La década sin Matías

Hace diez años, al pibe lo mató un policía que se hace llamar el Mataguachos. No es el primer caso que sucede en Fiorito. Dijeron que se había suicidado, pero fue fusilado. El asesino fue declarado culpable, pero ya está libre. 

Causa N° 2752 caratulada Pelozo Jose Antonio S/Homicidio Simple de trámite por ante el Tribunal Oral Criminal N°  Departamental. Juzgado de Garanías N°6 a cargo del Dr. Daniel Viaggiano. Unidad Funcional de Instrucción N°15 a cargo de la Sra. Agente Fiscal Titular Dra Liliana Thiem. Abogado defensor: Dr. Gastón Carrizo. Y muchas fojas terminan con “SERÁ JUSTICIA”. Uno se pregunta cuándo, si este Pelozo hijo de puta, ¿cuánto hace que viene matando y torturando?

Si hasta se hace llamar “el Mataguachos”.

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

¿Qué más hace falta? Yo, me presento, soy uno de esos guachos que mató hace exactamente 10 años, Matías Barzola. Hijo de Stella y Julio. A mi viejo sí lo habían metido en cana rapidísimo y sin vueltas por un accidente muy desgraciado que no viene al caso. Y antes del juicio por mi asesinato murió. A Carlitos Taylor también lo mató Pelozo frente a su casa, con la misma Browning 9mm. ¿Será porque es “Suboficial mayor retirado” que está libre?

Vive a seis cuadras de mi casa, también en Fiorito. Tenía un almacén ahí. Siempre salía calzado y alardeando. Siempre con su pelo corto, en pantalones cortos. Así mismo ya me había corrido a mí con otros amigos. Nos sacó a los tiros. Yo zafé porque doblé en una cuadra que era más corta y porque entrenaba mucho. Joni no se salvó, cobró un tiro en la gamba. Cuando declaró por mi fusilamiento, Joni dijo: “Matías me insistía: ese viejo me tiene bronca”. Las palabras de Beti, la mamá de mi amigo, también están en fojas: “Se presentó el encartado Pelozo quien le manifestó que se confundió, que la que quería era a Barzola, agregando ‘…que las características físicas de su hijo y de Matías son muy similares, entendiendo la deponente que éste se equivocó e hirió a su hijo creyendo que era Barzola…’”.

Andrea Celeste Brandan en fojas. 204 y fs. 448/449: Pelozo llegó a la casa de “Cuni”, para convencerlo por las malas de que dijera que conmigo le quisimos robar las zapatillas cuando fui a jugar a los jueguitos, que no diga que fue él, Pelozo.

Todos, todos en el barrio saben cómo fue. El 3 de junio de 2003, yo 17 años, caminaba por la calle Recondo de Villa Fiorito con dos amigos, Cuni y Lucas. Estaba llegando a Unamuno. No salíamos a robar ni estábamos armados. Pero en esa esquina paraban un par de pibes que sí robaban, por ejemplo “Boliche”. Ahí pasó Pelozo en su Falcon marrón. Lucas cree que Pelozo nos confundió con Boliche y, como encima yo lo reconocí y salí corriendo, me tiró a matar. Yo creo que me mató porque ya me tenía idea. A “Boliche” no le iba a disparar. Yo creo, como Nely, la mamá de Lean, que mataron a una cuadra de donde me mataron a mí, que ahí la Policía deja que los pibes roben para ellos. Como Luciano Arruga, como Kiki Lezcano.

