El progreso porteño

“La Ciudad no puede seguir teniendo terrenos gigantescos abandonados…

La oración se corta en seco y a la imagen se la chupa un punto en el centro de la pantalla. Los sentidos sensoriales del señor primero le indican que una oscuridad total ahora es dueña de su casa. Milésimas después, el silencio (que en realidad no es silencio si no que es el ruido de la calle, la banda sonora de la ciudad que suele estar tapada por el ruido del televisor). Se queda sentando en el sillón. No lo invadió la desorientación que amerita una escena de este tipo. Se queda sentado varios minutos más. Mira el techo y ahí permanece el ventilador con sus aspas inútiles, que se siguen moviendo apenas por inercia. Se percata del calor insoportable que se metió en su casa sin permiso.

Se cortó la luz. La puta madre.

El señor no se siente desorientado porque ya sabe, él vive en Caballito. Mira por la ventana y el edificio nuevo que le construyeron sobre su medianería sí tiene luz, y eso que todas las instalaciones son eléctricas, ni gas natural tiene. Se tira en la cama, ojalá que vuelva, reza, al menos se cortó a la hora de acostarse, piensa. Se duerme porque ya está acostumbrado, así es cuando vivís en ciertos barrios de la Ciudad de Buenos Aires.

El señor tiene varias cosas que hacer, como trabajar todo el día, pero igual hace el reclamo a la empresa de electricidad. Desde la oficina llama y le dicen que es un corte aislado, que ya mandaron una cuadrilla a inspeccionar, que el número de su reclamo es el 126789. También le trata de pedir explicaciones al gobierno de su ciudad, llamó al 147 y esperó en línea, y esperó, y esperó, y esperó, tanto esperó que se le hizo la hora de volver a su casa.

Al volver en el colectivo, entre fantasías de ventiladores andando, agua fría y ascensores que suban y bajen, se pregunta: ¿Cómo puede ser que todos los veranos pase lo mismo?

El Ministerio de Desarrollo Urbano de la Ciudad de Buenos Aires, Secretaria de Planeamiento, informó que sólo entre 2001 a 2011 se otorgaron permisos para la construcción de 20 millones de m2. Seis barrios de los 47 que integran la Ciudad (Palermo, Caballito, Villa Urquiza, Belgrano, Puerto Madero y Almagro) sumaron el 44% de todas las viviendas construidas.

Edesur y Edenor admiten que llevará cinco años de inversión constante brindar un servicio que pueda alimentar a toda la infraestructura nueva de Capital Federal, cálculo aproximado para alimentar a toda la Ciudad hoy, sin contar todos los edificios y shoppings que se van a construir en ese período.

Mientras tanto, en la Legislatura porteña, se votaron varios proyectos nuevos. Algunos apuntan a ceder terrenos para construcciones inmobiliarias, como shoppings y torres, y otras a atraerlas.

Jonatan Baldiviezo, abogado del Observatorio por el Derecho a la Ciudad, cuenta lo que pasa en la Legislatura: “Hay más de 20 proyectos de ley para tratar de garantizar el derecho a la vivienda de los porteños, la de urbanización de villas por ejemplo, que no se tratan en la Legislatura, pero sí se tratan de forma express los proyectos que profundizan el modelo de ciudad neoliberal, como el del shopping en Caballito”.

A los vecinos de Caballito no les consultaron si querían un shopping en donde podría haber un parque. Sus argumentos son muy razonables: el destino del territorio, quieren que haya un parque; no quieren más edificaciones en su zona porque la sobreconstrucción ya causó colapso de servicios públicos, de cloacas y de tránsito.

El terreno donde la empresa IRSA quiere construir el shopping está compuesto por dos parcelas, una que era del club Ferrocarril Oeste y otra del Estado Nacional. Cuando Ferro entró en quiebra, hace doce años, le vendió su parcela a IRSA. El Estado Nacional no quiso ser menos y le vendió su pedazo de tierra a una empresa intermediaria que en 24 horas se la vendió a IRSA. La venta de tierras públicas debe autorizarse por ley en el Congreso Nacional. Eso nunca sucedió.

Por más de cinco años consecutivos se trató este proyecto en la Legislatura. Este último año legislativo tampoco lograron votarlo, la sesión tuvo que suspenderse por amenazas e insultos entre los legisladores.

Cómo Ceder Terrenos a las Empresas Inmobiliarias para Construir Mega Emprendimientos: APROBADO. Cómo Habilitar Espacios para la Inversión Privada: EN PROCESO.

La Boca, se convirtió en polo artístico. Lugano, en polo deportivo. Parque Patricios, polo tecnológico. Los polos son zonas libes de impuestos, lugares donde empresas privadas son invitadas a instalarse sin pagar impuestos, o hacerlo a tasas mínimas. Es una manera, y así lo admite la propia gestión macrista, de revalorizar una zona, atrayendo al capital privado para que invierta en el barrio.

“Por mucho tiempo el discurso de revalorizar una zona fue tomado como algo bueno: una zona disminuida, donde los inmuebles salen poco, el Estado debe impulsar la inversión. Lo que no se tiene en cuenta es que cuando revaloriza la zona produce efectos de gentrificación, un reemplazo de gente de bajos recursos por otra con más altos”, describe Jonatan Baldiviezo.

