Colombia pensando en la paz

Jorge Enrique Botero dio la primicia del inicio de las primeras negociaciones en diez años entre las FARC y el gobierno colombiano, que comenzarán en Oslo, Noruega, el 5 de octubre. Es el periodista mejor informado sobre el conflicto armado en Colombia, y escribió cuatro libros sobre el tema que fueron récord en ventas. Botero compartió una tarde cálida en Caracas con NosDigital, días antes de partir a Colombia, su patria natal, para seguir desde la primera fila el proceso de negociación que, espera, culmine en un pacto de paz que termine con el conflicto que hace cinco décadas existe en el país centroamericano.

Desde Caracas, Venezuela

Mientras tomaba su gaseosa de naranja y sacudía su camiseta de Independiente de Santa Fe para espantar el calor, Botero afirmó que hace ya un año que se vienen dando los acercamiento entre las FARC y el gobierno: “eran secretos, bajo el sigilo absoluto, no hay detalles todavía de cómo fueron exactamente, pero estuvieron blindados de influencias negativas que pudieran tener en el caso de que hubieran sido públicos, me parece que fueron construidos con mucha sabiduría”. Aclaró que se dieron en medio de los más cruentos combates, que llevaron a la muerte del máximo jefe de las FARC, Alfonso Cano y del comandante militar el Mono Jojoy. “Detrás de esos acercamientos, estuvo el acompañamiento de personas como Fidel y Raúl Castro, Hugo Chávez y un actor muy especializado en el tema de las negociaciones de conflictos armados: Noruega, país que en este momento sirve de mediador”.

-¿Esta negociación llega por que hay un “empate” entre las FARC y el gobierno colombiano?

-El Estado colombiano ha reconocido que es imposible la eliminación del adversario y a su vez la insurgencia ha aceptado que el plan que construyó con tanto ahínco durante casi cinco décadas para llegar al poder por la vía militar tampoco es posible hoy en día. La balanza no está tan equilibrada como hace quince años, está inclinada a favor de las fuerzas regulares, pero las fuerzas armadas revolucionarias fueron capaces de contener la enorme ofensiva que se vino contra ellos, que tenía 500 mil miembros de la fuerza pública, más de 10 mil millones de dólares de apoyo norteamericano, más de mil asesores militares gringos en Colombia, contratistas norteamericanos veteranos de guerras antiguas, y una asignación presupuestal por parte del Estado de más de seis puntos del PBI colombiano. Una nueva generación de comandantes guerrilleros y una gestión que logró salirse de la corriente ultra derechista que predominó en los últimos gobiernos de Colombia, han conseguido firmar el pacto y dar inicio a negociaciones formales que se iniciarán en Oslo y terminarán en La Habana, con el firme propósito de las partes de no levantarse de la mesa hasta no obtener o suscribir un pacto de paz que le ponga fin a casi seis décadas de conflicto.

-¿Cómo esta negociación puede generar confianza después de la masacre de la Unión Patriótica? (donde hace 30 años la Alianza Política entera, militantes y dirigentes, fueron aniquilados por el paramilitarismo)

-Yo creo que sería impresentable ante el mundo que el gobierno fuera incapaz de garantizar que una fuerza política surgida de un acuerdo de paz no pueda ejercer con todos sus derechos en el ámbito de la política. Si ello llegase a suceder, Colombia tendría que ser considerada un Estado fallido por la comunidad internacional. Quedaría en el más absoluto aislamiento y correría con terribles consecuencias en sus relaciones internacionales. Sería la propia comunidad internacional la que obligaría, incluso legitimaría el derecho a la insurgencia armada y a la revolución. Si tu me preguntas a mí, periodista que hace veintitantos años que cubre solo el tema de la guerra, la paz y la política, te diría que eso no va a volver a suceder, no puede volver a suceder.

-¿No volvería a suceder porque el gobierno colombiano no lo haría o por la fuerza de la comunidad internacional?

