“Si antes no me dejaban entrar al boliche, ¿por qué ahora sí?”

A los 20 años, Bruno Zuculini es el 5 de Racing. Para llegar a eso tuvo que perderse cumpleaños, minas, meriendas con amigos y unas cuantas cosas más. Después de esos sacrificios, elude la fama y disfruta de haber decido desde los 7 ser futbolista. “Cuantos más objetivos tenés y más cumplís, más cerca estás del éxito”, dice.

– ¿Alguna vez pensaste qué sería tu vida si no aparecieras en la televisión?

– ¿Si no apareciera en la televisión?  No, loco, la verdad es que nunca me lo puse a pensar. En realidad, creo que no sé qué hubiera pasado conmigo si no jugara al fútbol. Porque yo no es que soy burro, pero soy muy vago. Mi mamá trabajó dieciocho años de maestra y todavía ninguno de los dos hijos terminamos la escuela. Hubo un momento en que tuvimos que decidir si era el fútbol o el colegio y apostamos por la pelota y, gracias a Dios, nos salió bien. Pero me mataste con la pregunta, ni yo me había preguntado eso alguna vez.

Bruno Zuculini tiene las uñas a la miseria. Dice que es por manejar y dice, también, que es por la ansiedad. Tiene veinte años y una colonia de groupies que lo está esperando para sacarse una foto. Es jueves al mediodía y podría estar en el descanso de un trabajo de oficina o cambiando de aula para entrar a otra clase en la universidad. Pero está saliendo del trabajo. Esos ejemplos no son casuales: es un pibe con aspecto común que podría estar haciendo cualquiera de esas cosas, pero es, a la vez, una cabeza poco común que a los siete años decidió que prefería dedicar su infancia y su adolescencia al profesionalismo.

Iba al colegio a la mañana, salía, comía en cinco minutos y ya salía para Racing. El viaje era largo porque vivía -y vive- en Escobar, que no queda nada cerca de Avellaneda. Sus  amigos jugaban a las bolitas, mientras él estaba  en el colegio con la carpeta, con una medias y con un pantaloncito, como para estar siempre preparado para salir. No era nada extraño porque nada es extraño cuando alguien define sus sueños con tanta determinación: “Yo decidí que iba a ser jugador de fútbol y que me iba a bancar la que viniera”.

– ¿Nunca pensaste en qué hubiera pasado si esto no salía?

– En ningún momento de mi vida yo pensé en ser otra cosa que jugador de fútbol. De chiquitos, mi hermano y yo estábamos todo el tiempo en mi casa destruyendo todo con la pelota. Los cuadros, las ventanas. Teníamos un club en la esquina de casa y mi mamá, para que no le rompiéramos más las cosas, nos mandaba para ahí. El club era Independiente de Escobar -ojo, verde y negro son los colores-. Teníamos la escuela en una esquina, el club en la otra, así que nos movíamos así.

– ¿Arrancaban el día bien temprano?

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

– Y sí. Vivíamos a una cuadra de la escuela, pero yo me levantaba a las siete de la mañana, salía a las doce del colegio y a las dos de la tarde ya estaba en Racing. Pensá, entonces, la locura esta: mi hermano entrenaba a la mañana y yo a la tarde. Mi papá lo llevaba temprano a él, lo traía, le preparaba la comida, me la preparaba a mí y arrancábamos para el club. Pensá, en serio, era una locura. Franco tenía nada más que nueve años y yo siete. Fue así.

– A la distancia, ¿cómo ves todo ese desgaste?

– Es que en el momento no lo pensás porque si no, no lo hacés. Mis amiguitos se juntaban a tomar el té y yo estaba entrenando. Corriendo. Yo llegaba a las ocho de la noche y me acostaba a las once. Al otro día, lo mismo. Mis compañeros se juntaban a estudiar y yo no, yo pedía la tarea a la mañana siguiente. Pero desde chiquito estaba convencido de esto. Y mi hermano lo mismo. Lo que pasa es que tuvimos fortuna y llegamos los dos. Como nosotros, hay miles y miles.

– Ponele que Franco tuviera un hijo y te preguntara si te parece bien que tu sobrino tuviera que hacer todo esto, ¿cómo la verías? 

– No sabría qué decirte. Es otro momento. Yo le hinché mucho a mi papá. Mi hermano y yo. Porque él decía lo mismo que vos: que éramos chicos para hacer eso. Y yo le decía: “Llevame, llevame o llevame, porque acá te voy a romper todas las plantas y toda la casa”. Eso sí, él nos decía: “No te quejés después, tenés que hacer el colegio, tenés que hacer tarea”. Fue un trato que hicimos mi papá, mi mamá, mi hermano y yo.

– ¿El sistema del fútbol profesional requiere obligatoriamente de eso?

– La palabra lo dice: ser profesional. Dormirte a una hora, no comer cualquier cosa. Yo me he ido llorando de cumpleaños de amigos. Llorando, impotente, porque tenía que jugar al otro día. Fue un cumpleaños de un amigo, una fiesta tremenda, no me olvido más. Eran las doce de la noche y yo me fui. Recién estaban llegando las minas. Estaba en inferiores. Pero ya desde chiquito, tenés que entenderlo. A los siete años te perdés del té y cuando sos más grande te perdés de las minas.

– ¿Vos hablabas con alguien esta frustración de tener que irte de los cumpleaños?

