Pregunten, que dolor sobra

Francisco Núñez fue el sábado 20 al evento #YoYLaYuta de NosDigital, en MU. Punto de encuentro, a contar su historia: a su hermano lo mató la policía y a él le armaron una causa para que su familia se callara y dejara de investigar. Estuvo preso y fue torturado física y psicológicamente. Aún así, se animó a una entrevista abierta con 50 personas. 

Como todavía le duele, cuando se le hizo la entrevista abierta, dejó que su papá, Omar, contestara las preguntas del público. Cuando veía que Omar se olvidaba algo, lo tocaba y se lo recordaba. Todos los invitados ya habían recibido un volante introductorio:

A DIEGO LO MATÓ LA POLICÍA. A SU HERMANO LE ARMÓ UNA CAUSA JUDICIAL PARA CALLAR A LA FAMILIA

 Diego Núñez murió fusilado por Pablo Alberto Carmona el 19 de abril de 2012, un policía de la Federal, en el barrio de Caballito. La versión oficial trató de hacer creer que Carmona le dio un solo tiro. Tenía cinco. Dos en la cabeza, de arriba hacia abajo, de adelante hacia atrás. El cuerpo estuvo desaparecido dos días, porque no usaron el celular de Diego para llamar, ni tampoco le tomaron las huellas.

Cuando su familia empezó a pedir justicia, le armaron una causa judicial por homicidio al hermano de Diego, Francisco. Lo acusaron de querer fugarse, cuando no sabía que tenía orden de detención en su contra. Preso, lo torturaron física y psíquicamente. 

Pese a que la causa de Diego quedó rezagada, Francisco salió en libertad después de un juicio en el que nada se podía probar en su contra.

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Francisco estaba en silencio y tomaba un agua. No estaba incómodo, pero no iba a hablar. Escuchaba atentamente cómo su papá, narraba, para unas 50 personas, en el evento #YoylaYuta, el último sábado, organizado por NosDigital, su terrible historia. Cada vez que su viejo hablaba, el living de Mu Punto de Encuentro permanecía en silencio.

Una entrevista abierta, donde preguntan distintas personas del público que se juntó entre mesas, más que dolorosa.

[pregunta un joven de rulitos]

– Omar, ¿cómo empezó esta historia?
– Diego recibió disparos de arriba hacia abajo que le destrozaron los pulmones y el corazón. Les cuento esto para que lo vean en contraposición con lo que dijo esta persona, Pablo Carmona, este hijo de puta. En la parte de arriba de la cabeza, con la deflagración de  los disparos, se le quemó la cara como si le hubiera salpicado aceite caliente de arriba hacia abajo. Lo tengo filmado, no por morbo, sino porque sabiendo que Diego tenía un Nextel nuevo por su cumpleaños, lo encontramos como NN. Había un ocultamiento bárbaro. Todo lo que nos decían era mentira. La forma como lo encontramos es parte del ocultamiento. El Nextel tenía registro como para que se comunicaran con nosotros. No tuvieron intención de avisarle a nadie. A los chicos se los entierra en bolsas negras. Los gendarmes lo encontraron en cuclillas. Aún así ni el juez ni el fiscal pudieron ver que eso fue una ejecución.

(Aunque así leído vaya rápido, cada una de estas palabras a Omar le cuestan y las dice cansadamente)

Tocamos puertas de la justicia. Nos encontramos con el mismo relato. Los gendarmes nos hablaban de enfrentamiento. “No, pero él tenía un arma”, decían. Se la plantaron en la mano derecha, y Diego es zurdo. Mostramos las fotos. Con todas las pruebas en contra, este hombre ni siquiera tuvo una prisión preventiva.

Empezó el acoso, las preguntas: si éramos cartoneros, matrimonio igualitario, buenos, qué éramos. Nos sentíamos humillados. Inclusive, esto lo digo porque tengo a mi hijo afuera de la cárcel, en el Ministerio de Justicia nos preguntaron qué hacían nuestros vecinos.

Yo necesito justicia por mi hijo, no ser buchón.