-No volvería a suceder porque fue un experimento puesto en marcha por fuerzas absolutamente retrógradas, oscuras, que a mi modo de ver hoy en día tienen poco peso político dentro de la realidad nacional. No quiero menospreciar el poder de la derecha, sé que van a intentar por todos los medios obstaculizar un proceso de paz, y más que eso van a tratar de obstaculizar la existencia de una paz duradera si es que se llega a firmar. Pero pienso que así como el Estado fue cómplice durante muchos años de las fuerzas armadas de la derecha, de los grupos paramilitares, de los escuadrones de la muerte, tiene también hoy en día no sólo la suficiente información de inteligencia si no también la capacidad de ponerle punto final a esa máquina de muerte que azotó más que nada a los campos de Colombia. Es también el Estado el que ahora cuenta con la voluntad política de un sector muy grande de lo que podríamos llamar el establecimiento tradicional de Colombia, que en una actitud que yo incluso calificaría de pragmática, ha entendido que el país no puede seguir desgastándose en la prolongación de este conflicto hasta quién sabe cuándo.

Botero hizo una pausa para que el ruido que sale del estéreo de un auto desaparezca y no moleste en la grabación. Mientras seguía con los ojos el recorrido del bólido sonoro contó lo que parece ser una buena noticia: en el documento escrito que las partes firmaron y que ya está circulando, un párrafo establece el compromiso del gobierno colombiano sobre el desmontaje de lo que queda del paramilitarismo, eso supone que serán las misma fuerzas militares las que se encarguen de golpear al paramilitarismo que siga aún presente.

Por un momento los árboles de la verde Caracas se reflejan en los ojos del colombiano y recuerdan a la selva espesa que habita las FARC. Él, que mediante sus libros narró el amor, el nacimiento y el coraje en medio de la guerra, es el más indicado para hablar sobre la vida en los campamentos de las fuerzas revolucionarias: “Yo no dejo de maravillarme con la capacidad de movilidad que tienen las FARC, de ir construyendo en su eterno andar en la selva y en la montaña, pequeñas aldeas, sobre la base del esfuerzo conjunto. Es una de las actividades típicamente solidarias donde todo el mundo hace el papel de todo el mundo y las cosas confluyen mediante el esfuerzo colectivo. Son lugares donde encuentras en medio de la precariedad unas condiciones de vida muy soportables”. Sus ojos marrones y verdes por el reflejo, brillan más que nunca en toda la entrevista y la sonrisa se le asoma a medida que avanza con la descripción: “Todo lo que hacen es con lo que les da la naturaleza, es increíble. No puedo olvidar la frase de una persona que llego allá por primera vez, y saliendo me dijo: ‘ésta es la forma ideal de sociedad, en términos de armonía’. La rutina es dura, se levantan muy temprano, trabajan todo el día, evitando el peligro o detectando a su enemigo, planeando atacar. Eso quizás hace que ellos sean tan unidos. En la atmósfera se siente una calidez, una cosa colectiva. Por supuesto hay las mismas pobrezas y grandezas humanas que en cualquier grupo social. Celos, pasiones y pequeñas telenovelas circulando todo el tiempo en el ambiente. Los jóvenes que llegan sin saber leer ni escribir, aprenden; entre las armas y el rigor militar y la disciplina, van creciendo como seres humanos”.

-¿Quiénes son los que integran hoy las FARC?

-Son básicamente jóvenes colombianos de tempranas edades que viven en situaciones extremas en el campo, cuyo futuro es absolutamente borroso por no decir negro. Buena parte de las chicas lo hacen quizás observando el destino de sus hermanas, de sus propias madres, dedicadas a la prostitución. Los muchachos tienen el horizonte de expectativa de vida muy reducido, primero porque su acceso a la educación ha sido nulo y segundo porque las fuentes de trabajo son muy escasas. Eso diría que es un 65% de la gente que ingresa o compone las FARC. El resto provienen de las zonas urbanas, son muchachos que han tenido mucho más acceso a la educación, en su gran mayoría jóvenes que ejercieron la política legalmente y que han visto caer compañeros o han sido víctimas de amenazas y que tuvieron que huir y deciden no renunciar a sus convicciones y ante la imposibilidad de hacerlo públicamente toman el camino de las armas. Un porcentaje muy reducido, pero importante, por su valor simbólico, proviene de otros países. Tenemos la historia aún por contar de un joven argentino que llego hace ya diez años; la famosa holandesa; jóvenes de otros países europeos y latinoamericanos. Hay un fenómeno muy curioso: muchos ingresan detrás de sus padres, incluso de sus abuelos. Quizás por lo extendida que fue la guerrilla a través del tiempo. Es por ellos que las FARC se mantienen, y además, la principal razón, es porque tienen una base social importante. Colombia es un país de un millón doscientos mil kilómetros cuadrados, toda la densidad demográfica está concentrada en la zona andina y tirando hacia las costas. Pero una porción gigante del terreno nacional es muy poco densamente poblada y totalmente abandonada por el Estado. Son zonas emblemáticas de presencia revolucionaria, comunistas desde hace décadas. El Estado colombiano se dio cuenta de que allí hay gente y que esas relaciones con la guerrilla no son extinguibles porque están muy profundamente arraigadas.