– Con la almohada. Llegaba a casa, me dormía y sabía que al otro día me despertaba para hacer lo que a mí me gustaba. Esto es raro. Porque ahí está lo profesional. Quizás, a mis amigos les gustaba más que a mí jugar a la pelota, pero no le dedicaban ese tiempo.

– ¿Y tus amigos qué decían?

– En su momento no decían nada. Ahora me preguntan: “¿Cómo no hice lo mismo que vos?”. Claro, quizás, yo tengo ahora un buen auto y un buen salario. Y ellos trabajan ocho horas, van a la facultad. Se dio vuelta todo, pero cada uno elige su vida. Me parece bien que estudien. También que laburen porque todo el mundo labura.

– Antes la rutina era desgastante, ¿ahora cómo es? ¿qué hacés con tu tiempo libre?

– Ahora me levanto a las cinco y media de la mañana para llegar a las siete. Yo vengo por Panamericana y tengo que salir antes porque si salgo un rato después ya sé que no llego. No me puedo dar el lujo de llegar tarde. Quizás en inferiores podías llamar al profe y decirle que no llegabas. Acá no podés. Como sé que vivo lejos, me levanto media hora antes. Aparezco por Racing a las siete que ya hay gente. Llego a las dos de la tarde a mi casa. No es un horario para comer, pero llego a esa hora y, bueno, hago lo que puedo. Encima me pusieron el Metrobus en la 9 de Julio y se traba todo. Ahora voy por General Paz. Ya le saqué la ficha. Pero, bueno, cuando termino de almorzar, me tiro a dormir la siesta. Y me despierto a las cinco y, como decís vos, ya estoy libre. Igual, tranquilo, no es que me voy a un after. Yo no vivo más en el barrio, me mudé, vivo más lejos, pero siempre nos juntamos con mis amigos en un mismo paredón, así que me voy para allá. Hace un montón de años que nos juntamos ahí. Caía uno y empezaba a avisarle a los otros y ya después estábamos todos. Ya con veinte años seguimos juntos con amigos del club y con algunos del colegio, aunque con ellos la cosa es menos porque los de la escuela fueron tomando otros caminos.

-¿Y qué pasa ahora en el paredón? Porque antes eras simplemente un pibito y ahora sos Zuculini el cinco de Racing.

zucullini-Capaz me estoy tomando una gaseosa o un jugo, veo que alguien me ve, y me da vergüenza. Me hago el boludo y miro para el otro lado. Pero es porque me da pudor. Yo lo viví con Franco y lo volvía loco. Y lo jodía: “Eh, te están mirando”, y él me decía: “Está bien, pero no me lo digas”. Y quizás ahora estoy con mis amigos y uno me codea y me dice que me están mirando y es tremendo. Pero es una situación linda que te pidan una foto. ¿Vos sabés que yo nunca me animé a pedir un autógrafo? Una sola vez, iba caminando y lo vi a Fernando Redondo. Mí ídolo: crack, jugador del Real Madrid, un genio. Y no me animé. Y me arrepiento.

-¿Pero cómo pensás que la gente te ve a vos? Porque quizás pasa un nene caminando y te piensa como si fueras un héroe.

– No, héroe no, héroe es otra cosa. Héroe es otra gente. Yo tengo la suerte de hacer lo que me gusta. Hoy en Argentina el fútbol es muy grande, lo mueve todo y quizás el nene piensa que quiere ser como Zuculini, o bueno, como Zuculini no -le habla al grabador bien de cerca-, no sean como yo, como Zuculini no. Pero quieren ser como el futbolista, como el que ven en la tele y si te piden una foto y se las das, qué se yo, por ahí tienen un poco de esperanza. Hay un nene que es de Escobar y viene de allá para Racing, y tiene 12 o 13 años, y él vio que mi hermano y yo pudimos, entonces sigue. Y ser ejemplo me gusta. Yo voy a la pensión, voy al predio Tita Matiussi, hablo con los pibes de inferiores.

-¿La responsabilidad de un jugador de fútbol es solamente formar parte del equipo o dedicarle tiempo al club?

-Uno no es solamente un jugador. Yo pasa que estoy acá desde los siete años. Me conozco a toda la gente, a los hinchas, a los que manejan las cosas. Me entero de lo que pasa. Hace poco un chico de la pensión se lastimó. Le llevamos una remera, se recuperó y ahora anda haciendo goles. O cuando alguno tiene un problema de salud, nosotros tenemos que estar. Un pibe una vez pidió por Zuculini. Y yo pregunté: “¿Por cuál de los Zuculini? ¿Por mi papá? ¿Por Franco?” Y no, quería que fuera yo. Y no lo podía creer. Eso para mí es re loco mal. Porque nunca pensé que con esta cara podía hacer feliz a un nene.

-Tratemos de salir de vos que, evidentemente, tenías una familia que te acompañaba y un hermano que estaba en la misma. Pensá en los pibes que compartían con vos las inferiores. ¿Todos tienen la misma concepción del profesionalismo?

-No sé si todos pensamos lo mismo. Sí que todos tenemos el mismo sueño, pero somos distintos y necesitamos cosas distintas. Yo no tengo una habilidad tan grande como Vietto o como Centurión. Por eso tengo que prepararme para sacarle a lo mío lo mejor posible. Ellos tienen mucho talento. Si ellos se acuestan dos horas más tarde, quizás al otro día la rompen igual. Yo sé que no. Entonces, con las herramientas que yo tengo, tengo que exprimirlas al máximo: dormir bien, comer bien, no tomar, no fumar, ni hablar de consumir drogas.

