Con fuego en cada palabra

Sara Hebe fuerza cada gesto para expresar con el ritmo de sus letras las injusticias que le atraviesan el cuerpo. A punto de lanzar su tercer disco con marcas de rap y rock asegura que “puede haber un mundo mejor… si es que no estalla antes”.

Lo vio girar el volante con los ojos encendidos y ya supo lo que venía. Apretó los párpados. Mientras ella clavaba las uñas en los costados del asiento, su papá alternaba freno de mano y embrague en una coreografía frenética. El humo apenas dejaba adivinar los círculos concéntricos que los neumáticos marcaban a fuego sobre el asfalto. Tras la vuelta final, lo miró con las muelas pegadas intentando evitar el rebote de la inercia. Él también la miró, brilloso de sudor, y se rieron juntos. Sara Hebe recuerda esta escena de infancia y parece todavía llevarla en la piel. En sus ojos claros, se asoma un compendio de aventuras cotidianas. De movimiento, giros, impulsos. Como un trompo.

Sara Hebe, una de las voces fundamentales del rap local, nació en Trelew en el 83’. En algún momento, dice, quiere volver. Lo planeaba para los cuarentaypico pero ya lo postergó para los 60. Una madre estudiante de Letras devenida en empleada por necesidad y un padre “bastante loco”, vendedor innato aunque con poca suerte y fanático del automovilismo. Hay también en el árbol genealógico una abuela materna poeta. Y Sara, por momentos, se inscribe más en esa línea de la escritura y la comunicación que en la de la música: “Rap significa ritmo y poesía, es muy sobre la palabra, es bailar hablando. Tiene que ver con encontrar el ritmo de uno. Empecé por el rap porque es hablar, entonces era buenísimo para lo autodidacta que soy, que no me gusta estudiar nada. En el rap lo central es el discurso”.

Sara Hebe se presentará el 20 del junio en Niceto.
Sara Hebe se presentará el 20 del junio en Niceto.

– ¿Y cuál es tu discurso?

– Me interesa hablar de lo que pasa, lo que veo, sin pensar tanto, muy de impulso. Pasa algo y quiero quemarlo todo, sacarlo, porque no lo soporto adentro.  También me pongo en otras pieles. Aunque es difícil, pero miro otras realidades y me imagino cómo debe ser, qué se sentirá. A veces cuento en primera persona cosas que no vivo.

Sara poetiza sobre lo cotidiano, lo instantáneo y contingente. Como una antena camina la vida con oídos esponja y encuentra en las frases fragmentadas y expresiones al pasar su material de trabajo. Ese andar distraído y soñar, dice, son los métodos que no le fallan: “Porque soy un desastre, una vaga total para sentarme a escribir. Entonces me sirve eso de escuchar por la calle y anotar, pero igual soy pésima porque ¡no tengo birome! Nunca me acuerdo de comprar. Por eso te digo que soñar, sueño seguro, entonces me despierto anoto una frase y construyo alrededor de eso”.

– ¿Qué te atrapó del género?

– El hip hop y el rap nacieron como espacios de denuncia y de reclamo por derechos. Pero como una resistencia vital y alegre. Tienen esa impronta de urgencia, de decir esto está pasando, el freestyle, la improvisación como herramienta. Igual yo no pertenezco a la cultura hip hop, vengo más del rock, aunque nunca fui de pertenecer a algo, sino más de andar por ahí.

– ¿Cómo relacionás la música y el arte con las luchas sociales?

– La verdad es que voy y vengo entre algunas sensaciones. A mí siempre me movilizaron las injusticias, me dan mucha rabia los intereses creados, cómo se utilizan las necesidades, la desigualdad que hay… Creo que la música, como el deporte, las letras, el periodismo, pueden ser herramientas de transformación, como líneas de fuga para hacer algo. Que la palabra se use para expresar, para escribir, para pensar, para elevar la voz. Pero también soy bastante pesimista. Por ejemplo, yo acompañé, desde mi lugar, la lucha contra el desalojo de Gascón 123 y después hubo 88 mil desalojos más. El arte genera conciencia, pero también pienso si a la lucha no la absorbe el propio sistema.

Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

– ¿Eso no te desencanta?

– Sí y a veces digo: qué estoy haciendo. Tengo un amigo, La Ponzoña – nos hace los flyers y también la tapa del disco que viene – que acaba de publicar un libro que se llama “Tarde para todo”, y así me siento a veces. Creo que el cambio se puede dar en la micropolítica, en las relaciones, el día a día, todo lo que hacemos, eso puede mover el engranaje construido hasta ahora. También pienso en algunos avances de estos años, como el Matrimonio Igualitario y la Ley de Identidad de género, y me parece buenísimo que los pibes de hoy crezcan con ese marco. Y ahí entonces sí creo que puede haber un mundo mejor… si es que no estalla antes.

– ¿Y qué te pasa con el mote de militante?

– No me interesa definirme así, más allá de que me identifique con ciertas luchas y las acompañe desde lo mío. Como en Gascón, Sala Alberdi o como en el documental Nunca digas Nunca, sobre desaparecidos en democracia, que hicimos la música con Ramiro Jota. Porque también la gente pretende que estés en todas las movidas y no entienden que vos también estás laburando.

Sara Hebe empezó a trabajar en su primer disco en el 2007, después de que su profesora de teatro, Mirta Bogdasarian, la empujara a la escritura. Empezó a bajarse bases de Internet y a improvisar y componer sobre eso. Ya hacía un tiempo que había largado Derecho, primero en CABA y después en Córdoba, y había encontrado en la actuación su refugio. Finalmente apareció la palabra propia y ahí ya no paró.  Desde el primer micrófono que agarró en un bar de por ahí hasta hoy: “Yo me cebo igual, la gente es lo que me entusiasma, la comunicación”. De esos años de descubrimiento y experimentación, nació “La hija del loco” en 2009. Tres años después, salió “Puentera”, el disco que le apuntó todos los reflectores. Y hoy, repitiendo exacta la distancia, está a punto de lanzar el tercero:

– ¡Tres años! Imaginate el proceso… lento! Soy re lerda. O por ahí tuve un montón de tiempo trabada. Y de repente, salen tres temas. Me pongo medio nerviosa, necesitábamos terminar. Igual no me apuro, no hay ningún tiempo de mercado que nos corra. Siempre hice discos sola. No sé qué va a pasar. No sé si va a ser tan bueno. Escribo y después digo, ¡¿qué es esto?! El primer tema que fue para este disco lo escribí hace bocha. Pero los últimos son de ahora y no hubo tanto tiempo de revisar. Por momentos, digo: “¿Qué es esto? ¿Por qué dije esto? Me complico la vida. ¿Qué va a pensar la gente? Con esto me hundo”. Pero también me agarra la ansiedad, ya lo quiero sacar, pasar a otra cosa, ensayarlo.

Su próximo disco ya tiene nombre: Colectivo vacío.
Su próximo disco ya tiene nombre: Colectivo Vacío.

– ¿Cuándo lo presentan?

– El 20 de junio en Niceto, no lo anunciamos todavía, pero ya tenemos reservado. Un cagazo grande porque es enorme. Es otro precio también. Pero voy a tocar ahí porque tiene muy buen sonido. A mí me encantaría ir a un club, seguir tocando en esos lugares, pero este tiene un sonido de la puta madre, están instalados hace mucho tiempo, con laburo de prensa. Es una inversión. Si tocás ahí salís en todos lados, bah… ¡más les vale que lo pongan en algún lado! Una rabia me da. Espero no irme a las piñas. El arreglo es, como en la mayoría de los lugares, 70-30, pero después de que les pagues una buena suma. Hay que cubrir una moneda primero. Son gastos de producción, tienen lo que tienen. No sé si es el mismo acuerdo con todos. Seguramente si sos re famoso, por ahí a ellos les sirve y te hacen menos.

– ¿Cómo financian los discos?

