Es política

La marcha del 18 de febrero de 2015 por dentro. Fotorreportaje bajo la lluvia de intensidad política.

Como pasa indefectiblemente con todas las fechas, aún con las que se vuelven hashtag bastante tiempo antes, ocurrió. Es que las fechas ocurren. Todas. Son así. Las fechas son días que ocurren aunque se vuelvan cumpleaños, aniversario, símbolos, festejos, homenajes. Es algo bien evidente.

Cerca de trescientas mil personas marcharon del Congreso a Plaza de Mayo. Sosteniendo banderas argentinas, pancartas y necesarios paraguas. Con más o menos silencio, el reclamo por justicia -una justicia- contenido en la imagen de Natalio Alberto Nisman es política. Es algo bien evidente.

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Mojadas insignias.
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Abrazos.
Método improvisado para esquivar el agua.
Método improvisado para esquivar el agua.
Fiscales pidiendo justicia.
Fiscales pidiendo justicia.
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Avenida de Mayo al 700.
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Avenida de Mayo y 9 de Julio.
Silencio.
Silencio.
4b
Nisman y Natalia.
Método norteño.
Método norteño.
Método tres.
Método tres.
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Un perro.
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“¿Querés café para calentarte un poco?”.
Refugio.
Refugio.
Luego de la lluvia, el frío.
Luego de la lluvia, el frío.
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Método salida rápida.
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Superposición de paraguas permanente.
Mojarse.
Mojarse.
Imágenes: NosDigital.
Imágenes: NosDigital.

La linda Tirana

Cámara en mano se pisa fuerte en las calles albanesas. La extrañeza de los Balcanes se mezcla con la naturalidad de personajes que parecen de otra época. Tres días por los rincones de la capital dan este fotorreportaje.

El sudeste europeo. El rojo y el águila bicéfala. La obsesión por Mercedes Benz. Una mezquita, una iglesia católica y otra ortodoxa. El nevado Monte Dajt. Un ajedrez con tablero de cartón en la plaza rosa. La pirámide que quiso ser mausoleo. Toda la ropa donada a la venta. Las risas y el dominó. La lluvia y la pizza.

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Vietnamita

Fotorreportaje del día a día de las mujeres en las zonas rurales de la península de Indochina. En lo cotidiano: trabajo con desigualdad de género. 

De los mercados flotantes del delta del Mekong hasta las tierras montañosas de Lao Cai, donde la niebla lo esconde todo, el recorrido serpenteante por Vietnam depara infinidad de realidades bien distintas donde la mujer es protagonista.

Nos escapamos de las grandes ciudades. Los dos centros económicos, Hanoi y Ho Chi Ming City -aquella Saigón survietnamita proyanqui- fueron salteados, suponiendo que allí nos aguardaban otras relaciones de género. Ni más justas ni lo contrario. Solamente otras. Elegimos. Con cada paso se lo hace.

En las zonas rurales, de lo que los argentinos llamamos Interior pero en otros lares así no se entiende, la mujer trabaja en promedio la mitad más que los hombres y aún así está bien alejada de manejar la economía familiar. Para ellas están resguardadas los trabajos en casa y con los chicos, que se sumen a los por entero productivos.

Recién en 2006 la Asamblea Nacional aprobó la Ley de Igualdad de Género. Eso se nota y se hace notar. El arraigo que tiene la preponderancia masculina en el quehacer diario de las comunidades queda en cada mirada y en cada disparo de la cámara.

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Ya nadie debiera escuchar tu remera

El 24 de enero se cumplió un año de la tapa de El País en donde aparecía Hugo Chávez moribundo. Un día después, se descubrió que la foto no era real. El diario pidió disculpas por el equívoco. ¿Cuál fue realmente el equívoco?

Moisés Naím se estaba masturbando con la imagen de un muerto. Eran las 23 del 23 de enero y el día se terminaba en Davos, Suiza, en el Foro Económico Mundial, cuando se cruzó con Javier Moreno. Naím le preguntó a Moreno si podía twittear la noticia. Él le dijo que sí, pero que no advirtiera de quién se trataba. Naím la twitteó. Un rato después, Moreno retwitteó la foto.