-Pero vos lo tenés muy resuelto, ¿un pibe de quince años de la pensión lo tiene pensado así?

-Es todo muy familiar. Mis viejos para mí son Dios. Siempre me inculcaron mucho esto de que si querés hacer algo, no te tenés que desviar. Yo creo que a los quince años ya sabés qué querés hacer con tu vida. Yo sabía que si quería jugar al fútbol al otro día, no tenía que salir. Y lo sabía a los doce años. Tiene mucho que ver con vos.

-Recién hablabas de que vos tenés condiciones distintas a las de tus compañeros, ¿vos creés, a la vez, por tu personalidad, que se juega como se vive?

-Sí, ni hablar, y un coordinador de fútbol de acá me dice exactamente lo mismo. Mi hermano vivía a mil. Te decía una palabra, agarraba una cosa, iba y venía. Y en la cancha era igual. Yo cambié un montón. Él siempre jugó así. Pero yo cometí errores: a mí me dijeron, en Primera no vas a poder hacer lo de las inferiores. Pero sí, nosotros somos muy ansiosos.

-Claro, se te nota en las uñas. Las tenés todas comidas.

– ¿Y cómo querés que no me coma las uñas si soy hincha de Racing?

-Cuando eras pibe, ¿alguna vez te perdiste una mina por el fútbol?

-Y capaz que alguna vez, en alguna fiesta. Yo arreglaba para verme con una piba y ella llegaba un poco después de las doce y yo me tenía que ir. Y me decía quedate. Y yo que me tenía que ir. Y me iba re enojado, pero no me quedaba otra.

-Pero eso cambia, ¿no? ¿Cómo vivís eso de que ahora entrás a un boliche y te miran?

-Yo ahora entro a un boliche que quizás antes no entraba. Me hacen pasar gratis y me hacen lugarcito. Pero no me gusta eso. Yo sigo entrando por la misma puerta. ¿Si antes no me dejabas entrar al boliche, por qué ahora sí? Yo voy con mis amigos y soy un amigo más. Yo soy Bruno Zuculini de 9 a 13. Después, ya no.

-¿Y quién sos?

-Bruno Zuculini, el pibito de barrio.

-¿A tus amigos les gusta pasar al vip?

-Obvio. Ellos se confunden, pero es lógico. Me piden que me apure y les digo que esperen, que tranquilo, que si antes no hacíamos nada de eso. A mí no me gusta sacar provecho. Ahora puedo traer una mina más o un trago más. Y para ellos está bueno, pero para mí es lo mismo.

-¿Te parece injusto que un jugador tenga esos privilegios?

-A mí me da lo mismo tener o no tenerlo. No sé si puedo pensarlo como injusto o no. Puedo entrar por la puerta de atrás al vip o puedo entrar por la de adelante. Pero no me preocupa, porque ¿sabés qué? en definitiva, todos somos iguales. Entremos por donde entremos. Todos terminamos en el mismo lugar. Yo soy de las 9 a las 13 jugador de futbol, después no soy más.

-¿Antes no te daba bronca que unos entraran y otros no?

-No me molesta. Yo entiendo que al futbolista y al actor se los juzgue así. Quizás, a la modelo también. Por tener más teta o más culo, se la trata mejor que a una amiga mía. Que sé yo, es así. Es probable que esté mal.

-¿A quién escuchás para que te dé consejos de fútbol?

-No me gusta ver los partidos. Porque yo sé cuando me equivoqué y me da bronca volver a verlo. Pero tengo que hacerlo, aunque me cuesta un poco. Escucho a mis amigos, a mi hermano.

-¿Y en el club? ¿Hablás con Saja? ¿Con Ortíz?

-Ellos están en apoyo constante. Que tipos de tanta jerarquía, de tanta edad, estén detrás tuyo para ayudarte es algo bárbaro.

-Saja planteaba hace un tiempo que hoy a los pibes se les dé todos más rápido, ¿es así?

-Puede ser. A mí me gusta escuchar y siempre trato de sentarme a comer con los más grandes. Lo hice desde que tenía 17 años y ya estaba en Primera. Nunca hablaba por el cagazo que tenía. Y ahora también me gusta sentarme con el Chino, con Ortíz, con Cahais y con Pelletieri. Está bueno porque hablan de otras cosas. Capaz que en la mesa de los pibes está Fariña, Centurión y Vietto hablando boludeces y está bárbaro que hablen de boludeces. Pero a mí me gusta ir a escuchar a la otra. También boludean, pero hablan dos minutos en serio y está bárbaro.

-Con esto de que todo viene tan rápido, ¿cómo hacés para no confundirte?

-La familia y vos mismo son los que te mantienen. Y, claro, tener un grupo atrás. Nosotros con Centurión y con Vietto hemos hablado un montón. Ellos son mis amigos y charlamos mucho, pero por más que yo vaya y les diga que se lean este libro o este otro, el único que define las cosas sos vos mismo. Es tu cabeza. Tu responsabilidad. Queda mucho en vos. Y todos sabemos que somos simplemente jugadores de fútbol y no nos podemos confundir. Porque la cabeza te maneja todo: adentro de la cancha, por más que estés bárbaro físicamente, la cabeza maneja todo. Siempre.

-¿Cómo se maneja la cuestión de sentarte a comer con Camoranesi que es un campeón del mundo?

-Cumplió el sueño de todo el mundo.

– ¿Se lo preguntaste alguna vez?