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[pregunta un joven de anteojos]

– ¿Qué les preguntaban?
– Todo lo que pasaba en el vecindario. Era una pibita, por eso no le contesté como debía, pero yo no iba a salir a buchonear porque me mataron a un hijo.

La cosa es que empezamos a ir al Ministerio y, en realidad, no solucionábamos nada. Después volví a ir cuando empezó el acoso con Lucía [la mamá de Diego y Francisco]. La intentaron secuestrar dos veces. Venían a llevársela sin mostrar la chapa, sin orden. “No, del juzgado Nro 6”, contestaban, y punto. Tal es así que estuvieron hablando que sí, que no. Me visto, me tiro en la silla [Omar anda en una silla de ruedas] y salgo para afuera. Les pedí toda la documentación, les dije que a la tercera vez que la vinieran a buscar y ella no fuera podían llevársela. “Más vale que andes bien documentada porque si no, donde te enganche la vas a pasar mal, y cuando se nos ocurra vamos a venir con una orden de allanamiento y te vamos a revolver toda la casa”. Está bien, cuando tengas la orden de allanamiento, vení y revolvé toda la casa.

Después volvieron a venir. “Pero venite hasta el coche así puedo apoyar la carpeta”. Como somos recuperadores urbanos, teníamos una pila de unos 15 palets. “Apoyá ahí”, le dije. Le tomamos la patente al Fiat Siena. Cuando se dieron cuenta de que no iba a poder ser, se fueron. Después vinieron una segunda vez con la misma [historia]. Decían que Lucía tenía una causa por usurpación y por estafa. Pero ella cuando perdió el documento y la requirieron desde Nextel, le pidieron la firma y dijeron que Lucía no tenía nada que ver, que no era ella.

“No vayan solos ni a comprar el pan”, les decía a Lucía y Francisco. Él trabajaba en Puerto Madero. Como es una zona de andar en auto y no hay mucha gente caminando, yo le decía que no me gustaba que laburara ahí.  Mis hijos empezaron a reprocharme que estaba paranoico. Después empezaron a preguntar por Francisco, porque había habido un episodio en su vereda. Estefanía, la pareja de Fran, escuchó que pasaba algo y se preocupó por si había alguno de nosotros ahí. Francisco fue a ver qué pasaba, pero no llegó a salir porque la mujer salió al balcón y vio que no teníamos nada que ver. “Fran, dejá, vení”, le gritó. Entonces Franicsco ni salió. La onda en los conventillos es quedarse adentro. Eso lo sabe la Justicia. Vinieron los bomberos, levantaron a la persona. Después vino el SAME, después Prefectura. Francisco, solo por lo que dijo la mujer, estuvo preso un año y tres meses. Con solo eso. Esa fue la prueba en su contra. Entonces vemos mucha injusticia, mucha impunidad.

[pregunta un señor de 60 años]

– Yo quiero volver al hecho de Diego, qué pasó esos días con Diego desaparecido, como NN.
– Yo hace 21 años que estoy en silla de ruedas. Visito regularmente las guardias de hospitales, entonces tengo muchos conocidos. Cuando pasó lo de Diego, les pedí a un par de amigos que nos averiguaran si Diego estaba en algún hospital. Diego no había llegado a las 8 de la mañana y a las 6 él ya solía estar.

[pregunta una señora de 50 años]

– ¿Y los amigos que salieron corriendo avisaron algo?
– Los amigos tenían miedo de avisar. Después empezaron a aflojarse. Después viene una persona y avisa: “Me parece que Diego, cuando salió con los amigos, tuvo un episodio en Caballito. Me parece que lo lastimaron”. Al no encontrarlo en hospitales, preguntamos en comisarías. En la 24, nos dijeron que iban a hacer averiguación de paradero enseguida. Nos pareció raro, porque debiera pasar así, pero no pasa. Los enfermeros personalmente y el sindicato hicieron una red telefónica, empezaron a llamar a los hospitales y no estaba. Nos dijeron que en el Santojanni había una persona herida que había ingresado a la noche. Mi hermano fue, pero no era Diego.

Ahí me di cuenta que lo había matado la Policía. Diego ya había votado, entonces estaba empadronado. La Policía no se había interesado en buscar. Había unas ganas de ocultar, había involucramiento. El 21 a la mañana lo encontramos gracias a que este sargento de la morgue de la Ciudad tuvo la gentileza de fijarse.

