“Te pueden quemar por ser homosexual”

Daniel Arzola es un artista venezolano, creador de la campaña viral “No soy tu chiste”, contra la homofobia y toda forma de discriminación y violencia hacia lo “diferente”. 

Por una calle de un barrio de Maracay, Venezuela, camina un chico de 15 años. Se llama Daniel, tiene la piel morena, rasgos amables, cejas tupidas y ojos intrigantes. Va solo, pensando en un libro de Neruda que leyó hace algún tiempo. Vuelve de la escuela o quizás de lo de un amigo. Sumergido en el silencio de la tarde, dobla a la esquina y ve a un grupo de chicos sentados en la puerta de una casa. Vecinos suyos. No los mira, pero tampoco baja la cabeza. Escucha que le gritan algo. “Maricón”, “niña”, da igual. De reojo, percibe que se levantan y empiezan a caminar hacia él. Apura el paso y cuando ya los siente en la nuca, le viene un latigazo de los talones que lo empuja a correr. Pero lo alcanzan. Lo tiran al piso y le sacan las zapatillas. Entre dos lo vuelven a levantar y lo llevan hasta la esquina. Daniel se resiste, pero son demasiados los brazos contra él. Lo atan a un poste y entre risas filosas le tiran petardos a los pies desnudos. A Daniel se le caen las lágrimas, pero no llora. Ni se resigna. Como estimulado por el calor del fuego, se anima de fuerza y logra desprenderse para empezar a correr.

“Yo crecí con la necesidad de tener algo para defenderme, aprendí a correr mientras me perseguían”.

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Daniel Arzola hoy tiene 24 años, es el creador de la exitosa campaña “No soy tu chiste” y un artista reconocido en los cinco continentes. O, como le dijeron alguna vez, “artivista”, por la fusión entre el arte y el activismo. Después de que le robaran y le rompieran todos sus dibujos se “bloqueó”. “Volví a dibujar cuando me enteré que hay gente que corre con menos suerte. Yo logré escaparme de eso, no tengo marcas en el cuerpo ni nada. Pero un chico de mi ciudad fue a un liceo a pedir cupo y le dijeron que no aceptaban homosexuales, y unos compañeros de clase lo bañaron en gasolina y lo prendieron fuego. Le quemaron el 70% de su cuerpo y quedó vivo. No fue cubierto por ningún medio. Si esto hubiera pasado en otra parte del mundo, ya tendríamos un musical y una película sobre Ángelo Prado. Pero como paso en Venezuela y en Maracay, nadie sabe quién es. Ni que en pleno siglo XXI te queman por ser homosexual en algunas partes del mundo”. Esa misma semana, Daniel fue al cine a ver “Cloud Atlas”, una película de Lana y Andy Wachowski. “Tiene una pareja homosexual como protagonista, una historia muy hermosa que termina en tragedia. Yo estaba en el cine y toda la gente se estaba riendo porque eran maricas. No importaba el dolor. Se reían porque son maricas. ¿Cuál es el chiste? Llegué a casa e hice un dibujo con todas esas emociones, nadie tiene derecho a lastimarte por ser diferente. Ahí empecé con la filosofía de la campaña. Tenemos derecho a ser diferentes y a ser tratados con el mismo respeto”. El nombre fue ‘No soy tu chiste’”.

daniel arzola

Daniel subió los primeros afiches a su blog – “eso no me lo podían romper” – y de pronto se encontró con que lo habían compartido 150 mil veces. A los seis meses, la campaña ya había llegado a un millón de personas, incluyendo un país de cada continente: “Cuando me escribió gente de Japón, no podía creerlo. Después de Inglaterra, un escritor e ilustrador famoso que se llama Neil Gaiman, que ha escrito para Dr. Who, compartió mi campaña en su tumblr y fue increíble. Y después, el 8 de octubre Madonna colocó en twitter que ama mi campaña y… Aquí estoy”. Ese “aquí estoy” representa el reconocimiento en el mundo y en su país – que necesitó del señalamiento externo para poder verlo –, que la campaña ha sido realizada en 20 idiomas y que su obra se ha convertido en una herramienta de lucha contra la homofobia y otras formas de discriminación y violencia. Por todo eso, Daniel está entre los ocho activistas del mundo seleccionados para asistir al Amsterdam Pride Event: “Me llamaron para decirme que me habían postulado, por haber visto mi trabajo. Entonces me hicieron una entrevista y me preguntaron si hablo inglés, y yo todo lo que sé de inglés lo aprendí de jugar a la Nintendo. Pero al final hablé mejor de lo que esperaba. Al tiempo me llamaron y me dijeron ‘fuiste seleccionado’. Soy el único latinoamericano en el grupo. Fue super increíble. La idea es intercambiar sobre la realidad que viven las personas LGTBI en los distintos países. Cómo se vive en los países en que es ilegal tu forma de ser. Y voy a exponer la campaña en inglés I’m not a joke”. Venezuela se encuentra en los últimos lugares en cuanto a derechos para parejas del mismo sexo con respecto al resto de América Latina: siguen sin reconocerse las uniones de hecho, el matrimonio o la posibilidad de adoptar, lo cual vulnera el derecho a la igualdad ante la ley. Pero la discriminación no hace mella solo en este vacío legal, sino que permea todas las dimensiones de la vida social, en especial la de la política. En referencia a Henrique Capriles, el diputado chavista Pedro Carreño dijo: “Responde, homosexual (…), acepta el reto, maricón”. A un lado y al otro, las expresiones homofóbicas se han instalado como forma de atacar y denigrar a otro políticamente.