La causa dice que el disparo fue “con la evidente intención de ocasionarle la muerte, produciéndole una herida en la zona creaneana que le provocó la destrucción de centros nerviosos vitales”. Un fusilamiento. El Código Penal, en su artículo 79: Se aplicará reclusión o prisión de ocho a veinticinco años, al que matare a otro, siempre que en este Código no se estableciere otra pena.

matias fioritoBueno, pero mi mamá todavía no sabía que era un cana, ni que siempre el viejo era sobreseído por legítima defensa, ni que el primer policía que llegó a Recondo y Unamuno, Isidoro Segundo Concha, entonces sargento ayudante de la comisaría 5ta, estaba imputado en el asesinato con torturas de Jorge Omar González. Esta vez, otra vez, le iba a costar argumentar la legítima defensa porque la bala entró “en la región parietal izquierda, dos cm. por encima del implante superior del pabellón auricular, con una trayectoria de izquierda a derecha, ¡de atrás hacia adelante y de arriba hacia abajo!

Más le costó porque mi mamá no se quedó quieta. Estuvo cuatro años investigando. Empezó a hacer escraches y siempre algún vecino se le acercaba y daba un dato más.

-No sabés lo que caminé. No te das una idea. Lo que pasa es que viste cómo es en estos casos. Nadie quiere decir, nadie quiere contar. Hoy me enteré que se había hecho una encuesta sobre cómo era este José Antonio Pelozo. Los chicos contaban que pegaba, que mataba a los pibes. Te digo la verdad: me involucré en la investigación porque quería saber quién había matado a Matías. La abogada María del Carmen Verdú me dijo, cuando terminó el juicio, que al principio no le tenía fe al caso porque no conseguíamos nada, ni un testimonio. Nadie quería hablar. Nadie. Tenían miedo y nosotros no sabíamos ni que lo había matado un policía. Cuando yo me enteré, el cuerpo ya estaba tirado desde hacía dos horas. El padre de un pibe que estaba con Matías me dijo que era alguien muy pesado quien lo había matado.

Y siguió investigando, conociendo otros casos parecidos al mío, llegó a CORREPI, que también estaba buscando a Pelozo. Averiguaron que había sido partícipe de la época de la represión, del tiempo militar. Trabajaba en la comisaría 5ta de Fiorito. A mi mamá ya entonces, cuando tenía 13 y de vuelta cuando tenía 16, la pararon por nada mientras venía desde la zona de Puente La Noria. Y por nada también se salvó. Justo llegó su hermano.

El 3 de julio empezó el juicio. Terminó el 16. Un mes antes habían levantado a mi hermano Lucas por estar ahí chusmeando durante un robo. Lo pararon por “portar ropa deportiva”. Como si fuera un arma. Y de casualidad mi mamá se enteró dónde estaba, porque nadie le avisó. En una semana que estuvo detenido, la causa juntó 400 fojas. La causa por mi asesinato juntó 160 en un año porque el primer fiscal era de la Policía.

Decía que llegó el juicio, mi mamá confiaba porque el segundo fiscal trabajó bien. Como la hija de Pelozo trabajaba en lo que es asesoramiento a la víctima, el fiscal sacó la causa del sistema así Pelozo no estaba atento a lo que podía pasar. Y conseguimos una sentencia de 13 años. “Era un logro. Mi hijo no va a volver, pero conseguimos esa condena para alguien que se creía tan impune matando a tanta gente. Pero un año y tres meses después de la sentencia ya salió en libertad. El fiscal me dijo que acá debía haber habido plata. Él vive acá cerca, tenía un coche viejo. Yo supongo que hubo alguien atrás, como en el caso de Nely. Es algo muy obvio. Ni siquiera lo sentenciaron, lo absolvieron. Yo estoy conforme por lo que nosotros logramos, pero por lo que es la justicia no”.

matias fiorito¿Cuántos casos somos acá? Leandro, Walter, Matías, otro pibe que también mató Pelozo, por el que la mamá no hizo nada. Antes de 2003 es como que yo no veía esto que pasa. Los diarios siempre dicen que se matan en tiroteos, o como dijeron de mí, que estaba bajoneado por lo de papá y me maté, o que me mataron por una chica. Hoy Lucas le tiene terror a la Policía. Es morocho, siempre anda con capucha. Es muy raro que se vista de jean, como todos nosotros. Ropa deportiva, como dicen.

