Cómo abortar seguras

A pesar de que en Argentina no se ha legalizado la interrupción voluntaria del embarazo y la figura vigente de aborto no punible pocas veces se implementa, las mujeres abortan. Y se organizan. Aquí, el trabajo de Socorristas en Red.

“Es que en promedio cada mujer argentina aborta dos veces en su vida. Pensalo así: desde los 15 más o menos hasta cerca de los 50 las mujeres somos fértiles. Durante todo ese tiempo, que es un montón, –atiende el teléfono, es Ayelén, hablan por primera vez, se verán en tres días- tenemos relaciones sexuales. Claro que hay anticonceptivos, que hay que saber usar, y que pueden fallar. Los anticonceptivos y las personas”.

Rosa hace consejerías, ofrece información y herramientas para que mujeres que tomaron la decisión de abortar su embarazo puedan concretarlo de forma segura. Es parte de una red de socorristas con presencia en todo el país: Socorristas en Red, agrupación que reúne a diferentes organizaciones sociales feministas, que con diferente ideología y accionar, trabajan en conjunto, por el objetivo común. Se apropian del rol de facilitar los medios para explicar cómo hacerse un aborto seguro con pastillas. Durante 2015 realizaron 2894 acompañamientos. Es que las mujeres llevan siglos abortando, así que allí no habrá revelación alguna.

“La clave es que todas y todos entendamos que no se trata de una actividad clandestina, el aborto no es ilegal en Argentina, ni es una razón para cargar con culpa o remordimiento, esas son formaciones socio-religiosas construidas, que podemos elegir reproducir o no. Nosotras apoyamos el aborto para decidir”.

Marcha Ni una menos 2016
Marcha Ni una menos 2016

Rosa está aquí, sentada, hablando, pero Rosa no es una persona. Nada que ver con las que andan en subte o caminan por la calle cualquier día. No es una persona, pero claro que existe. Es una idea, Rosa es una idea rosa. La voz que atiende el celular y recibe a las chicas en esas primeras consultas es cada una de las que milita haciendo consejerías. Rosa trasciende las posibilidades de una persona física. Rosa es el resultado de lo que creer y militar una idea puede lograr.

Cada mujer que llama, como Ayelén, es hija, nieta, sobrina, amiga, cuñada. Tiene varias conversaciones con socorristas para poder interpretar por completo su consulta. Quién la acompaña, si atraviesa situaciones de violencia, sus antecedentes médicos y obstétricos, qué sabe de su embarazo. Es necesaria una ecografía y saber qué tiempo lleva de gestación. Un aborto con pastillas de mifepristona y misoprostol es recomendado hasta la semana 10, y tiene un 98% de eficacia según la OMS. En casos de embarazos por violación o, mismo, embarazos más avanzados hacen derivaciones al hospital Argerich y a otros centros de salud públicos, para que sean atendidas por profesionales por el derecho a decidir. El sistema sanitario nacional en general es expulsivo, violento y prejuicioso, por lo que acudir donde sean receptivos y respetuosos frente a la decisión del aborto marcará la diferencia.

La consejería no termina en el aborto, el seguimiento continúa. Se sugieren controles médicos post-aborto y se informa para poder elegir qué método de anticoncepción se adapta mejor a cada estilo de vida.

La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) no aprueba el uso combinado del misoprostol y la mifepristona en su uso obstétrico y abortivo. Por lo que conseguir los medicamentos necesarios para un aborto seguro se vuelve un obstáculo. Más allá de indicar en qué farmacias podrían conseguirse, la medicación no siempre está disponible, aunque debería ser parte de la política pública al igual que son los métodos anticonceptivos [1].

“Criticamos la institución, pero al mismo tiempo, en términos de ideas y lógicas, de alguna forma, creamos otra. Ahí tenemos una paradoja. Por ser transmisoras de información velada en muchos otros lugares, se establece una relación de poder con asimetrías con respecto a las chicas que vienen. Estamos atentas a esa realidad, y a que la reflexión sea por completo de ellas, sea cual sea. Aún así, ellas pueden decidir abortar y abortan. No hay más triunfo de las ideas que ese”.

[1] http://cels.org.ar/common/documentos/Salud_sexual_y_repro_CELS_web.pdf

Desobediencia

Mabel Bellucci nos interpela con su libro “Historias de una desobediencia. Aborto y feminismo” y apuesta a reflexionar sobre los mandatos de heterosexualidad y reproducción biológica. “Abortar representa una desobediencia de vida, una gesta de soberanía sobre el propio cuerpo”.

Hablamos de las maneras más diversas para instalar el debate, sus contiendas, sus entradas y salidas de la órbita pública y los modos en que ciertas feministas nos proponemos visibilizar lo que se mantiene entre cuatro paredes de lo íntimo y provoca tanto escozor con solo nombrarlo. Independientemente de lo que apunten la iglesia, los gobiernos, el parlamento, la corporación médica y jurídica, las mujeres implantamos nuestra propia decisión de abortar como una gesta de desobediencia frente al mandato compulsivo de la maternidad. ¿Ante quién nos insubordinamos? A la heterosexualidad como régimen político[i].

Un centenar de mujeres en blanco y negro se agolpa a espaldas al Congreso y levanta las banderas de una revolución que promete: “No a la maternidad. Sí al Placer”; “Despenalizar el aborto”; “Machismo es Fascismo”. Son los años 80’ y comienzan a multiplicarse las movilizaciones de mujeres. Esa imagen -hito es la tapa de “Historias de una desobediencia. Aborto y Feminismo”, escrito por la activista Mabel Bellucci y editado por Capital Intelectual, un libro que ensaya una genealogía y cartografía del feminismo, pero más como una espiral de debates y disputas que como una sucesión de fechas y nombres. Es tanto una reconstrucción de las luchas por el aborto voluntario como una propuesta de seguir batallando. Desde un registro heterogéneo, que recupera a las ancestras feministas, a los aportes académicos y a la trayectoria del activismo feminista y LGTBI, Mabel nos incita a pensar nuevos horizontes políticos y de transformación social marcados por esta contienda ineludible contra la opresión sexista y heteronormativa. Por eso, la autora invita – sin descanso y con humor – a conformar “rondas de pensamiento”. Y desde allí nos interpela:

– La idea es que este texto sea una caja de herramientas para los movimientos de desobediencia sexual, en especial el abortista. Interesa qué dispara, qué comunidades se van armando, qué nexos político-afectivos emergen. Lo lúdico permite abrir debates, por ejemplo: suelo preguntar como un juego “¿cómo decidieron ser heterosexuales?”, entonces se arma un clima de reflexión desde el cual es posible pensar a la heterosexualidad como un régimen político, sin cuestionar la intimidad de cada persona. En líneas generales, mi intención no es dar clases, ni presentar mi libro, apuesto a generar una performance entre el activismo. Tampoco lanzo bibliografías, ni marcos teóricos, sí me interesa identificar algunas tensiones y desafíos que permitan iluminar la reconstrucción de la memoria de nuestros movimientos, quiero volverlos del olvido.

