“Lo encontramos así tirado”

La policía le pisó la cabeza con un patrullero a la salida de la matiné de un boliche en Ituzaingó. Diego Aljanati tenía 13. Lo mataron y buscaron encubrir el asesinato. Sus padres cuentan la historia.

Diego Aljanati fue a la matiné Enjoy, en el predio del Club Leloir por tercera vez en sus trece años . Lo acompañó su papá, caminando las 20, 30 cuadras, desde su casa, frente al cementerio de Morón, hasta Autopista del Oeste y Puente Barcala, Ituzaingó. Cuando salió, testigos lo vieron contento, sonriendo, tranquilo, pero los patovas empezaron a ahuyentar a los nenes (12 a 15 años) a las corridas. Él se alejó caminando, todavía tranquilo, pero el patrullero que conducía Graciela Noemí Basualdo aceleró, según Cristian, padre de Diego, “para dispersar a los chicos arriándolos como vacas”. Y lo pisó y mató. Iba con luces, pero sin sirena. Ya habían golpeado a otro chico. “Todos sabemos cómo era esto. Iban cagándose de risa, acelerando y…

-Mirá cómo corren los pendejos”.

“Tropezó con una piedra y cayó adelante del móvil”, declaró la imputada policía Basualdo, hoy desafectada de la fuerza, pero no detenida. Dijo también que aceleró, pero no mucho.

Cristian y Miriam, sus padres.
Cristian y Miriam, sus padres.

Cristian lo fue a buscar a las 23.30. Remarca que por instantes no lo encontró antes de que fuera atropellado. “Fueron segundos. Vi al patrullero pasar por una esquina y cuando llegué a la otra calle fue, en lo que tardé en caminar esos 100 metros fue que lo mataron”, se lamenta. Cuando llegó al boliche, vio que Diego no estaba en la esquina, miró para todos lados, cuatro patovicas volvían caminando hacia el boliche. Se acercó y preguntó qué estaba pasando.

– Estos pendejos que hacen quilombo.

Se fue para atrás, volvió  para la puerta del boliche, no lo vio de nuevo. Llegó a la esquina y Diego no. Veinte metros antes, treinta… por segundos. Vio al patrullero parado con las dos policías fuera. Se acercó, la persona que estaba tirada en el piso era su hijo. Tenía la cabeza destrozada. Supo que ya no habría vuelta atrás. Tenía la cabeza para el lado del conductor y los pies hacia el lugar del acompañante”, cuenta. La posición va a importar porque muestra que la escena estaba preparándose para ser encubierta. Desesperado, le pidió a una persona que salía de una casa que llamara una ambulancia. Le preguntó a la que después sabría que era la asesina de su hijo qué fue lo que pasó.

– Lo encontramos así tirado.

En eso llegaron “como cinco patrulleros”. Cristian sospecha que aparecieron para tapar el homicidio. Sabe que si él no hubiera estado ahí, le hubieran dicho cualquier cosa. De hecho se la dijeron y repitieron una y otra vez. A la ambulancia, los policías insistieron:

– Lo encontramos así tirado.

Después de tres horas, cuando ya se había confirmado que tenía muerte cerebral, policías del mismo comando para el que trabajaba Basualdo le dijeron a la familia que al nene lo había atropellado un vehículo. Al rato, minutos después, hablando con la tía, un policía le admitió que ese “vehículo” era un móvil policial.

Mientras tanto, policías fueron al boliche y les dijeron a los patovicas que dijeran:

-Lo encontramos así tirado.

Cristian: “Lamentablemente fue necesario que yo viera a mi hijo así porque si no, no nos hubiéramos enterado de cómo fue. Como yo soy el padre y justo estaba ahí segundos después de lo que pasó… Fue lo que me tocó a mí vivir”.

 

***

“Entiendo cómo se maneja el país, cómo se maneja todo esto. Mientras más conocido se haga, por lo menos voy a tener una respuesta de más arriba”, dice ahora Cristian sentado en su casa, tratando de que los chicos, hermanos y primos de Diego no escuchen la historia las 70 veces que él la habrá contado a medios y abogados. Los hermanos pasean igual por la casa de la abuela de Diego, donde Cristian y Miriam, la madre de Diego, se mudaron. “Desde que pasó, no volvimos a nuestra casa ni para limpiarla”, dice Cristian. Hércules, el perro de Diego, no está comiendo. “Se da cuenta”, explica Cristian.

Para seguir haciendo conocida la historia consiguieron al abogado Pierri, defensor, por ejemplo, de Jorge Mangeri, acusado por el femicidio de Ángeles Rawson. Lo mediático del abogado creen que le va a servir a la causa. Pierri está esperando las pericias. Dice que hasta entonces no puede hacer nada.

La camiseta de Diego la lleva Cristian.
La camiseta de Diego la lleva Cristian.

La familia organizó una movilización al boliche el sábado a la tarde. Fueron más de 900 personas. Muchos chicos, compañeros de Diego en los tres clubes cuyas remeras defendía: Porvenir de Castelar, Club Libertador y Morón, remera que hoy Cristian no se quiere sacar. Llevaron banderas, carteles y pintaron consignas en paredes que los dueños del boliche se encargaron de tapar inmediatamente después de la manifestación. Sin miedos, abrieron las puertas ese mismo sábado 4 de abril, una semana después del asesinato de Diego.

***

La primera vez que Diego fue a un boliche fue para festejar sus trece años. Cristian: “Lo acompañé, me fijé cómo era, cómo funcionaba. El boliche pide autorización, con teléfono de los padres. Después no hicieron nada con eso. Cuando entran los chicos, se ocupan porque van a consumir. Cuando salen ya no gastan, entonces no se ocupan”. Ahí encuentra la responsabilidad del boliche en la muerte, y la irresponsabilidad de volver a abrir, con patovas que no saben resolver problemas con nenes. Alto y fuerte, Cristian admite: “Si a mí me viene a correr un chabón grandote, yo corro. Imaginate un nene”. La familia ahora tiene también la versión de que los dueños del boliche borraron todas las cámaras de adentro y las fotos en las que se ve a Diego.

Cristian es joven. Vivió los bailes en una época no muy distinta. Por eso está seguro de cómo fueron las cosas: “La piba [Basualdo] era joven, no tenía experiencia, le dieron un curso de seis meses y la mandaron a la calle. Si los patovicas no hubieran corrido a los chicos, si hubiesen sabido tratar a nenes de 13 años… Como no sabían, los arriaron como vacas. La policía, para que se dispersen, aceleró…

-Mirá cómo corren estos pibes. Se dijeron.

Los policías están acostumbrados a matar. Para ellos matar a una persona es nada. Aceleran y listo. Uno menos”, se queja.

***

Cristian  se va a mover con su familia y todos los que querían a Diego y se divertían con él hasta conseguir que Basualdo, los encubridores, los patovas y los dueños de Enjoy cumplan su pena, y hasta asegurarse de que no haya más muertes como esta. Recuerda que en el mismo boliche, aunque con el nombre de Montecristo, el 26 de marzo de 2006, fue asesinado a golpes Leonel Arrieta. Lo mataron el sonidista y el iluminador del local, Carlos Arrigone Michelle y Leonardo Campaña, que, evidentemente, hacían las veces de patovicas.

Leonel Arrieta, asesinado en el mismo boliche.
Leonel Arrieta, asesinado en el mismo boliche.

Durante la investigación, el presidente del Concejo Deliberante de Ituzaingó, Juan Carlos Roumieux –ladero del todavía intendente Alberto Descalzo-, puso a disposición de la familia Arrieta al abogado Luis Rapazzo. No hizo nada por la causa.

El policía que estaba en el boliche dejó que movieran el cuerpo de Leonel, “que lo tocaran y que se borraran todas la pruebas y no detuvo a los agresores señalados por muchos testigos”, según declaró la familia de la víctima a la prensa.

Las condenas a los asesinos fueron de dos y tres años . “Si hubiese sido hijo de un juez otra hubiera sido la sentencia, pero era un repartidor de pizzas, hay distintas justicias en este país, la justicia de los que tienen y la justicia de los que no tienen”, razonó la hermana de Leonel a Enorsai, después del juicio.

Entre otras irregularidades, llama la atención una denuncia del Periódico Tribuna durante ese mismo año 2006: el boliche trabajó durante años sin la aprobación del plano, el certificado final de obra, ni la aprobación técnica.  Tampoco cumplía con las normas contra incendios, aún un año después de que el lugar fuera incendiado intencionalmente por hombres que incluso atacaron al sereno.

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Imágenes: NosDigital

 

La pregunta que les queda a los padres de Leonel y de Diego es cómo ese lugar sigue abierto, aunque tienen sus buenas sospechas, por las que ya se están organizando con otros familiares de las más de 4 mil víctimas de gatillo fácil en democracia y de la misma corrupción que incendió Cromañón.

“No por ser jugador de fútbol sos más que nadie”

Diego Milito estaba en la Cuarta división de inferiores cuando la síndico Liliana Ripoll anunció que Racing Club había dejado de existir. Sintió una enorme tristeza y todavía lo recuerda. El tiempo lo hizo ganar dos títulos con el equipo, pero antes estudió dos años de Economía en la Universidad Kennedy. Como referente, le preocupa que los pibes piensen más en irse a Europa que en la pasión del día a día.  Cómo pensó su carrera el ídolo de La Academia.

