Yo salí con una piba que era arquera

A esta altura, me parece insólito habernos querido sin haber hablado nunca de Messi. Dirán que esta es una escupidera para justificar un fracaso amoroso, pero juro que en los últimos días cambié mi manera de pensar. Durante dos años, gasté insomnios analizando hasta las teorías más rebuscadas de un gurú de Mozambique para entender por qué me había dejado. Tuve acidez, dolores de próstata, una operación y hasta un ridículo microdesgarro abdominal. Leí a Marx, a Aristóteles, a Sartre, a Nietzsche, a mi carta astral y a una biografía berreta de Atila el Huno, por si aparecía alguna respuesta. Pero la culpa, la verdadera culpa, apareció un tiempo después, una noche en la que jugué con ella al tutti-fruti vía internet, cuando ya no estábamos juntos. Esa noche hubo una revolución. Como si fuera el momento en que dios dejó de ser dios y dios pasó a ser la ciencia. Esa noche, por culpa de Monetti, el arquero de Gimnasia, dejé de preguntarme por qué me había dejado y empecé a preguntarme cómo nos habíamos querido sin haber visto, al menos una vez, juntos, un partido de fútbol.

El sábado previo a que dejáramos de estar juntos, se jugó uno de los mejores partidos de la historia. Quizás, el mejor partido del mejor equipo del mejor deporte. Ese 28 de mayo de 2011, nos despertamos juntos, como si nada. Ella no hablaba de fútbol y yo, tampoco, le preguntaba qué pensaba. ¿Cómo puede ser que dos personas se despierten juntas sin hablar de algo increíble que va a suceder esa misma tarde? En serio. Porque ni las mujeres, que tienen verdaderamente un cerebro más como para calcular todo tipo de estrategias y de pasos a seguir, podían imaginar esa tremenda demostración de belleza que dio esa tarde el Barcelona de Pep Guardiola cuando le ganó 3-1 al Manchester United de Alex Ferguson, en el mítico Wembley, y se quedó con la Champions League.

Y yo, que soy un machista que intenta no serlo, que estoy consumido por una sociedad donde los padres se frustran cuando el médico dice que va a ser nena porque piensa que no van a poder jugar a la pelota, cometí el mayor de mis errores en la vida de pareja: no la invité. Y me perdí de todo porque, probablemente, ella ya sabía que iba a dejarme y yo ya sabía que el Barsa iba a ser campeón de la Champions League. Pero, vamos, ¿quién puede dejar a alguien después de ver con ese alguien ese partido del Barcelona?

***

– ¿Quién es el arquero de All Boys?
– El que es gordo. Cambiasso.
– ¿El de Olimpo?
– Champagne.
– ¿Y el de Gimnasia?
– El de Gimnasia es Monetti y es un fenómeno. Anda muy bien.

Los sabía todos. Apenas trastabilló con el de Godoy Cruz, que yo no sabía y secretamente busqué en internet. Nunca, jamás, tuvimos un momento más romántico que ese. Hacía más de dos años que no nos dábamos un beso y, aún así, esto era lo mejor que nos había pasado. Jugar al tutti-frutti con arqueros no estaba siendo simplemente un detalle lúdico. No era una competencia de eruditos en algo. Era una discusión filosófica sobre para qué sirven las relaciones de pareja.

Pensé, primero, en mi papá, un adicto al fútbol, y en mi mamá, una persona que odia el fútbol, y me pregunté: ¿cómo puede durar un amor treinta años sin hablar de fútbol? ¿De qué hablan cuando van a cenar? ¿Qué piensa ella de él cuando lo ve emocionado frente al televisor mirando al Getafe contra el Almería? ¿Qué piensa él cuando ve al Bayern Munich y mi mamá pasa por al lado pidiéndole que la ayude a ordenar la casa?

Empecé a rastrear caso por caso.

Encontré un amigo que me contó que su mujer se había levantado de una siesta dominguera y lo puteó por no haberla despertado para que vieran el Real Madrid-Barcelona, el día del 3-4, con Messi metiendo el penal sobre el final del partido, en lo que fue una pena leve, porque apenas se perdió los primeros veinte minutos y el resto lo vieron juntos, abrazándose en cada maravilla de los catalanes.

