Sin dar más vueltas

Cambiaron de nombre, de formación y de pasatiempos… hasta el soporte de la música cambió en la última década. Pero hay cosas que perduran. En cada compás de rock y en cada silencio de calma, Nadie Nos Corre exuda la misma pasión y cautiva con el mismo brillo. Después de las vueltas a las que el barrio de Floresta nos somete, nos encontramos con este trio que multiplica su arte en cada latido.

Para llegar hay que perderse. Me lo habían advertido cuando me pasaron la dirección, confié en mi guía y me decepcionó cuando me di cuenta que le faltan varias hojas. ¿Qué clase de guía no guía? Entenderán que llegué tarde al pasaje escondido por el barrio de Floresta. Esa fue la excusa, innecesaria. Los integrantes de Nadie Nos Corre nos esperaban, sin mirar el reloj, con una sonrisa, facturas y mate.

Mientras nos acomodamos, entendemos la historia de la banda desde dos costados, uno más novato, impulsivo, del Sega y el secundario, y otro más maduro, laburado, de ensayos y hasta discos. ¿Cómo presentarla entonces? Tal cual se mostraron, una banda nacida en aquel pasado del Cassette y la lapicera que rebobina, con Lado A y Lado B.

Lado A – ¿El Sega o los palitos?

La historia arranca hace tiempo, en el año 2001. Una historia que parece más lejana al recordar que tenían hasta otro nombre: en ese momento eran “Dueños de Nadie”. Los comienzos fueron casi un juego; Patricio Costa y Santiago Gabe, amigos desde la infancia, se juntaban a la tarde para darle duro al Sega (saquen solos las cuentas de la edad) y en una de esas batallas improvisaron la idea de formar una banda. Después de insistir casi hasta el hartazgo, cada uno consiguió el instrumento que quería, Pato la guitarra que se le sumaba a su voz y Santi la batería, aunque confiesa: “La armé toda, agarré los palitos, hice plam, plum, plum y me fui a jugar al sega otra vez”. Es entendible ahora que sabemos que ninguno de los dos sabía mucho de música, pero como buenos osados del rock no les interesó y arrancaron los ensayos.

Había que sumar integrantes. Pato nos cuenta, inocente: “Yo quería tocar, entonces le empecé a decir a todo el mundo. Tenía un vecino que tocaba la guitarra y, de repente, estaba adentro de la banda, no sé cómo”. El vecino, Emiliano, se sumó y al tiempo lo hacía también Damián en teclados. Con esa formación, algunos covers en carpeta y muy pocos ensayos se presentaron en las primeras fechas. Hasta que una noche, tiempo después, en Planta Alta, les preguntaron “¿Ustedes son Dueños de Nadie? Nosotros también”. Parece que el nombre era muy popular y ya estaba patentado. Ese show fue el último de esta etapa y el último con ese nombre. Un poco obligados, tenían que cambiar o cambiar.

Fotos: NosDigitalLado B – El placer de juntarse y hacer música.

“Empezamos a pensar nombres, no se nos ocurría nada y en un momento nos surge la fecha y no teníamos con qué nombre presentarnos. Estábamos en un ensayo hablando del tema y yo quería seguir tocando y dije bueno ya fue, total nadie nos corre”, relata Santi que remata con las opiniones del resto: “Entonces dicen, ‘sí, bueno, no sé, dejémoselo hasta que aparezca otro nombre’”. Desde ese ensayo, son “Nadie nos corre”, nunca un nombre tan ejemplar para estos pibes que no regatean en sonrisas, espontaneidad y relaje.

La formación cambió, se fueron Emiliano y Damián, pero a Pato y Santi se sumó el tercer integrante que terminaría de sellar la unión: Matías Morana en el bajo. Era una nueva etapa, no solo por el nombre, sino que la banda se plantaba diferente. Querían crecer, ensayar y apostar a su proyecto más que nunca. Tras varios debates, decidieron cerrar el número y ser tres: “No es que poner un cuarto integrante estaría mal, todo está bien, es cuestión de elecciones. Nosotros le encontramos el funcionamiento como trio”.

Para sumar a la difusión y que su voz se multiplique, en el año 2007 grabaron su primer corte que llevó el mismo nombre que la banda. Con seis temas bajo el brazo empezaron a rodar los escenarios para darse a conocer. “Uno va tocando y lo disfruta, cuando éramos re chicos a mi me encantaba, nos re divertíamos y éramos malísimos, pero las ganas nos motivaban a seguir”. Las mismas ganas les sirvieron de impulso para que en el 2011, después de diez años de camino recorrido, llegue su primer disco “Corazón de Altoparlante”. El nombre supo ser parte de una canción que fue recortada porque era demasiado larga: “A todos nos gustó el nombre porque refleja las canciones de la banda, los temas dicen lo que pensamos y lo que sentimos, es esa la esencia”.

