Espacio para la memoria

Por La chica que corre el bondi.

-Bienvenidos al espacio para la memoria, ex ESMA. La idea de la visita es que se pueda construir entre todos. Cuando quieran me paran, preguntan, comentan. Esta bueno que sea dinámico. Vamos a visitar el Casino de Oficiales que funcionó como centro clandestino durante la última dictadura cívico-militar.

Se estima que pasaron 5000 personas, hay 200 sobrevivientes.

 

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Los números tomaron el ambiente. Se hicieron protagonistas. La historia se figuró al ritmo de los pasos que transitaban el recorrido. Imágenes se sucedieron como evidencia de una memoria colectiva que construye identidad de a pares. La chica con la remera que decía “Para todos nada, para todos todo”, apretó los dientes cuando el único nene del grupo preguntó: Pa, ¿dónde están los cuerpos?

Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

Estaban ahí, poniendo voz a bloques de cemento silenciados. Estaban con nosotros recreando el momento. La visita se convirtió en disparador de imágenes, que quizás, así sucedieron.

Todo el resto ENMUDECIÓ, se escribe desde los pies.

 

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Algún día, de algún mes, de algún año entre 1976 y 1983.

Av. Libertador 8100, Ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires.

Escuela de Mecánica de la Armada.

Medianoche.

Garage ESMA
Garage ESMA

 

Un Ford frena frente a la garita verde de seguridad. La cadena que cruza la calle interna impide el paso. El hombre en el asiento de acompañante baja la ventanilla, lleva casco sostenido a su cara por debajo de la pera, bigote prolijamente recortado, uniforme que termina dentro de las botas de caña más alta que los tobillos y un arma en el cinturón. Con tono marcial repite de memoria una jugada de ajedrez y queda en silencio. La cadena choca contra el asfalto marcado de tantas veces recibirla, el auto se pone en marcha, pasa sobre ella, la ventanilla se cierra.

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 –Los autos hacían este recorrido. Todos estos datos los tenemos por los sobrevivientes. Después de pasar por la garita los entraban al Casino de Oficiales. Aclaremos que casino significa casa. Acá dormían oficiales. 

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En la puerta trasera del casino frena el auto. El hombre sentado en el asiento de acompañante baja, no sólo tiene un arma en su cinturón, del otro costado le cuelga un palo de goma. Abre el baúl y a empujones y dalehijadeputasalídeahí saca a una chica. No se le ve la cara, está encapuchada, se le ven las esposas en las manos, apretadas contra la espalda, y en los tobillos, descubiertos por una pollera que le llega a las rodillas. Está descalza y cuando la entran al hall del edificio el frio que sube desde los pies le encoje los hombros.

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-Es este hall también funcionaba la central de inteligencia donde confeccionaban los legajos de cada detenido, con foto, datos personales, de las organizaciones a las que pertenecían. Eran tratados como casos. ¿Notaron el frío que hace acá adentro?

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La piba camina obligada cruzando el hall. De ahí escaleras la llevan directo a un sótano. Un cartel en la puerta anuncia que se trata del sector 4. Sigue sin ver, no sabe que está caminando por el “pasillo de la felicidad” que la lleva directo y sin escalas a la tortura. A sus costados otros compañeros encapuchados, esposados, amontonados, una imprenta, taller audiovisual, un baño, algunas camas con oficiales, otras varias salas de tortura, no se puede ver nada más, conectaron algo que hizo saltar la luz. El espacio, impresionantemente chico para entrar tanto dolor, queda a oscuras.

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-Acá les decían que les iban a inyectar vitaminas, para que estén fuertes y mandarlos a la cárcel a afrontar un juicio. En realidad, lo que sabemos por sobrevivientes, es que se les inyectaba pentotal que los adormecía, los llevaban a aeroparque y aún vivos los arrojaban al mar. Si no, después de la tortura eran llevados al tercer piso. Ahí funcionaba Capucha y Capuchita.    

