justicia.

El micrófono está ahora en manos de Claudia Quiroga, actriz de Teatro por la Identidad y de Mujeres de Arte Tomar, quien resaltó la importancia de seguir realizando actividades artísticas que sumen a la búsqueda de la verdad: “El hecho artístico como granito de arena para poder pensarnos y sobre todo visibilizarnos”.

Para cerrar el panel, Luis Guillermo Garay, director ejecutivo del Instituto de la Memoria de Santiago del Estero, nos brindó su testimonio. Reivindicando los nuevos espacios generados a partir de la lucha por la búsqueda de memoria concluye: “El arte tienen una participación activa como instrumento para colaborar en la construcción no solo de esa memoria histórica que nos negaron, sino también de las identidades que a partir de esa memoria se van construyendo”

Para sostener la articulación planteada de arte-identidad, rompemos con el arte como mercancía, lo sacamos a la calle, lo hacemos investigar, mostrar, descubrir. Lo comprometemos con una realidad pasada redefinida y con un presente de continua lucha en la que se entiende que falta caminar mucho, pero que se avanza.

Salimos a la calle y recordamos la imagen de la nena con los lentes pintados. ¿Cuánto tiempo viendo paisajes y no realidad? ¿Cuánto falta todavía por descubrir? ¿Cuánto ya logramos mostrar? Apuro el pucho contra el tiempo y espero que el humo desate el nudo de la garganta.

La felicidad del Bachi Trans

El 19 de marzo se iniciaron las clases en el Bachillerato Popular Mocha Celis, primera institución educativa para personas travestis, transexuales y transgénero. Aquí, la historia de un espacio en el que uno de los grupos más discriminados de la sociedad se desarrolla, aprende, toma decisiones y, haciendo todo eso, resiste, con los libros abiertos, a la exclusión del sistema.

A las 12 del mediodía del lunes 19 de marzo empezaron las clases en el Bachillerato Popular Mocha Celis, el primer bachillerato popular para personas travestis, transexuales y transgénero. Hubo una actividad conjunta entre profes y estudiantes, que culminó en un aplauso general y emocionante. Al mediodía siguiente, y gracias a la difusión boca en boca, ya se habían acercado a sus aulas tres chicas más que las que habían ido en la jornada inicial. Se sentaron en la mesa con sus compañeras, se hicieron un par de bromas, porque con algunas ya se conocían de antes, abrieron sus cuadernos y carpetas, escucharon la clase mientras tomaban mate, tuvieron Inglés y, a las 17, se fueron. El miércoles y el jueves, otras nuevas compañeras se sumaron.

El éxito de convocatoria del Mocha se debe, en gran parte, a las condiciones, formas y modalidad que ofrece de cursada. Es una experiencia transformadora en un doble sentido. Primero, porque es un Bachillerato Popular –un Bachi-, y ya eso implica hablar de construcción colectiva del conocimiento, de que no existen saberes más valiosos que otros y de que las decisiones que competen a la cursada se toman en una asamblea de la que participan tanto docentes como estudiantes. Segundo, porque hallar una oferta educativa para uno de los grupos de gente más vulnerables del país es toda una novedad, una hermosa noticia. Discriminadas y excluidas en todos los ámbitos en que se desenvuelven, en estas aulas las travestis encuentran un ambiente en el que poder desarrollar todo su potencial como seres que aprenden, incorporan, dan, se prestan, se conmueven, ríen, juegan y, haciendo todo eso, además, resisten.

El Mocha Celis está en la Mutual Sentimiento, Lacroze 4181, en el quinto piso. Al subir las escaleras del lugar, uno se encuentra con una escuela primaria, una radio comunitaria, una farmacia en la que adquirir medicamentos al costo y varios salones en donde distintas organizaciones sociales realizan sus actividades. El Bachi, por estos días de inicio, recibe a lxs visitantes con ruido de taladro, porque todavía hay algunos arreglos que hacer en el espacio. De eso se trata, justamente; el profesor de inglés, el de matemática, la de historia, varixs estudiantes, todxs ayudan en la construcción del  espacio. Entre los que andan ensuciándose la ropa con trabajo, está Francisco, docente de lengua, que cuenta: “Algunas de las chicas que estudian acá no se animaban a tomarse el colectivo, viajaban en taxi, las que podían. Eso porque se sienten desprotegidas. Pero  el primer día que llegaron, se dieron cuenta de que muchas viajaban en el mismo bondi. ‘Vamos juntas, va a estar lleno de locas’ dijeron entonces y, claro, se lo tomaron todas juntas”.

Es que, al cabo, la unión hace la fuerza. Y en el Bachi lo saben, por eso quieren articular con los otros espacios que existen en la mutual, en el barrio. “Este es el segundo eslabón –dice uno de sus integrantes. El primero es lograr que muchas compañeras logren terminar la primaria. Y el tercero, crear capacidades de empleo”.