Cuando el Inter ganó la final de la Champions League con dos goles suyos, en 2010, alguien aventuró a decir que era un crack, pero le faltaba venderse mejor.

Venderse mejor: construir una imagen de lo que uno es, incluso, a veces, sin ser ese algo; entender que es más importante lo que se dice de uno que lo que uno es.

Diego Milito, sentado en una platea de la cancha de Racing, frente a un Cilindro vacío, confirma la teoría de la venta cuando el grabador se prende y enuncia -formando parte de un nosotros que casi nunca usan las estrellas-: “Nuestro club tiene mucho margen para mejorar”.

Podría hablar del equipo, podría hablar de él, podría decir que está feliz de ser campeón o que esto no lo soñó nunca, pero hay cosas a las que Diego Milito renuncia, aunque no ande muy preocupado por venderlas en tarros de humo.

No es una metáfora: podría llevar vida de héroe, pero prefiere no usar capa.

Podría creerse divo y decir que no da entrevistas, pero pidió que le pusieran los pedidos en una lista y que las fueran haciendo todas, aunque la nómina de pendientes marque 28, entre las cuales figuran el portal de Laureus Award -conocido también como el premio Oscar del deporte, que se entregará el 15 de abril en Shanghai- y una radio barrial de Buenos Aires.

Podría ser el rey de la farándula, pero por política propia nadie reconoce a su esposa en el supermercado.

– ¿Dónde estabas y qué estabas haciendo el 4 de marzo de 1999 cuando la síndico Liliana Ripoll anunció en los medios que Racing Club había dejado de existir?
– Estaba en Cuarta división. Salíamos de entrenar, en el predio de la UOM, que era donde practicaban las inferiores en ese momento. Lo recuerdo perfectamente ese día. Fue un día muy triste para todos.

– ¿Te parecía real?
– Me parecía extraño. Realmente era extraño que un club tan grande con tanta convocatoria pudiera llegar a desaparecer. No me cabía en la cabeza que Racing desapareciera.

– Parecía una etapa difícil para los pibes en Racing. Albano Bizarri, que vivía en la pensión, contó que había un gallo que usaban para despertarse y que un día no cantó más porque tuvieron que comérselo.
– Eran días difíciles. Por eso hoy valoro tanto cómo estamos, cómo están las divisiones inferiores, que tengan de por sí un lugar físico para entrenarse, como es el Tita. Que tengan un lugar en el club te permite dimensionar lo que fue aquello, porque yo estuve acá en etapas muy difíciles. Recuerdo la anécdota del gallo. Yo no vivía en la pensión, pero estaba todo el tiempo con los chicos y sabía todo lo que estaba pasando.

– ¿Cuánto te formó como persona haber estado en esa etapa?
– Mucho. Yo digo que de todo se aprende, de todo vas creciendo y vas valorando muchas cosas. Si bien he sufrido bastante estas cosas en inferiores, también me han hecho valorar. Eso te marca y te hace crecer.

– No sólo jugaste en la época de la quiebra, también estuviste en el gerenciamiento.
– Yo siempre rescato el trabajo de Fernando Marín acá y me parece que está a la vista. Hay que pensar en lo que era el club en esa etapa. Cuando llegó él empezamos a tener un lugar físico donde entrenar y a tener los sueldos al día.

Diego Milito.
Diego Milito.

– ¿Hablás con tus compañeros de ahora sobre lo que fue esa época?– De vez en cuando sale alguna charla. Pero nosotros siempre apuntamos a más. Creo que tenemos margen para seguir mejorando como club.

– ¿Cuánto de tu amor por Racing tiene que ver con haber estado en la época de la quiebra donde el club no tenía nada?
– Todo viene desde antes, desde chico. Imaginate que yo recorro el club desde los ocho años. Mi amor arranca cuando yo jugaba en infantiles y terminaban los partidos y me quedaba comiendo asado en los quinchos. Más allá de todos los problemas que hemos atravesados, el amor nunca lo perdés.

– ¿El amor te hace jugar distinto?
– Yo siempre fui de una determinada manera. Este club es especial para mí porque es el club donde nací y tengo un sentimiento especial, pero una vez que entrás en la cancha ya no pensás en muchas cosas y pensás en jugar bien. Soy profesional.

– Hace unos días, en una entrevista con el diario El País, decías que los pibes están perdiendo la pasión.
– No me gusta generalizar porque hay muchos chicos que toman esto como lo tienen que tomar. Me da esa sensación: los pibes jóvenes no toman esto con la pasión con la que me lo tomaba yo. Yo tenía 18 o 19 años y lo tomaba con una pasión. Hoy los chicos no lo toman de la misma manera. No consumen fútbol, por ejemplo, y yo me la pasaba viendo fútbol.

– ¿Y por qué es así?
– Es una cuestión del mundo que va cambiando y de todas las distracciones que uno puede tener.

– ¿Qué distracciones?
– De internet, de las redes sociales que antes no existían y uno tenía más tiempo para ver fútbol y no había tanto para distraerse. Tal vez el mundo está cambiando y uno quizás deba cambiar con el mundo e ir acostumbrándose. Yo estoy hecho a la antigua, pero creo que también está bueno volver a lo de antes y vivir para esto que, en definitiva, es lo que uno quiere.

– En eso de las distracciones, algo que aparece es que al jugar en Primera a los pibes les cambia el reconocimiento en la calle.
– Entiendo eso. La palabra justa para este deporte, en general, es el equilibrio . No sos un fenómeno cuando hacés cuatro goles ni sos un fracasado cuando errás un gol bajo el arco. Hay que tener equilibrio. Cuando hablo con los chicos, trato de inculcarles que tengan equilibrio. El esfuerzo es lo más importante de todo.

– Tu carrera está llena de momentos de mucho esfuerzo.
– A mí me ha costado todo mucho y aprendí a valorar las cosas. En cada lugar donde estaba, en cada minuto en Primera división, en Europa, en un club grande de Europa o en la Selección. Se aprenden a valorar esas cosas y yo creo que los pibes de hoy se saltean etapas que hacen que se pierda la valoración.

– ¿Eso quita cierto sentido de pertenencia con los clubes?
– Puede ser. Es verdad que hoy los chicos piensan en quemar etapas o irse antes de lo debido. Yo tuve la suerte de irme en el momento justo de maduración. Creo que todo tiene una maduración. Europa no es fácil, pero desde acá parece más fácil de lo que es. Entonces muchos no se acomodan y terminan volviendo a los seis meses. Hoy los chicos, muchos, están pensando más en una transferencia que en jugar. Y, bueno, es el ambiente donde vivimos.

– ¿Sentís que te ayudó haberte ido a Europa a los 24 años?
– Sin duda. Fue fundamental porque me fui a una edad hasta diría grande. Uno ya tenía cierta madurez. Yo ya había jugado en la Selección argentina, tenía cinco años en Primera división.

– ¿Con qué soñabas cuando arrancaste a ser jugador?
– Fui un tipo que fue poniéndose plazos cortos o sueños cortos. Obviamente, cuando uno eligió ser jugador de fútbol quería llegar a Primera, pero no más que eso. Siempre lo tomé como una pasión esto. Lo fui desarrollando paso a paso sin ponerme objetivos largos. Me ha costado mucho llegar a Primera División. Me aferré a eso y traté de dar lo mejor, construyendo mi carrera.

– Eras un pibe, ¿quién te ayudaba a pensar estas cosas?
– Siempre fui de aferrarme mucho a mi familia. Imaginate que por ese entonces mi hermano ya jugaba en Primera y en la Selección y eso ayudaba a pensar. Siempre me aferré a sus consejos. A consejos de mis padres, de no aflojar. No aflojé y acá estoy.

– ¿Qué decían tus papás?
– Se fue dando todo de manera muy natural y esa es la suerte que tenemos mi hermano y yo de tener dos padres que jamás especularon con sus hijos ni con si llegaban a Primera ni con si llegaban a la máxima competición. De hecho, nos hicieron terminar el secundario y yo empecé hasta una carrera universitaria. Obviamente disfrutan de que los dos podamos haber llegado, pero sin ninguna presión. Ellos querían que nosotros estudiáramos y que pudiéramos disfrutar el deporte.

– ¿Qué estudiaste en la universidad?
– Arranqué ciencias económicas, hice dos años y después tuve que dejar. En la Universidad Kennedy. Me gustaba. Mi tío es contador, mi tía también, mi abuelo también y me gustaba y agarré por esa rama. Empecé los dos primeros años y cuando arranqué a jugar en Primera terminé dejando.

– ¿Y nunca más pensaste en seguirla?
– No. Con la carrera de jugador ya se me hacía más difícil seguir.

– ¿Y a qué compañeros escuchabas en ese momento?
– A mí me gustaba escuchar a los grandes. Yo no era de recibir muchos consejos, pero sí escuchaba mucho. Tuve la suerte de compartir entrenamientos con Teté Quiróz, con Claudio Úbeda o con el Chelo Delgado, que en ese momento eran referentes.

– ¿Y vos te ponés en ese rol de referente?
– Por edad, sí. Obviamente, cuando puedo trato de comentarle algo a los chicos, pero simplemente contando lo que uno vivió. Es una ayuda para que se equivoquen lo menos posible.

