OCUPA TODO


Movimiento ocupa brasilero: cómo es desde adentro una experiencia de resistencia propia de los tiempos latinos y neoliberales que corren por nuestras venas abiertas. Historia y presente de un movimiento que presenta los rasgos de una época y de una región con método y con ideas. (Imágenes: Delegación NINJA)


La imagen del triunfo

Y en ese momento, mientras la Mujer-Ocupa lee una carta y todxs gritan “Fora Temer!”, se vive una fiesta victoriosa.

La Mujer-Ocupa enuncia:

“Somos todos los presos condenados por un sistema excluyente y racista, somos las jóvenes estupradas, somos todas las mujeres víctimas de violencia, los niños asesinados por policías militares en la puerta de su casa, somos lxs gays, lesbianas y travestis golpeadxs y muertxs todos los días, somos las personas agredidas por la intolerancia religiosa, somos los 23 activistas presos y procesados, somos la gente de la calle, somos las favelas, somos los sin tierra, somos los indígenas, somos los locos, somos los expatriados, los desertores, los refugiados, los removidos, somos todos los excluidos: somos los que luchan. Felices tres meses, ocupantes.”

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Las banderas colgadas con la cara de Temer hecho un demonio son la fachada de la nueva casa del movimiento ocupa: el antiguo estadio Caneo de Rio, rebautizado “Casa de la Democracia”; “Procuramos uma nova época, uma nova ética, uma nova estética”, es el cartel de bienvenida; las escaleras con gente de cualquier belleza son el preludio del gran salón; y en el salón, las culturas perseguidas festejan el triunfo de bailar y resistir en un mismo acto.


Ocupar es resistir

“¡Ocupa tudo!” es el grito que se multiplica en Brasil.

Tudo es todo.

La calle.
Una plaza.
Un estadio.
Un Ministerio de Cultura, también.

Se grita “¡Ocupar es resistir!”. Una  consigna que en Argentina resuena desde las más de 400 fábricas recuperadas: ocupar, resistir, producir.

“Porque una ocupación es, ante todo, eso mismo: combatir la desocupación.” (un ocupante)


Quiénes son y qué pasó

El movimiento OcupaMinc de Rio de Janeiro es un colectivo de artistas y activistas que, ante la eliminación del Ministerio de Cultura (MinC) dispuesta por el presidente interino Michel Temer, decidieron disputar el espacio público del propio ministerio, tomando el Palacio Gustavo Capanema. Luego de 73 días, los desalojaron. El movimiento tomó entonces un nuevo predio: el estadio Canecão, un símbolo de la cultura popular brasilera, abandonado desde hace 9 años por la universidad pública.

28647007161_3a63fbd919_oEl mismo jueves 12 de mayo en el que Dilma quedó apartada, Temer tomó la presidencia y disolvió el MinC. Pasó sólo un día para que las ocupaciones florecieran: el sábado en Curitiba, el domingo en Belo Horizonte y el lunes en Río. La acción se multiplicó:  San Pablo, Salvador, Caerá y más. 27 predios culturales estuvieron ocupados en Brasil en los últimos tres meses.


El método ocupa se hizo eje de la resistencia en Brasil a partir de la “primavera secundarista”, a fines de 2015, cuando los estudiantes tomaron más de 600 escuelas por el recorte educativo.


Artistas y productorxs de la cultura independiente, integrantes de organizaciones sociales y estudiantiles, militantes de base de diversos partidos políticos y una cuarta parte de personas que se denominan autónomxs y anarquistas, decidieron ocupar el Palacio Gustavo Capanema, edificio del Ministerio de Cultura de Brasil.

La amplísima diversidad de Movimiento OcupaMinC RJ planteó el primer escenario: ¿cuál sería el punto de consenso que genere al movimiento? La respuesta se confirmó en la primera asamblea oficial de la ocupación, minutos después de ingresar al palacio.  