– ¿Cómo te presentás?

– Como activista feminista queer, casi es mi logo. Estoy dentro de corrientes de pensamiento autonomistas y situacionales. Me interesa estar, no ser. Me siento bien navegando. Apostar a intervenciones en las cuales la teoría se vuelve política y la política se sostiene en pensamiento. Una de las premisas sería teorizar la práctica.

– ¿Por qué escribir un libro sobre la lucha por el aborto voluntario?

– ¿Y por qué no? El movimiento abortista dispone de una larga historia que tiene sus especificidades respecto de las corrientes feministas en general. Con este libro, intento escapar del discurso tradicional alrededor de la victimización de las mujeres y de las estadísticas de las muertas. Este país ya está apabullado por todos los discursos relacionados con la muerte. Yo quiero hablar de las vidas, romper ese muro discursivo. A mi entender, ese fue un discurso muy efectista para los años 80´, en el inicio de la transición democrática, en el que se instalaba el debate sobre el aborto en consonancia con el clima de época. Quiero sacar al aborto de ese closet y complejizar las nuevas prácticas abortivas. Desde ahí, cuestiono ese discurso de “las mujeres no queremos abortar”. Cuando una mujer decide abortar, en ese momento es lo que más quiere. Es una decisión en primera persona.

– ¿Cómo lo relacionás con la heterosexualidad obligatoria?

– Es un derivado de ese régimen. La “famosa” culpa que muchas sienten cuando abortan tiene que ver con el mandato de maternidad que impone la heterosexualidad como régimen político. Es una matriz que nos precede: la imposición de la maternidad como definición misma de ser mujer. Interpelo ese mandato totalmente naturalizado, tal como está naturalizado el mercado en el capitalismo. Aún no entiendo cómo no existe un repudio en masa a esa reproducción biológica y esas formas de relacionarnos afectivamente, como la conyugalidad y la familia.

Mabel discute estas instituciones modernas como los únicos modelos válidos de relación sexual, afectiva y de parentesco. Esta noción trae al espacio de la política la dimensión del deseo; Bellucci insiste en la consigna: “erotizar la política y politizar los cuerpos”.

– ¿Qué discusiones planteás frente al “heterofeminismo”?

– Entiendo por heterofeminismo a la tradición feminista que considera como sujeto político a la mujer heterosexual de cierta clase y etnia, y lo transforma en un universal. Siendo la práctica abortiva clandestina, ¿en qué se sustenta el heterofeminismo para decir que los sujetos del aborto son solo las mujeres heterosexuales? Las lesbianas, las bisexuales y los varones trans… todo cuerpo que porte un útero es sujeto del aborto.  Con la irrupción de la práctica socorrista se empieza a escuchar quiénes son. Empieza a haber pluralidad de voces, ya no tienen que ser más “representadas por”. Emergen voces del anonimato para volverse protagonistas, se atreven a decir “yo aborté”, es una primera persona en plural, porque es un “abortamos” colectivo.

Incita a repensar el discurso instalado y políticamente correcto de “nadie quiere abortar” y recupera en lo político el deseo de abortar como ejercicio de autonomía y emancipación ante el mandato compulsivo de la maternidad. El capítulo “La gesta del aborto propio”, escrito por la colectiva feminista La Revuelta, narra la experiencia de Socorro Rosa, un servicio que brinda información y acompañamiento a mujeres que deciden interrumpir un embarazo mediante el uso de misoprostol. También batallan por la legalización del aborto como medida indispensable para el respeto por la autonomía corporal y el reconocimiento de los derechos de las mujeres. Más allá o más acá de los marcos de la legalidad, se trata de activar lo concreto y revolucionar las prácticas.

Experiencias como la del socorrismo permiten sacar a la práctica abortiva de la soledad, el silencio y la vergüenza y volverlo un hecho colectivo y visible. Bellucci reconoce este tipo de iniciativas como espacios de resistencia feminista ante la negación y privación de derechos por parte de la maquinaria del Estado. Pero la lucha por la ley no se abandona y es el eje desde hace casi diez años de la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. En abril de este año, se presentó por quinta vez en la Cámara de Diputados del Congreso de la Nación el proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Firmado por más de 60 diputados de la mayoría de los bloques parlamentarios, pero con el significativo silencio del Ejecutivo, que periódicamente recuerda que el tema no está en su agenda. Desde su presentación original en 2005, el proyecto nunca fue tratado. Para el próximo 29 de septiembre está organizada una Jornada Federal por la Legalización del Aborto en el Congreso entre las 10 y las 17 horas, en la que se lanzarán los foros de debate sobre el proyecto de ley.

– La Campaña cumple un rol protagónico en la lucha por conquistar la ley. Está instalado el debate en la sociedad, en la cultura, en los medios, básicamente en los alternativos… los medios hegemónicos también sacan notas, pero en general cuando están relacionadas a casos de violación. Con excepción de algunas periodistas como Mariana Carbajal y Moira Sotto. El debate está planteado en todos los campos, menos en el parlamentario. En casi todas las movilizaciones sociales, se ve flameando el pañuelo verde como un gesto de visibilidad y de protesta.

– Muchos apuntan a que la designación de Bergoglio en el Vaticano puede obstaculizar aún más la discusión…

– Pero Bergoglio está hace un año, ¿antes qué pasaba? Ahora se escudan en eso, pero nunca hubo voluntad política de llevar adelante este tema. Sí, es cierto que hay cambios de posturas inesperados. Pero tampoco es que el Opus Dei esté ahí adentro, como pasa en España por ejemplo, que lo ves activando cuerpo a cuerpo. Es mucho peor lo nuestro, más cínico. Acá obedecen sin que se lo pidan. A Binner, ¿quién le pidió que diga que el aborto tiene que ser ilegal: la iglesia, los evangelistas, los sojeros? Históricamente, el Partido Socialista siempre bregó y tuvo figuras fundamentales como Alfredo Bravo, que estaban entregados a la ley de aborto. Otro: Pino Solanas firmó gran parte de las solicitadas de la Campaña, ¿qué pasó ahora? La verdad es que no tengo respuestas sobre si va a salir o no la ley, pero el lobby parlamentario no es lo mío.

