Si he de morir cruzando, que no sea en vano

Por Los de Arriba las manos.

La agenda marca los temas, ¿pero quién marca la agenda? Tendemos a medir todo. Ponerle un número basta para pensar que eso nos permite dimensionar algo hasta agotarlo. Lo que sea que nos permita pensar que comprendemos algo sobre algo, sentirnos tocados por ello, nos desafía cada día desde que en alguna parte del mundo pasa algo. Y necesariamente dar cuenta de la noticia, de lo que nos llegó por intermediarios, de que sabemos, de que oímos, de que opinamos, de que somos, a veces nos pone a destajo.

La deuda externa, las reservas de un Central, la transgénesis, los commodities, las pateras, bolsas de valores y los climas: todo va de la mano. Si como dicen somos piezas mecánicas de un engranaje cuyo resorte en general ignoramos, todas las semanas eso se engrana en el Mediterráneo. El numero de la que pasó fue 900, el número oficial. Vaya a saberse cual fue el real, cuál fue el de la anterior o el de la que está por llegar. Cada tanto, esta noticia reaparece, cobra tapa y contratapa, cita voces de expertos en toda trama, y vaya catarsis social -aunque la repitencia sea indicador de que nada cambió y difícilmente vaya a cambiar.

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Listados innumerables de responsables y cómplices quedan a la vista, pero pocas veces se profundiza sobre los verdaderos causantes. ¿Cómo pensar qué es lo que motiva y maltrata procesos migratorios que terminan tan mal? Difícil intentar reunir aquí los infinitos procesos sociales, políticos, humanos, que terminan impactando sobre la decisión personal de migrar bajo estas condiciones, poniendo en juego la vida y todos los elementos que lo impulsan. Escribir sabiendo como terminó esta historia ya nos hace responsables, al menos, de pensarlo.

Una cosa va atada a la otra y hay dinámicas que los que mencionan al sistema financiero, a la falta de regulaciones, a las fronteras selectivas, a los demonios de esta era –los internos, a los de la propia felicidad surgida del poder de compra frente a la desinversión en educación y salud en general y mucho de lo que hace a la falta de oportunidad, hace tiempo ya empezaron a cuestionar. Fueron ellos quienes nos pasaron el siguiente consejo: que no volvamos a leer sobre las desgracias ajenas sin derecho a exigir algo.

Exigir información con algún trasfondo para no convencernos que con un aumento de presupuesto en los organismos que ya provocan todo va a haber genoma de cambio. Porque si se habla de migrantes africanos y de costas europeas, casi seguro conversamos de naufragios. Ya que cuando encima llegan enteros, a unos los contratan rápido para el trabajo sucio, y a los que sobran, a los chanchos.

Porque son dinámicas de migración fomentadas por países envejecidos que ya ni procrean y por tanto claman infancia ajena, que combinadas con realidades expulsantes sólo se explican si le prestamos atención a determinantes que alarman. Uno de ellos es el control de los recursos naturales, no tanto por parte de los Estados extranjeros sino por empresas multinacionales que con base en aquellos no dejan ni una miga en los países expoliados. Entonces no hablemos de tragedia sin nombrar la letra chica del rol de la Organización Mundial de Comercio, de las lógicas de patentamiento y de los tribunales internacionales donde luego se juzgan los reclamos. Es allí donde aprieta el nudo para entender estas lógicas causales.

Expectativas de futuro también falsas se postulan desde medios que omnipresentes, nos vienen colonizando con valores extranjerizantes. Cable a tierra/tierra a tele y publicidades hasta en el plato, instalan modelos y seducen permanentemente a cruzar el Mediterráneo. Eso porque no están reguladas, ni los medios ni las proclamas, que apelando a una falsa libertad de expresión y de mercado, cuando se intenta equilibrar la balanza, como se dice, golpe blando.

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Y la falta de trabajo, las guerras tan mentadas, los conflictos civiles que desde lejos dos o tres fotos ya consagran, en realidad, excepto la primera, suelen ser exageradas. Que existen, existen, pero no para agasajarlas tanto. Es que si a un medio continente se le define la política económica desde un banco central en je sui Francia, y se le devalúa la moneda cada vez que algún despierto por la deuda externa reclama, si se la ata a un tipo de cambio redituable solo para los acreedores de la banca y no prestamos atención a los índices de los países atados al franco CFA y su eterna colocación entre los Países que Menos Avanzan (ONU) en realidad… ¿qué esperábamos que pasara?

Que si de los acuerdos y las bases militares, del posicionamiento estratégico armado norteamericano, de los 12 millones anuales para el ACRI, el AACOT y otras transas nunca escuchamos nada; de que financiados bajo el lema del terrorismo y la trata, metales, óleos y agua se negociaron, no es que justo se olvidaron de contarlo, es que son intereses locales y extranjeros los que se la están jugando. Y no es caerle sólo a la prensa, es que se arrogan el sentido de informarnos, cuando si analizamos sus componentes accionarios vemos que son los mensajeros de todo ese conglomerado.

La prensa hegemónica matiza y las instituciones fronterizas ejecutan lo que otros cargan en contenedores. Es que, si como dicen, hay que poner un límite, que eso quede lejos de todo lo que genere conciencia de masas. Pero como el mar no calla ni traga, si los que televisaron a los muertos nada de esto nos mencionaron, entonces será tarea nuestra ver qué verdaderamente pasa y por qué de las orillas no pasaron. Porque si tras esas 900 no se habla de los Acuerdos de Tampere, de la Cumbre de Sevilla, del espacio Schengen, de FRONTEX y de sus trampas, entonces nos perdimos entender cuál es la verdadera trama.

Pretendíamos saber de todo, y eso nos llevo a saber de nada. Pero quedó algo que aún recordamos, y vaya carga. Que si los cuerpos sobre el agua normalmente flotan, que 900 se hundan es que de algo van cargadas. Que si los muertos traficaban, simplemente era sus almas. Almas que se hundieron por el peso del antinomio, del flúor y el germanio que cargaban, por el uranio francés que hay en Níger, por el manganeso, el oro y el cobalto del Sahara.

Que si el fósforo del Occidente tras el muro o el vanadio alemán de Burkina Faso hablaran, lo mismo el gas hoy de Bolivia o el petróleo yankee de la Guayra, nos contarían que a las aleaciones industriales y a la aeronáutica le viene faltando lo que los gringos tanto arañan. Y que si se les caen los negociados, se les viene abajo la industria pesada. Porque se les acaban los recursos sobre los que consolidaron una industria sumamente calva, y que para esto se armaron durante tantos años: para cuando les escaseara.

No queda otra que sacudir el polvo de las tapas para buscar quiénes son los dueños de las minas de donde todo aquello se extrae; no es más que indagar cómo consiguieron esos papeles o cómo se negociaron leyes hasta parirlas constitucionales, para entender que a los trabajadores no los amparen derechos o que desde lo impositivo no se recupere nada de lo que sale.

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¿Qué vamos a decir que usted no sepa, excepto un dato ineludible? Sobre cómo se vulnera el derecho al refugio, sobre como se deslocalizan los controles, de eso mucho no se esgrime. De cómo en medio del desierto pagás o no sos nada. De cómo en algunos países, hasta intentar emigrar es considerado falta. Y no olvidemos que en Ezeiza, sin sellito o pasaje de vuelta no subís ni aunque lo valgas.

¿Y el artículo 13 de la declaración universal? ¿Y el derecho a salir de cualquier país, incluso del propio?

“Yo solo cumplo mi trabajo” – dijeron los de la seguridad privada.