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La radio está prendida. Suena a todo volumen, ininterrumpidamente, del Plata. La luz está prendida, también ininterrumpidamente. Esto debe ser lo más cercano al infierno, susurra alguien. Pero nadie lo llega a escuchar. Están todos encapuchados dentro de sus cajas de maderas que no superan los 75cm de ancho x 2mts de largo. Las cabezas apuntan al pasillo dónde los oficiales caminan y los pies, inamovibles, pesan con una bola de cañón enganchada a los tobillos.

Desaparecidos de la última dictadura cívico militar
Desaparecidos de la última dictadura cívico militar

Desde la punta de la L, la forma que tiene Capucha, se escuchan botas avanzar. Sacaron a un pibe de su cajón. Lo empujan a la puerta en el extremo opuesto del lugar. Lo suben por una escalera que lleva al altillo. Lo vuelven a acostar, esta vez, en Capuchita.

No hay una lógica que diga quién sube y quién baja, no parece haberla, pero Capucha está colmado de cuerpos acostados. Capuchita es más chico y en el centro del cuadrado tiene el tanque de agua del edificio. No suena la radio, suena el agua que se mueve, todo el tiempo. El frio se siente más, no hay ventanas, la luz también está prendida pero nadie ve. Siempre, las capuchas ennegreciendo todo.

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-En Capucha y en Capuchita también estaban las embarazadas, creemos que hasta el octavo mes recibían el mismo trato. Si aun así lograban continuar con el embarazo las llevaban a maternidad, esta acá también en el tercer piso. El que se llevaba los bebas le decían Pedro Bolita.

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Sol y sombra
Sol y sombra

Se escucha un llanto, un llanto gritando que hay vida ahí dentro. Un bebe acaba de nacer en el tercer piso. Dos compañeras ayudan a la madre. Terminó de dar a luz hace minutos, pero está obligada a limpiar el lugar. Termina y no parece sentir todo ese dolor, le dicen que el bebe va a ser entregado a su familia. Un oficial trae una lapicera, arranca una hoja de un cuaderno y la madre escribe. Quiere que su hijo se llame Marco, le pide a su familia que lo cuiden.

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-Después de dar a luz, en general, la madre era enviada en el próximo traslado. En este piso había dos espacios más funcionando: El Pañol, un depósito con todas las cosas robadas de las casas de los detenidos, y La Pecera donde se hacía trabajo esclavo.

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Pedro Bolita baja más de 60 escalones hasta llegar al hall de entrada. Un oficial también baja los más de 60 escalones, junto a una mujer esposada y encapuchada siguen bajando, llegan al sótano, entran a la enfermería, la inyectan, ella se queda dormida. Pedro Bolita lleva un bebe en brazos, está envuelto en una manta celeste. Sale del Casino y sube a un auto. Marco, que aun no se sabe Marco, se aleja. Es pleno invierno, pero el sol le gana al frío. La vida, siempre ganando.

 

“Es complicado encontrar la humanidad de cada historia”

Marina Glezer es actriz, de treintipico, nacida en Brasil en tiempos de exilio. Comprometida en la lucha por el aborto legal, encontró en la actuación su espacio de militancia. Pero hay algo aún más primario: “No hay nada que me importe más que los vínculos reales, el amor. Ese es mi compromiso, en el trabajo como en la vida”.

Marina Glezer está de entre casa, relajada, con cara de sueño, porque está filmando a la noche y durmiendo poco. El hijo – no más de nueve años – está con una amiguita, que Marina dice que es la novia, pero enseguida se sonríe y aclara que, en realidad, el hijo quiere que sea la novia, y se vuelve a sonreír mirándolos mientras los chiquilines se ríen y se tiran a la pileta una y otra vez. Así avanza el tiempo y la conversación, entre chapuzones, pedidos de antiparras y un cálido mediodía que da a entender que todo está bien. Habla bajito, se ríe en detalle, su cara es recontramil expresiva sin siquiera mover una línea. Es que ahí hay algo especial, una sensibilidad: cada palabra tiene su emoción, su gesto. Así, el género de la entrevista parece un tanto ridículo y todo aquello no es más que un genuino interés por saber quién está enfrente, porque da la sensación que es valioso, incluso un placer, para miles de otros.