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“Fora Temer!” sería la consigna que uniría a los primeros 50 ocupantes.

Con el tiempo y con el espacio significaría mucho más que la salida de un mandatario.


Cómo se ocupa un lugar:  escenas de un acto primario.

Carioca, tres meses después, sentado en las escaleras de entrada del Canecão, recuerda el día en que Felipe llegó a la casa luego de la reunión decisiva. “Vamos, preparemos todo: es mañana”, les dijo. Todxs empezaron a organizarse: acababan de tomar la decisión y el momento era ese.

Felipe y Carioca llegaron aquella mañana de lunes a eso de las diez. Esperaron muchos minutos en la entrada de un fino café que está enfrente del Palacio Gustavo Capanema. “En Rio, cualquier cosa que organices va a empezar por lo menos 40 minutos tarde, aunque sea una ocupación”, explica Carioca. Esperaron nerviosos.

Y al fin fueron llegando: 30, 40, 50 personas…

El momento de actuar se decidió por energía colectiva:

“¡Vamos, vamos, ahora, vamos!”

La idea era entrar como visitantes, sin alboroto, y una vez adentro del edificio empezarían a montar el campamento con paz y naturalidad.

No fue así.

Cruzaron la calle con las carpas escondidas en las mochilas y con la cámaras listas para transmitir la ocupación en vivo por las redes. Pero, uno de los guardias privados del MinC vio mucho gente y se asustó. Entonces corrió hacia la puerta del edificio y empezó a cerrar el portón de entrada.

Felipe no logra ocultar la sonrisa cuando cuenta el primer triunfo de la ocupación: “Uno de nuestros compañeros, antes de que el guardia logre cerrar las puertas, le dio un empujoncito, un rugbycito, sabes, nada muy violento.”

La ocupación luego de esa pequeña primera disputa física se convirtió en un hecho.

Distinto a lo planeado entraron todos desaforados, gritando y gritando “Fora Temer!”.

¿Qué se hace en una ocupación?

Carioca lo explica mejor que nadie, con la naturalidad propia de un ocupante: “Una ocupación es, ante todo, eso mismo: combatir la desocupación.”

La mujer victoriosa, la que leyó el documento de los tres meses de ocupación, aquella vez, desde el escenario, también enumeró con precisión lo que se hace en el espacio:

Somos decenas de personas compartiendo el desayuno, almuerzo, cena, conversaciones, encuentros y desencuentros, lavando platos, barriendo el piso, haciendo comida, escribiendo textos, creando videos, fotos, produciendo shows, debates, teatro, cine, performances, poesía, haciendo actos, ocupando las calles, combatiendo cotidianamente el machismo, el racismo, la homofobia y toda forma de preconcepto, conviviendo con las diferencias, aprendiendo a construir un espacio democrático, horizontal, errando, reconociendo yerros, errando más, errando menos, creando consensos, peleando, entendiéndose, reinventando espacios, reinventándonos, descubriéndonos, construyendo un otro mundo, un otro yo, un otro nosotrxs.”

En una ocupación no sucede cualquier cosa y hacer nada no está permitido.

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“Los ocupantes deben estar necesariamente ocupados, porque de eso se trata ocupar: hacer, hacer y hacer”, dice Carioca. “Por eso en pocos días la ocupación se organizó, y al cabo de las primeras semanas ya teníamos una estructura que cubría todas las áreas fundamentales: articulación, infraestructura, seguridad, comunicación y creación.”

Los espacios ganaron sus lógicas, sus funciones, su movilidad. Los jóvenes trabajan intensamente y con éxito en resguardar los sectores del Palacio con obras de patrimonio. Los ocupantes produjeron un sinfín de eventos y actividades. Y se terminó por formar un inmenso público de minorías que encontró en el Capanema un espacio de libertad y resistencia.

Todo eso es trabajo.