Y todo para decir nomás que si nos la vuelven a contar sin citar los PEAS de ajuste estructural o que al 73% de las fronteras las dibujaron los mismos europeos repartiéndose la riqueza por la que ahora no los dejan entrar, lo que están buscando, en el perpetuo ninguneo de los propios protagonistas -a los que no se los escucha, sino que se los indaga-, quizás sea distraernos de lo que pasa en realidad.

Es que si esperamos que nos la cuenten sin matices, es el autoengaño el que nos habla. Y si solo culpamos al otro por no enterarnos de nada, a los medios o a los canales de la pavada, también somos funcionales a todo lo que nos empaña. Por eso no vamos a decir que todo esto en realidad no sirve de nada, porque lo que está pasando lejos, nos deja ver qué tal por casa. Porque acá también flotaron cuerpos, y de acuerdo a algunos, no pasaba nada.

Cerramos con lo que nos dijo un amigo no hace tanto, antes de emprender su viaje por el Sahara. Que si nunca mas de él se supiera, que no sea en vano, que se hablara. Por suerte en el sur del sur del mundo todos nos pusimos de acuerdo en algo, y es en lo que la Ley de Migraciones dice: que migrar, como debe ser, es derecho humano. Y que si al dar vuelta la página, las injusticias no se arreglaron, que del otro lado no se silencie lo que le pasó en el taller clandestino de Flores a los hermanitos bolivianos.

House of Cards va por Venezuela

El Premio Nobel de la Paz, Barack Obama, volvió a considerar que Estados Unidos tiene superpoderes sobre el mundo, argumentó que su país tenía razones para considerarse en peligro y definió una agresión militar contra Venezuela. Días antes, la policía de su país mató a un joven negro. Días después, 70 mil personas marcharon recordando a Luther King. ¿Quién es la guerra?

Pasa siempre que, cuando el maquillaje se va, queda la piel reseca mostrando quién o quiénes se esconden detrás del polvito mágico. No importa si el polvito es negro, es indio o es obrero. Da igual. El polvito es el polvito y sirve solamente para disimular sensaciones y palabras. Para nada más. En algún momento, cuando las contradicciones presionan fuerte, el huracán hace mover al viento y la pintura se corre de la cara, el peinado se desacomoda y el saco se arruga. Entonces, ahí, en ese instante cruel, se advierte que ningún carnaval carioca es eterno y que la verdad es siempre la verdad. Ni apuestas por una salud menos exclusiva ni amagues de normalización de las relaciones. El Bloqueo sigue en el lugar en el que se encuentra desde hace décadas y el Imperio no se corre ni un pelito de su línea. Y no es que no quiera. En tal caso, no importa si quiere o no porque lo que importa es que no puede hacerlo. Si no, no sería el Imperio.

El último 7 de marzo se cumplieron 50 años del Domingo Sangriento, como se conoció a la masacre ocurrida en 1965 en Alabama en el marco de la pelea contra la discriminación racial en Estados Unidos. Según las fuentes periodísticas, cerca de 70 mil personas marcharon para no olvidar y para denunciar que el sueño de Martin Luther King sigue sin cumplirse. Está claro: el reciente asesinato del joven negro Anthony  Robinson a manos de la policía de Madison, Wisconsin, demuestra que en el territorio del Imperio la Justicia y los Derechos Humanos no funcionan por fuera de la pertenencia de clase y del color de piel. Mientras tanto, Barack Obama enjuagó la hipocresía oficial visitando la ciudad de Selma, en el centro del estado de Alabama. El maquillaje le resolvió esa puesta en escena, pero lo abandonó en la siguiente presentación: una salvaje declaración contra la soberanía de Venezuela –y de toda América Latina- que incluyó la sanción por parte de Washington de siete funcionarios del gobierno bolivariano por presuntos abusos contra manifestantes.

Por la osadía de no obedecer y por el petróleo, por las transformaciones geopolíticas y por las ideologías que no desaparecen, Estados Unidos tiene en la mira a Venezuela como tiene en la mira cualquier manifestación de autonomía que cuestione el orden imperial. Eso está en juego: la autonomía, la potestad de elegir sin rendirle cuentas a nadie, la autodeterminación de los pueblos. La muerte de Hugo Chávez -líder político y simbólico- y los legítimos vaivenes de una economía en desarrollo reimpulsaron la avanzada criminal desde hace ya algún tiempo. Como los intentos por tumbar un proyecto político con fuerte apoyo popular a través de la vía electoral fracasaron desde 1998 -Chávez ganó 14 elecciones en 15 años; y Nicolás Maduro se impuso una vez más, en 2013, con el 79,69 por ciento de la población votando-, las operaciones por fuera de la ley aumentaron en cantidad y en calidad hasta alcanzar un nivel que, al menos públicamente, permanecía oculto detrás del polvito mágico: la agresión militar. La indefendible y no argumentada justificación, difundida por la oficina de prensa de la Casa Blanca, afirmó que Venezuela “constituye una infrecuente y extraordinaria amenaza a la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”.

Cuba es Cuba por múltiples razones pero, en especial, por su batalla frente al atropello que el Imperio ejecuta a diario contra los pueblos de los cinco continentes. Es una voz mucho más grande que el tamaño de la isla. “Nadie tiene derecho a intervenir en los asuntos internos de un Estado soberano ni a declararlo, sin fundamento alguno, como amenaza a su seguridad nacional”, expresó el gobierno de Raúl Castro en un comunicado. “Te felicito por tu brillante y valiente discurso frente a los brutales planes del Gobierno de Estados Unidos”, escribió, sin retraso alguno, Fidel Castro. Nicolás Maduro hizo lo suyo y le dijo a Obama, entre otras cosas evidentes, una verdad evidente: “Usted ha decidido el camino de hundirse en el foso de la historia”.

Después de que el carnaval carioca terminó, después de que los invitados se fueron, después de que el último flash se apagó, la novia advierte que se le vino encima la hora de toparse con la cruda realidad: desayunar con su novio sin el acompañamiento de los tantos cosméticos que se usan en las citas de gala. Algo así sucedió –una vez más- con el Imperio: el maquillaje que se había puesto en Selma se le fue a la mierda y el rostro cretino volvió a aparecer en la primera plana de los diarios. 

Con maquillaje, es Barack Obama, premio Nobel de la Paz. 

Sin maquillaje, es el responsable político de más de 500.000 asesinatos, responsable político-militar de 40000 niños mutilados y gerente de una política con 9000 presos políticos.

Yoani, vos también sos nuestra guía

Ey, Yoani, hacé la de Camilo en el viejo Campamento Columbia y tiranos alguna señal para que sepamos cómo carajo están las cosas. Ey, Yoani, ponete el sombrero que usó Cienfuegos el 8 de enero de 1959 para guiar a Fidel y escribite algo como para que interpretemos qué pasó con esta nueva medida que la humanidad asume como histórica. Nosotros esperamos por tu prosa que, aunque financiada por los cuatro costados, no es tan boluda como para no advertir quién sacó tajada con esto. Tratá de comprender que sos una referente de descollante categoría intelectual que se ganó por eso la chapa mediática de la que goza. ¿Si no, cómo se explica que tus columnas deambulen en todos los medios de los grandes monopolios comunicacionales? Entendé que, si hablamos nosotros, dicen que miramos la realidad a través de los ojos de aquel viejo barbudo del Siglo XIX. En cambio, si la que muestra bronca sos vos, nos abrís toda una gama de argumentos como para convencer a cualquiera de que ciertas figuritas autoadhesivas del imperio no están del todo conformes con lo que está ocurriendo. Por eso es que queremos leerte. Dale, no seas mala, Yoani, tirate algún textito iluminador que para eso te mantienen.