A Diego le decían esto no, aquello no. Por ahí me tenía como un padre castrador y por ahí murió diciendo “Tenía razón mi viejo”. Le decía “No matarás”, porque después es muy difícil limpiarse.

Para que no pierda esa virtud de pibe, le reprochaba que no hiciera ciertas cosas. El alma no se limpia con un pañuelo. Lo quería salvar de eso.

Cuando se peleaba con los pibes, siempre ganaba. Cuando los amigos estaban en problemas, “vení Dieguito”. “Dieguito” le decían por esa cuestión: tenía un metro ochenta y noventa kilos. En el fondo él era un pibe muy inocente.

Cuando lo encontramos, la discusión con los gendarmes era que le tenían que hacer el pedido al juez. Cuando lo hacen, le decían Diego Ariel. Como seguramente les faltaba tiempo para seguir ocultando cosas, no lo pudimos retirar a la mañana. El juez a la tarde se volvió a equivocar. Firmó un acta que decía que el cuerpo no se podía cremar y tenía que quedar bien definido dónde se iba a enterrar. Nosotros somos católicos, no lo íbamos a cremar.

“¿Cómo no lo identificaron?”, le preguntamos. “Porque tenía mucha tinta en las manos”. Nunca tuvo, ni mucha ni poca. Nunca tuvo tinta. Hoy con la tecnología, y estando empadronado, hubiera dado quién era. Todo eso decía que seguían ocultando. Después, con esa discusión, fuimos a la morgue. Llevamos una cámara. Lo filmamos. Casi nos meten presos por filmar. “No, acá no se puede filmar”. Ya habíamos filmado. Después, otro apriete. La casa velatoria nos decía que lo teníamos que velar a cajón cerrado.

“¿Encontraron una enfermedad gravísima? ¿Tuberculosis? Te voy a explicar. Nosotros consideramos que un cuerpo congelado aguanta suficiente para velarlo a cajón abierto”, le dije. El juez me importaba tres carajos. Lo sacamos de la bolsa negra, le compramos y pagamos la mortaja. Hicimos el velorio.

[pregunta un joven de 25]

– ¿Cuándo fue la primera vez que vieron el cuerpo?
– En la morgue, porque abrieron la bolsa de plástico en la que estaba y me lo mostraron. Diego no tenía ninguna mancha de tinta en las manos.

Después todo el tema de la autopsia, pareciera que la hubieran hecho con un cuchillo sierrita, porque estaba todo rasgado, como si lo hiciera alguien macabro.

El 22 de abril, día de mi cumpleaños, tuvimos el entierro de Diego [llora]. El mes de abril es el de más cumpleaños de la familia…

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Seguimos, se involucran organizaciones sociales: el bachillerato La Pulpería, donde asistía Diego. Dentro de las discusiones que teníamos, lo primero que discutimos es que decía que yo iba a trabajar con la política. Así como me ven, a Néstor Kirchner le llevé una carta a la Casa Rosada porque creía en construir el país de la forma más pacífica posible. Entonces le decía a las organizaciones que para darle visibilidad al caso, se tenía que ver desde el sentimiento familiar y desde la política. Para que no pasaran otros casos y darle algo positivo. Para que empecemos a cambiar la realidad, porque hay una… Por más que digamos que somos todos iguales, la realidad dice que hay mucha desigualdad en los barrios. Los pibes sufren mucho maltrato por el solo hecho de ser pibes, ser rebeldes. Todo eso lo puse sobre la mesa. Trabajamos en busca de la verdad y la justicia para encontrar algo positivo.

Lo que costó mucho fue la discusión sobre el tema de que lo nuestro trasciende a la bandería y el partidismo. Es trascendental para nosotros. A partir de ahí, lucha, lucha, lucha. El primer mes, fuimos un montón de organizaciones y nos juntamos en la Corte Suprema pidiendo que se derogara la absolución.