Antes de su viaje a Holanda planificado para el 27 de julio, Daniel estuvo en Buenos Aires y expuso sus obras en el Senado y en Casa Brandon. La invitación le llegó el año pasado, pero el tema del traslado demoró las cosas. El reconocimiento no siempre es remunerado: “La respuesta de la gente es muy bonita. Casi todos los días recibo una carta de alguien. A la vez siento impotencia, porque hay gente que cree que porque salgo en los medios, puedo ayudarlos, pero no tengo el poder para hacerlo. Me escribe gente para que vaya a dar charlas en escuelas de otras partes del país y me gustaría, pero necesito dinero para poder hacerlo”. De lo que no hay dudas, es que a Daniel el arte le cambió la vida.

– Mi relación con el arte empezó desde chiquito. Cuando era pequeño no me solía comunicar con las personas, si alguien me agradaba le hacía un dibujo. Siempre he tenido dificultades para socializar, mientras el resto de los niños jugaba, yo prefería leer. Esto va a ser un poco cliché, pero me encerraba, me escondía en un closet a dibujar. Creo que eso fue lo primero. La poesía, la escritura, la literatura. A mí me cuesta mucho entender a las personas, porque tengo problemas de empatía, todo lo interpreto de modo literal. Yo me enteré que la gente mentía como a los 15 años recién. Y es muy fuerte porque mentir es muy fácil, abres la boca y ya. Entonces empecé a encontrar todas las respuestas en la poesía, y cuando escribía sentía que le podía poner nombre a cada cosa. Lo que me ayudó a llevarme mejor con las personas fue El Principito, porque sentía que era un personaje que veía al mundo como yo, que tenía que preguntar todo para entenderlo, y que si no me lo decían, no lo iba a entender nunca.

– ¿Cómo fueron esos años sin dibujar?

Venezuela tiene un gran problema con las diferencias, si perciben que eres distinto, te atacan, esto va desde lo político hasta que seas mujer y no te vistas de rosado, no te maquilles. Eres rara, eres extraña, marimacho, rústica. Si eres hombre y no juegas beisbol también te tildan de que eres homosexual. Entonces yo tuve una adolescencia bastante conflictiva, y en un ataque me robaron y me rompieron todos mis dibujos. Y yo me bloqueé, no pude dibujar más por mucho tiempo. Pero luego empecé a dibujar en mi computadora porque si me lo rompían, imprimía otro. Uno no decide cuándo ser la víctima, pero sí puede decidir cuándo dejar de serlo.

¿Qué sentiste cuando la campaña se volvió masiva?

Fue completamente increíble. Yo siempre habia pensado que una sola persona puede cambiar muchas cosas y que los derechos no pertecen a las mayorías, sino a cada individuo. Yo empecé esto sin ningún tipo de presupuesto, en mi habitación en Maracay, entre apagones. Cada uno puede cambiar su entorno. Viendo qué hace falta.

¿Creés que hay más apertura hacia estos temas en Venezuela?

– Creo que va a suceder, sea por las razones correctas o incorrectas, como que se lo utilice como panfleto político para conseguir votos. Pero las iniciativas que han surgido en Venezuela han sido populares, de la gente, no del gobierno. Es triste que el gobierno venezolano tenga expresiones homofóbicas, que cada vez que quieren descalificar a alguien de la oposición le digan “maricón”. El respeto es un derecho humano, no depende de si estás o no conmigo. Creo que sí hay una conciencia que se despertó y creo que la lucha por la sexodiversidad es la lucha que corresponde a nuestro siglo, es un derecho que le debemos a generaciones pasadas, a personas que hoy tienen 60 o 70 años y vivieron su vida sin derechos.

Daniel se mantiene en movimiento, pero con calma, y cada una de sus palabras genera un eco que te hace vibrar la piel. Tiene un tacto sensible, una mirada prístina y sus reflexiones parecen estar más cerca del latido de la realidad: “El prejuicio en la historia ha sido un solo monstruo de mil caras y todos tenemos prejuicios, el asunto es cómo los utilizás para pasar por encima de los derechos del otro. Nos tenemos que acercar a nuestra humanidad”.

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