El precio de los inmuebles se eleva, el valor de los alquileres se multiplica, el costo de vida se encarece. “Están creando el contexto institucional legal y económico para que vengan a invertir pero a los pobladores originales los están expulsando”.

En la Comuna 8 (Villa Soldati, Villa Lugano y Villa Riachuelo) ya se aprobó el Plan Maestro, que establece la zona como Polo Deportivo, construye la Villa Olímpica y otorga títulos de propiedad a los propietarios de las villas, una manera de insertar lentamente la zona en el mercado. Al otorgar títulos de propiedad, el gobierno se exime de urbanizar, la situación precaria de los habitantes de los barrios queda legalizada. De esta manera, estas tierras se blanquean, pasan a poder ser compradas y vendidas legalmente en el mercado. (Ver nota anterior)

El Plan Maestro, como otras leyes vinculadas a la construcción de la Ciudad, lo aprobó el macrismo en la Legislatura con la ayuda del bloque kichnerista.

Los habitantes de las villas miseria pasaron en cuatro años de ser, según el Censo Nacional de 2010, de 160 mil habitantes a 270 mil, último dato del 2014 según la Secretaría de Habitat e Inclusión de la Ciudad. En el año 2006 la asignación presupuestaria para las villas era el 2,5% del total del presupuesto. En el año 2013 fue sólo del 0.8 %.

De esos datos se desprende también que al menos el 10% de los habitantes de la ciudad viven hacinados, mientras que un 26,7% (según el censo 2010) de los inmuebles porteños se encuentran deshabitados.

…abandonados. No es un gran negocio inmobiliario…

Otra vez la frase se corta. Esta vez no fue por un corte de luz, fue porque la señora no pudo seguir prestando atención. La lluvia está golpeando demasiado fuerte y el agua está empezando a entrar.

A levantar la heladera y la cocina, primero. Después la cama. Si queda tiempo tirar la ropa arriba de la cama. Y a esperar.

Eventualmente el agua baja, hasta las próximas lluvias. Mientras esperaba la señora pudo escuchar clarito decir al Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (GCBA), Mauricio Macri, al Jefe de Gabinete del Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta y a la Vice Jefa de Gobierno, María Eugenia Vidal, que la Ciudad de Buenos Aires no se inundó con las lluvias de principios de noviembre gracias a las obras ejecutadas por su gestión.

La señora vive en Saavedra. Ahí mismo donde varias manzanas se inundan cuando llueve, ahí mismo donde están construyendo una obra enorme, un nuevo metrobus como el de la 9 de Julio, sin el estudio de impacto ambiental necesario.

El metrobus norte se extenderá sobre Ciudad de Buenos Aires (Av. Cabildo) hasta Vicente López. Las obras comenzaron hace un año sin los convenios necesarios aprobados en la Legislatura ni el estudio de impacto ambiental que reclama la ley. Recién hace un mes se aprobó el Convenio Marco, que sólo presenta la obra, sin especificar ni cuánto se gastará, ni qué impacto social y ambiental tendrá. No hay estudio, no hay audiencia pública, ni dictamen técnico, porque el APRA (Agencia de Protección Ambiental del Gobierno de la Ciudad) categorizó a la obra como de poca relevancia. Desde el Observatorio de la Ciudad denuncian que el APRA otorgó el permiso de obra con un único estudio hidráulico, una sola carilla sin datos técnicos, siendo Saavedra una zona inundable.

En cuanto a las declaraciones de las autoridades del Gobierno Porteño, la señora sabe que no son ciertas. Ella se inundó.

Según los informes que el GCBA envió al Juzgado de 1° Instancia en lo Contencioso Administrativo y Tributario N°10, en el marco de la causa caratulada “Carbón Mario Alberto y otros contra GCBA s/Amparo”, la única obra hidráulica en ejecución, no finalizada aún, es la de la Cuenca del Arroyo Medrano, que aún está en la primera etapa del cuenco amortiguador del Parque Sarmiento.

Respecto a las obras en la cuenca del Arroyo Vega, se encuentran en la etapa prelicitatoria para la ejecución de un proyecto millonario, que consiste en construir un túnel aliviador no debatido ni consensuado aún con los ciudadanos. En la cuenca del Arroyo Cildáñez, las topadoras del GCBA están realizando la remoción de suelos en el Lago Aliviador Soldati, alcanzando la línea de edificación de las viviendas de los vecinos de la Manzana N°10 del barrio Los Piletones y poniendo en riesgo las estructuras de sus casas. Durante las últimas lluvias de noviembre, los barrios Los Piletones, Fátima, Calacita, Ramón Carrillo y Rodrigo Bueno, estuvieron bajo el agua.

“El Código de Planeamiento no hace diferencia entre cuales son las zonas inundables o no. En la ciudad hay zonas que se inundan y se siguen construyendo torres con subsuelos. No refleja qué zonas ya están saturadas de la densidad de construcción” describe Jonatan, integrante de la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas: “el código está obsoleto y liberado para una construcción masiva en la ciudad”.

