¿En qué pensás cuando digo “trabajo”?

La mayor parte de nuestras vidas la pasamos trabajando. ¿Qué dice nuestro trabajo de nosotros? ¿Entre el empleo, el trabajo y la vocación debe haber linealidad o contradicciones? El Grupo de Antropología del Trabajo de la UBA analiza la realidad de los trabajadores en el capitalismo marca siglo XXI.

En un edificio de cinco pisos trabaja Hernán Palermo. Él es, entre otras cosas, antropólogo. No labura en el cuarto ni en el quinto: pasa sus días en el medio, en un entrepiso que se hace pasillo y que entre ventanas y sillones va abriendo puertas, escritorios, computadoras y un sinfín de papeles. Al rato llega Cynthia Rivero, ¿y ella quién es? ¡Otra antropóloga! Se conocen de la facultad y con otros colegas forman el Grupo Antropología del Trabajo de la Universad de Buenos Aires. “La idea es pensar y problematizar, como colectivo, desde la antropología, las cuestiones vinculadas al trabajo y a los trabajadores”, cuentan.

Hernán trabaja en el Conicet, en el Centro de Estudios e Investigaciones Laborales. Cynthia, en cambio, en Canal Encuentro, en el área de los contenidos. Los dos son antropólogos, pero, en sus empleos, hacen cosas muy distintas. Entonces, ¿qué son?, ¿quiénes son? Cynthia sale al auxilio de la crisis de existencia: “Hay que pensar la ambivalencia entre el ser y el hacer. El problema es que las dimensiones de la vocación, la profesión y el trabajo, y el empleo, suelen reducirse a una sola dimensión”.

¿Y por qué se genera esa idea?

Cynthia Rivero (CR): Porque alguien nos cagó. Alguien nos hizo pensar que desde chiquitos elegimos una vocación, luego hacemos una carrera que nos hace profesionales y después, obviamente, tu trabajo debe estar de acuerdo a esa profesión. No hay complejidad en ese vínculo entre la carrera que hiciste y el trabajo que tenés. Y, además, ese trabajo tiene que ser un empleo remunerado, formal, que tenga un horario que te permita formar una familia y seguir con tu vida: jubilarte y morirte. Toda esa cosa bien lineal nos hace perder la complejidad. No necesariamente esas dimensiones deben subsumirse en una sola ¿Por qué tenés que ser lo que trabajás? No necesariamente tiene que ser así: puedo tener vocación de cantar y no ser cantante. Pueden abrirse esas dimensiones de la vida y uno también puede enriquecerse.

Hernán Palermo (HP): El problema concreto es la linealidad del concepto de identidad. Suele ser tan monótono y encorsetado que reduce la autoadscripción de una persona. Una persona no es solamente un trabajador: es un montón de cosas. El concepto de identidad descomplejiza la dinámica de la subjetividad del ser humano. Si sos trabajador, ¿cuál es tu identidad? ¿Sos obrero? No, sos un montón de cosas.

¿Por qué suele existir una identificación tan fuerte entre lo que somos y de lo que trabajamos?

HP: En primer lugar hay una cuestión material. El trabajo es lo que más tiempo ocupa en nuestras vidas. Es indefectible que uno genere, construya y configure ciertos valores en torno a esas prácticas que desarrolla. Uno suele decir que la identidad la genera el trabajo, pero, en realidad, una persona es un mosaico de piezas. Una importante es el trabajo, por esto que decimos. Otras pueden ser sus vínculos familiares: si es padre, madre, hijo, hija, abuelo. Si tiene un hobby o no lo tiene. Es un mosaico que configura la totalidad de los valores.

CR: Que el espacio de trabajo, o la empresa, logre que vos identifiques tu subjetividad con ese espacio tiene la cuestión positiva ligada a la vieja idea de que el trabajo dignifica. Pero, como el trabajo dignifica, también aliena.

HP: Un trabajador se identifica con una empresa y no con sus compañeros. Genera lazos con la empresa. Se crea el imaginario de que la empresa en parte es de él, que él toma decisiones en la empresa. Todas las técnicas de managment, de tormenta de ideas, que dice que todos pueden pensar en ideas para poder hacer mejor la empresa que es de todos nosotros. Y uno  sabe que las decisiones verdaderas de una empresa ni siquiera se toman en este continente. Se toman en Luxemburgo, Francia, España, Alemania. Hay un montón de políticas que hacen que los trabajadores generen identificación con la empresa y piensen que son parte. Esta política de “democratización” del espacio laboral donde parece que somos todos iguales, el trabajador, el empresario. No hay diferencias de clases, parece.

