Represión en Plátanos

La protesta por los cortes de luz que ya arrancaron en la previa del verano tuvo represión de respuesta. Al sur de Berazategui con detenidos, palos y balas de goma.

En Plátanos Norte, Municipio de Berazategui, la modista del barrio tiene abierta una causa federal. También su hermano. Y el pibe de un par de casas más allá. Un adolescente de diecisiete años estuvo preso todo un día en la Comisaría 1ª de Berazategui. Otro de doce años recibió balazos de goma.

El jueves 30 de octubre no fue la primera vez que los vecinos de Plátanos Norte cortaron la calle: protestaban porque no tenían luz desde hacía tres días y para colmo los cables de electricidad, vencidos por el viento, habían caído sobre la calle y algunas paredes transmitían corriente. Pero ese día fue distinto. Mientras levantaban el corte que mantenían desde hacía una hora sobre la Avenida Néstor Kirchner (ex Mitre), una veintena de oficiales de la Bonaerense, encabezados por el comisario Juan Vicente Cardozo de la Comisaría 1ª de Berazategui, se bajaron de las camionetas Amarok nuevas que les regaló el Estado Nacional y empezaron a repartir palos a la gente que protestaba.

Ahora los vecinos del barrio están asustados. Hablan pero no quieren dar sus nombres, porque lo que vivieron el jueves 30 último los marcó duro. Los patrulleros siguen dando vueltas desde esa tarde. Se paran frente a las casas de la gente, saludan burlones. “Ahora este es el barrio más seguro de Berazategui”, ironiza un vecino. Es que nunca los policías pisaban el barrio. “No queremos dar nuestros nombres porque todavía está la presión de la Comisaría 1ª, que acosa a los pibes”, justifican.

Antes, ese mismo día, caminaron hasta un patrullero que recorría la Avenida Néstor Kirchner y les informaron que a las cuatro de la tarde iban a cortar la calle, para ver si en una de esas alguien se enteraba y los ayudaban, pero el aviso no pareció alcanzar.

Plátanos Norte es un barrio pequeño dentro de la localidad de Plátanos, al sur de Berazategui y a mitad de camino entre Capital y La Plata. Queda a 20 cuadras del centro del municipio, donde todo es limpio y ordenado. Desde las últimas callecitas de tierra del barrio se ven los campos y al fondo la autopista Buenos Aires – La Plata. En esos mismos campos verdes el Municipio del ex Ministro de Medio Ambiente Juan José Mussi instaló un basural ilegal. Los vecinos, con la ayuda del Foro del Río de La Plata, lograron hace menos de un año que la Justicia lo cierre.

Heridos por bala de goma.
Heridos por bala de goma.

Desde hace tres años cortan de vez en cuando la avenida que pasa por el costado de su barrio, porque siempre que llueve se les corta la luz y tarda días en volver. En el verano, la situación se hace invivible. En una ciudad que en cinco años pasó de tener un edificio alto a una cincuentena de ellos; donde se instaló una subestación eléctrica en contra de la voluntad de los vecinos para alimentar los parques industriales nuevos; que creció en cantidad de habitantes casi un 20% en cuatro años; con un gobierno municipal que invierte en countrys construidos en tierras fiscales y en embellecer la peatonal del centro.

La voz de los reprimidos

“Dos policías desde la vía del tren Roca empezaron a tirar piedras para generar disturbios porque estaba todo tranquilo y ya estábamos levantando el corte. Fue como en las películas. El comisario se le tiró encima a mi marido y con otros dos oficiales le empezaron a pegar palazos en la espalda. Él no estaba haciendo nada, es más, estaba ayudando a levantar el corte. Ahí lo detienen, mientras los policías seguían tirando piedras, empezaron a reprimir a todos. A un menor de diecisiete años lo re cagaron a palos, el nene venía de la escuela, lo agarraron al boleo. Es como dijo el comisario Cardozo, cuando esperaba en la comisaria que liberen a mi marido lo escuché: `tenemos a tres perejiles, así justificamos las balas´”.

