Vosotros podéis

España se encamina en la búsqueda de una ciudadanía más inclusiva. El partido Podemos rompe con la dinámica bipartidista hasta liderar encuestas. Un movimiento joven en un viejo continente.

Podemos es un verbo en plural, con un mensaje en presente, hacia al futuro, de fuerza, ambicioso, una expresión de deseo.

Podemos es el rótulo político-partidario de otro rótulo mediático, el de los “indignados” españoles, un movimiento mucho más profundo y propositivo que ese bautismo…

Podemos es la reacción que busca institucionalizar a los sectores emergentes que se oponen a la gestión neoliberal de la crisis, es decir los protagonistas de un cambio (mejor, antes que “crisis”) que empezó el 15 de mayo de 2011 en una manifestación y acampe en la Puerta del Sol, Madrid.

Podemos es un partido político que desafía al bipartidismo clásico PSOE-PP, proponiendo una democracia más participativa, alejada del dominio de los banqueros y las corporaciones.

Podemos es, según una encuesta del diario El País, la primera fuerza política en España, a un año de las elecciones generales en las que se renovarán 350 bancas de diputados y 208 del senado, con una intención de voto de más del 22%.

“Hay 6 millones de personas ahora mismo en paro. Más de 250 mil jóvenes han emigrado para estudiar o trabajar en otros países. Ha llegado a haber 500 desalojos diarios: personas que habían comprado una casa contrayendo una hipoteca con el banco en épocas donde había trabajo, y de repente se encontraron sin trabajo, y sin poder pagar la hipoteca. En España no es como en Estados Unidos, donde tú entregas las llaves: sino que tú entregas las llaves, sigues pagando la hipoteca, e incluso puedes pasársela a tus hijos”.

Amador Fernández Savater está sentado frente a diez personas en un bar del centro de Buenos Aires, en una charla que apunta a informar novedades del otro lado del hemisferio. “Así contado, parece una película de terror. Pero en realidad lo que está habiendo es una especie de aceleración del tiempo de destrucción del capitalismo, a una velocidad que no habíamos visto”, dirá.

Amador Fernández Savater.
Amador Fernández Savater.

Amador Savater es – además de lo que su apellido evidencia- editor, escritor, bloguero y militante dedicado a teorizar sobre los movimientos emergentes españoles. Viajó para relatar sobre Podemos en universidades y movimientos, pero la introducción que propone analiza la antesala del clima político español. “Ante ese escenario, hubo huelgas generales, los movimientos sociales habían intentado hacer convocatorias, pero ninguna había tenido un mínimo de energía. Eso es lo importante para entender lo singular del 15M y de Podemos: cómo desde lo político ya organizado no hubo manera de convocar nada interesante, desafiante, frente a la dureza de la crisis”.

La convocatoria que finalmente tuvo efecto comenzó a cocinarse, en cambio, a través de Democracia Real Ya, una plataforma independiente que ayuda a coordinar acciones globales de movimientos ciudadanos; en su quiénes somos se describen como “los desempleados, los mal remunerados, los subcontratados, los precarios, los jóvenes”. La convocatoria tenía fecha: 15 de mayo de 2011. “La llamada hizo foco contra los políticos y los banqueros, como representantes de los ajustes para contener la crisis, y eso fue lo que aunó a la gente más allá de los partidos y los movimientos”, dice Amador.

Marta, integrante de Podemos de Barcelona, cuenta en primera persona: “Nunca había hecho nada político, pero creo que el momento era tan bestia y estaba tan indignada que cuando apareció la posibilidad de este movimiento me sentí impelida a participar. Estoy súper contenta de que haya esta fuerza, porque si no la indignación se te queda enquistada y no haces nada con ello”.