 

-¿Qué significaría para la oligarquía por un lado y para la izquierda latinoamericana por el otro el cese del conflicto armado?

-Debe haber sectores de la derecha de este continente muy consternados. Hay muchos que le han apostado a una guerra eterna en la que se permite todo tipo de jugadas oscuras. La oligarquía venezolana debe estar muy preocupada, porque merced a la existencia del conflicto han podido movilizar tropas paramilitares desestabilizadoras en buena parte de los1500 kmde frontera y han prendido campañas de acusaciones muy fuertes contra Chávez sobre la supuesta presencia de las FARC en Venezuela. Seguramente también les resulte incómodo a todos aquellos, que no son pocos, que se estaban enriqueciendo con la venta de armas. Inclusive a aquellos que lucraban del hecho de que como el país está en conflicto y sus inversiones eran de alto riesgo, la recompensa que obtenían eran mucho más altas que en otro países. Para la izquierda es una formidable noticia, el escenario para el éxito de una propuesta de izquierda en Colombia se abre maravillosamente, se va a poder demostrar toda la fuerza acumulada a lo largo de estos años, y van a poder brotar y surgir toda una cantidad de experiencias organizativas y de fuerzas políticas que han tenido que resguardarse para evitar el aniquilamiento. Creo que si se pacta esa paz va a ser una victoria para las fuerzas de la izquierda.

“Llamarse Santucho es un honor”

Desde Santiago del Estero viajaron los conceptos de uno de los más representativos integrantes de la familia Santucho.  A 36 años del asesinato de Roberto “El Robi” Santucho, fundador histórico del ERP-PRT, su sobrino Luis comparte con nosotros cómo es llevar el apellido, pero sobretodo cuál es la forma en la que se encara el legado de lucha en el presente. 

Luis Horacio Santucho es uno de esos personajes que prometen de antemano historias y recuerdos para escuchar con atención, se convierte en una cita de compromiso por el peso de un apellido, pero más bien por una responsabilidad que excede lo hereditario. Es sobrino de “El Robi”, como llama a su tío, ni más ni menos que el fundador e ideólogo del Ejército Revolucionario del Pueblo, uno de los guerrilleros más reconocidos de la década del setenta. Por su lado, Luis es una de las caras visibles de la lucha en defensa del campesinado en Santiago del Estero y además, un reconocido abogado que actualmente encara causas de la última dictadura militar. A sus 52 años escribe notas en su blog personal –http://luishoraciosantucho.blogspot.com.ar/– y también se le arrima al Twitter -@luissantucho-: “Hay que visibilizar las causas que acallan los grandes medios”.

-¿Cuándo surgió el Modepa?, ¿en qué consiste?

-Surge de un grupo de compañeros, de una confluencia de gente que veníamos de participar o ayudar en movimientos campesinos y otros que venían de organizaciones de derechos humanos. Lo que hicimos fue conformar este movimiento para construir una herramienta electoral para participar en el aspecto político y en las organizaciones del Estado. Por ahora recién estamos haciendo los trámites, buscando las afiliaciones, etc. para poder ser un partido reconocido por parte del Estado.

-¿Cómo es la situación actual de los trabajadores agrarios santiagueños?

-La valorización de la tierra, fruto del avance de la soja, hace que la situación de los pequeños productores esté acusada por esta coyuntura que genera que sus derechos sean cercenados, por eso hay un fuerte trabajo por parte del MOCASE para que los campesinos puedan conocer estos derechos y puedan defenderse.

 

-Además Luis, sos querellante de la Fundación Argentina de Derechos Humanos. ¿Cómo conjugás esta doble militancia?