– No, no me animo. Pero sí escuché que tiene la medalla colgada ahí en la casa. Yo la tendría todo el tiempo encima mío: ¿sabés cómo saldría a bailar con la medalla colgada? Pero pasa que Mauro es pura humildad. Viene y se pone a hablar una hora con nosotros y no se cree más que nadie.

-En una entrevista, una vez dijiste que era muy importante tener detrás a un cuerpo técnico o a un plantel que te ayudara a bajar a tierra, ¿alguna vez te tuvieron que meter un cachetazo para traerte de nuevo?

-No, pero porque mis papás me bajaban antes en mi casa. Aprendí muchas cosas con el Ratón Ayala. Yo cuando recién subí a Primera, pensaba en entrenar y en irme al toque. Terminaba y tiraba toda la ropa así nomás. Y vos viste lo que es Ayala. Jugador de Selección, capitán. Una vuelta me agarró y me dijo: “A ver, nene, vení: la ropa te la dan doblada, así que vos la devolvés doblada, ¿está bien?”. Es el día de hoy que entrego todo doblado. Eso me quedó porque tiene razón y vos no podés abusar del utilero. Son cosas mínimas que no tienen que ver con el fútbol, pero sí con lo humano.

-¿Saja es muy importante?

-El Chino es crack. Si había alguien que tenía que venir a Racing era él. Maneja el grupo como él quiere y lo maneja bien. Muy bien. Con su humildad, con su predisposición. Es el primero que se pone para hacer los ejercicios. Y si vos sos un pibe de 18 años y lo ves a Saja dejando todo en el gimnasio, no podés no estar ahí y con ganas. Yo lo admiro.

-Él dijo que con los más jóvenes había una pelea por la música en el vestuario. Que a él le gustaba más el rock, pero que con la cumbia era más difícil.

-Nosotros somos pibes y si salimos, obviamente, que escuchamos cumbia. Acá adentro la música la manejan los más pibes: Centu o Iván Pillud. A mí me gusta mucho el rock nacional. Contra Boca no sé qué pasó que se rompió lo que estábamos escuchando y le dije a Centu: “Mirá, voy a cambiar un poco, así no nos quedamos sin nada. Voy a poner rock”. Y él me dijo que le diera para adelante. Cuestión que ganamos. Entonces el partido siguiente, hicimos lo mismo, y volvimos a ganar. Así que ahora me parece que quedaremos escuchando rock.

-Hay otro tema que es muy importante en la vida de un futbolista que es la cuestión de la plata, ¿cómo aprendés vos a manejar tu economía?

-Mirá, yo el dinero que gano no lo toco. Es todo de mi papá y de mi mamá. Obviamente que si veo que ellos agarran y se compran un barco voy a ir y les voy a decir que no. Con ellos yo voy con los ojos cerrados. Pero no ando pensando en eso. Si tenemos plata, tenemos, y si no, no. Y no pasa nada.

-Pero vos venís de una familia que te ayuda mucho y siempre está con vos, ¿cómo lo ves en tus compañeros este tema?

-A mí no me gusta hablar de dinero. Yo no hablo. Ni con mis amigos, ni con mi hermano. Cero. No se toca ni se charla. Porque si yo digo, ponele, que no es así, que gano 180 mil pesos por mes, mis amigos del barrio me van a decir “ah, yo gano cuatro mil”. Es una cuestión de ética. A mí no me va la de sacar chapa hablando de guita. Yo hablo de fútbol nada más.

-¿Y con tus amigos sacás chapa hablando de fútbol?

-No, mirá si voy a hablar de fútbol, ellos me cagan más a pedos que Zubeldía.

-Vamos a plantear la situación imaginaria de que formaras parte de un cuerpo técnico y tenés un plantel que tiene muchos jóvenes, ¿te parece importante que haya un entrenador o un ayudante de campo que sea joven para llegarle mejor a los pibes?

-Yo tengo muy buena relación con Saja y con Pelletieri, que son el capitán y el subcapitán. Y ellos saben que yo me llevo muy bien con los pibes. Entonces a veces me hablan y me dan ciertos consejos para que yo se los transmita a todos. Porque entienden que en la boludeada, capaz, me van a escuchar más a mí que a ellos. No quiere decir que al Chino o a Pelle les de vergüenza, pero entienden cómo bajar línea desde el técnico hasta el fondo.

-¿Conscientemente agarraste ese rol?

-Conscientemente. Me encanta ese rol. Yo en inferiores fui capitán y me gustaría serlo, alguna vez, en Primera. No me gusta mandar, pero sí me gusta decir. Agarrar y hablar con Rodri de Paul, por ejemplo. Que después él haga lo que quiera. Yo trato de hacerlo por el bien de él.

-Hablamos de lo que cuesta llegar a Primera, de cómo llegar, de las cosas que cambian cuando llegás: ¿qué es, en definitiva, el éxito?

-Es cumplir el objetivo. Cuantos más objetivos tenés y más cumplís, más cerca estás del éxito. Cumpliendo objetivos, te acercás al sueño y si te acercás al sueño te acercás al éxito. Qué sé yo, es mi manera de pensar. Capaz es una pelotudez. Capaz dije un montón de pelotudeces en esta charla. Pero es lo que hay.

zucullini

“No me siento fracasado en ningún aspecto”

Roberto Ayala fue capitán de la Selección durante 14 años y eso le valió algunos elogios pero también unas cuantas críticas. Ahora, como manager de Racing, analiza qué es el éxito y el fracaso en la vida y en el fútbol: “Ser fracasado es no disfrutar de lo que uno hace, renunciar a mis valores. Yo sentía que cuando perdía, perdía la oportunidad de llegar a la gloria”. Y da algunos tips del puesto de central que tan bien conoce: “si no hablás, es muy difícil que te pueda ir bien. Hablar te potencia muchísimo, suple la técnica”.

