Un muro en el desierto

El pueblo saharaui resiste al colonialista Marruecos, mientras el mundo calla el genocidio que continúa desde 1975. Lo cuentan a las palabras de los sometidos y torturados, y de un argentino que atravesó los territorios ocupados.

Nunca antes se había producido una transmisión en vivo desde la zona ocupada, donde los saharauis son sistemáticamente silenciados por los colonizadores marroquíes. Tanto el argentino Patricio Peñalba, organizador de esta comunicación, como los saharauis que participaron, se jugaron el pellejo al hacerlo pero valió la pena en nombre de la libertad y de generar conciencia en todos lados por este pueblo oprimido en pleno siglo XXI.

Militante argentino por los derechos del pueblo saharaui, Patricio cuenta cómo logró entrar en territorio saharaui controlado por Marruecos, ahora en un bar cerca al Obelisco porteño: “Íbamos en un Mercedes Benz con asientos de cuero y vidrios tonalizados. Un comerciante que conducía, tres marroquíes más y yo. Iba a funcionarle bien a este comerciante, al que más justo sería llamar narcotraficante. Como aún eso yo no lo sabía, entrar en territorio ocupado en un auto particular se me ocurría como la mejor opción. Sería más evidente en las furgonetas que atraviesan cada dos días la ruta. Tres kilómetros antes del muro paramos, cambiamos un neumático y continuamos, ahora con lenta marcha. A cada oficial de frontera el saludo iba acompañado de un cartón de cigarrillos, de los grandes. Como toda frontera, es zona de comercio. Aunque en esta ocasión esto significara otra cosa. El auto fue escaneado, y a tres kilómetros volvimos a cambiar el mismo neumático”.muro desde el cielo 1486585_595746997165022_1904000906_n

Pegado al Atlántico, entre Mauritania y lo que pocos reconocen como territorio ocupado de Sahara Occidental y no lo atribuyen a la colonialista Marruecos, hay una franja de cinco kilómetros en donde los caminos bombardeados hace ya más de dos décadas ceden frente al desierto de piedra. Hay que continuar hacia el norte. Solo quienes son habituales en estas latitudes reconocen la senda que esquiva las minas antipersonales.

Pasada la frontera mauritana el muro no se ve hasta tenerlo bien cerca. Se confunde con el color del desierto, aunque no puede disimularse en sus 2700 kilómetros de largo. Es el más extenso del planeta, más del doble del que separa a América Latina del resto de América. Construido con ayuda de técnicos israelíes y financiación de Arabia Saudita y de Estados Unidos, cumple una doble función: proteger el territorio ocupado por Marruecos de las irrupciones, cuando aún no habían depuesto las armas, del Frente Polisario -movimiento rebelde de liberación nacional del Sahara Occidental-, y además evitar la vuelta de los refugiados saharauis a su territorio. Búnkeres, siete millones de minas antipersonales, nidos de ametralladoras, radares, armamentos pesados.

“El único objetivo de tu viaje, para lograr ingresar en territorio ocupado, debe ser parecer un viajero de paso -confía Patricio-, que buscás destinos turísticos marroquíes. No se le permitirá el paso a nadie que esté involucrado en la causa saharaui. Al llegar tu pasaporte es sellado con un número identificatorio de la policía de inteligencia marroquí. Pasa a ser tu identificación en cada control y en cada alojamiento que consigas. Los responsables de alojamiento están obligados a comunicar cada movimiento o visita que realices”.

Patricio Peñalba.
Patricio Peñalba.

En El Aaiun, la capital de Sahara Occidental, los encuentros políticos deben llevarse a cabo en casas particulares, resguardados del ejército de ocupación marroquí solo por oscuras madrugadas. Es que en cualquier momento, unos diez saharauis cualquiera se juntan en cualquier esquina céntrica de la ciudad para hacerse notar, para sentirse vivos en la opresión, para resistir. Eso no puede durar. La policía marroquí y la policía secreta dispersan a los golpes al pequeño grupo, registran a cada militante, los atacan con piedras, detenciones, prisión, condenas efectivas, más golpes. Cada vez que los saharauis organizan una manifestación para reivindicar sus derechos políticos, económicos o sociales, las autoridades de la ocupación marroquí intervienen con fuerza para oprimir cualquier expresión libre de la independencia saharaui.

 

– ¡Documentos! 

¿Y a éste que le pasa? En todo caso yo debería estar pidiéndoselos a él. Acabo de verlo estremecerle la cabeza a una mujer tirada en el piso. Como testigo debería servir para balancear el exceso de ese poder autoritario, pero ¿frente a quién? ¿Quién sería capaz de poner mantel para esa banca? Aquí no hay justicia, o peor, es la Justicia quien lo ordena. Y ser testigos es la pura impotencia. Pero aquí te pasan de testigo a protagonista en un instante para el otro, en cuanto el violento cambia de dirección. ¿La foto terminará sirviendo de algo? ¿Hasta dónde mostrar la imagen morbosa del daño causará el impacto necesario sobre el testigo ausente? La realidad mostrada cruda suele alejarnos del medio por sentirla congruente con lo que nos vemos capaces de hacer en nuestras peores facetas.

–Mostrame tus documentos.[i]

 

En los bares, imprescindibles tres vasos de té, y quien vigila. Aparecen filmando, acercándose a las conversaciones, o en actitudes algo más desapercibidas. Percibirlos es su impunidad y su poder. Las cárceles se llenan de presos políticos torturados, en un continuado de las matanzas marroquíes sobre el pueblo saharaui que comenzaron en 1975 hasta que en 1991 el Polisario depuso las armas en pos de un referéndum de autodeterminación pacífico supervisado por la ONU. Se trató de un genocidio de 10 mil saharauis, en solo cinco días de febrero de 1976 la aviación marroquí bombardeó con fósforo blanco y napalm dejando 2.000 muertos en el campamento de Um Draiga.

El panóptico diseñado por el filósofo Jeremy Bentham en el siglo XIII es un centro penitenciario diseñado para controlar a un gran número de presos con tan solo unos pocos vigilantes. Hay una torre central con acceso visual a cada celda y los prisioneros pueden ser observados veinticuatros horas al día. Es imposible ver qué hay dentro de la torre central: los prisioneros nunca saben si hay alguien en el interior o no. Si crees que te están vigilando, te comportás igual que si de verdad te estuvieran vigilando. Basta con que la población crea que dichos informadores están en todas partes. A partir de ahí, nosotros mismos les hacemos el trabajo.[ii]

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Omar Hiba Meyara, saharaui, lo describía ya hace décadas aún más allá del miedo: “¿El miedo? Imagina que dentro de una familia no hay confianza. Yo recuerdo que alguna persona estuvo encarcelada sólo por escuchar la radio del Polisario y la gente de la familia no podíamos hacer nada. No podíamos ver la televisión, ni podíamos escuchar la radio. Decimos que la pared tiene orejas. No hablábamos ni en la familia. Ese es el problema, nosotros no hablamos porque el miedo está en todas partes”[iii].

 

Sordo mundo

El Sahara Occidental es uno de los 17 territorios no autónomos a ser descolonizados -al igual que las Islas Malvinas- por el Comité de Descolonización de la ONU. Estados Unidos ni Europa reconocen la soberanía saharaui. Son pocos los que lo hacen, en su mayoría africanos. Argentina por su lado, desconoce su gobierno y mantiene una relación amena con el colonizador:

 

Llegamos a Marruecos a las 10.30 hora local. Como siempre, la hospitalidad y la cordialidad, el signo distintivo.[iv]

Cristina Fernández de Kirchner. 2015.

 

La Cancillería argentina teme que su declaración del reconocimiento del Estado saharaui pueda interpretarse internacionalmente como una violación al principio de integridad territorial y una sumisión al derecho de autodeterminación, perjudicando así el reclamo argentino sobre Malvinas. Es clave entender que el reclamo saharaui es el mismo que el argentino. Ambos pueblos fueron despojados de sus tierras por potencias colonizadoras y hoy sufren los saqueos de sus recursos: en Malvinas, pescado, krill y posibilidades de petróleo; mientras que en Sahara Occidental, pesca y fosfatos. Las razones de la fluida relación diplomática argentina con el Estado marroquí son bastante menos claras.

Esta semana el Consejo de Seguridad de la ONU acaba de prolongar nuevamente la Misión de Naciones Unidas en el Sahara Occidental (Minurso) establecida en 1991 con el fin de facilitar un referéndum para definir el estatus de la excolonia española. La misión que pasados los 24 años no cumple su objetivo, seguirá sin supervisar la situación de los derechos humanos en el territorio.

Por otro lado, en un hecho con leves precedentes, a principios de abril el juez español Pablo Ruz propuso juzgar a once altos funcionarios, militares y gendarmes marroquíes por delitos de genocidio, torturas, asesinato y desaparición forzada en el Sáhara Occidental entre los años 1975 y 1992[v]. Civiles y militares son imputados por 50 asesinatos y 202 secuestros, contra todos ellos el juez ordenó la “busca, detención e ingreso en prisión”. Según el mismo juez el hecho fundamental fue “el hallazgo de una fosa común en febrero de 2013 en Amgala, Sahara Occidental, con ocho cadáveres que han sido plenamente identificados por el ADN, así como por la documentación que tenían entre sus prendas”.

[i] Blog de Patricio Peñalba: amanoarmada.wordpress.com/2014/02/15/clandestino-vos/
[ii] Emma Larkin, Historias Secretas de Birmania: a la sombra de George Orwell, Altair, 2008.
[iii] Beristain e Higaldo, El Oasis de la Memoria, Bilbao, Hegoa, 2012.
[iv] Cristina Fernandéz de Kirchner via Twitter 19 de marzo 2015.
[v] Los imputados son el coronel mayor de la Gendarmería Real en Agadir, Driss Sbai; el interventor del director de Policía Judicial, Brahim Ben Sami; el comisario Hariz El Arbi; el coronel Lamartiel; el exgobernador de la Administración Territorial del Sahara Abdelhafid Ben Hachem; el excoronel Abdelhak Lemdaour; y los exgobernadores del campo de refugiados de Smara Driss Sbai: Said Oussaou, Hassan Uychen, Muley Ahmed Albourkadi, Bel Laarabi y Abdelghani Loudghiri.
Imágenes cedidas por Patricio Peñalba.

¿Por qué no te callas, España?

Cuando Pedro Carmona levantó el teléfono y escuchó la voz que lo saludaba desde el otro lado del tubo, esbozó una sonrisa triunfal. No lo sabía en ese momento pero la mueca de felicidad se le borraría apenas dos días después. José María Aznar, presidente de España, lo llamaba desde Madrid para darle el reconocimiento como nuevo mandatario de la República Bolivariana de Venezuela. Ya lo había hecho un rato antes George Bush, el otro gran aliado de la oligarquía venezolana en la geopolítica mundial para dar el golpe de Estado del 11 de abril de 2002 contra el gobierno legítimo, constitucional y democrático de Hugo Chávez. Carmona, titular de Fedecámaras, la principal organización del gran empresariado nacional de Venezuela, esperaba seguir recibiendo llamados desde todas partes del mundo para terminar de acomodar el culo en el sillón presidencial, que ocupaba ilegítimamente tras “sacar” a Chávez. Pero no. El Imperio mostró fisuras, el pueblo respaldó al líder que eligió en las urnas y al usurpador no le quedó más remedio que escapar del Palacio de Miraflores, sede del Gobierno de Venezuela.

No se lo perdonaron. Ni Aznar ni Bush ni Juan Luis Cebrián (presidente ejecutivo del grupo PRISA, dueño del diario El País, diario -de periodismo general- de habla hispana con más ventas en el mundo) ni ninguno de todos los exponentes de la derecha internacional soportaron la autonomía de un proyecto político que llevaba apenas algo más de tres años al mando del país y juraron venganza. De ahí en más, los intentos –más o menos salvajes, siempre imperialistas- se repitieron una y otra vez.

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Ahora la embestida desestabilizadora adquirió otro tono y, bajo el manto protector de Barack Obama, y en la antesala de una nueva edición de la Cumbre de las Américas -cumbre de los gobiernos de América-, el gobierno español y sus socios mediáticos se pusieron a jugar en el centro de la cancha. Mientras el 32,6 por ciento de los niños en España viven en riesgo de pobreza y/o de exclusión social (así lo asegura la ONG Save the Children), Mariano Rajoy, máxima autoridad del país y símbolo del Partido Popular (PP), se tomó el tiempo de recibir en Madrid a Mitzy Capriles, la esposa de Antonio Ledezma, el alcalde de Caracas detenido por golpista. Pero no solamente el líder del Partido Popular lo hizo: Pedro Sánchez, referente del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), también eligió juntarse con Capriles en vez de denunciar que el 8,3 por ciento de los menores de su tierra viven bajo privación material severa. Como si fuera poco, Felipe González, miembro histórico del socialismo español y presidente del país entre 1982 y 1996, asumió, en Venezuela, la defensa judicial de Ledezma y de Leopoldo López, también detenido por golpista luego de las protestas de febrero de 2014 en Caracas.