-En lo personal, participar en los juicios es muy importante por todo lo que nosotros vivimos, por lo que estamos viviendo y por los testimonios que están apareciendo. A mitad de julio reanudamos un juicio que estuvo suspendido por 20 días y en el que se compilarán testimonios que son vibrantes, emotivos, duros. Esto está teniendo eco en la opinión pública, ya que la gente se está encontrando con realidades de hace 37 años atrás que no se imaginaban que pasaron en Santiago del Estero. El juicio tiene un sentido educativo muy valioso, ya que hemos sufrido tiempos durísimos incluso post-dictadura con este tema. Porque la dictadura tuvo cierta línea de continuidad hasta los `90 con el Juarismo, un movimiento autoritario que tuvo gran poder sobre los ciudadanos y el poder público.

 

-¿Pudiste escuchar las declaraciones de Videla donde tildó a Mario Roberto Santucho de ser el subversivo más peligroso de los ´70?

-La semana pasada hubo un careo con el jefe de Campo de Mayo por ese entonces en 1976, el General Riveros, y se deslizó la posibilidad de saber dónde está enterrado el cuerpo de Santucho. Pero es como que no quieren hablar, no quieren saber, no quieren informar el lugar dónde está enterrado el cuerpo de mi tío. Y es lo que estamos buscando, sus hermanos que ya están llegando a los 80, sus sobrinos. Se relaciona con un valor de la humanidad que es darle culto a nuestros muertos, que es algo muy importante para nosotros porque es una cuestión muy incorporada en la cultura rural santiagueña. Y eso se nos está negando. Se nos está negando la posibilidad de poder ponerle una flor a su tumba.

-¿Cómo es vivir en Santiago con el apellido Santucho?

-Durante mucho tiempo el apellido Santucho fue difícil, el sistema dominante de ese momento –por el año 1986- lo demonizó. Pero lo llevamos nosotros con mucha dignidad y honor. Acá en Santiago pesa mucho y está vinculado a las cuestiones y a las batallas de la vida cotidiana. El apellido Santucho está fuertemente relacionado con las actividades políticas, porque fue donde Mario Roberto inició sus primeras experiencias políticas. A pesar de que luego se trasladó a Tucumán, su origen santiagueño siempre estuvo vivo. Con el paso del tiempo se fue agigantando su figura revolucionaria, y con esto el orgullo de ser familiar. Por eso es que no resulta fácil, porque hay que estar a la altura.

-Dijiste alguna vez que te sentís del ERP a pesar de no haber participado.

-Lo que intento hacer es darle persistencia a sus ideas. Me siento continuador desde mi rol de abogado de organizaciones campesinas, como defensa de los derechos de los pueblos indoamericanos, que sigue siendo un sujeto social presente. Esa idea que ellos no pudieron concretar en su momento.

“Perú no anda muy lejos de un golpe legal”

Paraguay es sólo una parte del ojo del huracán y nada en América está a salvo de repeticiones. Al menos, eso es lo que dice Hugo Blanco Galdós, guerrillero histórico y miembro de la Confederación Campesina del Perú. A los 78 años, un trotamundos que sobrevivió a más de un exilio, deja en claro que la mano va a estar dura y que en su país no se gobierna con la Constitución.