– Decías que los pibes a veces están más pensando en Europa que en otra cosa, ¿pudiste hablar con ellos sobre este tema?
– No, todavía no me ha pasado de estar en esa situación. Trato de no meterme porque es la vida de ellos y tienen que decidir con los que tienen que decidir. Si me vienen a pedir un consejo, encantado se los daría. También a veces meterse en ciertos temas es difícil.

– ¿Qué referentes te marcaron a vos?
– El Ratón Ayala es uno de los tipos que me ha marcado. Por lo que representa, por lo que fue, porque compartí equipo en Zaragoza y en la Selección. Y, después, obviamente, con Javier Zanetti, que además de que tengo una amistad y muchos años de compartir vestuario, sé lo que es como ejemplo, como profesional.

– ¿Uno se forma como líder o nace como líder?
– Es un poco natural. Es más una cuestión de experiencia, de edad y de haber vivido muchas cosas en el club.

– ¿Te es difícil hablar con los pibes o te es sencillo?
– El mundo ha progresado y uno se debe ir aggiornando. Hay que entender algunas situaciones y poder ponerse a la altura de los más chicos. Tampoco uno es el dueño de la verdad. Lo importante es tratar de hablar con ellos, de ver cómo piensan, de ver cómo hablan, todo ha evolucionado, los chicos hablan de una determinada manera. Pienso que hay que volver a la pasión de antes. Ver fútbol. Que vean a los rivales, que sepan contra quién van a jugar, qué características tienen. O por lo menos yo lo hacía en ese momento. Yo sabía a quién tenía enfrente. Yo no sé si los pibes lo hacen hoy. Y es muy importante porque es un poco sacar ventaja y otro poco tener la pasión por lo que uno hace. A mí me gusta el fútbol. Me gusta ver partidos. Consumo mucho fútbol, me gusta lo que hago.

– Para ser alguien que jugó un Mundial, que salió campeón dos veces con Racing, que ganó una Champions League, tenés un perfil muy bajo, ¿cómo lográs que la vida íntima sea íntima?
– Yo lo llevo muy normal. Siempre fui así. No me preocupo demasiado. Yo hago la vida que siempre traté de hacer. No me fijo demasiado. Me gusta ser como soy, natural, descontracturado. Sigo yendo a ver a mi hijo jugar al fútbol, me gusta ir al cine, pero hago una vida normal. Si me piden un autógrafo, está lindo, pero no estoy preocupado por la exposición.

– ¿Cómo llevás el hecho de ser ídolo?
– Mirá, a mí me alcanza y me sobra con el cariño que me da la gente. No me pongo ni a pensar en eso. No me preocupa en lo más mínimo ser ídolo. Lo más importante es el cariño de la gente. No hay que pensar más allá de eso.

– Pero, de repente, tenés un chico que está enfermo y se te acerca como buscando una solución en un saludo tuyo.
– Es algo, algo, algo, algo (repite y piensa) loco. Pero uno trata siempre de ayudar y estoy encantado de hacerlo. Me ha pasado y hay que hacerlo con responsabilidad y con pasión porque podés despertar en otro, con un autógrafo, algo lindo.

– ¿Hay algo que te quedaste con ganas de hacer en tu carrera?
– La verdad es que no me puedo quejar. Soy un eterno agradecido a este deporte por todo lo que me ha dado. He cumplido la mayoría de los sueños que tengo de chico. Sería injusto de mi parte pedir algo más. Obviamente, hubiera querido estar con algunos jugadores o con algunos entrenadores. Pero de todos los compañeros y de todos los técnicos aprendí mucho.

“Las actitudes de algunos periodistas son muy peligrosas”

Diego Latorre analiza las miserias de la comunicación a la misma altura que las del fútbol. Dice que el periodismo se aprovecha del ganar como sea. Le apunta a los máximos dirigentes de la pelota. Y dice que ganar es ser un ejemplo para los jóvenes.

Diego Latorre quiere encontrar el libro de crónicas deportivas del mítico periodista norteamericano Gay Talese. El living de su casa tiene, en cada lugar en donde se puede apoyar algo, un libro que espera ansioso el contacto con sus ojos. En una mesa de luz, un aparato de alta tecnología le guarda algunos relatos que tiene seleccionados. En otra, hay algunos textos del escritor mexicano Juan Villoro y una biografía de Pep Guardiola que le acaban de regalar por su cumpleaños. Está en un sillón tan amable que justificaría quedarse el día entero clavado entre los almohadones. Pero en esa marea de libros es difícil estar tranquilo. Es algo que ni él logra. Después de una hora y media de charla, dice: “Pará boludo, te voy a leer sólo una parte, que te va a obligar a buscar esto”. Gira su cintura hacia el lado izquierdo y saca de la biblioteca la novela El Manantial, de Any Rand, que le recomendó el entrenador del Manchester City al periodista Fernando Pacini y este a él. Extrapola muchos personajes a la realidad y se molesta. Como lector, como ex jugador, como comentarista y como comunicador, algunas cosas no le cierran y todavía se siente parte de la cancha como para discutirlas.

– ¿Qué es ganar y qué es perder en el periodismo?

– Ganar significa una línea. Un modelo a seguir. Un ejemplo. Eso: un legado. Algo que deje huella en la gente inteligentemente, en la que quiere utilizar el pensamiento. Ser congruente. Dejar un legado. Una forma de comportarse. Ser consecuente con lo que uno dice. Poder resistir un archivo. No significa que puedas opinar de diferentes maneras. Hablamos de cosas profundas. Ser un ejemplo para los jóvenes. Todo ese tipo de cosas. Aún así, ganar es siempre circunstancial. Yo soy de los que creen que la derrota y la victoria nos va a tocar a todos y nadie le puede escapar.

100_1689– ¿Cuál es el mensaje que se da sobre ganar y perder generalmente?

– El mensaje básicamente es siempre el mismo: no importan los medios. Es una trampa, quizás, producto del fútbol mismo.  En un partido, suceden cosas inesperadas, propias de un juego en el que interactúan muchos actores, jugadores, público, factores que no responden a ninguna lógica, ni siquiera a un entrenador. Todas esas cosas que intervienen en un partido, torneo, pueden hacer que se dé un resultado que no es acorde a lo armado. Un resultado puede depender de la suerte o la falta de suerte más que de una cuestión estructural ligada a una idea de juego. En el fútbol argentino, sucede mucho eso. Hay equipos que rompen con ese molde: Huracán del 09, el Newell’s de Martino, o Vélez. Pero en muchos de los partidos, los resultados se dan casi sin consistencia. Sin nada ligado al conocimiento o a factores deportivos. Por eso, la línea que se baja es esa: el éxito puntual se hace como culto. Él fútbol argentino tiene eso. Podés prescindir de los medios y te encontrás con el éxito o el fracaso de forma inespertada. Reina la casualidad y ahí se hace la construcción del relato: de lo puntual, de lo azaroso, que se hace permanente y se festeja como permanente.

– ¿Cómo se construye ese relato en algunos medios de comunicación?

– Con el mismo oportunismo con el que se dan las cosas. El medio de comunicación percibe que hay un público ávido de tener éxito o de triunfar en el día a día en las pequeñas cositas. Eso sí, si bien hay una búsqueda desesperada por esos triunfos, también hay una celebración mínima. Se dan tan rápido esas cosas que no se llegan ni a disfrutar. El plazo en el que uno goza de algo es muy corto.

– ¿Pero es redituables para el medio?

– Sí, claramente. Porque lo instantáneo se consume rápido. Fijate que los temas se tropiezan. Lo que hoy es novedoso mañana ya es viejísimo. La gente ya tiene esa cultura incorporada: a ver qué dice, a ver qué pasa. Ni siquiera sabe si es verdad lo que está consumiendo, pero, bueno, lo consumo. Aunque en el fondo hay un público que reflexiona un poco más, que aspira a otra cosa, pero que todavía está de costado.

– ¿Los medios construyen esta situación deportiva o se aprovechan de la situación deportiva?

– Se aprovechan y, obviamente, se inclinan hacia ese lado. Se hacen eco de lo que pasa y, concientemente, buscan ese tipo de funcionamiento de las cosas. Buscan ese tipo de constumbre para hacer de eso el negocio. Es un marco de mucha urgencia, de mucha desesperación y de mucha histeria, y yo creo que los medio se hacen mucho eco de eso. Un campeonato de 38 fechas, con una semana larga, con técnicos más respetuosos, con protagonistas más formados, con dirigentes más responsables y demás, obligaría a otro tipo de periodismo. Y yo no sé si muchos periodistas estarían aptos para eso. Lo grave, en realidad, es que esto, que debería ser una situación de emergencia, ha preparado gente para moverse naturalmente dentro de esto. Eso se vuelve muy duro.  Para cambiar la tendencia en que nos movemos, tiene que haber un cambio de raíz, y uno que tiene que cambiarlo es un periodista mucho más preparado y mucho más protagonista para otro escenario.

– ¿Cómo ves que se da la preparación de ese periodista que llega ahí?

– Lo que pasa es que habría que discernir: una cosa es la preparación de una escuela de periodismo y otra cosa es la selva o la noticia o la primicia o los conductores de programa que responden a una lógica de operación. El chico puede salir con todas las intenciones del mundo, pero está un poco en una cárcel. Con un mundo con el que tiene que convivir en la primicia, en la noticia fácil o en la pregunta punzante a un protagonista. Todo eso forma parte de una mecánica de trabajo que demuestran las reglas que hoy están en juego. Es difícil. Porque hay un pibe al que lo someten a representar cierta audacia, que, en realidad, todos sabemos que es preguntarle a un jugador -que, quizás, no tiene un nivel cultural suficiente o que está en un momento de irascibilidad por el dolor que genera una derrota- algo que en la velocidad no va a poder pensar demasiado-. Son maneras perversas para todos, pero no podemos salir de ahí.