…es un gran desarrollo inmobiliario, la gente decidirá si lo compra o no”.

Ni la señora ni el señor terminaron de escuchar esta frase. Es que están en la Legislatura porteña tratando que les permitan opinar sobre las obras en sus barrios.

El tipo de gobierno que norma bajo la Ciudad Autónoma de Buenos Aires es una democracia participativa. El Articulo 128 de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires establece que “ninguna decisión u obra local puede contradecir el interés general de la Ciudad”. Su artículo 76 también indica que todas las audiencias legislativas son públicas y que cualquier persona en los días de sesión puede ir, pedir la palabra y hablarle a los 60 legisladores, pero no se reglamentó para que efectivamente pueda hacerse.

“Hay herramientas jurídicas que no tenemos, por ejemplo no hay ninguna ley que obligue a desinvertir a los que tienen grandes cantidades de propiedades, como IRSA”, agrega Jonatan, aunque destaca que: “Aun así si se aplicara algo más básico que reside en la democracia participativa ninguna de estas obras que están avanzando en la Ciudad se hubiesen hecho con tanta velocidad, porque tendrían que darle poder de decisión a la gente”.

 

“­­La Ciudad no puede seguir teniendo terrenos gigantescos abandonados. No es un gran negocio inmobiliario, es un gran desarrollo inmobiliario, la gente decidirá si lo compra o no”.

Mauricio Macri, jefe de gobierno porteño.

El tren al que dejaron sin vías

Esta carta es la historia presente del Club Ferro Carril Oeste. Dedicada a quien supo construir un pedazo de su gloria: Don Carlos Timoteo Griguol; y para todos los que entienden que un club es de sus socios y de nadie más.   

Querido Timoteo:

Cómo contarle ésto que está pasando. Algunos pensarán que es una locura, que no tiene sentido, que de nada vale entristecerlo con este presente quebrado. Esos insultarán esta carta dirigida a usted, Maestro, que enseñó a los corazones verdolagas lo que era la gloria y la alegría de gritar campeón en los tablones de Caballito. Y que, encima, lo hizo dos veces, las únicas dos veces en la historia del club: en el Nacional del 82 y en el del 84 !Qué años aquellos! ¿Recuerda? Decían que Ferro era la institución modelo del país. Y lo era Timoteo, usted lo sabe. Los vecinos se morían por ser socios. El club era más que el fútbol vistoso que usted supo crear y cuidar. Era el vóley y el básquet y todos los deportes. Era, sobre todo, la vida de club de todos esos chicos, chicas, hombres y mujeres que inflaban el pecho cuando hablaban de Ferro Carril Oeste. De sus canchas, de su pileta, de la confitería, del equipo, de sus deportistas, de usted. Todo era color verde. Qué linda década, Viejo.

Ferro

Fotos: NosDigital

Y sí, los que se acuerdan de usted cuando recuerdan esos tiempos dirán, quizás con razón, “pobre viejo, mirá si lo vamos a andar amargando con toda esta mierda”; “Déjenlo tranquilo a Don Timoteo que no tiene nada que ver, no se lo merece”. Y puede que sí, que esto sea un error. Seguro que usted no merece esta realidad. Pero sí merece saberla. Y esos otros que digan “cuéntenle quiénes son los responsables de haber quemado todo lo que él en parte logró” apoyarán esta triste carta.

Ferro quebró, Viejo. Lo fundieron. Hace un tiempo ya. En diciembre del 2002. Se preguntará cómo pudo pasar después de esos ’80 brillantes. Y, bueno, vinieron unos ’90 destructivos. Y eso estalló en los tempranos 2000. Sí, claro, Timoteo, como sucedió en todo el país. Nadie que haya seguido la corriente se iba a salvar, Maestro. Y Ferro no fue la excepción.  A partir de ahí se le aplicó la ley de fideicomiso. Como a Racing, como a Comunicaciones, como a cada entidad deportiva que se le rompen los números de los balances. La quiebra la decretó el juez Antonio Herrera.  Un sorete, Viejo. Quizás el que más haya lastimado a Ferro en toda su historia. Pero, alguien le abrió la puerta del club, eh. No es que entró así nomás y empezó a robar todo. No, claro. ¿Te acordás de Marcelo Corso, del presidente de Ferro del ’96 al ’99? Otra basura, Timoteo. Llamó a concurso de acreedores al toque que asumió, porque dijo que el club estaba por darse vuelta. La cosa no estaba bien, es verdad. Los números que había dejado Felipe Evangelista, presidente del ’93 al ’96, eran tenebrosos. Pero lo único que logró Corso llamando a concurso fue hacer entrar en el juego al macabro juez Herrera. Acelerar toda la miseria. Obvio que Corso tenía sus intereses. Jugaron codo a codo con el juez y desmantelaron el club.

