Los niños de YouTube también crecen

Desde los 6 años que la conocen millones de personas. Pasado el sueño infantil de ser famosa, Wendy Sulca construye su carrera artística en la música autóctona andina. “Hay mucha gente que lo ve chistoso, y a mucha otra gente le encanta como canta”.

 “El peor error que a menudo cometemos es que juzgamos a las personas sin conocerlas; nos hacemos imágenes preconcebidas, quizás por prejuicio, sin pensar por un segundo en lo que ha sido su vida, sin saber su historia, su VERDADERA historia. Juzgar es fácil y criticar también cada vez que algo no nos parece lo adecuado o simplemente es diferente, pero ¿quiénes somos realmente nosotros para juzgar? Nos hemos acostumbrado a ver solo a través de nuestros ojos y criterios; no permitimos a nuestra alma sentir con el corazón ni conmoverse con una historia que quizás hayamos tenido suerte en no vivir”.

Extraído de La verdadera historia de Wendy Sulca, más allá de La Tetita.

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Antes que nada, antes que todo: Wendy Sulca es el nombre real de una joven peruana que está por cumplir 19 años.

Wendy.
Wendy.

Sin tacos, Wendy desciende unos 15 centímetros, sin vestido, Wendy usa una remera sin marca, sin pollera, Wendy usa un short negro y sin maquillaje, anteojos negros grandes. La Wendy que sale por una puerta y la que vuelve después de 25 minutos, ya producida para las fotos, parece otra pero es la misma.

Una es la Wendy Sulca cantante, la de las millones de visitas en YouTube; otra es la Wendy Sulca hija de Lidia y Franklin, criada en el humildísimo cerro de San Juan de Miraflores.

Ahora, Wendy ya tiene casi 19 años – y no refleja para nada a la niña de los videos millonarios de YouTube – y es una joven que está transitando el trecho de la adolescencia a la adultez, de manera adulterada: desde los 6 años que la conocen millonadas de personas.

Aquí, en un departamento alquilado en Nuñez, su madre Lidia está sentada en un puff detrás de Wendy estudiando sus palabras y entrometiéndose – atinadamente- en la charla cuando piensa o siente que tiene que dar una explicación. Lidia es el motor responsable del fenómeno Wendy Sulca, que es su propia hija, en todos los sentidos no-lineales posibles: genia o culpable, Lidia es la encargada de cumplirle a su hija el sueño infantil de ser cantante, o mejor, de ser famosa. Convengamos que su anhelo no es muy distinto al de millones de adolescentes, y al de millones de madres.

Así, en las calles de Argentina, la gente no reconoce ni saluda a Wendy, salvo cuando se sube al escenario después de las 12 de la noche y con un público embebido. En Perú, según cuenta, sí la reconocen en todos lados. En ese sentido la ilusión de Wendy ya está cumplida: es famosa.

¿Cómo continúa ahora ese sueño realizado – siempre aparentemente- mientras los hobbys, los amigos, los estudios y la vida misma de una joven adolescente se parecen cada vez menos a Wendy Sulca?

¿El show must go on?

La gente contesta algunas cosas en sus videos: “Peruana macaco dedicate a otra cosa”, “sólo te hiciste conocida por ser una burla”, “jajajajajajajajajajaja!!!”, “por qué nadie le dice a esta chica que canta como el culoooo?”, “debería ser ilegal”, “es normal que me sangren los oídos XD?”, “JAJAJAJAJAJA”, “DIOSITO LLEVATE A WENDY SULCA, Y DEVUELVENOS A MICHAEL JACKSON :(“, etc.

El etcétera es tan insoportable que pone en evidencia – como la cantidad de visitas- lo que el fenómeno Wendy es a la vez:

–      ¿Una cantante estrella?

–      ¿Un “producto del mercado”?

–       ¿Un efecto de un consumo alocado?

–      ¿De nuestro humor colonizado?

En esta nota Wendy habla, cuenta, contesta, y se ríe todo el tiempo.

“Pasaron dos segundos desde que comencé a cantar, cuando toda la gente del colegio empezó a aplaudir y a reírse por cómo lo hacía, y cantaban conmigo. Mi mamá, que estaba nerviosa y preocupada por cómo cantaría, lloró de la emoción y no aguantaba la risa al escucharme. Dice que cantaba como viejita, con ese agudo, ese gallito tan típico que tienen algunas personas que cantan huayno, sobre todo las señoras”.