Ella, para los que no la conocen, es actriz. Pero no es de las que salen seguido en la tele ni en los prime time, aunque si buscan un poco también le van a encontrar trabajos ahí. Pero, en esencia, ella es de otros lugares, más oscuros, más necesarios. Es, por ejemplo, La Pelu, de la peli “El Polaquito”, que pueden ver en youtube si quieren y lo van a agradecer: una de esas historias necesarias, que habla del regenteo de pibes que piden guita en la calle y en las estaciones, de la trata, de la cana, del aborto y, en definitiva, de la vida que tienen que pasar los pibes que son pobres y están solos con su alma contra el mundo.

Marina Glezer.
Marina Glezer.

Nació en Brasil y eso puede resultar extraño. “Yo soy argentina, igual”, dice como aclarando algo obvio. “Brasil fue una circunstancia”. Fue en San Pablo, en 1980. A los tres años, sus padres, argentinos, decidieron volver. Cierran las cuentas. Falta preguntar y conocer para empezar a desandar a Marina Glezer.

– Volviste al país en 1983, con la democracia, ¿se puede deducir de ahí por qué naciste en Brasil?

– Exacto. Nací en Brasil por una causalidad: mis viejos estaban exiliados. Vivieron 8 años en San Pablo. Se fueron porque mi papá era parte del brazo político de Montoneros, mi mamá estudiaba cine y le cerraron la facultad, desapareció un amigo muy cercano a ellos, que era el Bebe Dalessio. Y bueno, por esa desaparición fueron buscados, le dieron vuelta la casa y mi vieja estaba embarazada de ocho meses de mi hermana mayor, Luciana. Primero se fueron a Uruguay, donde nació ella, estuvieron un mes en Montevideo y se fueron a San Pablo. En Montevideo no estaban seguros tampoco, y en San Pablo se armó como una comunidad de exiliados. Fueron años, paradójicamente, de mucha felicidad, de mucho bienestar y buen pasar económico,  compartiendo hogar con cierta alcurnia intelectual exiliada de Argentina – el hermano del Bebe, Alfredo Dalessio, María Brown, León Ferrari y Alicia, su mujer -. Pero al volver, en el 83, fue muy fuerte, porque llegaron a la realidad, y acá mis viejos se separaron y la vida no les fue tan fácil. Lo único que recuerdo de toda la familia junta son esos primeros años en San Pablo.

– ¿Qué te acordás?

– Me acuerdo de estar con mucha gente, viviendo de a muchos, en el departamento de la placita, me acuerdo de un puente, de los sabores de la comida, los gustos. Fui volviendo varias veces, necesitaba mucho ver la casa donde había nacido, necesitaba recuperar algo de lo vivido allí. Tampoco tenía recuerdo material, porque se nos perdió todo, necesitaba recomponer algo de esa identidad primaria. Fue una ruptura muy fuerte volver al país, devastado después de años de dictadura. Un contraste inmenso: de lo que fue un exilio maravilloso a volver a un país donde faltaban 30 mil.

– Qué contradicción lo del “exilio maravilloso”, ¿no?

– Claro, es una paradoja muy loca, pero en definitiva supongo que es la única manera de sobrevivir a tanta desgracia. No puedo dejar de pensar ni un minuto lo que hubiera sido vivir acá en esos momentos. Para empezar hubiera estado desaparecida, no tengas dudas. Por cuestionadora, por petardista, por metebomba, a nivel verbal, no necesariamente de facto. Mis viejos tampoco tenían una militancia política a ese nivel, no eran guerrilleros. Eran intelectuales de izquierda que militaban en el contexto, como yo ahora: No estoy afiliada a ninguna agrupación, pero desde mi lugar, desde mi trabajo, milito y apoyo a los que sí las tienen y con los que me siento identificada.

– Decís que militás desde tu trabajo, sin embargo alguna vez dijiste que buscarle un fin ideológico a todos tus papeles es uno de tus mayores defectos.