Felipe González, amigo personal de Carlos Andrés Péres, expresidente de Venezuela, separado del cargo de presidente tras ser acusado por la Corte Suprema de Justicia de su país por “malversación de fondos públicos y fraude a la nación”, dio una entrevista al diario El País, el 14 de marzo, en la que, explicando su postura sobre España, dejó en claro cuál era su base ideológica: “Yo defiendo la economía de mercado, eficiente y competitiva como el único instrumento para hacer de verdad más iguales las oportunidades de la gente”. Desde ese lugar piensa, desde ese lugar decidió defender a los acusados Ledezma y López, desde ese lugar considera al chavismo un gobierno “no democrático” -más allá de haber ganado 18 de 19 elecciones-.

Maduro, tras ver las acciones y las declaraciones de Felipe González, declaró: “González se ha incorporado abiertamente a coordinar el lobby golpista frente a mí”. Además, se ocupó de recalcar que el expresidente español, en 2005, tuvo una dura discusión con Chávez, luego de que el exmandatario venezolano rechazara vender una empresa telefónica estatal a una empresa dirigida por el mismo González.

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La intervención de la derecha española en la escena de Venezuela no termina ahí. Ni mucho menos. Luis de Grandes Pascual, miembro del Partido Popular e integrante del Partido Popular Europeo, no solamente operó para que el Parlamento Europeo condenara a Nicolás Maduro sino que se encargó de poner de manifiesto, sin ningún tipo de tapujo, representante de quién es en este mundo: el capital financiero. “Hay que explorar y adoptar las medidas necesarias para salvaguardar los intereses europeos y el principio de seguridad jurídica para las empresas europeas en Venezuela”, argumentó sin hacer alusión a los 41.000 millones de euros que se utilizaron en España para salvar a la banca de la crisis. Por supuesto, de Grandes Pascual tampoco se preocupó por aclarar por qué es más importante proteger la ganancia de los explotadores que generar trabajo en una sociedad que tiene sin empleo al 23,4 por ciento de su población económicamente activa (según señala la Oficina Europea de Estadística).

“Parece que el ‘socialismo del siglo XXI’ bolivariano se articula peligrosamente sobre las ansias cleptómanas de sus ideólogos”, sostuvo el diario El Mundo, para que los dispositivos mediáticos se pusieran a tono con el ataque sistemático a Venezuela, en su editorial del 16 de marzo. Mientras tanto, miles de personas de todas partes de España marchaban a Madrid para reclamar “Pan, trabajo y techo”.

“Gracias al aparente exceso de Obama, a la desesperación cubana por atraer inversiones, turistas y comercio, y frente al descalabro económico venezolano, producto de la incompetencia y de la caída del precio del petróleo, el tiempo de la indiferencia se agotó”, escribió el mexicano Jorge Castañeda, representante académico de la derecha internacional, en una columna de opinión publicada en el diario El País el 23 de marzo. Mientras tanto, los manifestantes denunciaban en la Plaza Colón de la capital española las políticas de ajuste del gobierno conservador de Rajoy.

Jorge Martínez Reverte, escritor e historiador, dijo lo suyo, siempre en una sintonía derechista, en un artículo publicado -también- en El País el 20 de marzo: “Maduro se parece cada vez más a un dictador brutal que al liberador que algunos nos quieren colar. Ya están superados, por desgracia, los tiempos en que Venezuela podía presumir de haber disminuido la desigualdad social”. Y, también mientras tanto, una de las centenares de miles de víctimas de la crisis explicaba en plena protesta: “Vivimos un estado de emergencia social en el que estamos pagando con nuestras vidas los desmanes de los bancos”.

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Uno de los principales organismos desde donde opera España en Latinoamérica es la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), que tiene como titular al expresidente Aznar -también encargado de dar el sí para que España se sumara a Estados Unidos en la invasión a Irak, que comenzó en 2003-. Este líder del PP, al abandonar el cargo de máximo mandatario de su país, se dedicó a difundir las ideas neoliberales de FAES y a manejar el lobby internacional de News Corporation -una empresa de propiedad de Ruper Murdoch, investigado y procesado por escuchar ilegales-.

Aznar trabaja, a través de FAES, con Mauricio Macri, uno de sus delfines políticos en el continente. En 2009, en Buenos Aires, organizaron una charla que tuvo como orador principal a Sebastián Piñera, expresidente de Chile, por el partido derechista Renovación Nacional. Allí, expresó: “En la región existen dos modelos. Uno es el bolivariano. El otro es el de la libertad”. Tan sólo un año después, hubo otra reunión, organizada por la Fundación Pensar -liderada por Macri, en Argentina- de la que participaron Aznar, Macri y -sin ninguna casualidad- Antonio Ledezma Díaz -alcalde de Caracas detenido- donde argumentaron que la crisis económica mundial implicaría ganadores y perdedores y era hora de que sus países se sumaran a los ganadores.

En este escenario en el que la Cumbre de las Américas aparece como cita decisiva para lo que será la política de Estados Unidos sobre los países latinoamericanos –con Venezuela como epicentro-, España hizo, según dio a conocer el periodista canadiense Jean-Guy Allard, una última contribución de peso al deseo imperial de someter a la región: albergó a Ramón Guillermo Aveledo, secretario de relaciones internacionales de la venezolana Mesa de la Unidad Democrática (MUD) -opositora al gobierno de Maduro-, para que se reuniera en Madrid con los más mediatizados cabecillas que tiene hoy el gobierno de Obama a la hora de agredir a Cuba. Todos ellos tramaron cuáles serán los pasos a seguir en el cónclave que tendrá lugar el 10 y el 11 de abril.
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Desde aquella vez que Carmona descolgó el teléfono y charló amablemente con Aznar acerca del efímero triunfo que creían eterno, el conjunto de la derecha española no ha parado de aportar discursos y recursos y políticas para golpear a este continente. Ni siquiera el desastre económico y social en el que está sumergido el país desde 2008 calmó las ansias de venganza de los que siempre tiran paredes con los intereses de Estados Unidos. Venezuela resiste como lo viene haciendo Cuba desde hace más de medio siglo. Y, al menos por ahora, aunque se muera de ganas, Rajoy no tiene a quién llamar para echarle una felicitación.

Vosotros podéis

España se encamina en la búsqueda de una ciudadanía más inclusiva. El partido Podemos rompe con la dinámica bipartidista hasta liderar encuestas. Un movimiento joven en un viejo continente.

Podemos es un verbo en plural, con un mensaje en presente, hacia al futuro, de fuerza, ambicioso, una expresión de deseo.

Podemos es el rótulo político-partidario de otro rótulo mediático, el de los “indignados” españoles, un movimiento mucho más profundo y propositivo que ese bautismo…

Podemos es la reacción que busca institucionalizar a los sectores emergentes que se oponen a la gestión neoliberal de la crisis, es decir los protagonistas de un cambio (mejor, antes que “crisis”) que empezó el 15 de mayo de 2011 en una manifestación y acampe en la Puerta del Sol, Madrid.

Podemos es un partido político que desafía al bipartidismo clásico PSOE-PP, proponiendo una democracia más participativa, alejada del dominio de los banqueros y las corporaciones.

Podemos es, según una encuesta del diario El País, la primera fuerza política en España, a un año de las elecciones generales en las que se renovarán 350 bancas de diputados y 208 del senado, con una intención de voto de más del 22%.

“Hay 6 millones de personas ahora mismo en paro. Más de 250 mil jóvenes han emigrado para estudiar o trabajar en otros países. Ha llegado a haber 500 desalojos diarios: personas que habían comprado una casa contrayendo una hipoteca con el banco en épocas donde había trabajo, y de repente se encontraron sin trabajo, y sin poder pagar la hipoteca. En España no es como en Estados Unidos, donde tú entregas las llaves: sino que tú entregas las llaves, sigues pagando la hipoteca, e incluso puedes pasársela a tus hijos”.

Amador Fernández Savater está sentado frente a diez personas en un bar del centro de Buenos Aires, en una charla que apunta a informar novedades del otro lado del hemisferio. “Así contado, parece una película de terror. Pero en realidad lo que está habiendo es una especie de aceleración del tiempo de destrucción del capitalismo, a una velocidad que no habíamos visto”, dirá.

Amador Fernández Savater.
Amador Fernández Savater.

Amador Savater es – además de lo que su apellido evidencia- editor, escritor, bloguero y militante dedicado a teorizar sobre los movimientos emergentes españoles. Viajó para relatar sobre Podemos en universidades y movimientos, pero la introducción que propone analiza la antesala del clima político español. “Ante ese escenario, hubo huelgas generales, los movimientos sociales habían intentado hacer convocatorias, pero ninguna había tenido un mínimo de energía. Eso es lo importante para entender lo singular del 15M y de Podemos: cómo desde lo político ya organizado no hubo manera de convocar nada interesante, desafiante, frente a la dureza de la crisis”.

La convocatoria que finalmente tuvo efecto comenzó a cocinarse, en cambio, a través de Democracia Real Ya, una plataforma independiente que ayuda a coordinar acciones globales de movimientos ciudadanos; en su quiénes somos se describen como “los desempleados, los mal remunerados, los subcontratados, los precarios, los jóvenes”. La convocatoria tenía fecha: 15 de mayo de 2011. “La llamada hizo foco contra los políticos y los banqueros, como representantes de los ajustes para contener la crisis, y eso fue lo que aunó a la gente más allá de los partidos y los movimientos”, dice Amador.

Marta, integrante de Podemos de Barcelona, cuenta en primera persona: “Nunca había hecho nada político, pero creo que el momento era tan bestia y estaba tan indignada que cuando apareció la posibilidad de este movimiento me sentí impelida a participar. Estoy súper contenta de que haya esta fuerza, porque si no la indignación se te queda enquistada y no haces nada con ello”.

Savater recurre a sus teorías para explicar lo que Marta representa, y hace: “En la plaza lo que emerge es una “política del cualquiera”, en términos de Ranciere (Jaques, filósofo francés). En tanto que las plazas se organizan como espacios simbólicos y materiales donde se hacen esfuerzos permanentes por acoger a cualquier persona indignada con el estado de las cosas, fuera cual fuera su posición económica e ideología, sino que ponía de común lo que podía unir a la gente”. Lo que estaba naciendo, dice Savater, era un “nosotros nuevo”.

Sólo en Madrid salieron a la calle aquél 15M más de 20 mil cualquieras, y se calcularon otras 100 mil en el resto de España. “Después de la manifestación hay un grupo de 40 personas que dicen ´bueno, no vayamos a casa, vamos a hacer algo más´. Y acamparon en la Puerta de Sol. Fueron desalojados. Y días después se tomó la Puerta del Sol y las principales plazas de Madrid, y luego en otras plazas del país”.

¿Qué estaba pasando? “Es importante pensar las plazas como un lugar público de política y vida. Había campamentos, servicios de enfermería, de guardería, etcétera. Estábamos organizando ya la vida. Una pequeña ciudad dentro de la gran ciudad”.

La otra batalla urgente fue contra los desalojos: se creó la “plataforma de afectados por la hipoteca” para determinar los casos, situaciones y ayudas. “Se llegan a parar unos mil desalojos, y lo increíble fue que los cerrajeros y los encargados de desalojar se negaban a sacar a las gentes de sus casas. Metieron presos a bomberos porque se negaban a desalojar, decían ´ése no es mi trabajo´”, cuenta.

Estas organizaciones fueron tomando distintas formas y posturas, discusiones durante y después: “Lo interesante del 15M es verlo como una especie de cambio climático. Para nosotros no era una estructura ni un movimiento, sino que era como una nueva manera de hacer política. Y que podía darse en cualquier lugar sin llamarse a sí misma 15M”.

Bea es una joven de 20 y pico de años que integra Podemos desde su inicio en Barcelona. Desde ese su lugar relata su visión de cómo estas organizaciones del 15M derivaron, entre otras cosas, en un partido político: “Parte del movimiento social se había circunscripto mucho a hacer labor desde la calle y desentendiéndose de lo institucional. Y la política en un partido no tiene por qué ser necesariamente algo sucio. Lo que viene a decir Podemos es que el cambio social no solo va a poder hacer ese trabajo desde la calle y desde la denuncia sino que hay esa necesidad de que gente verdaderamente tenga voluntad de escuchar y trabajar para la gente dentro de los recintos”. También lo explica a la inversa: “El consenso de la ciudadanía en estos temas no se venía traduciendo en cambios reales”.