Como lo reconoce Neia, una de las más de 15 vendedoras ambulantes que tiene las puertas abiertas de la ocupación para poder ir a trabajar: “Es un trabajo hermoso y grandioso, y yo me siento agradecida de poder estar en un lugar donde no me persigue la Guardia Municipal por querer trabajar”. “Y no nos cobran ni un real-agrega-, si entre los vendedores después hacemos una pequeña colecta para los ocupantes es porque estamos agradecidos.”


Palacio Gustavo Capanema: cuando lo público es popular.

El Palacio Gustavo Capanema fue el primer proyecto modernista de Brasil. El diseño del edificio tenía el fin de juntar personas en los espacios abiertos: grandes convocatorias públicas. Desde su construcción en 1930 nadie lo hizo mejor que el movimiento OcupaMinC RJ.

Felipe dice: “A partir de la ocupación fue que sucedieron las cosas”.  ¿Qué cosas?

El mismo día de la ocupación 200 personas se reunieron en Capanema, para abrazar al edificio y a los ocupantes. La comunidad artística se movilizó de inmediato. A pocos días Caetano Veloso tocó y al Palacio se acercaron 20 mil personas. Cada día y cada noche, desde la ocupación, el conjunto de la sociedad de Rio de Janeiro gozó de una agenda cultural independiente y diversa en un Palacio emblemático, que siempre había sido público pero nunca popular.

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André, un ocupante autónomo que se sumó a la tercera semana de ocupación, logra explicar el fenómeno del espacio público mientras hace guardia en la puerta un martes a la tarde: “Hay una crisis simbólica: no se sabe más qué es lo público y qué es lo privado. Porque lo privado es privado y lo público muchas veces también es privado”.

El manifiesto del movimiento lo explicita: “El espacio público es el lugar para dar la lucha política”.

Por eso el grito: “!Ocupa tudo!”.


Cómo se vence una desocupación forzada

Manuel se despertó por los gritos. “En cinco minutos todo el mundo afuera”, se escuchaba desde su carpa. Agarró el celular y eran como las seis de la mañana. No tuvo duda de qué estaba aconteciendo. Sin embargo esperó acostado 20 minutos, resistiendo un poco más.

Cuando escuchó las órdenes más cerca y más autoritarias asomó la cabeza. Sus compañeros estaban desmontando las carpas y arrumando los bolsos como podían. Los oficiales seguían de cerca la acción de cada uno de los ocupantes, recordando a cada segundo que solo iban a esperar cinco minutos. Manuel no se desesperó. Se tomó un tiempo más para maquillarse y salió. Sabía desde hace algunos días, al igual que el resto de sus compañeros, que los iban a sacar del Palacio.

Estaba sucediendo.

Y fue pensando en aquel momento que pudo sintetizar de qué se trata OcupaMinc para él: “Si los órganos públicos no hacen lo que el pueblo demanda, la gente debe organizarse y empoderarse para disputar la gestión de los espacios públicos”.

28724594185_a1f7ec366f_oEl 25 de julio ,por decisión de Gobierno de Temer, la Policía Federal ordenó desocupar el Palacio Capanema con armas y palos en la mano. Luego de sacar al último ocupante levantaron un muro en la entrada del edificio: es conocido como “el muro de la vergüenza”.

73 días de vida cultural inédita habían quedado en la historia del Capanema.

La respuesta de los ocupantes fue íntegra y victoriosa: salieron pacíficamente y empezaron otra ocupación.


Movimiento OcupaMinc RJ toma el Cane

El Caneo es un lugar central en la historia de la Música Popular Brasilera (MPB). Un estadio de recitales mítico de los años 70 y 80, donde proliferaron Caetano Veloso y compañía. Luego de estar casi diez años cerrado, con la amenaza latente de ser privatizado, el Caneo renació.

El 1ero de agosto, a menos de una semana de ser desalojados del Capanema, el movimiento OcupaMincRJ ocupó el espacio, que pertenece a la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ)

¿Qué pasará entre OcupaMinC y la UFRJ?