Su voz camina entre las ideas, da pasos a través de las palabras. Las oraciones se van pegando unas a las otras, habla del planeta, de su pasado de lucha, de su presente de resistencia, con una voz que recorre el aire como en un homenaje al cantar cansino pero feliz de Neil Armstrong en la más que conocida What a wonderful World. Se trata de Hugo Blanco Galdós, peruano, cusqueño, luego de que los exilios obligados lo convirtieran en trotamundos, hoy a sus 78 años se define él mismo como “luchador social, específicamente ecosocialista”. Ante todo, nos explica la importancia de tener presente su segundo apellido, Galdós: “Si en Google sólo pones Hugo Blanco te sale el músico venezolano compositor de Moliendo Café de quien soy admirador. Una vez en el Perú lo capturaron por llevar ese nombre”.
Mientras transitamos una época en donde los daños sobre nuestro planeta son evidentes no solo mediante estudios científicos, sino visibles en los cambios climáticos permanentes, la conciencia ambientalista no está profundamente expandida en la conciencia social, y menos aún en los debates políticos, pero esto, claro, tiene sus razones: “Pues el capitalismo en su forma actual, por su insaciable avidez de ganancia, ataca inmisericordemente a la naturaleza, lo que está matando muchas especies, entre ellas matará a la especie humana. La única forma de evitarlo es que la sociedad en su conjunto arrebate el poder mundial, hoy en manos de las transnacionales, y lo sustituya por el gobierno de todos. Por eso luchan muchos pueblos, aunque no usen la denominación ecosocialista. Este término es necesario, pues la palabra socialismo ha sido desprestigiada por la corrupta y antiecológica burocracia soviética y por quienes la usan para administrar la economía neoliberal. Nunca como ahora el capitalismo ha atacado a la naturaleza. Si el mundo va a continuar dirigido por ese 1% al que se refiere Wall Street, la humanidad va a dejar de existir en 100 años”.
Habla claro con un discurso que sorprende, no por revelador en su contenido específico, sino más bien por hacernos pensar sobre los por qué de la repetida omisión. Qué hay detrás. Hugo es miembro de la Confederación Campesina del Perú (CCP), supo comandar la guerrilla indígena en los años 60 en el Cusco, presentándose como militante junto a quienes entendió que eran la vanguardia en la militancia social, el campesinado. “El principal ataque es el calentamiento global, que antes era legal, ahora las Naciones Unidas preparan reuniones de los calentadores globales, Copenhague, ahora Río, pero no acuerdan rebajar ningún grado el calentamiento. Hay arroyos que estas desapareciendo, los nevados se están derritiendo, en Perú lo hemos notado. Todas las tempestades y efectos destructivos causados por el calentamiento global son llamados por la prensa que está en manos de las transnacionales como desastres naturales, pero no tienen nada de naturales.

-Luego de repetidos exilios, obtuvo cargo de Diputado y de Senador en su país, ¿cómo fue llegar al gobierno?
-No, no llegué al gobierno, el gobierno es el Poder Ejecutivo. El sistema cuida de que la verdadera izquierda esté en minoría, nos permite hablar cuanto queramos, pero al momento de votar gana la representación de las transnacionales. Es poco lo que se puede hacer, la presencia de parlamentarios en las movilizaciones populares disminuye la represión. Cuando más golpes recibí de la Policía fue cuando era parlamentario. Fue la época en que menos pude servir al pueblo.

-Sabemos de las fuertes protestas contra el proyecto de minería Conga, ¿en qué situación se encuentra la actividad con relación al Gobierno Nacional peruano?
-Actualmente el Perú no anda muy lejos de un ´golpe de Estado legal´ como ocurrió en Paraguay, es el Ejército quien gobierna a través de Humala, quien pisotea inclusive la Constitución elaborada por el reo Fujimori. En su campaña electoral dijo que defendería el agua contra el oro y como presidente defiende el oro contra el agua. A la protesta pacífica del pueblo contesta con represión. Atropella la Ley apresando a un alcalde (intendente) elegido por el pueblo y enviándole preso fuera de su circunscripción, hizo lo mismo con compañeros de Cajamarca que protestaban contra el proyecto Conga. Desconoce un informe de su propio ministerio certificando que la minera Xstrata contamina. Decreta Estado de Emergencia que no es su atribución sino la del gabinete. Los últimos sucesos muestran que su método preferido es la creciente represión en defensa de las compañías transnacionales depredadoras”. La minería a cielo abierto es otro de los ataques a la humanidad.

-¿Qué facciones sociales se están enfrentando?
-El proyecto Conga, de realizarse, mataría la vida en cinco valles quitando el agua para el consumo humano y anulando la agricultura y la ganadería que desarrollan 12,000 personas. Ellas y ellos se oponen al proyecto. También les acompaña gente urbana que rechaza ese futuro de muerte. Por el otro lado, están a favor los servidores de la empresa, entre ellos el Poder Ejecutivo, la mayoría del Parlamento, los grandes medios de comunicación, la mayoría del Poder Judicial, el Ejército y la Policía. Al igual que en Argentina las empresas están orgullosas de usar “tecnología de punta”, que consiste en dinamitar una tonelada de roca o tierra para extraer un gramo de oro o menos, envenenando el agua.