Bellucci percibe que lo fáctico constriñe las reflexiones y el pensamiento, por lo que prefiere situarse en los bordes de lo institucional: “Quiero que en los márgenes se armen también debates que quizás no puedan instalarse en el centro. Porque está muy tomado por los discursos y los términos estratégicos para dialogar con los legisladores, con el Ejecutivo, con los medios y las instituciones, entonces no hay complejidad. Me interesa que surjan otras propuestas, nuevos lazos, nuevas coaliciones. A mí me interesa la desobediencia sexual y convoco a activar lazos con la desobediencia civil y política”.

– En relación a estas múltiples desobediencias, la lucha por el aborto tuvo un impulso particular en el pos-2001…

– Claro, tuvo un empuje como pocas veces, se transversalizó, salió del corralito feminista  y cruzó los movimientos. Tanto el aborto como la diversidad sexual fueron expresiones muy interesantes de ese momento. Lo que pasa es que para que haya habido un 2001 tuvieron que estar los años 90´ de un fuerte activismo. Eso yo lo discuto mucho. Porque el discurso oficial, ¿cuál es? Los años 90´ como aplastantes y oscuridad total, pero fueron también mucha expresión activista, hubo resistencia. Por supuesto que en seis meses privatizaron todo, fue una locura, en pocos países del mundo levantaron en tan poco tiempo todo el andamiaje de empresas del Estado, pero eso ya venía muy armado. Que hubo resistencia, la hubo. El kirchnerismo como tiene sus raíces en el menemato quiere mostrarlo como una historia negra, para diferenciarse. Pero nunca activamos tanto como en el menemato, nos cruzábamos todxs bajo trincheras porque teníamos un enemigo en común y sin el estado de represión de una dictadura militar que habíamos soportado décadas anteriores, lo cual para nuestra generación era muy significativo

– A diez años, ¿cuál es tu lectura de esas experiencias y esas formas de hacer política?

– Un interrogante que nos tenemos que hacer es cómo todas las corrientes autonomistas que gritaban “que se vayan todos” terminaron en una gestión totalmente personalista, piramidal y estatalista. En verdad, se arrasó con todo lo que habíamos tejido en ese laboratorio social que fue la rebelión plebeya de 2001. Esas tentativas a muchos y muchas nos fascinaron, nos erotizaron. Aunque las asambleas populares tuvieron su auge hacia mediados del 2002, continuaron con fuerza hasta la consolidación del kirchnerismo como fuerza política. Fue nuestra Comuna de París, pero la nuestra no duró nueve días, duró dos años, bastante…

[i]               Mabel Bellucci (2014). Historia de una desobediencia. Aborto y feminismo. Buenos Aires: Capital Intelectual.

Mujer es la que dice

Mientras late en San Juan el Encuentro Nacional de Mujeres, Liliana Daunes habla sobre la función de la comunicación en las luchas por la igualdad de género. Desde las redes sociales hasta su programa de radio. Desde los escraches en la calle hasta la manera en que los medios avanzan en remplazar términos como “crimen pasional” por “femicidios”.

Hace tan solo unos días – tan pocos que podrían medirse en horas – se conmemoraron los 30 años de existencia del Ejército Zapatista de Revolución Nacional (EZLN). Tras estas décadas de rebeldía, de autogobierno indígena y de creatividad política, la lucha continúa por “un mundo donde quepan muchos mundos”. El EZLN es también un ejército de mujeres sin miedo. Es por eso que hace 20 años, la Comandanta Ramona y la Mayor Ana María, tras consultar a las comunidades indígenas sobre la explotación de las mujeres, redactaron la Ley Revolucionaria de las Mujeres. En el muro de algún Facebook, vemos a esas mujeres indígenas desafiantes, y debajo de la foto alguien parafrasea al Subcomandante Marcos: “Nosotras somos las zapatistas, las más pequeñas, las que se cubren el rostro para ser miradas, las muertas que mueren para vivir”.

Hace apenas una semana, organizaciones de mujeres realizaron un escrache frente al Hospital Fernández para repudiar la decisión de la médica que denunció penalmente a una joven que fue a la guardia con un aborto en curso, y terminó presa en una celda de la comisaría 53ª de la Policía Federal, cuando todavía tenía pérdidas. Ente cantos y pancartas, reclamaron por el fin a la violencia contra las mujeres y repitieron, en un grito que parece fortalecerse en cada eco: “Anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”. En la foto de perfil de algún Facebook, vemos a una mujer con la cara cubierta por un pañuelo verde, la mirada aguda y el pelo rojo encendido. A la derecha, leemos: “Soy la mujer que no hace de su cuerpo un templo, sino un territorio de placer, y de libertad”.

Las zapatistas. Las feministas. El Facebook. La lucha. La voz. La mujer. Liliana Daunes.

– Es sumamente importante que haya circulación de voces y que la fuente seamos nosotras mismas, para la información y para la reflexión. En ese sentido, es tan válida la comunicación virtual, por la rapidez que da, como la calle. Mientras ninguna reemplace a la otra, estamos bien. La calle es necesaria. Por eso está bueno que se haya hecho el escrache; ahora, el escrache se hizo porque hubo una red que se fue comunicando. Es interesante esta sensación que hay como de estar cerquita del otro aunque estés a miles de kilómetros, pero tenemos que seguir analizando para ver cuánto nos modifica, sobre todo a la gente joven que por ahí ya toma como único medio a lo virtual. La idea es que lo virtual no sea lo real.