De las palabras de Pelozo no tomo ni una. Hasta en la causa se habla de su “mendacidad”, sus mentiras y sinsentidos. Ahora está libre.

El pez por la boca no muere

fioritoSomos de Fiorito nosotros, ¿viste? Pasa seguido acá. Yo recién volvía de cartonear. Era como la una de la madrugada del 25 de septiembre del 2010. Me bañé y ya salía para bailar. Compré una cerveza, me junté en el pool de Recondo y Pío Baraja. Lo vimos pasar a este hijo de puta y le gritamos cornudo. No sabíamos nosotros que era gorra. Trabajaba en la Casa Rosada. Se llama Maximiliano Germán Ledezma, tenía 23 años, y vive acá cerca, en Rodríguez. Estaba noviando frente al pool. Se metió, se hizo el capo, ni sacó la chapa ni nos pidió documentos, como hacen otros. Si pedía, ahí le decía: “Leandro Pérez, excompañero de tu novia; él es Walter Robles. También la conoce bien”. Por joder nomás. Ni sabíamos que era rati. Le daría vergüenza ser vigilante. No le habría dicho a la piba. Acá en el barrio son muchos, pero ni te enterás. Salen de civil, van a trabajar y vuelven de civil. No. No mostró que era policía hasta que nos sacó a los tiros, nos dejó muertos en el piso. A mí me pegó tres tiros por la espalda, a Walter, cuatro mientras se cubría con las manos. Ahí sí nos dimos cuenta que era cana. Cayeron los de la 5ta y lo encubrieron. Después dijo que le queríamos robar la moto. Ñaca. Yo tenía la mía. Dos días antes la policía me la había sacado por no tener casco. A las 12 horas de que mamá, Nely, pagó los 1500 pesos a la Policía para sacarla, otra vez me la sacaron.

Los vecinos vieron que él tiró un tiro al aire para decir que hubo un enfrentamiento.

El vigilante tenía dos armas. Una, reglamentaria; la otra, dada vuelta. O sea que se la puso así a Walter. Eso declararon todos los testigos: que vieron que tenía dos armas. Todos salieron gritando que deje de tirar tiros que va a matar a otro más. Y ahí lo vieron, que tenía el arma del lado del revés. Él tiró todos los tiros.

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

Ahí salieron a ver. Y mi hermana estaba ahí cerca. Lo vio y le avisó a mi mamá. Es como dice mamá: “En todos lados esto pasa seguido. Uno escucha tiros. Trata de pensar que es una moto, pero a veces no.”

Y este día cayó la policía de la 5ta. Querían sacar a mi familia porque tenía que ir a trabajar la fiscal. Mi hermana le dijo “No dejes el cuerpo solo porque ellos van a querer poner algo”. Lo que pasa es que ellos se cubren entre ellos. Son compañeros. Uno de la federal, otros de la bonaerense. Pero como los testigos no querían que a sus hijos le pasara lo que a mí y a Walter, y se animaron a declarar.

El juicio iba a ser hace dos años, pero bueno, logramos que Walter también fuera considerado víctima para que el matapibes por la espalda, como le pusieron en un escrache, fuera juzgado por los dos. Mientras estuvo preso, pero como dice mi vieja, “más de dos años no puede estar preso un policía. Si es un civil sí, se come la cárcel hasta el juicio”. Estuvo dos años preso en la Unidad 30 de Alvear. Le dieron arresto “porque era buen pibe”, porque la madre estaba enferma en la casa. Había dicho también que ese día tuvo mucho temor, que se asustó mucho. Menos mal que tenía temor, porque nos dio tres y cuatro tiros. Cómo será si no tenía temor.

En el medio a mi hermano Maxi lo atropelló un borracho que venía a contramano. Tuvo que dejar el fútbol. Nosotros, los pibes, juntábamos unas monedas para pagarle la ropa, los viajes, la vianda. Ahora anda en muletas.