Vea, Marta y Luca de Guanyem y Podemos Barcelona.
Bea, Marta y Luca de Guanyem y Podemos Barcelona. Foto y entrevista: Julieta Colomer

Bea lo dice desde su pasado militante en movimientos sociales: “Muchas veces lo que hemos visto es que pasas cierto tiempo haciendo una recogida de firmas para una iniciativa, y luego eso se supone que se eleva y se lleva al parlamento y se desoye totalmente”. Ahora: “Lo que podemos brindar es toda gente que viene con un trabajo detrás, que son verdaderos expertos, que conocen la educación, la salud pública e incluso tienen propuestas concretas. Ahí es donde entramos nosotros: esa interlocución con los movimientos. Tenemos que construir un programa a elevar y para eso queremos escuchar propuestas”.

Podemos nació hace menos de un año como hijo declarado del 15M, con el objetivo inmediato de competir en las elecciones parlamentarias del 25 de mayo de 2014. Tuvo apenas meses de campaña pero supo cristalizar estos años de movilizaciones y discusiones. Llegó entonces con la propuesta de un programa redactado por “miles de personas”: “Era un manifiesto de cara a las elecciones europeas donde se recogían una serie de demandas del modelo productivo, la anticorrupción, el derecho a la vivienda, el trabajo digno, derechos de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, en total diez puntos sencillos pero profundos que impulsaban candidaturas asentadas en un método de participación ciudadana”, resume Bea. La habilidad de Podemos no fue tanto la novedad de sus proposiciones – que van en la línea de muchas promesas llamadas “progresistas” y de “izquierdas” de distintos países-, sino la dinámica de su organización y la llamada convocante a la ciudadanía.

En las parlamentarias Podemos cosechó 1.245.948 de votos, el 8%, ubicándose como la cuarta fuerza, dando el batacazo : metió 5 eurodiputados, entre ellos la cara visible del partido, Pablo Iglesias, profesor de ciencias políticas.

Los cinco candidatos elegidos firmaron antes una acta de compromiso que materializaba eso del control ciudadano: su retribución mensual sería equivalente como máximo a tres veces el salario mínimo (645 euros), debiendo donar el resto del salario oficial a los proyectos del partido o “iniciativas, colectivos, asociaciones”; se comprometieron a una rendición periódica de cuentas al habilitar mecanismos de transparencia e información de fácil acceso, consultas directas por Internet y una oficina que tramite iniciativas populares; y otros pactos que resultan más evidentes – pero no lo son- como la independencia de cualquier corporación, y hasta el compromiso de viajar en transporte público siempre que sea posible.

Bea: “También se plantea en el partido la limitación de mandatos y la revocabilidad. Pero estas medidas no tienen sentido si no hay una ciudadanía detrás. Las dinámicas institucionales, los poderes económicos y lobbys de poder y prácticas muy arraigadas a la manera de hacer política hacen que se podría ver arrastrado cualquiera si no hay ese control ciudadano”. Luca, también de Podemos Barcelona: “Simplemente no se puede decir ´vamos a ser distintos´. No podemos ser tan naif y pensar que esto funcionaría sólo y sin más. Por eso este compromiso ético”.

 

-¿Cómo se sustenta Podemos?

Bea: “Con poco dinero: haciendo de la necesidad, virtud. No nos financiamos con dineros de los bancos, nos apoyamos en la colaboración de la gente. En la página hay un sistema de crowfounding a través del cual se solicitan recursos para el partido o para propuestas concretas. Y también de pequeños gestos. En la primera campaña no teníamos dinero para hacer propaganda, se hizo una carta para pedir el voto y la gente se lo imprimía en la casa y llenaba las escaleras del edificio”.

-¿Cómo se difunde?

-“Hay un apoyo desde el inicio en las redes sociales. Y una vez que nos dieron un eurodiputado, ya empezamos a salir en los periódicos, a partir de ahí empezamos a ver cómo la gente empezaba a preguntar, a participar, a enterarse de qué iba para apoyar aquello”.

-¿Cómo se organiza?

-“Estamos en pleno debate organizativo y demás, todo eso pasa por discusión a nivel telemático y ahí es donde tienen un papel importante los círculos, que son los espacios en cada ciudad y en cada barrio: cuidan lo presencial. Se hacen reuniones. Ya no es que son dos procesos en paralelo, el partido y los círculos, el uno enriquece al otro, y es muy necesario. En las reuniones cualquiera dice la suya y gente que esté más puesta puede traducirlas en lo que sea: organizar jornadas de debate, una denuncia… Están las reuniones y también se usó el fondo del salario de los eurodiputados para hacer 13 oficinas como espacios de contacto con la ciudadanía, para transmitir lo que se está haciendo y recibir propuestas”.

Podemos habilita, además, su plataforma digital para completar un formulario que permite presentarse como candidato a Secretario General, Consejo Ciudadano o Comisión de Garantías del partido, que debe elegir representantes de cara a las elecciones municipales. Según los requisitos, cualquier ciudadano inscripto en Podemos puede presentarse, él o junto a un equipo de personas, necesitando el aval de uno de los círculos organizativos de Podemos, que puede habilitar hasta dos listas cada uno.

En el proceso de elección, cada lista dará a conocer las actividades para difundir las candidaturas y sus contenidos programáticos; asimismo, el Equipo Técnico de Podemos se compromete a impulsar espacios y dinámicas de participación para visibilizar a los diferentes candidatos. Puede votar cualquier ciudadano inscripto en Podemos, por Internet o en mesas habilitadas. Los electos serán los candidatos más votados para cada órgano, independientemente del equipo al que pertenezcan, con una única corrección: se debe mantener un equilibrio de género, 50 y 50.

-¿Cuáles son los desafíos hoy?

-De momento se está haciendo la dinámica organizativa a la espera que nos dotemos de un modelo más oficial para todo el mundo. Hoy el desafío es asentar los círculos de distrito y confluir entre ellos: ahí están quienes tienen realmente lo que pasa en el barrio.

La implantación de Podemos a nivel municipal y autonómica, para presentarse a elecciones en cada ciudad, todavía no está desarrollada: recién el 2 de enero de 2015 el partido tiene previsto dotarse de secretarios generales y consejos ciudadanos locales y regionales.

Mientras tanto, sin esta formalidad han ido surgiendo distintas versiones locales que intentan replicar estas lógicas: Bea, Luca y Marta encarnan además a Guanyem (en catalán: Ganemos) la versión municipal de Podemos, nacida como círculo del partido en Barcelona. Guanyem es hoy una fuerza política con referentes y medidas propias: “La diferencia es que Guanyem nace mucho más de abajo, no es casual que las personas que se perfilan con liderazgos más potentes provengan de la plataforma de afectados por la hipoteca, tiene un enraizamiento con el tejido social de aquí pues es muy potente, de ahí puede salir algo con mucha fuerza”, dice Bea.

Podemos está entonces en plena organización interna: con fuerza y proyección nacional, se debate cómo replicar la experiencia en las distintas ciudades que ya tienen expresiones propias. Bea, desde Ganyem, disipa fantasmas: “La gente pide a gritos que no nos dividamos. Vamos a hacer todos los esfuerzos para dejar de lado nuestras diferencias y sumar para lo que está claro: en el caso de Barcelona, que este modelo de ciudad no nos gusta. Y eso lo sabemos los ciudadanos y por eso nosotros lo vamos a cambiar”.

Resta una pregunta, para no perder el eje: ¿qué sucede con las otras experiencias, movimientos y movidas que generó el 15M, además de Podemos? Volvemos a Amador: “El peligro es centrarse en un solo punto. Para muchos amigos es una idea problemática la de Podemos, como idea de tomar el poder como lugar de cambio; no porque no se pueda hacer nada interesante, que de hecho lo es, sino porque lo pensamos en términos de políticas ´multicapas o multicanales´. Multicapas es una política que actúa en muchas capas de la realidad: lo social, lo cultural, lo económico, lo político. La imagen que usamos es la de una mano, en la que cada dedo puede representar una de estas capas (el movimiento de hipotecas, los jóvenes que gestionan cultura independiente, los movimientos autogestionados, Podemos, etc.), que, en determinado momento, cerramos para golpear juntos en un mismo lado”.

“Si no hay justicia, hay escrache”

Julieta Colomer es una fotógrafa argentina que militaba en H.I.J.O.S y era parte activa de la Mesa de Escraches Popular. Por las imágenes de este mecanismo de pedir justicia, expuso en el Museo Reina Sofía, de Madrid, y participó de charlas sobre la resignificación del espacio público. A su vuelta, invita a la reflexión sobre nuestra historia reciente y la compara con la realidad española.

Para la mayoría de los turistas que llegan a Madrid, el Museo Reina Sofía es lo segundo que se ve de la ciudad. A no ser que te subas a un taxi o a un auto particular para ir hasta donde te alojes en la capital de España, lo más probable es que – hayas viajado en avión o en tren o en colectivo – termines en la estación de trenes de Atocha, en pleno centro madrileño. Enfrente de Atocha está el Reina Sofía, uno de los museos más famosos y modernos de Europa. Allí duerme el Guernica de Picasso –la obra en la que el pintor español ilustra la salvajada de los bombardeos a esa ciudad durante la Guerra Civil – y varias otras joyas de Salvador Dalí y Joan Miró, entre otros. Mientras se recorre el primero de los cuatro pisos del Museo a las apuradas, porque la cita con la piel de gallina para ver el Guernica no se puede posponer demasiado, se pueden encontrar montones de obras seductoras que demoran el encuentro con Pablo Picasso. Exposiciones inesperadas. Por ejemplo: fotografías de los escraches que inventó H.I.J.O.S –Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio- en la década del 90’ para generar condena social en los vecinos de los represores, que sacaban a pasear su impunidad por los barrios mientras los amparaban los indultos, la leyes de Obediencia Debida y el Punto Final y, también, su apariencia de ancianos vecinos. “Si no hay Justicia, hay escrache”, era la consigna.

Negativos positivos.
Negativos positivos.

Las fotos son de Julieta Colomer, una fotógrafa argentina que militaba en H.I.J.O.S y era parte activa de la Mesa de Escraches Popular. “Es groso tener las fotos ahí. Son fotos que han estado en la calle, en centros sociales comunitarios, en predios que tomaron las asambleas post 2001. Han estado en La ideal en Villa Urquiza, en la casa de Cucha Cucha, que fue la casa que tomó la asamblea de La Paternal, en la olla de Callao y Corrientes. Post 2001, en la etapa de los cacerolazos, se había armado una especie de colectivo grande que unió a fotógrafos y documentalistas que se llamaba Argentina Arde. Y ahí hicimos muestras de fotos en la calle”, cuenta Julieta, a su regreso de Madrid, luego de pagarse el pasaje para ver sus fotos colgadas en las paredes del Reina Sofía y participar de distintas charlas. Las fotos estaban ahí porque formaban parte de una de la exposición que armó Marcelo Expósito, un español artista y activista social. A la muestra se la llamó Playgrounds,  porque trataba la resiginficación del espacio público, y se exhibió hasta finales de septiembre pasado. “Las fotografías de Julieta muestran la experiencia de los escraches desde dentro, a diferencia de otras visiones de tipo más periodístico o reportajista, constituyen documentos excepcionales de esa experiencia histórica vista desde su interior”, explica Expósito desde Barcelona.

-¿Cómo eran esos escraches de H.I.J.O.S?

-Los escraches apuntaban a la condena social. Fueron en su mayoría entre el 98’ y el 2006. Se laburaba dos meses en el barrio para construir ese consenso y esa condena social en los vecinos. Tenía diferentes partes. Primero una situación más cerrada, en la que H.I.J.O.S investigaba los legajos que conocía de militares y ahí empezaba la averiguación de si la dirección que figuraba en los legajos era actual. Después de ahí –cuenta Julieta Colomer- se trataba de pensar cómo sacarle la foto, porque lo interesante era hablar con el vecino pero también mostrarle que el tipo al que escrachábamos ya no era un joven, sino que la mayoría de los genocidas ya eran personas mayores, que pasaban como vecinos de tercera edad, y en muchos casos ya no se reconocían porque los legajos de la CONADEP son de hace mucho tiempo. Y al final, una vez que ya estaba el operativo hecho, se invitaba a la gente al domicilio para hacer el escrache al represor.