[Levanta el vaso de agua, que tiembla poco] Yo estoy nervioso en este momento, pero tomo agua tranquilo. El abogado de Carmona temblaba. [Agita el vaso] Llegaba un momento en que agarraba el vaso con dos manos. Fue la primera vez que vi un testigo falso. Logramos la no absolución de este tipo [Pablo Carmona]. La investigación iba para largo.

Cuando Francisco es detenido, hicieron la reconstrucción del hecho. Nosotros de nuevo andamos como pelotudos de aquí para allá. El juez no vio otra cosa: ¿Por qué la justicia tenía tanto interés en que a Francisco le pasara algo? El sufrimiento, cosa que nosotros anduviéramos preocupados por él. Un miércoles, le dije a Francisco que no se le ocurriera levantar el resguardo físico. Se lo decía en Lavalle y Talcahuano [Servicio Penitenciario Federal]. Ya sabíamos que nos iban a acusar, pero no pensaba en esto. Lo llevaron, lo empezaron a drogar. “¿Sos boludo? Te dije que no levantaras el resguardo físico”, le dije.

[pregunta un joven bien alto]

– ¿El resguardo físico qué implica?
– Nosotros no estábamos ni enterados de la causa. El resguardo físico es eso. Ante el recurso de amparo, la policía, la justicia no le podía hacer nada por más que fuera un magnicida, que así lo trataban. Entonces, cuando me encuentro con él… Habíamos ido a Devoto. Resulta que no estaba en Devoto, estaba en Ezeiza. Cuando llegamos a Ezeiza encontramos a una persona totalmente golpeada, totalmente ultrajada, totalmente drogada.

No podés dar un diagnóstico psiquiátrico o psicológico si no la conocés no drogada. El psiquiatra dijo que Francisco llegó ahí con una angustia leve. Francisco tenía dos marcas [se señala el cuello] de incitación al suicidio. Tenía puñaladas en los brazos. Tenía acá [se señala la nuca] picana. Conozco las marcas que dejan las picanas. Lo pinchaban con un palo para que subiera y bajara escaleras. Lo estaban picaneando. Estaba todo golpeado. No nos conocía. Decía: “yo no tengo familia”. No quería estar con nosotros porque no nos conocía. En esos primeros 5 días hubo un par de noches que durmió en un patio. Él dice que eran policías los que lo torturaban físicamente. No hubo apremios ilegales, hubo torturas. No un cachetazo… Durante cinco días y cinco noches, [si hacés eso] estás torturando. El juez no vio por qué hubo tanto empecinamiento de la policía en que le pasara algo. Él decía que era Robledo Puch. “Discúlpenme que tuve problemas con 9 mujeres”. Francisco no sabía quién carajo era Robledo Puch. Yo creo que muy pocos acá saben quién es Robledo Puch. [Es un asesino serial, la persona imputada con más delitos graves en la historia de Argentina]

Ahí conoció a un pibe, [José Luis] Orellana, que estaba pronto a salir, pero hicieron que se ahorcara. Felizmente íbamos todos los días a pelear que no lo drogaran. Por eso Francisco pudo ir, descolgarlo y reanimarlo. El pibe revive. Estaba inconsciente. Francisco también fue inconsciente. Si el pibe llegaba a estar muerto, olvídate. [Lo hubieran incriminado a Francisco]

Le volvió a pasar lo mismo en Marcos Paz, pero otro pibe se ahorcó y murió.

Diego también estaba de joda frente de casa y cuando se prendió fuego el banco de Alte. Brown y Suárez, rompieron la ventana y entraron. Al único sobreviviente de la familia lo rescató Diego. Los pibes querían sacar más gente y la policía y los bomberos no los dejaron. Con gorra o sin gorra, drogados o no, los pibes eso fueron los que los sacaron. Esos.

[pregunta una joven de 20 años]

– ¿Cómo fue que salió Francisco?
– Sale absuelto.

[Le pide a Lucía, su mujer, el papel que lo acredita y lo lee]

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[pregunta un joven que toma un café con leche]

– ¿La causa de Diego terminó?
– No.

– ¿No hubo fallo?
– No. Ni siquiera con todas las pruebas en su contra. En la reconstrucciónd el hecho, Diego anteponía su brazo izquierdo en forma de defensa. Y tenía roturas en la ropa y lastimaduras en la piel por los disparos en corta distancia.