Cuando hubo elecciones en el ’99 tuvo que volver Carlos Leyden, vio. Usted lo conoce mejor que nadie. El presidente de la etapa de oro. Desde el 63 al 92. Bocha de tiempo, y en el medio lo mejor de la historia: usted y su Ferro campeón. El club era una joyita, ya lo hablamos. Si bien cuando Leyden se fue en el ’92 no dejó todo 0km, porque la crisis de la híper inflación había hecho bosta al club, dejó las cosas dignas. Después Evangelista y Corso tuvieron las más nefastas y paupérrimas gestiones. Con robo e impunidad. Nada de lo que pasó fue un error dirigencial, eh. No fueron malas administraciones como se dice. Todo a propósito, Timoteo. Por la guita. Ferro les chupaba un huevo. Eso no es equivocarse, es hacer las cosas muy bien, pero con intereses exclusivos y privados. De la idea de club que se mamó en sus épocas no quedaba ni el recuerdo.

_MG_9372Cuando se presentó Leyden en el ’99 algunos dicen que fue para lavar culpas, porque él había recomendado a Corso en el ’96, y después se quiso matar. La realidad es que usó su figura para que Corso no gane de nuevo. Y claro, Leyden ganó y Corso se fue (con toda la guita).  Pero cuando agarró el club dijo que no podía administrar miseria. Así  nomás. El club estaba en las últimas. Renunció y asumió Arnoldo Bondar, su vice. Que renunció también, porque dijo que la Comisión Directiva no existía, que había una mesa directiva, de tres o cuatro, que no representaba el espíritu democrático del club ¿Se da cuenta? Y asumió el vice segundo, Guillermo Socino. Cumplió el mandato y se llamó a elecciones en el 2002. Ganó un tal Walter Porta, que venía de un grupo independiente. A todo esto Herrera seguía chupándole la sangre al club. El juez tenía un plan. Perdone que le hable así, Viejo, pero fíjese que forrada: quería gerenciar el fútbol y el resto de los deportes profesionales a empresas privadas; además quería mudar el estadio de Ferro a Agronomía ¿Sabe para qué? Para armar un parque como el Rosedal en el medio de Caballito. Tenía todo un negocio planificado. Todo estaba armado. Y fue por ello, paso a paso. Empezó a presionar a Porta para que gerencie el fútbol. Y Porta dijo no. El juez lo empezó a arrinconar. Pero Porta resistió.

¿Qué hizo Herrera? Firmó nuestra quiebra y nos mandó al muere. Decretó que Ferro estaba fundido y que entraba en la Ley N° 25284, la del fideicomiso. Lo que resultaba un obstáculo para su plan lo iba eliminando. Y si el club tenía que quebrar… qué le importaba. Para que se fije qué impunidad, le paso un par de datos: Ferro, formalmente, termina quebrando por dos pedidos de quiebra que ascendían a 53 lucas. Usted piensa que una institución como Ferro puede quebrar por esos numeritos. Sé que no, Viejo. Que entiende que el tipo vio que Porta era un hueso duro de roer y liquidó al club por chiquitaje. Para poder controlar todo. Más fácil. Ojo, el club tenía un déficit de aquellos. Casi 27 millones. Pero podía seguir funcionando de la misma manera que hasta entonces. Como lo hizo durante todos los ’90. Porta se tuvo que ir, claro. Y este mismo juez designó al órgano fiduciario que ahora iba a controlar el club para levantar la quiebra. Porque, supuestamente, según la ley, el órgano tiene como objetivo devolver el club a sus socios sin deudas. Salvar la institución. Pero, del papel a la realidad… y si encima está Herrera en el medio, olvídese. Osvaldo Valera, Jorge Oliva y Eduardo Andrada. Esos fueron los tres que conformaron el primer órgano. Varela, un buen tipo, lo pusieron para rellenar. Oliva era un contador que cayó por designación. Y Andrada… ¡Ay Andrada! Un amigo de Herrera. Trabajaron juntos para el negocio. Con Herrera como juez de la causa y con Andrada como el tipo de peso en el manejo del club hicieron lo que quisieron. Al toque gerenciaron el fútbol. Contrataron a Gerenciar SA. La empresa de Gustavo Mascardi, el representante de jugadores. Lo que quiso hacer con Porta y no pudo. Después empezó a preparar todo para darle el resto de los deportes a Swiss Medical, otra empresa. Venía todo como lo pensó. Pero, usted lo habrá visto, a Herrera le hicieron una cámara oculta en la televisión. Y cayó. Habló de todo mientras lo filmaban. De su negocio, de que Ferro no le importaba, de que quería armar un shopping. Increíble. Lo destituyeron a los tres meses. Y asignaron una nueva jueza: Margarita Braga. Sigue hasta hoy como jueza de la quiebra. El órgano fiduciario cambió mil veces. No lo quiero marear con nombres. Renunciaban cada dos por tres y entraban reemplazantes. Hoy están Silvio Favale, como contador; Julio Marzano como responsable de la situación deportiva; y Marcos Brusa como abogado. Si bien no está el serpentario que destruía a Ferro desde adentro, las cosas no han cambiado mucho, Timoteo. El déficit sigue. Corso, Herrera y compañía dejaron al club en la ruina, y de ahí se hace difícil salir.