A otro lo vi confesar, frente a su grupo de amigos, algo que realmente le dolía. Lo dijo así, de esa forma, anunciando que iba a decir algo duro y dejándole el suspenso que merecen esas cosas que cuestan sacar del cuerpo. Lo aclaro acá, para darle un contexto que él naturalmente no tuvo que darle a sus amigos: él es hincha de River y banca a muerte a Ramón Díaz. Tanto como para decirle Ramor, en vez de Ramón. Pero él, un militante de alta gama de las ideas de ese entrenador, demostró una puntada que lo golpeaba y que todos le respetaron. Dijo, casi con vergüenza: “Mi mujer no banca a Ramón”. Y se hizo un silencio. Se oyó, desde lejos, como si fuera un ruido que venía de otro continente, un oh. Y, aúnque todos hubieran querido gritar ooooooooooooooooh, apenas fue oh, porque ese grupo de amigos es muy respetuoso de las tristezas de los otros.

Pero un amigo me comentó un caso con una envergadura todavía más compleja. Lo escuché tremendamente compungido en el momento en que admitió que más de una vez había estado cerca de divorciarse por culpa de Marcelo Bielsa. Sonará extraño, claro, que Bielsa, un tipo que anda en jogging por la vida, que tiene los anteojos colgados con un hilo, que no se peina, que camina al lado de una cancha haciendo segmentos de tres metros que vuelve a recomenzar sin razón, pueda destruir una pareja. Pero no se trata de una cuestión sexual, aunque el sexo sea una buena respuesta a todo. Ella es bielsista, él no y esa diferencia ideológica, en esa casa, cuesta más que la elección del colegio primario al que irá su hijo.

Pensarlos como psicópatas no sólo es un error sino que es una discriminación de género. ¿Por qué si hay grupos de amigos que se matan entre menottismos y bilardismos no va a haber parejas que se reprochen lo mismo? ¿Por qué si un país como Brasil hace una magnánima apuesta política para un Mundial no va a haber razones de divorcio que digan, en vez de adulterio, “prefiere jugar de contra”? ¿Por qué los besos lindos son los que se dan bajo la luna y no los que se construyen, desordenadamente, en una avalancha por un gol en el último minuto en un clásico?

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Sólo siete horas tenían para estar en Río de Janeiro. Faltaba algo menos de cinco meses para el 15 de junio y para que Lionel Messi, a las 19, contra Bosnia, devolviera al Maracaná a esa vida mundialista que abandonó el 16 de julio de 1950, el día del Maracanazo. Cuatro amigas estaban de paso y tenían que hacer tiempo para tomarse un avión que las devolviera a Buenos Aires. No era una decisión cualquiera. Un promedio de tres millones de turistas pasa, por año, por esa impactante ciudad brasileña y había poco tiempo para recorrerla. El Pan de Azúcar, el Cristo Redentor, el Corsódromo, Copacabana, Ipanema y el Parque Nacional de Tijuca. De las cuatro amigas, tres decidieron ocupar el día comprando ropa y suvenires. Otra, bien temprano, se tomó un colectivo y, sola, se fue a ver el estadio.

“¿Adiviná quién?”, me preguntó Ella y yo me reí y me llené de amor y de locura y después me sentí un ridículo sonriendo en mi cuarto, solo, mirando a través de una pantallita de una red social por donde iba pasando ese relato.

Hubo una época en el cine argentino en que con canciones de Palito Ortega se solían filmar películas o series donde una pareja corría por el pasto, con el vestido flotando en el aire, con las manos apretadas, con el sol brillándole alrededor. Cursi o no, vaya uno a saber por qué, ese sol, aunque esté forzado, no sé, suele dar ganas de besar. Y yo pensé lo mismo. Pero no en cualquier momento. No con una canción ni con una película. Fue cuando ella me dijo: “¿Sabés las ganas que yo tenía de tirarme en ese arco?”