Los escraches de H.I.J.O.S fueron el instrumento para combatir la impunidad que encontró esta agrupación formada en 1995 por hijos e hijas de las víctimas del Terrorismo de Estado de la última dictadura militar argentina. En la Mesa de Escrache, además de militantes de H.I.J.O.S, había gente que se acercaba por las suyas: grupos de arte callejeros, alumnos de centros de estudiantes de los secundarios, gente del Sindicato de Motoqueros, o asambleístas de los barrios que estaba por pasar o por los que ya había pasado el escrache post 2001. Todo el laburo que le ponían a marcar la casa donde vivía un genocida con su familia, ante la indiferencia y el desconocimiento de la gran mayoría de los vecinos previo a que el escrache pasara por allí, tenía su fruto una vez que dejaban la zona. “Nos enteramos de varias situaciones en las que se tuvieron que mudar después de que pasamos, porque la familia no soportaba la presión de ser marcados. Sobre todo las esposas de los represores. Nos enteramos de algunos que se suicidaron. También hubo algunas reacciones de vecinos que acompañaban. Me acuerdo que en Villa Urquiza hicimos un escrache a un médico y laburamos con un jardín maternal. Al otro día del escrache, desde el jardín fueron y le tiraron pañales todos cagados. Nos encontrábamos ese tipo de reacciones”, cuenta Julieta, comunicadora social y fotógrafa de la Cooperativa La Vaca, para la que también realizó junto con Graciela Daleo, sobreviviente de la ESMA, un noticiero radial quincenal sobre los juicios de lesa humanidad que se están desarrollando en los tribunales federales de todo el país.

Imagen: NosDigital
Imagen: NosDigital

Además de testimoniar con su cámara el momento en que el escrache se hacía carne, o sea cuando se realizaba la movilización de vecinos a la puerta del escrachado, Julieta junto a otros compañeros de la Mesa de Escraches se encargaba de la inteligencia previa para generar ambiente y conciencia en el barrio. Así lo cuenta: “El operativo de sacarle la foto al represor era bastante complicado porque no podía abrirse demasiado. La mesa de escrache era un espacio heterogéneo y esa información la manejaba solamente H.I.J.O.S. Era un momento tenso el de la foto. Hubo uno que nos paranoiqueó mal. Habíamos ido con cinco compañeros en una especie de operativo clandestino que armábamos y ya de por sí era todo muy raro. Vivía en un pasaje muy chiquitito, tuvimos que pasar varias veces para ver cuál era la casa, eso ya nos botoneó un poco. Pero hicimos toda la movida para lograr que el tipo asomara la cabeza a la calle, porque necesitábamos sacarle la foto. Por lo general lo que hacíamos era llevarle una carta disfrazados, la idea era que saliera él, no su mujer ni un hijo ni ningún otro. Y no era fácil. Logramos que este tipo saliera y cuando le estoy por disparar la foto desde adentro de un auto, veo que me sacan una foto a mí desde la casa, de un piso de arriba. Entonces ahí fue como no entender nada. Fue decir dos palabras y subirnos todos al auto y nos fuimos. Mucha paranoia porque no sabíamos cómo se había filtrado. Nos dio miedo. Nunca nos había pasado”. La anécdota sirve para entender el laburo previo que había detrás de esos escraches y para comprobar que eran necesarios no sólo para construir condena social por la memoria de lo que esos genocidas habían hecho 30 años atrás con sus padres, sino porque muchos de los escrachados seguían en actividad. Y con poder. “El escrache ese se hizo dos años después. Fue muy raro porque era a un tipo que seguía en actividad, fue médico, obstetra de la brigada de San Justo, entregó bebes. El tipo nos jodió durante varios meses todo el laburo. Apenas llegábamos al barrio, la Mesa de Esraches hacía un mapa y durante los dos meses previos al escrache organizaba cine debate, charlas, volanteaba las plazas, todo para informar. También escribíamos una carta que la repartíamos por debajo de la puerta a los vecinos, para explicar por qué el escrache, quién era el escrachado en cuestión que vivía en ese barrio. A las pocas semanas el tipo escribió su propia carta, hablando bien de él a sus vecinos y diciendo que nosotros éramos violentos, vengativos. Hicimos pintadas y las encontramos al otro día todas tachadas. Eso fue una pelea en el propio territorio. Y una muestra de que el tipo seguía activo, operando. Hasta el momento uno no se imaginaba eso: que todavía mueve groso, que no es ningún boludo, que tiene su aparato. Para nosotros eran todos viejos que estaban retirados”.

El último escrache de H.I.J.O.S fue hace ocho años, en 2006. “Fue el más difícil que nos tocó hacer: a un comisario que estaba en actividad”, recuerda Julieta. Pero el final no tuvo que ver con eso, sino con el momento histórico que se vivía en la Argentina. En 2003, al asumir Néstor Kirchner, lo primero que hizo fue anular las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. “Fue un paso necesario e importante. La primera vez que un gobierno constitucional daba respuesta al reclamo histórico de los organismos de derechos humanos. Por ese entonces en la Mesa de Escrache se agudizó una discusión que había surgido años antes y que nos interpelaba a pensar qué entendíamos por Justicia. Existía una diferencia muy sutil pero tajante entre la idea de concebir el escrache como herramienta capaz de presionar para lograr el juicio y castigo y había otra idea que lo entendía como una construcción desde abajo y entre los vecinos: la construcción de condena social. A mi modo de ver ambas propuestas podían convivir pero no fue posible llegar a un acuerdo y la discusión terminó con la salida de H.I.J.O.S de la Mesa de Escrache. Esta situación complicó los mecanismos para seguir investigando a los genocidas. Por eso, ya a fines de 2006, se hizo cada vez más difícil la construcción de los escraches”, explica Julieta, de 40 años. Fue ahí cuando los inventores del escrache dejaron de hacer escraches. Una modalidad que replicó rápido en varios puntos de Sudamérica. Y que el año pasado migró a España. Acaso por eso también estuvieron esas fotos colgadas en las paredes del Reina Sofía. “Los escraches han migrado a España en los últimos años, no como una reivindicación de la memoria, sino como una herramienta de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), con un apoyo social amplísimo. De hecho, los escraches practicados a los políticos responsables de la violencia sobre la población resultante del estallido de la burbuja inmobiliaria y la emergencia habitacional, han contribuido a señalizar con nombres y apellidos a los políticos cómplices del genocidio financiero, provocando con ello su fuerte deslegitimación”, cuenta Marcelo Expósito, el artista que armó la muestra en el Reina Sofía, quien divide su tiempo entre Barcelona y Buenos Aires.

La PAH es un movimiento social surgido en 2009, en Barcelona, que agrupa personas con dificultades para pagar la hipoteca o que se encuentran en situación de ejecución hipotecaria. En España, la subida del precio de la vivienda acompañada de un buen pasar económico, en lo que se conoció como burbuja inmobiliaria, provocó que sacar una hipoteca para vivienda fuera casi tan sencillo como ir al quiosco. Pero la burbuja un día explotó: desde la crisis económica que se desató en 2008, con el aumento del desempleo a más del 25%, se ha vuelto imposible para más de 350 mil familias pagar las hipotecas. Son los desahuciados, como se los llama en España, donde a los desalojos se los conoce como desahucios. Son los que se quedan sin la vivienda pero continúan con la deuda con el banco a cuestas aunque no disfruten del calor del hogar por el que deben pagar. “Los escraches efectuados por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca están estrechamente vinculados a los escraches argentinos, aun con las diferencias sustanciales en sus objetivos. También en el Estado español –cuenta Marcelo- se apela a la sociedad civil, se le reclama a la gente tomar posición. Son una apelación a la justicia desde abajo, sin ejercicio de violencia ni venganza, pero contundente en su condena social de los cómplices de violencia contra la sociedad civil”.

Durante su estadía en Madrid, Julieta Colomer dio una charla en el Patio Maravillas, un colegio que llevaba siete años cerrados hasta que se lo ocupó para transformarlo en el centro comunitario más grande de la capital española, junto con miembros de la PAH. “Ellos tuvieron la experiencia del 15M que fue similar al 19 y 20 de acá. El escrache que replicó allá, o que ellos tomaron, no es de víctimas de del franquismo sino que tiene que ver con un motivo económico. Tiene esas diferencias. Para algunos de allá, para otros no, pero sobre todo para las víctimas del franquismo que siempre remarcan que en España no se mira nunca al pasado, que no se ha hecho nada por esas víctimas, son importantes esas diferencias”, cuenta.  Marcelo Expósito retoma esos contrastes: “Aun así, desde hace quince años se desarrolla en todo el Estado español un potente movimiento por la recuperación de la memoria histórica, que si bien no ha hecho uso de la herramienta de los escraches, sí lo ha hecho de acciones contundentes con la continuada localización y exhumación de tumbas NN donde se encuentran todavía los más de cien mil desaparecidos fruto del crimen de Estado en los primeros años del franquismo. La influencia que el movimiento histórico por los derechos humanos argentino ha ejercido sobre este movimiento por la recuperación de la memoria histórica en el Estado español, ha sido enorme”.

El escrache español tiene el mismo fin que el que inventó H.I.J.O.S pero una impronta bien distinta. “Tiene que ver con la época también. Es una situación un poco más virtual. Hay mucho tuiteo, redes sociales. Pero ellos han logrado con los escraches frenar algunos desalojos. Y el tema de los desalojos es bestial: hay gente que se quedó sin la casa pero además tiene la deuda por 20 años. Es tremendo –cuenta Julieta- eso generó mucha rabia y canalizó en el escrache. Allá se señala a los diputados que frenaron la ley que ampara los desalojos. Lo que pasa es que la sociedad española no logró calar el escrache porque no les gustó eso de señalar con el dedo, de buscar condena social. No está bien visto a nivel social. Por supuesto que sí en los jóvenes. Y hay algunas excepciones: cerrajeros  que les tocaba ir a desalojar y se negaron”.

Este asesino vive en nuestro barrio. Julieta Colomer.
Este asesino vive en nuestro barrio. Julieta Colomer.
Frente a la casa del torturador. Julieta Colomer.
Frente a la casa del torturador. Julieta Colomer.
En el barrio. Julieta Colomer.
En el barrio. Julieta Colomer.
Conozca a su vecino. Julieta Colomer.
Conozca a su vecino. Julieta Colomer.
Condena social. Julieta Colomer
Condena social. Julieta Colomer
Juicio y castigo. Julieta Colomer.
Juicio y castigo. Julieta Colomer.
Redoblante. Julieta Colomer.
Redoblante. Julieta Colomer.
Stencil en la calle. Julieta Colomer.
Stencil en la calle. Julieta Colomer.
Torturador suelto. Julieta Colomer.
Torturador suelto. Julieta Colomer.
Verdad justicia memoria. Julieta Colomer
Verdad justicia memoria. Julieta Colomer
Volante. Julieta Colomer.
Volante. Julieta Colomer.

Sáhara: el desierto ocupado

Dos mujeres de Aragón entregan esta colaboración a NosDigital. Crónica e historia del pueblo saharaui, luego de 35 años de ocupación, desaparición y tortura marroquí. Un viaje a las entrañas del terrorismo de Estado que cuenta con el silencio y el encubrimiento de las potencias mundiales.

Primer encuentro con el Sáhara

Al Sahara se puede entrar de varias maneras, o porque leés algo en una revista como esta, o porque te cuenta alguien que ha estado o – como es mi caso – porque desde pequeña en los veranos de 1996 y 1998 tuve la visita de hermanas pequeñas. No hablaban castellano y vivían en el desierto. Es entonces cuando me enteré de la situación del pueblo saharaui y de la responsabilidad que el Estado español tiene en ella. Durante aquellos veranos, algunas ONGs organizaban vacaciones para niñas y niños saharauis en España. Recuerdo la primera noche de Yamila en casa, tenía 7 años y no sabía una palabra de castellano, estaba sola entre gente, clima y ciudad extraños y echaba de menos a su madre. Mis padres me contaron la historia del Sahara Occidental. De cómo es un territorio ocupado y su población está dispersa y gran parte de ella vive en campamentos de refugiados en mitad del desierto.

Pero ¿qué es esto del Sahara?

Durante siglos los saharauis fueron nómadas del desierto. En 1884, en la Conferencia de Berlín, los europeos se repartieron África. España obtuvo la región conocida hoy como Sahara Occidental creando unas fronteras artificiales que dividieron al pueblo saharaui y lo sometieron a una autoridad colonial. En los ´60, más allá de la presión de las Naciones Unidas, España no realizó el proceso de descolonización. Así se inició el movimiento por la liberación del Sahara y en 1973 se creó el Frente Polisario con el fin de obtener la independencia por medio de la lucha armada contra la ocupación española. Los enfrentamientos armados se sucedieron, resultando en muertes saharauis y españolas.

El destino de los casi trecientos mil saharauis que viven hoy sometidos en su tierra o  refugiados se forjaba. Lo que estaba en juego –y nunca ha dejado de estarlo – era la libre autodeterminación de un pueblo, enroscado entre los intereses de las potencias colonialistas.