– Es un término interesante el de la “selva”, ¿qué actores inciden en esa selva?

– Todos inciden. Desde nuestra curiosidad (morbo, diría yo) hasta el presidente de la AFA, que es el que ha llevado a nuestro fútbol argentino a la decadencia. Nuestros formadores, nosotros, creo que estamos todos enganchados.  El problema es que todos nos sentimos un poco impotentes de no poder cambiar las cosas. Obviamente, los dirigentes del fútbol argentino son los máximos responsables. Por hacer del fútbol argentino un lugar sin paz. Algo que le conviene a la industria: vender a los jugadores a los cinco partidos. Los jugadores se van sin saber dónde. Los empresarios ganan plata. Todo se va encadenando.

– En todos los procesos que mencionás, la velocidad en las cosas se muestra como un gran enemigo.

– Sí y lo grave es que el futbolista, a raíz de todo esto, está cada día menos comprometido con esta profesión. Todo esto que está pasando tiene repercusiones: cada vez hay un juego más individualista y más personaje. Eso hace que la pasión  disminuya. Nos tenemos que hacer cargo de haber generado a ese jugador, al que lo rodean tipos que los quieren vender a los cinco partidos. El fútbol argentino tiene que reconocerse responsable de haber formado a un jugador que a la quinta fecha se quiere ir. El hincha dice: “No existe ya el amor por la camiseta”. Pero no existe el amor por la camiseta porque ya no existe el amor por el juego y qué vas a hacer con eso. Yo, a veces, me río, y es una risa trágica, que al público no le importa si el defensor sale jugando o no. El otro día leí una frase de Jorge Valdano que decía que el hincha se ve mucho más humillado cuando su jugador no pone toda la entrega física que cuando no responde futbolísticamente.

– ¿El periodista es responsable de eso?

– El periodista es víctima y parte de.

– ¿El jugador?

– Todos somos partes y víctimas a la vez. Está esa ambiguedad. Víctima porque solos no podemos hacer revoluciones, se hacen de a muchos. Y parte porque, sin quererlo, no tenemos la iniciativa y tenemos una conducta muy semejante al resto. Creo que hay rebeldes sueltos, creo que hay gente que protesta por su cuenta, creo que hay gente que pide un fútbol mejor, pero que está atrapada. Pero no se sostiene mucho. Sólo un demente puede estar feliz y ser parte de este fútbol: vas a la cancha y los partidos te los ponen a cualquier cosa o sólo los socios pueden ingresar a un estadio o los accesos son un desastre.

– Para ser comentarista de un partido, ¿es importante saber del juego?

– Sí, claro.

– ¿Qué es saber de fútbol?

– Saber de jugadores. Hay que tener cierta percepción de qué es el juego. Es algo que no lo da ni la Academia ni la experiencia. Digo, no sólo. Porque el futbolsita no siempre juega desde la conciencia de lo que está ejecutando. Lo hace instintivamente. Hay centros, por ejemplo en Alemania y en España, donde les están enseñando a los chicos a pensar y a razonar, a entender movimientos no para automizar, sino para comprender cómo funcionan las cosas. Si yo juego de cinco y me la dan de espaldas, tengo que rebotar, porque si giro y la piso, probablemente, la pierda. O perfilarme para recibir. Cómo avanzar lateralmente para no perder la pelota. Cuestiones que tienen que ver con la técnica y con el entendimiento, a la vez. Yo creo que hay una zona gris que no te la dan ni los libros ni jugar. No creo, en realidad, que haya libros que sirvan para saber del juego. El libro te va a ayudar a desarrollar un conocimiento que ya tenés. Aún así, cuantas más herramientas tenga el periodista para juzgar, mejor. Lógicamente, siempre va a haber una parte que va a quedar vacía. Para juzgar a un equipo tengo que entender qué pretende un entrenador y no siempre él te lo va a decir. Hay una parte chiquita que le corresponde al tipo que está jugando y al técnico que está ejerciendo su rol.

– ¿Saber de fútbol es un antídoto contra todas las problemáticas que mencionás?

– Entender y saber de fútbol te ayuda a argumentar. Hoy se tiran frases o juicios de valor que no están apoyandos en argumentaciones. Suecede otra cosa que me parece muy maliciosa que es la manipulación. Cuando determinado periodista considera que un equipo juega de una determinada forma y ese equipo no consigue el resultado lo critica despiadadamente, y no importa si ese equipo cuenta con un capital de jugadores o con un presupuesto o con una jerarquía en sus ideas para desarrollar un estilo de juego. Las actitudes de algunos periodistas son muy peligrosas y atentan contra el oficio.

– Hablás de argumentaciones y de fundamentos. Para llegar a cualquiera de esos puntos, evidentemente, una persona debe ponerse en cuestión las cosas. Cuando eras jugador, ¿te las cuestionabas?

– Poco. Cuando era jugador me ponía en cuestión pocas cosas. Por eso, logro entender a los futbolistas. No digo su despreocupación por el juego porque yo siempre me preocupé. Cuando jugás al fútbol lo que tenés es instalado un chip de la competitividad: jugar, ganar, tratar de hacerlo lo mejor posible, responder a las necesidades del equipo y a las consignas del entrenador. Pero no me cuestionaba otras cosas. Cada vez fui teniendo más interés por descubrir lo que me iba pasando en el fútbol, por lo que iba haciendo, por cada entrenador que fui teniendo. Quizás, era una cuestión inconciente porque estaba más cerca el retiro. Cuando era pibe no me las cuestionaba y tal vez esté bien que así fuera. Digamos, el futbolista tiene que sobrevivir por sus propios medios. Pertenecés a una institución, tenés a un entrenador, pero nadie te enseña nada. No te explican cómo vivir del éxito. No te enseñan a estar alerta cuando viene un representante. Hay cuestiones del fútbol que vas experimentando de la marcha y vuelve a todo más difícil.

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– ¿Qué fue lo que te sedujo de la comunicación?

– Yo no hablo para convencer a otro. Tal vez, es una descarga personal. Expreso mis ideas, lo que siento por el fútbol, y me acerqué a la comunicación, tal vez al principio, como una forma de canalizar la impotencia de no jugar al fútbol.

– Pero, más allá de eso, le dedicaste mucho tiempo a mejorar como comunicador.

– Yo soy muy perfeccionista. Cuando fallo, me cuestiono mucho.  Y lo que es más curioso es que no es que lo hago porque me guste lo que hago: directamente, yo no me permito fallar. Mis viejos me pusieron esa autoexigencia muy alta, nunca estaban demasiado conformes con lo que yo hacía, y se me fue pegando esa idiosincrasia. Es más lo que a mí me duele no estar a la altura, que lo que los demás o la actividad misma me exijan.

– Volverte un tipo que hace goles debe ser bastante difícil, ¿cómo te formaste como periodista?

Yo creo que la primera virtud que tuve, apenas terminé de jugar al fútbol, es saber escuchar. No se puede ser un buen comunicador sin saber escuchar. Pero me cuesta aprender a moverme. Yo tenía, dentro mío, algunas ideas, por supuesto sin orden. Eso después tenía que resolverlo en el medio del partido. Quizás, eso me costó un poco. No sabía cómo darle prioridad a lo que creía que darle. El trabajo del comentarista es de síntesis. Yo estaba muy conciente de lo que quería. El sentido común me dio capacidad para centrarme en algunas cosas que eran innegociables: síntesis, conceptualización y respaldo con fundamento. Si en cien palabras, podía hacer 25, las hacía. No quería decir obviedades. Frente a eso, prefería quedarme callado. Yo tenía que aprovechar mi tiempo, que era corto, porque la pelota la tiene el relator, y sabía que en ese tiempo tenía que devolverle la pelota redonda.

– ¿Cuál es esa altura?

– Mi propia satisfacción. A veces, no la encuentro tan fácil. Lo que ocurre es que no logro encontrar en el periodismo lo que encontraba en el fútbol, sobre todo en mis primeras épocas como jugador. No logro repatriar eso que sentía por el juego cuando era adolescente.

– Alguna vez, Juan Manuel Herbella dijo que él extrañaba el ruido que hacían los tapones en el camino previo al entrar a una cancha.

– Sí, inconcientemente, seguís por la vida buscando esas sensaciones. Yo sigo buscando el ruido del tac, cuando le pegás a la pelota. No sé, es difícil. Yo lo que sentía en el fútbol, ahora no lo siento. El carácter nuestro de estar en la competencia, siempre en contacto con la naturaleza, estar con un entrenador, tener compañero, estar cinco días entrenándote para jugar el fin de semana, todo eso no lo repetís. Eso da tristeza. Por más que hoy haga otra cosa, eso lo voy a extrañar.

– ¿Sentís esa tristeza cuando comentás?

– Lo que más me duele en esto es no sentirme parte de la acción. Uno cree a veces como comunicador que es parte de algo porque cuenta algo, pero vos no estás produciendo hecho. Yo antes producía hechos. No puedo todavía domar ese sentimiento. Ahora me toca contar por qué Boca le ganó a River o River a Boca. Antes yo jugaba ese partido.