Hugo sigue diciendo cosas que todos sabemos y de las que nadie se ocupa, como si por algo parecido a un orden de prioridades preestablecido, no se tratase de cuestiones urgentes, como sí lo son. Pero al escucharlo los prejuicios hacia la ecología o al ecosocialismo se desvanecen con ganas. El panorama distinto de argumentación que ofrece en la batalla contra el imperialismo se transluce en las palabras de un militante campesino internacionalista, y eso habrá que escuchar atentos y hacer eco. Fuerte, con fuerza: “Yo creo que los revolucionarios nunca debemos recurrir a la violencia por nuestra propia voluntad, si no somos forzados a responder una agresión antelada. La agresión a la naturaleza y la usurpación de tierras que continúa desarrollando el gran capital en el siglo XXI provoca movimientos de resistencia en los sectores campesinos, es por eso que estoy convencido que serán los que mayores perspectivas de lucha tendrán”.

“Nuestra revolución iba a ser distinta y mejor”

En la segunda y última parte de la entrevista a Luis Mattini, ex miembro del PRT y del ERP, habla más sobre la vida dentro de la clandestinidad, la partida al exilio, los diferentes mitos creados alrededor de la lucha armada y su visión sobre la política actual de derechos humanos y del modelo kirchnerista. Palabras clave de un protagonista para la revisión histórica que se hace necesaria.

 

-Luego del Operativo Independencia del 75’ y la dictadura sólo unos meses después, ¿cómo fueron sus años en el exilio?

Fotos: Nos Digital.

-Salimos al exterior con el solo objetivo de reorganizarnos, no existía el término exilio todavía, estaba prohibido en nuestra organización. Me acuerdo cuando venían los uruguayos Tupamaros, o los chilenos del MIR, nos hablaban de exilio y nosotros los mirábamos mal. Cuando lo matan a Santucho, yo quedo a cargo del PRT, porque soy el único que queda con vida del grupo dirigente. Reorganizamos una dirección, pusimos de nuevo el partido en marcha, y decidimos viajar a Cuba para que definitivamente nos dieran un entrenamiento fuerte. Pensábamos que acá había que seguir con las armas para rato.

Salimos para allá los de mayor jerarquía, queríamos agarrar a Fidel y exigirle el apoyo militar que nos había negado antes, pero ahora en Argentina teníamos una dictadura. Nunca llegamos a La Habana. Nos juntamos en Praga, les explicamos nuestra necesidad de entrenamiento. Los cubanos nos pidieron que paráramos a mirar qué pasaba en nuestro país, y para que los de aquella época te dijeran eso… “Están teniendo demasiadas bajas, tanto ustedes como los Montoneros, algo está mal. Tienen que reunir al Comité Central y rever lo que pasa”, nos cortaron el viaje a Cuba en muy pocas palabras. Ahí mismo decidimos sacar el resto del Comité, eran doce compañeros, los hicimos venir al exterior también. Nos reunimos finalmente en Roma, porque en Argentina hubiera sido imposible juntar a tanta gente sin que nos encuentren: estuvimos quince días revisando las macanas hechas, y elegimos empezar todo desde cero. Queríamos preparar compañeros en el exterior, e ir regresándolos de a poco, pero ya entrenados. Nos empezó a ir cada vez peor, nos fuimos desangrando. En el ‘80 ya casi no existíamos, yo soy destituido como Secretario General, por fracasar. No hay una acusación más grave ni menos grave que esa, yo me quedo en banda en México, y ahí sí paso a ser un exiliado. Estuve diez años fuera de Argentina, y cinco años con un pasaporte falso, que recién cuando terminó todo el partido, fui a Suecia y conseguí uno verdadero.

 

-¿Cómo era la participación de las mujeres dentro del ERP?

-Las compañeras asombraban a los cubanos y centroamericanos, sinceramente no lo podían creer. Tanto las argentinas como las uruguayas. Nosotros enviábamos contingentes de entrenamiento a Cuba, y ahí iban muchas mujeres. Los cubanos no podían creer que ellas pudieran ser tan buenas combatientes como los varones. Nos preguntaban cómo hacíamos un comando, por ejemplo, si participaban las mujeres o no. Claro, en un comando urbano de cuatro o cinco, venía bien la presencia de dos mujeres porque ayudaban a disimular los movimientos. Los cubanos nos preguntaban asombradísimos si los hombres obedecíamos las órdenes de mujeres; porque hay que destacar el machismo de la sociedad cubana, más aún por aquel entonces.