En 1975, España traicionó el acuerdo con los saharauis y con la ONU de realizar un proceso de descolonización apropiado y justo y un referéndum de autodeterminación. Unilateralmente entregó el Sahara a Marruecos. Así el Sahara fue ocupado por su vecino Marruecos enviando a miles de civiles y soldados en la Marcha Verde por el norte, mientras Mauritania ocupó los territorios del sur. La mayoría de los saharauis huyeron de las aberraciones y los bombardeos y se refugiaron en los campamentos de Tinduf, Argelia. En 1976, el Frente Polisario – único representante legítimo del pueblo saharaui – proclamó la independencia y creó la República Árabe Saharaui Democrática (RASD).

La guerra de Marruecos con el Polisario duró hasta 1991 (Mauritania abandonó la contienda en el 79), tras la firma del alto al fuego con la única condición de realizar un referéndum de autodeterminación auspiciado por Naciones Unidas. Hasta hoy, el referéndum no se ha producido y se mantiene a parte de la población saharaui en los campamentos de refugiados en Argelia, y a la otra gran parte en los territorios del Sahara Occidental, bajo la ocupación marroquí. Hoy el Sahara Occidental es la última colonia de África.

¿Y cómo entramos en el territorio?

A mis dos compañeros de viaje y a mí ya nos han contado cómo funcionan los controles hasta llegar al Sahara. Desde que compramos el billete a El Aaiún, tenemos policía secreta siguiéndonos y escuchando nuestras conversaciones. Casualmente el personal de la estación nos abrió una de nuestras maletas. Nosotros estábamos nerviosos, lo que no podía ayudar. En el viaje en autobús, el conductor preparó unas 8 fotocopias de nuestros pasaportes. En cada parada, en el control se quedaban una. Acercándonos a El Aaiún, la policía marroquí empezó a hacer más preguntas y a ser más incisiva. En el último nos hicieron bajar del autobús y entrar en la garita. Allí, más preguntas: profesión, por qué íbamos a El Aaiún, a quién iríamos a ver, si nos quedaríamos con amigos. Con una compañera se ensañaron más pues la confundieron con otra chica que había estado antes. La acusaban de ser periodista. Somos turistas y vamos a un hotel, nos lo llevábamos bien aprendido. Desde el último control nos pusieron una furgoneta que nos siguió para confirmar si era cierto nuestro destino. No parecían haberse creído que fuésemos a hacer sólo una noche en un hotel de El Aaiún. Por fin, nos dejaron ir. A las horas de llegar a la ciudad nos vinieron a buscar para hacer el traslado a casa de una familia saharaui. Todos los nervios y la tensión, la rabia y la impotencia se convirtieron en otra sensación aún más grande. Empezamos a experimentar la dignidad de la resistencia, en cada instante.

¿Qué es vivir en un territorio ocupado?

La ocupación es sostenida por las fuerzas armadas marroquíes. El seguimiento es constante, la presencia policial y militar es visible en cada calle, en cada plaza, incluso hay barrios de mayor presencia saharaui donde las furgonetas policiales permanecen fijas en puntos estratégicos para frenar cualquier atisbo de rebelión repentino. En la Avenida Smara las furgonetas son incontables. Hay policía secreta que te vigila y te sigue constantemente. Caminando por el Zoco, el mercado de la ciudad, te das cuenta de que hay un hombre pegado a ti, que no parece tener más objetivo que ese. Es un secreta. Los ves en cada esquina. Te acostumbrás a su presencia.

También es común oír sobre los chivatos. Una familia nos contaba sobre la paliza recibida por su hijo de 15 años. La policía le dio duro en la calle durante una manifestación de esas que ocurren a diario; no suelen ser grandes, sino muestras cotidianas no violentas de descontento y de deseo de un Sahara libre, protagonizadas por grupos de estudiantes. No fueron al hospital porque allí espera siempre la policía para controlar y hacer seguimientos de las personas heridas. Tampoco se atrevieron a ir a ningún profesional saharaui porque no se fían de quién pueda ser un informador de la policía marroquí. En cada conversación, corroboramos que todas las familias proceden de la misma manera, se llevan a sus familiares heridos a casa.

Said Dambar fue asesinado por la policía marroquí en diciembre de 2010. Su muerte aún no ha sido investigada y su cadáver sigue en paradero desconocido. Tras ser informada de su muerte, a la familia sólo se le permitió ver el cuerpo de su hijo en el hospital desde la distancia, pudiendo distinguir que tenía un orificio de bala entre los ojos. Desde el principio se ha exigido la autopsia y una investigación sobre lo realmente sucedido. Tras 17 meses en la morgue, las autoridades marroquíes decidieron enterrar a Said sin decir dónde. Meses más tarde, la salud del padre de Said empeoró. Aunque fue atendido en la ciudad de Rabat, no pasaron más de unas cuantas semanas para su muerte. Durante ese tiempo la familia fue chantajeada con el tratamiento de su salud y con los procedimientos con el cuerpo. Si se rinden y cesan en su empeño de investigar el asesinato de Said, tendrán facilidades; si no, se les hará la vida imposible. Se verán obligados a velar el cuerpo en su casa ya que se les niega el acceso a la morgue. A los familiares que se hallaban en Rabat se les dificulta conseguir cómo viajar al entierro en El Aaiún. Esta familia se ha movilizado mucho y ha denunciado el crimen de su hijo a nivel internacional. Para forzarles a cesar su lucha, unas veces les han ofrecido viviendas y trabajo, otras les han amenazado con desenchufar la luz de la morgue. La casa de la familia, las hermanas y la madre de Said Dambar han sido atacadas de manera brutal. El caso de la familia Dambar y el chantaje realizado a su familia nos cuenta, y resalta por su sadismo, hasta dónde llegan las autoridades marroquíes.

Las asociaciones funcionan en clandestinidad, ya que  son ilegalizadas por Marruecos. Incluso se ha rechazado la legalización a asociaciones de defensa de los derechos humanos reconocidas internacionalmente como la ASVDH (Asociación saharaui de víctimas de graves violaciones de derechos humanos cometidas por el estado marroquí), que lleva desde el año 2005 constituida siguiendo la ley marroquí y ha ganado varios juicios que reconocen su legalidad.

No hay libertad de movimiento para la saharaui. Simplemente para ir a un pueblo costero a 35 kilómetros de El Aaiún con nuestro compañero saharaui, pasamos dos controles, uno de la policía y otro militar. Omar paró el coche para indicar adónde iba. Nosotras permanecíamos calladas en los asientos traseros. Pero esto es un hecho menor comparado con lo que sufre una persona saharaui. A una saharaui activista se le dificulta y hasta prohíbe la salida al extranjero. No sólo es la libertad de movimiento la que se ve atacada. Todo saharaui tiene a su familia dividida por el Muro de la Vergüenza, ese conjunto de muros defensivos de más de 2.700 kilómetros, y zona militar repleta de búnkeres, campos de minas y defendida por más de 100.000 soldados marroquíes. Parte de la población saharaui vive en Tinduf, Argelia, en los campamentos de refugiados, y la otra parte bajo la ocupación marroquí en los territorios ocupados. Familias separadas más de 35 años por un conflicto que no se resuelve.

Tampoco hay libertad de manifestación ni de ningún tipo de actividad política. Los intentos de la libertad de este pueblo en el territorio ocupado son respondidos brutalmente. Las manifestaciones saharauis son reprimidas, los allanamientos y las detenciones arbitrarias están a la orden del día. “Sales de casa y no sabes si vas a volver”. “Es un estado de alerta continua, en cualquier momento puedes ser tú o tu hermana, tu primo, tu amiga”, ” tras las manifestaciones, la policía va a las casas de la gente saharaui, rompiendo y haciendo daño a todo lo que encuentran por delante. Tienes que quedarte en casa detrás de la puerta a esperar a que vaya la policía, sólo podemos cerrarla y esperar”.

La represión no distingue de edades, ya desde la escuela se reprime a los niños saharauis por hablar su idioma, el hassania, ya dentro de las escuelas se socializa dentro de lo que la represión permite. La marroquinidad del Sahara es incuestionable, empiezan los castigos por ser saharaui, pero por contraparte es el momento en el que se reafirma más la identidad saharaui. Lo mismo pasa en los institutos. Hay profesores saharauis, pero son una minoría. No tienen más opción que adaptarse al currículum marroquí si quieren conservar su trabajo y no acabar en la cárcel.

Marruecos impone su fuerza para castigar y sembrar el miedo entre la población saharaui, y en alianza con sus estados hermanos España, Francia y EEUU, se encargan de tener limpia la imagen mediática del Reino Alaui, de silenciar que Marruecos ocupa un territorio y tiene construido uno de los muros más grandes del planeta. Se silencia la represión y la tortura que se suceden día a día en el territorio, se silencia la ocupación y se silencia a una población que lleva más de 35 años resistiendo desapariciones, secuestros, tortura y chantaje.

Este texto está escrito desde el corazón y desde la rabia que genera que la situación del pueblo saharaui se mantenga luego de décadas mientras el mundo le da la espalda. Somos dos chicas aragonesas que creemos en el internacionalismo como forma de entender los procesos de lucha de los pueblos. Nos gusta conocer luchas y difundir las nuestras. Este es el resultado de seis viajes a territorios ocupados. Son solo pinceladas de lo que ocurre en el día a día saharaui.

Vivir colonizado

En donde algunos dicen que nació el primer espíritu de la primavera árabe, en donde muchos dicen que hay solo arena del desierto inmenso, lo que hay es una nación sometida por Marruecos. En el extremo noroccidental de África, frente a las Islas Canarias españolas: Sahara Occidental.

Las guerras marcan, demarcan, enmarcan, remarcan los sucesos ordenados que suponen la Historia entera. Hacen de mojones que guían la sucesión de hechos, vidas y, claro está, muchas muertes. Estas guerras que se conforman como los hechos más estudiados en la historia de la Historia son sistemáticos comienzos o confirmaciones para el sometimiento de un pueblo por otro.

Fue colonia española hasta que la decadencia del reino español llevó a la corona a cederle los territorios al vecino marroquí. Aunque ningún país admite la anexión a Marruecos, la apropiación es una realidad desde 1976. Los territorios ocupados comparten la observación de la ONU en el Comité Especial de Descolonización con las Malvinas, compartiendo también la ineficiencia del organismo internacional.

La población se encuentra disgregada mayormente entre las ciudades saharauis en territorio ocupado y los campamentos de refugiados en Argelia. La realidad de cada lugar es bien diferente, por lo que nos acercamos a cada situación para que puedan transmitirnos su vida cotidiana atravesada en permanente por el espíritu avasallante del conquistador.

VivÍs en un campamento de refugiados

-Las temperaturas en los campamentos hoy han alcanzado 49 grados, os imaginas que desde las 10.30 ya nadie anda por la calle, ni coches ni las cabras que siempre buscan algún cartón para comer. Haber cuando el destino escribe que regresamos a nuestras tierras y a nuestro Atlántico. Nuestros jóvenes empiezan ya a presionar para hacer algo para nuestro pueblo.

-Vivo en los campamentos de refugiados saharauis al sur de Argelia.

-Desde que nací.

-Tengo 27 años.

-Desde 1975 mi pueblo lleva el exilio.

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Hablando con Luchaa Saleh, las preguntas, como a menudo, sobran. Como para cualquiera de los cerca de 150000 refugiados saharauis permanentes en los campamentos.

-Hay campamentos de refugiados al sur de Argelia gracias a los argelinos que nos han abierto sus tierras para que nuestros ciudadanos estén seguros. Los saharauis en el exilio nos hemos organizado en campamentos para administrarnos mientras trabajamos por la autodeterminación para elegir el futuro. Estamos a unos 30 kilómetros de la cuidad argelina Tinduf donde podemos ir por nuestras necesidades.

-Las viviendas son tiendas y hay colegios de adobe de tierra hechos por los exiliados. Gracias a la ayuda humanitaria que nos llega del extranjero hemos tenido algunos materiales para que nuestros niños puedan estudiar allí. Los profesores son saharauis que han estudiado en Cuba, Libia y Argelia. En cada campamentos hay varios colegios de primaria y hay otros fuera, a unos 34 kilómetros. Para el bachillerato y la universidad hay que ir a otros países, de encontrar dónde se encarga el Ministerio de Educación, porque en la ley saharaui el estudiar es un derecho.

Vivís en territorio ocupado

Naji Alali, responsable de sección española de El Centro Saharaui para la Información y la Comunicación, arranca algo ansioso contándonos la última causa que lo tiene ocupado: “A Salah Amaidan, atleta profesional saharaui, que regresaba a la ciudad ocupada de El Aaiun para pasar el verano con su familia, le ha sido denegada la entrada por las fuerzas de ocupación marroquí. En estos momentos, está siendo expulsado hacia España”. No se trata de ningún hecho excepcional, es lo de cualquier día. Ahora sí arranca a respondernos.