Savater recurre a sus teorías para explicar lo que Marta representa, y hace: “En la plaza lo que emerge es una “política del cualquiera”, en términos de Ranciere (Jaques, filósofo francés). En tanto que las plazas se organizan como espacios simbólicos y materiales donde se hacen esfuerzos permanentes por acoger a cualquier persona indignada con el estado de las cosas, fuera cual fuera su posición económica e ideología, sino que ponía de común lo que podía unir a la gente”. Lo que estaba naciendo, dice Savater, era un “nosotros nuevo”.

Sólo en Madrid salieron a la calle aquél 15M más de 20 mil cualquieras, y se calcularon otras 100 mil en el resto de España. “Después de la manifestación hay un grupo de 40 personas que dicen ´bueno, no vayamos a casa, vamos a hacer algo más´. Y acamparon en la Puerta de Sol. Fueron desalojados. Y días después se tomó la Puerta del Sol y las principales plazas de Madrid, y luego en otras plazas del país”.

¿Qué estaba pasando? “Es importante pensar las plazas como un lugar público de política y vida. Había campamentos, servicios de enfermería, de guardería, etcétera. Estábamos organizando ya la vida. Una pequeña ciudad dentro de la gran ciudad”.

La otra batalla urgente fue contra los desalojos: se creó la “plataforma de afectados por la hipoteca” para determinar los casos, situaciones y ayudas. “Se llegan a parar unos mil desalojos, y lo increíble fue que los cerrajeros y los encargados de desalojar se negaban a sacar a las gentes de sus casas. Metieron presos a bomberos porque se negaban a desalojar, decían ´ése no es mi trabajo´”, cuenta.

Estas organizaciones fueron tomando distintas formas y posturas, discusiones durante y después: “Lo interesante del 15M es verlo como una especie de cambio climático. Para nosotros no era una estructura ni un movimiento, sino que era como una nueva manera de hacer política. Y que podía darse en cualquier lugar sin llamarse a sí misma 15M”.

Bea es una joven de 20 y pico de años que integra Podemos desde su inicio en Barcelona. Desde ese su lugar relata su visión de cómo estas organizaciones del 15M derivaron, entre otras cosas, en un partido político: “Parte del movimiento social se había circunscripto mucho a hacer labor desde la calle y desentendiéndose de lo institucional. Y la política en un partido no tiene por qué ser necesariamente algo sucio. Lo que viene a decir Podemos es que el cambio social no solo va a poder hacer ese trabajo desde la calle y desde la denuncia sino que hay esa necesidad de que gente verdaderamente tenga voluntad de escuchar y trabajar para la gente dentro de los recintos”. También lo explica a la inversa: “El consenso de la ciudadanía en estos temas no se venía traduciendo en cambios reales”.

Vea, Marta y Luca de Guanyem y Podemos Barcelona.
Bea, Marta y Luca de Guanyem y Podemos Barcelona. Foto y entrevista: Julieta Colomer

Bea lo dice desde su pasado militante en movimientos sociales: “Muchas veces lo que hemos visto es que pasas cierto tiempo haciendo una recogida de firmas para una iniciativa, y luego eso se supone que se eleva y se lleva al parlamento y se desoye totalmente”. Ahora: “Lo que podemos brindar es toda gente que viene con un trabajo detrás, que son verdaderos expertos, que conocen la educación, la salud pública e incluso tienen propuestas concretas. Ahí es donde entramos nosotros: esa interlocución con los movimientos. Tenemos que construir un programa a elevar y para eso queremos escuchar propuestas”.

Podemos nació hace menos de un año como hijo declarado del 15M, con el objetivo inmediato de competir en las elecciones parlamentarias del 25 de mayo de 2014. Tuvo apenas meses de campaña pero supo cristalizar estos años de movilizaciones y discusiones. Llegó entonces con la propuesta de un programa redactado por “miles de personas”: “Era un manifiesto de cara a las elecciones europeas donde se recogían una serie de demandas del modelo productivo, la anticorrupción, el derecho a la vivienda, el trabajo digno, derechos de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, en total diez puntos sencillos pero profundos que impulsaban candidaturas asentadas en un método de participación ciudadana”, resume Bea. La habilidad de Podemos no fue tanto la novedad de sus proposiciones – que van en la línea de muchas promesas llamadas “progresistas” y de “izquierdas” de distintos países-, sino la dinámica de su organización y la llamada convocante a la ciudadanía.