[pregunta un joven de barba roja]

– ¿Cómo recordás, Francisco, esos días en la cárcel?
– [Habla Francisco por primera vez] Es bastante difícil acordarse. Es triste.

– ¿Y la situación en que vos estabas dopado, recordás algo?
– Algo. No mucho. Estuve muchos días sin saber quién era y sin poder caminar, por los golpes.

 

Le agradecemos a Francisco, invitamos a los lectores a que repliquen la historia y la Familia Núñez se pone a hablar con un integrante de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre.

Aplausos. 

Vos sos Robledo Puch

A Diego Nuñez lo fusiló un policía de cinco tiros en Caballito. La familia salió a pedir justicia y denunciar el gatillo fácil. Meses después, a su hermano Francisco lo detuvieron por una causa que su padre asegura que fue armada. Dentro de la cárcel lo drogaron, le hicieron creer que era el famoso joven asesino serial, y le dieron una soga.

Omar, el padre

Desde que mataron a nuestro hijo Diego sabíamos que se iban a dar un montón de circunstancias para afectarnos. Porque salimos a buscarlo. Porque luchamos por justicia. Por eso digo que hubo mucho esmero en que la causa de Francisco, mi otro hijo, fuera una causa grave: homicidio. Porque está armada para hostigarnos, investigarnos de forma encubierta, privando las garantías: nos intervinieron los mails, nos pincharon los teléfonos, Facebook.

Removieron causas viejas de Lucía, mi esposa. Violaron mi libertad y mis derechos con la excusa de la fuga de Francisco, que nunca existió – esa es otra historia tan urgente como ésta-. A la vista de todos me acompañaba a las parillas en la cancha de Boca y a otros eventos. La misma policía, estando él detenido en la Unidad 28 de Lavalle y Talcahuano, le pedía por favor que tuviera ahí resguardo físico hasta que el juez se expida con sobreseimiento o prisión preventiva.

A la noche, cuando tomó agua, se sintió como borracho, dopado. Tomó más agua y se sintió peor. Un oficial se acercó a decirle que se sacara el resguardo físico. Hasta que en un momento dado, Francisco ya muy decaído, le dijo que no iba a tomar eso.

-Ahora ya está, ya estás en las ligas mayores.

Ahora, su historia es presente.

gatillo facil

Robledo Puch

Cuando Francisco llegó a Devoto, la policía le dijo que estaba ahí por haber violado a un pibe, cuando la causa nunca fue esa. Ahí le empiezan a pasar estas cosas.

Está tres días drogado, dopado, no sabe dónde está, sufre apremios ilegales, físicos y hostigamiento psicológico. Lo insultan, le hacen creer que es huérfano, que no tiene padre ni madre, que debe matarse.

Le hacen creer que es Robledo Puch, uno de los primeros pibes riquillos que salían a robar y hacer maldades en Zona Norte; Robledo no era mayor de edad y ya era un asesino en serie con más de 10 asesinatos terribles; cuando lo agarraron, fue a parar a la Unidad de Olmos, donde lo violaron reiteradas veces; hoy sigue preso pero en Sierra Chica, Córdoba, en un penal para homosexuales.

Aunque él no conocía esa historia, la cuenta con mucha precisión.

Le empiezan a decir que él mismo había violado mujeres.

Suicidarlo

A los dos o tres días lo pasean de lugar en lugar. Lo maltratan los policías, los antichorros de ahí, los antinosequé, los presos de Devoto.

-Vos sabés lo que tenés que hacer. Te tenés que matar.

Después de tener problemas de acoso, de abuso, vienen y le repiten:

-Vos tenés que matarte.

Y le alcanzan una soga. Francisco pide disculpas. No se acuerda de haber matado ni violado a nadie.

-Sí, pibe.

El pozo y el péndulo

Ese 6 de junio cuando él entra a Devoto, supuestamente toma la soga. Él no se acuerda de eso. Tiene muchas lagunas. Se intenta suicidar. Se estaba muriendo ahogado. Corta la soga.