Roberto Fabián Ayala es el central argentino por excelencia de los últimos 20 años. Ninguno se destacó de semejante manera a nivel mundial. Sin embargo, en un café del barrio de Devoto parece un vecino más. De chomba blanca, luminosa a los rayos del sol, de shortcito deportivo y zapatillas sport. Se acercan muchos pibes a sacarse fotos y él, con paciencia, espera que el flash salga de las cámaras que sostienen los ansiosos padres de las criaturas. Ídolo del Valencia, referente de la Selección argentina, se fue del país en 1995, cuando jugaba en el incipiente River de Ramón. Volvió al próximo milenio, en el 2010, a la Academia Racing Club, donde se retiró y culminó su inmensa carrera.

-¿Qué cambio en 15 años?
-La pasión sigue siendo la misma. Yo extrañaba lo que se vivía en un partido de acá. Allá es más frío, más distante. Van a la cancha como van al teatro. No hay esa pasión, ese fanatismo. El circo bueno que se da en el fútbol argentino es lindo. Después está el circo malo, lo que se da en los estadios, la violencia. Respecto el juego, ha cambiado. Cambiaron las generaciones, el jugador piensa distinto. No digo que sea para peor, pero la comunicación dentro del campo entre jugadores es distinta. Tienen otra actitud, han crecido con otras cosas. Son más metidos para dentro, difícilmente se pueda expresar.

-¿El fanatismo no se exacerbó?
-Hay menos paciencia. El hincha no la tiene. Es resultado inmediato y nada más. Y si bien el fútbol es eso, hoy es ganar, ganar y ganar como sea. No ver los caminos, ni la manera, ni el cómo vamos a ganar.

-¿Y quiénes establecen el cómo sea?
-La gente. A mí me tocó volver a Racing en un momento delicado, con el promedio apretado. Yo volvía como referente. La gente estaba esperando a ver qué iba a hacer, cómo iba a jugar. Lo mismo el periodismo y los compañeros. En esa evaluación, uno puede apostar por un jugador, pero eso puede fallar.

-¿Cuánto te fuiste era tan distinto?
-Las presiones existían. Pero si no ganabas no iba más allá la cosa. Hoy ves cosas tremendas. El caso de Independiente, por ejemplo. No sé qué efecto puede provocar en el futbolista ese tipo de expresiones del entorno.

-¿Y técnicamente que cambió?
-Antes los planteles tenían dos o tres referentes. Hoy cuesta encontrarlos. Se van muy temprano. Duran muy muy poco. Es complicado, los equipos solían guardar a los que eran del club para que ayuden a crecer a los más jóvenes. Hoy con Centurión ya se habla de una posible venta, de que se puede ir… Y yo lo que quiero es que crezca, que tenga sus 100 partidos en primera, que pueda rendir deportivamente en Racing y después sí, ser vendido. Lo económico también hay que mirarlo, hay que mantener un plantel, lógicamente.

-¿Vos no te fuiste muy joven a Italia?
-Me quedó el gusto amargo de irme de ese River, podría haberlo disfrutado un poco más. Era un placer jugar ahí. River era un club para disfrutar. Me fui porque me acercaron la oferta, querían negociar y aceptamos. En su momento me sentaron en la mesa, me comentaron la opción y uno decidió de manera consensuada.

-¿Qué significa ser número 2? ¿Es el que más queda pegado al error?
-Aprendí que un acierto o un error te deja para siempre en la historia de los mundiales. Te repiten en la previa de cada nueva edición. En tu país y en todos lados. Lo pasan y lo pasan. Son las reglas del juego. Y el central en esa lógica la tiene más difícil. Lo que se repiten son los goles, no los cruces. Entonces, siempre aparece el acierto del atacante y el defecto del defensor. Hoy la carencia de los chicos en ese puesto es que hablan muy poco. Me parece que si no hablás en ese puesto es muy difícil que te pueda ir bien. Hablar te potencia muchísimo, suple la técnica muchas veces. Podés rendir muy bien si sabés ordenar y hablar. Hoy eso cuesta más. Y eso nace de la personalidad de uno, ser referente, llevar adelante una idea.

-¿La técnica no es un valor primordial en el puesto?
-Si la tenés y bien usada, bienvenida. Pero si la tenés y la usas mal, no va. Hay que saber cuáles son los momentos para desarrollar la técnica en el puesto. Yo sabía que no podía entretenerme mucho con la pelota, a mí me gustaba arriesgar con los pases de salida. Poder romper líneas desde el fondo. Poder saltear alguna etapa y evitar la transición por atrás. No es fácil destacarse, no es fácil ser un ídolo jugando de central. La vista va al que termina la jugada, al habilidoso. Solo dos centrales ganaron un balón de oro en la historia del fútbol. Es difícil valorar el puesto. En el mejor momento de mi carrera, en el 2004, quedaba relegado de todas maneras. Aunque hayamos ganado muchas cosas.

-Hay muchos capitanes centrales, ¿por qué?
-Por esa voz de mando que hay que tener. Por eso los arqueros también la tienen, muchas veces. Pero el central está en el campo, ve todo desde el fondo. Son cosas que coinciden porque son funciones de liderazgo.