Y tirarse no a dormir la siesta. Tirarse porque Ella, ahora, es arquera. Estudia los movimientos de Iker Casillas –del Real Madrid-, mira entrenamientos de Peter Cech –del Chelsea- por YouTube, aprecia a Sebastián Saja y banca a Sergio Romero para la Selección. Mira por televisión a Alejandro Saccone, un exarquero devenido en comentarista. Juega los sábados en dos equipos: uno en cancha de cinco y otro de nueve. Todavía no se anima al arco de once, pero no falta tanto para que lo haga. Cuando su equipo pierde, como cualquiera, se enoja, pero sigue y no falta ni a los entrenamientos ni a los partidos.

Todo eso no existía cuando nosotros salíamos. Ella, como muchas otras Ellas, descubrió el fútbol tarde y, como todo amor tardío, el contratiempo la obliga a una pasión desaforada para recuperar el tiempo perdido. A su papá nunca le gustó el fútbol. Y su mamá no podría aguantar dos segundos viendo un partido. Y sus hermanas se aburren con la pelota. Y el colegio y los clubes de barrio y la televisión y la vida le explicaron que el fútbol era para hombres, injustamente para hombres.

Como nenes que lo dicen abiertamente, como viejos que no lo dicen porque les da vergüenza pero que por adentro lo sienten, Ella quiere jugar en el Barcelona. Hincha por el Barcelona porque le gusta, como a los buenos ojos, el buen fútbol. Hincha porque los ojos son ojos siempre, estén en el cuerpo donde estén, sean del sexo que sean, y cuando el Barcelona no le pudo ganar al Atlético Madrid por la ida de los cuartos de final de la Champions League, me dijo que estaba triste. Como yo, que estaba triste, porque me perdí lo mejor de ella.

“Más allá de un juego, el fútbol es una ciencia”

Facundo Sava acaba de culminar su primer ciclo como entrenador en el fútbol argentino: dirigió durante 13 partidos a San Martín de San Juan. Nos recibió en su casa para contarnos cómo es el oficio del DT en este ambiente: grupo, vestuario, videos, psciología, Guardiola, Mourinho, Bilardo y una definición de número 9: “Hay que darse cuenta que lo que da resultados y lo que divierte al espectador son los equipos que van para adelante y dan diez pases seguidos”

Facundo Sava se define como un tipo inquieto: además de perfeccionarse en el oficio de goleador durante los 18 años que duró su carrera como futbolista, hizo cursos de psicología del deporte, de conducción de grupo, algunos talleres de creatividad, estudió inglés, cursó dos años de ciencias económicas –uno en la Universidad de Morón, el otro en La Matanza-, se recibió de psicólogo social, escribió un libro –Los colores del fútbol, de ediciones Al Arco-, estudió fotografía e hizo el curso de entrenador de fútbol. Ahora, que ya lleva más de dos años sin ponerse los botines, descubrió el triatlón para mantener su estado físico y despejar la cabeza: “Me encanta. Ya sabía que iba a hacerlo. Me estoy enganchando, cada vez más. Cuando caes en la cuenta estás nadando 1500 metros en un río, o andando 60 kilómetros en bici. Es un placer.”. Además, claro, es entrenador en este mundo que es el fútbol argentino: acaba de terminar su primera experiencia como técnico de San Martín de San Juan.

-¿Por qué siendo un tipo curioso y después de dedicarte durante tanto tiempo a ser jugador de fútbol elegís seguir metido dentro de este ambiente, ahora como entrenador?
-Por supuesto que hay cosas que no me gustan, pero lo que yo más amo a nivel juego y laboral es el fútbol. Lo de la curiosidad viene porque siempre fui un tipo inquieto, más allá de jugar al fútbol siempre hice otras cosas. Me entretiene meterme en otras cosas, porque no me gusta estar sin hacer nada. Por ejemplo, la fotografía. Un día estaba acá en mi casa y pensé: ‘tengo que hacer algo que nunca en mi vida hice ni hubiese pensado hacer, porque cuando me retire va a ser algo así: algo desconocido’. Y levanté la vista y había una cámara de fotos. Y pensé estudiar fotografía. Justo había ido a una exposición de fotos con mi mujer, que es artista. Me había gustado, lo rastreé al que había hecho la muestra y estudié seis meses.