– ¿No encontraste ninguna sensación en la comunicación que se comparara con hacer un gol?

– No, hacer un gol es lo máximo. Creo que hacer un gol es la felicidad misma.

– ¿El periodismo juega mal?

– El periodismo en muchos casos, con esto de ser populares y darle siempre la razón a la mayor cantidad de audiencia, se ha despersonalizado. Esto de la exageración, de la imprudencia, del afán de sobresalir, hace que se genere una competencia de quién dice la primicia, quién dice el comentario más extremo, y así nos estamos corriendo de una de las premisas que debe tener el periodismo que es la búsqueda de la verdad como el motor imprescindible. El periodista, en esta sociedad del espectáculo, empieza a banalziar o a frivolizar las cosas que son esenciales y a darle un segundo lugar a lo esencial. Se escucha una audición deportiva y se escucha media hora hablando del vestuario como si eso fuera el estandarte o el símbolo de un programa de radio. Entre el protagonista que tiene miedo de contestar y el dirigente que no dice la verdad, al periodista le quedan pocos lugares para ir indagando. Entonces se tiran miserias que venden bien. Todos tenemos un costado de frivolidad, y los programas se construyen de hipótesis y de conjeturas. Yo creo que haría falta un ente superior, o de las mismas empresas, o del mismo público, que castigue este tipo de acciones. Sino mañana borro lo que hoy digo. Ya que la credibilidad no es un bien en el que el público pueda dar por cantidad de aciertos, sino más bien por la permanencia, entonces tendría que haber un ente que regule. Sería mucho más saludable.

Los que reforman la injusticia

Los cambios en la Justicia se pronunciaron en la calle y se instalaron en las mesas argentinas. Se debaten acuerdos parlamentarios y se acusan cofradías partidarias. En el medio, la historia de Luz y de Diego, acusados de algo que no hicieron, detenidos por un Poder que los deja de lado.

ÚNICO BLOQUE

En el patio de una casa, escenografía improvisada: dos sillas de cocina, un mate largo. Una mujer termina de colocarle el micrófono a LUZ en la camisa. PRESENTADOR con hojas en la mano, una lapicera en el bolsillo de la camisa blanca, mira a cámara, ensaya algunas palabras inentendibles. DIEGO aparece en escena con el pelo mojado y se sienta mirando hacia el mismo lugar que LUZ, pero las cámaras los toman de modo tal que aparecen enfrentados. Se enciende las luces blancas que apuntan a PRESENTADOR. Se escucha una música escalofriante cada vez más fuerte.

PRESENTADOR

(De frente a la cámara 1. De espaldas a DIEGO y LUZ) Bienvenidos a otro Debate Público, otra oportunidad para que nos escuchemos todos y cada uno saque sus conclusiones. El tema de esta semana: la reforma judicial. ¿Quién sale beneficiado? (Se toma las manos) ¿Un avance sobre los derechos civiles? ¿La democratización de un poder feudal? (A otra cámara, de frente, sacando pecho y levantando la voz) Diego Romero y Luz Gómez (los señala con las manos) están presos desde el 21 de diciembre de 2011 por ser los supuestos asesinos del chofer de colectivo Roberto Castillo el 1 de octubre de ese año. (Se acomoda el flequillo con las manos) En las rejas de la casa donde sucedió el crimen, apareció sangre de la pareja de ladrones y una mochila con el certificado de vacunación de Zaira, la hija de Diego y Luz. Ella, beneficiada por la crianza de la nena, tuvo desde un principio prisión domiciliaria. Él iba a ser beneficiado, pero el fiscal apeló y sus primeros abogados defensores no hicieron el intento de morigeración. Estuvo hasta dos meses atrás en la Unidad de Ituzaingó. Diego, Luz, buenas noches. Sabemos que después de un año y cinco meses tratando de demostrar su inocencia, conocen a la Justicia como pocos.

LUZ

(Se encienden las luces traseras, amarillas. Se ve a LUZ cabizbaja y a DIEGO serio) Buenas noches.

DIEGO

(Tímido, sonriente) Buenas noches. Es cierto. Yo siempre discutía de economía, trabajo, industria… Lo gremial sí me interesaba. Ahora… este tema de la justicia nunca me había llamado la atención, pero hoy veo que pasan cosas que hay que conocer.

PRESENTADOR

(Se quita la mano del audífono) ¿Y qué opinión te merece?

DIEGO

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

(Tres cuartos perfil a cámara) Uno, siendo víctima de un sistema judicial, escucha las dos perspectivas. Es más que nada política. Yo creo que el gobierno debería tomar un poco más de responsabilidad en las decisiones que toma porque el hecho de que disfraza a la justicia y da una pulseada para la reforma judicial que es más que nada política y económica. Hoy los más perjudicados somos los de la clase baja. Te dan un defensor del Estado, pero uno que defienda como nos defendió a nosotros, ni me lo des. Pero como dijo nuestro actual abogado, Suárez: “Hoy por hoy está tan poblada la cárcel que un defensor no puede llevar tantos casos”. Sos el cliente número 25 mil. El 2 mil quiere que se cierre su caso. No se trata de que seamos números. El gobierno dice que quiere agilizar. ¿Por qué no nos fijamos hoy por hoy por qué están superpobladas las cárceles? . Está superpoblada porque la policía te agarra en la esquina buscando a un asesino parecido a vos (señala a PRESENTADOR por un instante), y sos vos el criminal (señala a PRESENTADOR). En una cárcel de 48, hay 70. Gente durmiendo en el piso. En la cárcel está lleno de gente a la que el sistema judicial no se encargó de investigar para ver si son o no delincuentes. ¿Por qué no se fijan quiénes son los que arman causas? ¿Por qué no dejan de comparar números: quién cerró más causas, cómo estamos en comparación con Estados Unidos que no sé cuántas causan sacan por año? Hay más gente procesada adentro que penada. Quizás tienen que ver, quizás no. Deberían fijarse las necesidades de la sociedad: la inseguridad de la policía que te está armando causas. En la justicia se sienten impunes y piensan que la justicia es para el que tiene un buen abogado. Si no lo tenés, quedás adentro.

LUZ

En la tele no sale mucho el tema de la injusticia.

DIEGO

Y si pasa, pasa así (se chasquea los dedos).

LUZ

Uno que ve la tele ve solo justicia. Acá todo te lo arma la policía. Si sos inocente, te aprieta para que no digas la verdad. No somos los únicos que están pasando esto. Conocimos un montón de gente a la que le pasó. Pero aprietan a las familias y se callan. A nosotros también aparte de que no sabíamos nada, de que fuimos maltratados, también en un principio pasó algo con la policía para que no dijéramos la verdad. (Se acomoda el micrófono) ¿Qué más daño que el que nos hicieron nos podían hacer? Fijate también lo de las hermanas Jara. Pasaron dos días y ya no se ve más en la tele. A Alejandro Bordón lo acusan por un buzo del mismo color y ¡nada más! Después de una semana nadie habla de Alejandro Bordón.

DIEGO

Pasa que uno habla de lo personal. Si nunca hubiese caído en la cárcel, no sabría lo que pasa adentro: que está lleno de causas armadas. Ahora hay que hacerle ver a la sociedad que el problema está. Se sienten dueños de la verdad. Te hacen pensar que sos lo peor… Estamos siendo víctimas de un sistema judicial.

LUZ

(Interrumpe) Más que eso. A mí me correspondía el salario de Zaira, que pasó a ser Asignación Universal por Hijo cuando quedé presa, y nunca me avisaron. Recién un año después, cuando dejé de llorar y llorar y llorar, pregunté y me dicen que me corresponde. El fondo de desempleo también me correspondía y lo perdí. Fijate todo lo que te quitan.

DIEGO

Es feo todo esto porque cuando estaba en la Unidad, yo era un gasto para mi familia que ni tenía para el colectivo. No era feliz, me sentía mal.

PRESENTADOR

(Se toma las manos y mira a los ojos alternadamente a LUZ y a DIEGO) ¿Por qué creen que el mayor interés de estudio de los internos se da con el derecho?

DIEGO

Al penal entran chicos jovencitos que nunca tuvieron posibilidades de estudiar. Dentro del pabellón que estaba, yo era el único estudiando. Hay una materia que da un interno que estudiaba abogacía, sobre orientación legal. Los jóvenes ni siquiera saben qué causa tienen. Sí hay posibilidad, en algunas unidades como La Plata, de estudiar en nivel universitario, pero muchas veces pierden mesas de exámenes porque no tienen movilidad. El traslado de Unidad también implica un problema.

 (LUZ se detiene a darle alguna indicación a ZAIRA)

PRESENTADOR

(A cámara) La justicia parece ser un algo más abarcativo que jueces y fiscales.

DIEGO

Claro que sí, en nuestro caso se ve claramente.

PRESENTADOR

(A LUZ) ¿Cómo colaboraron, en su caso, las tan polémicas cámaras de seguridad?