“Había una pareja de discapacitados, mujeres embarazadas, nenes. A las mujeres las agarraban de los pelos, a los pibes les disparaban sin lástima. Se llevaron tres detenidos, uno este pibe que le pegaron, menor de edad y una señora de 45 años, la modista del barrio. Los tuvieron presos un día entero, y cuando salieron, nos enteramos que les abrieron una causa federal por cortar la vía. Hubo tres heridos con balas de goma, el pibe de doce años y otro muchacho. Se de otro pero no se acercó, están cagados porque andan patrulleros, les pasan despacito por al lado, hay una persecución psicológica. Todavía no pudimos juntarnos bien todos los vecinos después de esto porque hay gente que ni quiere salir de la casa, somos gente común de laburo, nos organizamos para protestar por un servicio que pagamos y no funciona. Tenemos derecho a protestar”.

“Eso fue la represión y ahora sigue la persecución. Es torturador vivir así. Es una forma de decirnos ‘no rompan las bolas, cuando se les corte la luz esperen tranquilos en su casa que algún día va a volver’”.

Esas conclusiones sacan los vecinos, a pesar del susto. Se viene el veranito en Berazategui, los cortes de luz se cuentan de a decenas y se prolongan días enteros. No es que se hicieron las obras para no tener más cortes de luz: la única diferencia con otros años es que ahora los habitantes de Plátanos Norte no saben si se van a animar a protestar.

El Tratado del vittel thoné

– La situación es básicamente como la del Tratado de Lisboa, como el Tratado de Versalles o bien como el Tratado de Independiente que firmaron hace algunas semanas. Uno elige estar dentro o no estar dentro del mundo. Y, bueno, como opinión personal, me parece que no tendría sentido rebelarse en este caso.

– ¿Eh?

– Lo que se está proponiendo es que los países que funcionan a 110 voltios hagan el esfuerzo de llegar a 220. Y nosotros, que estamos a 220, debiéramos llegar a 240. Bueno, ahora, en realidad, no me acuerdo bien si 240 o 260. Pero es un tratado que se firmó mundialmente. Como un acuerdo de la ONU, de la Unión Europea o del Mercosur, pero esta vez es sobre la energía.

Siempre me pregunté si los electricistas o los plomeros tomarían café. O si son apostadores. O si tienen demasiadas amantes porque, vamos, este mundo ya ha sido demasiado injusto con los soderos que, según algunas teorías, van camino a desaparecer por el auge de los exámenes de ADN y no por esa teoría de la extinción del sifón. O si funcionan con un reloj musulmán. O qué sé yo pero, por alguna razón, no existe un sólo electricista o plomero que llegue en el momento en que prometió llegar.

Sólo por si sucedía esa especie de milagro, yo me levanté a las siete y media de la mañana para recibirlo. Era mi día descanso, pero frente a cada problema con la luz, después de todos los cortes de diciembre, de los vecinos opinando sobre energía calórica, de mi madre continuamente fastidiada, de la señora de acá al lado que prometió matarlos a todos y del vittel thoné que casi se pudre en la heladera -admito que psíquicamente estoy preparado para aguantar ocho meses sin electricidad, pero de ninguna manera podría tolerar la pérdida del vittel-, decidí que era importante atender al electricista. Aunque fuera a llegar a las once menos veinte, como llegó.

Rodrigo cayó con dos mochilas, una gorrita, un pilotín, la remera adentro del pantalón, el pantalón bien arriba, o -en realidad- todo el cuerpo metido adentro del pantalón y un anuncio por demás claro:

– A mí me preocupa explicarte todo lo que hago. Tu mamá me dijo que vos estudiabas algo de filosofía así que voy a intentar hablar en tu vocabulario. Básicamente, acá lo que sucedió es una situación anormal. Y te pido que para entender esto pienses en el prefijo a del griego y no del latín. Pensá la a de anormal como una cuestión política y no lo pienses como la a del latín que señala la cuestión del origen, como es el caso de aborigen.

– Claro.

Yo dije claro como podría haber dicho eh como podría haber dicho ah como podría haberle gritado, después de tres horas de retraso: “A mí qué carajo me interesa todo esto, la puta madre que te parió, el otro día se cortó la luz, quiero saber si se rompió este dispositivo que pusieron acá, no sé cuándo, para regular no sé qué cosa de la electricidad”.