En las parlamentarias Podemos cosechó 1.245.948 de votos, el 8%, ubicándose como la cuarta fuerza, dando el batacazo : metió 5 eurodiputados, entre ellos la cara visible del partido, Pablo Iglesias, profesor de ciencias políticas.

Los cinco candidatos elegidos firmaron antes una acta de compromiso que materializaba eso del control ciudadano: su retribución mensual sería equivalente como máximo a tres veces el salario mínimo (645 euros), debiendo donar el resto del salario oficial a los proyectos del partido o “iniciativas, colectivos, asociaciones”; se comprometieron a una rendición periódica de cuentas al habilitar mecanismos de transparencia e información de fácil acceso, consultas directas por Internet y una oficina que tramite iniciativas populares; y otros pactos que resultan más evidentes – pero no lo son- como la independencia de cualquier corporación, y hasta el compromiso de viajar en transporte público siempre que sea posible.

Bea: “También se plantea en el partido la limitación de mandatos y la revocabilidad. Pero estas medidas no tienen sentido si no hay una ciudadanía detrás. Las dinámicas institucionales, los poderes económicos y lobbys de poder y prácticas muy arraigadas a la manera de hacer política hacen que se podría ver arrastrado cualquiera si no hay ese control ciudadano”. Luca, también de Podemos Barcelona: “Simplemente no se puede decir ´vamos a ser distintos´. No podemos ser tan naif y pensar que esto funcionaría sólo y sin más. Por eso este compromiso ético”.

 

-¿Cómo se sustenta Podemos?

Bea: “Con poco dinero: haciendo de la necesidad, virtud. No nos financiamos con dineros de los bancos, nos apoyamos en la colaboración de la gente. En la página hay un sistema de crowfounding a través del cual se solicitan recursos para el partido o para propuestas concretas. Y también de pequeños gestos. En la primera campaña no teníamos dinero para hacer propaganda, se hizo una carta para pedir el voto y la gente se lo imprimía en la casa y llenaba las escaleras del edificio”.

-¿Cómo se difunde?

-“Hay un apoyo desde el inicio en las redes sociales. Y una vez que nos dieron un eurodiputado, ya empezamos a salir en los periódicos, a partir de ahí empezamos a ver cómo la gente empezaba a preguntar, a participar, a enterarse de qué iba para apoyar aquello”.

-¿Cómo se organiza?

-“Estamos en pleno debate organizativo y demás, todo eso pasa por discusión a nivel telemático y ahí es donde tienen un papel importante los círculos, que son los espacios en cada ciudad y en cada barrio: cuidan lo presencial. Se hacen reuniones. Ya no es que son dos procesos en paralelo, el partido y los círculos, el uno enriquece al otro, y es muy necesario. En las reuniones cualquiera dice la suya y gente que esté más puesta puede traducirlas en lo que sea: organizar jornadas de debate, una denuncia… Están las reuniones y también se usó el fondo del salario de los eurodiputados para hacer 13 oficinas como espacios de contacto con la ciudadanía, para transmitir lo que se está haciendo y recibir propuestas”.

Podemos habilita, además, su plataforma digital para completar un formulario que permite presentarse como candidato a Secretario General, Consejo Ciudadano o Comisión de Garantías del partido, que debe elegir representantes de cara a las elecciones municipales. Según los requisitos, cualquier ciudadano inscripto en Podemos puede presentarse, él o junto a un equipo de personas, necesitando el aval de uno de los círculos organizativos de Podemos, que puede habilitar hasta dos listas cada uno.