-¿Y qué tiene que hacer un capitán?
-Capitán sos en cada instante. Tenés que estar en las necesidades del grupo, adentro y afuera de la cancha. Tenés que tomar responsabilidades, hablar con el presidente, negociar con representantes. Ser mediador y al mismo tiempo justo y correcto. Estás bajo la lupa de manera constante.

-Es casi un sindicalista…
-Prácticamente, te convertís. Tenés que negociar y asumir funciones que no tienen nada que ver con jugar el fútbol. Pero te comprometés y ya lo tomás de manera personal, porque el grupo te toma confianza y ahí ya no podés fallar, no querés fallarles. La hacés una guerra tuya. Son particularidades de nuestro fútbol, en Europa se preestablecen los premios antes del campeonato y no se habla más del tema. No existe el reclamo.

-El capitán es el que levanta la copa y el capitán del fracaso…
-Sí, para lo bueno y lo malo. La satisfacción enorme de levantar el trofeo es inigualable. Y para lo otro también hay que estar, tenés que cargar con eso. Son las reglas. A mí nunca se me hizo pesado. Nunca me sentí más responsable de una derrota por ser capitán. La derrota es compartida. Aunque después me gustaba salir a hablar en las malas, pero sabía que no era el capitán de ningún fracaso.

-¿Qué es el fracaso en el fútbol?
-No ganar.

-¿Y para vos qué es el fracaso?
-(Hace un silencio enorme) Es una palabra que me resulta muy ajena. No me siento fracasado en ningún aspecto de mi vida. Ser fracasado es no disfrutar de lo que uno hace, es el día que no te vaya de frente, el día que renuncie a mis valores. Yo sentía que cuando perdía, perdía la oportunidad de llegar a la gloria. Nada más.

-¿Y qué es la gloria?
-Poder haber hecho una carrera de 20 años en un alto nivel. Poder haber sido 14 años el capitán de la selección. El reconocimiento de la gente, que no me identifica con clubes, me identifica con la selección. En el día a día del futbolista te encegueces por los objetivos, pero eso pasa. El ambiente del fútbol mide el éxito según las victorias, no según la trayectoria.

-¿Qué es un manager en el fútbol argentino?
-En mi caso es sólo una opinión futbolística más. Puedo llegar a tener una visión de las cosas que un dirigente que no sabe ni vivió el fútbol no tiene. Pero no significa que sea la verdad, es una opinión más entre tantas otras, pero especializada. Y sobre todo no hay que hacer ruido. Es un trabajo sin ruido. Sin meterse en lo económico ni mediático. Lo disfruto, me gusta y me entusiasma día a día. Veo fútbol, vivo fútbol. De otra manera, en otros ambientes.

El Ratón jugó en Ferro y en River, en Parma y en Milan, en el Zaragoza y en el Valencia. Grandes, chicos y medianos. Su carrera entiende de diferencias e historias disimiles.

-¿Cómo se da la desigualdad entre los clubes?
-A nivel infraestructura la desigualdad es abismal. En el Milán yo no me tenía que ocupar ni de los muebles de mi casa. Había que entrenar, descansar y rendir el domingo. Pero existen múltiples realidades de clubes a nivel mundial. Si existe desigualdad y diferencia es porque en algún momento alguien hizo mal las cosas en el club, alguien gestionó mal. Y eso no perjudica solo al futbolista, sino a todos los que trabajan ahí.

-¿Las grandes instituciones tienen que ser necesariamente de los grandes equipos ganadores?
-No es una cuestión de plata solamente, es de administración y maximización de los recursos disponibles. Se puede. Lo cierto es que hay que querer mejorar e invertir trabajo. A veces hay poco pero está muy bien usado.

“Las tablas de medallas son engañosas”

Claudio Morresi es el Secretario de Deportes de la Nación desde 2004. Pero desde mucho antes, desde su época de futbolista, es un militante que se detiene a pensar sobre cómo el deporte atraviesa todas las situaciones de una sociedad. A menos de tres meses de los JJOO, rodeado de cuadros de Perón y Evita, da su visión sobre la función social del deporte, las verdades relativas de las medallas olímpicas y le pega un palito a la AFA. “Nuestra concepción es que el deporte es una herramienta más para el desarrollo humano”, afirma.

Fotos: Nos Digital.
La tarde en el CENDARD está agitada. Los deportistas corren y corren, van y vienen. Fuera de la pista y de las canchas ahí unas oficinas, donde también se corre y corre, se va y viene. Se trata de la Secretaría de Deportes de la Nación, que depende del Ministerio de Desarrollo Social. Allí nos espera Claudio Morresi, Secretario de Deportes, ex futbolista de Huracán, River y Vélez Sarsfield. Antes de entrar en las función pública fue director técnico del Globo de Parque Patricios. Ahora ya no tiene camiseta ni botines puestos, no tiene la joginetta de DT ni el silbato; tiene un gran despacho donde cuelgan cuadros y retratos de Néstor y Cristina Kirchner, Eva Perón y las Madres de Plaza de Mayo. Desde ahí lleva adelante la función pública y estatal del deporte en la actualidad. “Ahora sólo pienso en esto”, resalta Morresi y empieza a detallar todas las funciones sociales del deporte, las obligaciones del Estado al respecto y los derechos populares de acceder a la actividad deportiva. También el papel de la Secretaría en los próximos Juegos Olímpicos de Londres, la ausencia del fútbol en esa cita, la responsabilidad de la AFA y el análisis de qué significa, verdaderamente, una medalla.
Deporte, ideología y función pública en un mano a mano exclusivo con Nos Digital.
Claudio Morresi, entonces, se sienta y responde.