_MG_9447En el 2011, cuando se cumplieron los nueve años de fideicomiso, Ferro todavía no había levantado el pasivo. Según la ley, debían rematarse sus bienes para pagar la deuda y, bueno, el club dejaba de existir. Pero no pasó, tranquilo Viejo. Dieron una prórroga de tres años más. Ahora la fecha límite es diciembre del 2014. Queda tiempo, pero la cosa no levanta. La gente confía, igual. Dice que Ferro es Ferro, que es imposible que desaparezca. Pero los papeles están prendidos fuegos. Los socios se organizan, eh. Crearon una cuenta en el banco y van depositando ahí. Donaciones, vio. Sin nada a cambio. Y ya juntaron más de un palo, con todo el esfuerzo de la gente. Pero no alcanza, los números son altos. La verdad es que esa ley no sirve para un carajo. Te llenan de abogados, contadores y jueces que no entienden nada de clubes. Piensan que son una empresa donde tienen que cerrar los numeritos y listo. Y no es así, un club es otra cosa. Es un barrio entero. Ferro es Caballito, si usted lo sabe. Pero un fideicomiso no lo entiende. Un órgano fiduciario, menos. Y, para colmo, ¡los burócratas que ponen, roban! No solo no cazan una del valor social y cultural que significa, sino que lo funden más todavía, para hacer sus negocios. De no creer. Nadie se salvó con esa ley. Simplemente no lo entienden, Timoteo.

Se preguntará dónde quedaron todos esos buitres. En la cárcel no hay ninguno, pero existen dos causas penales por los escándalos de Corso y Herrera. La primera estaba bien encaminada: Corso y tres dirigentes más de su riñón corrupto, Raúl Tauz, Héctor Hermida e Isidro Cabral, habían quedado procesados por tres hechos bajo el mismo cargo: administración fraudulenta. En el 2001 la comisión directiva del club hizo la denuncia. En primer lugar, se constató que se quedaron con varios cheques de 40 lucas en conceptos de “a rendir” y de “devolución de préstamos”. La plata nunca apareció. Después, giraron un millón y medio de dólares a una empresa financiera uruguaya sin justificación alguna. Era una guita que había quedado de la venta de unos terrenos. La plata nunca apareció. Y, por último, se chuparon el pase del jugador Martín Herrera al Alavés de España. La plata nunca apareció. Pero, estos tipos tienen poder, Timoteo. Dilataron el juicio oral todo lo que pudieron. Y eso que la etapa de instrucción ya estaba cerrada, ¡y habían quedado firmes los procesamientos!  Pero con todo tipo de artilugio legal, que el juez dejó pasar, la estiraron y la estiraron. Y sobre la fecha de prescripción, que iba a ser en Junio de este año, los criterios del proceso judicial cambiaron. Fue súbito.  Esos nuevos criterios decían que como estaban siendo juzgados desde hace más de seis años y la pena máxima para esos delitos era de tan solo seis años, la causa prescribía. Encima, los jueces habían desestimado ese mismo argumento anteriormente. Pero, se dieron vuelta. Y prescribió nomás. A tres días de empezar el juicio oral la causa prescribió. Los tipos zafaron. Como verá la Justicia y los jueces no le tiran un centro a Ferro. Más bien juegan para la contra. Ahora habría que esperar que se revoque esa decisión y que se dicte sentencia todo antes de junio. Imposible, Timoteo, así nomás. Quedará impune.

La segunda a causa va detrás del pez monstruo más gordo: Herrera. Que ya está procesado. También cayó Andrada, su amigo del órgano fiduciario. Y los Mascardi, Emilio y Gustavo, padre e hijo, dueños de la empresa Gerenciar SA. En esa causa, en total, hay doce procesados, entre los cuales están los integrantes del órgano fiduciario que se encontraban en acciones al momento de licitar el fútbol a la empresa. Todos por fraude. Se encontraron muchas irregularidades en la licitación. Y ya sea por ser partícipes o cómplices, todos quedaron procesados. La causa avanza bien, pero hay que tener cuidado. Ya vio lo que pasó con Corso y los demás. Estos tipos tienen amigos ahí adentro. Herrera está complicado. Tiene muchas chances de ir en cana. Ojala, Timoteo, ojalá.

Como verá el presente está enmarañado. A Ferro lo arruinaron, le quitaron las vías. Se comió las mil y un maniobras: legales, económicas, judiciales, políticas. Todas. Digitaron la quiebra y después la mantuvieron. Lo comprobó la Justicia, que eligió no hacer honor a su nombre. El pasivo verificado en la causa está en los 16 millones. Y no se sabe muy bien qué va a pasar.

No hay más que decir, Timoteo. Solo luchar para que Ferro siga siendo de sus socios.

Que ande bien.

Un fuerte abrazo, Viejo.

“No me siento fracasado en ningún aspecto”

Roberto Ayala fue capitán de la Selección durante 14 años y eso le valió algunos elogios pero también unas cuantas críticas. Ahora, como manager de Racing, analiza qué es el éxito y el fracaso en la vida y en el fútbol: “Ser fracasado es no disfrutar de lo que uno hace, renunciar a mis valores. Yo sentía que cuando perdía, perdía la oportunidad de llegar a la gloria”. Y da algunos tips del puesto de central que tan bien conoce: “si no hablás, es muy difícil que te pueda ir bien. Hablar te potencia muchísimo, suple la técnica”.