Con orgullo, sus raíces andinas.
Con orgullo, sus raíces andinas.

Wendy Sulca nació pesando 1900 gramos. Su padre Franklin y su madre Lidia no habían deseado ni prevenido el embarazo. Su pobreza parió una beba con problemas de nutrición que se manifestaron en el hambre voraz de Wendy: su libro – editado sólo en Perú- cuenta que vaciaba la teta de su madre y hasta otras tetas de otras madres que pudieran seguirla alimentando.

Su historia personal y la de la cantante empiezan a hilarse con su éxito más conocido (13 millones de visitas en Youtube, más de 100 versiones del tema) que se llama, no casualmente, La tetita. La canción fue compuesta por su madre Lidia y dice:

De día, de noche
quisiera tomar mi tetita
de día, de noche
quisiera tomar mi tetita

Cada vez que la veo a mi mamita
me está provocando con su tetita
Cada vez que la veo a mi mamita
me está provocando con su tetita

Ricoricoricorico, que rico es mi tetitaa
mmm!! rico!! qué rico es mi tetita…

El trasfondo de la letra es, claro, la anécdota de Wendy, pero ampliada a un contexto: “La tetita se hizo pensando en los niños campesinos, para promover la lactancia materna”, cuenta Lidia su sentido.

El video del tema arranca con unos peluches esos de juguete, que se mueven y emiten cierto ruido, hechos también por la propia madre Lidia que es fabricante de peluches de oficio (en serio). Las imágenes luego intercalan a un grupo de niños (“campesinos”), una vaca, una madre amamantando, un arpista tocando su arpa, Wendy a los 6 cantando y bailando, todo en un paisaje de palmeras que es en el distrito de Huacaña, lugar donde – también- nació la madre de Wendy Sulca. “Los productores nos dijeron ´lo hacemos acá nomás en una plaza de Lima´ y yo le dije nonono, si no tienen plata yo corro con los gastos de los pasajes de los camarógrafos y todo eso… Eso lo hice, pero después no encontramos pasaje para nosotras, y nos fuimos en el bus abajo donde van las encomiendas, los bolsos. Ahí nos fuimos”.

Wendy: “Y los camarógrafos ahí arriba (ríe). Pero felizmente encontramos, ¿te acuerdas?, un colchón que estaba doblado, rompimos la cinta y fuimos durmiendo. Y para no quedarnos asfixiadas había como una tapita, la abrimos y entraba el aire por ahí…”.

La madre: “Mis hermanos me decían: estás loca. ¿Pero qué iba a hacer? Si los camarógrafos estaban arriba, no me podía quedar. Si van los bolsos, ¿porque no podría ir yo?”.

¿Cuánto tiempo viajaron en la bodega de los bolsos?

Al unísono contestan: “12 horas”.

Y se ríen.

La carrera de Wendy Sulca fue extrema hasta ese punto. “Venimos de una familia muy humilde, nosotros vivíamos en San Juan de Miraflores, en uno de los tantos cerros que hay. Hemos sufrido mucho, mucho”, remarca la joven Wendy. San Juan es indicado como uno de los distritos más pobres de la provincia de Lima, al sur de esa ciudad, con 400 mil habitantes. Está rodeada por cerros también bien poblados, al mejor estilo La Paz, con menos densidad de población que esa ciudad pero con más que la capital argentina. Wendy se crió en uno de esos cerros, que son siempre más humildes que la ciudad. Su madre compara: “San Juan es un distrito como la provincia de Buenos Aires, un poquito apartado de la ciudad. Seguimos viviendo ahí pero estamos en la zona B”. Según cuentan las Sulca, en San Juan existen las zonas A, B, C, D y E: ellas pasaron de la D a la B hace tres años, donde alquilan “un departamentito”. “Ahorita no podemos comprar, o sea sí podríamos pero estamos invirtiendo en Wendy. Ustedes no se imaginan cuánto cuesta… Yo sé que no hemos hecho grandes cosas todavía, ni siquiera un videoclip bueno… Estamos trabajando en eso, en el disco, hacer un buen videoclip que cuesta carísimo. Por lo pronto estamos en un mini departamento enfocadas en eso porque, ojalá Dios quiera, lo importante es hacer el disco de Wendy y que siga su carrera”.