-¿Cuál es la función social del deporte?

-Nuestra concepción, en la que creemos y en la que trabajamos, es que el deporte es una herramienta más para el desarrollo humano. El deporte no está alejado de la sociedad, al contrario, la atraviesa. Atraviesa todas las situaciones sociales que se presentan. De acuerdo a la concepción política e ideológica podés laburar al deporte para la inclusión, para trabajar valores, para llegar a ciertos sectores de nuestra sociedad que, si no está el Estado, no podrían tener un acompañamiento deportivo que les mejore su calidad de vida. El deporte puede ser algo sumamente mediático para esa elite deportiva donde hay una gran inferencia industrial a través de la producción del alto rendimiento y la alta competencia, o puede trabajar como una herramienta social. Puede ser muchas cosas. Nosotros entendemos que existe un derecho de poder relacionarse con una actividad deportiva y el Estado tiene la obligación de dar las herramientas para que lo hagan. Una vez que se relacionan con la actividad, los que tengan más condiciones, los más talentosos, pasarán al mundo federado y de ahí saldrán los seleccionados. También allí aparecerá el Estado para darle el apoyo que necesitan para ir a las grandes competencias internacionales y poder dejar a la Argentina en un sitial dentro de esas competencias.

-¿Se intenta vaciar de ideología al deporte desde ciertos espacios?

-En toda acción humana uno puede transmitir ciertas situaciones que se viven. Evidentemente, el fútbol tiene esa gran exposición mediática y hay vivencias que tienen que ver con lo que produce en nuestro pueblo, que podríamos decir que sectores del periodismo pueden enfocarse en esa dirección. Hay otros espacios también. Hubo un claro compromiso de muchos sectores del deporte y del fútbol de acompañar en la lucha a las Abuelas de Plaza de Mayo. Con banderas y adhesiones, incluso en el Mundial. Con la educación pública también hubo participación. Hay quienes sólo se quedaron con que el equipo A le ganó 2 a 0 al B y hay otros que pudieron transmitir otra cosa.

-¿Cuál es la situación social actual del deporte en Argentina y en las sociedades de Latinoamérica?

-A partir del 2003 en adelante empieza un cambio. Todo el actor de la política tiene un discurso sobre el deporte. Muchas veces muy repetido: que saca a los chicos de la calle, que te da buenos valores, que te mejora la salud. Hay cosas muy parecidas. La realidad es que cuando están en funciones no les dan las herramientas al deporte para llevar adelante lo que dicen. A partir del 2003 hubo una coherencia al respecto. Se pudo accionar. El presupuesto aumentó de 26 millones a 340 millones. Hubo institucionalidad política. Se crearon leyes, como los Juegos Evita, el ENARD. Esto hace que el Estado pueda llegar a más lugares que antes no podía y también a tener el financiamiento suficiente para sostener los programas y a los equipos nacionales que compiten en diferentes lugares del mundo.

-¿Es un objetivo de la Secretaría combatir la mercantilización absoluta y constante del deporte?

-Son situaciones en las que no podemos… – se frena y reformula- Nosotros podemos trabajar los valores que tienen que ver con el deporte. Cuando se hacen los Juegos Evita, por ejemplo, se implementan charlas de concientización de lo que tiene que ver con la posibilidad de hacer deporte y lo que eso significa. Ahora, con respecto a esto que existe en la sociedad y atraviesa todas las áreas, tal vez, no tengamos las armas para modificarlo.

-¿Cómo es el deporte que no vemos? ¿Qué es el deporte que no se transmite?

-El deporte es una acción lúdica que tiene el ser humano que cuando se organiza crea normas para poder llevar adelante ese juego y, si tiene la trascendencia mediática, empiezan a haber factores que hacen que tenga mayor apoyo de algunos sectores de la sociedad. Cuando no es así hay sectores de la sociedad, que al no ser mediático son sectores pequeños, que el Estado entiende que es sumamente importante que existan y por eso los sostiene.

-¿Cómo es la militancia a través del deporte? ¿Puede utilizarse para las cuestiones más nefastas como para las más justas?

-Es que el deporte es eso: una herramienta que el Estado puede utilizarla de diferentes maneras. Con Hitler en Alemania y el mundial del 78 en la dictadura última de nuestro país se vio una utilización, pero también el deporte es un factor de resistencia e involucración. No hay que olvidar que en el 78 cuando llegaron los periodistas de todo el mundo se encontraron con las Madres dando vueltas a una pirámide. Ahí hubo una versión de otra realidad que la del Gobierno de facto. Es una herramienta, un gran abanico donde tenés a Videla por un lado y lo tenés a Menem utilizando el deporte para su campaña personal y a Macri haciendo partiditos y utilizando a Boca en su postulación. Del otro lado, vas a tener a Evita con los Juegos Evita y, a mi entender, a Néstor Kirchner y a Cristina Fernández de Kirchner creando programas para que el deporte se masifique y llegue a sectores de nuestro país que no podrían relacionarse con el deporte sin esos programas.

-¿El título del 78 es legítimo?

-Sí, sí. Hay que separar la utilización de la dictadura con el logro deportivo. Los deportistas hicieron todo lo que querían y podían, jugaron y se enfrentaron, para darle la alegría al pueblo argentino que estuvo muy alegre por haber conquistado ese mundial. La dictadura fue otra cosa.