Se está disputando en muchos niveles.

Por lo pronto hay una cosa importante que ya le explicó Paulo, un joven ocupante de madre indígena y padre negro,  a un grupo de docentes de la UFRJ que fueron a apoyar y a ver cómo se podía articular el movimiento ocupa a la lucha universitaria:

“Aquí tenemos de todo- empezó Paulo, que siempre luce polleras hermosas-. Necesitábamos construir pluralidad y por eso dijimos “Fora Temer!”. Pero a partir de eso se empezaron a construir movimientos: indígenas, feministas, de negros, rastas, LGTB , ecologistas, anarquistas… Esto que se está generando es, sobre todo, antimódico: cada vez que nos damos cuenta que algo está mal construimos sobre eso y lo incluimos al “Fora Temer!”. Es orgánico y total. Es un movimiento que apuesta a todos los derechos. Integral. Por eso quería decirles que siempre nos preocupamos por la educación en nuestra lucha, pero por una universidad libre y del pueblo: no de la academia. El movimiento lo comprende y lo trasciende: porque luchamos por todos y cada uno de nuestros derechos.”


¿Qué incluye hoy “Fora Temer!”?

Primero que nada: a los ocupantes.

Incluye a Josué, que el hip-hop de la favelas lo salvó, y que hoy a través de ese lenguaje artístico puede aportar sus raíces culturales al movimiento. El encuentro de culturas que tiene la ocupación para Josué es único en la historia de Brasil. Lo define como “una escuela de vida, arte y cultura” y como un “movimiento político sin partido”. Piensa que el golpe “unió a las culturas de los desfavorecidos”. Y plantea que “si la dominación es institucional y compleja, la resistencia debe ser orgánica”. “Para eso –dice Josué- hay que aprender, y eso empieza desde abajo, lavando los platos, limpiando el baño, sabiendo cuál es la esencia de lo mínimo, lo que te enseña la calle: una de nuestras culturas”.

Incluye también a Larisa, que también aprendió todo en la calle. Ella es indígena, artista callejera y malabarista. Dice con firmeza que “la permacultura es revolución”. “Dentro de eso está todo lo que la sociedad necesita: un paradigma de vida, de sustentabilidad.” Permacultura: la cultura de lo que no muere, lo sustentable. “El genocidio de las comunidades indígenas a manos del agronegocio y las enfermedades por los alimentos venenosos y transgénicos son parte central de este cambio, por eso la permacultura es un área de trabajo central de la ocupación”, dice Larisa. Para ella el “Fora Temer!” es más que tirar a un presidente: es una reforma política y cultural de bases. “Es participar de una revolución activamente, cambiando uno mismo y econtrándose con otros.”

Incluye a la mujer de este video, que toma el micrófono en los recitales para advertir que se viene la revolución de la mulher preta:

Se incluye: todo se incluye.

Lavar los platos sin desperdiciar agua corriente. Cultivar alimentos.
Combatir el machismo con uñas y dientes. Transforman los géneros.
Disputar comunicación libre.
Crear cosas. Cosas nuevas, inventadas, diseñadas, significantes, novedosas. Crea arte. Crear respuestas, soluciones, formas.
Buscar el origen indígena.
Ser mujer. Ser negra. Ser madre. Ser pobre.
Expulsar machistas. Expulsar racistas. Expulsar clasistas.
Deconstruir. Construir. Disputar. Articular. Y trascender.
Arreglar. Limpiar todo, todas las mañanas.
Enseñar experiencias. Aprenderlas. Gestionarlas. Presentarlas.  

Producir arte.
Resistir golpes.
Ocupar espacios.

Por eso, antes que nada, siempre se grita:
“¡Primeramente, Fora Temer!”

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Imágenes: Delegación Mídia Ninja

Las meriendas en las plazas son Pro

A principios de mes la Legislatura porteña aprobó el proyecto que permitirá la instalación de locales gastronómicos en plazas y parques de la ciudad. En el trajín del avance privado sobre los espacios públicos, le llegó el turno a nuestras plazas.