Moisés Naím es un analista político de Venezuela al que le paga un salario, entre otros, el Grupo Prisa a cambio de desestabilizar el gobierno de ese país. Antes, fue ministro de Fomento (en Argentina, sería de Planificación, el cargo que ocupa Julio de Vido) del presidente Carlos Andrés Pérez, quien el 21 de mayo de 1993 fue separado de su cargo por “malversación de fondos públicos” -siendo el único mandatario en la historia de Venezuela en ser expulsado por el Congreso-.

Javier Moreno era el director del diario El País hasta hace unos meses, a quien también -todavía- le paga el sueldo el Grupo Prisa a cambio de, entre otras actividades, desestabilizar cada pequeño movimiento de rebeldía en Latinoamérica -incluida, dentro de este combo, la relación con los poderes más conservadores de este continente-. El Foro Económico Mundial es un lugar “en el que se reúnen las élites sociales y económicas del planeta” -el entrecomillado pertenece (en tono elogioso) a un texto aclaratorio del propio diario El País-. Las cuentas de twitter son @MoisesNaim y @morenobarber. La foto de la que se hablaba aquella noche era la de un hombre moribundo sobre una camilla. El 24 a la mañana, después del orgasmo del twitter, el diario El País llenaba las calles con una imagen de un supuesto Hugo Chávez al borde de la muerte en La Habana. Esa misma tarde, se descubría que el de la foto no era Hugo Chávez, que había sido un chantaje. Tuvieron que pedir disculpas.

El 24 de enero de este año, hace unos meses, se cumplió un aniversario de aquello que El País determinó como un error y que nosotros determinamos como una muestra tan nefasta como demostrativa del lugar hasta donde fue capaz de llegar el imperialismo con tal de tocarle el culo a Chávez. Un año sirve, ante todo, para abrir un debate que El País -no pensando a El País como a un diario sino como parte del Grupo Prisa, corporación de negocios, dueño de Radio Continental en Argentina, crítico constante de la Revolución Cubana, socio de la gusanera de Madrid, socio de la derecha latinoamericana- no quiso dar: ¿qué hubiera pasado si el de la imagen, en realidad, no hubiera sido un fiasco de una enfermera cubana y hubiera sido realmente Hugo Chávez moribundo?

El País nunca se disculpó por lo que realmente debiera disculparse: por si era Chávez. No por morbo -al que vamos a dejar catalogado, simplemente, como mal gusto-. Sino por golpista. Porque aquella noche en Davos los dos periodistas sintieron lo que hacía tiempo anunciaban en editoriales: el chavismo sin Chávez era el final del chavismo. Anunciar la muerte no sólo era un juego vil: era preparar al mundo para la transición. Y, para ellos, era adelantar el festejo de aquello que estaban esperando: terminar con Chávez, el único presidente latinoamericano en la historia que se había ganado una mención constante en las páginas de ese periódico.

O más.

Hugo Chávez era el político más mencionado en libros de lo que va del siglo XXI. Hugo Chávez era el presidente venezolano más mediático de la historia. Hugo Chávez está pintado en un muro en Irlanda. Hugo Chávez está en un Viva Chávez en frente de la Plaza de los Estudiantes en Belgrado. Hugo Chávez invitó a oler el azufre que dejaba la sombra de George Bush. Hugo Chávez le levantó la voz al Rey de España. Hugo Chávez fue, definitivamente, la obsesión de un imperialismo que iba a reuniones de élites en Suiza, el país que el capitalismo mundial utiliza para cuidar aquello que ni las miserables leyes de las repúblicas capitalistas pueden permitir.

El País -uno de los principales voceros a la hora de hablar de libertad de prensa y de opinión- desde todos sus medios en el mundo lanzaba críticas contra Chávez. Incluso, cuando Chávez ganaba elecciones, decía que había ganado pero en realidad había perdido porque no había ganado por tanto. Su obsesión por un país de Latinoamérica que crecía de modo inentendible. O no: entendible. Chávez era, evidentemente, un grano difícil de sacarse.

