Escrachemos al genocida Büsser

En el medio de los actos por los 30 años de Malvinas nos encontramos con el reconocimiento a un personaje bastante oculto por los medios de comunicación masivos: Carlos Alberto Büsser. Desde el 8 de marzo pasado se encuentra con prisión domiciliaria, animate a conocer su historia para repudiar a esta figura del terrorismo de Estado de la última dictadura.

Busser, el genocida.

Durante el fin de semana en el que se cumplieron 30 años de la invasión a Malvinas, nos acercamos a distintos actos organizados por militares y familiares de víctimas. La idea era mirar un poco lo que ahí se respiraba, espiar el clima y los discursos. Nos encontramos con diferentes organizaciones, desde Quebracho hasta grupos de jóvenes ultra nacionalistas, el resultado fueron muchas más sorpresas de las que esperábamos.

Desde temprano había gente reunida en la Plaza Irlanda, los oradores estaban previstos para las cinco de la tarde y muchos llegaron con tiempo para charlar entre ellos o simplemente para acomodarse entre la gente que se acercaba. Las remeras de las Islas, los pins, los gorros, las camperas y las telas de camuflado verde se mezclaban con los aros de perlas y los trajes color manteca de las mujeres paquetas que esperaban ansiosas el discurso de sus maridos. Pronto aparecieron en escena otros protagonistas de esta historia, los Granaderos, firmes y serios tocaron distintas marchas en alusión. Todos acompañaban cantando con un cancionero. El marco estaba dado, arrancaba la función.

Un nacionalismo extremo y la reivindicación de la Guerra se enmarcaron con frases en agradecimiento a lo hecho en Malvinas y la felicitación por “los logros obtenidos”. El clásico “vivala Patria”, y lejos de creerlo absurdo, quienes participaron orgullosos de este acto aplaudieron fuerte cada vez que una voz clamó por la vuelta a Malvinas: “¡vamos a volver!”.

Foto: Nos Digital.

En medio del fervor, un grupo de jóvenes se adelantó con pancartas por lo alto que resaltaban la misma foto de un tipo vestido de traje, con letras rojas adelante que llamaban mucho la atención. Repartieron panfletos y en silencio lograron que todos estuvieran al tanto de lo que se trataba: Carlos Alberto Büsser. Pedían su liberación por tratarse de un “héroe ignorado por el gobierno y la injusticia argentina”. Al mismo tiempo, otro orador, casi en simultáneo, se lamentaba por la ausencia de este ex contralmirante, quien no podía estar presente por “razones de fuerza mayor” y un eco de aplausos se apoderó de la plaza. Nos preguntamos por qué tanta euforia y tanto panfleto, y nos pusimos a investigar.

Carlos Alberto Büsser, hoy de 83 años, fue quien encabezó el desembarco en las Islas Malvinas el 2 de abril de 1982, al mando de lo que se conoce con el nombre de “Operación Rosario”, y también fue secretario personal de Emilio Massera mientras se planificaba el último golpe de Estado. En 1976 ya había sido subsecretario operativo de la Secretaría de Información Pública, en plena etapa de Videla en el poder.  Sí, estuvo muy relacionado con Videla, Massera y Galtieri, con los tres. Pero, ¿cuál es su situación hoy? Büsser se encuentra detenido con arresto domiciliario desde el pasado 8 de marzo. Se comprobó que en 1977 comandó la “Fuerza de Tareas 2” (terminología militar) que operó en el sur bonaerense, en la zona de Bahía Blanca y Punta Alta, donde está la base naval de Puerto Belgrano, sede operativa de la Armada, y que no fue ni más ni menos que un grupo de tareas, es decir, que detenían, secuestraban y torturaban personas. Büsser, durante su juicio, declaró que se limitaron a “patrullar la zona para disuadir cualquier actividad terrorista” y que “no hubo detenciones”, sin embargo, se probó lo contrario gracias a testigos y víctimas de ese terrorismo de Estado.