Roberto Fabián Ayala es el central argentino por excelencia de los últimos 20 años. Ninguno se destacó de semejante manera a nivel mundial. Sin embargo, en un café del barrio de Devoto parece un vecino más. De chomba blanca, luminosa a los rayos del sol, de shortcito deportivo y zapatillas sport. Se acercan muchos pibes a sacarse fotos y él, con paciencia, espera que el flash salga de las cámaras que sostienen los ansiosos padres de las criaturas. Ídolo del Valencia, referente de la Selección argentina, se fue del país en 1995, cuando jugaba en el incipiente River de Ramón. Volvió al próximo milenio, en el 2010, a la Academia Racing Club, donde se retiró y culminó su inmensa carrera.

-¿Qué cambio en 15 años?
-La pasión sigue siendo la misma. Yo extrañaba lo que se vivía en un partido de acá. Allá es más frío, más distante. Van a la cancha como van al teatro. No hay esa pasión, ese fanatismo. El circo bueno que se da en el fútbol argentino es lindo. Después está el circo malo, lo que se da en los estadios, la violencia. Respecto el juego, ha cambiado. Cambiaron las generaciones, el jugador piensa distinto. No digo que sea para peor, pero la comunicación dentro del campo entre jugadores es distinta. Tienen otra actitud, han crecido con otras cosas. Son más metidos para dentro, difícilmente se pueda expresar.

-¿El fanatismo no se exacerbó?
-Hay menos paciencia. El hincha no la tiene. Es resultado inmediato y nada más. Y si bien el fútbol es eso, hoy es ganar, ganar y ganar como sea. No ver los caminos, ni la manera, ni el cómo vamos a ganar.

-¿Y quiénes establecen el cómo sea?
-La gente. A mí me tocó volver a Racing en un momento delicado, con el promedio apretado. Yo volvía como referente. La gente estaba esperando a ver qué iba a hacer, cómo iba a jugar. Lo mismo el periodismo y los compañeros. En esa evaluación, uno puede apostar por un jugador, pero eso puede fallar.

-¿Cuánto te fuiste era tan distinto?
-Las presiones existían. Pero si no ganabas no iba más allá la cosa. Hoy ves cosas tremendas. El caso de Independiente, por ejemplo. No sé qué efecto puede provocar en el futbolista ese tipo de expresiones del entorno.

-¿Y técnicamente que cambió?
-Antes los planteles tenían dos o tres referentes. Hoy cuesta encontrarlos. Se van muy temprano. Duran muy muy poco. Es complicado, los equipos solían guardar a los que eran del club para que ayuden a crecer a los más jóvenes. Hoy con Centurión ya se habla de una posible venta, de que se puede ir… Y yo lo que quiero es que crezca, que tenga sus 100 partidos en primera, que pueda rendir deportivamente en Racing y después sí, ser vendido. Lo económico también hay que mirarlo, hay que mantener un plantel, lógicamente.

-¿Vos no te fuiste muy joven a Italia?
-Me quedó el gusto amargo de irme de ese River, podría haberlo disfrutado un poco más. Era un placer jugar ahí. River era un club para disfrutar. Me fui porque me acercaron la oferta, querían negociar y aceptamos. En su momento me sentaron en la mesa, me comentaron la opción y uno decidió de manera consensuada.

-¿Qué significa ser número 2? ¿Es el que más queda pegado al error?
-Aprendí que un acierto o un error te deja para siempre en la historia de los mundiales. Te repiten en la previa de cada nueva edición. En tu país y en todos lados. Lo pasan y lo pasan. Son las reglas del juego. Y el central en esa lógica la tiene más difícil. Lo que se repiten son los goles, no los cruces. Entonces, siempre aparece el acierto del atacante y el defecto del defensor. Hoy la carencia de los chicos en ese puesto es que hablan muy poco. Me parece que si no hablás en ese puesto es muy difícil que te pueda ir bien. Hablar te potencia muchísimo, suple la técnica muchas veces. Podés rendir muy bien si sabés ordenar y hablar. Hoy eso cuesta más. Y eso nace de la personalidad de uno, ser referente, llevar adelante una idea.

-¿La técnica no es un valor primordial en el puesto?
-Si la tenés y bien usada, bienvenida. Pero si la tenés y la usas mal, no va. Hay que saber cuáles son los momentos para desarrollar la técnica en el puesto. Yo sabía que no podía entretenerme mucho con la pelota, a mí me gustaba arriesgar con los pases de salida. Poder romper líneas desde el fondo. Poder saltear alguna etapa y evitar la transición por atrás. No es fácil destacarse, no es fácil ser un ídolo jugando de central. La vista va al que termina la jugada, al habilidoso. Solo dos centrales ganaron un balón de oro en la historia del fútbol. Es difícil valorar el puesto. En el mejor momento de mi carrera, en el 2004, quedaba relegado de todas maneras. Aunque hayamos ganado muchas cosas.

-Hay muchos capitanes centrales, ¿por qué?
-Por esa voz de mando que hay que tener. Por eso los arqueros también la tienen, muchas veces. Pero el central está en el campo, ve todo desde el fondo. Son cosas que coinciden porque son funciones de liderazgo.