La lógica privatista del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires sigue avanzando. Una ciudad necesitada de naturaleza, la reduce. Los legisladores de la Ciudad votaron una ley que cede el uso de una parte de las plazas a privados para vender comidas y bebidas, en un territorio que está por debajo de la cantidad de metros cuadrados de espacio verde por persona recomendado por la Organización Mundial de la Salud. La voz del PRO, de un asambleísta, un comunero y un legislador, en un análisis sobre el uso y explotación del espacio público porteño.

La norma, que fue aprobada en la Legislatura de la Ciudad con 36 votos a favor, autoriza la instalación de bares o cafeterías solo en aquellos parques que tengan como mínimo 50.000 metros cuadrados, lo que equivale a cinco manzanas de superficie, pero únicamente cuando estos bares existan se pondrán baños públicos y “estaciones saludables”, además de una red WI-FI, un lugar de alquiler de bicicletas y hasta una biblioteca.

Marcelo Ramal, legislador del Frente de Izquierda, opinó que este condicionamiento “tiene una lógica extorsiva”. Martín Iommi, comunero de la 6, lee entre líneas que “entonces están asumiendo que ellos, como Estado, no son capaces de hacerlo”. Además, la ley va en contra del artículo 27 de la Constitución de la Ciudad, donde dice que hay que promover “la preservación e incremento de los espacios verdes”.

IMG_3980No es una ley aislada, es el sostenimiento de una política pública.

La venta y reducción de una parte de los parques representa una profundización de la línea del gobierno macrista en sintonía con el avance en la privatización de los espacios públicos. Marcelo Ramal, en la sede central del Partido Obrero, se refirió a esta situación: “Hay una lógica extorsiva en las concesiones. Pareciera que el GCBA le dice a su población: ‘¿Querés un baño público en el parque? Vas a tener que aceptar que se privatice una parte’. Entonces nos colocan en una disyuntiva que plantea el abandono de los parques o su privatización. Pero debemos rechazar esto, porque un baño público debería estar en condiciones sin que ello implique la entrega a un privado de una parte del espacio verde”.

Perjudica a los vendedores ambulantes, que ya brindaban ese servicio con permiso del Gobierno de la Ciudad y además a los artistas, quienes reclamaron por este tema y fueron a presenciar la votación, porque la ley establece un mecanismo de trabajo diciendo textualmente que los artistas callejeros trabajarán a la gorra bajo la supervisión de los concesionarios de los bares. Es decir que, según Ramal, “consagra un trabajo precarizado para estos artistas, donde van a responder al antojo de los privados”.

¿Comodidad o calidad de vida?

Federico Wahlberg es miembro de la asamblea del parque Centenario y parte de la Red de Interparques (Centenario, Lezama y Chacabuco), y sostiene que esta medida “se enmarca en una situación generalizada, porque si uno se pone a hablar de cada caso quizá no parezca que se quita tanto, pero a lo largo del tiempo la cantidad de espacio verde que se fue sacando es enorme. El Parque Chacabuco es nuestro paradigma: desde la época en que la dictadura lo atravesó con una autopista, se pusieron escuelas, un polideportivo y hasta un estacionamiento”.

“La diferencia creemos que está en si un porteño considera que es mejor conservar el espacio verde y tener que caminar 100 metros para comprarse algo, o si prefiere tener toneladas de hormigón para no tener que caminar”.

Federico es economista, tiene 32 años, y plantea un escenario muy simple: “Supongamos que vos querés tomar un café en el patio de tu casa, ¿vas a mandar a construir una cocina ahí mismo? Yo creo que lo que todos hacemos es ir a la cocina, hacernos un café y salir al patio de casa a tomarlo. Ese mismo criterio que uno tendría para su casa, nosotros lo consideramos válido también para los parques”.