Foto: Nos Digital.
style=”text-align: justify;”>La tarde avanzaba en Plaza Irlanda y continuaba la misma línea de discursos, un homenaje al 2 de abril en todo su esplendor, un enemigo común al que le disparaban toda su ira, Gran Bretaña. Pero el tema ausente y guardado debajo de la alfombra parecía ser la dictadura militar, Galtieri y aquella tarde del ´82 en una colmada Plaza de Mayo. Nos acercamos a un grupo de pibes que tenían banderas que pedían la excarcelación de Büsser, como para preguntarles si sabían bien quién era, qué había hecho, si acaso estaban al tanto de los crímenes de lesa humanidad en torno a esa figura. Nos encontramos con el testimonio de unos militantes del partido Alternativa Social, grupo que de casualidad apoyó abiertamente la candidatura a Jefe de Gobierno de Alejandro Biondini, líder de una agrupación que reivindica a Hitler y al ultranacionalismo fascista. Manuel, miembro de la columna de La Passaponti, nos aclaró que tanto él como los demás que lo acompañaban sabían de las “supuestas acusaciones” en torno al “compañero Büsser”, pero que más allá de ellas se debía “apoyar y homenajear al 2 de abril y aún más a Büsser, que fue el jefe del operativo de la reconquista de las Islas, un veterano de guerra que debe ser respetado por lo que es”.

Y la tarde se va. Otro aniversario de Malvinas en donde tristemente se reivindicó una guerra injusta, con grandes y jóvenes atravesados por un nacionalismo fervoroso que poco entiende de lesa humanidad, terrorismo de Estado o locura bélica. Solo quedará por recordar en silencio todas las vidas de esos soldados que murieron o quedaron mal marcados por esa nefasta guerra, mientras otros siguen reivindicando a genocidas como Carlos Alberto Büsser.

“La Iglesia debe hacer política, no partidismo”

A pocos días de que Videla nos haya reconfirmado lo que todos ya sabíamos acerca de la complicidad entre la Iglesia y la dictadura, vale la pena conocer historias diferentes. En pleno gobierno de facto, la Iglesia Evangélica Bautista se declaró mediáticamente en contra del terrorismo de Estado a través de un comunicado en los diarios. Uno de sus protagonistas nos cuenta esos días. 

Daniel Tomasini es pastor de la Iglesia Evangélica Bautista que se ubica en Barrio Norte. Además, es Psicoanalista recibido de la Universidad de Buenos Aires y docente de Teología. Egresado del Colegio Nacional de Buenos Aires, palpó desde su juventud la efervescencia que le trasmitió el caldeado centro de estudiantes de su secundario. En plena dictadura militar, publicó junto con otros pastores evangélicos un comunicado que repudió explícitamente el terrorismo de Estado y la violación de los derechos humanos.

-¿Cómo nace la iniciativa de hacer público su rechazo a la dictadura militar?

-Nuestro rechazo a la dictadura existió desde siempre, el contexto en el que decidimos publicar una nota en los diarios fue después de la guerra de Malvinas, en la época de Galtieri. Nos reunimos los pastores de la Iglesia Evangélica Bautista de Capital Federal, de las parroquias e iglesias, e hicimos la nota en repudio. Atacamos básicamente al terrorismo de Estado, tratábamos de hablar del valor de la Ley, de la Constitución y el rechazo general a los gobiernos de factos, el hecho de que el pueblo no fuera el que tomara las decisiones en cuanto a sus gobernantes. Fustigamos la guerra, que nos había parecido una maniobra de desviación política de los problemas internos, hacia un enemigo externo. Aunque todos compartamos el hecho de que reclamar la soberanía de las Islas Malvinas sea legítimo, nos pareció que el modo de acción del gobierno en ese momento fue totalmente impensado, imprudente, generador de nuevos problemas en lugar de solucionarlos. Fundamentamos todo eso en el mensaje de Jesús, un mensaje de respeto, de libertad, de solidaridad, básicamente de paz. La paz y la justicia siempre tomadas de la mano. No puede haber paz sin que haya justicia, porque esa es la paz de los cementerios, la paz de las dictaduras pretendía un orden sobre la base de la muerte. Y tampoco puede haber justicia sin paz, en el sentido de que no puede haber justicia impuesta desde la violencia. Entonces tratábamos de hablar de estos valores como contexto de lo que estábamos diciendo y declarando.

-¿Sufrieron alguna consecuencia por parte del gobierno dictatorial una vez publicada aquella nota?

 -No hubo una reacción directa a esa declaración que hicimos, pero sí hubo algunos problemas, por ejemplo en la iglesia donde yo soy pastor, en pleno Barrio Norte, empezamos a tener un patrullero apostado en la puerta todos los domingos, mientras se hacía el culto. Cuando quisimos averiguar qué era lo que pasaba fui a la Comisaría 19 del barrio y hablé con el comisario. Su respuesta fue que el patrullero estaba por rumores que les habían llegado acerca de que algunos pibes que habían andado en la droga asistían a nuestra iglesia. Lo interpreté, y lo interpretamos, como una consecuencia a esa declaración, porque justamente la iglesia es un lugar de restauración, de recuperación y demás. Recibí de parte de ese comisario una especie de sermón diciéndonos que nuestras intenciones podían ser muy buenas, pero que debíamos “cuidarnos y ser prudentes”. Finalmente logramos que se fuera, pero el auto estuvo presente varios domingos. Eso fue lo que pasó con nuestro caso en particular, pero otro ejemplo ocurrió con la Iglesia Evangelista Metodista que también se pronunció en contra, son gente que está en línea con la Teología de la Liberación, ahí pusieron una bomba, destruyeron la biblioteca del seminario.