A un año de la presentación del disco y a muchos más de sus comienzos, entendieron que su pasión está lejos de los videojuegos y en realidad se encarna en juntarse, tocar y hacer música. Frescos, divertidos, casi desfachatados el sábado 14 de Julio llegan al Cangrejos Estudio Bar en Ciudad de la Paz 123, Palermo. Despreocupados de etiquetas y vergüenzas, vuelven a prepararse para subir al escenario y ser siempre ellos mismos, un trío de eternos originales.

“Macri no ampara a los Centros por la Memoria”

Vení con nosotros a recorrer el Ex Centro Clandestino Olimpo. Repleto de gente que cada día labura por reconstruir esos lazos sociales que unían a los detenidos ilegales con sus amigos y familiares. Ayer, la historia  tétrica de un predio construido especialmente para el terrorismo de Estado. Hoy, pugnando con el gobierno porteño por manterse con autonomía en la puesta de sus actividades.

Un calor de verano que amaga con robarle protagonismo al otoño desprende rayos de sol que penetran unos ventanales gigantes, enrejados. Los ruidos de la vorágine del afuera en plena tarde porteña también se cuelan hasta hacerse protagonistas más allá del enorme portón que parece infinito por Ramón Falcón al 4000. En el corazón de Floresta el movimiento es constante, como también lo era hace más de treinta años: autos, motos, decenas de líneas de colectivos, vecinos o visitantes casuales transitan diariamente esta zona a una cuadra de la avenida Rivadavia. Muchos observan, a otros les resulta un edificio más del paisaje callejero. La estructura se conserva, imponente, amplia, aterradora. Se trata del ex centro clandestino de detención Olimpo, una sede que cuenta con la particularidad de haber sido diseñado específicamente para el secuestro, la tortura y el exterminio de cientos de personas.

A pesar de que estas paredes sean las mismas que en su momento separaron una libertad que se escuchaba más allá de las ventanas, hoy intentan ser parte de una situación muy diferente. Muchos jóvenes, familiares de víctimas o ex detenidos de este u otros “chupaderos” cuentan con el apoyo de decenas de organizaciones populares y de derechos humanos para trabajar todos los días en la recuperación de este lugar que desde el 2005 le pertenece a Nación, pero administrativamente depende del gobierno de la Ciudad. Así, como tantos otros espacios culturales, hoy transitan variadas problemáticas con un macrismo que pareciera “actuar en silencio, pero firme”. Carlos Horacio DeFrancisco es el arquitecto del ex Olimpo, y será el encargado de guiarnos en un recorrido por la historia de su lugar de trabajo, de su vida y de la coyuntura actual que los atraviesa.

Carlos Horacio DeFrancismo, arquitecto del ex Olimpo.

Carlos nos recibe directamente en el ex-Olimpo. La charla desde el principio se planteará como una línea de anécdotas, una acumulación de recuerdos que lo trasladan a su adolescencia, a sus años de militancia en la Fal22, a un compañerismo y compromiso que todavía no deja de extrañar; será por eso que habla en presente de sus compañeros, como si aún vivieran. Está sentado en una salita del primer piso, amarillo, muy colorido, pronto nos señala las caras pintadas con transparencias en las ventanas que dan al sol. Solo, nos confía su pasado, y recuerda cómo llegó:

– Yo soy arquitecto. Trato de mantener en pie todas las estructuras con pocos recursos, o ninguno. Vengo acá por una cuestión de afinidad ideológica con el proyecto, conocí el lugar y me puse en contacto con los chicos porque quería dar una mano, en seguida me fui enterando de las actividades y me quedé. Además, también fui secuestrado en otro lugar, que aún no pudimos saber bien dónde fue. La forma de trabajar acá es muy particular, estamos permanentemente en contacto con lo dinámico de los procesos. Muchas veces se habla de museos en alusión a sitios como éste, nosotros no estamos para nada de acuerdo, porque con dinámico me refiero a que buscamos rescatar las historias de vida de nuestros compañeros, ante todo.

-¿Cómo es esa búsqueda?