 LUZ

Tampoco se usaron las cámaras del COTO adonde fuimos a comprar un LCD en un remís donde perdimos la mochila. Si se hubieran usado en julio, sabrían cuáles fueron los autos que nos fueron a buscar a nosotros de la remisería. (Hace una pausa. Con voz firme) Pero ellos también dejaron pasar ese tiempo para que las dos pruebas fundamentales para nuestra defensa no fueran utilizables… Porque con la sangre pasó lo mismo…

DIEGO

Es medio gracioso todo esto po…

LUZ

(Interrumpe) No investigaron nada de nuestra declaración. En diciembre le decíamos a nuestro primer abogado que habíamos hecho una llamada a Mendoza el 1 de octubre. El abogado dejó pasar el tiempo sin pedir esa prueba porque supuestamente no era contundente. Hoy el fiscal tiene el poder de decidir si pide esa llamada o no. Suárez pidió tanto esa como las que hicimos desde COTO a la remisería para pedir el coche como después para reclamar la mochila.

PRESENTADOR

(Se quita una lapicera del bolsillo de la camisa y la agita mientras habla) Todas estas herramientas de la tecnología, ya existentes, hubieran ayudado a saber la verdad y sin embargo no se utilizaron.

DIEGO

Lo malo de todo esto es que pasa en muchísimos otros casos. Al no haber tomado con importancia nuestra declaración, se perdieron pruebas que llevarían a la verdad. Per…

LUZ

(Interrumpe) No sé si a la verdad llegarían así. Llegarían a la verdad si quisieran leer las otras declaraciones que dicen quiénes fueron los culpables. Ellos tienen que ir por la línea de investigación de los detenidos. Dicen su participación en el hecho y dicen quién es la persona que entró, que da la casualidad que trabajaba en donde yo me olvidé la mochila. No entiendo por qué no van por ahí. Al primer abogado particular que tuvimos le dijeron que lo iban a atrapar cuando cometiera otro delito. “Si no comete otro delito, yo sigo acá para siempre”, le decía yo y me respondía: “Sí”.

DIEGO

Obviamente, pero yo me refería a la verdad en el sentido de que vean el video de la cámara de COTO.  Ahí aparecen los dos vehículos que nos fueron a buscar, en uno de los cuales perdimos la mochila. (Abre los ojos bien grandes) Oh casualidad que las dos personas detenidas involucradas en este hecho dicen que  la persona que entró en la casa, trabajaba en la remisería que llamamos y tiene un auto del color que nosotros mencionamos en la primera declaración. ¡Sin conocernos a nosotros! (Indignado, levanta la voz) Obvio que todo va a estar difícil para nosotros si no nos escuchan. Fuimos considerados culpables desde el principio. Nos querían llevar a juicio en esas condiciones, pero hoy tenemos el apoyo de mucha gente y lo podemos pelear de otra manera para que la misma jueza se dé cuenta de que hay cosas que están mal hechas.

PRESENTADOR

Ahí se ve la participación o la ausencia de ella por parte de los abogados defensores, estatales o particulares.

DIEGO

Los primeros abogados uno se pregunta quién se los mandó (sube y baja los hombros repetidas veces). El primero permitió irregularidades, el segundo nos sacó plata y tampoco empujó en el sentido de exigir que se investigue el camino correcto.

LUZ

Excepto Suárez, todos nos tomaron el pelo y nos hicieron perder tiempo importantísimo. En diciembre podríamos haber usado, por ejemplo, la información del llamado que hice a Mendoza el día del crimen. El tema de la sangre tampoco lo hizo ni el primer abogado ni el segundo. La fiscal le dijo al primer abogado que la sangre no servía. Como no sabíamos que todo se manejaba por escrito, solo decíamos: “sí abogado, tiene razón”.  Los dos abogados lo que querían era llegar a juicio. Imaginate que las comparaciones recién las hicieron un año y medio después del crimen porque nosotros mismos presionamos con movilizaciones. El abogado estatal no nos creyó.

PRESENTADOR

¿Y la policía?

DIEGO

Estuvo dos meses y pico investigando, desde el 1 de octubre hasta el 21 de diciembre de 2011. Tenían la dirección, el nombre, todo lo que necesitaban saber sobre mi hija y por lo tanto sobre nosotros (se señala el pecho con las dos manos). Si lo hubieran hecho en un principio nos podrían haber hecho pruebas de pólvora y se hubieran dado cuenta de que no éramos nosotros. Uno se pregunta por qué no lo hicieron.

LUZ

Por algo cuando nos detuvieron buscaban un Nextel y armas de fuego y solo se llevaron una foto mía y otra tuya (mirando a DIEGO de costado)

DIEGO

Cuando nos detuvieron y nos dijeron que nos vinculaba una mochila, no entendíamos nada hasta que recordamos la que habíamos perdido cuando fuimos a comprar un televisor. Yo había llamado dos veces a la remisería para ir (levanta los dedos índice y mayor de la mano derecha). Exigimos ese registro de llamados para comprobarlo. El defensor nunca nos creyó y nos trataba como si hubiéramos cometido ese hecho. No quería que declaráramos. Nosotros sí, porque queríamos contar nuestra verdad. En el estado en que estábamos, tratábamos de hacer memoria.

LUZ

Declaramos todo (separa los brazos desde el pecho hasta desaparecer del alcance de la cámara 3), pero imaginate que no te acordás lo que pasó hace dos semanas, menos hace dos meses. Lo poco que nos acordamos lo contamos: el color del coche que nos llevó al COTO y donde perdimos la mochila. De qué manera nos pueden vincular si no tienen qué.

DIEGO

Siguió el proceso de investigación, pero pasaba el tiempo, los meses.

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LUZ

Y la rueda de prensa, Diego. El 23 la hicieron. Participamos mi mamá, con 53 años, una tía de Diego de 40, mi hermana, de 32, que no tiene nada que ver con lo que había descrito la viuda, y yo. Claro que dio positivo. Diego apareció con el pelo cortado parecido al identikit, cuando no lo tenía así. Hay una declaración de la viuda que declara que mi hija es de tez blanca y tiene el pelo castaño claro. Nada que ver. Cuando fue a la rueda dijo que era ella.

DIEGO

Después, la familia trató de conseguir otro abogado recomendado de la familia que nos sacó plata y no hizo nada. Casualidades que al primo de una amiga mía tenía un compañero de trabajo al que también le había pasado lo mismo. Nos contactaron con el doctor Suárez, que nos llamó para asesorarnos de qué manera podíamos empezar a lucharla. Suárez vio la preventiva y se dio cuenta de todas las irregularidades. Logramos esto gracias al empuje y perseverancia de la familia y a las movilizaciones. Las pericias tenían que estar el 10 de diciembre y estuvieron el 21 (Dibuja un salto con el índice de la mano derecha). Las comparaciones de sangre dos meses tardaron. La audiencia llegó recién después de otra movilización. El 7 de marzo de este año, después de pelear dos meses, tenía que ser la audiencia, pero la fiscalía la suspendió porque supuestamente iba a declarar esta gente. De la fiscalía los mandaron al juzgado, que nos reservó para el 18 de ese mes.

LUZ

En realidad lo que pasó con la audiencia fue que la fiscalía no quería. Cuando se suspendió la audiencia, mi mamá fue al juzgado. La atendió el secretario de la jueza y, enojado con la fiscalía por suspenderla, puso la fecha bien cerca para que no se pudiera suspender. Si mi mamá no iba a preguntar, tampoco pasaba na…

DIEGO

(Interrumpe) Claro, por eso te digo. No estaba en su interés hacer la audiencia. Lo que termino entendiendo es que si el juzgado no hubiera dado la audiencia a una semana, date por segura que la hubieran suspendido también. A todo esto ya teníamos las comparaciones de sangre que dieron positivo. Por supuesto que nosotros lo sabíamos, pero con la desconfianza que adquirimos de la justicia, teníamos miedo de la manipulación. Por eso tratamos de conseguir un perito y hacérselo saber a la fiscalía.

PRESENTADOR

(Serio, mirando a cámara) También desconfiaban de la fiscalía…

LUZ

Sí, pero al perito no le dan a tiempo de intervenir porque ya estaban sobre la fecha.

DIEGO

Pero el tema era que ellos supieran que había alguien controlando. Cuando llegó la audiencia, me llevaron ahí. El abogado hizo el descargo. Estaba también la jueza. Le conocí la cara.

PRESENTADOR

Recién entonces conociste a la jueza.

DIEGO

Sí. Te decía… El doctor Suárez le dijo que la morigeración era lo mínimo que podía pedir por mí porque ya sabían de las comparaciones negativas. Suárez hizo saber de las firmas que había conseguido con mi mamá, de gente que daba fe de que no íbamos a hacer nada.

LUZ

Que vos no ibas a hacer nada. El primer juez también te había dado la domiciliaria, pero el fiscal apeló. Eso fue en 2012, en febrero. Porque había que seguir investigando, pero en ese momento, la fiscal apeló por posible intento de fuga. Por mí no apeló por la nena. Nuestros abogados en ese momento no hicieron nada, y como nosotros no sabíamos nada de cómo manejarnos y no conocíamos ninguna organización que nos asesorara…

PRESENTADOR

(A DIEGO) ¿Qué le dirías a la Justicia si la pudieras personificar?