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-Vivo en la ciudad de El Aaiun, la capital del Sahara Occidental, situada en zona ocupada. Es una ciudad grande de 50 años, y casi 200000 habitantes. Tenemos una mezcla de clima desértico con marítimo, porque es una zona seca pero cerca de la costa del Atlántico.

-Últimamente recién empezó el transporte en autobuses.

-Hay una minoría saharaui y una mayoría marroquí de habitantes.

-Los saharauis tienen una relación pacifica con los ciudadanos marroquíes. Cada familia saharaui tiene vecinos marroquíes y sus miembros tienen relaciones de amistad y de trabajo con otros marroquíes pero el problema es con la autoridad de ocupación.

-Cuando los saharauis organizan una manifestación para reivindicar sus derechos elementales, sean políticos, económicos o sociales,  siempre las autoridades de la ocupación marroquí intervienen con fuerza para oprimir toda expresión libre de la independencia saharaui.

-Yo soy profesor de filosofía, pero la mayoría de los saharauis no tienen ningún recurso fijo u oficial para ganar su vida. Muchos de los jóvenes ganan su vida con trabajos ocasionales de sueldos bajos.

-La educación está organizada por la ocupación marroquí. Tienen el poder total de organizar el sector en la zona ocupada del Sahara Occidental. La idea que subyace a la política educacional es hacer a los saharauis ignorantes de su propia cultura, su identidad, su historia y su causa de lucha. De la misma forma, la ocupación impide el acceso de los estudiantes saharauis a las asignaturas altas como medicina, ingeniería, biología, física…

-Moverse y viajar en la zona ocupada es un sufrimiento y una humillación para los saharauis por haber mucha barreras entre las ciudades saharauis. Viajar al extranjero no es sencillo para la mayoría por no tener dinero o por la prohibición de las autoridades marroquíes si el viajero es activista por los derechos saharauis.

-El sistema de ocupación marroquí busca eliminar a todos los saharauis que luchan por la libertad del Sahara: los encarcela, los oprime, los tortura. El sentimiento generalizado de la gente del Sahara es el firme rechazo y la resistencia. Tienes que saber que los jóvenes que luchan hoy son chavos que han nacido bajo la ocupación, estudiaban y siguen estudiando en los institutos y universidades marroquíes. Aún así, la tercera generación es mas radical que la primera y la segunda.

-Un abrazo fuerte desde los territorios saharauis ocupados. Tengo el honor de ser tu amigo primeramente y serte mi compañero de lucha.

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La muerte de los ídolos es una fiesta

La banda española “La Pegatina” está de paso por Buenos Aires presentando su nuevo disco Eureka! Tras una década en la música, afirman que la gente ya no quiere ídolos, sino sentirse parte del equipo.

Ellos, hoy en Buenos Aires, son Romain, Ruben y Adriá, pero del otro lado del avión son también Axel, Ferran, Ovidi y Sergi. Todos son La Pegatina y como acostumbran arrancaron el viaje en musculosa y lo terminaron con pullover. Lo molesto de armar y desarmar infinitamente las valijas pierde importancia porque los de acá y los de allá, ellos y todos, no se imaginan haciendo ninguna otra cosa de sus vidas. Ellos hace diez años hicieron su all in a ellos mismos.

“Está difícil pensar en otra cosa que La Pegatina, es el 120% de nuestra vida”. El porcentaje es determinante desde hace un tiempo, desde que Romain y Axel llegaron desde Francia para sumarse y el equipo entero sintió la responsabilidad de ganar dinero con la música, principalmente para que ellos puedan quedarse. “A partir de ahí repartimos las faenas y cada uno dejó lo que estaba haciendo para sentarse única y exclusivamente en el grupo. Uno para que no muriera el proyecto porque nos gustaba y otra para que no muriera a nivel económico, para que pudiera seguir y la gente pudiera mantenerse”.

Convencidos de “el que no arriesga no gana”, montaron una pequeña empresa musical donde cada uno hacía funcionar una totalidad: La Pegatina. “El problema es que a muchos les pasa que les gusta mucho el grupo y tienen muchas ganas de tirarlo adelante, pero como no les da dinero se tienen que dedicar a otra cosa y esa otra cosa al final no les deja dedicarse a la música”. Prefirieron romper el molde sin saber si funcionaría. Hoy, lo siguen prefiriendo.

“No, esto no creemos que triunfe”, le respondieron en la primera discográfica a la que llevaron su material. La respuesta se convirtió en un empujón que los obligaba a buscar la forma de hacerlo diferente. “Ahí empezó a moverse la lógica dentro de nosotros y lo que dijimos fue ‘seguro que nosotros podemos trabajar como trabajan ellos’”. Sin frenos, grabaron su primer disco y averiguaron qué era lo que las productoras hacían y ahora ellos estaban por hacer. “Empezamos a trabajar nosotros como si fuéramos la gente que tenía que trabajar para nosotros, pero regalando el disco”.

¿Regalarlo? “Si nosotros hemos hecho el disco para que lo escuchen no para tenerlo en casa, pues entonces vamos a regalarlo y la gente ya vendrá a los conciertos y ahí empezamos con esta lógica”. Hoy con más de 45.000 discos vendidos – mucho más de lo que se requiere en España para ser disco de oro – demostraron que la descarga gratuita no excluye que la gente vaya y elija comprarlo.

–          ¿Por qué creen que funciona?

–          Se demuestra que hay una nueva forma de hacer, que está basada en el hecho de que la gente no quiere tener ídolos, sino que quiere tener a los músicos como amigos, entonces necesita formar parte del equipo. Los seguidores forman parte de nosotros. Entonces, se descargan la música pero luego quieren colaborar y te compran una camiseta o se compran el disco o van a un concierto. O simplemente se lo pasan al de al lado y también es una forma de colaborar, de compartir. Forman parte del equipo, es una forma diferente de entenderlo.

Los seguidores y la banda arman un equipo que trasciende las fronteras y ya lleva recorridos 15 países con más de 700 conciertos encima. China es una de las experiencias más flasheras que les tocó transitar, después de que el Gobierno aprobó las letras de sus canciones, llegaron sin que haya Google, ni Facebook, ni Twitter, ¡NI YOUTUBE!, y se entendieron sin que prácticamente no se hable inglés y a pesar de que las señas para comunicarse sean bastante diferentes. Todo eso no impidió que en la calle los frenen para las fotos, que en el show se enloquezcan y que ahora estén planeando una nueva gira.

–          Con experiencias así, ¿cómo hacen para seguir corriéndose de la figura de ídolo?

–          Lo bueno que hemos tenido es que hemos ido creciendo poco a poco, no hemos tenido un boom de golpe que de repente te encuentras que te para la gente por la calle. Entonces, no hemos sentido el agobio ese de ‘nos están mirando’. Se quita el mito del ídolo inaccesible por el que se busca la vida para acceder y de esta forma es más natural todo. Creo que la naturalidad es uno de los fuertes que tenemos y hace que la gente nos sienta como amigos, como compañeros suyos.

De todos esos que forman La Pegatina desde abajo del escenario ellos prefieren empaparse y los temas se vuelven universales. “Han traído el sol”, les dicen cuando llegan con la fiesta hecha música esperando explotar. Sin embargo, los ritmos que defienden fueron muchas veces menospreciados: “Ahora es la moda de la música indie y cuando se habla de música indie es la música independiente, es el folk, el pop y hay gente que acaba despreciando a la música mestiza. A veces, porque dicen que es facilona o que es fácil hacer música divertida. Me parece a mí que es todo lo contrario, hacer música divertida es como hacer el payaso, es muy difícil hacer humor, hacer algo triste o dramático le sale a todo el mundo. Poner fuerzas para hacer algo alegre u optimista a veces es complicado”.

Esa conjunción de ritmo, fuerza y fiesta parió a Eureka!, el último material de la banda que busca revertir ese preconcepto que posterga prestarle atención a la alegría. Durante un año laburaron las canciones para que cualquiera que lo escuche lo note: “Podrán decir que no les gusta, pero no podrán decir que no hay un trabajo detrás”. Las letras hablan de las giras, de poner a la banda como prioridad y de la hipocresía: “La hipocresía humana, individual, que luego al final se trasforma en algo colectivo y es el gran mal que ha jodido a todo, porque al final todo lo que pasa con la política, con la corrupción, con la avaricia, la ambición de la gente, esto viene por la hipocresía. Probablemente en el mundo del artista se ven cada día continuamente esas hipocresías; y hasta contigo mismo, que a veces necesitas estar por encima de todo”.

Ellos, que se suben más de cien veces por año al escenario para hacer música y justificar todos los cansancios que genera la gira continua. Ellos, hoy en Buenos Aires, pero con seguidores en todo el mundo, con canciones en siete idiomas, con festivales multitudinarios coreándolos, con pedidos de fotos y autógrafos en casi todos los cafés que se toman. Ellos sostienen que lo fundamental es “sentirte bien con uno mismo y creer en lo que haces a nivel personal, y a nivel colectivo estar bien con el prójimo, todo lo demás son las guindas de los pasteles”. Ellos ¿se creen exitosos? “No es éxito, es trabajo bien hecho, son los frutos del trabajo”, dicen.

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

Minería de primer mundo

Las corporaciones mineras internacionales aprovechan la crisis española para, apoyándose en alianzas gubernamentales, explotar el suelo gallego eludiendo los controles medioambientales. Ocurre en África, en América y en Europa también.

Sin importar dónde esté el hombre cuando de noche mira hacia arriba, observa el mismo resplandor de las estrellas. Ellas son, tal vez, de las pocas cosas que no han podido quitarle al  conjunto de la humanidad. Al mismo tiempo, cuando posamos nuestras manos en la tierra, ésta nos abriga y nos da el sustento. Este privilegio ya está cercado y apropiado por individuos que ni siquiera sabrán qué se hace en sus campos, mientras de sus frutos sale su riqueza. Bajo esta perspectiva, se entiende cómo es que a lo largo y ancho del mundo las comunidades y pueblos hacen lo imposible para evitar el daño de su territorio por las empresas mineras que, en un salvaje acto extractivo, abren la tierra en dos, le quitan sus recursos y desechan lo innecesario a su alrededor, envenenando hombres y Naturaleza por igual. En Argentina los casos históricos de Esquel, Famatina y Andalgalá, dieron el puntapié para la defensa y concientización ambiental de muchísimos. En Galicia, España, el proceso se repite, la situación de la comunidad autónoma que insiste en defender lo propio y evitar su conversión en un gran centro minero.

Galicia es una mina

Desde la asunción de Alberto Feijoo como Presidente de la Xunta de Galicia –el Poder Ejecutivo de la región- por el Partido Popular, la minería recibió un extraordinario apoyo como salida a la crisis que está sufriendo el país y el continente europeo. Galicia cuenta ya con 520 minas activas en una superficie no mayor que Misiones. Oro, estaño, wolframio, gas natural son algunos de los recursos que de la tierra gallega se extraen. Fracking, minería a cielo abierto, cianuro, envenenamiento de las aguas, “accidentes”, indemnizaciones… algunas de las palabras que se han hecho cotidianas.

Ante tamaño volumen de las explotaciones mineras con sus consecuencias ambientales, ¿cómo es que el nuevo gobernador pretende sustentarse en estas prácticas para salvaguardarse de las dificultades económicas y sociales? Álvaro Carreira, miembro de la Plataforma Vecinal Corno do Monte, en diálogo con NosDigital nos responde: “Esa pregunta debería contestar con sinceridad el gobierno Gallego. Todos sabemos lo de los sobres. No quiero ni pensar que esté ocurriendo eso, ya que como gallego sentiría vergüenza y asco de mi gobierno. Por otra parte la campaña de este gobierno es que Galicia é unha mina (Galicia es una mina). Eso lo dice todo. Sin tener ya en cuenta las consecuencias medioambientales, los daños para la salud de las personas, los impactos sobre el relevo y el paisaje, el gran daño al turismo (Galicia es un país con un gran potencial turístico), la minería es una industria con fecha de caducidad muy próxima. Cuando ya no se pueda sacar más ¿qué hacemos?.

De lago a vertedero tóxico. De parque nacional a mina

En 1998 se vivió una de las mayores catástrofes ambientales de España. Una fractura en el dique que contenía agentes tóxicos ocasionó que éste se dispersara a lo largo del río Agrio y luego por el Guadiamar, curso de agua que parte en dos el Parque Nacional Doñana. Las consecuencias fueron gravísimas no solo para el territorio protegido, sino también para cultivadores y habitantes de la zona que regaron o bebieron del río contaminado antes de hacerse pública su contaminación. La empresa sueca Boliden fue condenada seis años más tarde por la Justicia española con 45 millones de euros de indemnización. La empresa se negó al pago aludiendo a que la catástrofe se ocacionó “causas externas”. Hoy en  día más de 4 mil hectáreas alrededor del Parque Nacional están aún contaminadas.