No festejen. Eso dijo Yoani. “Mientras no se den pasos de esa envergadura, muchos seguiremos pensando que la fecha esperada no está cerca. Así que a guardar las banderitas, no se pueden descorchar las botellas todavía y lo mejor es seguir presionando para que finalmente llegue el día D”, anunció la amiga bloguera el 17 de diciembre. ¿Presiones? ¿Más presiones todavía? Barack Obama, protagonista junto a Raúl Castro del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, no está tan de acuerdo con Yoani: ya van 53 años ininterrumpidos de presiones explícitas e implícitas y el dispositivo no funcionó para tumbar a una Revolución que, con sus problemas a cuestas, todavía goza de buena salud. De fracaso catalogó Obama la política imperial hacia la isla que inauguró Dwight Eisenhower en 1961. Yoani no me atendió el teléfono pero la conozco e intuyo que no le gustaron nada estas definiciones. Es lógico: debe ser duro admitir que, aunque más no sea muy cada tanto, la dignidad puede ganarle a la sociedad de consumo alguna peleíta.

El ánimo de Yoani se derrumbó con la noticia y eso dejó al borde del ridículo a los que intentaron vender que este nuevo capítulo de la historia era un paso más de Cuba hacia el capitalismo. No hay novedad en esto del relato de la transición: lo mismo hicieron cuando cayó el Muro de Berlín, lo mismo hicieron con el Período Especial, lo mismo hicieron ante cada inconveniente de salud de Fidel, lo mismo hicieron cuando asumió Raúl. El tema es que, al menos hasta ahora, no hubo Papá Noel capaz de cumplirles el deseo. Parece que la Navidad de 2014 tampoco les regalará el milagro. “El anuncio por parte de los gobiernos de Cuba y Estados Unidos de un restablecimiento de las relaciones diplomáticas nos sorprende en medio de señales que apuntaban hacia la dirección contraria y también de un desgaste de las esperanzas”, escribió Yoani en el segundo párrafo del texto que puede leerse en el blog mejor pago del planeta. Su pesar simboliza de manera elocuente la decepción del sector más reaccionario de la mafia que duerme en Miami –con la que no está de acuerdo la mayoría de la sociedad estadounidense-. También muestra con tremenda contundencia que la batalla de las ideas está lejos de pasar de moda.

Hay más gente enojada con Obama. Todos colaboran para que el camino quede claro. Por ejemplo, Ernesto Hernández Busto, un –supuesto- ensayista que –supuestamente- analiza con objetividad científica la realidad cubana, utilizó el lugar que le dio el diario español El País en la página 8 de la edición del 18 de diciembre para sostener que “Obama deja la causa de la oposición cubana en una especie de limbo”. Ernesto, que no es El Che, de pobre no tiene nada. “Pero los votantes de la Florida no olvidarán la afrenta (…)”, amenazó al mandatario de Estados Unidos cerca del cierre del artículo. Los sucesores ideológicos de Luis Posadas Carriles no están ni groguis ni muertos pero sí molestos. Muy molestos. Tan molestos que no encuentran el mecanismo para justificar públicamente que el restablecimiento de las relaciones diplomáticas es una derrota de la Revolución. Ah, un detalle que es algo más que un detalle: un par de hojas después del brillante texto de Hernández Busto, hay una nota titulada “Los niños invisibles” en la que se explica cómo opera la trata de personas sobre las madres y los hijos de esas madres que emigran a España desde el norte de África en busca de alguna oportunidad de no morir de hambre. Una barbaridad que en la Cuba socialista no ocurre.

Gracias, Yoani, gracias. Gracias por escribir lo que escribiste. Gracias por ayudarnos a que descubramos en qué anda la mierda. Extendeles el saludo también a tus amigos. No siempre es fácil encontrar faros en este mundo en el que las versiones cruzadas contribuyen muchas veces con la confusión. Le diremos a Fidel que, a partir de ahora, empiece a tomarte en cuenta: no nos parece que tu nombre rime como Camilo pero seguramente le será útil preguntarte “¿Voy bien, Yoani?”.

Santos latinos del norte

La Santa Cecilia es una banda de hijos de inmigrantes latinos de Los Ángeles. Con un Grammy bajo el brazo, salieron de gira a cantar su realidad: “Este es nuestro mensaje para los que no piensan que somos humanos, que nada más somos trabajadores”.

“Somos una banda bicultural de Los Ángeles que estamos expresando lo que pasa con los jóvenes latinos allá”.

Allá: Los Ángeles, California, Estados Unidos. La Santa Cecilia, banda de hijos de inmigrantes latinos, cantando esa realidad. Su disco “Treinta días”, gana el Grammy mejor álbum de música latina. Salen de viaje.

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La Santa Cecilia – 30 de agosto

Pintando zapatos last minute pa’ que llevar un par nuevecito a Argentina!!#DIY #marisoles #puffypaints #uffqueemocion]

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

 

Acá: Samsung Studio, Buenos Aires, Argentina. Miércoles por la noche. Show de prensa. La Marisoul –así le dicen– está parada junto al micrófono. Las luces se encienden. Suenan los aplausos. “Nunca volamos tan lejos en nuestras vidas”.

Allá: “Es nuestra experiencia viviendo como latinos en Estados Unidos. Es la historia de millones de personas. Ahorita hay más de once millones de indocumentados en el país, yo creo que era necesario contar esa historia desde nuestro punto de vista , no desde los medios que somos cifras”.

Acá: “En la adolescencia nos sentíamos partidos en dos”. El blues y el rock los encontraba en la escuela. En sus casas el folclore tradicional los hacía sentirse identificados. Esas realidades paralelas los nutrieron musical y discursivamente. Estamos bailando. Suena: Ice, el hielo.

“Eva pasando el trapo sobre la mesa, ahí está cuidando que todo brille como una perla.
Cuando llegue la patrona que no se vuelva a quejar no sea cosa que la acuse de ilegal…”.

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Allá: “Coincidimos en ser inmigrantes en Estados Unidos, hay cosas muy feas pasando allá. Estamos hablando de gente: familias, estudiantes, hijos, padres, trabajadores. Este es nuestro mensaje para los que no piensan que somos humanos, que nada más somos trabajadores”.

“El hielo anda suelto por esas calles, nunca se sabe cuando nos va a tocar
Lloran, los niños lloran a la salida, lloran al ver que no llegará mamá”.

 Acá: El diccionario español-inglés explica que Ice significa: hielo. Las mismas tres letras son las que allá la policía lleva en su espalda para identificarse. Las mismas espaldas que, como en el video, se encargan de identificar a quienes no tienen papeles. La misma situación que Pepe –integrante de La Santa Cecilia- imaginó que podía ocurrirle en cualquier momento hasta que dejó de ser ilegal. Allá esas espaldas también congelan.

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Allá: “La canción Ice o El hielo, habla sobre la inmigración, sobre las deportaciones y es basada en gente real, nosotros venimos de padres inmigrantes, o nos trajeron acá de muy pequeños, entonces la inmigración es algo muy importante para nosotros y muy familiar, especialmente en estos momentos en que tanta gente se está uniendo para pedir una reforma migratoria”.

 Acá y Allá: #Not1More.

 [Twitter:

@lasantacecilia – 2 de septiembre

Anoche después de tocar con los amazing #bombadetiempo en súper cool #konex! Nos está encantando buenos aire]

 Acá: Ciudad Cultural Konex, Buenos Aires, Argentina. Lunes por la noche. La Bomba de Tiempo estalla las manos. Como cada fecha, a mitad del show anuncian los invitados: sube La Santa Cecilia para hacer tres temas enganchados. Las caderas que bailaban al ritmo de los tambores vibran con la cumbia, algo hermana los ritmos y las intenciones. De eso habla su disco, de fusiones que apuntan al cuerpo contando realidades.