¿Qué dijo el PRO?

Patricio Distéfano, el subsecretario de Uso del Espacio Público de la Ciudad, defendió la ley y regaló frases de esas que demuestran una concepción de vida: “Estos novedosos cambios, únicamente focalizados en las necesidades de las personas, lograrán transformar la tradicional idea que tenemos sobre los parques públicos de la ciudad. Ocurre que al histórico y conocido rol que cumplen como pulmones de la gran urbe se sumará el hecho de convertirse en verdaderas herramientas capaces de incentivar la vida saludable, el encuentro entre las personas, el acercamiento a la cultura y la construcción de una verdadera comunidad”.

El poder de las Comunas, una venta de humo.

Martín Iommi, de la Corriente Unidad Sur y ex Proyecto Sur, es miembro electo de la Junta Comunal n°6, una de las pocas en que la oposición supera en las votaciones al PRO: “Esta ley es totalmente antidemocrática porque debió discutirse y tratarse primero en las Juntas Comunales y a su vez debió escucharse al Consejo Consultivo, que es donde pueden participar todos los vecinos. No se escucharon las voces mayoritarias, que estaban en contra. Seguramente se va a terminar judicializando, porque se contradice con muchas otras normas. Se va a promulgar, pero veremos cómo queda el texto definitivo en el Boletín Oficial”.

“Cuando algo es tan ambiguo y contradictorio se huele que lo que están haciendo son negocios privados donde crean unidades de negocio que favorecen a los amigos, desde permitirle funcionar sin habilitación hasta la situación particular de pagar cánones ridículos. Para lo único que se está haciendo esto no es para darle un servicio a la gente, sino para seguir haciendo negocios en el espacio público”, afirma Martín, y sostiene que “por ejemplo, los boliches ‘Pachá’ y ‘Tequila’ funcionan en lugares que deberían ser un parque y espacio público, y lo que pagan por la concesión es cercano a 10.000 y 15.000 pesos, respectivamente”.

El PRO y Proyecto Sur, más contradictorios que nunca.

Si bien los partidos políticos se encargan de instalarnos una imagen sobre ellos, son los hechos los que descubren la manta impuesta para que no los veamos. Tanto es así que Javier Gentilini, legislador por Proyecto Sur dentro de UNEN y comandado por Pino Solanas, el presidente de la Comisión de Ambiente en el Senado de la Nación, votó a favor.

“La importancia de los espacios verdes pasa porque generan una vida más saludable, y la pérdida de estos espacios afectan a nuestra salud. Esto es contradictorio con los carteles del GCBA que hablan de una ‘Ciudad verde’. Además, las plazas funcionan como esponjas para evitar las inundaciones”, aporta Iommi, que supo militar con Gentilini en los barrios en defensa del espacio público, y oponiéndose a este tipo de proyectos.

Las plazas de la Ciudad, como a lo largo de la historia, verán disminuido su espacio, para cedérselo a un Estado, que cada día más, se vuelca a favor de lo privado.

Desalojando Buenos Aires

El 2013 tuvo cifras récord de desalojos de viviendas y este año arrancó con todo contra el espacio público y predios tomados en la zona desatendida de Lugano. Historia y datos para entender por dónde viene la mano.

El desalojo es el síntoma de una serie de políticas mal contenidas, el último recurso, correr atrás de la pelota.

La moda de desalojar hoteles familiares, casas tomadas y predios ocupados crece año tras año, cuando en 2006 fue ya decretada la “emergencia habitacional” en la Ciudad; hoy el desborde es evidente: cerca de 500 familias ocupan un predio lindero a la Villa 20, como respuesta a las urbanizaciones mal planteadas y razones infinitas.