Creería uno que luego de tamaño escándalo, pocos se atreverían a jugar con los pocos espacios naturales que aún quedan en este planeta. Sin embargo el Partido Popular Gallego lejos de eso, expande los proyectos mineros, aún en las cercanías de lagos, ríos y bosques, total, Galicia es una mina.

En Cabanas de Bergantiños se pretende instaurar una mina de oro a cielo abierto, arrasando con más de 700 hectáreas de territorio, con un cráter de más de un 1,5km y una balsa de residuos tóxicos comparables a la que generaba la empresa Boliden. ¿La dueña del proyecto?: Edgewater Explotation S.L de capitales canadienses, que además de su incursión en territorio gallego, posee minas a lo largo del pequeño país africano de Ghana. Las condiciones laborales allí no se caracterizan por el respeto al minero ni al medioambiente. Pese a que la alcaldía de Cabanas y la Xunta de Galicia aprobaron el proyecto, los estudios de impacto ambiental son un escándalo, como lo demuestra la Sociedad Gallega de Historia Natural en un informe propio[i]:

-Los valores de Arsénico aportados a los suelos por los desechos de la mina oscilan entre 26 y 4090ppm, siendo la media de 446ppm, siendo más elevada que las toleradas para la actividad industrial.

-La Secretaría General de Evaluación y Calidad Ambiental aprobó un “contenido en arsénico del vertido calculado (0,077 mg/l)”, casi 8 veces superior al límite establecido para aguas potables por la Organización Mundial de la Salud;

-La Secretaría también le dio la razón a la empresa minera y rechazó la demanda de los técnicos ambientales de la propia Consejería (Dirección General de Conservación de la Naturaleza) de que la aprobación de la mina estuviese condicionada “a la exigencia de publicar en tiempo real y en página web los parámetros de calidad de aguas en todos los puntos de vertido”.

Mientras tanto, los vecinos de Cabanas viven en una constante contradicción: entre quienes se oponen a una actividad que podría arruinar toda la belleza natural alrededor del Río Anllóns que la atraviesa, como del incremento de los riesgos para la salud humana. Mientras del otro quienes optan por la posibilidad de contar con nuevos puestos de trabajo en una situación económica difícil.

Galicia de remate

Pero como el caso de Corcoesto hay tantísimos más en Galicia: minería de oro con uso de cianuro en Zas y Santa Comba, búsqueda de “tierras raras” –17 elementos químicos poco usuales en la corteza terrestre, como el erbio, lantano y el tulio- en Sierras do Galiñeiro o la mina de andalucita a solo 500 metros del Parque Natural de las Fragas do Eume en Ferrol. Las expectativas de las mineras usualmente de capitales ingleses, canadienses y sudafricanos entre otros son muchísimas, tal vez tantas como la movilización de cientos de miles de ciudadanos que poco a poco empiezan a sentir el temor a ver su tierra carcomida.

-Las reivindicaciones de los movimientos ambientalistas gallegos, ¿han logrado ser escuchados y tomados por la población española en general?

Álvaro: Realmente no puedo hablar del movimiento ambientalista en España porque no estoy muy familiarizado con la dinámica general del Estado. Yo diría que sí hay cierta conciencia social pero no más. Sí puedo decir que aquí en Galicia existen colectivos ecologistas y ambientalistas importantes y que han hecho grandes contribuciones a nuestro pequeño país. Por ejemplo Verdegaia, Adega, Ríos Limpos, Sociedade Galega de Historia Natural, etc. Como también algunos partidos de Izquierda. Lo cierto es que el resto del Estado español se sabe muy poco de Galicia. Cae sobre nosotros un importante apagón mediático por parte de todos los medios de difusión estatal. Cada uno puede sacar sus propias conclusiones sobre este hecho.
El tema de la minería en Galicia es algo muy grave y muy sangrante. En un país normal, un gobierno no atacaría de esta forma a los ciudadanos que representa y le pagan. Pero desgraciadamente somos diferentes. Aquí no hay propiamente un movimiento ambientalista que tenga un gran impacto social o mediático. No hay una lucha o reivindicación constante por la población en general. Más de la mitad del territorio gallego está afectado por derechos mineros y proyectos gracias a la normativa actual. Esto en un país en el que uno de sus pilares básicos es la agricultura, la ganadería, la silvicultura, el marisqueo y la pesca de bajura; hacer proyectos de este tipo es una clara condena a muerte del pueblo. La tierra siempre está ahí. Las minas nos saquean y luego no queda nada. Gracias a este gobierno con sus leyes, Galicia es la nueva África a la que se puede saquear libremente.

 


[i] http://www.sghn.org/Actuacions_Xeral/Mineria/Mina_oro_Corcoesto_castellano.html

Una revolución más allá de la igualdad

Entre discursos que gritan crisis y políticos que se ensordecen con su propio eco, la voz de una mujer catalana suena contundente. Se trata de Remei Arnaus i Moral, profesora de la Facultad de Pedagogía de la Universidad de Barcelona e investigadora de Duoda – Centro de Investigación de Mujeres: “la crisis es, fundamentalmente, del orden simbólico, pues se ha agotado una forma de ver y estar en el mundo”

En Europa, ya hace tiempo que se habla de crisis; quizás ya hace tanto, que empieza a perder lo que el asunto pueda tener de circunstancial. En este momento mutante, donde se ha abierto una grieta en la estructura social, ha estallado también un discurso; aquél que en un juego de libre asociación, después de “crisis”, dice “financiera”. Lo que interesa es lo que implica pensar la crisis en esos términos y qué exigencias atiende. Pareciera que la mencionada fórmula legitima propuestas como el copago judicial, los recortes y supresión de las ayudas sociales o la privatización de la sanidad y de la educación, más tendientes a subsanar los requerimientos de los mercados y los bancos que las necesidades básicas de la ciudadanía. Si a quien carcome la enfermedad es a las finanzas, allí el remedio…

¿Pero puede ser pensado el escenario actual tan unidimensionalmente? ¿Qué arraigado sistema de valores retiene a la política moderna de caer definitivamente al precipicio al que se enfrenta? El panorama actual, donde abundan las metáforas del derrumbe y la decadencia, en un escenario en el que la democracia representativa se endurece hasta volverse estanca, invita a  mirar por detrás del enunciado de la crisis política para descubrir que lo que se está agotando son también paradigmas de interpretación de la realidad. Para ensayar respuestas a estas preguntas, darlas vueltas y reformularlas, dialogamos con Remei Arnaus i Moral, profesora de la Facultad de Pedagogía de la Universidad de Barcelona e investigadora de Duoda – Centro de Investigación de Mujeres de la Universidad de Barcelona, donde se desempeñó como directora entre el 2001 y el 2009. Desarrolla su estudio e investigación en la práctica y en la experiencia de la relación educativa como mediación viva y creativa, y profundiza en los aportes de las mujeres al ámbito universitario. Para ella, “la crisis es, fundamentalmente, del orden simbólico, pues se ha agotado una forma de ver y estar en el mundo. Tiene que ver con muchos movimientos sociales, pero sobre todo con el movimiento de las mujeres, que hemos dicho basta al patriarcado. Un ‘basta’ que se extiende a toda una visión y un modelo cultural, polí­tico, económico, ecológico, educativo y que implica, a la vez, un cambio en el sentido de las relaciones entre seres humanos y entre cada uno consigo mismo.”

El concepto de “patriarcado” ha sido elaborado por las diferentes corrientes del feminismo para referirse a la dominación masculina y las relaciones de poder a través de las cuales los hombres subordinan a las mujeres; como un sistema global que impregna la economía, la familia, la arquitectura, la política…: cada elemento de nuestra sociedad. En este sentido, desde Duoda (recibe el nombre de la condesa de Barcelona del siglo IX, que escribe un libro para que sus hijos, arrebatados por su padre, se educaran según sus deseos) se afirman en la diferencia sexual para rescatar la especificidad de la condición de las mujeres. Definen su política como la práctica de una relación sin fin – relación no instrumental – orientada por el sentido libre de la diferencia sexual, y se enmarcan en la tradición de los grupos de toma de conciencia que proliferaron en los años 60’, donde las mujeres buscaron autonomía de los partidos políticos. A través de esos grupos, las mujeres comprendieron las relaciones entre los aspectos individuales de su experiencia y lo público; lo personal se volvió político. Remei estableció sus primeras relaciones con el feminismo hacia fines del 70’, cuando se abría en España el período democrático, tras la dictadura de Franco. Con el franquismo, la mujer dejó de tener los derechos que la Constitución de 1931 le había otorgado, como la igualdad con respecto al hombre y el derecho a voto (restituidos con el retorno a la democracia), y fueron condenadas al papel de madres y esposas. Remei recuerda que “era un feminismo más reivindicativo que se plantaba más en la lucha por la igualdad y centraba sus discursos en la carencia de las mujeres. Hubo un momento en que eso me cansóHasta que encontré en la Librería de las Mujeres de Barcelona la revista Duoda y vi que se hablaba de algo que me llamó la atención: el reconocimiento de la autoridad de las mujeres, y cómo eso hacía acrecentar el sentido de nuestro vivir y nuestra existencia en relación con otras y otros”. No era solo otro enfoque; era otro lenguaje. Se hablaba de abrir espacios de libertad dentro de nosotras mismas, y no solo de luchar porque nos otorguen más derechos desde fuera. Se iba hacia una definición autónoma del ser mujer, a partir de la escucha recíproca y de darle sentido a la propia experiencia. La igualdad implica hacer del otro – el hombre – el horizonte que desear, mientras que la diferencia deconstruye un igualitarismo que no se cuestiona el modelo del mundo y que no se desplaza de los paradigmas marcados por la sexualidad masculina. De hecho, la igualdad ha sido propuesta por los varones, a través del movimiento de la Ilustración. Reafirmar la diferencia implica discutir con la teoría de los derechos humanos universales tan amplia y abstracta que parece cancelar todo conflicto, y abrir el juego para un análisis sociopolítico de la experiencia de las mujeres, arraigado en un fuerte sentido de comunidad e intersubjetividad. Había una necesidad simbólica de existencia: “Me interesó mucho porque vi en ellas que se fijaban en la parte del ser mujer que puede desarrollar su libertad, en el espacio del deseo. Eso me abrió mucho la mente. No era la “falta de”, sino que había todo un espacio en el que reconocerte y tomar conciencia de una libertad que está más allá de toda reivindicación. Por ser mujeres, ya podemos desarrollar un sentido libre de ser mujer. Pero siempre con otras. La libertad es relacional, no individualista como la de los Derechos Humanos y de la Revolución Francesa.”

Remei comenzó sus estudios superiores en el Magisterio y luego se especializó en Filología Catalana. Una vez más, Remei intentaba nombrar y darle voz a aquello que estaba silenciando: en los cuarenta años de dictadura militar (desde la Guerra Civil Española en 1935 hasta la muerte de Franco en 1975) el catalán no se enseñó en las escuelas, puesto que en 1939 se prohibió su uso público, para imponer el predominio del español, “el idioma del imperio”. Desde esos años de formación, mucho ha pasado: “Hace 25 años estoy en la Universidad, y veo que no es un ámbito para transmitir conocimientos asexuados, fragmentados, encapsulados, descontextualizados, sino que se trata de que puedas transmitirlos desde tu propia experiencia y  tu propio vivir, para repensar la vida que llevamos.. En la educación se pone mucho en juego de una misma.” Para Remei, el conocimiento descarnado y desvinculado de la vida forma parte del mundo patriarcal. Y cada vez, vamos encontrando más elementos que han entrado en crisis: las epistemologías dominantes, el sentido que orienta la educación y las relaciones en las instituciones escolares también se han agotado. “Hay mucho cansancio en la Universidad, por no sentir que lo que te explican te interpela como mujer. Si el conocimiento universitario no interpela la experiencia de vivir y no se abre a lo que las mujeres han aportado, este modelo se agota. Ya no tiene sentido una visión de la pedagogía y la didáctica tecnificada, homogeneizante e impersonal. El movimiento de la vida no va por ahí.” La universidad se ha replicado como otro epicentro de la crisis, y hoy da cuenta también de la disminución de la calidad de la formación, precarización laboral de docentes y recortes presupuestarios en todas las áreas. En esta zona de emergencia, algo empieza a germinar. En un artículo que Remei publicó en Duoda (“El sentido libre del ser universitarias en el presente”) en co-autoría con Ana M. Puissi, se expresa: “Veo a chicas y chicos, a universitarias y universitarios, tejiendo relaciones con el placer de la relación y autoorganizándose creativamente una y otra vez fuera de los dispositivos de la delegación y la representación, los veo deseosos de volverse irrepresentables e inalcanzables por ideologías viejas y nuevas (…); leo sus documentos de protesta y propuesta, aprecio su capacidad de análisis a partir de sí y en relación con otras y otros, lecturas y análisis más perspicaces y maduros, por ser más libres, que muchas publicaciones científicas y politológicas; no se me escapa su determinación de querer estar en primera persona y defender, además del suyo, el futuro de este extraño país nuestro y una civilización de relaciones donde la cultura y la formación sean bienes personales y colectivos irrenunciables. (…). «No pagaremos nosotros vuestra crisis», dicen. Con inteligencia política han escogido la palabra crisis para nombrar no sólo la catástrofe económica-financiera, sino aún más la caída de todo un modelo de sociedad y civilización, la caída que desde la política de la diferencia hemos llamado final del patriarcado.”