Para algunos comandos una mujer eran jefes, porque los comandos eran conformados por tres a cinco, y había una democracia plena, el jefe era elegido por el grupo y muchas veces elegían a compañeras, y entonces había que seguir sus órdenes. En la cuestión militar no se puede discutir, no importaba el sexo, la orden es la orden. Y muchas veces, incluso por ejemplo, la operación más común, pero importante, que hacíamos era ir a quitarle la pistola a un policía. Era una acción que usábamos como entrenamiento y como prueba para los nuevos integrantes. Muchas veces iban tres hombres y una mujer. Los canas cuando veían a una mujer no podían soportarlo. Me acuerdo que una vez, a una compañera le tocó tratar de sacarle la pistola a un policía -yo iba delante porque era el jefe ese día- se arrimó y el tipo cuando vio que era una mina, tendió a ahorcarla. Pero la compañera no disparó, con la rodilla le pegó un rodillazo a los huevos que el otro quedó doblado. Él la subestimó, el machismo era muy marcado. Así como para los cubanos causaba admiración, para la policía era algo insoportable.

 

-Entre los mitos que giran en torno al ERP, se habla de que para poder ingresar había que mostrar la placa de algún policía asesinado, ¿cuánto de verdad hay?

-No, eso es un bolazo. Un bolazo anticomunista. Me hace acordar a cuando yo era chico, que era tan fuerte el anticomunismo que te decían: “ojo con entrar al PC, si entrás después no te dejan salir nunca más”. Nosotros a veces, a algunos compañeros que veíamos que no aguantaban más por la tensión, les hemos pagado el viaje a Europa, para que estuviera más tranquilo. Eso sí, todos los compañeros tenían que entrenarse. Nuestra consigna era clara: “De lo chico a lo grande. De lo sencillo, a lo complejo”, entonces desde la célula reclutábamos compañeros, y cada uno tenía que ir de lo chico a lo grande, no es que agarraban el fusil de entrada. Empezaban con un desarme, o con una pintada clandestina, si te agarraban pintando ibas en cana, antes de la dictadura, ibas preso. Nosotros planteábamos hacer una pintada con defensa armada, porque sino venía un sereno y te metía preso. Era parte del entrenamiento, pintaban la pared, siempre con algún otro compañero con más experiencia.

 

-Para hablar del “terror de la izquierda”, los apologistas eligen tres hechos: el asesinato de Rucci, el suceso de Viola y su hija, y la otra acusación es en cuanto al general Larrabure, ¿Cuánto de verdad hay en cuanto a las malas condiciones que sufrió este último durante su secuestro y su muerte?

-Sin dudas es el caso más lamentable de todos. A Larrabure lo llevamos prisionero durante la ocupación de un cuartel. Para nosotros, como éramos guevaristas, el prisionero era sagrado, se lo trataba como prisionero, pero como un ser humano ante todo. Guevara había enseñado fuertemente que no se debía morir el prisionero, y nosotros lo seguimos. Empezó la negociación y nuestro objetivo era cambiarlo por compañeros que estaban presos, pero el gobierno se negaba rotundamente, casi nunca hubo negociación en Argentina. Pasaban meses, Larrabure estaba en una casa, se le daba de comer, pero empezó a estar mal del mate. Santucho había decidido algo muy original, como no nos lo querían cambiar, tampoco podíamos soltarlo por una cuestión de principios, y matarlo, menos, desde ya. Lo peor que nos podía ocurrir a nosotros como organización era que se nos muriera, era la derrota. Entonces, decidimos pedirle que nos de cursos porque era experto en explosivos: “usted se gana la libertad si nos da cuatro meses de cursos de explosivos y lo dejamos libre”. El tipo lo aceptó.