-¿Por qué nos sorprende que dentro del ambiente del fútbol aparezcan tipos con estas inquietudes intelectuales, o sociales?
-Porque no hay muchos. Los que juegan al fútbol, en general, lo que más les gusta es jugar al fútbol. No les gusta estudiar. En mi caso, mis viejos siempre me aconsejaron que estudiara. Por lo general también se piensa que si vos estudiás distraés la energía de donde la tenés que poner, como que hay que dedicarse al fútbol 100 por 100. Existe esa idea, no me parece que sea así.

-¿Y vos como entrenador lograste generar la confianza como para aconsejar a tus jugadores este tipo de cosas?
-Sí. Estuvo bueno. Una vez, por ejemplo, les hice armar un entrenamiento a ellos. Nunca habían diagramado un entrenamiento, me dijeron. Los dividí en subgrupos, dos de defensores y otros dos de mediocampistas y delanteros. Tenían que armar dos trabajos cada subgrupo. Tenían que llevar de un día para el otro un trabajo de media hora de duración y que tenga que ver con el estilo de juego que nosotros llevábamos a cabo. Les costó un montón, porque nunca se lo habían propuesto. Tenían que poner los conos, cronometrar. Estuvo buenísimo, y después se los dije: a la mayoría lo que más les gusta es el fútbol, entonces les conviene seguir ligados a esto una vez que se retiren, y para eso tienen que ir preparándose desde ahora.

-Vos, como jugador, hiciste eso: te fuiste preparando sabiendo que ibas a ser DT.
-Sí, a los 19 años Griguol me llamó y me dijo que me veía futuro como entrenador, que empiece a anotar todos los trabajos que hacía a lo largo de mi carrera. Tengo varios cuadernos en los que anoté todos los entrenamientos que me interesaron en mi carrera. Después, por supuesto, los adaptas a tu idea.

-¿Y al plantel le gustaba esa apertura?
-Estaban muy contentos. Una vez también llevamos un referee porque muchos no sabían las reglas de juego. Hablamos también de lo que produce tanta medicación en los jugadores de fútbol. En el ambiente es normal que se abuse de los antiinflamatorios y eso no es bueno para el cuerpo. Más allá de que los jugadores aprenden, sirve para la unión de grupo.

Fotos: Nos Digital
-¿Entendés que aunque vos estés preparado y armes un proyecto si perdés tres partidos seguidos te tenés que ir, que esas son las reglas de juego del fútbol argentino?
-Por supuesto que así son las reglas, y las acepto. Miro para adelante, lo que pasó me sirve muchísimo como experiencia porque fue espectacular. Y eso también es gracias a los dirigentes que me dieron la posibilidad de empezar.

-Siempre a los técnicos les toca debutar en situación de crisis. ¿Cómo se hace para levantar a un equipo en el medio del torneo?
-Estuvo bueno eso. Los jugadores venían de perder con Racing y tenían siete suspendidos. Habían viajado todo el día, se había despedido Garnero, que había ascendido con ellos, tenían una buena relación. Estaban destrozados. Yo sabía que iba a pasar, porque nunca te toca un equipo que sale campeón. Entonces les preguntamos por qué creían que estaban así. Y todo lo que nosotros habíamos visto era lo que ellos nos dijeron. Entonces nos pusimos de acuerdo para entrenar de esa manera para perfeccionar lo que todos pensábamos.

-El tema psicológico y el anímico, entonces, es cada vez más importante en el fútbol argentino.
-Va todo de la mano. A nosotros nos sirvió mucho que ellos pudieran expresarse, tomar decisiones, participar, tener responsabilidades. Eso fue buenísimo. Teníamos un doctor en psicología que nos supervisaba la parte grupal. No estaba con nosotros, pero participaba.

-¿Y qué aporta un psicólogo?
-Entre todos pensábamos una estrategia para mejorar la relación entre ellos y también la relación con nosotros y nos vino muy bien. Las relaciones de vestuario se ven dentro de la cancha, sin duda. Cuando un grupo está fuerte se nota mucho, y cuando está débil también. Se nota en la forma de jugar, en los gestos, en la forma de relacionarse con el referí, la relación con los hinchas, con los dirigentes, en la calidad y el humor de los entrenamientos y todo eso se termina traduciendo en los resultados.