La obsesión Naím, el masturbador de aquella noche, contra Chávez era tan fuerte que en la edición de El País del 18 de noviembre de 2007 -una edición en la que se destaca el texto “El comandante y el Rey” de Mario Vargas Llosa, también despiadado con Chávez- llegó a escribir cosas como “los jefes de Estado de América Latina están hartos de Hugo Chávez”, “el narcisismo de Hugo Chávez ya fastidia hasta a sus aliados” y “sabemos que Chávez no se destaca por su temperamento democrático hacia quienes discrepan de él”. Es decir: un opinador que contaba la opinión de otros presidentes, curiosamente de los presidentes no aliados al expresidente venezolano.

Aquella edición del 18 de noviembre de El País marcó un récord. Chávez apareció mencionado en las secciones Internacional, Nacional, Economía, Opinión -con dedicación exclusiva de la nota principal, de la microsección Revista de Prensa y en la columna de Vargas Llosa- y en el Suplemento Domingo. Todo un presidente no sólo no propio sino de Venezuela, un país ignorado históricamente por España.

La obsesión de El País, vale decir, no fue un detalle de los últimos años. El 13 de abril de 2002, luego de que Chávez sufriera un golpe de Estado -de parte de los militares y de corporaciones entre las que se encontraban algunas empresas de la comunicación, tal como se relata en el documental La revolución no será transmitida (http://www.youtube.com/watch?v=Cko8R2ZSEzE), de los irlandeses Kim Bartley y Donnacha Ó Briain-, el diario español publicó una editorial (http://elpais.com/diario/2002/04/13/opinion/1018648802_850215.html) que arrancaba así: “Sólo un golpe de Estado ha conseguido echar a Hugo Chávez del poder en Venezuela. La situación había alcanzado tal grado de deterioro que este caudillo errático ha recibido un empujón. El ejército, espoleado por la calle, ha puesto fin al sueño de una retórica revolución bolivarianaencabezada por un ex golpista que ganó legítimamente las elecciones para, convertirse desde el poder en un autócrata peligroso para su país y el resto del mundo. Las fuerzas armadas, encabezadas por el general Efraín Vásquez, han obrado con celeridad al designar como jefe de un gobierno de transición a un civil, Pedro Carmona Estanga, presidente de la patronal venezolana, a la vez que destituía a los mandos militares compañeros y amigos del depuesto presidente”.

Observar aquella foto como parte de una novela sería creer que el periodismo es un simple oficio objetivo que le da información a la sociedad. Esa foto fue una demostración política de hasta a dónde tenía pensado llegar una corporación dedicada a la comunicación. Esa foto fue un trofeo de un rival que se estaba muriendo. Esa foto fue -aunque no fue Chávez- el símbolo de un mundo que no aplica la guillotina en plazas sino en la tapa de los diarios.

Luego de lo sucedido, El País puso a dos de sus periodistas más fieles a explicar cómo sucedió el error de la foto que no fue (aquí pueden leerlo: Relato de un error de EL PAÍS).

También escribió una larga disculpas Javier Moreno, todavía director. Todos perdones porque el de la foto no era Chávez.

Uno de los voceros de la empresa, Tomás Delclós, escribió: “Comprendo las razones de los lectores que argumentan que un periódico como El País no debería haber accedido en ningún caso a difundir la imagen de una persona en una cama de hospital, por lo que ello supone de grave menoscabo a su derecho a la intimidad y a su imagen personal. Y me preocupan especialmente las acusaciones de doble rasero: que el periódico pueda tomar esa decisión con un dirigente latinoamericano, pero que jamás lo hubiera hecho con un mandatario europeo […] Yo tomo siempre la última decisión. Y, efectivamente, una imagen similar de un dirigente político de un país con una democracia avanzada, en la que prima la transparencia informativa, en el que los medios ejercen su trabajo sin trabas ni restricciones, y en el que el equipo médico responsable emite un parte diario para mantener informada a la opinión pública no tiene cabida alguna en nuestro periódico […]

En la vida, claro, todos siempre tenemos un plan. Desde acá, todavía esperamos las disculpas pertinentes.

Fotorreportaje – Subte A

NosDigital te trae el primero de una serie de reportajes sobre la ciudad de Buenos Aires. Porque a veces está bueno observar mejor las cosas que pasamos por alto cuando vamos apurados de acá para allá. Esta vez le tocó al subte, así que te proponemos que imagines como banda sonora el galope metálico de los vagones y juegues un ratito a imaginar historias tras estas fotos.

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