¿Qué diferencia conceptual hay entre empleo y trabajo?

antropologos ubaHP: Empleo se define como la relación de dependencia que se tiene en un trabajo, con un salario. Y el trabajo, en términos ontológicos, es la capacidad única e infinita que tiene el ser humano de transformar el mundo social y la naturaleza. El empleo es una categoría histórica, es tal cual hoy se concibe el trabajo: el empleo asalariado.

CR: Cuando hablamos de trabajo nos remontamos a una línea histórica que va hasta donde te quieras ir. Cuando hablás de empleo tenés que hablar de S XX.

HP: La concepción del empleo hegemoniza la concepción del trabajo. Se piensa al trabajo en términos de empleo. Se reduce. Cuando es al revés, el empleo es una faceta histórica dentro de lo que es el trabajo. Y al ser hegemónico invisibiliza un montón de otras formas.

¿Hay un desfasaje entre las distintas formas de trabajo existente y los imaginarios del trabajo? ¿Las prácticas del trabajo cada vez son más variadas, pero nosotros seguimos pensando al trabajo de una manera tradicional?

HP: La cuestión es qué se entiende por trabajo. Una vez en una clase todos iban diciendo de qué trabajaban. Y una chica, levanta la mano y dice: “No, yo no trabajo. Trabaja mi marido. Yo solamente cuido a los tres chicos y limpio la casa”. ¡Flor de trabajo estar en tu casa y cuidar tres pibes! Pero nosotros seguimos entendiendo el trabajo como aquello remunerado, lo asalariado, lo que da dinero. El trabajo de la mujer dentro del hogar no es reconocido, es invisibilizado. Es como no trabajar.

CR: Ese desfasaje entre imaginario y condiciones concretas tiene que ver con que todos los derechos labores y sociales están asociados a ese trabajo formal. Hay algo material real y concreto. Querés sacar crédito hipotecario, mostrame que tenés antigüedad. Querés alquilar, mostrame recibo de sueldo. Si querés jubilarte, así sean 1500 pesos, tenés que hacer tantos aportes durante 30 años. Si vos querés ingresar a la sociedad formal, mínimamente, necesitás tener un trabajo en ciertas condiciones, más cerca de un empleado de 10 a 18 que de un tipo que está con un contrato de tres meses. Cuando te ponen como ejemplo clásico la gente que labura en Googlee ¡Son 5! Después hay todo un cúmulo de gente que no es así. Todos los planes que el Estado empieza a instrumentar, planes sociales, se dan por el retroceso en las condiciones formales de trabajo. Si vos tenés un trabajo formal, real, concreto, con derechos mínimos, no necesitás  cobrar ciertos planes sociales. Y lo digo apoyando a pleno la Asignación Universal por Hijo, por ejemplo. Pero se ha retrocedido tanto sobre los derechos que tenían los trabajadores asociados a este trabajo formal que aparecieron estas nuevas formas: contratos a plazo fijo, monotributista, locación de servicio. Toda la flexibilización laboral generó un desfasaje en el imaginario de lo que puedo hacer y a lo que puedo acceder con las condiciones concretas y reales del trabajo.

HP: El último período histórico, el capital ha encontrado nuevas formas de contratación y uso del trabajo. A veces se piensa que trabajando desde su casa, con contratos más flexibles, uno tiene menor grado de explotación, más decisión y libertad. No es así. Cuando se agota el proceso del fordismo y taylorismo por su carácter repetitivo, que embrutecía, monótono, el capital reconoce esas reivindicaciones y logra reconstruirlas y reestructura las lógicas de trabajo y las herramientas de disciplinamiento. Ahora no es monótono, ahora es polivalente. Osea una tarea que antes hacían diez trabajadores, ahora la hace uno. Embrutecer no te vas a embrutecer, pero vas a hacer la tarea de diez tipos. Querés trabajar en tu casa, está bien, pero vas a tener toda la tecnología disponible para que el control también sea posible en tu casa, para que tu casa sea zona de control. Vos pensás que estás en tu casa, en pijama, en pantuflas, que la pasás bárbaro, pero realmente es una situación laboral precaria. Estás controlado en tu propia casa.