 Cantaba el himno nacional todos los días, estaba mal de la cabeza, estaba encerrado en un cuarto, no teníamos posibilidad de moverlo a un patio, nada. Por supuesto, bien alimentado con guardia permanente. Un día, se ahorcó solo… fue terrible para nosotros, no sabíamos qué hacer. El hecho de que se haya ahorcado era lo mismo que si lo matábamos nosotros. La peor derrota, justamente la victoria para nosotros era mantenerlo vivo, y demostrarle al gobierno que éramos fuertes. Así fue la desgracia, lo dijimos públicamente, que había sido un descuido muy grande de nuestros compañeros.

 

-Cuando se dice que lo encontraron con 40 kilos… ¿Estos mitos se crearon como acción psicológica contra la organización?

-Es mentira, hay pruebas forenses. Un dato más, cuando nosotros asaltamos el cuartel de la ciudad de Azul, en el tiroteo inicial, en combate, muere un soldado. Después, cuando sacaron la información escandalosa, decían que el soldado había sido degollado, que era para sumarle turbulencia a la cosa. Muchos años después, un periodista de Azul se puso a investigar la historia, y me pregunta “¿por qué lo degollaron?”, y yo le respondí: “yo no estuve ahí, podés creerme o no a mí, pero te voy a responder de manera verosímil, yo creo que esa acusación es inverosímil, porque yo creo que no había dentro de nuestra organización un compañero que supiera usar un cuchillo, a menos que fuera un correntino”, le dije a modo de broma. No teníamos ese tipo de entrenamiento, solo con armas de fuego. El periodista siguió investigando, fue a ver la causa, y  vio que el soldado fue asesinado de un disparo… y me llamó para darme la razón.

 

 -¿Qué le genera a usted la visión social-histórica que se le da al militante desaparecido?

-Estoy peleado con todos los organismos de derechos humanos por esto, empezando por Hebe. Yo tengo a mi hermano secuestrado-desaparecido, combatiente y militante de ERP. Y lo que está quedando con la denominación “desaparecido”, es como si un día en este país, los chicos andaban por ahí haciendo travesuras, y vinieron unos militares locos y empezaron a secuestrar gente. Un poco la famosa novelita de “La noche de los lápices“, es eso.

Lo peor de todo esto es que se está destruyendo la historia. Yo no te digo que digan si teníamos o no razón, pero que cuenten lo que fue, lo que intentamos hacer y para qué. La militancia, la vida que pretendíamos, la felicidad que vivimos inmersos en el compañerismo, la fuerza del sueño, eso es lo que se desdibuja. Recuerdo que el grupo estaba en la célula, y no estábamos todo el día hablando de Marx y Engels, hacíamos de todo. Hablábamos de cómo imaginábamos nuestra sociedad en un futuro, cómo iba a ser después de la revolución, porque ninguna de las que había nos gustaba, había que hacerla mejor. De la revolución soviética, ni hablar, nos separaban muchas diferencias. Para Cuba, a pesar de ser nuestra bandera, también teníamos nuestras críticas. Decíamos que la nuestra iba a ser distinta, que no íbamos a cometer algunos errores que percibíamos de estos casos. Bromeábamos sobre cómo iba a ser vivir sin llaves, las reparticiones de las tareas domésticas, imaginar que no hubiera servicio doméstico para los que eran vagos.

 

-¿Qué opinión le genera el Gobierno Nacional de hoy?

-Creo que el gobierno no es peor que otros ni mejor que otros. Mi cuestionamiento con el gobierno no es en torno al manejo que tiene de los derechos humanos. Claro que lo hacen porque es la manera de ganar votos, porque son más vivos de lo que fueron los radicales. Lo están usando muy hábilmente, cosas que pasan con ellos como podría pasar con cualquier otro gobierno.

Lo que sí cuestiono del gobierno es el modelo productivo sojero, que lo ocultan. Condicionan no sólo al medio ambiente, al haber una explotación tan grande de soja expulsan campesinos, los campesinos se transforman en pobres de la ciudad, y entonces el gobierno con parte del dinero que recibe de la soja los contiene, les da un plan. En ese sentido no tiene nada que ver con el peronismo, yo no digo tampoco que el peronismo sea Duhalde. Pero nada tiene que ver esto con el peronismo de la primera época, que agarró un país con mucho dinero, como ahora- aunque ahora me parece que hay más-. Perón industrializó al país, transformó a la gente en obreros  industriales.