-Zafaste del descenso atacando. No es común.
-Martino, el Flaco Gareca, Pepe Romero, Sensini, un montón de entrenadores me han dicho lo contento que estaban de que un equipo en la situación límite en la que estaba San Martín tratara de jugar bien al fútbol. Y además ganaba. Porque jugábamos bien y obtuvimos resultados, por eso mantuvimos la categoría. Fueron seis meses mágicos, mejor de lo que hubiésemos soñado.

-Riquelme siempre dice que los equipos que descienden son los que juegan 4-4-1-1 y a la pelota parada.
-Pienso que los equipos que son cautelosos o que juegan de contragolpe pueden salir campeones. Hay muchos ejemplos, como la Grecia de la Eurocopa 2004. Pero en el tiempo eso nunca se sostiene, lo demuestra la historia. Se sostienen los equipos como Barcelona, como Real Madrid, como Boca en su momento, como Vélez, que siempre atacan.

-Ahora que no estás laburando, si tenés un sábado libre, ¿qué mirás fútbol argentino o de afuera?
-Miro mucho fútbol argentino, de afuera trato de elegir qué mirar. Hay equipos de Europa que ya se cómo juegan y siento que es perder el tiempo. Miro de los que puedo aprender. Barcelona, Real Madrid, Manchester miro siempre porque es impresionante. Pero después hay partidos que son aburridos de afuera. De acá también, pero es mi trabajo mirarlo porque tengo que saber cómo juegan los jugadores.

-Antes de tu arranque como entrenador estuviste en España formándote con algunos entrenadores de allá, ¿con eso alcanza o siempre hay que estar sumando experiencias?
-Ahora quiero ir a Chile para ver a Sampaoli, a Berizzo. Por acá también hay de quien aprender: quiero ir a Lanús, a ver a Coqui Raffo en divisiones juveniles de Boca, a ver a Martino. Sigo aprendiendo porque el fútbol más allá de ser un juego es como una ciencia. Es cada vez más científico: la edición de video y todo eso está muy avanzado.

-¿En San Martín trabajaban con eso?
-Sí, Matías Manna (el peridoista que hace http://paradigmaguardiola.blogspot.com.ar/ http://www.nosdigital.dreamhosters.com//2011/07/paradigma-guardiola-paradigma-de-futbol-y-de-vida/) nos hace la edición de los partidos nuestros y de los rivales. Estaba bueno. Les mostrábamos cosas a los jugadores que en la cancha nunca te das cuenta. Corregís un montón de errores, te aporta un montón. Eso te da todo lo que vos quieras: porcentaje de pases, de tenencia. Lo que quieras.

-El fútbol es cada vez menos improvisación, entonces.
-Al revés. Justamente la improvisación hace distinto al fútbol. Esos son datos científicos: yo puedo saber cuántas veces Messi va para la derecha y cuántas veces para la izquierda. Pero en el partido no sabés para dónde va a salir en cada jugada. Tenés que arriesgar. A mi me servía cuando yo jugaba y pateaba penales. Tenía un amigo que trabajaba en una de estas empresas de estadísticas y antes de los partidos le preguntaba por el arquero al que enfrentaba. Me decía en los penales que le patearon para dónde se tiró: el 80% se tiró para la derecha, por ejemplo. Entonces yo sabía que de diez penales tirándole al otro lado, ocho iban a ser gol. Iba con un montón de información a patear un penal. Mal no fue, para esas cosas sirven las estadísticas.

-¿Esto de los videos es algo que apareció ahora, o que viene de hace rato?
-El fútbol en Argentina está atrasado a lo que es en otros países. Por ejemplo, cuando estaba en el Fulham, me daban un pen drive con los movimientos de los defensores que iba a enfrentar. Y acá nunca me pasó. Se que Berizzo lo hizo en Estudiantes, por ejemplo. Y con referencia a otros deportes como el vóley, el hockey, el básquet también estamos atrasados. Cuando ví lo que hace el cuerpo técnico del Real Madrid con los videos no lo podía creer: tiene seis personas sólo para editar videos. Y el Manchester City tiene nueve. En ese sentido estamos a años luz, pero de a poco lo vamos incorporando.