Allá: “Muchas de las canciones del disco las trabajamos en un parque de Los Ángeles. Teníamos un estudio y lo dejamos porque la renta estaba muy cara, nos íbamos al parque unas dos veces por semana. O en la furgoneta, nos juntábamos en el camino y cantábamos las canciones tratando de arreglarlas. El tiempo de componer es bien distinto siempre, cada uno trae una idea o cada quien aporta algo. Lo bueno es que todos pueden tocar varios estilos porque siempre trabajamos como músicos antes de La Santa Cecilia, tocábamos en orquestas de salsa, tríos de boleros, bandas de rock, nos tocó aprender de todo”.

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Acá: La Marisoul lleva puestas medias rayadas blancas y negras, zapatos oscuros pintados de rosa, verde, rojo y celeste. Su cuerpo y la potencia de su garganta conquistan el espacio. Arriba de su pollera blanca o amarilla -las luces engañan- lleva puesto un cinturón grueso rosa, remera negra, pulseras de colores brillantes, uñas pintadas de rojo, pañuelo y moño en la cabeza que sostiene el pelo enrulado atado, lentes de marco grueso negro y boca rosa. Su voz explota:

“Floreando la yerba buena mi madre a mí me parió. Mi madre es una morena y morenita nací yo…”

 Allá: “Acabamos de cumplir siete años como banda pero nos conocemos desde hace muchos. Pepe y Marisol tocaban de adolescentes en una plaza en Ciudad de México, música tradicional: boleros, rancheras. Marisol y yo -Miguel- tocábamos en un grupo de rock cuando teníamos 18 años. No me gustaba y mi fui, años después conecté con ella otra vez y hablamos mucho de hacer una banda. Acá estamos”.

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

 

Acá: Están. Santa Cecilia, patrona de los músicos, igual que las paredes de grafitis poéticos, como en la calle o escenarios, bailando y cantando te invocamos: más música por favor.

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La Santa Cecilia – 5 de septiembre

(…) Estamos inmensamente agradecidos por tener la oportunidad de venir a compartir nuestra música en Argentina(…)

 #lasantacecilia#lscdelcamino #música #amistad #buenosaires #argentina]

El Tratado del vittel thoné

– La situación es básicamente como la del Tratado de Lisboa, como el Tratado de Versalles o bien como el Tratado de Independiente que firmaron hace algunas semanas. Uno elige estar dentro o no estar dentro del mundo. Y, bueno, como opinión personal, me parece que no tendría sentido rebelarse en este caso.

– ¿Eh?

– Lo que se está proponiendo es que los países que funcionan a 110 voltios hagan el esfuerzo de llegar a 220. Y nosotros, que estamos a 220, debiéramos llegar a 240. Bueno, ahora, en realidad, no me acuerdo bien si 240 o 260. Pero es un tratado que se firmó mundialmente. Como un acuerdo de la ONU, de la Unión Europea o del Mercosur, pero esta vez es sobre la energía.

Siempre me pregunté si los electricistas o los plomeros tomarían café. O si son apostadores. O si tienen demasiadas amantes porque, vamos, este mundo ya ha sido demasiado injusto con los soderos que, según algunas teorías, van camino a desaparecer por el auge de los exámenes de ADN y no por esa teoría de la extinción del sifón. O si funcionan con un reloj musulmán. O qué sé yo pero, por alguna razón, no existe un sólo electricista o plomero que llegue en el momento en que prometió llegar.

Sólo por si sucedía esa especie de milagro, yo me levanté a las siete y media de la mañana para recibirlo. Era mi día descanso, pero frente a cada problema con la luz, después de todos los cortes de diciembre, de los vecinos opinando sobre energía calórica, de mi madre continuamente fastidiada, de la señora de acá al lado que prometió matarlos a todos y del vittel thoné que casi se pudre en la heladera -admito que psíquicamente estoy preparado para aguantar ocho meses sin electricidad, pero de ninguna manera podría tolerar la pérdida del vittel-, decidí que era importante atender al electricista. Aunque fuera a llegar a las once menos veinte, como llegó.

Rodrigo cayó con dos mochilas, una gorrita, un pilotín, la remera adentro del pantalón, el pantalón bien arriba, o -en realidad- todo el cuerpo metido adentro del pantalón y un anuncio por demás claro:

– A mí me preocupa explicarte todo lo que hago. Tu mamá me dijo que vos estudiabas algo de filosofía así que voy a intentar hablar en tu vocabulario. Básicamente, acá lo que sucedió es una situación anormal. Y te pido que para entender esto pienses en el prefijo a del griego y no del latín. Pensá la a de anormal como una cuestión política y no lo pienses como la a del latín que señala la cuestión del origen, como es el caso de aborigen.

– Claro.

Yo dije claro como podría haber dicho eh como podría haber dicho ah como podría haberle gritado, después de tres horas de retraso: “A mí qué carajo me interesa todo esto, la puta madre que te parió, el otro día se cortó la luz, quiero saber si se rompió este dispositivo que pusieron acá, no sé cuándo, para regular no sé qué cosa de la electricidad”.

Pero Rodrigo no era ni es cualquier tipo. No porque sea electricista matriculado o porque haya estudiado o porque tenga otro título de no sé qué: Rodrigo es lo que trabaja, decide qué hacer y qué no, y hay días que se levanta fastidiado, pero le gusta la electricidad y prefiere trabajar sólo, y tardar, y ganar menos, pero no tener que hacer cosas para una empresa.

– Entonces, te digo. Acá pasó que fue un fin de semana largo, que podríamos llamar extralargo, y como los vecinos se fueron de vacaciones bajó el consumo y ahí subió la tensión porque la empresa no calculó esto. Fijate, te pido que mires, que ahora te están llegando 226 voltios. Son solo 6 de más, pero el sábado debés haber tenido 240 y eso, bueno, jodió todo. Por suerte, tenés este protector inteligente. Digo inteligente entre comillas porque no es que el protector dice “ah, el de acá lado se va a Mar del Plata y el otro a las Toninas”. No es humano, claro. Pero está bien, no se rompió.

– Bueno, buenísimo, ¿cuánto te debo por esto?

– Te aclaro que esta casa es vieja y, bueno, está todo bastante moderno, pero claro que moderno no quiere decir que sea nuevo. Yo puedo comprarme un Ford A de 1940 y puede estar cero kilómetros, pero no va a ser moderno: va a ser nuevo. Porque sigue habiendo como 80 años de diferencia. Exactamente, son 74 años. Y son muchos 74.

– Claro, son muchos.

– Y mirá que yo soy fanático de Volver al futuro. Me vi las tres, me parecen geniales y la verdad es que me da pena lo del parkinson de Michael Fox porque es un tipo joven. Pero, siendo sincero, la máquina no existe y entonces el tiempo es una condición inevitable.

Hicimos silencio los dos. El tiempo, ya cerca del mediodía, no estaba doliendo a los dos. Dos tipos grandes, en un saguán, pensando en el parkinson de Fox, lamentándonos por el tiempo y por cómo la vida pasa. Yo ya no era el mismo que hacía un rato: lamentaba que Rodrigo hubiera llegado tarde tan sólo por no haber pasado más horas de la mañana con él. Pero quedaba una suerte: había que arreglar una lámpara que está clavada en el techo del baño de mi casa. Lo llevé hasta ahí, la supervisó y sin tocar nada, me preguntó:

– ¿Alguna vez viajaste en globo aerostático?

– No, la verdad que no -y, cuando dije la verdad, volví a pensar en lo que estaba sucediendo y empecé a pensar que alguien estaba armando una cámara oculta o un reality porque este Rodrigo ya me salía con cualquier cosa-.