Pero Rodrigo no era ni es cualquier tipo. No porque sea electricista matriculado o porque haya estudiado o porque tenga otro título de no sé qué: Rodrigo es lo que trabaja, decide qué hacer y qué no, y hay días que se levanta fastidiado, pero le gusta la electricidad y prefiere trabajar sólo, y tardar, y ganar menos, pero no tener que hacer cosas para una empresa.

– Entonces, te digo. Acá pasó que fue un fin de semana largo, que podríamos llamar extralargo, y como los vecinos se fueron de vacaciones bajó el consumo y ahí subió la tensión porque la empresa no calculó esto. Fijate, te pido que mires, que ahora te están llegando 226 voltios. Son solo 6 de más, pero el sábado debés haber tenido 240 y eso, bueno, jodió todo. Por suerte, tenés este protector inteligente. Digo inteligente entre comillas porque no es que el protector dice “ah, el de acá lado se va a Mar del Plata y el otro a las Toninas”. No es humano, claro. Pero está bien, no se rompió.

– Bueno, buenísimo, ¿cuánto te debo por esto?

– Te aclaro que esta casa es vieja y, bueno, está todo bastante moderno, pero claro que moderno no quiere decir que sea nuevo. Yo puedo comprarme un Ford A de 1940 y puede estar cero kilómetros, pero no va a ser moderno: va a ser nuevo. Porque sigue habiendo como 80 años de diferencia. Exactamente, son 74 años. Y son muchos 74.

– Claro, son muchos.

– Y mirá que yo soy fanático de Volver al futuro. Me vi las tres, me parecen geniales y la verdad es que me da pena lo del parkinson de Michael Fox porque es un tipo joven. Pero, siendo sincero, la máquina no existe y entonces el tiempo es una condición inevitable.

Hicimos silencio los dos. El tiempo, ya cerca del mediodía, no estaba doliendo a los dos. Dos tipos grandes, en un saguán, pensando en el parkinson de Fox, lamentándonos por el tiempo y por cómo la vida pasa. Yo ya no era el mismo que hacía un rato: lamentaba que Rodrigo hubiera llegado tarde tan sólo por no haber pasado más horas de la mañana con él. Pero quedaba una suerte: había que arreglar una lámpara que está clavada en el techo del baño de mi casa. Lo llevé hasta ahí, la supervisó y sin tocar nada, me preguntó:

– ¿Alguna vez viajaste en globo aerostático?

– No, la verdad que no -y, cuando dije la verdad, volví a pensar en lo que estaba sucediendo y empecé a pensar que alguien estaba armando una cámara oculta o un reality porque este Rodrigo ya me salía con cualquier cosa-.

– Bueno, este es como un caso del globo aerostático. La lámpara esta transforma la energía eléctrica en energía lumínica, pero lo que sucede acá es que el contacto con el techo libre demasiada energía calórica y hace chispas arriba que destruyen los cables. Claro que esto no se eleva porque el techo es de durlock, pero pensá que demasiada energía calórica levanta a los globos aerostáticos, que yo nunca viajé, pero me encantaría.

– A mí también me gustaría.

– ¿Te puedo hacer una pregunta? De chusma nada más.

A esta altura, ya éramos amigos y los trabajos los hacía bien y yo ya estaba por decidir cambiar mi vida y dedicarme a la física porque, evidentemente, ese mundo era fascinante. Aún así, pensaba en cómo haría Rodrigo para decirle a una mujer que no la quería más o cómo analizaría un partido de fútbol o si compraba la carne para el asado, pero tanto no podía pensar porque se venía la pregunta de chisme.

– ¿Ustedes decidieron a propósito que el piso y las paredes sean del mismo porcelanato y del mismo color?

– No sé, la verdad es que yo no decidí nada.

– Porque la verdad es que me parece magnífico. Ahora que lo pienso, nunca entendí por qué la gente divide las paredes del piso.