DIEGO

Justicia toma decisiones que hacen que gente que no tiene nada que ver caiga en un penal, sin tomar conciencia de las cosas que pasan ahí adentro. Yo tengo la suerte de estar bien, de haber sobrevivido, pero no todos tienen esa suerte que yo tuve. Por eso, el Poder Judicial se siente dueño de la verdad y toma malas decisiones y manda gente inocente dentro de un penal y esa gente termina siendo lastimada. Dentro de la Unidad hay una guerra de pobres. Imaginate que un Penal de 500 personas (abre grandes los ojos), estadísticamente, tiene entre 800 y 900. No tienen conocimiento de lo que es una cárcel. Hay gente que se termina sucediendo, gente que termina apuñalada. Esto tiene que comenzar de nuevo porque quieren llevar una persona a juicio cuando ellos mismos saben que esa persona es inocente. Antes de hacerle pasar esa situación, ¿por qué no toman el camino correcto desde el principio? En la Unidad sigue habiendo gente inocente que no tiene la posibilidad que yo tuve, ni el apoyo. Te sacan los días y te hacen sentir como el peor, maltratan a tu familia en la fiscalía: parece que fueran familia del peor. Te complican en lo económico, en lo emocional. Ni siquiera hacen justicia por la víctima. Yo toda la culpa se la echo a este sistema judicial que se cree que todos los que están del otro lado del escritorio son malos. Mi verdad no se calla. Ni tiene precio. A mi familia me la destruyeron.

PRESENTADOR

¿Luz? (Mira su reloj pulsera) Treinta segundos tenés.

LUZ

Que el fiscal escuche lo que dijo Diego, porque ahora él es la Justicia para nosotros. Él es dueño y señor de nosotros. Si decide que vayamos a juicio, así será.

DIEGO

Y la jueza siempre va a prestar más oído al fiscal que al abogado defensor. No debería llevarle tanto el apunte a un fiscal que está yendo por el camino equivocado.

PRESENTADOR

Así dicen que funciona la justicia: demuestra en los números su eficiencia, sin importar las personas. La voz que se escucha es la de la policía, repetida por abogados, fiscales, jueces. Diego, Luz, muchas gracias por participar de este debate.

(Se apagan las luces. Sube el volumen de la música. DIEGO y LUZ se ponen de pie y saludan a PRESENTADOR).

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Belleza y emoción, en el precipicio de la palabra

Con los ojos espiralados y silencios abismales, el rostro de Ailín Salas alcanzó una masividad definitiva con el personaje de Clara en la serie En Terapia. Pero esta chica de 19 años, para algunos “la mejor actriz joven de la Argentina”, ya encarnó infinitas vidas en su piel y ya filmó más de una decena de películas. Con la emoción en la punta de la lengua, confiesa: “Soy bastante tímida. Atrás de un personaje, puedo decir un montón de cosas y cagarme de risa. Pero desde mí, me cuesta mucho más.”
“A veces, me gustaría dedicarme a la medicina para sentir que lo que hago ayuda a alguien. Es raro”.
Entre las dos oraciones, Ailín Salas deja un hueco, pone la mirada en el cielo como si buscara una intimidad difícil de lograr en un bar de Almagro, apoya la yema de sus dedos finitos en el mentón y, ahí sí, suelta una sonrisa que le ayuda a romper con el misterio.
Va a resultar un thriller entender, durante una hora y media de charla, por qué esta chica de 19 años, que ya filmó más de una decena de películas, que actuó con Diego Peretti y con Ricardo Darín, que invadió las imágenes del prime-time televisivo con su actuación en En Terapia, que con esa serie hizo que miles de padres se preguntaran desesperadamente si realmente escuchaban o no a sus hijos, dice tan pocas palabras y habla con tantos silencios.
Y aunque se le busquen teorías psicoanalíticas o pitagóricas al asunto, la respuesta será tan simple como tan difícil de entender: es, tremendamente, tímida.
– Cuando arreglábamos para hacer la nota, vos dijiste que no te gustaba hablar: ¿cómo se es actor, se sale en la tele y, a la vez, sucede esto?
– No sé. Siento que tengo que estar muy cómoda para hablar. Soy bastante tímida. Atrás de un personaje, puedo decir un montón de cosas y cagarme de risa. Pero desde mí, me cuesta mucho más.
– ¿Cómo manejás eso?
– Tengo que aprender. Cuando estoy actuando, me gusta hablar. Pero las entrevistas me cuestan. En Terapia me llevó a hacer cosas con la prensa y yo me quería matar. En una conferencia, de hecho, me largué a llorar. Entonces decidí que para hablar con los periodistas iba a tener que crearme un personaje.
– ¿Y cómo sería ese personaje?
– Es lo que todavía no sé. Tengo que actuar de actriz. Es rarísimo. Lo tengo que hacer porque si no la voy a pasar mal. Desde mi persona, me siento medio expuesta y siento que hay algo que me proteje si soy un personaje. Pero también es raro: piden que hablen desde vos y vos hacés como trampa y sos otra cosa.
Imagen: NosDigital

Sus palabras arrancan una duda de fondo. Quién sabe, ahora, si sentada en esta mesa, Ailín es ella o es un personaje que arma para la ocasión. Quién sabe, en realidad, si entre trago y trago de un agua sin gas que pide, si después de esas sonrisas amables que tira, ella sufre la charla. Quién sabe, en realidad, si se le puede creer siempre a los actores.

– ¿De dónde nace ese placer de ser otro?
– Yo empecé a los 10 años a hacer publicidad. Ahora, viéndolo desde afuera, me doy cuenta que lo que me daba ese género era algo muy pequeño comparado con la sensación que genera el cine. A todo esto, en realidad, lo pienso como un juego. La posibilidad de actuar es la de meterse en una situación distinta. La verdad es que yo aprovecho mucho cuando actúo para hacer cosas que no haría en la vida. Te ayuda a aprender.
– ¿Y qué aprendés?
– Yo no soy una actriz muy metódica. No es que hago como otros que tienen un cuaderno donde anotan detalles de lo que van a hacer. Todo lo que actúo necesito sentirlo: si no lo siento, no me sale, soy muy mala, se me nota en la cara. Cada sensación de la historia me tiene que quedar grabada en el cuerpo. Incluso, me gusta no tener tiempo para explorar mucho al personaje y hacerlo directamente. Por eso, cuando agarro un papel, paso a ser esa persona y logro cuestionarme mucho a mí misma, ya que son situaciones por las que yo no paso naturalmente. Ahí aprendo.
– ¿Cómo manejaste, entonces, la experiencia de En Terapia, donde eras una bailarina que la pasaba realmente muy mal sintiendo las presiones de esa carrera?
– Como te decía al principio, yo mucha veces pienso en que tendría que ser médica para poder hacerle un bien a alguien. Hay días en que siento que no tiene sentido nada de lo que hago. En Terapia, quizás, fue distinto. Me pasó lo mismo cuando hice Televisión por la Inclusión. Sentís una responsabilidad mayor. Tocás un tema que es delicado. Cuando estaba filmando no me pasó, pero cuando lo vi por la televisión sí me puse a pensar en si ayudaría o no a una bailarina. Un tiempo después un chico me escribió diciéndome que tenía algún problema parecido y que había visto la escena que en la ficción yo tenía con mi mamá. De casualidad, lo agarró sentado con su mamá. Me contó que se sintió incómodo, pero a la vez aliviado. Y sí. Es mejor que me toque actuar cosas así.
– La experiencia de En Terapia, de alguna manera, te llevó a la masividad: ¿te cambió algo?
– A mí me empezó a gustar el tema de actuar cuando yo era chica. Mi abuela era actriz y me llevaba al teatro. Pero, además, yo jugaba mucho con mi hermana a disfrazarme, a armar una radio, a ser otra cosa. Todo eso ahora se volvió un trabajo, que sólo siento así cuando me tengo que levantar a las siete de la mañana. Pero sigue siendo más o menos lo mismo, aunque me gusta más jugar en el cine que en mi casa. En Terapia lo que tiene es que es en televisión y la gente ve mucho más la tele. Al cine no van tanto. Entonces te expone mucho más y, también, te critican más por youtube y esas cosas. El tema es que fue, a la vez, una cosa distinta a las que se suelen hacer por televisión.
– ¿Por qué?
– Porque era más cinematográfico. En tele es distinto: hacés un montón de escenas por día. Acá teníamos un director que trabajaba mucho con nosotros. Por eso, la experiencia de filmación era distinta.
– ¿Y cómo fue trabajar con Diego Peretti?
–  Es lo más. Yo lo conocí una vez que fui al canal, antes de grabar, pero no hablé casi nada. El primer día de rodaje recién charlamos. Yo estaba muy nerviosa por todo. Por trabajar con él y porque era una experiencia muy nueva para mí. Y tuvo, no sé, una actitud como que paternalista conmigo que me ayudó. Imaginate: En Terapia necesitaba que yo hablara sin parar, cuando a mí no me gusta nada hacerlo.
– Hablás de aprender, ¿cómo se sigue aprendiendo a ser actriz?
– Yo siempre siento que me pierdo de aprender. Quizás, soy muy vaga y no hago un trabajo paralelo. Ahora empecé, pero me re cuesta: hasta cuelgo con ver películas. Me da vergüenza decirlo. Tenía épocas en que me quedaba dormida y no lo podía creer: trabajaba de eso y, a la vez, me dormía. Pero ahora me cayó la ficha. Este año no pude estudiar teatro porque estuve trabajando. Trabajar te resta tiempo. Ahora empecé clase de tap, que está bueno porque todo te sirve para actuar: hasta manejar. Pero como que me doy cuenta ahora recién que podría haber arrancado antes a estudiar.
– ¿De los directores con los que trabajás se aprende?
– Claro. A mí nunca me pasó de trabajar con un director que no me ayudara. A todos los quiero mucho. Siempre menciono más a Lucía Puenzo, que me hizo sentir muy cómoda. Con ella eran mis primeros trabajos y, más allá de que eran chiquitos, estaba todo buenísimo.
– ¿Qué significa sentirse cómoda?
– Yo con ella hice XXY, de la que realmente no entendía nada y donde tuve la suerte de filmar una escena con Ricardo Darín, que era una flash. Pero también hice El Niño Pez. Ahí tuve que hacer una escena en la que paría. Yo tenía 14 años, era realmente muy movilizante para mí. Estaba espantada, pero tenía muchas ganas de hacerla. Y Lucía me hizo sentir muy cómoda: grabamos en un baño, siendo sólo tres personas: ella, la directora de fotografía y yo. Hizo que todo tuviera una ambiente muy familiar y que yo me olvidara de ese miedo que había sentido de golpe.
– ¿Y ahora qué más te gustaría hacer?
– Tengo ganas de hacer comedia. Seguro sería mala haciéndolo porque no es un lugar cómodo para mí. Pero tampoco me voy a quedar siempre en un lugar cómodo. Debe ser re difícil hacer reír a alguien. Más difícil que emocionar. Yo no soy una persona con la que te vayas a cagar de risa, así que me va a costar. Como para todo, hay que tener un carisma especial.
La intriga dura, pero cada vez se va haciendo más finita. A medida que pasan los minutos, Ailín se acomoda, toma confianza se olvida de sus miedos a los periodistas y nos mete en esa escena que arma entre su mirada y su sonrisa increíble. Así, le creemos que es tímida, que en la charla siempre es ella, que no es un personaje, que todo lo que nos dijo era verdad.
Al menos, esa es la única que nos queda.