– ¿En qué sentido decís que sos una “artesana de la comunicación”?
-Tiene que ver con que, en realidad, cubro casi todos los aspectos en cuanto a lo radial. Desde hace muchos años me dedico a editar toda la cuestión artística, me lleva muchas horas para poder sintetizar pequeñas frases, los conceptos que una quiere dar desde lo ético y desde lo estético. Artesana porque tampoco es que estudié profesionalmente esto como carrera, sino que lo fui aprendiendo de estar con las y los operadores en todos estos años de laburo. Es posible que le dedique mucho más tiempo que aquellos que tienen todas las herramientas sabidas o que las encuentran rápidamente. Quizás yo logro una pieza que me gusta y cuando quiero volver a alguna de las herramientas que usé en ese momento, ni me acuerdo. La cosa es pasional a parte de ser un trabajo, ahí está puesta gran parte de mi libido, entonces no me importa dedicar ese tiempo.

-Tu trabajo también tiene mucho de militancia…
– Es un laburo absolutamente militante. No puedo separar esas dos patas: es militancia en la comunicación. Para mí, es fundamental para cualquier cambio poder comunicarlo de la mejor manera; entonces, dentro de mis militancias en el feminismo, en la izquierda, lo que yo puedo ofrecer, mi oficio, está en la comunicación. La tan mentada independencia en general no existe en el sentido de que una lleva a cargo una ideología, y según el medio con el que estés trabajando, te baja algunos decibeles respecto a lo que pienses y sientas. Yo creo en lo alternativo porque es lo que más cercano al ejercicio de la libertad está. Y también en esa forma de hacer comunicación, se trata de buscarle caminos, para no estar solamente enganchados con las entradas que tienen que ver con el subsidio o con pertenecer a una determinada cosa. Estar muy ligado al poder, por más que la gente que lo ejercite crea en eso y piense que es la mejor política, me parece que complica la verdadera comunicación.

-En tus programas, ¿cómo equilibrás tus luchas políticas con tu gusto por lo musical y lo artístico?
– Quizás, por ejemplo, me engancho muy claramente con la lucha que lleva adelante la comunidad La Primavera, con las tremendos asesinatos y las represiones que se han dado en Formosa, y a la vez le busco esa parte dulce si se quiere, si una puede encontrar, que tiene que ver con la música o con la poesía. O si estamos hablando de la resistencia de los mapuches, descubrir poetas mapuches es interesantísimo. Ojalá siempre en los proyectos en que yo labure estén las dos cosas, la coyuntura y la creatividad juntas para mostrar distintos modos de expresión de los pueblos. Y, por otro lado, pienso los programas con una historia que contar, hay un principio y generalmente, a veces se logra y a veces no, hay un final o un cierre que nunca cierra del todo, sino que da la posibilidad del espiral.

-Y tu compromiso con el feminismo, ¿cómo lo plasmás en la radio?
-Para mí se trata de la inclusión de voces de mujeres o voces de la diversidad. Con Claudia Castro, Diana Tarnovsky y Amanda Alma, mis compañeras de “Sonidos Agitadóricos” en Radio Nacional, tenemos tendencia a buscar autoras y músicas mujeres que, por ahí, no son tan difundidas y conocidas, sin dejar de lado aquello que también nos interesa comunicar de autores varones. Son muchos años en que la mujer fue solamente intérprete, entonces poder conocer propuestas que no están instaladas en otros horarios, en otras radios, es parte de la militancia. Igual lo que nos interesa para cualquier tema, cuando tratamos una problemática de América Latina, es buscar al hombre o a la mujer desde el llano, desde el corte de ruta o el piquete contra la minería. Cuando aparece la posibilidad de hacer una nota con algún diputado, tratamos de no hacerla. Siempre va a estar la voz de un referente de alguna organización o de alguien de la calle.

-¿Qué elegís para informarte?
– Revistas alternativas, en general. De Internet me interesa mucho también encontrarme con las comunicaciones a las que puedo acceder de algún modo a la fuente. Me gusta navegar, eso también hace que llegar a un objetivo lleve mucho tiempo. Pero navegar es maravilloso porque te abre muchísimas puertas y en lo musical es muy interesante. Encontrás cosas que ni siquiera sabría nombrarlas, qué folklore, qué instrumentos, son sonidos que te atrapan, de culturas ajenas, pero con las que identificás puntos en común. Es como decía Pessoa: navegar es absolutamente necesario, vivir no importa, pero si navegás, sin duda estás viva. A los medios masivos de comunicación, recurro para lo coyuntural. En general, en este momento que está como tan partida la historia, de un color y de otro, trato de informarme, por lo general con Página12 en mi casa y en los bares con Clarín. Me meto en la coyuntura, pero después me detengo en lo cultural, en notas que me llevan a conocer otros mundos, no solo con el aquí y ahora de la porteña, de la agenda que imponen.

-¿Qué expectativas tenés para el Encuentro Nacional de Mujeres?
– La expectativa es, como cada año, muy grande. Esas marchas son absolutamente necesarias para cada una de las personas que participan para cargar pilas, una energía de contenido y de esperanza. Creo que el movimiento de mujeres es de los que más cosas ha conseguido en las últimas décadas y, bueno, sabemos que queda un larguísimo camino y siempre vamos a ir por más. Es como esa frase “Somos malas, podemos ser peores”, peores en la lucha, no nos conforman con una ley, necesitamos otras, y fundamentalmente que se implementan. Lo mismo con respecto a la Marcha del Orgullo, que fue hace pocos días, en la que se presentaba como que todo ya está logrado y, sin embargo, falta mucho mucho por caminar. Con respecto al Encuentro, participo de quienes pensamos que tiene que seguir siendo horizontal y de talleres como lo es hasta ahora, con consenso y que se manifieste lo que piensan mayorías y minorías. Sirve fundamentalmente para el crecimiento individual y grupal que se multiplica con la vuelta de cada una de nosotras a nuestras actividades.

-¿Cuáles creé que van a ser los principales debates este año?
– El del aborto, como siempre en estos últimos encuentros, va a ser un tema, y fundamentalmente en San Juan que es una sociedad muy pacata, conservadora en algunos aspectos. Cuando se hizo el primer encuentro en San Juan, la Iglesia nos declaró personas no gratas, a las mujeres en general y a las feministas en particular. Yo creo que hasta que no se trate en el Congreso y sea una ley nacional van a ocurrir estas cosas como la del Fernández, que hoy nos enteramos, quizás porque fue en la Ciudad de Buenos Aires con un activismo más organizado y con más poder de respuesta, pero son cosas que ocurren todo el tiempo en las provincias. Seguramente, va a estar muy presente el debate en torno a la prostitución, entre el abolicionismo y el reglamentarismo. Y también la violencia es otro tema fundamental que atraviesa los encuentros.