Vuelven (ellos). Lo incitan a que lo haga bien. La próxima vez que abre los ojos, se ve convulsionando, le temblaba todo el cuerpo. Empieza a sentir mucha hambre y sed.

-No voy a poder salir vivo.

(Se habla hasta convencerse de comer su propia mierda y tomar su meo. No tiene nada para comer, pese a que le habíamos llevado comida y abrigo que tampoco le llegó).

-Voy a vender cara mi muerte.

Cuando entran unos policías, ya no sabe cuántos, empieza a defenderse. En algún momento son cinco. No les pega, los empuja contra las rejas, contra las paredes. Llegan más policías. Al que hace de punta lo zamarrea contra la pared y cae sin aire. Se acuerda de sus pensamientos: no tenía que pegar. Desiste. Ahí no se acuerda más.

Los médicos

El domingo siguiente vamos a verlo a Devoto. No está. Vamos a Ezeiza. Nos encontramos con un pibe todo babeante, totalmente drogado. Los médicos el Ministerio de Justicia dicen que le están haciendo un tratamiento. Aparece en Ezeiza, en el HPC 20, desnudo.

Post

Hoy está bajo tratamiento psicológico en la unidad penitenciaria de Ezeiza, en el ala con trastornos leves.

La historia del asesinato de Diego Nuñez, hermano de Francisco: http://www.nosdigital.com.ar/2013/07/mi-viejo-supo-que-me-mataron/

gatillo facilFotos: NosDigital.

Mi viejo supo que me mataron

Diego Nuñez fue fusilado por un policía en el palier de un edificio de Caballito. Le pegaron cinco tiros, aunque procuraron que quedara como que le dieron solo uno. Su papá lo buscó durante dos días hasta que lo encontró en la morgue. Su hermano está detenido por una causa que, según la familia, está armada. Denuncian torturas físicas y psicológicas para callarlos.

Estaban en El Campito, de La Boca, los de la Kiki Lezcano, los del Bachi La Pulpería, donde yo estudiaba, los del Partido Obrero, los de la Asociación Civil Miguel Bru… Iban a hacer una radio abierta para difundir que a mí me mataron mal y llegó la prefectura. Cuchá:

-¿El permiso para pasar música y vender comida?
-Vos sos profesional de tu laburo. No te tengo que decir lo que provoca la saturación en algunos momentos. Si vos saturás de fuerzas policiales en un momento de dolor tratando de difundir una causa que es una injusticia, lo único que provocás es más bronca. Tu compañero dijo: “Si no tenés nada que ocultar”. Acá no hay nada que ocultar. No hay que sospechar del pueblo.

-Semejante despliegue…

-Siempre llevamos cuatro patrulleros

-Ser pobre no puede ser delito

-¿Le decís que hable con el Ministerio de Seguridad? Estamos haciendo una actividad por la muerte de Diego Núñez”:…

-Los días de partido nadie vigila a los que venden chori. Está todo lleno hasta la cancha.

-Los días de partido depende de la Policía Federal.

-Vos no tocás nada.

-Van en camino.

-Ya está, Gabriel.

Imagen: NosDigital

-¿Usted es el responsable? Dígame su nombre
-Francisco Omar Núñez, padre de Diego Nicolás Núñez, joven asesinado por el policía Pablo Alberto Carmona, de la Federal, el día de su cumpleaños en el barrio de Caballito. Argentino. 48 años el día que sepulté a mi hijo.
Se tuvieron que ir. Había bastante gente y varias cámaras. Y se comieron la respuesta.

Aquel día jugaba Boca. Yo sabía que era un partido fácil. En el fondo quería verlo con mi viejo, pero al día siguiente cumplía 19. Pensé algo así: “Mejor salgo con los pibes. No sé bien qué hacer, a dónde ir. El barrio es un quilombo como siempre que hay partido. Salgo de casa, donde no hay un prefectura hay un cana. A la escuela van solo los profes y algunos grandes que viven cerca, porque la Federal corta todo con vallas y si sos de afuera no llegás, porque otros van a ver el partido. Y yo cumplo años… La dire esta vez me va a aprobar porque le caigo bien, aunque no vaya a todas las asambleas y me pegue unos borradas. Fue”. Y fui.

