Los supuestos normales

“Todo aparenta normal” se anima a cantarle a lo establecido y darlo vuelta para jugar a otra realidad. La música como plataforma para filosofar sobre la vida cotidiana.

El film transparente abraza la caja. Se desprende suave. Deja libre la silueta que de verde llega a rosa, que desde la tierra conecta con la mirada. La tapa se abre hacia la izquierda. Una nueva solapa. En letras azules, sobre fondo negro, reza: Hijos del mundo. Esta vez, la mano se mueve para la derecha. Hacia la profundidad de la caja se sigue camino. Nicolás Alfieri, Lucas Barzan, Juan Pablo Alfieri y Alexis Koleff aparecen entre sombras. Por debajo, la línea de un cardiograma lo atraviesa todo. Es una señal: estamos vivos. Las letras aparecen en forma de tarjetas engalanadas por imágenes. En el fondo de la búsqueda un cielo de algodón decora la recomendación previa al play:

“Se recomienda escuchar este disco en un estado de profunda armonía…”

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La banda está sentada en una mesa del barrio de Congreso. Lejos de su Don Torcuato natal, lejos del 2009 que los vio nacer. Todo Aparenta Normal fue durante una noche, Todo Aparentemente Normal. “Fue el primer escrache, al otro día lo cambiamos. Tenía un mente de más”, recuerdan mientras se arranca el mate.

–   ¿Por qué “aparenta”?

–  Creo que el hecho de estar tocando, de estar arriba del escenario te da cierta libertad que la vida cotidiana, donde uno se rige por normas, no. Si bien estamos hablando de música y hay patrones, el universo que se plantea ahí arriba se expande mucho más. Uno puede fingir ser alguien que no es, aparentar ser una cosa o aparentar ser quien es. Jugar un poco con ponerse y salirse de un mismo personaje. Casi desde la actuación. No somos una banda que hace un show de acting, pero uno arriba del escenario puede jugar a ser un personaje.

 –  ¿Y en ese juego dónde entra la aparente normalidad?

– La normalidad entra en un mundo en común de mínimamente dos personas, se establece. Dos personas se ponen de acuerdo y dicen qué es lo normal. Dos personas, una sociedad, cien millones. Es una convención. Ahí entra un poco el juego que tiene el nombre, pensar ¿qué es lo normal?

–  En este juego aparente, ¿son más normales arriba del escenario o abajo?

–  Arriba: Somos. No sabemos qué somos. Y abajo, tampoco.

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Nicolás, Lucas, Juan Pablo y Alexis bucean las palabras. Sonríen en la búsqueda. Sonríen aunque el mate está violentamente lavado. Sonrieron, seguramente mucho, con la boca amplia y los ojos achinados, cuando en el 2011 sacaron su primer disco: Diferente. Y largaron carcajadas de profundidades viscerales cuando el verano que pasó, después de estar quince días juntos componiendo, se materializó su segundo disco de estudio: Hijos del mundo.

El proceso de grabación fue filmado desde la intimidad por los hermanos Dawidson. El resultado es un documental que puede verse en Internet, junto a muchos otros videos de la banda.

–  Uno es músico y su fuerte es el audio, pero no podemos renegar que el paradigma musical cambió mucho. Antes para una banda la imagen no tenía por qué valer, nosotros no podemos dejar de darnos cuenta que hoy la imagen es re importante. Tener videos subidos a YouTube es recontra importante y que te conozcan a través de las redes sociales. Uno negocia esa parte, es importante: estamos de acuerdo.  Después uno puede entrar en un paradigma más filosófico, ¿qué es más importante: el sonido o la imagen? El sonido. A ninguno de nosotros nos importa que nos conozcan en la calle, que conozcan nuestra música es lo más importante. Tenemos en claro que lo nuestro es el sonido. Nosotros lo que hacemos es música y la música entra por las orejas, no por los ojos. Después, nos tenemos que adecuar al tiempo en el que se vive y hoy en día todo es mucho más visual que antes.

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“Hijos del mundo es aquel que descree de toda frontera humana y geográfica. Aquel que se sabe finito y portador de energías que trascenderán su propia existencia, como el amor. Que esa conciencia de su propia muerte no lo destruye ni lo debilita, por el contrario, lo construye, lo fortalece, le da sabiduría. Le enseña el valor del tiempo, del ruido y del silencio. Lo hace saberse tan necesario e insignificante como el animal, la planta o el propio aire que respira”

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–  El origen de todo esto nació en la composición del disco. Surgió esa ideología de “hijos del mundo” y una concientización a ciertas cosas. Mucha charla con amigos, entre nosotros. Muchos momentos.

–  ¿De qué charlaban?

–  Filosofía barata. Muchas cosas en común sobre el manejo de nuestra especie humana con el planeta. Desde los papeles que están tirados en el piso hasta la compra de territorios en la Patagonia. ¿Qué hace al ser humano dueño de la tierra? El ser humano es hijo de la tierra, ahí nace todo ese rollo que siempre hablamos. Fue un concepto que quizás nosotros terminamos de desarrollar a la hora de pulir los temas. Era algo que se venía gestando pero empezó a tomar la fuerza necesaria cuando estaban los temas ahí, ese hilo conductor aparecía mucho.

–  ¿Qué relevancia le dan a la palabra?

–  Me parece que uno es músico y además deja cierto mensaje. Uno es como un comunicador, entonces está bueno aprovecharlo para cosas buenas. Darse el lugar de volver a las apariencias pero también usarlo para bien. Es una forma de agradecer, si uno puede decir algo y que otros lo escuchen, vamos a decir algo que nos interese decir.

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“Tal vez preferimos callar, para que hable el silencio. Eso que tus ojos no ven, sin alma es fósil el cuerpo. No habrá condena más existencial que la propia existencia. ¿Sabes domesticar la ausencia con sangre en las venas?”

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–  Igual, a nosotros lo que nos molesta es encuadrarnos. Pero también hablábamos de un personaje. Nuestra conciencia está, las palabras y las cosas que decimos las sentimos pero eso no es que no nos va a permitir ser otros en el escenario, que la letra sea en tercera persona o que la letra sea verdad. Sí lo importante es ser verdaderos y que lo que esté plasmado sea algo con lo que nosotros nos sintamos identificados, que estemos en unión con ese mensaje. Si llega de la manera que tiene que llegar, si llega de otra manera, si se entiende o no se entiende, tiene que ver más con el receptor que con el comunicador. Y eso también está buenísimo, que se interprete la canción por un lado que no tenía nada que ver con el sentido original.

Todo Aparenta Normal le escapa por todos lados a los márgenes que encuadran. “¿Rock alternativo por qué? Y, porque hacemos rock, pero la canción va a alternar para donde nos pida. Si hacemos una chacarera esa chacarera va a ser rock. Son etiquetas, están mal pero lamentablemente hay que usarlas”. Y vuelven sobre sus palabras: “Nos cuesta mucho identificarnos con un sonido. Sí obviamente reconocemos que tenemos herramientas de un montón de bandas, pero no queremos sonar como nadie, nuestra apuesta es sonar como nosotros. Es la apuesta de toda banda, no estoy diciendo nada raro”.

En el cuerpo las etiquetas aprietan cuando vuelve a aparecer una sonrisa, esta vez pícara “Uno tampoco puede decir escúchame si querés. Qué mayor información a la pregunta de ¿qué tipo de música hacen? que decir: escuchala”.

Y abren una puerta, que sugiere estar en profunda armonía, antes de dar el primer click.

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