– Es un problema. Trabajo siempre al servicio de directores que quieren contar sus historias. En cine sobre todo, actúo para que el trabajo de todo un equipo se note bien. Pongo el cuerpo al servicio. Pero no todas las historias tienen detrás un fin ideológico. Es mi mayor defecto, porque no siempre las historias comulgan con la igualdad de derechos, la posición más equitativa, más justa, de ser mejores personas. Es muy complicado encontrar la parte más humana a las historias, su humanidad.

– Eso más que un defecto parece una conciencia crítica…

– Es defecto porque me encuentro cuestionando constantemente. Realmente siento que las historias tienen una cuota de machismo, ideología política de verdad absoluta. Estar en un lugar tan crítico no me permite jugar el juego. Eso no les gusta a las personas, les gusta que las cosas sean más piramidales. Me cuesta encontrar algo con lo que me sienta cómoda en ese sentido.

– ¿Esto te hacer decir mucho que no?

– No, muy por el contrario. En estos momentos no soy una actriz selectiva, siempre peleé mucho por los trabajos que hice, fui en busca. No es que me salen miles de ofertas y elijo. La tele se me resiste y yo me resisto a la tele. Después en el cine y en el teatro, a veces me tensa defender todo el tiempo la posición de tener una responsabilidad como actriz. Me parece que hay que relajar, ponerse al servicio de lo que se quiera contar: no soy más que un conducto, como letras, que salen despedidas de una historia. Hay veces que las historias se tratan solo de algo personal del director, autorreferencial, que no transforma y que queda ahí. Buscarle una idea a algo que no la tiene, que solo tiene fin comercial, no tiene sentido. No todo tiene un mensaje ni un criterio estético que tenga que ver con la transformación colectiva y social, y uno tiene que trabajar como cualquier mortal.

Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

– ¿Es como ser un bicho raro ser una de las denominadas “actriz comprometida”?

– Yo no soy una actriz comprometida, soy una persona comprometida: cuido a mis amigos, hijos, marido y la gente que quiero con un nivel de apasionamiento y afectuosidad y crudeza muy honesta, y a mi trabajo también. Ese es mi compromiso en la vida, no hay nada que me importe más que los vínculos reales, el amor, en el trabajo como en la vida. En términos absolutos lo único que me importa es vincularme con las personas, y me cuesta mucho desvincularme cuando elegí quererlas. Soy un peón de obra en construcción: todo aporta a que eso se transforme. Es lo que siento cada vez que me pregunto cómo llegué hasta acá: 34 años,16 años de casada, dos hijos, 16 películas. Cómo sostengo esto… Tomo decisiones y por eso soy feliz, pero también pesa, porque el trabajo es constante, no descansás nunca.

– ¿Te planteas mucho el “que hubiera pasado si”…?

– Me re pasaba. Pero ahora se me fue un poco, conviviendo con hijos varones. Los hombres son personas muy divinas y muy lineales, y las mujeres somos muy hermosas y muy vacilantes, y el péndulo se me instaló en un registro mucho más cortito, sigo siendo oscilante, pendular, pero veo la vida de una manera más lineal también, si no, no hubiera sido posible convivir con ellos.

Justo cuando dice esto, se acerca a saludar su marido, Germán Palacios, actor también, protagonista, entre otros laburos, de la mítica serie “Tumberos”, a la que trilladamente hace referencia quien le hace las preguntas a Marina al momento de presentarse. Él devuelve con buena onda y Marina le exige en complicidad: “Trae plata, Parodi”. El más chiquito tiene cuatro, cuenta Marina, y ahora está en un taller de cocina. Vuelve a mirar para el lado de la pileta y con felicidad en la cara dice: “Le re gusta”, mientras el hijo sigue chapoteando con su amiga del cole.

– Entonces, que vos seas denominada como una actriz comprometida es más un defecto ajeno que una virtud propia…

– Claro, no creo que sea una cualidad ni una virtud. Soy una persona informada, nada más, con valores y comprometida con los vínculos de la vida. Leo el diario, camino la calle, hablo con los vecinos. Por ejemplo, que yo sepa qué le pasó a Luciano Arruga no es porque sea una actriz comprometida. Es porque escucho al periodista Julio Leiva, que está en el tema desde el minuto cero.