Que Wendy sea la prioridad quedó claro en otra de las historias que cuenta la propia hija única: “Una de las tragedias que más nos tocó a nosotras fue la muerte de mi papá. Era mi arpista, yo siempre cantaba con él, él me apoyo desde el primer momento. Fue un momento decisivo de si seguir cantando o no seguir cantando. Imagínate, yo era una niña y estaba acostumbrada a cantar con mi papá… Me acuerdo que mi mamá me pregunto: ¿Vas a seguir cantando o no? Porque es muy difícil una carrera de cantante, y cuesta mucha plata… Pues, nada, decidí seguir adelante porque tanto habíamos luchado… recién empezábamos pero ya habíamos sufrido mucho: no nos pagaban en los locales, volvíamos caminando con mis polleras y el frío hasta mi casa, a veces nos quedábamos a dormir en el boliche para el siguiente día venirnos en bus… No teníamos suficiente dinero. Todas esas cosas yo me ponía a pensar: mi papá quería que yo siga adelante. Yo creo que por él, por mí y por mamá yo seguí adelante”.

Lidia, que escuchaba a su hija contar la historia con madurez, se incorpora en el puff para explicar su parte: “Yo fabricaba peluches, esos mismos que aparecen en el video de La Tetita. Mi esposo trabajaba para pagarles a los músicos, y yo trabajaba para comer. Cuando mi esposo fallece, yo dije ´si con mi esposo dormíamos en los locales porque no nos alcanzaba el dinero´… ¿Cómo quieres que trabaje para los músicos, para hacer tu vestuario y para comer? Y encima me quedé con muchas deudas. No vas a cantar porque yo, la verdad… yo voy a trabajar para educarte y para la comida. Ya no vas a cantar”.

Silencio.

“Se puso a llorar y me dio tanto la pena… ver llorar a mi hija… truncar sus sueños porque su papá murió… Yo dije: no. Haré lo que sea y que Dios nos ayude. Pedí dinero al banco, hice polladas, iba trabajando y pagando cuota por cuota… y hemos avanzado un poquito. Gracias a Dios este año visitamos diferentes países, hemos podido presentarnos en muchos lugares. Acá tocamos en boliches, pero en México tocamos en un auditorio. Eso ya es un avance, ¿no?”.

El mismo día de la grabación de La tetita se hizo también Cerveza (8 millones de visitas), su segundo gran éxito, el que más ruido hizo por ser una niña de seis años que canta “señor cantinero, deme más cerveza”. Wendy: “Sí, obviamente, era raro ver a una niñita de otro país cantándole a la cerveza… Si yo lo veo, no voy a entender. Pero en Perú la música folclórica se suele cantar así. Yo fui una de las primeras niñas que salió a cantar ese tipo de música”. Lidia completa: “En Argentina u otros países algunas personas no conocen de dónde viene la música autóctona, el arpa, la guitarra. Tal vez lo pueden tomar como chistoso, pero no tienen conocimiento de dónde viene, que viene de los Incas”.

El consumo de Wendy Sulca en distintas partes del mundo pone en juego una serie de valoraciones que, si parten del prejuicio o no, a las Sulca las tiene sin cuidado: “Como sea, así también se abrió la puerta a muchos países, de la manera que haya venido. Hay mucha gente que lo ve chistoso, y a mucha otra gente le encanta como canta Wendy”, asegura su madre. “La gente gracias a Dios le quiere a Wendy. Y esa es la satisfacción que ahorita llevo en mi corazón. De lo poquito que hemos hecho hasta ahorita, como lo hemos hecho a pesar de todas las cosas que nos han pasado… Este es el comienzo. Yo quiero que mi hija avance mucho más”.

¿Wendy quiere? “Pues obvio, sí”.

Ante la atenta mirada de su madre, Wendy parece saber lo que conlleva esa elección. “Estudiar es muy muy difícil porque si ya en el colegio se me complicaba mucho, por lo que faltaba por las presentaciones, estar en una universidad es mucho más difícil, me dicen”. Durante el año pasado Wendy intentó un cuatrimestre en Administración de empresas, pero tuvo que dejar por los viajes como éste.

“Este año, sí o sí”, sentencia la madre.

Wendy: “No se sabe, ¿qué tal si salen más cosas?”

-A la distancia, pero tienes que estudiar.