-Entonces no sirve como justificación de lo aburrido que salen algunos partidos que ahora está todo demasiado estudiado.
-Creo que lo que falta es creatividad. Y arriesgar, aprender, darse cuenta que lo que da resultados y lo que divierte al espectador son los que van para adelante y dan diez pases seguidos. También se puede obtener resultados de la otra manera, y hay momentos donde necesitás defender, pero a la larga los que perduran arriba son los que van para adelante. Vélez hace cinco años que está arriba y pasan los dos laterales juntos al ataque.

-¿Y a los clubes, en esto que decías de estar atrasado, también les falta un poco de profesionalización?
-Sí, un montón. En todo sentido. A nivel infraestructura, ni hablar. Tenés clubes como Vélez, Lanús, que hacen cosas a nivel europeo, pero la mayoría está lejos de esos. Yo lo que digo es que para manejar un club hay que dedicar tiempo y tener gente profesional en todas las áreas, y eso tiene un costo, gratis no lo hace nadie. Acá no hay muchos clubes que tengan gente paga trabajando, aunque entiendo que es difícil porque yo defiendo las asociaciones civiles también.

-Alguna vez dijiste que Racing, por ejemplo, tenía todo para ser una potencia mundial pero estaba como estaba.
-Racing es un club desaprovechado. No tiene un buen predio para entrenar, por ejemplo. Tiene el de Ezeiza, pero no se qué pasa ahí. Con la gente que tiene, la gente que lleva, no lo podés creer. Más viendo que Vélez, Lanús, Estudiantes tienen esos predios. Pero Racing, un club grande, histórico… es una lástima. Ha tenido muy malas dirigencias, ahora está mejorando.

-Tuviste la posibilidad de charlar con Guardiola. ¿Te dio la receta mágica?
-Él estaba avalado por una institución magnífica. Es más fácil así, además de la capacidad del tipo de querer aprender todo el tiempo de todo el mundo. Pero lo primero que me dijo fue: ‘no creas todo lo que dicen’. Tampoco idealicemos. De todo se puede aprender. Idealizar algo no es bueno. A Mourinho acá siempre se lo compara y es un genio. Excepto un par de partidos que jugó a atacarlo, contra el Barcelona juega distinto de todos los demás partidos. Pero el Real Madrid le puede hacer diez goles a todos los equipos, les llega con 50 jugadores hasta abajo del arco.

-¿De todos se aprende, de Bilardo también?
-De todos. El tipo por ejemplo en lo que es video estaba avanzado de todo el resto. Yo lo tuve en Boca. Venía de Ferro, recién llegaba a la pretemporada, estaba nervioso. Jugábamos con Olimpia de Paraguay en Mar del Plata. Ganábamos 1-0 y me acalambré, no podía más. Y de una jugada por donde estaba yo tirado, tiran el centro, hacen el gol y se llevan la copa. Al día siguiente nos llamó y nos mostró diez jugadas donde había un jugador acalambrado y por eso la jugada terminaba en gol del rival. No fue conmigo, pero él decía no se puede jugar al fútbol con 10 jugadores. No es por él, decía, venía de un club chico a un club grande como Boca, tenía los nervios del debut, el problema es con ustedes que no pararon el partido, no la tiraron afuera, nada. En un par de horas el tipo se había buscado 10 jugadas para mostrarnos. Eso te queda.

“La ideología de Guardiola no es distinta a la de Mourinho”

Amigo de Pep antes que entrenador de Central, Juan Antonio Pizzi, como nosotros, lamenta la salida del DT de Barcelona: “Lo vivo con la misma tristeza que tenemos los que identificamos a este equipo como el mejor de la historia”. Mientras vibra por la definición de la B Nacional, se detiene a pensar sobre la situación que vive España, a quien representó como jugador en el Mundial 98: “Todavía la crisis no ha tocado fondo: va a seguir empeorando”.

Fotos: Nos Digital.