En el proceso de elección, cada lista dará a conocer las actividades para difundir las candidaturas y sus contenidos programáticos; asimismo, el Equipo Técnico de Podemos se compromete a impulsar espacios y dinámicas de participación para visibilizar a los diferentes candidatos. Puede votar cualquier ciudadano inscripto en Podemos, por Internet o en mesas habilitadas. Los electos serán los candidatos más votados para cada órgano, independientemente del equipo al que pertenezcan, con una única corrección: se debe mantener un equilibrio de género, 50 y 50.

-¿Cuáles son los desafíos hoy?

-De momento se está haciendo la dinámica organizativa a la espera que nos dotemos de un modelo más oficial para todo el mundo. Hoy el desafío es asentar los círculos de distrito y confluir entre ellos: ahí están quienes tienen realmente lo que pasa en el barrio.

La implantación de Podemos a nivel municipal y autonómica, para presentarse a elecciones en cada ciudad, todavía no está desarrollada: recién el 2 de enero de 2015 el partido tiene previsto dotarse de secretarios generales y consejos ciudadanos locales y regionales.

Mientras tanto, sin esta formalidad han ido surgiendo distintas versiones locales que intentan replicar estas lógicas: Bea, Luca y Marta encarnan además a Guanyem (en catalán: Ganemos) la versión municipal de Podemos, nacida como círculo del partido en Barcelona. Guanyem es hoy una fuerza política con referentes y medidas propias: “La diferencia es que Guanyem nace mucho más de abajo, no es casual que las personas que se perfilan con liderazgos más potentes provengan de la plataforma de afectados por la hipoteca, tiene un enraizamiento con el tejido social de aquí pues es muy potente, de ahí puede salir algo con mucha fuerza”, dice Bea.

Podemos está entonces en plena organización interna: con fuerza y proyección nacional, se debate cómo replicar la experiencia en las distintas ciudades que ya tienen expresiones propias. Bea, desde Ganyem, disipa fantasmas: “La gente pide a gritos que no nos dividamos. Vamos a hacer todos los esfuerzos para dejar de lado nuestras diferencias y sumar para lo que está claro: en el caso de Barcelona, que este modelo de ciudad no nos gusta. Y eso lo sabemos los ciudadanos y por eso nosotros lo vamos a cambiar”.

Resta una pregunta, para no perder el eje: ¿qué sucede con las otras experiencias, movimientos y movidas que generó el 15M, además de Podemos? Volvemos a Amador: “El peligro es centrarse en un solo punto. Para muchos amigos es una idea problemática la de Podemos, como idea de tomar el poder como lugar de cambio; no porque no se pueda hacer nada interesante, que de hecho lo es, sino porque lo pensamos en términos de políticas ´multicapas o multicanales´. Multicapas es una política que actúa en muchas capas de la realidad: lo social, lo cultural, lo económico, lo político. La imagen que usamos es la de una mano, en la que cada dedo puede representar una de estas capas (el movimiento de hipotecas, los jóvenes que gestionan cultura independiente, los movimientos autogestionados, Podemos, etc.), que, en determinado momento, cerramos para golpear juntos en un mismo lado”.

Ya nadie debiera escuchar tu remera

El 24 de enero se cumplió un año de la tapa de El País en donde aparecía Hugo Chávez moribundo. Un día después, se descubrió que la foto no era real. El diario pidió disculpas por el equívoco. ¿Cuál fue realmente el equívoco?

Moisés Naím se estaba masturbando con la imagen de un muerto. Eran las 23 del 23 de enero y el día se terminaba en Davos, Suiza, en el Foro Económico Mundial, cuando se cruzó con Javier Moreno. Naím le preguntó a Moreno si podía twittear la noticia. Él le dijo que sí, pero que no advirtiera de quién se trataba. Naím la twitteó. Un rato después, Moreno retwitteó la foto.

Moisés Naím es un analista político de Venezuela al que le paga un salario, entre otros, el Grupo Prisa a cambio de desestabilizar el gobierno de ese país. Antes, fue ministro de Fomento (en Argentina, sería de Planificación, el cargo que ocupa Julio de Vido) del presidente Carlos Andrés Pérez, quien el 21 de mayo de 1993 fue separado de su cargo por “malversación de fondos públicos” -siendo el único mandatario en la historia de Venezuela en ser expulsado por el Congreso-.