-Ojala que se pueda… Yo igual quiero seguir preparándome, obviamente, estudiar actuación, canto, baile, prepararme mucho más para lo que se viene – vuelve Wendy a la charla periodística. Durante el 2014 Wendy estudio canto e hizo un taller de baile. “Soy cero deportes, soy malísima. Hobby no, aparte de cantar me gusta actuar y aparte de eso… de chiquitita me gustaba dibujar, pero ya no”.

Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

¿Qué hacen los chicos de su edad, de su barrio, sus ex compañeros de colegio, los jóvenes de 19? “De repente personas muy humildes van a las calles a pedir limosnas, vender caramelitos. Pero no, mis compañeros no trabajaban. Lo que pasa es que yo de muy chiquita salí a cantar con mi papá y en uno de esos gané un concurso representando a mi distrito. Y justo el alcalde vio eso, le gusto que ganáramos y pues me apadrinó. Él se encariño mucho conmigo, fue mi padrino de bautismo, me becó en un colegio de clase media, uno de los más importantes, y estuve con chicos de clase media; tampoco de clase alta, pero de clase media que tenían de todo… Y yo no mucho que digamos”.

Luego siguió el turno de En tus tierras bailaré, que cosechó que 4 millones de visitas… En él Wendy hizo trío con otra cantante peruana, la Tigresa del Oriente (“yo la escuchaba cuando chiquita”) y el Delfín (“no lo conocía”). ¿Qué tienen de común? “Lo común que tenemos es que hacemos música autóctona… ¿Acá le dicen ´tropical´?”.

Wendy, La Tigresa y el Delfín cantaron “Israel, Israel, qué bonito es Israel” por pedido de un productor argentino, que les aseguró fama internacional con ese videoclip. “Nosotros en ese tiempo nos habíamos alejado un poco de la música. Yo solo estaba estudiando. Porque nos habían robado mucho, porque salí un poco en la televisión y la gente piensa que por salir en la televisión uno tiene dinero. La verdad que fue muy duro, estaba muy nerviosa, tengo mucho terror porque entraron a mi casa armados, tapados… Dijimos que mejor había que dejarlo por un tiempo, terminar el colegio y después seguir… Ya lo habíamos dejado. Y pues nos llegó esa propuesta de la nada y wow. Bueno, hay que hacerla, no perdemos nada”.

Wendy sumó 4 millones de visitas y su carrera truncada por la pobreza familiar volvía al ruedo inesperadamente. El impulso derivó en un primer viaje a Argentina – donde las Sulca tienen familia en Villa Celina- y luego Colombia (dos veces), Ecuador (2), Chile (2), México y España, donde participó en un festival de YouTube.

YouTube le paga por sus videos desde el año 2010.

El mismo productor argento de En tus tierras bailaré propuso el siguiente paso: un cover de Madonna (“no la conocía”), Like a Virgin (3 millones 6 mil visitas). La lectura del productor seguía su crecimiento: Wendy ya tenía 17 años. “Cuando era chiquita pues solo escuchaba música folclórica: mi papá trabajaba en mi casa y ponía esa música. Cuando fui creciendo, las amigas, en el colegio escuchaban otro tipo de música, más variada”. Wendy cuenta que hoy le gustan Lady Gaga y Lali Espósito.

“Cuando era chiquita mucha gente me veía diferente, muy chiquita. Creo que ahora estoy en una nueva etapa, obviamente crecí y quiero hacer otras cosas, evolucionar. También cambiar un poco la imagen y todo eso”, comenta.

Al mismo tiempo, Wendy se fue dotando de un discurso sobre lo que hace, que pone sobre la mesa desde sus primeros hasta sus últimos videos: “Creo que hay muchas que cantan pop, muchas, y yo quiero hacer algo diferente. Quiero fusionar la música de Perú con el pop, seguir usando mis polleras… Mucha gente me dice eso: ´me identifico mucho contigo, me encanta que ames de donde eres´. Porque me siento orgullosa de eso. Quiero que me recuerden por alguien que se identifica con lo que es, sus raíces, su cultura, y que quiere difundirla al mundo”.

Mientras Lidia cocina un almuerzo tardío, en el living la Ya No Tan Pequeña Wendy se maquilla y al mismo tiempo mira el celular que le avisa que hoy (ese día) un cantante chileno lanzó una canción en la que ella colabora y que #WendySulca es trending topic.

Y se ríe.