– Bueno, este es como un caso del globo aerostático. La lámpara esta transforma la energía eléctrica en energía lumínica, pero lo que sucede acá es que el contacto con el techo libre demasiada energía calórica y hace chispas arriba que destruyen los cables. Claro que esto no se eleva porque el techo es de durlock, pero pensá que demasiada energía calórica levanta a los globos aerostáticos, que yo nunca viajé, pero me encantaría.

– A mí también me gustaría.

– ¿Te puedo hacer una pregunta? De chusma nada más.

A esta altura, ya éramos amigos y los trabajos los hacía bien y yo ya estaba por decidir cambiar mi vida y dedicarme a la física porque, evidentemente, ese mundo era fascinante. Aún así, pensaba en cómo haría Rodrigo para decirle a una mujer que no la quería más o cómo analizaría un partido de fútbol o si compraba la carne para el asado, pero tanto no podía pensar porque se venía la pregunta de chisme.

– ¿Ustedes decidieron a propósito que el piso y las paredes sean del mismo porcelanato y del mismo color?

– No sé, la verdad es que yo no decidí nada.

– Porque la verdad es que me parece magnífico. Ahora que lo pienso, nunca entendí por qué la gente divide las paredes del piso.

Y yo, que me había levantado temprano para abrirle, que lo había insultado, que había calculado sus infidelidades, le di la mano, le pagué, le agradecí la atención, le prometí pasarle un dato que me había pedido y me quedé pensando: ¿por qué la gente divide las paredes del piso?

***

Cuando cerré la puerta, me estaba por tirar a dormir la siesta, pero había algo que no me terminaba de cuadrar. Como esas cosas que no le dije a una chica que quería, como esas cosas que ya no le voy a poder decir, sentía en el pecho un profundo dolor. Pensé: “Puta madre, me enamoré de Rodrigo”. Pero me acordé de su cuerpo dentro del pantalón y lo descarté la teoría. Me acerqué al velador para apagar la luz, miré la lamparita y me di cuenta lo que me faltaba. Me metí en internet, busqué la factura y llamé a la empresa de electricidad. Después de quince minutos de espera, una señorita que se presentó como Sofía me atendió y me preguntó qué precisaba.

– Mirá, recién medí la electricidad de casa y está viniendo a 226. El sábado probablemente haya estado en 240.

– ¿Y tuvo cortes de luz?

– Sí, pero eso no me interesa. En realidad, quería saber si la empresa se va a adecuar y, si es así, en qué momento lo va a hacer, al tratado para aumentar la potencia.

– Perdón, no le entendí.

– Me contaron que la electricidad va a empezar a ser de 240, quería saber si van a adecuarse o no.

– No puedo responderle eso.

– Bueno, ¿hay alguien que pueda responderme?

– Mire, el departamento de administración tiene una demora de doce minutos y el servicio técnico unos veintiocho minutos. Pero no creo que puedan ayudarlo.

– Voy a intentarlo, pasame por favor con el servicio técnico, quizás ahí sepan.

– Es que no creo que puedan solucionárselo.

– Voy a intentarlo de todas formas.

– Es que, en realidad, no puedo transferir su llamada. Le pido disculpas.

Aborto para todas

A un año de la ley que despenalizó el aborto en Uruguay, el Ministerio de Salud publica datos contundentes. Alcances y limitaciones de una experiencia que habla por sí sola. 

Legalizado en Cuba, Guyana, Guayana Francesa, Estados Unidos y Canadá, Uruguay es el sexto país en América en despenalizar el aborto. En febrero de este año el Ministerio de Salud Pública presentó su informe sobre los abortos realizados entre diciembre del 2012 y noviembre del 2013, con los siguientes resultados:

-Se practicaron un total de 6676 abortos,

-De esos 6676 abortos solo 1240 fueron realizados en menores de 20 años.

-Además, más de la mitad de las interrupciones voluntarias del embarazo (IVE) se hicieron en clínicas privadas (59%)

-No hubo casos de muerte materna en las intervenciones, solo dos tuvieron complicaciones graves (una post aborto ilegal).

-La única fallecida respondió a un aborto ilegal.

¿Qué se deducen de estos datos? Mientras que en Uruguay hay 9 abortos cada 1000 mujeres de entre 15-44 años, la relación en Europa Occidental es de 12 cada 1000, 17/1000 en Oceanía y 28/1000 en el mundo (datos para el 2008)*. Lejos de darse una avalancha de abortos, se mantiene entre las cifras más bajas del planeta.

Sobre la idea de que el aborto es cuestión de adolescentes y clases populares, las estadísticas reflejan que sólo 1 de cada 5 mujeres que abortaron eran menores de 20 años, al tiempo que 3 de cada 5 lo hicieron en clínicas privadas, es decir, mujeres socio-económicamente capaces de pagar por su salud. Por último, la única realidad palpable, y siempre esgrimida a la hora de manifestarse en pro de la legalización de las IVE, es que no mueren mujeres con abortos realizados en establecimientos regulados; la única que perdió la vida fue por un procedimiento clandestino.

Entretelones del Frente Amplio

Esta ley tiene sus idas y vueltas, que estuvo a punto de lograr su máximo potencial durante el gobierno del anterior presidente, Tabaré Vázquez, también del Frente Amplio (FA); pero que fue vetada, para volver ahora bajo una forma mucho menos permisiva que su antecesora. Eliana Gillet, periodista del semanario uruguayo Brecha -del cual fue fundador y colabora, entre otros, Eduardo Galeano- nos cuenta: “Lo paradójico en esta situación fue que Vázquez -médico, católico, masón, candidato al gobierno por el FA de nuevo este año- la vetó. Anuló los artículos que lo despenalizaban apelando a cuestiones personales y de conciencia. Fue un golpazo. Recuerdo que ese día hubo una manifestación espontánea bastante grande en torno a la Plaza Libertad (Plaza Cagancha, en el centro de Montevideo), importante a escala Uruguay, por supuesto. Reinaba el estupor, y fue uno de los primeros momentos de tensión entre cierta parte del electorado frentista, o afín, que hizo mella en su relación con el gobierno. Algunos hablan del fin de la luna de miel entre militantes y gobierno. Fue importante, sin dudas. Y creo que fue más grave aún para los más jóvenes”. Para ese momento el FA tenía la mayoría en ambas Cámaras –Diputados y Senadores-, cosa que en el momento de sanción de la ley vigente no fue así. Y allí empezaron las concesiones.

¿Qué dicta la Ley?

-Despenalización del aborto, no legalización. Esto significa que sigue siendo un delito según el Código Penal, pero que bajo la nueva ley, no es punible siempre y cuando se dé bajo las condiciones que ésta aprueba. En palabras del texto: “La interrupción del embarazo no será penalizada, y en consecuencia no serán aplicables los artículos 325 y 325 bis del Código Penal, para el caso que la mujer cumpla voluntariamente con los requisitos que se establecen en los artículos siguientes y se realice antes de las 12 semanas de gravidez”.

– El aborto es voluntario y sólo puede hacerse en las primeras 12 semanas y 14 en caso de violación. En el proyecto vetado por Tabaré no había límite de tiempo: “Toda mujer mayor de edad tiene derecho a decidir la interrupción voluntaria de su embarazo durante las primeras 12 semanas del proceso gestacional”.

-Antes de abortar, la mujer debe pasar por una consulta con profesionales que le muestran diferentes vías al aborto. En el año de práctica, sólo el 6% de las mujeres dieron marcha atrás luego de ésta.