-¿Cómo ves el tratamiento mediático de los femicidios?
– Creo que se ha adelantado bastante, en el sentido de que algunos y algunas periodistas empiezan a titular de otra manera las crónicas. El crimen pasional ha dejado de ser solo eso y ya aparecen las figuras de femicidio, de violencia de género. Es como una puertita que se está abriendo. Los medios de comunicación masivos sabemos que también son medios de comercialización de la información. El caso de Ángeles provocó una audiencia muy ávida sobre el tema y por eso estuvo tanto sobre el tapete, y que esté en el tapete está bueno si sirve para reflexionar. Pero si es pura y exclusivamente mostrar 10 millones de veces la misma imagen, después queda como que es lo único que sucede, y se borran tantos otros casos que suceden a diario. Pero es un camino en el que no solo tienen que modificarse las editoriales, sino cada uno de los y las periodistas que trabajamos en medios. El trabajo que hay que hacer con una misma, de concientización, de aprender un nuevo lenguaje, una forma muy específica de nombrarnos y de nombrar la cosas, si somos cómodos y nos quedamos con lo que está, no avanzamos. La creación de la Red PAR (Periodistas de Argentina en Red) fue importante para abrir algunos debates. Los medios todavía son re contra mistificadores y conservadores respecto a la cultura patriarcal y al capitalismo.

– Hablábamos de tu pasión por la música, ¿qué estás escuchando en este momento?
– Hoy escuché la canción que armaron René de Calle 13 con Assange. Suelo escuchar rap, no es que yo vaya a comprar discos de rap, pero me interesa por dónde van algunas letras y como acompaña muchas luchas, me resulta interesante. Estuve escuchando Marta Gómez, una cantante colombiana que vino a presentar un disco que no está editado en argentina, con musicalizaciones que hizo de poemas de García Lorca, con ritmos latinoamericanos. Hace poco estuve armando un separador, porque el gobierno supuestamente progre de Correa quiere instalar en el país una petrolera, entonces estuve escuchando música amazónica y es alucinante. Y… en África me quedo mucho, en la carga de esas voces ancestrales.

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

Una revolución más allá de la igualdad

Entre discursos que gritan crisis y políticos que se ensordecen con su propio eco, la voz de una mujer catalana suena contundente. Se trata de Remei Arnaus i Moral, profesora de la Facultad de Pedagogía de la Universidad de Barcelona e investigadora de Duoda – Centro de Investigación de Mujeres: “la crisis es, fundamentalmente, del orden simbólico, pues se ha agotado una forma de ver y estar en el mundo”

En Europa, ya hace tiempo que se habla de crisis; quizás ya hace tanto, que empieza a perder lo que el asunto pueda tener de circunstancial. En este momento mutante, donde se ha abierto una grieta en la estructura social, ha estallado también un discurso; aquél que en un juego de libre asociación, después de “crisis”, dice “financiera”. Lo que interesa es lo que implica pensar la crisis en esos términos y qué exigencias atiende. Pareciera que la mencionada fórmula legitima propuestas como el copago judicial, los recortes y supresión de las ayudas sociales o la privatización de la sanidad y de la educación, más tendientes a subsanar los requerimientos de los mercados y los bancos que las necesidades básicas de la ciudadanía. Si a quien carcome la enfermedad es a las finanzas, allí el remedio…

¿Pero puede ser pensado el escenario actual tan unidimensionalmente? ¿Qué arraigado sistema de valores retiene a la política moderna de caer definitivamente al precipicio al que se enfrenta? El panorama actual, donde abundan las metáforas del derrumbe y la decadencia, en un escenario en el que la democracia representativa se endurece hasta volverse estanca, invita a  mirar por detrás del enunciado de la crisis política para descubrir que lo que se está agotando son también paradigmas de interpretación de la realidad. Para ensayar respuestas a estas preguntas, darlas vueltas y reformularlas, dialogamos con Remei Arnaus i Moral, profesora de la Facultad de Pedagogía de la Universidad de Barcelona e investigadora de Duoda – Centro de Investigación de Mujeres de la Universidad de Barcelona, donde se desempeñó como directora entre el 2001 y el 2009. Desarrolla su estudio e investigación en la práctica y en la experiencia de la relación educativa como mediación viva y creativa, y profundiza en los aportes de las mujeres al ámbito universitario. Para ella, “la crisis es, fundamentalmente, del orden simbólico, pues se ha agotado una forma de ver y estar en el mundo. Tiene que ver con muchos movimientos sociales, pero sobre todo con el movimiento de las mujeres, que hemos dicho basta al patriarcado. Un ‘basta’ que se extiende a toda una visión y un modelo cultural, polí­tico, económico, ecológico, educativo y que implica, a la vez, un cambio en el sentido de las relaciones entre seres humanos y entre cada uno consigo mismo.”