Salieron para el lado de Caballito. Cuando estaban volviendo, entran al palier de un edificio y, estando ahí, sale un policía de la Federal y los corre arma en mano. Salen corriendo y Diego queda rezagado… y le da 5 tiros. Todos tiros de detención -mortales, tal vez, porque la zona inguinal es muy sangrante-: uno en la pierna, otro en el abdomen, otro en el tórax, y a modo de ejecución, dos en la cabeza –desde arriba hacia abajo, de adelante hacia atrás. La deflagración de los disparos le quema la cara. Eso indica que es ejecución y a muy cerca distancia. Mucha alevosía.

Diego muere instantáneamente.

En el diario El Día, digital, sale que el policía se parapeta detrás de una puerta y le da un solo disparo en el tórax. En realidad, nada fue así. A partir de ahí, nunca nos avisaron. Ese día le habíamos regalado un Nextel nuevo con batería recargada por tres días. No lo usaron. Nunca nos avisaron, nunca le tomaron huellas. Vos, juez Rodolfo Carlos Cresseri , del Juzgado de Instrucción Nro. 40, me dijiste que no lo habían identificado porque tenía mucha tinta en las manos y por eso no había salido. Nosotros lo tenemos filmado desde que lo retiramos de la morgue.

Mi viejo supo que me mataron mal. Lo sospechó siempre. Los conoce. Siempre dice que al pibe que peleaba para que no haya tercerización en los ferrocarriles, lo mataron, que a los que recuperan una fábrica para seguir laburando, los cagan a palos, que la droga, que se fijen bien los corredores: la ruta 14, la ruta 11. Porque lo veo yo, y si lo veo yo, creo que lo ve cualquiera. La tiene clara y te la dice máaas clara. Cuando uno dudaría, él se acerca y te habla más claro y con la posta. Como cuando el juez le preguntó cómo había encontrado mi cuerpo. Después lo tuvo que escuchar.

Lo habíamos estado buscando en comisarías, hospitales, el Centro de Orientación sobre Personas. Cuando vinimos a preguntar si sabían algo en la 24°, nos dijeron que no habláramos con el COP, que ellos iban a hacer una averiguación de paradero. Yo supuse que Diego debía estar en cana. Nos resultó extraño que ellos al toque dijeran de hacer una averiguación de paradero cuando todos saben que eso nunca es así. Te tenés que desangrar frente a una comisaría para que te den bola en estos casos.

Después llamamos al COP. Le describí las zapatillas de Diego, porque eran muy particulares: unas Reebok de cuero blancas con cordones verdes. ¿Y tenía unas bermudas de jean negras y una remera negra? No sé si negra, exactamente negras, pero oscuras sí. ¿Sabés algo? No, no sé nada. Pero me lo estás describiendo. No, no sé nada.

Anduvimos por comisarías de todos lados. Amigos míos del SAME, de guardias de hospitales, recorrieron todas las salas y no encontraron nada. El 20 me fui a acostar porque estaba agotado. Ya hacía dos días que andaba. Me acosté hasta las 14 y fuimos a la morgue porque sospechaba de forma contundente que Diego estaba muerto. Llámese sospecha, llámese intuición…

Fuimos, hablé con un sargento y le hablé de igual a igual. Le dije que buscaba a un pibe con sus características, su ropa. Ellos también conocían el tema de las zapatillas. Todos. Tal es así que cuando la abogada me dice la ropa está, la fue a retirar de la morgue. Sí. Por qué pensás eso? No, por simple deducción. Si todos conocían la ropa, la ropa terminó donde terminó Diego, en la morgue. Sí, es verdad. Gendarmería fue y la retiró para periciar. Cuando hablé con el sargento y le di la descripción y las coordenadas, me contestó que había un pibe joven más o menos con la descripción que fue muerto en un enfrentamiento. Le dije que no dijera eso, que no dijera que fue muerto en un enfrentamiento porque iba a ir preso. A mi hijo lo fusilaron. LO MATARON MAL. Tanto la policía como la política como la jerga como ustedes saben lo que es matar mal o matar bien a una persona. A Diego lo mataron mal. No tenía armas ni nada.