Médicos que dijeron “no”

Aun así hay un problema grande que limita la facilidad de hacer un aborto: la objeción de conciencia de los ginecólogos a hacer la intervención. Esto facilitó que una gran cantidad de profesionales se nieguen hoy en día a hacer abortos, ya sea por su propias convicciones ideológicas, pero también por la presión de las instituciones a las que pertenecen –en especial aquellas clínicas ligadas a iglesias católicas o protestantes- o por el repudio que les vendría por parte de la comunidad. En Colonia y Paysandú la objeción es de casi el 90%, en Montevideo del 50% y en el departamento de Salto ningún ginecólogo aceptó practicarla, según datos recogidos por Brecha. Como expresó el coordinador del Movimiento de Usuarios de la Salud Pública y Privada, José Reyes: “Cuando hacían abortos clandestinos no primaba la objeción de conciencia sino el bolsillo”. Así, gran cantidad de mujeres deben irse a la capital para hacerse las IVE, con todo lo que ello implica para las familias de bajos recursos.

A pesar de las limitaciones, Uruguay se presenta como un faro al otro lado del Río de la Plata para reflexionar y discutir sobre qué ley nos queremos dar cuando se fuerce la hora de su aplicación.

* http://www.guttmacher.org/pubs/fb_IAW.html#1 Fecha de Consulta, 28/03/2014.

Sáhara: el desierto ocupado

Dos mujeres de Aragón entregan esta colaboración a NosDigital. Crónica e historia del pueblo saharaui, luego de 35 años de ocupación, desaparición y tortura marroquí. Un viaje a las entrañas del terrorismo de Estado que cuenta con el silencio y el encubrimiento de las potencias mundiales.

Primer encuentro con el Sáhara

Al Sahara se puede entrar de varias maneras, o porque leés algo en una revista como esta, o porque te cuenta alguien que ha estado o – como es mi caso – porque desde pequeña en los veranos de 1996 y 1998 tuve la visita de hermanas pequeñas. No hablaban castellano y vivían en el desierto. Es entonces cuando me enteré de la situación del pueblo saharaui y de la responsabilidad que el Estado español tiene en ella. Durante aquellos veranos, algunas ONGs organizaban vacaciones para niñas y niños saharauis en España. Recuerdo la primera noche de Yamila en casa, tenía 7 años y no sabía una palabra de castellano, estaba sola entre gente, clima y ciudad extraños y echaba de menos a su madre. Mis padres me contaron la historia del Sahara Occidental. De cómo es un territorio ocupado y su población está dispersa y gran parte de ella vive en campamentos de refugiados en mitad del desierto.

Pero ¿qué es esto del Sahara?

Durante siglos los saharauis fueron nómadas del desierto. En 1884, en la Conferencia de Berlín, los europeos se repartieron África. España obtuvo la región conocida hoy como Sahara Occidental creando unas fronteras artificiales que dividieron al pueblo saharaui y lo sometieron a una autoridad colonial. En los ´60, más allá de la presión de las Naciones Unidas, España no realizó el proceso de descolonización. Así se inició el movimiento por la liberación del Sahara y en 1973 se creó el Frente Polisario con el fin de obtener la independencia por medio de la lucha armada contra la ocupación española. Los enfrentamientos armados se sucedieron, resultando en muertes saharauis y españolas.

El destino de los casi trecientos mil saharauis que viven hoy sometidos en su tierra o  refugiados se forjaba. Lo que estaba en juego –y nunca ha dejado de estarlo – era la libre autodeterminación de un pueblo, enroscado entre los intereses de las potencias colonialistas.

En 1975, España traicionó el acuerdo con los saharauis y con la ONU de realizar un proceso de descolonización apropiado y justo y un referéndum de autodeterminación. Unilateralmente entregó el Sahara a Marruecos. Así el Sahara fue ocupado por su vecino Marruecos enviando a miles de civiles y soldados en la Marcha Verde por el norte, mientras Mauritania ocupó los territorios del sur. La mayoría de los saharauis huyeron de las aberraciones y los bombardeos y se refugiaron en los campamentos de Tinduf, Argelia. En 1976, el Frente Polisario – único representante legítimo del pueblo saharaui – proclamó la independencia y creó la República Árabe Saharaui Democrática (RASD).

La guerra de Marruecos con el Polisario duró hasta 1991 (Mauritania abandonó la contienda en el 79), tras la firma del alto al fuego con la única condición de realizar un referéndum de autodeterminación auspiciado por Naciones Unidas. Hasta hoy, el referéndum no se ha producido y se mantiene a parte de la población saharaui en los campamentos de refugiados en Argelia, y a la otra gran parte en los territorios del Sahara Occidental, bajo la ocupación marroquí. Hoy el Sahara Occidental es la última colonia de África.

¿Y cómo entramos en el territorio?

A mis dos compañeros de viaje y a mí ya nos han contado cómo funcionan los controles hasta llegar al Sahara. Desde que compramos el billete a El Aaiún, tenemos policía secreta siguiéndonos y escuchando nuestras conversaciones. Casualmente el personal de la estación nos abrió una de nuestras maletas. Nosotros estábamos nerviosos, lo que no podía ayudar. En el viaje en autobús, el conductor preparó unas 8 fotocopias de nuestros pasaportes. En cada parada, en el control se quedaban una. Acercándonos a El Aaiún, la policía marroquí empezó a hacer más preguntas y a ser más incisiva. En el último nos hicieron bajar del autobús y entrar en la garita. Allí, más preguntas: profesión, por qué íbamos a El Aaiún, a quién iríamos a ver, si nos quedaríamos con amigos. Con una compañera se ensañaron más pues la confundieron con otra chica que había estado antes. La acusaban de ser periodista. Somos turistas y vamos a un hotel, nos lo llevábamos bien aprendido. Desde el último control nos pusieron una furgoneta que nos siguió para confirmar si era cierto nuestro destino. No parecían haberse creído que fuésemos a hacer sólo una noche en un hotel de El Aaiún. Por fin, nos dejaron ir. A las horas de llegar a la ciudad nos vinieron a buscar para hacer el traslado a casa de una familia saharaui. Todos los nervios y la tensión, la rabia y la impotencia se convirtieron en otra sensación aún más grande. Empezamos a experimentar la dignidad de la resistencia, en cada instante.

¿Qué es vivir en un territorio ocupado?

La ocupación es sostenida por las fuerzas armadas marroquíes. El seguimiento es constante, la presencia policial y militar es visible en cada calle, en cada plaza, incluso hay barrios de mayor presencia saharaui donde las furgonetas policiales permanecen fijas en puntos estratégicos para frenar cualquier atisbo de rebelión repentino. En la Avenida Smara las furgonetas son incontables. Hay policía secreta que te vigila y te sigue constantemente. Caminando por el Zoco, el mercado de la ciudad, te das cuenta de que hay un hombre pegado a ti, que no parece tener más objetivo que ese. Es un secreta. Los ves en cada esquina. Te acostumbrás a su presencia.

También es común oír sobre los chivatos. Una familia nos contaba sobre la paliza recibida por su hijo de 15 años. La policía le dio duro en la calle durante una manifestación de esas que ocurren a diario; no suelen ser grandes, sino muestras cotidianas no violentas de descontento y de deseo de un Sahara libre, protagonizadas por grupos de estudiantes. No fueron al hospital porque allí espera siempre la policía para controlar y hacer seguimientos de las personas heridas. Tampoco se atrevieron a ir a ningún profesional saharaui porque no se fían de quién pueda ser un informador de la policía marroquí. En cada conversación, corroboramos que todas las familias proceden de la misma manera, se llevan a sus familiares heridos a casa.

