Cuando nadar, pedalear y correr no alcanza

El 7 de agosto Gonzalo Telechea cruzaba la meta de llegada en el Hyde Park de Londres en la competencia olímpica de Triatlón. Lejos de la euforia de los Juegos, el 28 de septiembre pasado reclamó en San Juan junto a su familia por haberse cumplido ocho años de la desaparición de Raúl, su padre, que trabajaba en la Mutual del Personal de la Universidad Nacional de San Juan. Es otro desaparecido en democracia que ensucia a la gobernación cuyana.

Imagen: Leti Ferrarini

Gonzalo Tellechea tardó 1 hora 51 minutos con 07 centésimas en cruzar la meta en los Juegos Olímpicos Londres 2012. El tiempo es insignificante. Pero no por esa maldita costumbre argentina del resultadismo. Sino porque la verdadera lucha de Gonzalo está fuera del triatlón. El 28 de septiembre pasado se cumplieron ocho años de reclamo de justicia por su padre Raúl, otro de los desaparecidos en democracia.

La Mutual del Personal de la Universidad Nacional de San Juan era el lugar de trabajo de Raúl Tellechea. Durante 11 años fue el encargado de manejar un gran caudal de información referida al funcionamiento económico de la institución, de la cual había decidido renunciar 15 días antes de su desaparición. Había algo que no le gustaba. Lo sabía. Y ese conocimiento le terminaría jugando en contra.

Raúl cenó con Natalia Hobeika, su pareja, en la noche del lunes 27 de septiembre de 2004, luego de una reunión en La Mutual en la que había discutido con sus compañeros de trabajo. Permaneció callado, serio durante la comida. Natalia fue la última persona que lo vio con vida. En el departamento quedaron sus documentos personales, su insulina, la billetera, los anteojos, el celular cargándose. Raúl, casualmente, había perdido un juego de llaves de su casa en La Mutual, tan solo un mes antes de su desaparición. A los dos días del hecho, la Justicia sanjuanina recibió una denuncia penal por parte de La Mutual. Era en contra de Raúl.

Lo acusaban de falsificar unas planillas para cobrar unos $10.000 en sobresueldos. “Ese trabajo lo hacía únicamente Raúl Tellechea, que se desempeñaba como encargado de todo el sistema informático. Y al detectar esas irregularidades se presentaron las pruebas ante la Justicia para que investiguen las responsabilidades”, declaraba Miguel Del Castillo, presidente de la Mutual de los empleados universitarios en aquel momento. Sí: se presentaba una denuncia contra un desaparecido.
La causa contra Raúl se “cayó”. No había cómo sustentarla. Al mismo tiempo, los Socios de La Mutual denunciaron a Luis Moyano, Miguel del Castillo, Eduardo Oro, Luis Alonso y otros 4 miembros de la comisión directiva por estafa y administración fraudulenta ante el Juez Leopoldo Zavalla Pringles. La decisión del Juez fue procesarlos y, a su vez, modificar el expediente de “Actuaciones para establecer paradero del Ing. Raúl Félix Tellechea” a “Con motivo de la desaparición forzada del Ing. Raúl Félix Tellechea”.

Gonzalo, mientras tanto, sigue corriendo y pedaleando y nadando. Fue el último argentino en meterse en los Juegos Olímpicos de Londres. El 27 de mayo de este año, tras finalizar en el 16to. lugar de la tercera prueba del Mundial de Triatlón en Madrid, el sanjuanino podía cumplir su sueño deportivo que había arrancado tan solo 4 años antes, después de Beijing. Bondad y generosidad son dos palabras que lo caracterizan a Gonzalo, según sus amigos más cercanos. Esas dos cualidades las sacó de su padre. Pero no fue lo único. Fue Raúl quien le fomentó la pasión por el deporte. Ese mismo Raúl que era reconocido en cada carrera por su función de cronometrista de la Federación Sanjuanina de Ciclismo y por ser uno de los pocos comisarios internacionales de ese deporte. A esas enseñanzas se tuvo que aferrar Gonzalo cuando desapareció su padre. Su familia y sus amigos sirvieron como apoyo y con la frente en alto, con seguridad, empezó su lucha y su búsqueda de verdad y justicia. Por eso también corre y nada y pedalea.

19 de agosto de 2008. Beijing estaba despierta. San Juan, dormía. Y Gonzalo estaba prendido a la televisión. Mientras, el alemán Jan Frodeno cruzaba la meta en la prueba de Triatlón en los Juegos Olímpicos tras recorrer 1.5km. de natación, 40km. de bicicleta y 10km. más de pedestrismo. A esa altura, llevaba cuatro años alejado de la disciplina. Sus esfuerzos, como los de sus hermanos Mariana, Mauricio y Rodrigo, estaban dedicados en que se eche un poco de luz sobre lo que ocurrió con su padre. “Es ahora o nunca”, se prometió Gonzalo. Tal vez un poco por su padre. Tal vez un poco por él. A esa altura, ya lo tranquiliza saber que la Justicia había sobreseído a su padre por la falsa denuncia que le habían hecho al momento de su desaparición.

Gonzalo se mentalizó en ese momento. Se preparó para representar a Argentina. El Hyde Park era testigo del tesón y de su perseverancia. Él estaba siendo feliz, tal cual hubiese querido su padre. Hizo un esfuerzo grande y mejoró su marca de clasificación, quedando a 8 segundos y dos puestos del campeón Panamericano y mejor sudamericano en la carrera, el brasileño Reinaldo Colucci. “Siempre fui para adelante y en positivo. Si me hubiera quedado en el lamento, en las cosas que me fueron pasando, me habría estancado”, declaró apenas terminada la carrera.

Una vez concluidos los Juegos, Gonzalo vuelve a ser Gonza en San Juan. Vuelve a su ciudad a pedir Justicia por Raúl, con esa misma perseverancia con la que transitó el Hyde Park, aunque no deja de pensar en Río 2016. Sabe que los acusados pertenecen al poder político de San Juan, que manchan a la gobernación, y que por eso la Justicia tiene “miedo” de investigar. Pero también sabe que su experiencia deportiva en Londres 2012 le permitió algo mucho más valioso que un puesto 38: “Que se escuche mi nombre, para bien. Que el apellido de mi papá sea bien representado por su hijo es muy valioso”. Eso, se sabe, vale más que una medalla.

Por Walter Vodopiviz.
Colaboró Leti Ferrarini.