Ya te dije, mi viejo tiene la posta. Los que son unos pelotudos son los de gendarmería. Le dan mal la dirección, los números no coincidían. Mi viejo tiene que andar buscando dónde está gendarmería. Cuando llega, le vuelven a decir que yo morí en un enfrentamiento. Yo lo sé como nadie: mi viejo no se cansa. Vuelta a decirle que no mienta, que iba a terminar preso.

Otros pelotudos son los de la morgue, que me pusieron Ariel Diego Nicolás. Yo soy Diego Nicolás Núñez.
No sé si son pelotudos, si me estaban descansando a mí o lo querían hacer dar vueltas a mi viejo. Seguro que las tres.

Le declaramos que nuestro hijo fue fusilado. Después cambió la carátula de abatido en enfrentamiento a homicidio simple. Yo creo que va a haber otra investigación. Carmona, Pablo Alberto, de la seccional de INTERPOL, que levanta turistas borrachos como aquí levantaría a cualquiera. INTERPOL es una mierda igual que todo. Ahí recibimos la autorización para venir. Cuando llegamos a reconocer el cuerpo, nos volvieron a llamar para declarar dónde lo íbamos a sepultar y nos dijeron que no podíamos sepultarlo. Diego es católico. No lo íbamos a cremar. Filmamos, filmamos, filmamos el cuerpo aunque nos decían que no filmáramos porque “comprometíamos” al tipo de ahí. Tenía toda la cara quemada con salpicaduras de pólvora por el fusilamiento. Dos tiros en la cabeza, en la parte de arriba, hacia abajo, de adelante hacia atrás. La deflagración fue lo que le quemó la cara. Porque hoy las pólvoras ni siquiera humo largan. Esas quemaduras le causaron los disparos por la cercanía del arma. Cuando íbamos a velarlo, de nuevo nos llamó gendarmería para decir que había que tomarle huellas de nuevo para incidencias y antecedentes, cuando Diego tuvo un segundo documento con este nuevo empadronamiento que inmediatamente salen todos los datos. ¿Por qué no se le hizo eso? Diego no tenía nada de tinta en las manos. Nada. Ni mucha, ni poca.

Al otro día, después de boludearnos mal por todos lados, trajimos el cuerpo de Diego a las 16. Lo sacamos de la morgue tipo 17 horas. Por orden del juez teníamos que velarlo con el cajón cerrado. Lo velamos con cajón abierto porque es nuestro derecho.

Me vieron mis conocidos, me van a tener que ver los peritos y me van a ver todos. Carmona está absuelto. Tiene una apelación. No sé cuándo vendrá la devolución del juez. Porque viste que para nuestro lado tardan las devoluciones. Este hijo de puta estuvo en cana menos de 24 horas.

Todo eso indica que hay un gran encubrimiento y corremos en desventaja con este tema porque el juez, así como lo vemos, está fallando a favor del policía aunque sea un homicida. Su argumento es la falta de mérito. Cuando ves la cara de Diego te das cuenta que es un fusilamiento. Las pericias no se hicieron todas. Falta peritar la ropa. O al menos no sabemos si ya lo hicieron porque las devoluciones, ya te digo, no son rápidas. Falta saber a qué distancia fueron los disparos. Y hay más, porque ahora también nos corren con Francisco, nuestro otro hijo. Le armaron una causa y lo están torturando física y psicológicamente. 

Me están volviendo a callar, porque mi hermano va a tener 25 años guardado entre rejas y verdugueado si mi familia se sigue ocupando de mi causa y no de la de él. Mientras tanto, mi asesino sigue libre.

La asociación civil Miguel Bru y la abogada nos ayudaron a saber quién era el policía. El que literalmente lo fusiló. Le aclaro, juez, que un policía es por lo que tiene en la cabeza y no por tener una 9 mm o una Cobalt. En este momento estoy rodeado de otros casos que nos acompañan. Hay muchas muertes de jóvenes en democracia o dedocracia. Solamente policía y nada de trabajo social no es la solución a la inseguridad. Les están quitando inclusive la posibilidad de vivir a los pibes. Todo el poder político nos está bombardeando y matando a los pibes. Y ellos lo saben.