– Es pedir plata y devolverla. Gastar y recuperar vendiendo los discos. Con este disco no sé qué hacer, me tiene mal porque no sé si hacerlo solos de nuevo. Yo hice discos con la UMI (Unión de Músicos Independientes) pero ahora no sé porque como que solo voy a la UMI para sacar el disco, el resto del año nada y resulta que ahora debo $1600, porque hay una cuota por mes. No sé qué hacer, porque también lo puedo hacer con un sello, pero me da miedo. Cuando lo hacés con un sello, algo le tenés que dar y ¡le tenés que dar derechos! Yo no lo puedo creer. Eso es lo que no me gusta. Cuando hacés el disco solo, cobrás un poquito por SADAIC, porque mis discos figuran como inéditos, pero si lo hacés con un sello pasás a otra categoría. Pero yo no soy muy buena para estar con gente, siempre me termino peleando. O sea que ya me veo con los del sello… porque firmás un contrato, ¡te tenés que llevar bien por tres años! Bah… capaz que lo hacemos. Quiero ya sacar el disco.

– ¿Tiene nombre?

– Ay no sé si decirlo o no. ¿Lo digo o no lo digo? Qué vieja chota me estoy poniendo. ¿Qué hago? Nunca lo dijimos, porque yo soy de terror, no quiero decir nada, mirá si lo digo y pasa algo. Bueno, el disco se llama “Colectivo Vacío”. No le digan a nadie. ¿Cuándo hay que decir el nombre de un disco? Capaz ahora ya podemos decirlo. Bueno, no sé, entonces sí.

El latido rebelde del hip hop

El hip hop se expande con más fuerza por los barrios de América Latina.  Con su origen fresco en la protesta, se resignifica a partir de la realidad de los diversos países. El ritmo, la lucha y el placer hacen cuerpo en este género. 

Un grupo de pibes irrumpe en la pista. La música grita a los cuerpos desde los parlantes. Las luces del escenario están apagadas. Los reflectores brillan entre el público y el grupo de baile con camisas blancas y pantalones negros que suben la temperatura de la noche invernal. De madrugada, en el principio del fin de semana, el ritmo se apropia de la Fiesta Invasión en Niceto.

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Dibujarla… en una baldosa / Vectores espaciales brindan mil y una formas / Para poder salir de entre la espada y la pared / Y seguir / Por la ruta de la langosta / Música para gozar sin alfombras / Un cruce de señales / Sobre la cuerda floja / Bajar o subir / Bailar o morir / La opción de sentir / Hoy se cotiza en el mercado / Si no la reprimís.

(“La Ruta de la Langosta” – Latejapride*)

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IMG_9003– ¿Cómo definen el hip hop?

– Es una forma de catarsis. De contar historias, de decir cosas que pueden ser mucho más duras decirlas desde otro lugar. Creo que es un arte, que está buenísimo, súper complejo y rico. Nunca deja de evolucionar, de crecer, es muy permeable hacia cualquier otro estilo. Le da la bienvenida a todos los géneros de la música, siempre desde un lugar muy respetuoso. Si lo hacés con calidez, siempre vas a sacar algo nuevo. Es una constante evolución, no son fórmulas preestablecidas, el hip hop al alimentarse de tantos géneros se puede expandir para varios lados y eso depende de cada artista. Es entonces constantemente un género nuevo.

Entre los espejos del camarín, Latejapride* abre la charla. Llegaron desde Uruguay unos días antes para sumarse al Festival Latinoamericano de Hip Hop. Luego de que el mexicano Bocafloja abriera la noche, la banda del barrio La Teja en Montevideo subirá al escenario para agitar: “¡A ver cuantos tienen ganas de bailar!”.

La fórmula funciona, el movimiento asciende. Las camperas se desabrochan y dejan ver las camisas arremangadas. De a poco, el espacio entre el escenario y el público se achica. Los cuerpos se acercan a las vallas para bailar. Los brazos se estiran hacia arriba y las manos sin cerveza se funden en una misma acción que baja desde los micrófonos.

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– El hip hop es una herramienta de transformación social más allá de un estilo de música. Es poder expresarte a través del baile, de la pintura, escribiendo poesía.