El concepto de “patriarcado” ha sido elaborado por las diferentes corrientes del feminismo para referirse a la dominación masculina y las relaciones de poder a través de las cuales los hombres subordinan a las mujeres; como un sistema global que impregna la economía, la familia, la arquitectura, la política…: cada elemento de nuestra sociedad. En este sentido, desde Duoda (recibe el nombre de la condesa de Barcelona del siglo IX, que escribe un libro para que sus hijos, arrebatados por su padre, se educaran según sus deseos) se afirman en la diferencia sexual para rescatar la especificidad de la condición de las mujeres. Definen su política como la práctica de una relación sin fin – relación no instrumental – orientada por el sentido libre de la diferencia sexual, y se enmarcan en la tradición de los grupos de toma de conciencia que proliferaron en los años 60’, donde las mujeres buscaron autonomía de los partidos políticos. A través de esos grupos, las mujeres comprendieron las relaciones entre los aspectos individuales de su experiencia y lo público; lo personal se volvió político. Remei estableció sus primeras relaciones con el feminismo hacia fines del 70’, cuando se abría en España el período democrático, tras la dictadura de Franco. Con el franquismo, la mujer dejó de tener los derechos que la Constitución de 1931 le había otorgado, como la igualdad con respecto al hombre y el derecho a voto (restituidos con el retorno a la democracia), y fueron condenadas al papel de madres y esposas. Remei recuerda que “era un feminismo más reivindicativo que se plantaba más en la lucha por la igualdad y centraba sus discursos en la carencia de las mujeres. Hubo un momento en que eso me cansóHasta que encontré en la Librería de las Mujeres de Barcelona la revista Duoda y vi que se hablaba de algo que me llamó la atención: el reconocimiento de la autoridad de las mujeres, y cómo eso hacía acrecentar el sentido de nuestro vivir y nuestra existencia en relación con otras y otros”. No era solo otro enfoque; era otro lenguaje. Se hablaba de abrir espacios de libertad dentro de nosotras mismas, y no solo de luchar porque nos otorguen más derechos desde fuera. Se iba hacia una definición autónoma del ser mujer, a partir de la escucha recíproca y de darle sentido a la propia experiencia. La igualdad implica hacer del otro – el hombre – el horizonte que desear, mientras que la diferencia deconstruye un igualitarismo que no se cuestiona el modelo del mundo y que no se desplaza de los paradigmas marcados por la sexualidad masculina. De hecho, la igualdad ha sido propuesta por los varones, a través del movimiento de la Ilustración. Reafirmar la diferencia implica discutir con la teoría de los derechos humanos universales tan amplia y abstracta que parece cancelar todo conflicto, y abrir el juego para un análisis sociopolítico de la experiencia de las mujeres, arraigado en un fuerte sentido de comunidad e intersubjetividad. Había una necesidad simbólica de existencia: “Me interesó mucho porque vi en ellas que se fijaban en la parte del ser mujer que puede desarrollar su libertad, en el espacio del deseo. Eso me abrió mucho la mente. No era la “falta de”, sino que había todo un espacio en el que reconocerte y tomar conciencia de una libertad que está más allá de toda reivindicación. Por ser mujeres, ya podemos desarrollar un sentido libre de ser mujer. Pero siempre con otras. La libertad es relacional, no individualista como la de los Derechos Humanos y de la Revolución Francesa.”

Remei comenzó sus estudios superiores en el Magisterio y luego se especializó en Filología Catalana. Una vez más, Remei intentaba nombrar y darle voz a aquello que estaba silenciando: en los cuarenta años de dictadura militar (desde la Guerra Civil Española en 1935 hasta la muerte de Franco en 1975) el catalán no se enseñó en las escuelas, puesto que en 1939 se prohibió su uso público, para imponer el predominio del español, “el idioma del imperio”. Desde esos años de formación, mucho ha pasado: “Hace 25 años estoy en la Universidad, y veo que no es un ámbito para transmitir conocimientos asexuados, fragmentados, encapsulados, descontextualizados, sino que se trata de que puedas transmitirlos desde tu propia experiencia y  tu propio vivir, para repensar la vida que llevamos.. En la educación se pone mucho en juego de una misma.” Para Remei, el conocimiento descarnado y desvinculado de la vida forma parte del mundo patriarcal. Y cada vez, vamos encontrando más elementos que han entrado en crisis: las epistemologías dominantes, el sentido que orienta la educación y las relaciones en las instituciones escolares también se han agotado. “Hay mucho cansancio en la Universidad, por no sentir que lo que te explican te interpela como mujer. Si el conocimiento universitario no interpela la experiencia de vivir y no se abre a lo que las mujeres han aportado, este modelo se agota. Ya no tiene sentido una visión de la pedagogía y la didáctica tecnificada, homogeneizante e impersonal. El movimiento de la vida no va por ahí.” La universidad se ha replicado como otro epicentro de la crisis, y hoy da cuenta también de la disminución de la calidad de la formación, precarización laboral de docentes y recortes presupuestarios en todas las áreas. En esta zona de emergencia, algo empieza a germinar. En un artículo que Remei publicó en Duoda (“El sentido libre del ser universitarias en el presente”) en co-autoría con Ana M. Puissi, se expresa: “Veo a chicas y chicos, a universitarias y universitarios, tejiendo relaciones con el placer de la relación y autoorganizándose creativamente una y otra vez fuera de los dispositivos de la delegación y la representación, los veo deseosos de volverse irrepresentables e inalcanzables por ideologías viejas y nuevas (…); leo sus documentos de protesta y propuesta, aprecio su capacidad de análisis a partir de sí y en relación con otras y otros, lecturas y análisis más perspicaces y maduros, por ser más libres, que muchas publicaciones científicas y politológicas; no se me escapa su determinación de querer estar en primera persona y defender, además del suyo, el futuro de este extraño país nuestro y una civilización de relaciones donde la cultura y la formación sean bienes personales y colectivos irrenunciables. (…). «No pagaremos nosotros vuestra crisis», dicen. Con inteligencia política han escogido la palabra crisis para nombrar no sólo la catástrofe económica-financiera, sino aún más la caída de todo un modelo de sociedad y civilización, la caída que desde la política de la diferencia hemos llamado final del patriarcado.”

En sus clases, Remei aboga por un conocimiento encarnado, sexuado, que desmonte la fantasía de un conocimiento neutro y dé autoridad a la propia experiencia. Este cambio se vuelve tangible en un elemento clave del conocimiento científico: la escritura académica. “Según ese dispositivo, no estás ahí en lo que escribes. En mis asignaturas, hacemos trabajos en primera persona, para reelaborar los contenidos desde tu propia experiencia, desde una investigación más biográfico-narrativa. Cuesta mucho porque venimos de una tradición en la que el cuerpo es algo a controlar y a enmudecer.” Una de las investigaciones de Remei se centra en qué prácticas libres han aportado las mujeres al ámbito universitario. El problema se le planteó cuando se enfrentó con la realidad de que la presencia femenina en la universidad, como en otros ámbitos de la esfera pública, era ya un hecho; sin embargo, parecían no visibilizarse los efectos que esta presencia trajo consigo: “Las mujeres han aportado mucho a la investigación, en la visibilidad de la subjetividad, en desmarcar el conocimiento más abstracto para sexuarlo. ‘Partir de sí’ no es hablar de una, es partir de la propia experiencia para estar en el mundo, pero no es llenarlo de ti. Que tengas presente lo que te pasa en lo que dices. Que no sea una elucubración discursiva separada del cuerpo.”  La tarea de visibilizar lo que las mujeres vienen haciendo forma parte de lo que Remei llama una revolución simbólica, puesto que se van rompiendo los límites de la estructura de significados establecida. La consigna ya no es cambiar La Realidad, sino trasformar mi relación con la realidad; invoca a una práctica más relacional, más libre, más dinámica y que rescata el valor de la singularidad. Se trata también de elaborar un pensamiento con raíces en una subjetividad completa, que reconozca el lugar de los deseos y lo inconsciente, que valorice a la corporalidad y la sexualidad, que no desconfíe policialmente de lo emocional. Para Remei, es hora de dejar ciertas cosas atrás: “El patriarcado preserva relaciones estructurales de dominación y explotación que no tienen sentido ni hacia las criaturas, ni hacia la ecología del mundo, ni para las relaciones entre la gente. No tiene sentido crear conocimiento instrumental para dominar el mundo, tiene que cambiar también la forma de gobernar”.