Los que tienen coronita

Mientras tanto, en Ciudad Gótica más del 23% de las viviendas particulares se encuentran deshabitadas; pensemos en Puerto Madero. Las comunas 8 y 9 de la zona sur tienen el déficit más alto pero también una gran proporción de parque habitacional deshabitado. Sobre ellas el gobierno porteño avanza con un “plan maestro” que significa vender una serie de terrenos al desarrollo inmobiliario, so pretexto de igualar el desarrollo del norte con el del sur. “Pero detrás de esos buenos principios”, explica Jonatan Baldiviezo, abogado especializado en temas inmobiliarios, “lo que se hace en la práctica es privilegiar a propietarios o emprendimientos inmobiliarios. Se lleva el Metrobús, el subte, se instalan los polos tecnológicos, de las artes, del deporte, que son extensiones para la instalación de nuevos emprendimientos comerciales”.

Ejemplo: los polos (tecnológico en Parque Patricios, Audiovisual en Chacarita, etc.) son delimitaciones en un sector de la ciudad donde residen empresas que gozan de beneficios económicos: “Tienen exenciones impositivas de 10, 20 años, no pagan ingresos brutos, ni derecho a la construcción”, dice Baldiviezo. Aparte de este oasis fiscal en pleno Buenos Aires, el desarrollo prioritario de estos proyectos dejan relegados las construcciones residenciales, que son acaso las que urgen.

La entrada del mercado a las villas

En este momento, Jonatan habla desde la ocupación de la Villa 20, la cual junto a su agrupación Colectivo por la igualdad y como representante de Abogados ambientalistas está ayudando a organizar. Cuenta que son 500 familias en igual cantidad de lotes, un predio que se extiende de la Villa 20. “Es la única villa que tiene un banco de tierras para la urbanización”, dice Baldiviezo. Justamente esa promesa incumplida es uno de los detonantes de la ocupación masiva, según una lógica que explica también la toma desalojada del Indoamericano en 2010. Baldiviezo: “Nosotros entendemos que urbanizar es poner servicios públicos, integrar al barrio, solucionar la vivienda a los inquilinos, otorgar propiedades… El PRO dice que no lo puede hacer, entonces lo que busca es dar títulos de propiedad, que es el último paso”. Al parcelar las villas y dejarlas en deterioro, lo que se habilita es la entrada especulativa del mercado sobre esos terrenos: “Para que el mercado ingrese tiene que haber propiedades en las villas. Es el proceso lento de sacarlos, para que el mercado las compre a precios bajos y  que luego sea el mercado el que vaya urbanizando”.

Este tipo de maniobras dejan desprotegidos sobre todo a los inquilinos, que no se agarran ni de los títulos de propiedad: “Entonces la única forma que ven es tomar la tierra”, explica sobre la ocupación de Lugano. “Este predio quiso ser vendido en el plan maestro, los vecinos lo defendieron porque son su promesa de urbanización, y hace años que es un cementerio de autos”.

Los desalojados como nueva clase social

La responsabilidad no es sólo del gobierno municipal cuando de entender las fluctuaciones de las migraciones se trata: el éxodo del campo hacia la ciudad producido por un monocultivo que precisa escaso trabajo, y tecnologización de las tareas; las oportunidades aparentes o reales que parece brindar la city; acaso los propios desalojos aparentes o reales de las propias provincias.

El gobierno de la Ciudad se manda la parte; no sólo en el tema vivienda; los desalojos a manteros en la vía pública muestra también que la idea de sacarlos, de desplazarlos no contiene una segunda respuesta. Es decir, en forma de las preguntas que se hacen estos trabajadores: “Si nos sacan de la calle, ¿a dónde vamos a ir?”

En el caso de las viviendas el Gobierno porteño ofrece la opción de un subsidio habitacional que consta de seis cuotas de 450 pesos con opción de extender a cuatro cuotas más; según el programa de Atención de Familias en Situación de Calle son 3.500 los beneficiarios del plan que cumplen con todos los requisitos; muchas personas lo solicitan pero no acceden a cobrarlo.