-¿Esta oposición pública que encarnaron nació de los propios pastores o de quienes asistían a su iglesia?

-En aquel momento había una disconformidad general, eran pocas las personas que estaban contentas con los gobiernos militares. Por supuesto hay gente con un discurso militarista y fascista en Argentina, más aún en ese momento, pero no eran la mayoría. La mayoría estaba bastante cansada, porque no solamente había cuestiones ligadas a la inconstitucionalidad y a las violaciones de los derechos, sino también desde el punto de vista de la economía: delinearon el gran endeudamiento del país. Recibimos las voces de los miembros de las iglesias, pero la carta la hicimos básicamente los pastores de la capital, y tuvimos repercusiones positivas dentro de nuestros seguidores.

-¿Tenían conexión con la militancia política?

-Desde ya que uno de los pilares de la Iglesia es la acción social, existían esas tareas en las calles, pero no nos dedicamos a bajar ninguna línea política. Sí se comparte un cierto ideario con valores comunes, pero después las personas, en cuanto a la política partidaria, asumen sus posiciones. Uno escucha muchas veces la frase “la Iglesia no se mete en política”, pero no, eso no puede ser: la Iglesia tiene un rol político, un rol profético, lo que no se debe hacer es partidismo.

-Un sector de los sacerdotes tercermundistas en Argentina termina conformando partidos políticos, o mismo participaron en agrupaciones guerrilleras, ¿por qué cree que sucede?

 -Son siempre decisiones individuales, cada uno lucha desde donde cree que es lo mejor, yo en alguna oportunidad estuve afiliado al Partido Intransigente, que ya ni existe, que se yo… En mi opinión personal, creo que hubo muchos mártires en la fe, no solo los mártires de la Iglesia primitiva, sino en estas últimas décadas. Yo respeto esas opciones, pero la mía no sería responder a la violencia con violencia, aunque no todos estarán de acuerdo con mi pensamiento. Apelar a la fuerza armada no me parece que sea el camino.

-Antes remarcó que siempre hubo un rechazo a la dictadura, desde el 76, ¿qué maneras había al interior de la Iglesia para poder hablar, manifestar o discutir sobre el repudio?

-La reflexión interna siempre se basa en la praxis externa: lo que la Iglesia puede reflexionar. La teología en general siempre es una reflexión segunda porque viene después de lo que uno hace, después del contacto que uno tiene con la gente más carenciada, con más problemas, menos derechos y menos posibilidades. Cuando uno acompaña a esas personas también se hace un poquito eco de eso y no se puede pensar que todo se va a solucionar por el acompañamiento personal o por la solidaridad, o la beneficencia, sino que uno intenta ver cuestiones más estructurales que provocan la pobreza, la falta de derechos, y demás. Esto ya es, digamos, reflexión “intraeclesial”.

-¿Por qué cree que el cristianismo da lugar a un contraste entre los que predican la paz y quienes se amparan en esta doctrina para ejercer violencia?

-Jesús no pregonó una forma de gobierno tal como las conocemos hoy nosotros, pero sí proclamó valores y accionares. Algunos toman unas cosas de la predicación de Jesús, y no otras. Eso tiene que ver un poco con la herejía, la parcialidad de no ver el conjunto de las cosas, entonces convierten el seguimiento de Jesús en una manera de sostener el status quo. Uno por solidaridad y espíritu crítico debe siempre cuestionar ese status quo, para mejorarlo.

Notas relacionadas:

Me amenazan las bestias, no me dejan dormirLa Masacre de San Patricio. Los fusiles que asesinaron a los curas palotinos en el ´76. El ensañamiento, el terrorismo de Estado y la propagación del miedo. La represión con connivencia de la Justicia argentina para el periodista investigador Kimel, ya en democracia. Y la restitución histórica, sin otorgamientos de culpabilidad.

Una mano en el fusil, la otra en la cruz: Recorrido por la historia que fusiona revolución, Evangelio, lucha por la igualdad social y cristianismo. La publicación Cristianismo y Revolución fue la expresión nacional de cambios en la mentalidad de parte del mundo eclesiástico. Con sorpresas variadas, da para pegarle una buena leída.