Y yo, que me había levantado temprano para abrirle, que lo había insultado, que había calculado sus infidelidades, le di la mano, le pagué, le agradecí la atención, le prometí pasarle un dato que me había pedido y me quedé pensando: ¿por qué la gente divide las paredes del piso?

***

Cuando cerré la puerta, me estaba por tirar a dormir la siesta, pero había algo que no me terminaba de cuadrar. Como esas cosas que no le dije a una chica que quería, como esas cosas que ya no le voy a poder decir, sentía en el pecho un profundo dolor. Pensé: “Puta madre, me enamoré de Rodrigo”. Pero me acordé de su cuerpo dentro del pantalón y lo descarté la teoría. Me acerqué al velador para apagar la luz, miré la lamparita y me di cuenta lo que me faltaba. Me metí en internet, busqué la factura y llamé a la empresa de electricidad. Después de quince minutos de espera, una señorita que se presentó como Sofía me atendió y me preguntó qué precisaba.

– Mirá, recién medí la electricidad de casa y está viniendo a 226. El sábado probablemente haya estado en 240.

– ¿Y tuvo cortes de luz?

– Sí, pero eso no me interesa. En realidad, quería saber si la empresa se va a adecuar y, si es así, en qué momento lo va a hacer, al tratado para aumentar la potencia.

– Perdón, no le entendí.

– Me contaron que la electricidad va a empezar a ser de 240, quería saber si van a adecuarse o no.

– No puedo responderle eso.

– Bueno, ¿hay alguien que pueda responderme?

– Mire, el departamento de administración tiene una demora de doce minutos y el servicio técnico unos veintiocho minutos. Pero no creo que puedan ayudarlo.

– Voy a intentarlo, pasame por favor con el servicio técnico, quizás ahí sepan.

– Es que no creo que puedan solucionárselo.

– Voy a intentarlo de todas formas.

– Es que, en realidad, no puedo transferir su llamada. Le pido disculpas.

Lugano de segunda

Diosnel Pérez llegó a Lugano en el 87 y construyó las primeras casas de lo que hoy es la Villa 20. Desde entonces, vio pasar gobiernos municipales y nacionales de todos los colores: ninguno urbanizó. Él sigue repartiendo constituciones de la Ciudad para mostrarles a sus vecinos que tener calles asfaltadas, tendido eléctrico, agua potable y sistema de cloacas es un derecho consagrado.

Diosnel Pérez fue de los primeros vecinos en ocupar las tierras que hoy son la Villa 20, en el barrio de Lugano, allá por 1987. “No fue fácil. De noche construíamos y después venía la montada a destruir lo que habíamos hecho. Pero los caballos se cansaron y nosotros no”, resume sobre esos tiempos posteriores a la dictadura. Todavía sale a repartir constituciones de la Ciudad para mostrarles a sus vecinos que la vivienda digna es un derecho: está consagrada en el artículo 14 bis. Recuerda que, antes de empezar a militar, él mismo creía que valía menos por ser extranjero. “La villa no está incluida dentro de la Ciudad. Somos parte de Buenos Aires y no se reconoce. La no urbanización colabora con la discriminación”.

 

Los servicios y Mirtha Legrand

Por más que estén capacitados para un trabajo, si en el casillero de dirección ponen Manzana 7, Casa 18, tienen menos chances. “Ni la justicia reconoce nuestras direcciones”, sigue Diosnel. Las ambulancias no entran. El agua que toman está contaminada. Se cruzan caños de cloacas y de agua porque cada uno lo construye como puede. Si se pincha uno, ya se mezcla todo. El único momento en que va Edesur a solucionar un problema es cuando se quema el transformador: situación límite. El cable que sale de la tierra ya es trabajo de los vecinos. Diosnel: “Todos los servicios los hicimos nosotros”.

Desde el 11 de agosto de 2005, la ley 1.770 le exige al Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC) hacer 1600 viviendas donde hoy hay un cementerio de autos. “Con 1600 viviendas acá no alcanza para nada: somos 40 mil habitantes”. Los fallos de la justicia se repiten a favor de la urbanización, pero el Estado nunca aplicó.