Lo cierto es que más allá de estas ayudas que no ayudan a nadie, el año pasado la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia realizó un análisis sobre el presupuesto para vivienda del período 2008-2012: “Para todo el período los gastos de los programas de vivienda representaron porcentajes significativamente menores a los asignados originalmente por la Legislatura. En 2010, por ejemplo, la Legislatura destinó un 2,6 por ciento del presupuesto general pero en el gasto real realizado por el Ejecutivo implicó sólo un 1,5 por ciento”. Esta diferencia la explican las subejecuciones del presupuesto que permiten al gobierno reasignar recursos que en principio estaban destinados a una cartera, hacia otra por motivos que deben explicar. Estos acomodos significaron partidas por casi mil millones.

El Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC) no construyó una sola casa en el período 2010-2013, según estadísticas de la propia Dirección de Estadística y Censos de la Ciudad. En cambio, en los bosques de Palermo pueden verse camionetas ploteadas con promotoras con calzas negras publicitando al IVC. “El IVC está totalmente desguazado, sólo tiene infraestructura con personal transitorio, y todas sus competencias se pasaron en la práctica al ministerio de hábitat e inclusión social”, cuenta Baldiviezo.

De aquella Ley de Emergencia Habitacional sancionada en 2006, quedó nada. La creación de un fondo presupuestario para programas habitacionales nunca fue reglamentada; y el artículo que suspendía los desalojos a inmuebles públicos fue vetado por el ejecutivo del Gobierno de la Ciudad.

Se hizo uso en cambio de una medida aprobada en 2001 que permite ejecutar un desalojo antes de que sea dictada una sentencia judicial: “desocupación inmediata”.

En este contexto se cuentan 2.300 familias con sentencia firme de desalojo en la Ciudad de Buenos Aires, según el Programa de Atención a Familias en Situación de Calle.

La manta corta

¿Cuál es el negocio? La ciudad del club de amigos no sólo aplica derecho de admisión a los que no les caen bien – la política patovica- , sino que hace sus negocios gracia a la famosa “burbuja inmobiliaria”.

En los últimos años se ha ido incrementando el precio de las propiedades, al punto que triplica el índice inflacionario del resto de los bienes.  Según un informe de la Dirección de Estadísticas y Censos de la Ciudad de Buenos Aires, entre 2002 y 2005 la superficie construida creció un 600%, y el metro cuadrado aumentó a razón de un 35% anual. Este proceso de valorización del suelo urbano está impulsado por el dinamismo que tomaron el mercado de la construcción y la actividad inmobiliaria, guiados por una lógica especulativa, cuyos protagonistas guardan estrechas relaciones con algunos funcionarios porteños.  Acreditada está la de Nicolás Caputo, íntimo de Macri y ex asesor del gobierno, dueño de la firma CAPUTO S.A. que consigue licitaciones para construir llamativamente seguido. Telemetrix, Altote, Mediterránea, American Traffic, Instalectro e IRSA son otras de las empresas que viven ganando licitaciones que habilitan a construir en suelo porteño.

El abogado Baldiviezo explica: “La lógica de la expansión de la especulación inmobiliaria en la Ciudad presiona sobre la recuperación de los predios que están en manos populares o que no tienen cierta seguridad en la tenencia. Los proyectos de desarrollo tienen bien determinadas hacia qué áreas van a impulsar y hacia dónde se van a orientar: fue Palermo, Belgrano y ahora es la zona sur con San Telmo y La Boca, que es donde casualmente hay la mayor cantidad de desalojos”.

 

 

 

Bodart

En Vámonos de Casa, el programa de radio de NosDigital, recibimos al legislador porteño Alejandro Bodart, presidente de bloque del MST en Proyecto Sur. Escuchá un gran análisis del tema del momento en la Ciudad de Buenos Aires: el espacio público. Qué pretende el PRO, cómo defiende lo público la sociedad, por qué se habla de complicidad con el bloque K, dónde quedan las minorías reprimidas que resisten y se refugian en el espacio público. Imperdible.