-¿Y qué tiene que hacer un capitán?
-Capitán sos en cada instante. Tenés que estar en las necesidades del grupo, adentro y afuera de la cancha. Tenés que tomar responsabilidades, hablar con el presidente, negociar con representantes. Ser mediador y al mismo tiempo justo y correcto. Estás bajo la lupa de manera constante.

-Es casi un sindicalista…
-Prácticamente, te convertís. Tenés que negociar y asumir funciones que no tienen nada que ver con jugar el fútbol. Pero te comprometés y ya lo tomás de manera personal, porque el grupo te toma confianza y ahí ya no podés fallar, no querés fallarles. La hacés una guerra tuya. Son particularidades de nuestro fútbol, en Europa se preestablecen los premios antes del campeonato y no se habla más del tema. No existe el reclamo.

-El capitán es el que levanta la copa y el capitán del fracaso…
-Sí, para lo bueno y lo malo. La satisfacción enorme de levantar el trofeo es inigualable. Y para lo otro también hay que estar, tenés que cargar con eso. Son las reglas. A mí nunca se me hizo pesado. Nunca me sentí más responsable de una derrota por ser capitán. La derrota es compartida. Aunque después me gustaba salir a hablar en las malas, pero sabía que no era el capitán de ningún fracaso.

-¿Qué es el fracaso en el fútbol?
-No ganar.

-¿Y para vos qué es el fracaso?
-(Hace un silencio enorme) Es una palabra que me resulta muy ajena. No me siento fracasado en ningún aspecto de mi vida. Ser fracasado es no disfrutar de lo que uno hace, es el día que no te vaya de frente, el día que renuncie a mis valores. Yo sentía que cuando perdía, perdía la oportunidad de llegar a la gloria. Nada más.

-¿Y qué es la gloria?
-Poder haber hecho una carrera de 20 años en un alto nivel. Poder haber sido 14 años el capitán de la selección. El reconocimiento de la gente, que no me identifica con clubes, me identifica con la selección. En el día a día del futbolista te encegueces por los objetivos, pero eso pasa. El ambiente del fútbol mide el éxito según las victorias, no según la trayectoria.

-¿Qué es un manager en el fútbol argentino?
-En mi caso es sólo una opinión futbolística más. Puedo llegar a tener una visión de las cosas que un dirigente que no sabe ni vivió el fútbol no tiene. Pero no significa que sea la verdad, es una opinión más entre tantas otras, pero especializada. Y sobre todo no hay que hacer ruido. Es un trabajo sin ruido. Sin meterse en lo económico ni mediático. Lo disfruto, me gusta y me entusiasma día a día. Veo fútbol, vivo fútbol. De otra manera, en otros ambientes.

El Ratón jugó en Ferro y en River, en Parma y en Milan, en el Zaragoza y en el Valencia. Grandes, chicos y medianos. Su carrera entiende de diferencias e historias disimiles.

-¿Cómo se da la desigualdad entre los clubes?
-A nivel infraestructura la desigualdad es abismal. En el Milán yo no me tenía que ocupar ni de los muebles de mi casa. Había que entrenar, descansar y rendir el domingo. Pero existen múltiples realidades de clubes a nivel mundial. Si existe desigualdad y diferencia es porque en algún momento alguien hizo mal las cosas en el club, alguien gestionó mal. Y eso no perjudica solo al futbolista, sino a todos los que trabajan ahí.

-¿Las grandes instituciones tienen que ser necesariamente de los grandes equipos ganadores?
-No es una cuestión de plata solamente, es de administración y maximización de los recursos disponibles. Se puede. Lo cierto es que hay que querer mejorar e invertir trabajo. A veces hay poco pero está muy bien usado.

Spinetta en el Día del Estudiante Solidario

A seis años de la tragedia del colegio Ecos, Conduciendo a Conciencia organizó un nuevo festival en el día homenaje al Estudiante Solidario. Este año, se sumó una ausencia: la de Luis Alberto Spinetta, comprometido con la causa desde el primer momento. Lejos de hacer brotar las lágrimas, inspiró más música y persistencia en la lucha por mayor seguridad vial.

El lunes 8 de octubre se cumplieron seis años de la tragedia de Santa Fe. Ese día nueve alumnos del Colegio Ecos y una profesora perdieron la vida cuando volvían de un viaje solidario en Chaco, en un choque entre el micro en el que viajaban, conducido por alguien sin experiencia ni habilitado para hacerlo y un camión, cuyo conductor estaba alcoholizado, en una ruta no dimensionada para el tránsito que posee. Como ante cada aniversario, realizaron un recital afectivo en el que insistieron en que no fue el destino el que maniobró la tragedia, sino por la negligente e ineficaz seguridad vial. Este año, el primero de su ausencia, hubo un nuevo homenajeado unánime: Luis Alberto Spinetta.