Iluminate espera para subir al escenario. Desde la zona oeste de Buenos Aires se preparan para cerrar el festival. “Lo más real y lo más natural es hacerlo sin prejuicios, sin seguir un estereotipos, por eso nosotros fusionamos mucho con folklore, reggae, con música que se escucha acá que son influencias de uno. Intentar hacerlo lo más autóctono posible”.

Más tarde, cuando las luces se enciendan para ellos, las gargantas van a sumarse a su grito de canciones que se agrupan en tres discos de estudio. “El rap salió de los barrios bajos de Brooklyn, Nueva York, era una forma de descargar lo que se vivía en ese momento: discriminación, racismo, un montón de cosas que también se aplican en general al hip hop. Vos podés demostrar la realidad que vivís también. En la mayoría de las bandas de Argentina, no hay una que venga y te diga a mí me produce tal compañía y me da millones. Acá es pelearla, es meterse con un género que no está implantado todavía en Argentina, si bien creció un montón”.

– ¿Hay un movimiento gestándose?

– En el momento en que emerge una banda es porque hay un movimiento. Acá hubo un movimiento cuando se generó el hip hop nacional, surgieron un montón de bandas y ahora está pasando lo mismo.

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Amor por mi raíz, cultura es la razón del estar y vivir bien / Más allá de ver la reacción y de quien quiere un cambio / ¡Latinoamerica en mi piel!, sigo y hablo, de tu belleza, tus playas, tu vida / Y el aire cálido que inspira. Cada situación un momento / Y en cada cielo reflejado la estructura de tu acento.

(“La calle sabe” – Iluminate)

*

Una chica de lentes con marco grueso se muerde el labio mientras quiebra la espalda en pleno baile. El pibe de gorra a su derecha le sigue el paso. Se seducen entre miradas y movimiento. Todavía no se acercan. La noche de viernes es testigo de dos cuerpos que, a la distancia, se comunican.

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Latejapride* sonríe a los aplausos que coronan un show lleno de canciones que fusionan ritmos e historias. La banda nacida en 1997, lleva cinco discos editados y un camino de palabras recorrido. “Nos sentimos personas políticas, al hacer música siempre estás politizado. Si estás haciendo música, estás tomando postura, algo estás defendiendo, algo estás diciendo, estás tomando un lugar para contar ciertas cosas. Muchas veces nos gusta bajar línea sobre temas delicados, pero también nos gusta contar historias, zafarle al panfleto de decir nosotros tenemos la verdad. Nosotros no lo sentimos así, tenemos nuestra realidad que puede ser compartida o no”.

IMG_9007¿El hip hop es por definición rebelde?

– Depende de cada artista, de qué quiera expresar, la música se utiliza como un medio de comunicación y es tan válida su utilización en letras de protesta o para utilizar las rimas como una vía para expresarte. Hay muchas formas de contar cosas. Si bien nació de protesta, después se perdió mucho esa línea porque la máquina, el mainstream, se dio cuenta de que era un género que podía vender mucho y dijo vamos a agarrar este producto, vamos a vaciarlo de contenido y vamos a hacer que cuente de fiestas, mujeres, alcohol, joda, lo bastardeó mucho al género. Por suerte hay muchas bandas que se mantuvieron al margen de esa vertiente. Hay pila de cosas por las cuales se lucha, se canta y se protesta, también hay que saber disfrutar de la vida y el hip hop no es algo ajeno a eso y también se disfruta contando historias de amor, de amistades, de barrios, eso está buenísimo. La protesta siempre está ahí porque es una de las razones por las cual nace el hip hop básicamente y es algo que no se puede esquivar tampoco.

– Decías historias de barrios, ¿qué pasa con el hip hop en los barrios de Uruguay?

– Pasa algo muy interesante, hay gente que encuentra su lugar dentro de lo que es la cultura del hip hop. Encuentra su lugar y dónde expresarse. Es súper interesante, en radios comunitarias tiran bases, rimas arriba, comparten eventos.

– ¿Y por qué creen que eligen el hip hop y no otro género?