– ¿Y qué opinión te formaste sobre su muerte?

– El problema sigue siendo la policía y su lógica persecutoria hacia los pobres. Es terrible. Hay que denunciarlo y acercarse para ver cómo se puede cambiar.Y la verdad, qué hermana se echó Arruga. Esa es una mina que te corre el eje: qué importo yo si hay personas como Vanesa Orieta.  Jamás perdería ese registro, por más fama que pueda llegar a tener. Ese es el compromiso: el actor que no deja de ser persona, que no se vende.

– ¿De dónde baja el mensaje de la frivolidad?

– Y, mirá, los responsables de mi fuente de trabajo suelen decir que los actores no deberían hablar de política, expresar sus ideas, y yo digo, que a mí, que comunico, me interesa mucho la opinión pública, me interesa saber lo que piensa el artista que me gusta seguir. Yo no me voy a callar la boca porque la fuente de trabajo lo diga. Nos quieren más quietitos, pero yo apuesto y creo que eso algún día va a cambiar. La idea también es no bardear al pedo, eso lo aprendí con los años. Yo tenía como un estigma de “quilombo al pedo”, y lo vas aprendiendo a cambiar y apaciguar. Si estoy trabajando para determinado medio no voy a salir a matarlo porque sí, pero no voy a dejar de opinar de las cosas que siento y pienso. Si hay algo que me pone contenta en la vida es que lo que digo, lo que hago, lo que pienso y lo que siento, vayan de la mano.

– A todo esto, Marina, ¿para qué sirve el arte?

– El arte es una parte fundamental de la vida. Es muy canalizador: hacerlo, verlo, consumirlo. Estar cerca de gente que puede expresarse es maravilloso, me pasa con la música, con un buen libro. Lo que pasa es que el arte tiene la fuerza de correrte el eje. Sin eso sería todo muy aburrido.

– ¿Algo te puede correr el eje para mal?

– Hay gente que no le gusta que la cambien de lugar, que nunca se descubren los hombros, ni en invierno ni en verano. En algún punto me da ternura la persona que niega y evita ese tipo de arte. Es porque sabe que si lo ve, se la cree. El teatro es transformador, es lo más lindo. La incomodidad también es hermosa, replantearse por qué te ponés tan incómodo puede llegar a destapar traumas muy primarios. Yo creo que nunca se te puede correr el eje para mal, de todos modos no soy de moralizar: las cosas son.

– ¿Dirías que el mundo es un drama o una comedia?

– Siento que se trata del lugar desde el que lo mires: el mundo es las dos cosas. Es una comedia dramática, si querés, depende del lugar. Lo cierto es que a mí me cuesta verle el lado cómico. No es que coma pensando en los famélicos ni en los pibes de la calle, pero no me olvido nunca de eso. Y me cuesta vivir sin pensar ellos y sabiendo que podría haber un mundo más justo, que no está en mí, que soy una ínfima partícula de vacío en una atmósfera infinita, pero si pasara por todos, sería distinto. No hablo de caridad, hablo de política.

Marina, una mujer que respira paz, estuvo últimamente en las portadas de los medios empresariales y masivos porque decidió el 4 de noviembre de 2014 contar que a los 18 años había abortado. Escribió una carta pública titulada “Yo aborté” y la publicó en sus cuentas de Facebook y Twitter. Ya lo había contado anteriormente en diferentes entrevistas, y no generó la repercusión que ahora sí. Siempre valiente, lo hizo con detalles, abriendo el corazón y, claro, exponiéndose a la crueldad psicomediática.

En el 2003, cinco años después de haber abortado, casi diez años antes de esta carta, se estrenó “El Polaquito” y Marina hizo, como ya se dijo, de La Pelu: una piba de la calle, raptada por una red de trata, que se prostituye en la estación de Constitución para El Rengo, el tipo que la explota. La Pelu queda embarazada de algún cliente y El Rengo la hace abortar en la villa para que pueda seguir prostituyéndose.