Javier Moreno era el director del diario El País hasta hace unos meses, a quien también -todavía- le paga el sueldo el Grupo Prisa a cambio de, entre otras actividades, desestabilizar cada pequeño movimiento de rebeldía en Latinoamérica -incluida, dentro de este combo, la relación con los poderes más conservadores de este continente-. El Foro Económico Mundial es un lugar “en el que se reúnen las élites sociales y económicas del planeta” -el entrecomillado pertenece (en tono elogioso) a un texto aclaratorio del propio diario El País-. Las cuentas de twitter son @MoisesNaim y @morenobarber. La foto de la que se hablaba aquella noche era la de un hombre moribundo sobre una camilla. El 24 a la mañana, después del orgasmo del twitter, el diario El País llenaba las calles con una imagen de un supuesto Hugo Chávez al borde de la muerte en La Habana. Esa misma tarde, se descubría que el de la foto no era Hugo Chávez, que había sido un chantaje. Tuvieron que pedir disculpas.

El 24 de enero de este año, hace unos meses, se cumplió un aniversario de aquello que El País determinó como un error y que nosotros determinamos como una muestra tan nefasta como demostrativa del lugar hasta donde fue capaz de llegar el imperialismo con tal de tocarle el culo a Chávez. Un año sirve, ante todo, para abrir un debate que El País -no pensando a El País como a un diario sino como parte del Grupo Prisa, corporación de negocios, dueño de Radio Continental en Argentina, crítico constante de la Revolución Cubana, socio de la gusanera de Madrid, socio de la derecha latinoamericana- no quiso dar: ¿qué hubiera pasado si el de la imagen, en realidad, no hubiera sido un fiasco de una enfermera cubana y hubiera sido realmente Hugo Chávez moribundo?

El País nunca se disculpó por lo que realmente debiera disculparse: por si era Chávez. No por morbo -al que vamos a dejar catalogado, simplemente, como mal gusto-. Sino por golpista. Porque aquella noche en Davos los dos periodistas sintieron lo que hacía tiempo anunciaban en editoriales: el chavismo sin Chávez era el final del chavismo. Anunciar la muerte no sólo era un juego vil: era preparar al mundo para la transición. Y, para ellos, era adelantar el festejo de aquello que estaban esperando: terminar con Chávez, el único presidente latinoamericano en la historia que se había ganado una mención constante en las páginas de ese periódico.

O más.

Hugo Chávez era el político más mencionado en libros de lo que va del siglo XXI. Hugo Chávez era el presidente venezolano más mediático de la historia. Hugo Chávez está pintado en un muro en Irlanda. Hugo Chávez está en un Viva Chávez en frente de la Plaza de los Estudiantes en Belgrado. Hugo Chávez invitó a oler el azufre que dejaba la sombra de George Bush. Hugo Chávez le levantó la voz al Rey de España. Hugo Chávez fue, definitivamente, la obsesión de un imperialismo que iba a reuniones de élites en Suiza, el país que el capitalismo mundial utiliza para cuidar aquello que ni las miserables leyes de las repúblicas capitalistas pueden permitir.

El País -uno de los principales voceros a la hora de hablar de libertad de prensa y de opinión- desde todos sus medios en el mundo lanzaba críticas contra Chávez. Incluso, cuando Chávez ganaba elecciones, decía que había ganado pero en realidad había perdido porque no había ganado por tanto. Su obsesión por un país de Latinoamérica que crecía de modo inentendible. O no: entendible. Chávez era, evidentemente, un grano difícil de sacarse.