La respuesta más concreta del estado fue en un almuerzo de Mirtha Legrand: Michetti manifestó el interés de su gobierno por la urbanización aportando datos sobre las fachas de casas pintadas de colores. Para peor, dijo sobre la 31: “Lo que ha sucedido en otros lugares del mundo con esto es que como esos terrenos son muy apetitosos para el sector privado y el sector inmobiliario, lo que termina pasando es que el sector inmobiliario compra esos lugares y la gente puede comprarse con ese dinero una casa en la ciudad o cualquier otro lugar. Y ese lugar puede integrarse al puerto o hacer un sector de barrios para clase media”.

Quizá esta postura explique, mejor que cualquier rosca, por qué no se urbanizan las villas.

 

Las formas de la ley

Junto con la ley 1.770 se aprobaron dos más: el levantamiento de un Polo Farmacéutico a manos de la tercera cooperativa más grande del mundo, Cooperala; y la construcción de un hospital. La única que se cumplió fue la del Polo. El hospital se completó solo en una de las tres etapas; quedó poco más grande que una salita de salud. Abre de lunes a viernes, hasta las 16 y no tiene guardia. Si pasa algo a la madrugada, hay que salir a pedirle auto a algún vecino – porque, de nuevo, las ambulancias no entran- e ir a un hospital a siete kilómetros. “Si esperás a la ambulancia, te vas a morir. Los vecinos ya están acostumbrados”, sabe Diosnel.

-No se puede urbanizar si la gente sigue tomando casas- repiten los funcionarios.

-La gente necesita vivienda hoy- explican los vecinos.

Y así reaparece el “Parque” Indoamericano -y sus tres muertos durante la represión conjunta de la Policía Federal y la Metropolitana-. “Ningún gobierno se ocupa de crear una política seria de vivienda”, sigue Diosnel. “Y ahora menos. En las 70 hectáreas libres acá en la Comuna 8, el Estado quiere hacer una villa Olímpica, en vez de casas”.

 

Habladurías

Y mientras tanto, escuchan que no pagan impuestos.

-¿No? Cada vez que compro azúcar, pago. Cuando se inunda, se inunda no con agua de lluvia, sino con la cloaca que sube. Los servicios los hicimos nosotros mismos. Hasta la escuela estatal dentro del barrio usa los servicios que nosotros construimos, así como da de beber agua contaminada, así como no tiene un patio y tiene entre 37 y 40 chicos por aula. ¿Por qué en la zona Sur tenemos que sufrir tanto? Esa escuela sirvió para mucha propaganda al gobierno de Mauricio Macri. La misma en la que a una chica se le cayó toda la cerámica del lado del inodoro.

 

Las formas del Estado

En ese mismo barrio pasan cosas como esta:

http://www.youtube.com/watch?v=SJbBuJ1U5AM

Una detención, un policía que no quiere dar la cara, otro que viene para pegar y se va. Otros no fueron filmados. Otros estuvieron desaparecidos durante meses, como Kiki Lezcano y Ezequiel Blanco (http://www.nosdigital.com.ar/2013/07/yo-soy-kiki-lezcano-y-nadie-me-va-a-callar/).

 

Desesperanza y razones

“Nunca se va a terminar de urbanizar. Primero porque no les conviene a los gobiernos. Las empresas que trabajan de limpiar los pisos ciegos perderían más o menos 100 millones de pesos anuales. Y esas empresas son amigas de los gobiernos de turno. Es mucha plata la que perderían”, analiza Diosnel. La empresa beneficiada es Panizza, relacionada, según el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), con los operativos ilegales de la Unidad de Control del Espacio Público contra gente en situación de calle: “…un grupo de 13 personas que se trasladaban en un camión de recolección de residuos con la inscripción “Panizza” les sacaron los carros con todo lo que habían recolectado quitándoles así mismo su documentación, todo lo cual fue destruido”.