– ¿Qué te significó La Pelu?

– La Pelu es todo en mi vida. Fue poder sacarme el mote de “la mujer de”, y pasar a ser “la mujer del Polaquito”. Nunca creí que me iba a pasar lo que me pasó después de hacerla, realmente fue una experiencia muy heavy. A nivel personal, es un antes y un después.

– La Pelu, en condiciones de muchísima más marginalidad, también atraviesa por la experiencia de un aborto ¿Fue catártico el personaje?

– Totalmente. Hago catarsis todo el tiempo de mis propios dramas, traumas y angustias. Yo tenía que salir a declarar que no era una chica de la calle. Se lo creyeron. Como que había algo de mí que sí era de la calle, y es verdad, en algún punto tengo eso. Fue aprender a vivir esa crudeza, entender desde el lado de la marginalidad. Todavía hoy paso y los pibes, los trapitos, los limpiavidrios, me dicen “¡qué hacés Pelu!”. Esa película le da un marco más heroico a esas historias.

– Cuando te llegó el guión, ¿no dudaste?

– No, para nada. Porque el aborto no es algo solamente que haya vivido yo. Le pasó fácilmente a seis mujeres con las que tengo trato, que se embarazaron, no lo desearon y abortaron.

– ¿Qué te llevó a contarlo de esa manera?

– A mí me encanta escribir y es una de mis maneras de expresarme. Lo hice por algo que recontra repetí ya: tendría que ser un derecho igualitario, es una deuda de la democracia, que todas las mujeres tengan el mismo derecho. Hoy, las pudientes lo hacemos bárbaro y las que no tienen guita se mueren. Es muy concreto y muy real.  Después podemos discutir lo más filosófico, debatir mil horas acerca de la vida y la muerte, pero mientras, que promulguen la ley de interrupción voluntaria del embarazo y que el Estado rija para todas igual. Es clarito.

– Los medios calificaron a tu testimonio de polémico.

– Yo no soy una polémica actriz, yo me rompo el alma para ser actriz. ¿Soy polémica porque aborté? No es polémico, es debatible. Son diferencias muy grandes. Es muy peyorativo el mote de polémico. Fui bastante maltratada, ellos la publicaron, la expusieron y no se hicieron cargo del rebote, de lo que me vino después. En algún punto los like y los unlike les vinieron bárbaro a costa de mi pellejito. Pero no me importa, hay algo de eso que resbala, me rebota. Aprendí a caminar livianito.

– ¿Qué comentarios recibiste?

– Tremendos. Muy crueles. Llegaron a decirme: “Ya que vos mataste a ese bebé los defensores de ese bebé vamos a matar a tus hijos”. Se me estrujan los ovarios de nuevo. De esos, cientos de miles, insultos, agresiones. Ojo, no más que los positivos. Yo creo que si se hace un plebiscito este país promulga la ley. Eso saco de esta última experiencia. De todas maneras, me sorprendió lo que pasó, fue fuerte. La gente que me quiere me banca y eso es lo que me alcanza. No hice nada en contra de nadie.

– ¿Nunca te pesó en tu dolor de aquella situación tener que llevar adelante esta causa?

– No, al contrario. No lo siento como un deber por lo que viví yo. Es un deseo de querer comprometerme con eso y mil cosas más también.Yo promuevo el derecho de igualdad por la interrupción voluntaria del embarazo. Y no me genera dolor, siento que el día que se promulgue, que sé que no está lejos, en el próximo mandato presidencial espero, saldré a festejar. Está cerca. Es una cuestión de tiempo, como el matrimonio igualitario. Todo esto yo lo dije en 2002, en la primera nota que me hizo Clarín. Dije: hay que despenalizar el aborto y la marihuana. Nunca más me hicieron una nota – se ríe-. Y dije lo de la ley de medios también, pero no lo pusieron. Está en Internet.

– ¿Cuáles son las principales barreras hoy?