Sobre lo primero, es cierto que hay muchas travestis que, ocultando su identidad en una escuela discriminatoria, binaria y heteronormativa, lograron recibirse. Pero también es verdad que más las hay que ni siquiera empezaron. Hacia ese vacío pretende pugnar también el Bachi, una vez que el asentamiento dé paso a la expansión. Sobre lo tercero, las capacidades laborales, la institución ofrece un título en Desarrollo de las Comunidades, es decir cooperativismo. En ese sentido, lo que han logrado las chicas del colectivo trans Nadia Echazú, en Avellaneda (http://coopnadiaechazu.blogspot.com.ar/), es, a la vez, horizonte, guía e incentivo de que sí se puede y de que, otra vez, el juntarse hace a los grandes proyectos.

Todo empezó hace un tiempo, aproximadamente un año, cuando Francisco y Agustín empezaron a convertir en realidad una idea. “Armemos un Bachi”, se dijeron, mientras pensaban la forma de empezar a saldar la enorme deuda –en forma de discriminación- que la sociedad tiene con las travestis. Y arrancaron. Obtuvieron la colaboración de la Fundación Diversidad Divino Tesoro. Entonces, el proyecto comenzó a prender: Pao Lin, Gaby, Miguel y Ezequiel, y otrxs compañerxs y activistas, se sumaron a la construcción del sueño. Y después, llegó la incorporación a la Coordinadora de Bachilleratos Populares en Lucha y al Frente Nacional por la Ley de Identidad de Género. Marlene Wayar, Lohana Berkins y Diana Sacayán, entre otras, se comprometieron con el proyecto. Hoy, hay más estudiantes cada día, lxs docentes y coordinadorxs se cuentan en 25 y  las perspectivas de crecimiento aumentan con cada carpeta que se abre y cada mate que se ceba.

 “La comunidad trans es el último orejón del tarro, las últimas en la escala de discriminación”, comenta Ezequiel. Y razón no le falta: la esperanza de vida, hoy, en 2012, en Argentina, de esas personas roza los 40 años. El maltrato policial, las condiciones vejatorias a las que muchas veces son sometidas, el riesgo de enfermedades contraídas a causa de la prostitución y, por qué no, en un mundo que las aísla, también la tristeza y la soledad abonan a la estadística. “Por eso –sostiene el mismo compañero-,más allá de todo lo que implica la generación de capacidades educativas para muchísima gente que es discriminada, acá lo que buscamos es que todxs nos constituyamos como sujetos de derecho. O, mejor dicho, que cada unx sea lo que quiere ser”. Ése es, al cabo, el objetivo. Un lugar para aprender y sentirse bien. Sentirse bien y aprender, mientras el termo expulsa chorritos de agua caliente y un martillo impacta sobre un clavo. El Bachillerato Popular Mocha Celis está abierto, está en marcha y, con él, el camino hacia un país un poquito más justo. Es lo que todxs, en este quinto piso, desean.

 

Contacto del Bachillerato Popular Mocha Celis

Federico Lacroze 4181, 5to piso.

bp.mochacelis@gmail.com

FB: Bachillerato Popular Travesti Mocha Celis

15-6353-2927

 

La crónica de la calle

Activamos, salimos, dimos una vuelta y traemos una historia.
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-El Contrafestejo Cultural por el 12 de octubre: ¡Día de la raza las pelotas!- 14 de octubre del 2012

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– La expectativa y movilización en la Embajada de Venezuela en el marco de las elecciones- 7 de Octubre

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– Festival de arte abierto en la Plaza 25 de Agosto, Chacarita- 30 de septiembre del 2012
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– A 36 años de La Noche de los Lápices los estudiantes volvieron a salir a la calle: siguen escribiendo- 16 de Septiembre del 2012
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– Día de la Mujer Originaria en el Obelisco: festejos y alegría- 9 de septiembre del 2012
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-Emoción en Marcha, muestra fotográfica de danzas aforamericanas- 2 de septiembre del 2012
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– Acto de los 6 meses de la tragedia de Once: 51 + 1 muertos, 700 heridos, ningún procesado – 26 de agosto del 2012
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-Festival Mundial de Tango en el Parque Centenario – 19 de agosto del 2012.
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-El nieto 106, la restitución de la identidad de Pablo Javier Gaona Miranda – 12 de agosto del 2012
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-Festival del Frente Cultural de Artistas del Borda – 5 de Agosto del 2012
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– Exposición de Fotoperiodismo de ARGRA – 22 de Julio del 2012
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Juicio Cromagnon II – 15 de julio de 2012
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