-Vos sabías lo que pasaba. ¿Cómo fueron esos años?

-Fue una situación contradictoria pero que uno la supo diferenciar muy bien: una cosa era la dictadura y otra cosa fueron las expresiones populares de nuestra gente por el deporte. Familiares nuestros no sabían lo que pasaba. Fue una situación muy terrible desde todo lugar, pero es injusto quitarle el valor deportivo a esos logros.

-Clubes como Comunicaciones y Deportivo Español sufren por su supervivencia. ¿Qué opinión te merece?

-Hay que tratar de que los clubes sigan con su valores fundantes dentro de la sociedad deportiva. Nosotros bajamos apoyo económico a muchos clubes de la Capital Federal, estamos presentes junto a ellos. De la Ciudad de Buenos Aires no me extraña nada. Que haya un abandono muy fuerte dentro de este tipo de políticas públicas no me asombra. Eso está enmarcado dentro de una ideología. Nosotros intentaremos seguir sosteniendo a estos clubes para que puedan seguir existiendo y desarrollándose.

-El deporte se ha tornado una vía para llegar al primer plano de la política. Casos como el de Scioli o Macri lo demuestran. ¿Por qué se da este fenómeno?

-Porque el deporte es una caja de resonancia importante y, aparte, no tiene cierta negatividad que pueden tener algunas otras sectores de la sociedad que ha hecho que esto suceda y hoy tengamos esta situación.

-¿Cuáles son las expectativas para los JJOO de Londres?

-Con respecto a los objetivos de la Secretaría de Deportes de la Nación, que es la herramienta del pueblo argentino para poder acompañar el desarrollo del deporte argentino, y en este caso a los atletas que van a competir, la función ha sido muy buena porque los deportistas van a llegar a los Juegos con sus necesidades satisfechas, con sus becas pagas, con sus etapas de preparación realizadas, con diferentes competencias en los lugares del mundo. Ahora, en la tabla de medallas no sabemos qué va a suceder. Si se fijan la historia de medallas de Argentina en los Juegos estuvimos más de 60 años sin ganar medallas de oro. Y se ganaban pocas medallas. En los dos últimos ganamos 12: dos de oro y cuatro de bronce en cada JJOO. Ahora la realidad, según las áreas técnicas, es que Argentina y Sudamérica se va a enfrentar a EEUU y China que van a seguir arrasando con las medallas en juego. A Europa también ya que se hace allí y muchas variables le son favorables a los deportistas de la región. Ventaja mínima, pero ventaja existente. Van a hacer unos juegos complicados. En toda nuestra región, salvo Brasil, que tiene otro tipo de poderío deportivo en algunas disciplinas, va a estar difícil. Ahora, Argentina va como hace muchísimo tiempo no va a un juego olímpico, con respecto a la preparación que tenemos. Si eso implica que vamos a sacar medallas, no lo sabemos. También decimos que las tablas de medallas son, muchas veces, engañosas.

-Pareciera que si no hay medallas no existió un proyecto. ¿Sentís presión por demostrar a través de las medallas el trabajo que hay detrás?

-Sin dudas, por lo que se produce en nuestra sociedad, por la exposición mediática que esto tiene, si se gana una medalla implica muchísimas situaciones a favor. Ejemplo simple y fácil: las Leonas cuando lograron las medallas produjeron en nuestra sociedad que miles de niñas se acercaran al deporte. Para nosotros esos son momentos importantes. Estamos satisfechos: hemos hecho lo que teníamos que hacer. Si no ganamos medallas será, sinceramente, una situación de tristeza y desilusión, pero no va a invalidar todo lo anterior. Se hablará con las federaciones donde estuvieron los errores, por supuesto. Pero, para ser claros: yo no le digo a Sabella si tiene que jugar Messi o Verón. Similar situación se da con las demás disciplinas y sus federaciones. Les podemos preguntar sobre sus planes y como se puede modificar una situación y cómo el Estado puede acompañar.

-¿Por qué dependemos tanto de los resultados en el deporte?

-Las tablas de medallas son verdades relativas. Noruega y Dinamarca tienen un estándar de vida y sacan una cantidad baja de medallas. Y después tenés países de África con otro estándar de vida pero tiene más medallas ¿Eso quiere decir que por tener más medallas se vive mejor? No, claro que no. La sociedad dentro del capitalismo, también en los países socialistas, manifiesta al logro como una cuestión de autoestima que hace que tenga esa repercusión.

-¿Qué pasó con el Fútbol en los JJOO?

-Me produce una gran decepción y bronca. Ya hemos hablado con la AFA varias veces de que intente volver a la forma de trabajo que se vio con Pekerman y Tocalli, que tuvo que ver con el gran crecimiento de las juveniles argentinas. Hablamos especialmente para que modifiquen sus torneos infantiles, que no haya semejante grado de competitividad, que tenga que ver con actividades de crecimiento de la técnica deportiva y que no sean esos torneos en canchas grandes y con pelotas enormes para chicos de 9 y 10 años. Eso atenta contra la técnica del jugador argentino. No hay duda de que eso está pasando.

-¿Cuál fue la respuesta de AFA?

-Como que esta en análisis, pero a veces le cuestan modificar ciertas cosas. Desgraciadamente son organismos no gubernamentales y tienen todo el derecho de aceptar la sugerencia que uno les hace como de no aceptarla. Seguiremos insistiendo.