El Informe de la UCEP: http://www.cels.org.ar/common/documentos/INFORME_FINAL_UCEP_.pdf

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

Prioridad 1: Urbanizar

Hace 3 años la Legislatura porteña votó un proyecto para urbanizar la Villa 31 y 31 bis, pero todavía no pasó nada. La basura se sigue acumulando, las cañerías rebalsando, las ambulancias esquivando y la luz no ilumina igual para todos. Historia de una política postergada, en la voz de sus vecinos.

Fotos: NosDigital.
Fotos: NosDigital.

En la canchita de fútbol donde juegan chicos y grandes hay un montículo de basura que crece cada fin de semana. A las ambulancias ya ni las llaman: buscan ayuda en algún vecino con auto. La instalación eléctrica es arbitraria o depende del arte de la maña: una manzana tiene luz pero la de al lado no, y cuando se corta no es la empresa quien la arregla. En la Villa 31 hay muchos policías, pero nada de seguridad.

Los problemas de los vecinos tienen una solución: urbanización. La ley de Radicación y Urbanización está aprobada desde hace tres años por la legislatura porteña, pero perdió estado parlamentario y volvió a presentarse este año. Asegura el fin de los desalojos forzosos y la creación de una Mesa de Gestión y Planeamiento Multidisciplinaria y Participativa, responsable de planificar e implementar la urbanización. La mesa, integrada por diputados, representantes de ministerios y delegados del barrio, trabajó catorce meses y redondeó un proyecto que giró a la Comisión de Vivienda, primer escalón para su aprobación. Pero así como entró, se cajoneó.

Nunca salió de la Comisión de Vivienda y perdió estado parlamentario el año pasado. Este año se volvió a presentar y, a pesar del pedido de organizaciones, vecinos del barrio y diputados, todavía no se trató.

“No hay voluntad política de tratar la propuesta que realizó la Mesa”, explica Carlos Cuenca, vecino de la Villa 31. Lejos de abatirse, agrega: “Somos el ejemplo, por eso el gobierno trata de vencernos. Si nosotros vencemos, seguirán el camino otras villas. Si perdemos, ¿qué les dejamos?”.

Mientras la propuesta descansa en un cajón de la Comisión de Vivienda de la legislatura porteña, Zunilda, madre de cinco hijos, camina por su barrio: “Un domingo a la tarde se corta la luz y no viene nadie. Mientras tanto, las necesidades perjudican a los chicos porque los lunes amanecen sin los delantales preparados”.

villa 31 204

Para Zunilda la urbanización no es un eslogan político sino un delantal sucio. ¿Se entiende?

– Si tenés heladera, se van quemando las instalaciones y tenés que cortar y mandar a llamar a alguien, y hay que pagarle. El año pasado nosotros tuvimos que salir a la calle para que vinieran a arreglar.

– Hace dos años que se hicieron todas las instalaciones para el agua (en algunas zonas de la 31 bis). Se compraron entre los vecinos los caños y se le manda a hacer a uno que lo sabe hacer. Buscando un vecino, al otro, al otro, nos organizamos.

– Tenemos basura en la canchita, que es donde los chicos juegan. Si llueve, es un olor…

– Antes tirábamos cemento nosotros en las calles, cuando le sobraba a alguien, pero se inundaba todo, entraba agua por todos lados. Salíamos los vecinos y sacábamos el agua, porque las cloacas no están en buenas condiciones.

– Las ambulancias siempre tardan en llegar. Ya lo tenemos como que no hay ambulancias y buscamos otros medios para llevarlos: conseguimos un amigo que tenga auto. Hay mucha gente que se murió porque nunca viene la ambulancia, lo sacan en un carrito y con una herida, se desangra hasta llegar al hospital. No quieren entrar las ambulancias porque siempre dicen que en la villa pasa esto y lo otro. Tienen miedo. Quieren que haya un policía, y hay policías por todos lados. Hay tanta policía e igual hay robos. Hay caminos para que entren las ambulancias, pero no quieren entrar.

villa 31 “Con la urbanización se arregla todo: la basura, la electricidad, las calles, las cloacas. Por ahí la inseguridad también. Eso es lo que estamos buscando”, asegura Zunilda. Sobre los métodos para presionar, en la 31 ya saben: “El corte de la autopista es la única herramienta que tenemos para solucionar esto, porque nunca nos escuchan. Ahora que están los delegados y las elecciones, empiezan las peleas entre ellos. Nosotros hacemos una actividad, les avisamos, vienen, pero después no pasa nada”.