– Es un género súper permeable a cualquier tipo de música. Podés agarrar una cumbia, un rock, un folklore, un reggae, un funk, jazz, música clásica, lo que quieras y de todo eso podés hacer una mescolanza y sacar algo nuevo, lindo. Siempre vinculado al ritmo, al ritmo del cuerpo, de la cadencia, de poder contar cosas pero con groove. Creo que está innato, que el cuerpo te lo pide, es una cuestión no sólo de cabeza sino física que te atrapa.

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Cuando las bandas terminan de sonar, la fiesta sigue del otro lado de las vallas. La chica de los lentes y el pibe de la gorra comparten una cerveza. La música sigue latiendo en los parlantes e improvisa un puente entre los cuerpos.IMG_9386

Esencia guaraní

Alika & Nueva Alianza acaba de presentar su último disco “Mi palabra Mi alma”, en homenaje a la lengua guaraní. Desde el escenario de Groove o en una fiesta en un barrio, habla de la confianza “para empoderar a la gente”. 

La situación, tan lamentable como cotidiana, es fácil de imaginar. Un día en la escuela, Alicia usó alguna palabra, contó algo, nombró otra cosa y llovieron las bardeadas. Así, decidió no aprender el guaraní de su madre para que sus compañeros no la marcaran. Tuvo que adaptarse y cerró esa puerta. Esa infancia también se trastocó por la partida de su Montevideo natal a la Buenos Aires que la vio crecer. A partir de ahí, no hubo fronteras que la frenaran. Varios años después, al frente de Alika & Nueva Alianza, emprendió el viaje de vuelta hacia sus raíces. La mirada apuntó a las profundidades de su propio adentro. El camino se materializó en su último disco: “Mi palabra Mi alma”.

IMG_2485Alika en búsqueda de Alicia

–          Tenía una deuda con mi familia, con mis orígenes, mi mamá es paraguaya de origen guaraní. Me pasó en la escuela, como me re bardeaban no quise aprender el idioma. Yo ahí quedé, no quise aprender, no quise más nada. Bueno ahora con los años aprendí muchas cosas y quise rendirle homenaje a los guaraníes y a mi mamá. En guaraní palabra y alma se dicen igual. Yo también descubrí que por mis orígenes, la palabra para mí es mucho. Es volver a las raíces y darse cuenta por qué uno es como es, hace lo que hace, piensa como piensa, fue todo un viaje el disco.

Alika está sentada en un banco tipo plaza en un patio en pleno Palermo. Tiene la piernas cruzadas, las uñas decoradas de animal print impecables, lentes negros que no permiten ver sus ojos y un suspiro profundo que lanza al aire cuando se saca el invisible de la cabeza que sentía clavado desde la noche anterior. Unos días atrás, su último material discográfico pisaba el suelo de Groove, aunque ella lo había soltado mucho antes: “Lo publiqué primero en internet, yo ahí sentí que el disco había salido, aunque no fuera oficial”. Libre, girando por cables imaginarios que conectan la red, “Mi palabra Mi alma” llegó en su voz y en la de muchos otros.

–          Fue lindo reencontrarse con la gente. Yo veo el público cuando estoy arriba del escenario, había un par que iban siempre a verme y estaban esa noche, me puso re contenta. Era re importante para mí presentar el disco y también era importante para ellos estar ahí, acompañando. También gente que nunca había ido, que fue para ver qué onda, y muchos me escribieron que les había gustado.

–          ¿Te escriben por las redes sociales?

–          Sí, mucho. Las uso a full porque siempre fue mi única forma de tener difusión, publicidad, contacto con la gente que me escucha. No conozco otra manera, fue mi recurso. Lo primero que había para comunicarse era mail y, por ejemplo, gracias a eso fui por primera vez a tocar a México. Una vez me llamó un pibe y preguntó si tenía más canciones. Había escuchado dos, que se bajó de internet. Y bueno, me dijo: “Te invito acá a una fiesta en mi barrio, a un sound system”. Y fui.

–          ¿Cómo estuvo?