Para los familiares y amigos de las víctimas, cada 8 de octubre es una mezcla de inmenso dolor con una alegría de poder recordar a sus seres queridos y de manterse unidos en la lucha por más conciencia y mejor legislación. Es que desde hace seis años que se transformó en un día emblemático, simbólico. Mucho antes de que el Ministerio de Educación de la Nación lo incorporara al calendario escolar como el Día del Estudiante Solidario, ellos ya estaban organizando festivales y tratando de ayudar a la gente. Lo dicen bien clarito cuando uno les pregunta: es un momento para la lucha, para la pelea, para no bajar los brazos por una toma de conciencia de la seguridad vial.

Desde hace seis años realizan un festival homenaje en recuerdo de Benjamín, Daniela, Delfina, Federico, Juli, Julieta, Justine, Lucas, Nicolás y Mariana. El escenario de esta vez es gigante: Caballito, en el estadio cubierto de Ferro. Antes de ingresar, se veía que no era un festival más. Docenas de chicos, de entre 16 y 20 años copaban toda Avenida Avellaneda guardando las donaciones que traía la gente antes de ingresar al estadio (la entrada era alimentos no perecederos). Allí se podían ver las remeras de la ONG que organiza cada año este evento, Conduciendo a Conciencia, con la cara del Flaco Spinetta y con la frase que inmortalizó Ricardo Mollo en su tema “Todos”: Todos fuimos, todos somos, todos podemos ser.

La idea es concientizar, que esta tragedia sirva para evitar otras”, decía Melina, de 16 años, que hoy cursa tercer año en el Colegio Ecos y es voluntaria de Conduciendo a Conciencia desde el año pasado. Ella, con dos compañeras más de su misma división, se paraba en la esquina de Avellaneda y Martín de Gainza, esperando que el semáforo se ponga en rojo para repartir volantes, folletos y hablar sobre seguridad vial con los ocupantes de los autos.

Ante la gran demanda de entradas, se tuvo que tomar una decisión: dos escenarios y empieza el festival mucho más temprano que de costumbre. Así, desde las 14 hs. había bandas de las mal llamadas “emergentes”, que estaban tocando de cara a una de las tribunas locales de Ferro. Durante más de tres horas, desfilaron más de seis bandas. Conjuntos que iban del Blues al Rock pesado y grupos de danza pasaron por el escenario. A pesar de que, en apariencias, no tenían demasiado en común, enseguida se hermanaron en un referente común: casi todos homenajearon a Luis Alberto Spinetta.

Temas como “Despiertate nena”, “Bajan”, “Cantata de puentes amarillos”, “Rezo por vos (de Charly García, pero inmortalizada junto al Flaco)”, “Seguir viviendo sin tu amor”, “Las habladurías del mundo”, “Muchacha ojos de papel” sonaron e hicieron que el público ovacione. Sergio Levin, padre de Lucas, uno de los chicos fallecidos, lo recordó con amor y alegría, como dice que le gustaría al Flaco que se lo inmortalice: “Desde el primer día estuvo con nosotros, era un referente. Aún en sus últimos días él seguía diciendo: yo pertenezco a Conduciendo a Conciencia”.

Es así, efectivamente. En su última publicación, a fines de 2011, y ante el agravio de revistas que difundían su estado de salud delicado por el cáncer, el Flaco había finalizado su carta con carácter y con altura: “yo pertenezco a la ONG Conduciendo a Conciencia, y les recuerdo que ahora en las fiestas, si van a conducir, no deben beber”.

A las 18, ya se habían abierto las puertas del escenario principal y se preparaban para arrancar el show. Antes de eso, familiares de las víctimas de la Tragedia de Once se sumaron al pedido de más seguridad vial.  Uno de ellos, Paolo Menghini, padre de Lucas, dijo que “cuando tuvimos que buscar referencia, nos apareció el ejemplo de los familiares de Ecos: no sólo por lo que, como nosotros, tuvieron que atravesar, sino por su modelo de organización y lucha. Su trabajo es un ejemplo de que el dolor puede transformarse en algo positivo”. Y repitió tres veces: “¡Justicia para los muertos y heridos de Once, por la falta de responsabilidad y control estatal!”.

Zumbadores, Amel y el Bahiano abrieron este segundo momento del festival. Luego León Gieco, presente desde el primer instante según los familiares en esta lucha, tocó junto a Los Tipitos “Ocho de Octubre”, el tema que antes tocaba con Spinetta sobre la tragedia. Luis Alberto Spinetta y León Gieco: Son esos dos rostros, esas dos voces, esas dos almas unidas en un único micrófono las que se ven en la portada del sitio web de Conduciendo a Conciencia (www.conduciendoaconciencia.com.ar). Obviamente con tan solo nombrar al Flaco, las 3.500 personas presentes lo corearon. Para cerrar, estuvo La Franela y Dancing Mood. Justamente Hugo Lobo, la voz de esta banda, dejó en claro el mensaje de los organizadores del evento: “por el recuerdo de los pibes, si tomaste, no manejes, por favor”.

Más de 40 mil kilos de donaciones se recolectaron para 35 escuelas rurales de todo el país. Para Levin, el objetivo se va cumpliendo lentamente “Que cada año superemos la cifra del anterior, significa que estamos cada vez más cerca de cumplir el sueño de nuestros hijos y el del Flaco: el de tener un mundo mejor”.