Varios pasillos enredados más allá de lo de Zunilda, habitados por vecinos trabajando en casas suyas o ajenas, chicos jugando y perros mendigando un huesito, está el comedor Carlos Mugica. Teófilo Tapia cuenta, sentado en un banco del comedor, la trama que revela el negocio de la urbanización en los pasillos de la Legislatura: “Macri debería acatar la ley de Urbanización. No lo hace. Da un lavado de cara, donde los adoquines que saca de la Ciudad, no los puede vender y los mete en la villa. Ese costo lo incluye, aunque no haya existido, y pasa a usar esa parte del presupuesto para otra rama. Dice que la invierte en la urbanización y la mueve a otra parte del presupuesto”.

¿Y entonces?

“Entonces nos estafa a los vecinos. ¿Dónde están los 30 millones que dice que usó? No dicen cuánto cuestan las obras, no hay carteles en la villa. Compra voluntades porque los punteros que están con él aparecen con coches cero kilómetros de un día para el otro. De esa manera los hace enfrentar con los vecinos”.

villa 31

Con esa claridad, y como lo hizo Zunilda con los conflictos de su barrio, Teófilo narra ahora la historia de la urbanización en la Villa 31. Ahí sentado sobre las tierras que hacen babear a los empresarios inmobiliarios y que ocupan más de treinta mil personas, Teófilo empieza:

– En este barrio comenzó un desalojo compulsivo cuando muere Perón y el gobierno de Isabel se hace cargo. Ella empezó a sacar a la gente con subsidios. Si eran de Bolivia, por ejemplo, los mandaban para Bolivia. Se encargaban de que se fueran del país. A otros, los llevaban a lo de los familiares, a las provincias.

– Con la dictadura, Cacciatore sacó a la gente ya sin subsidios. A la madrugada venían con las mazas, rodeaban las casas, los sacaban afuera, cargaban las cosas en los camiones de la basura y los tiraban del otro lado de la General Paz. Después las familias buscaban a dónde ir. Ya eso era una erradicación compulsiva. Ficharon a los dirigentes, primero. Después podían sacar a cualquiera. No había resistencia porque no quedaba ninguno de los representantes del barrio. Sacaban a la juventud, algunos estaban presos, otros desaparecidos. Limpiaron primero a toda la gente militante.

– Después de la erradicación de Cacciatore nos juntamos los pocos vecinos que quedamos y empezamos a buscar una forma para frenarlo. Así empezó esta lucha. Empezamos a trabajar con los curitas de las iglesias, con la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Conseguimos unos abogados recién recibidos y otros que acompañaban que se hicieron cargo de la demanda. En primera instancia se perdió el juicio porque habíamos quedado 33 familias. Los demás tenían miedo. Era el año 1979. Apelamos a la Cámara y nos dieron lugar. En el barrio nos detenían cuando nos encontraban.

– Alfonsín no desmanteló la Comisión Municipal de la Vivienda de la dictadura. Era una pelea por el tema de la luz, el agua, las cañerías todas rotas. Costó repoblar la villa. El intendente Suárez Lastra sacó una ordenanza donde reconoce que la erradicación fue compulsiva y dice que quienes acrediten haber vivido en la villa pueden volver.

– Ya en los 90 sabían que esta villa no puede existir porque está en las tierras más caras de la república. Querían hacer la continuación de Puerto Madero. Nos quisieron sacar, pero no pudieron porque la villa se repobló.

Así, Teófilo llega a la actualidad. Con la ley de urbanización que no se cumple. Con una Villa 31 que ahora se llama Barrio 31 Carlos Mugica, pero que sigue teniendo los problemas de siempre. Con un barrio con muchos Carlos, Zunildas y Teófilos que trabajan por una urbanización que ayude a tener los delantales del colegio limpios, la cancha de fútbol limpia, las cañerías bien, luz, agua, y que ya no haya excusas para que las ambulancias entren.

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