Sacudirle el polvo a la poesía

Uno, dos, tres. Las voces están vivas y se acoplan en el mismo cauce. Dicen juntas, suben, se detienen al borde de una pausa, bajan, se interrumpen y vuelven a ensamblarse para dibujar en el aire una palabra. Diego Arbit y Sebastián Kirzner son Poesía Estéreo, dúo de artistas multidisciplinarios que investiga los recovecos y las posibilidades de la oralidad en el marco de la poesía. Nos reunimos con ellos para conocer más acerca de las particularidades del género y los orígenes del proyecto.

Estamos sentados en los sillones bajos de “El Pacha”, con cervezas y confites que condimentan el encuentro. Yo pregunto y ellos responden, y a medida que la charla avanza me convenzo cada vez más de que lo que estos dos hacen sobre el escenario terminó por impregnar la cotidianeidad de su oratoria. Porque hay algo en esa naturalidad con la que se interrumpen, se ríen y se acotan. Las voces son casi opuestas y se complementan en una corriente de sonidos que funciona. Seba y Diego hablan acerca de Poesía Estéreo y hay una dinámica en su manera de decir que hace de esta charla casi un espectáculo en pequeña escala, montado solamente para mí.

Les pregunto qué es Poesía Estéreo y ellos eligen empezar por el principio. A comienzos del 2009, me cuentan, había una proliferación de lecturas y de programaciones culturales independientes altísima. “Lo divertido fue que había una cultura de leer mucho, pero de olvidarse del hecho de que estar leyendo frente a otro es realizar un espectáculo teatral, te guste o no. Necesitás que el que está del otro lado te escuche y entienda lo que estás diciendo. Si hay un otro y son muchos que te están mirando, y vos te ofrecés a dar ese espectáculo, hacé un espectáculo. Entonces dijimos ‘bueno, hay un intermedio divertido que puede ser hacer la poesía, decirla, volver a una oratura.’ Y no sólo eso, si no que la pasáramos por el cuerpo, ¿no? Y así empezó Poesía Estéreo”.

Basta con verlos sobre el escenario para comprender. Porque este dúo aborda la idea de una poesía completamente nueva, joven, pensada para quebrar los límites del papel y acontecer en tiempo y espacio de manera plena. La poesía estéreo deviene un estilo original que es además muy amplio, en tanto no sólo remite al texto, sino que también bordea distintas corrientes de la música (como el Hip-Hop, el Rap, el Def Poetry, el Slam Poetry) y del teatro (con el Clown y la Pantomima), sin perder de vista que el contenido siempre debe mantenerse como lo central: “La regla es que se puede poner el cuerpo, en tanto y en cuanto el cuerpo no diga más o no pese más de lo que se está diciendo. El poema tiene que ir por arriba y el cuerpo tiene que acompañar, ese es el chiste.”

Las presentaciones fueron sucediéndose una tras otra, recorriendo escenarios diversos, sembrando repercusiones positivas. El dúo recuerda que al principio había días en los que tenían hasta tres presentaciones consecutivas: “éramos casi como una banda de cumbia”. Pero además, desde sus inicios Poesía Estéreo funcionó también como un espacio de investigación sobre las tradiciones orales múltiples que estaban floreciendo en varias partes de Latinoamérica, Estados Unidos, España y Méjico. “Empezamos a crear nuestras propias cosas y a traducir otras que llamaban a lo oral o que ya eran orales en otros países, y muchas, la mayoría, las resignificamos para argentinizarlas de alguna manera, porque si las traducíamos tal cual eran se iba a perder mucho.” Lo importante, de nuevo, es hacerse entender: rescatar el mensaje, pulir lo ajeno para convertirlo en propio. Y entonces quiero preguntarles qué pasa cuando los que escriben son ellos, si es que pueden desapegarse de lo oral, de todos los matices del decir y es como si me leyeran la pregunta en los ojos porque, apenas abro la boca, Diego ya está diciendo “yo escribo pensando en la oralidad. Y creo que vos también, Seba, escribimos oralmente, escribimos como si habláramos”. Los dos improvisaban o actuaban antes de empezar a escribir y Seba me cuenta que privilegiar el ser oral de un texto frente a las reglas de la redacción propiamente literaria es un vicio que puede volverse problemático a la hora de enfrentar a los correctores “de verdad”, porque “la puntuación está marcada para la oralidad pero la lectura del ojo no tiene la misma medida.”

La mejor solución, entonces, es trepar al escenario, abrir la boca bien grande y sacudirle el polvo a la poesía, acostumbrada durante años a dormitar en los antiguos ciclos de lectura en voz baja, que ellos definen como lugares “con mesas, y vasos de agua, y unas flores muy feas”. Para contrarrestar este tipo de encuentros, que sin embargo y felizmente parecen ser cada vez menos, Poesía Estéreo propone todos los domingos en Casa Brandon el Ciclo Sucede, dirigido por Sebastián. Y acá me corrigen: “en realidad, ese ciclo es un espectáculo. Tiene el falso nombre de ‘ciclo’  porque se inició como un  ciclo de verano  y quedó porque armamos un equipo cada vez más grande y cada vez más interesante como para que se fuera dando un espectáculo, porque la pasábamos bien y porque tenía cada vez más público. Se convirtió en algo fijo que, además, queremos que sea cada vez más grande.” De esta manera, el espectáculo fue creciendo hasta convertirse en lo que es hoy, “una especie de Saturday Night Live argentino, muy raro, porque es tipo un lector, un sketch, otro sketch, otro lector, bandas re grosas que tocan en vivo con nosotros, y además le metemos danza… son como dos horas y media al palo”. Me consta. El Sucede es una celebración de la oralidad, donde un grupo de artistas ultra versátiles (“no sé cómo explicarte, todos cantan, todos bailan, todos escriben, todos rapean, todos hacen de todo”) aporta estéticas, formas y cuerpos diversos para engendrar un espectáculo multidisciplinario que la rompe.

Poesía Estéreo tiene todavía mucho más para contar. Hablamos acerca del Slam Argentino de Poesía Oral, torneo que ellos organizan y que va por su quinceava edición, donde compiten entre 45 y 50 poetas (“bueno, poetas” acota Seba, “donde compiten artistas, de nuevo, pueden ser hiphoperos, triphoperos, clowns, gente que piropea gente en la calle, psicóticos, asesinos, drogadictos, todo eso”). Charlamos acerca de la muestra de Slam que armaron en la Feria del Libro por primera vez este año. Me cuentan también acerca de lo que están escribiendo, o pensando, o intentando escribir. Sobre el documental que planean para el 2013, que va a reunir grabaciones de todo lo que hacen actualmente: Slam, Sucede, Poesía Estéreo, una intervención en Yenny/El Ateneo, etcétera. Son muchísimas las puertas que esta charla abre y en todas dan ganas de asomar la cabeza, aunque sea para chusmear un poco. Ya nos estamos despidiendo cuando Seba me dice que justo hoy resolvió una frase, “y quiero decirte que esta frase es mía, la busqué en Google y nadie escribió jamás esta estructura, sí, hice mi propia frase, que es ‘somos los consumos culturales que habitamos’, sí, jamás nadie lo estructuró de esta manera, a veces lo más simple es lo más difícil de hacer”. Nos reímos. Somos los consumos culturales que habitamos. Vale la pena entonces meter las manos hasta el fondo en la masa multiforme y colorida de la cultura, y elegir dónde pisar. Poesía Estéreo parece un espacio interesante para darse una vuelta cada tanto: una propuesta sabrosa, en fin, para habitar un rato.