–          Estuvo buenísimo. Después se hizo súper amigo mío, él está en la cultura del sound system y arma fiestas todos los meses en su barrio, para toda la gente. Yo empecé tocando en barrios donde no iba nadie, ahí no van los artistas. Yo empecé yendo a todos esos lugares, después también se sumaron lugares convencionales de recital, los que todos conocemos, donde toca todo el mundo, pero siempre nos caracterizamos por ir a tocar al barrio. Tenés que ir, meterte en un montón de callejones para terminar en la fiesta.

–          ¿Lo siguen manteniendo?

–          Sí, la otra vez fuimos. El barrio también tiene esa cosa de la clandestinidad, que está por ahí la policía queriendo clausurar todo el lugar y cerrar la fiesta porque no se puede hacer un evento así en una casa. Éste último fin de semana había una chica disfrazada de cumpleaños de 15, con todo el vestido. Cuando venía la policía salía ella. Teníamos unos mariachis también, para poder hacer nuestro evento. Toda una estrategia.

–          ¿Y cómo vivís los diferentes públicos, el del barrio y el de Groove?

–          Me encantan las dos cosas. El barrio tiene eso que estás en súper contacto con la gente y tiene esas cositas medio de peligro también y tocar en Groove, por ejemplo, toco con las luces, el escenario, el sonido hermoso.

Habla suave, despacio, bajito. Mueve las manos para gesticular. Sonríe, mucho sonríe. Se filtra los rasgos maternales en sus formas debajo del escenario. Desde hace un año, Alika y su familia están en continuo viaje. “Nos fuimos a una ciudad, después a otra. La nena empezó la escuela donde estábamos. La re manejamos, no nos presionamos mucho tampoco”. Se extraña, pero no sufre la distancia. Es parte del camino, dice y acepta las reglas. El lado positivo de los viajes ayuda a aminorar las distancias: “La gente te enseña un montón de cosas. A mí me pasa que voy viajando y voy viendo un montón de proyectos. El otro día acá fui a la Radio Gráfica, que es una fábrica recuperada y ves todo el trabajo que hace esa gente, tiene una escuela, un centro odontológico, una radio y una imprenta y son cosas que te inspiran mucho. Vas viendo ideas de otros lados que las podés aplicar, es nutritivo”. Las experiencias se absorben y trasladan.

–          Sirven para aprender. A la música todavía le falta un poco de organización y proyecto colectivo, pero en otros ámbitos se está logrando hace mucho.

IMG_2430–          ¿Cuáles son los desafíos en la música?

–          Me parece que todavía no pasamos esa barrera del individualismo. Cuesta juntarse con otras bandas y decir: por qué no armamos un festival o un evento o hacemos esto para ayudar a otra persona. Es como que cada uno está por su lado tratando de llegar lo más lejos posible. Yo siento que falta pero ya se va a dar.

Sonríe de nuevo y pone en sus dientes el punto final a haber buscado las palabras justas para explicarse. Quizás, en algún momento, cuando sea más grande ponga sus palabras en otro formato y escriba un libro, dice. Ya tiene una hija. Ya plantó dos árboles. “Planté un árbol en Venezuela que es un árbol súper exótico, fuimos a un parque nacional muchos rastas. Y planté otro de palta. Este año quiero plantar alguno de otra fruta”.

–          ¿Qué significa para vos la cultura rastafari?

–          Es parte de mi vida, yo conocí la cultura rastafari a través de la música. Hay que meterle mucha investigación porque la música reggae no refleja exactamente lo que es la cultura rastafari. Yo fui a Chile, estuve mucho con la gente de la comunidad de allá. En Estados Unidos también, fui a Jamaica. Para mí es parte de mi vida, no me vas a ver llevando por ahí muchas cosas verde, amarillo y rojo colgando. No me interesa, creo que es algo personal. Rasta a nivel político es una persona que defiende los derechos humanos, a nivel fe es una persona que siente mucho amor por África que es dónde empezó la vida de todos nosotros, seas rubio de ojos celeste, seas chino, todos empezamos desde ahí. Yo creo que a partir de valorar un poco más todas estas culturas nos vamos a poder reconciliar con nosotros y resolver muchos problemas que tenemos que tienen su raíz en la cultura occidental de explotación, esclavitud.