– Tenemos contacto con la mayoría de los familiares, entonces iniciamos un programa que se llama “Historias de vida” en el que buscamos rescatar la biografía de cada uno de ellos, pero no solamente desde su militancia o su postura política, sino desde los detalles más cotidianos de su vida. Hay un montón de carpetitas grandes de cada compañero con fotos de sus bautismos, cartas, detalles. Si fumaban cigarros blancos, o negros, si eran de Boca, o de River, buscamos darle carne a cada historia. Cada uno de estos compañeros por ahí tiene mi edad y muchas veces se los toma solamente como una foto carnet, no me hubiera gustado ser solamente algo quieto, es poder reirse o sentirse identificado con ellos, todo aquello que hace que pasen de ser fotos estáticas a un ser humano que en su momento fue reprimido, secuestrado y muerto por una dictadura asesina que rompió justamente eso: los lazos sociales. Al recordar el día a día de las vidas de los compañeros, intentamos reconstruir esos lazos sociales que los unían.

Carlos nos cuenta brevemente cómo es la historia edilicia del Olimpo. “Al principio fue una estación de tranvías, después un lugar donde había una terminal de colectivos, hasta que posteriormente lo tienela Policía Federal como Organismo de Parque Automotor hasta el año 78. En ese momento, y frente al Mundial, comienzan a hacer movimientos de personas detenidas desde un lugar a otro, para disipar sospechas. El Atlético – Banco – Olimpo es un circuito de tres centros de detención, donde se iban intercambiando secuestrados, que se trasladaban de un lugar a otro. Pero el Olimpo tiene una particularidad: fue el único centro clandestino construido para tal fin, el resto fueron casas, lugares varios, pero éste fue diseñado en su momento por el Servicio Penitenciario Federal. Hoy conservamos toda esa parte de hormigón que llamamos “el pozo”, donde se encontraban los compañeros. Este centro duró poco tiempo (desde agosto del 78 al primero de enero del 79), aunque hubo mucha cantidad de gente que pasó por acá, después se lo dieron a Policía Federal para que fuera un Centro de verificación de automotores, que duró muchos años”.

Para recuperar el espacio se desplegó una lucha acallada por los medios durante muchos años. Entre algunos vecinos, familiares y organizaciones como Madres, Abuelas, H.I.J.O.S, y otras territoriales, se organizaron escraches y abrazos simbólicos. Recién desde el 2005, bajo el mandato del ex jefe de gobierno porteño Aníbal Ibarra, el Olimpo tiene el distintivo de que su tenencia real pertenece a la Nación, pero su administración, a la Ciudad. “Ex Centro Clandestino Olimpo”, con este nombre se lo rescata como sitio de memoria. Actualmente, bajo la conducción macrista en la Ciudad de Buenos Aires, los problemas son más corrientes que las monedas: los sueldos son bajísimos, se cerraron cursos y se trabaja en silencio para el vaciamiento y el desgaste. Pero la última novedad gira en torno a la seguridad del predio:

“El gobierno de la Ciudad nos colocó censores de humo, de movimiento y cámaras de seguridad, que para ellos son muy importantes. Nosotros logramos que todas estas cámaras apunten hacia el perímetro y no hacia adentro del establecimiento. No queremos que controlen qué gente entra o deja de entrar, la visión de Macri claramente es policíaca. Pero lo que no sabíamos era que toda esta instalación se llevaba adelante porque pretenden quitarnos el personal de seguridad. O sea, trata de ir reduciendo todo a su mínima expresión, todo lo que tiene que ver con cuidar este patrimonio que representa un valor no solo histórico e ideológico, como centro de memoria, sino que además está atravesado todo el tiempo por la actualidad, por cuestiones judiciales. Permanentemente se acercan jueces a hacer investigaciones, tomar declaraciones, testimonios, un montón de documentación valiosa de este lugar, que no se puede ni debe perder. La justificación es que las cámaras nos conectan con la Policía Federal, y ¿la Policía Federal qué hace?, aplaude. `Están incendiando el Olimpo, ¡qué bueno!…´ La realidad es que Macri trabaja lisa y llanamente muy en contra de los sectores populares, en la educación, en la salud, en la problemática habitacional, y obviamente que su política no ampara este tipo de Centros por la Memoria, ”.

En el ex Olimpo hay actividades hasta la madrugada. Desde cursos de telar con técnicas norteñas a clases de circo y teatro. También hay ciclos para recuperación de los oficios, como disparador de inclusión social (talleres de electricidad, de panadería, repostería). Pero por último, este Centro recuperado cuenta con una particularidad que lo diferencia de todos los demás: desde hace un año se convirtió en el único Ex Centro Clandestino de Detención que tiene su propia radio (Radio La Bemba). “Estamos haciendo gestiones para evitar que nos retiren el personal de seguridad vespertino, sería desde las 17 horas en adelante. Es muy complicado, como si tuviéramos constantemente que meternos en las fisuras del mundo, intentamos encontrar soluciones en vías administrativas, lo cual resulta verdaderamente desgastante. Los compañeros más jóvenes hablaban de tomar el lugar, pero ¿cuánto podemos durar? Ponen un interventor macrista y fuiste”.