Quizás, mirar sea el ejercicio físico más complicado que le haya tocado vivir en los veinticuatro años que lleva vinculados con el prime-time futbolístico. Quizás no. Pero si te sentás con él a charlar, al menos va a quedarte una certeza: a Juan Antonio Pizzi, el ex delantero que surgió de Colón de Santa Fe, pasó por el Barca y terminó jugando un Mundial para España, los ojos le van a quedar trastornados.
Más si esa charla se da mientras Pizzi es el entrenador de Rosario Central, si todavía no tiene todos los números de las rifas comprados para ascender a la Primera División, si al día siguiente se juega un partido importante contra Ferro, si al mismo tiempo en la televisión están dando River contra Aldosivi y si ese sinfín de cosas transcurren en el hall de entrada del hotel Nogaró, donde su equipo espera con ansiedad el partido del día siguiente.
Sí, es mucho: probablemente trastorne.
Pero puede ser peor.
Será más mucho más, si en ese rato Pizzi abre el juego, se anima a correrse un rato de la vorágine y abre los ojos todavía más grandes para reflexionar sobre todo lo que va sucediendo en esos ojos repletos de aventura

Cuándo vos eras jugador, ¿el fútbol también tenía tanta cosa difícil como ahora?

-Creo que era más simple. No porque no haya tenido exigencias, sino porque todo era más sencillo. Vivir era más simple. Era más fácil ser jugador, ser entrenador y ser lo que sea. Es muy complicado, hay mucha presión, mucha exigencia y eso hace que todo sea más difícil. Pero no es algo del fútbol, es de la vida cotidiana.

-¿Es algo sólo de Argentina?

-No creo que sea acá: es así en todo el mundo. A veces, se habla del fútbol argentino con ese eje y creo que, en realidad, se da en todos lados. En Madrid y en Barcelona es lo mismo. Lo que pasa es que ellos ganan, entonces los problemas son menores. Los resultados son el principal sostén. Ahora, qué caminos te conducen a los resultados es algo que vale la pena discutir.

-Mencionás al Barcelona. Vos que jugaste ahí y que compartiste mucho tiempo con Pep Guardiola, ¿cómo vivís su salida?

-Con la misma tristeza que creo que tienen todos los catalanes. Todos los que en definitiva identificamos a este equipo como el mejor de la historia. Que se vaya el entrenador de un conjunto siempre causa tristeza. Los motivos y las razones que pueden haber llegado a tirar Pep son comprensibles, son lógicas. El otro día miraba las estadísticas y son impresionantes, nadie le puede decir nada. Estuvo mucho tiempo ahí y vivió muchas cosas. Todo lo que hizo es muy desgastaste para cualquier ser humano.

-Alguna vez mencionaste que Guardiola representaba fuertemente una ideología.

-Es que sí. Yo creo que Guardiola representa todo lo que es el Barsa. Fundamentalmente, eso. Aunque después sea quien lleve adelante lo que muchos creen sobre cómo se debe jugar este deporte.

-¿Su salida puede marcar el final de esa ideología?

-Yo creo que el fútbol es uno solo. Que, claro, tiene distintas formas de interpretarlo. Cada club, cada persona y cada jugador tiene un sello personal y una forma. Pero creo que a veces se marcan diferencias que no son así. Pienso que no hay mucha distancia entre la ideología de distintos entrenadores que aparecen, sin embargo, en polos opuestos. Yo no creo que Mourinho tenga una ideología distinta a la de Guardiola. Por más que tengan planteos tácticos diferentes. Creo que eso tiene que ver con los jugadores y con la identidad de cada club. Por eso no se puede hablar de un final.

-¿En el fútbol argentino hay espacio para formar ideologías así?

-Yo creo que el Barsa y el Madrid son las dos tendencias más mediáticas. Hay muchos equipos en Europa que juegan también de forma especial. En Argentina hay ideologías en algunos clubes. Crear una identidad te lleva sí o sí tiempo. Hay equipos que juegan bien de un semestre a otro, pero que no por eso desarrollan una idea. Es algo que tarda. Acá me parece destacable lo de Vélez, que va logrando mucho. Lanús y Estudiantes van en la misma línea. Aunque no es que yo desprestigie al resultado. Creo que es algo muy importante y que forma parte de este juego: el objetivo es ganar. Lo nuestro de este año se va a medir en si ascendemos o no.