En medio de tanto derrumbe, hay cosas que se empiezan a mover. Remei reconoce que es muy importante que algunos hombres también se estén repesando: “Hay hombres que también están abriendo un nuevo diálogo entre sí y con el mundo. Ahí también hay una fuerza. ‘No somos el centro del mundo, sabemos que tenemos interlocutoras, somos el otro de ellas, y ellas son nuestras otras’. Esto cambia el mundo. Porque son cuatro mil años de ponerse como sujeto en el centro de todo.” Entonces, se trata de que los varones reconozcan que su mirada no es neutra ni universal, y que se enfrenta a otras miradas. Sin embargo, ninguna revolución se hace de un día para el otro. “Se están recrudeciendo los mecanismos de control tecnológicos, administrativos, burocráticos, claro, el sistema sabe que se alimenta a costa de la creación libre. Pero para frenar ese avance sobre nuestra libertad, es indispensable tomar conciencia de la nueva relación entre mujeres y hombres. A pesar de la revolución del 68’, cuando nuestros compañeros estuvieron en los gobiernos hicieron cosas interesantes, pero no hubo una conciencia de relación entre sexos y de asumir y reconocer a las mujeres lo que estaban aportando al mundo.”

A través de las experiencias, trayectorias y pensamientos de Remei, desandamos y resignificamos un eje central en la realidad social del último cuarto del siglo pasado y el comienzo de éste. Se trata del movimiento de las mujeres, de mujeres en movimiento que crean contextos en donde los deseos femeninos, masculinos, o de cada singularidad, puedan aflorar libremente y entre los que se establezcan prácticas relacionales que generen nuevo marcos cognitivos, culturales, sociológicos y políticos.

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

Feminismo explícito: Universidad de la Concha

Desde la cooperativa LaVaca hace años que trabajan activamente sobre el feminismo, defendiendo los derechos de la mujer. Desde el  21 de julio comenzó un ciclo de encuentros que se dicta el último sábado de cada mes, dirigido “ni a hombres ni a mujeres, a todas las personas”. A través de un espacio reflexivo buscan romper con el estereotipo de la víctima, “porque ninguna mujer llorando y de rodillas puede cambiar su situación”.

Fotos: Veroka Velazquez

Claudia Acuña, una de las cabezas de este proyecto, nos explica claramente cuáles son esas herramientas que utilizan y generan para darle batalla al sistema patriarcal. Propone una mirada diferente sobre el problema del machismo: “el machismo es femenino, pero si sos el problema también sos la solución”.

¿Cómo surge la idea de llevar adelante una Universidad de la Concha?

-Hace mucho tiempo que desde LaVaca venimos trabajando y reflexionando sobre el tema del feminismo hoy. De cómo perdió potencia su discurso y, lo que es más grave, de cómo operan los controles sobre sus lenguajes, tanto a nivel de la palabra como de la imagen, para restarle poder de transformación social. El trayecto que hicimos en este sentido es muy largo, pero podríamos sintetizarlo en dos etapas: una de mayor intervención pública, cuya herramienta más visible es la muestra y el libro “Ninguna mujer nace para puta”. Y otra más silenciosa, que llamamos de “submarino” que nos permitió consolidar un grupo de trabajo heterogéneo en su formación de origen, pero muy sintonizado en cuanto al interés de plantearse qué significa la batalla feminista hoy. La Universidad de la Concha marca el inicio de otra etapa, en la que abrimos las puertas para compartir un espacio de reflexión para la acción. La idea surgió a partir de dos experiencias concretas que en la UCO se unen formalmente, por un lado, los talleres de crónica periodística, en los cuales trabajamos mucho y durante largo tiempo con un grupo de mujeres periodistas y con la psicóloga Susana García, el tema del lenguaje y la identidad, de cómo está colonizado tanto por el sistema patriarcal como por la sintaxis disciplinadora de las oenegés y, por otro lado, el Poeticazo, el espacio que llevaron adelante desde LaVaca la poeta Daniela Andújar y la artistas Veroka Velázquez. Estas dos experiencias fueron el  útero de esta nueva iniciativa. Allí, participaron músicas, poetas y artistas visuales durante tres años, entonces la UCO acumula estas experiencias y personas que se proponen el rol de anfitrionas. No damos cátedra, recibimos en un espacio, y para un tema concreto, a personas que saben tanto o más que nosotras. De hecho, están participando mujeres de varias provincias que tienen una larga trayectoria de trabajo en temas feministas y que tienen la misma necesidad que nosotras de compartir un espacio de reflexión sobre las propias prácticas.

-¿Cuál es el propósito de estas reuniones que llevan la frase “Ni hombres ni mujeres: encuentro para personas”?

-El propósito  es claro porque no queremos hacer perder el tiempo a nadie, ni perder el nuestro: hacer algo. Son cinco reuniones destinadas a replantearnos cosas, aprender otras, intercambiar saberes, debatir ideas y prácticas. Pero todo esto está destinado a hacer algo concreto. Cada participante lo hará en el espacio que crea mejor o necesite hacerlo. Nosotras, desde la UCO, queremos producir una acción callejera e invitamos a las participantes que quieran a que lo hagamos juntas, pero no es una obligación. Este año esa acción tiene como eje la imagen. Por eso cada encuentro está pensado en función de reflexionar sobre tres preguntas: “¿Cómo nos vemos?, ¿Cómo nos ven? y ¿Cómo queremos que nos vean?”. Buscamos romper con el estereotipo de la víctima, porque ninguna mujer llorando y de rodillas puede cambiar su situación. La UCO no es un espacio para pensar las imágenes y discursos que produce el sistema, sino para interpelar las que producimos nosotras mismas. Hay muchos y seguramente mejores espacios de reflexión sobre la guerra que este sistema libra sobre nuestros cuerpos y subjetividades. Proponemos la autocrítica como frente de batalla, a partir de un diagnóstico concreto. Algo falla en lo que hacemos si hay 52 mujeres quemadas por sus parejas, si hay la cantidad de mujeres explotadas sexualmente que existen hoy, en este país y en este momento, y sino podemos imponer que se despenalice el aborto, por poner solo tres ejemplos de actualidad. Algo estamos haciendo mal, diciendo mal y mostrando mal porque la violencia contra las mujeres, aquí y ahora, es brutal. La UCO se propone analizar nuestros errores, potenciar nuestras capacidades y lograr acciones más potentes, populares, de real intervención social. Por eso la convocatoria es abierta a las personas. No nos interesa la orientación sexual, como no debería interesarle al Estado la sexualidad de sus ciudadanos. Lo que queremos y por eso lo hicimos explícito es conversar, pensar y hacer cosas con personas que estén dispuestas a darle batalla al sistema patriarcal, con todo lo que eso implica.