Said Dambar fue asesinado por la policía marroquí en diciembre de 2010. Su muerte aún no ha sido investigada y su cadáver sigue en paradero desconocido. Tras ser informada de su muerte, a la familia sólo se le permitió ver el cuerpo de su hijo en el hospital desde la distancia, pudiendo distinguir que tenía un orificio de bala entre los ojos. Desde el principio se ha exigido la autopsia y una investigación sobre lo realmente sucedido. Tras 17 meses en la morgue, las autoridades marroquíes decidieron enterrar a Said sin decir dónde. Meses más tarde, la salud del padre de Said empeoró. Aunque fue atendido en la ciudad de Rabat, no pasaron más de unas cuantas semanas para su muerte. Durante ese tiempo la familia fue chantajeada con el tratamiento de su salud y con los procedimientos con el cuerpo. Si se rinden y cesan en su empeño de investigar el asesinato de Said, tendrán facilidades; si no, se les hará la vida imposible. Se verán obligados a velar el cuerpo en su casa ya que se les niega el acceso a la morgue. A los familiares que se hallaban en Rabat se les dificulta conseguir cómo viajar al entierro en El Aaiún. Esta familia se ha movilizado mucho y ha denunciado el crimen de su hijo a nivel internacional. Para forzarles a cesar su lucha, unas veces les han ofrecido viviendas y trabajo, otras les han amenazado con desenchufar la luz de la morgue. La casa de la familia, las hermanas y la madre de Said Dambar han sido atacadas de manera brutal. El caso de la familia Dambar y el chantaje realizado a su familia nos cuenta, y resalta por su sadismo, hasta dónde llegan las autoridades marroquíes.

Las asociaciones funcionan en clandestinidad, ya que  son ilegalizadas por Marruecos. Incluso se ha rechazado la legalización a asociaciones de defensa de los derechos humanos reconocidas internacionalmente como la ASVDH (Asociación saharaui de víctimas de graves violaciones de derechos humanos cometidas por el estado marroquí), que lleva desde el año 2005 constituida siguiendo la ley marroquí y ha ganado varios juicios que reconocen su legalidad.

No hay libertad de movimiento para la saharaui. Simplemente para ir a un pueblo costero a 35 kilómetros de El Aaiún con nuestro compañero saharaui, pasamos dos controles, uno de la policía y otro militar. Omar paró el coche para indicar adónde iba. Nosotras permanecíamos calladas en los asientos traseros. Pero esto es un hecho menor comparado con lo que sufre una persona saharaui. A una saharaui activista se le dificulta y hasta prohíbe la salida al extranjero. No sólo es la libertad de movimiento la que se ve atacada. Todo saharaui tiene a su familia dividida por el Muro de la Vergüenza, ese conjunto de muros defensivos de más de 2.700 kilómetros, y zona militar repleta de búnkeres, campos de minas y defendida por más de 100.000 soldados marroquíes. Parte de la población saharaui vive en Tinduf, Argelia, en los campamentos de refugiados, y la otra parte bajo la ocupación marroquí en los territorios ocupados. Familias separadas más de 35 años por un conflicto que no se resuelve.

Tampoco hay libertad de manifestación ni de ningún tipo de actividad política. Los intentos de la libertad de este pueblo en el territorio ocupado son respondidos brutalmente. Las manifestaciones saharauis son reprimidas, los allanamientos y las detenciones arbitrarias están a la orden del día. “Sales de casa y no sabes si vas a volver”. “Es un estado de alerta continua, en cualquier momento puedes ser tú o tu hermana, tu primo, tu amiga”, ” tras las manifestaciones, la policía va a las casas de la gente saharaui, rompiendo y haciendo daño a todo lo que encuentran por delante. Tienes que quedarte en casa detrás de la puerta a esperar a que vaya la policía, sólo podemos cerrarla y esperar”.

La represión no distingue de edades, ya desde la escuela se reprime a los niños saharauis por hablar su idioma, el hassania, ya dentro de las escuelas se socializa dentro de lo que la represión permite. La marroquinidad del Sahara es incuestionable, empiezan los castigos por ser saharaui, pero por contraparte es el momento en el que se reafirma más la identidad saharaui. Lo mismo pasa en los institutos. Hay profesores saharauis, pero son una minoría. No tienen más opción que adaptarse al currículum marroquí si quieren conservar su trabajo y no acabar en la cárcel.

Marruecos impone su fuerza para castigar y sembrar el miedo entre la población saharaui, y en alianza con sus estados hermanos España, Francia y EEUU, se encargan de tener limpia la imagen mediática del Reino Alaui, de silenciar que Marruecos ocupa un territorio y tiene construido uno de los muros más grandes del planeta. Se silencia la represión y la tortura que se suceden día a día en el territorio, se silencia la ocupación y se silencia a una población que lleva más de 35 años resistiendo desapariciones, secuestros, tortura y chantaje.

Este texto está escrito desde el corazón y desde la rabia que genera que la situación del pueblo saharaui se mantenga luego de décadas mientras el mundo le da la espalda. Somos dos chicas aragonesas que creemos en el internacionalismo como forma de entender los procesos de lucha de los pueblos. Nos gusta conocer luchas y difundir las nuestras. Este es el resultado de seis viajes a territorios ocupados. Son solo pinceladas de lo que ocurre en el día a día saharaui.

Capitán (norte)América

El origen del héroe del comic yanqui. Nacido en plena Segunda Guerra Mundial, este episodio del Capitan América muestra y demuestra muchas de las construcciones ideológicas y sociales de la época, de las que algunas conviven aún en nuestros días. Para la infancia también se hace política y te lo mostramos en Documentos Históricos.

“Vieron en Nicaragua lo que no pudieron concretar en Argentina”

Cuando se habla del activismo militante setentista en la Argentina, no suele mencionarse a aquellos que no solo alimentaron el sueño revolucionario en su país sino que también recorrieron tantísimos kilómetros para colaborar con otros movimientos revolucionarios americanos. Por eso nos juntamos con Roberto Parsano y Santiago Nacif que, junto a Daniel Burak, dirigieron Nicaragua…el sueño de una generación para mostrar en el 2012 esas experiencias internacionalistas nacidas en suelo argentino. La militancia argentina a través de la Revolución Sandinista.

 

Imagen: NosDigital

 

-¿Cuál fue la motivación para tocar una revolución centroamericana?

Roberto: Creo que hay dos motivos por los que llegamos a Nicaragua, uno tiene que ver con la posición política latinoamericanista que tenemos y por la cual siempre nos importó el tema de las revoluciones en el continente. Cada vez que se habla de revolución se habla de la cubana, pero también hubo otra en el ´79, la nicaragüense, que también ganó, aunque luego haya tenido otro camino que la cubana. La otra razón es más personal. Tuve una compañera nicaragüense de la facultad que vino a la Argentina en el ´83, y por las noches me contaba sus experiencias allá: cómo era su vida cuando estaba en la primaria, en la secundaria y lo que fue la revolución. A la hora de encarar el proyecto, decidimos abordar la película de modo de contar algo que nunca había sido tocado. De ahí que nos concentrásemos en la historia de los argentinos que se fueron exiliados de acá en la dictadura del ´76 a colaborar con la revolución sandinista.

-¿Cómo sintieron esa contradicción que tuvo el sandinismo de ser por un lado la última –y segunda en América- revolución victoriosa, pero a la vez diez años más tarde llegar a perder las elecciones en manos de un partido apoyado por Estados Unidos?

Santiago: El sandinismo en los once años que estuvo en el poder tuvo que llevar una guerra contra las fuerzas contrarrevolucionarias que hizo que se destinasen la mayoría de sus recursos a la defensa de la revolución. Convengamos que es un país pobre, con pocas actividades económicas y justamente los pocos recursos que entraban por el ron y el café se iban en esa defensa, constituyendo un límite material al avance revolucionario. Y esto se manifestó en la derrota electoral del ´90, porque la gente ya no quería más guerra. Cuba, en cambio no tuvo que soportar una guerra tan directa. Habría que preguntarles a los yanquis por qué no llevaron una guerra directa tan cruenta en Cuba y sí en Nicaragua.