–          ¿Desde la música se aporta a difundir esta cultura?

–          A veces sí y a veces se confunde. Siento que se puede aportar mucho y siento que también a veces existe lo que se llama “apropiación cultural” que es tomar dos o tres cosas de una cultura que es muy seria y tirarlos así al azar sobre un proyecto musical. Me parece que cuando tomas algo de una cultura vos tenés que interesarte por respetar esa cultura, por cómo es, intentar transmitir algo más completo, no un buzito verde, amarillo y rojo. Tratar de que sea algo más integro.

Poner play en sus discos hace mover el cuerpo por diferentes culturas y ritmos. Hip hop, dacehall, cumbia, reggae se filtran entre las canciones sin ningún tipo de prejuicio: “A la gente le gusta, no tiene problema con eso, no pasa nada. Por ejemplo yo no soy del palo de la cumbia pero cuando hago una canción trato de interactuar mucho con gente que sí es del palo, que son realmente los dueños del género, sino sentiría que me lo estoy apropiando. Me gusta interactuar con los que saben, con los que la inventaron, con los que tocan todos los fin de semana para traerlo para este lado”.

–          A la hora de escribir las letras, ¿cómo es el proceso?

–          Pienso de qué voy a hablar en las canciones, por ejemplo en este disco hay una que se llama “Muchos patrulleros”, que es una canción sobre la baja de la edad (de inimputabilidad) y todo eso. La gente del barrio necesita más canciones que hablen de la confianza en vos mismo, porque todo el tiempo la tele le tira mensajes de desvalorización y los pibes y las chicas sienten medio que no se puede hacer cosas, sus proyectos por ahí se tiran abajo y no los quieren hacer. Nosotros tratamos de empoderar a toda la gente para que salga adelante.

–          ¿Laburás mucho la confianza en vos misma?

–          A full, si no hubiese trabajado en eso no podría hacer lo que hago. De la nada es empezar, es decir: yo rapeo, soy MC, tengo cosas para decir y bueno ahí de cero vos tenés que ver cómo grabás un disco, cómo ir de viaje, todo. Entonces si no tenés confianza en vos mismo, vas a decir: yo no lo puedo hacer, mejor me voy a laburar de repositora en el super. Si no tenés ese ingrediente, no llegás ni a la esquina.

Desde hace diez años, seis discos, miles de kilómetros, Alika camina los pasillos de la música, con el motor en su confianza y la autogestión. Todos sus materiales discográficos son independientes, barrera y beneficio, dos caras de una misma moneda. “Siento que hay una súper barrera para llegar a muchos lados por ser independiente, por laburar de esta manera”.

–          ¿Tiene sus beneficios?

–          Sos independiente y sos dueño de tu tiempo, dueño de tu trabajo, dueño del dinero que genera tu trabajo, no tenés que hacer ningún tipo de concesión. No sé, querés ir a tocar a una cárcel y vas, no tenés que depender de una estructura, de una compañía discográfica que quizás te aconseja lo que tenés que hacer. Te dicen cantá lo tuyo pero en el videoclip tírame unas chicas en bikini. No tenés necesidad de hacer nada de eso.

–          ¿Y cuáles son las barreras?

–          Es difícil tocar por ejemplo en un Vive Latino o los festivales acá en Argentina. Quizás podes llegar a hacer un camino para llegar ahí pero ya sabés que de entrada tenés un no.

–          ¿En cuanto a difusión?

–          Yo creo que es imposible hoy por hoy salir en una radio, salvo que mucha gente te quiera escuchar como el caso de Dread Mar I que tiene muchísima gente que lo escucha y gracias a todo eso llegó a una radio. Pero para nosotros que somos más pequeños es imposible la radio directamente, vos sabés que ahí no vas a llegar, pero también es satisfactorio el hecho de saber que la gente te escucha porque quiere, no porque se la están mandando a la mañana, a la tarde, a la noche. Te escucha porque elige escucharte, elige ponerte en el teléfono, en el mp3, escucharte en la casa. Está buenísimo, yo lo valoro mucho.

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