La obsesión Naím, el masturbador de aquella noche, contra Chávez era tan fuerte que en la edición de El País del 18 de noviembre de 2007 -una edición en la que se destaca el texto “El comandante y el Rey” de Mario Vargas Llosa, también despiadado con Chávez- llegó a escribir cosas como “los jefes de Estado de América Latina están hartos de Hugo Chávez”, “el narcisismo de Hugo Chávez ya fastidia hasta a sus aliados” y “sabemos que Chávez no se destaca por su temperamento democrático hacia quienes discrepan de él”. Es decir: un opinador que contaba la opinión de otros presidentes, curiosamente de los presidentes no aliados al expresidente venezolano.

Aquella edición del 18 de noviembre de El País marcó un récord. Chávez apareció mencionado en las secciones Internacional, Nacional, Economía, Opinión -con dedicación exclusiva de la nota principal, de la microsección Revista de Prensa y en la columna de Vargas Llosa- y en el Suplemento Domingo. Todo un presidente no sólo no propio sino de Venezuela, un país ignorado históricamente por España.

La obsesión de El País, vale decir, no fue un detalle de los últimos años. El 13 de abril de 2002, luego de que Chávez sufriera un golpe de Estado -de parte de los militares y de corporaciones entre las que se encontraban algunas empresas de la comunicación, tal como se relata en el documental La revolución no será transmitida (http://www.youtube.com/watch?v=Cko8R2ZSEzE), de los irlandeses Kim Bartley y Donnacha Ó Briain-, el diario español publicó una editorial (http://elpais.com/diario/2002/04/13/opinion/1018648802_850215.html) que arrancaba así: “Sólo un golpe de Estado ha conseguido echar a Hugo Chávez del poder en Venezuela. La situación había alcanzado tal grado de deterioro que este caudillo errático ha recibido un empujón. El ejército, espoleado por la calle, ha puesto fin al sueño de una retórica revolución bolivarianaencabezada por un ex golpista que ganó legítimamente las elecciones para, convertirse desde el poder en un autócrata peligroso para su país y el resto del mundo. Las fuerzas armadas, encabezadas por el general Efraín Vásquez, han obrado con celeridad al designar como jefe de un gobierno de transición a un civil, Pedro Carmona Estanga, presidente de la patronal venezolana, a la vez que destituía a los mandos militares compañeros y amigos del depuesto presidente”.

Observar aquella foto como parte de una novela sería creer que el periodismo es un simple oficio objetivo que le da información a la sociedad. Esa foto fue una demostración política de hasta a dónde tenía pensado llegar una corporación dedicada a la comunicación. Esa foto fue un trofeo de un rival que se estaba muriendo. Esa foto fue -aunque no fue Chávez- el símbolo de un mundo que no aplica la guillotina en plazas sino en la tapa de los diarios.

Luego de lo sucedido, El País puso a dos de sus periodistas más fieles a explicar cómo sucedió el error de la foto que no fue (aquí pueden leerlo: Relato de un error de EL PAÍS).

También escribió una larga disculpas Javier Moreno, todavía director. Todos perdones porque el de la foto no era Chávez.

Uno de los voceros de la empresa, Tomás Delclós, escribió: “Comprendo las razones de los lectores que argumentan que un periódico como El País no debería haber accedido en ningún caso a difundir la imagen de una persona en una cama de hospital, por lo que ello supone de grave menoscabo a su derecho a la intimidad y a su imagen personal. Y me preocupan especialmente las acusaciones de doble rasero: que el periódico pueda tomar esa decisión con un dirigente latinoamericano, pero que jamás lo hubiera hecho con un mandatario europeo […] Yo tomo siempre la última decisión. Y, efectivamente, una imagen similar de un dirigente político de un país con una democracia avanzada, en la que prima la transparencia informativa, en el que los medios ejercen su trabajo sin trabas ni restricciones, y en el que el equipo médico responsable emite un parte diario para mantener informada a la opinión pública no tiene cabida alguna en nuestro periódico […]

En la vida, claro, todos siempre tenemos un plan. Desde acá, todavía esperamos las disculpas pertinentes.