Y arrancó el juicio. “Fuimos a tres audiencias. La están estirando y estirando como un chicle”, decía la mamá de Walter en su momento. “Ellos como que nos quieren cansar a todos”, seguía mamá. Era un arreglo clariiísimo. Yo digo que los jueces le dieron tiempo al vigilante para arreglarle los problemas. Los jueces ni estaban en la sentencia. El secretario vino listo para rajar. No quería que entraran celulares, mochilas, carteras. “A nosotras, que somos las mamás, nos revisan de pies a cabeza, a ver si llevamos algo. Tienen miedo de nosotros, cuando el asesino está adentro. No lo revisan a él. Tienen miedo de nosotros. Y él es el que mató a nuestros hijos. Todo al revés es acá”, decía mi mamá antes de la sentencia. Ahora, mirá. Ni hizo falta que entraran algo. Todo, todo les sacó porque ya sabía lo que venía. Solo a 20 dejó entrar. A ella la mandó al fondo. “¿Por qué al fondo? ¿No me reconocés la cara todavía? Yo voy delante de todo”, le dijo mamá. El tipo se reía, como irónico. Cuando entró, saludó. “Les leo el artículo tanto y tanto. Lo absuelvo a fulano de tal de causa y de todo”. O sea que quedaba libre. ¡¿Qué?! Solo los de adelante llegaron a escuchar. La Sabri, mi hermana, gritó, porque nosotros pensábamos que lo iban a sobreseer a Walter porque apareció con un arma, ¿pero por los dos? ¿Sabés lo que fue ese momento? No quedó un vidrio sano. Fue un momento de locura. El cana, encima, el que cuidaba al otro cana, hacía “jojo”, como una burla. Marcela le llegó a pegar un arrebato a uno. Lo cazó del cuello y le empezó a dar. Mis hermanas mías le agarraron la computadora donde escribía el tipo. La hicieron mierda. Maxi revoleaba la muleta a quien venía. En un juicio, nunca más va a entrar uno con una muleta, porque el quilombo que hicieron… La Doctora Verdú dijo que hicieron mal. Quedó sorprendida de todo lo que pasó, pero ella tenía que hacer un documento para apelar. Pero la saaangre que hervía entonces… Cuando la cana quería agarrar a uno, diez se le venían encima. No pudieron hacer nada.

fioritoDigo yo: esto estuvo preparado. Les dieron tiempo para que consiguieran un pez gordo que pusiera plata. Y los jueces ni se fijaron y bueno. Primero el 17 de abril. Después, una semana, después diez días, después otros cinco días más. Es mucho tiempo. Si una sentencia es mucho más rápido si era uno común. Un día el alegato, el otro día la sentencia, como el Pata Díaz. El fiscal pidió 20 años. La Doctora, perpetua. Los jueces los desacreditaron a los dos. Tomaron el argumento del “contexto social y cultural”, que dijo el rati. “Barrio bajo”, decía. No porque se inunde, por la gente lo decía. Mamá no escuchó al policía porque como también tenía que declarar, no podía ni ella ni Marce, la mamá de Walter, escuchar lo que decía él. Los que estaban en la sala dijeron que dijo cualquier cosa, se contradecía, no era nada coherente.

Marcela casi se suicidó cuando llegó a la casa. Se tomó como 20 comprimidos de lo que ella toma desde que lo mataron a Walter. Quedó mal. No pudo superarlo. Y con esto que pasó, peor todavía. Mi vieja sigue fuerte. Todavía hay posibilidades de apelar y que esto se ponga con los pies para abajo y la cabeza para arriba, como tiene que ser. Con el tipo en la cárcel, los que lo cubrieron también y el barrio tranquilo, que ya no sé cuántas muertes van. Y Marce y mamá bien, que tiene que cuidar a mi nene, que ya tiene tres añitos.