Roberto: Cuba tuvo el apoyo de la URSS y Nicaragua no, porque se dio temporalmente en paralelo con el descenso de este bloque. La guerra contrarrevolucionaria fue muy dura: primero los diez años de lucha revolucionaria y luego otra década dedicada a defenderse de los ataques de los contras. Todo esto dio como resultado que en 1990 la candidata de la UNO (Unión Nacional Opositora) Violeta Chamorro fuese bien vista por ser la que iba a asegurar la paz con los Estados Unidos –que financiaban la contrarrevolución- ya que la apoyaban.

Santiago: Y efectivamente la guerra terminó, pero le siguieron los inconvenientes que atravesó todo el continente con el neoliberalismo en la última década del siglo XX.

-Y dentro del orden interno, ¿se gestó alguna contradicción dentro del FSLN?

Santiago: Esto es más a título personal, ya que no lo tocamos en la película. Tal vez, demasiado personalismo de Ortega para llevar a cabo la revolución. Hubo un punto importante y una realidad que fue que nunca el Sandinismo pudo llegar a la costa Atlántica, territorio con otras características étnicas y lingüísticas de sus habitantes. Ese fue un punto flojo dentro del poder sandinista, aunque no creo que haya sido un detonante para la derrota. El gran tema ahí fue la guerra. Los contras minando constantemente los avances. Estar en los cafetales mirando el cielo para ver si caía una bomba.

-La película gira también en torno a la experiencia de combatientes argentinos que colaboraron con el Frente en la lucha armada contra la dictadura local. ¿Qué les motivó a ir hacia un lugar tan lejano para un argentino?

Santiago: Esta es la tesis de la película: ¿qué significaba para ellos Nicaragua? ¿Qué buscaban ahí? ¿Qué los motivaba ir a combatir a una revolución ajena? Bueno, ellos demuestran los valores del internacionalismo, que ninguna revolución es ajena y vieron en esa tierra los sueños que tenían para su país que no pudieron concretar. y sin embargo ayudaron a la liberación de otro pueblo. Por esto que vivieron esta experiencia con mucha alegría, sumado a estar construyendo un país de la nada que era lo que habían dejado 45 años de dictadura de los Somoza -padre e hijo-, ya que no era un país, era la finca privada de una familia.

-¿De qué modo reaccionaron ellos luego de la derrota en 1990?

Roberto: No la esperaba nadie, ni la propia UNO. No hubo festejos en la calle, se daba por descontada la victoria del FSLN. Para todos se vivió con mucha angustia y eso se ve que la mayoría de los entrevistados argentinos de la película se vuelven al país, ya que no le veían sentido a quedarse.

-¿Cuál es la opinión de ellos del actual gobierno sandinista?

Santiago: En los protagonistas está dividida la opinión con Daniel Ortega hoy. Todos se definen como sandinistas. Nosotros estuvimos en Nicaragua en el 2009 y también observamos que el pueblo es sandinista. Aunque algunos apoyan y otros no a Ortega. No es lo mismo, aclaramos, un gobierno revolucionario que llega por medio de la movilización popular que otro que llega por el juego democrático. Obviamente para ganar las elecciones en el 2006, Ortega se alió con parte de la derecha. Es complicado el tema político, ya que en las alternativas que plantea Nicaragua es bastante dicotómico el asunto. Es Ortega con el apoyo de Chávez si se quiere o la derecha aliada a USA. Es como blanco o negro.

Gusto a justicia por mano propia

Nicaragua, 1956. Tan solo un valiente como Rigoverto Pérez podía enfrentar a la personificación de todos los males de su  nación. Violencia, corrupción, explotación, pobreza: Anastasio Somoza, el primer Somoza. Logró asesinarlo arriesgando indefectiblemente su valor más preciado, su propia vida.

Imagen: NosDigital

Rigoberto Pérez fue uno de esos personajes anónimos que intentó borrar la historia de un plumazo y con la misma velocidad escribir con tinta y papel un mejor porvenir. Tuvo la desdicha de nacer en Nicaragua, lo que implicaba que si uno no era un terrateniente o miembro de la familia presidencial, el día a día siempre iba a estar amenazado por la pobreza, la exclusión, la violencia y todo el calvario que fue Centroamérica en su triste siglo XX.  Pero como Rigoberto era un poeta sabía de ilusiones, de crear realidades y mitos, personajes heroicos y situaciones extremas; entonces, qué mejor que aplicar todo esto sobre su propio cuerpo.

Así es como se llega al 21 de septiembre de 1956. Él había determinado lo que ninguno de sus compañeros del Partido Liberal Independiente se habían atrevido: enfrentarse al tirano, a Anastasio Somoza, ese personaje que en tan solo unas décadas supo amasar la fortuna más grande del pequeño continente; conocido como “el de los dados cargados”, ya que cualquier licitación pública terminaba en manos de alguna de sus centenares de empresas. Nos referimos al encargado de haberle quitado la vida a Augusto Cesar Sandino –General de hombres libres-. Así que mucho cuidado para aquel que osase competirle su poder en el gobierno. Con Estados Unidos como mejor aliado en su lucha contra la subversión, el comunismo internacional y el materialismo ateo, si alguien asomaba como rival en las contiendas electorales, su cierto destino era la tumba, o con suerte el exilio.

Nada de esto le importó a Rigoberto, que por primera vez se armó de algo más que los lápices y hojas que de cotidiano decoraba sus horas. Esta vez había plomo, pólvora, sed de cambio y venganza ante quien había vendido a su país llenándose de dinero hasta hacer estallar sus bolsillos. En una carta a su madre antes de lanzarse a la odisea, explicaba sus pensamientos como buen hijo que buscaba ser: “Aunque usted nunca lo ha sabido, yo siempre he andado tomando parte en todo lo que se refiere a atacar al régimen funesto de nuestra patria y en vista de que todos los esfuerzos han sido inútiles para tratar de lograr que Nicaragua vuelva a ser (o sea por primera vez) una patria libre, sin afrenta y sin mancha”. Al partir, lo acompañaba consigo un revolver calibre 38 y cinco balas.

Esa noche Somoza alquiló un salón para festejar su nombramiento para las próximas elecciones, esa pantomima cuyos resultados bien se sabían de antemano. El mambo sonaba de aquí para allá, e incluso se lo había visto  bailando a pesar de sus sesenta años, con una hermosa joven. Tenía que demostrar que él seguía mandando, que estaba vigente y que así sería para siempre. Pero el destino quiso que esa noche se encontrase con Rigoberto, quien para sorpresa de todos los guardias presidenciales pudo hacer fuego y acabar con el gobernante. Pero como buen artista, lo hizo de modo alegre y creativo. Se le acercó bailando del centro de la pista hasta quedar cara a cara con su oponente, disimulando pasos de bailes, compartiendo con la canción el ritmo, entonces sus cinco balas perforaron la humanidad y acabaron con la vida de Somoza.

Pérez no tuvo un final muy diferente. Una vez descargada su arma recibió un golpe por detrás de uno de los guardias nacionales, arrojándolo al suelo, para luego ser acribillado por cincuenta y seis balazos. Una vez que notaron que no tenía pulso, lo subieron a una jeep y del cuerpo nada más se supo jamás.

Previendo esta conclusión, en las últimas oraciones de su carta le dejó en claro a su madre: “Así que nada de tristeza que el deber que se cumple con la patria es la mayor satisfacción que debe llevarse un hombre de bien como yo he tratado de serlo. Si toma las cosas con serenidad y con la idea absoluta de que he cumplido con mi más alto deber de nicaragüense, le estaré muy agradecido.

Su hijo que siempre la quiso mucho,

Rigoberto Pérez”.