-¿En qué autores y experiencias se basan para organizar los encuentros?

-Nuestra principal fuente teórica surge de nuestras propias prácticas, de analizarlas y sistematizarlas. Hay autoras que nos han servido más que otras y esto no construye una jerarquía, sino que se arma una utilidad o complicidad, para decirlo mejor, que ha surgido de los tramados que hemos hecho en estos años. Nuestras autoras por suerte son también nuestras amigas, han estado a nuestro lado pensando y haciendo juntas. Sin duda, María Galindo y “Mujeres Creando de Bolivia” o Silvia Federici, autora de “El Calibán yla Bruja” y María Lugones , quien escribió uno de los textos claves del pensamiento de la descolonialidad, desde Estados Unidos, forman parte de ese tejido, con distintas intensidades pero sumando colores a nuestras prácticas. En el primer encuentro tuvimos la colaboración de Andrea Andujar, una historiadora que ha investigado dos temas que nos interesan, como por ejemplo las mujeres guerrilleras de los 70 y las piqueteras de los 90. Pero su aporte fue más allá de lo teórico, porque Andrea es la hermana de la poeta Daniela Andújar y a la UCO no solo aportan y asisten las dos, sino también su mamá. Tener estas tres generaciones pensando juntas, compartiendo lo que aprendieron y analizando sus historias, y no “La Historia”, es algo que supera lo que cualquier texto te puede dar.

-Según Aristóteles, tratar como iguales a dos sujetos desiguales era una injusticia. Entonces, ¿la búsqueda de la igualdad entre el hombre y la mujer debe contemplar la diferencia de género o tales diferencias no son inherentes al ser humano, sino una construcción social?

-El feminismo ya le respondió a Aristóteles y a todo lo que él representa: el Estado patriarcal. Creó una herramienta muy eficaz, la discriminación positiva. La mano del Estado tiene que ser más larga para quien menos puede llegar hasta arriba. Es una herramienta que usaron los afroamericanos en su lucha contra el racismo y las mujeres en la política, cuando se impusieron las cuotas, por ejemplo.  Estados Unidos tiene un presidente negro, Argentina y varios países del mundo, jefas de gobierno mujer, en sí misma la herramienta es tremendamente eficaz, pero no garantiza que lo que produzca por sí sola sea un cambio social. La batalla está en las subjetividades que este sistema crea y eso atraviesa a todas las identidades sexuales, pero claramente a las mujeres. El problema del machismo es femenino, lo bueno de esto es que si sos el problema también sos la solución. En nosotras y por nosotras, entonces, pasa el cambio social. 

-Un sector del feminismo, ligado al socialismo, sostiene que la liberación de la mujer es imposible bajo este sistema, formado bajo la base patriarcal, siendo entonces posible bajo un nuevo orden social. ¿Cuál es su postura?

-Coincido con el discurso, pero no con la práctica de los partidos tradicionales de izquierda, infectados por el machismo que dicen criticar. El cambio, la revolución que proclaman,  debería empezar por ellos mismos, jubilando a los gerontes que hace años dominan las jerarquías de esos partidos y postulando a las mujeres que le aportan el dinamismo y el futuro, que necesitan en forma urgente. Creemos que no se puede separar discurso de práctica. En colectivos que se proponen la construcción de un cambio social deberían plantearse muy seriamente la posibilidad de que los hombres no dominen nunca la escena, por lo menos durante un tiempo, hasta ver qué pasa, hasta sacar una conclusión. Y más en aquellos que se dicen radicales, ¿por qué, qué temen perder? Se lo plantee en una reunión a uno de los referentes del Movimiento Sin Tierra de Brasil, a mi juicio una de las organizaciones sociales más poderosas de Latinoamérica, y se quedó mirándome, mudo. Recién cuando terminó el panel público y charlamos informalmente admitió que quizá tuviera razón: es hora de experimentar en nuestras propias construcciones las relaciones sociales que proclamamos para toda la sociedad. Bueno, esa es nuestra tarea. La UCO es la forma de hacernos cargo de la pequeñísima parte que nos toca de esa enorme responsabilidad.

La crónica de la calle

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-El Contrafestejo Cultural por el 12 de octubre: ¡Día de la raza las pelotas!- 14 de octubre del 2012

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– La expectativa y movilización en la Embajada de Venezuela en el marco de las elecciones- 7 de Octubre

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– Festival de arte abierto en la Plaza 25 de Agosto, Chacarita- 30 de septiembre del 2012
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– A 36 años de La Noche de los Lápices los estudiantes volvieron a salir a la calle: siguen escribiendo- 16 de Septiembre del 2012
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– Día de la Mujer Originaria en el Obelisco: festejos y alegría- 9 de septiembre del 2012
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-Emoción en Marcha, muestra fotográfica de danzas aforamericanas- 2 de septiembre del 2012
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– Acto de los 6 meses de la tragedia de Once: 51 + 1 muertos, 700 heridos, ningún procesado – 26 de agosto del 2012
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-Festival Mundial de Tango en el Parque Centenario – 19 de agosto del 2012.
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-El nieto 106, la restitución de la identidad de Pablo Javier Gaona Miranda – 12 de agosto del 2012
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-Festival del Frente Cultural de Artistas del Borda – 5 de Agosto del 2012
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– Exposición de Fotoperiodismo de ARGRA – 22 de Julio del 2012
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Juicio Cromagnon II – 15 de julio de 2012
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