-¿En la B Nacional también se pueden formar identidades?

-En Primera hay muy buen nivel, pero a la hora de marcar diferencias con el Nacional B la distancia es mínima. En todo el fútbol, uno puede intentar jugar bien y puede lograr identidades. Creo que entre las dos categorías lo que hay son mejores o peores jugadores. Eso impide desarrollar ciertas cosas y eso se nota. Pero después hay muchos aspectos parecidos. Ser entrenador es semejante en ambas categorías.

-¿Qué dirías que tiene que tener un buen entrenador?

-Lo fundamental de un buen entrenador es tener sentido común. Es parte de tener conciencia de la realidad, saber las limitaciones, descubrir las virtudes y entender los objetivos. El sentido común es un arma muy importante. Pero es algo que se desarrolla. La mayoría de los entrenadores venimos del mundo del fútbol y nuestro antecedentes es, simplemente, ser jugadores. En mayor o menor nivel, casi todos venimos de ahí y muchos creen que se sabe todo desde antes. Pero no es así: ser jugador y ser técnico son dos cosas muy diferentes.

-¿Qué estilos de entrenadores son los que te gustan?

-Yo miro mucho y creo que hay algunas tendencias que vale la pena destacar. A mí la escuela holandesa es la que más me gusta. No es sólo la selección de Holanda, que hace tiempo que no la veo. Sino su historia y lo que fue desarrollando. Creo que arranca con Johan Cruyff, que va con Louis Van Gaal y que llegó hasta Pep. Marcelo Bielsa también toma cosas de eso. El Sporting de Lisboa y la U de Chile me parece que tratan de copiar ese modelo. Y acá creo que Vélez busca algo semejante. Aunque, como dije, no siempre los resultados y las presiones ayudan para desarrollar una idea así.

-¿Cómo debe preparase un entrenador que llega para dirigir un plantel como el de Central que tiene tantas
presiones por ascender?

-La verdad es que yo puedo hablar de casos particulares porque yo creo que se aprende en la práctica. En el caso de Central, que es parecido a mi paso por Universidad Católica, puedo decirte que este grupo me la hace muy fácil. Son grupo humano de primerísimo nivel, entonces yo no tengo que resolver tanto.

-Mencionás a la Católica, ¿no fue muy raro venirte desde Chile, donde habías sido campeón, a dirigir en el Nacional B?

-Venir acá era un desafío más grande que el que yo veía en Chile. Yo quiero mucho a está institución. Estaba en una situación difícil y poder reubicarlo donde se merece es una ilusión y un desafío muy grande.

-¿Qué tiene Rosario como ciudad futbolera para que tanto vos como Gerardo Martino decidan volver estando en mejores condiciones profesionales en otros lugares?

-Yo creo que Rosario es la ciudad más grande de Argentina que tiene dos equipos bien monopolizados de hinchas. Hay dos o tres equipos más, pero los que acaparan a los hinchas son Central y Newell’s. Al tener tanta gente hace que haya una rivalidad y esa rivalidad se va transmitiendo, se va disputando cada vez que se habla de fútbol. Todo eso hace que sea muy apasionado y que el clima tiente mucho.

-Te alejamos de Rosario y te llevamos a España, donde viviste mucho tiempo, ¿cómo ves a lo lejos la crisis económica que se está viviendo allá?

-La verdad es que es muy difícil. España vivió un momento muy bueno en la década del noventa. En los finales de los ochenta y en todo el noventa. Pero desde que yo llegué en 1991, siempre se hablaba de la suba de precios y de las burbujas financieras que iban creciendo. De hecho, a mí me comentaban mucho de la burbuja inmobiliaria y de lo caro que iba poniéndose todo. Todo iba subiendo. Fue aumentando el problema, explotó y no hubo forma de pararlo. Todavía no han llegado al fondo, a pesar de los problemas que se ven ahora y de lo que yo veo a la distancia. La crisis económica en España va a seguir empeorando. Mi deseo es que trate de ser lo menos traumático posible. Hay muchos desocupados que no encuentran la forma de rehacer su vida y chicos jóvenes que no pueden arrancar.