La sociedad moderna propone estas nuevas formas. Pero, ¿cuáles surgen desde la necesidad y cuáles desde un sentido crítico?

antropologosHP: Se parten aguas ahí. Sobre todo en término de lo que son las cooperativas, las fábricas recuperadas. En un primer momento, a finales de los 90, en los 2000, hay una serie de escritos que dicen que estas formas de trabajo por fuera del trabajo formal son un germen contestatario, crítico, a las formas tradicionales de trabajo. Muchos han ido más lejos y han visto en las fábricas recuperadas el origen de la transformación del capitalismo, como el puntapié, la punta de lanza. Otras teorías, un poco más críticas, más que hablar de formas críticas al capitalismo dicen formas precarias en los límites que deja el sistema capitalista. En la devastación neobliberal a los sectores populares no les quedó otra que organizarse en cooperativas o tomar fábricas vaciadas, o formar movimientos sociales y generar trabajos en torno a esos espacios. Yo creo que más que formas críticas de la organización del trabajo son formas de subsistencia dentro de los límites que el capitalismo permite.

CR: Sí, después, dentro de eso, puede haber ejemplos concretos y propuestas que se hayan radicalizado en términos políticos de cómo producir, de cómo vender, de cómo dividir el trabajo.

HP: Estas formas del trabajo, la economía social, el truque, etc. ¿Le cambió la vida a tantas personas? Sí, claro, y a esas personas que se estaban cayendo del sistema les permitió sobrevivir. Ese es un análisis. Ahora, pensar que estas formas atentan contra el capitalismo, no, es otra cosa.

CR: La figura de la cooperativa por sí misma no implica horizontalidad, ni siquiera implica un colectivo. Hay que analizar caso por caso. A veces se habla del cooperativismo con cierto romanticismo.

¿Cómo juegan en las personas los sentimientos de sacrificio y de gusto respecto a su trabajo?

HP: Marx lo explica fácilmente: el capitalismo genera una transformación del trabajo. En vez de ser el proceso de realización del ser humano, en el capitalismo el ser humano se desrealiza. Por las relaciones de explotación, alienación, enajenación, se invierte, porque lo que produce no le pertenece. El trabajo es, entonces, un espacio de sacrificio donde voy y agacho la cabeza, y trato después de realizarme en espacios y en prácticas fuera de lo laboral. Me realizo por fuera del trabajo, cuando salgo y cumplo el empleo de ocho horas y me voy a mi casa a dedicarme al ocio, al hobby.

CR: Hay personas que dicen que no les interesa el trabajo en el que están, les interesa estar ahí cinco horas, ganar plata y después su vida está por otra parte. Bueno, es una disociación mental. No es real. Lo real es que gran parte de tu vida lo pasás trabajando, te guste o no. Después está el modelo más americano, de las películas. Aparece toda esa incompatibilidad entre ser exitoso profesionalmente en tu trabajo y tener una familia. Bueno… no es así. Se dedica más tiempo a un trabajo que te hace socialmente prestigioso que a la familia. Hoy la familia no es un lugar de prestigio. El prestigio sin dinero, no es prestigio. Es la idea de comprar el éxito del modelo americano.

Cynthia y Hernán toman agua fría. Sobre sus cabezas hay una serie de fotos hechas cuadros que le dan sentido a tres paredes del cuarto: una mujer levanta papas en campos bolivianos, dos hombres con las manos engrasadas dejan sus músculos en unas inmensas máquinas, un camionero saca el brazo por la ventana en el medio de la eterna ruta. En la cuarta pared hay un pizarrón y, aunque sea imaginario, ahí también se dibujan algunos conceptos y brota el trabajo en su enésima forma… ¿Cuántas más habrá?

Cynthia, entonces, dice: “La idea es desnaturalizar la disciplina del trabajo ¿Alguna vez fue distinto? Repensar todo lo que se construyó socialmente sobre el deber ser, sobre el mandato, para que las personas vayan a la fábrica y nada más. Pero, hay que pensar: ¿esto siempre fue así? ¿Puede ser de otra manera?”.