En sus clases, Remei aboga por un conocimiento encarnado, sexuado, que desmonte la fantasía de un conocimiento neutro y dé autoridad a la propia experiencia. Este cambio se vuelve tangible en un elemento clave del conocimiento científico: la escritura académica. “Según ese dispositivo, no estás ahí en lo que escribes. En mis asignaturas, hacemos trabajos en primera persona, para reelaborar los contenidos desde tu propia experiencia, desde una investigación más biográfico-narrativa. Cuesta mucho porque venimos de una tradición en la que el cuerpo es algo a controlar y a enmudecer.” Una de las investigaciones de Remei se centra en qué prácticas libres han aportado las mujeres al ámbito universitario. El problema se le planteó cuando se enfrentó con la realidad de que la presencia femenina en la universidad, como en otros ámbitos de la esfera pública, era ya un hecho; sin embargo, parecían no visibilizarse los efectos que esta presencia trajo consigo: “Las mujeres han aportado mucho a la investigación, en la visibilidad de la subjetividad, en desmarcar el conocimiento más abstracto para sexuarlo. ‘Partir de sí’ no es hablar de una, es partir de la propia experiencia para estar en el mundo, pero no es llenarlo de ti. Que tengas presente lo que te pasa en lo que dices. Que no sea una elucubración discursiva separada del cuerpo.”  La tarea de visibilizar lo que las mujeres vienen haciendo forma parte de lo que Remei llama una revolución simbólica, puesto que se van rompiendo los límites de la estructura de significados establecida. La consigna ya no es cambiar La Realidad, sino trasformar mi relación con la realidad; invoca a una práctica más relacional, más libre, más dinámica y que rescata el valor de la singularidad. Se trata también de elaborar un pensamiento con raíces en una subjetividad completa, que reconozca el lugar de los deseos y lo inconsciente, que valorice a la corporalidad y la sexualidad, que no desconfíe policialmente de lo emocional. Para Remei, es hora de dejar ciertas cosas atrás: “El patriarcado preserva relaciones estructurales de dominación y explotación que no tienen sentido ni hacia las criaturas, ni hacia la ecología del mundo, ni para las relaciones entre la gente. No tiene sentido crear conocimiento instrumental para dominar el mundo, tiene que cambiar también la forma de gobernar”.

En medio de tanto derrumbe, hay cosas que se empiezan a mover. Remei reconoce que es muy importante que algunos hombres también se estén repesando: “Hay hombres que también están abriendo un nuevo diálogo entre sí y con el mundo. Ahí también hay una fuerza. ‘No somos el centro del mundo, sabemos que tenemos interlocutoras, somos el otro de ellas, y ellas son nuestras otras’. Esto cambia el mundo. Porque son cuatro mil años de ponerse como sujeto en el centro de todo.” Entonces, se trata de que los varones reconozcan que su mirada no es neutra ni universal, y que se enfrenta a otras miradas. Sin embargo, ninguna revolución se hace de un día para el otro. “Se están recrudeciendo los mecanismos de control tecnológicos, administrativos, burocráticos, claro, el sistema sabe que se alimenta a costa de la creación libre. Pero para frenar ese avance sobre nuestra libertad, es indispensable tomar conciencia de la nueva relación entre mujeres y hombres. A pesar de la revolución del 68’, cuando nuestros compañeros estuvieron en los gobiernos hicieron cosas interesantes, pero no hubo una conciencia de relación entre sexos y de asumir y reconocer a las mujeres lo que estaban aportando al mundo.”

A través de las experiencias, trayectorias y pensamientos de Remei, desandamos y resignificamos un eje central en la realidad social del último cuarto del siglo pasado y el comienzo de éste. Se trata del movimiento de las mujeres, de mujeres en movimiento que crean contextos en donde los deseos femeninos, masculinos, o de cada singularidad, puedan aflorar libremente y entre los que se establezcan prácticas relacionales que generen nuevo marcos cognitivos, culturales, sociológicos y políticos.

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

“Guardiola es el gran Revolucionario de estos días”

Jorge Valdano da la pelea. Busca esperanzas de fútbol. Ahora mismo tiene una: que el sello de España y del Barcelona deje de ser contracultural y se vuelva tendencia. “Sin la pelota no hay grandeza”, dice. Por eso, le preocupa el fútbol argentino. Por eso, reivindica a Bielsa.

Jorge Valdano dice que no sabe del todo qué es lo espiritual, pero que está en un momento de esos. Lo dice con risa, aunque su broma no resulta una locura. Pese a que ahora no tiene los pies dentro de la pelota, sus ojos nunca pierden las convicciones ni las ideologías. “Perdimos el amor a la pelota”, explica, como si sacara de adentro del alma eso que tanto el duele a su espíritu.

Y, cuando habla, lo único que bien vale es el silencio.

– Hace un tiempo dijiste que el fútbol argentino había perdido la pelota, ¿qué querías decir con eso?

– Según mi humilde opinión, lo que perdió Argentina  es el amor a la pelota. Las hinchadas parecen más seducidas por el coraje que por la habilidad, los pibes les piden a los Reyes Magos una camiseta de su equipo antes que una pelota y en el proceso de formación, el deseo de ganar se ha impuesto claramente al deseo de enseñar. El imperio de la táctica y de la preparación física se ha impuesto al de la técnica y, como dijo Picasso y nos demostraron Maradona y Messi: “No hay genio sin técnica”. Hay un cuento del Negro Fontanarrosa que, en un pasaje, me sobresaltó. Con el perdón de “El Negro” lo contaré a mi modo. Un niño está sentado en un banco al lado de una pelota, de pronto se levanta y se va olvidándose, al parecer, de la pelota. Hasta que ocurre algo maravilloso. Al llegar a la esquina, el pibe gira la cabeza, silba y la pelota, obediente como un perro, se baja sola del banco y lo sigue. Ese es el sueño platónico de cualquier argentino desde que nace: que la pelota te obedezca hasta ese punto. Si queremos a Maradona no es tanto por lo bien que jugaba al fútbol sino por lo bien que jugaba a la pelota. Perder ese capital sentimental (el amor a la pelota) es muy grave a mi parecer. Mientras países como España (más que ninguno), Alemania (con esfuerzo pero con la tenacidad con la que hacen sus cosas), México y hasta Italia han entendido que tienen que volver a la pelota (a la técnica) como base de la formación, nosotros nos estamos alejando. Lo cierto es que yo veo en España cosas que veía en Argentina hace treinta años, y veo en Argentina cosas que veía en España hace treinta años. No lo digo para elogiar a Argentina precisamente.

– Cuando hay una referencia a eso, ¿se habla de la tenencia de la pelota por tenerla o de la convicción por la elaboración del juego?

– Cuando se habla de tener la pelota por tenerla, hay una crítica implícita. Queremos decir tener la pelota para boludear. Tenerla para nada. Conviene aclarar que si nosotros tenemos la pelota hay una primera consecuencia positiva: no la tienen ellos. España es un buen ejemplo. En el último Europeo, tuvo muchos problemas ante el gol por la lesión de Villa, el mal momento de Torres y dificultades con otras alternativas como Negredo y Llorente. Llegó a jugar sin delantero centro o con lo que pasó a llamarse un delantero centro mentiroso (generalmente Cesc Fábregas). Varios partidos los ganaron 1 a 0 a pesar de que monopolizaban la posesión de la pelota. El juego muchas veces resultaba repetitivo, retórico. No traducían ni siquiera en peligro de gol su largo dominio. Sin embargo, salieron campeones. Ante la admiración del mundo. Es tal la técnica colectiva del equipo que distraen, atacan y hasta defienden con el balón (no prestándolo). Es una opción que, desde la Selección, prolonga la extraordinaria hegemonía del Barcelona (como club) en el fútbol mundial. Es contracultural, pero empieza a marcar tendencia.

– ¿Por qué el paso del tiempo hace que cada día se juegue menos con la pelota?

– Por la obsesión táctica. La táctica oculta la técnica. Y la táctica hace más importante al entrenador que al jugador. La otra causa es la desesperación por el resultado. Solo ataca el que va perdiendo. La mayoría de los entrenadores ama más el resultado que el juego. Por eso Guardiola es el gran revolucionario de estos días. Porque alcanzó el resultado desde el amor al estilo, al juego, al jugador.

– ¿Lo menos elaborado tiene una conexión directa con la modernidad?

– Se le llama modernidad a cualquier cosa que gane un partido.

– Aquí en Argentina, el entrenador de  Racing, Luis Zubeldía, menciona constantemente que él prefiere jugar sin la tenencia de la pelota, ¿a qué se refiere con eso?

– No lo sé. Pero lo escuché muchas veces. Me parece legítimo. No discuto que puede ser pragmático, pero sin la pelota no hay grandeza. La grandeza es llevar las virtudes hasta el límite de sus posibilidades y un entrenador debe aspirar a eso. Yo siempre lo creí así. No quiero convencer a nadie, pero es mi opinión.

– ¿Cómo recibe el fútbol español al Cholo Simeone, que en reiteradas ocasiones ha dicho que no es importante tener la pelota?

– Muy bien. Al lado del Real Madrid y del Barcelona es muy difícil sobrevivir y el Cholo está haciendo un gran trabajo. Ha construido un equipo competitivo con un fuerte contenido táctico y una alta emotividad. Tiene mérito.

– En Argentina, muchas veces se compara al estilo de Simeone y al de Zubeldía con el de Marcelo Bielsa, ¿te parece que a Bielsa no le interesa la tenencia de la pelota?

– Bielsa es uno de los entrenadores más generosos que he conocido en mi vida. Cuando digo la palabra generoso la digo con respecto al juego. Ataca con mucha gente, saca la pelota jugada desde el fondo, renuncia a la picardía por su obsesión ética, cuando va ganado sigue atacando como si se acabara el mundo. ¿Donde ven la especulación? Con Marcelo se puede discutir por cuestiones de velocidad (de ritmo de juego), pero la intención es intachable. Si queremos volver a la grandeza (en las buenas y en las malas), miremos a Bielsa.

– ¿Qué importancia tiene el número diez en la tenencia de la pelota? ¿Por qué el fútbol argentino decidió abandonar ese puesto?

–  Al 10 se lo fue comiendo la táctica. La obsesión por la presión. Arrigo Sacchi, que desde el Milan que revolucionó el fútbol sin la pelota (mediante la presión), ya decía que “el media punta era medio jugador”. Desde entonces todos se sintieron con autoridad para menospreciar al número “10″. Murió desplazado por el doble 5. Se exilió en la delantera, en el extremo o en el banco de suplentes. En Italia 90, Roberto Baggio miraba desde afuera la vulgaridad del juego de su equipo. Una auténtica aberración. Cuando a un equipo le sobra el mejor jugador, a ese entrenador le ocurre algo. Lo que le ocurre es que no le interesa el juego.

– Mirando a lo largo del tiempo, ¿no te resulta extraño ver a una Selección argentina -como la actual- que juegue sin enganche?

– Sí.

– Ramón Díaz volvió a dirigir a River, dijo que iba a jugar con la tenencia de la pelota y que iba a poner a enganches porque así lo determinaba la historia de River. Si habláramos en nombre de la historia, ¿cómo deberían jugar los equipos argentinos?

– Reclamando protagonismo con la pelota. Como jugaban los equipos de Menotti. Y los de Bielsa también.

– Volvió Juan Román Riquelme a Boca. Existe un grupo de seguidores de él que dice que él es “El Último Diez”, ¿lo ves así?

– No. Los buenos jugadores son más resistentes que las malas hierbas. En el Madrid están Ozil, Kaka, Modric; en el Barça basta con nombrar a Iniesta; en Alemania ya empezaron a salir… Basta con devolverle la pelota a los jugadores para que la tendencia cambie. De todos modos cuando hablamos del 10, no nos imaginemos a un tipo que camina la cancha y la toca una vez cada diez minutos. El 10 tiene que demostrar su importancia mostrándose con el mismo fanatismo que tienen los que salen a no dejar jugar.

Foto: Guadalupe de la Vallina