– No está en la agenda política de los principales mandatarios, ni en la de Cristina ni en la de Mauricio. La Iglesia también es una barrera, tenemos un Papa argentino, es todo muy complicado. La verdad que la Iglesia… qué historia, muy pesada: sigue cargando con muchas muertes a cuestas. Pero es cuestión de tiempo, yo lo voy a ver, voy a ver cómo este país promulga la ley.

Marina bosteza, y se le van cerrando los ojos de a poco, sin nunca perder el ángel, hable de lo que se hable. Ya son como las dos de la tarde, filmó hasta las 5 de la mañana y durmió hasta las 8. Necesita una siesta para volver a filmar a la noche la nueva película de Alejandro Agresti, que protagonizará junto a Alejandro Awada. Además, se va haciendo la hora de almorzar, los chicos tienen hambre, salen de la pileta, tiene que ir a buscar al más chiquito al taller de cocina y ya está bien de preguntas por hoy.

“Si no hay justicia, hay escrache”

Julieta Colomer es una fotógrafa argentina que militaba en H.I.J.O.S y era parte activa de la Mesa de Escraches Popular. Por las imágenes de este mecanismo de pedir justicia, expuso en el Museo Reina Sofía, de Madrid, y participó de charlas sobre la resignificación del espacio público. A su vuelta, invita a la reflexión sobre nuestra historia reciente y la compara con la realidad española.

Para la mayoría de los turistas que llegan a Madrid, el Museo Reina Sofía es lo segundo que se ve de la ciudad. A no ser que te subas a un taxi o a un auto particular para ir hasta donde te alojes en la capital de España, lo más probable es que – hayas viajado en avión o en tren o en colectivo – termines en la estación de trenes de Atocha, en pleno centro madrileño. Enfrente de Atocha está el Reina Sofía, uno de los museos más famosos y modernos de Europa. Allí duerme el Guernica de Picasso –la obra en la que el pintor español ilustra la salvajada de los bombardeos a esa ciudad durante la Guerra Civil – y varias otras joyas de Salvador Dalí y Joan Miró, entre otros. Mientras se recorre el primero de los cuatro pisos del Museo a las apuradas, porque la cita con la piel de gallina para ver el Guernica no se puede posponer demasiado, se pueden encontrar montones de obras seductoras que demoran el encuentro con Pablo Picasso. Exposiciones inesperadas. Por ejemplo: fotografías de los escraches que inventó H.I.J.O.S –Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio- en la década del 90’ para generar condena social en los vecinos de los represores, que sacaban a pasear su impunidad por los barrios mientras los amparaban los indultos, la leyes de Obediencia Debida y el Punto Final y, también, su apariencia de ancianos vecinos. “Si no hay Justicia, hay escrache”, era la consigna.

Negativos positivos.
Negativos positivos.

Las fotos son de Julieta Colomer, una fotógrafa argentina que militaba en H.I.J.O.S y era parte activa de la Mesa de Escraches Popular. “Es groso tener las fotos ahí. Son fotos que han estado en la calle, en centros sociales comunitarios, en predios que tomaron las asambleas post 2001. Han estado en La ideal en Villa Urquiza, en la casa de Cucha Cucha, que fue la casa que tomó la asamblea de La Paternal, en la olla de Callao y Corrientes. Post 2001, en la etapa de los cacerolazos, se había armado una especie de colectivo grande que unió a fotógrafos y documentalistas que se llamaba Argentina Arde. Y ahí hicimos muestras de fotos en la calle”, cuenta Julieta, a su regreso de Madrid, luego de pagarse el pasaje para ver sus fotos colgadas en las paredes del Reina Sofía y participar de distintas charlas. Las fotos estaban ahí porque formaban parte de una de la exposición que armó Marcelo Expósito, un español artista y activista social. A la muestra se la llamó Playgrounds,  porque trataba la resiginficación del espacio público, y se exhibió hasta finales de septiembre pasado. “Las fotografías de Julieta muestran la experiencia de los escraches desde dentro, a diferencia de otras visiones de tipo más periodístico o reportajista, constituyen documentos excepcionales de esa experiencia histórica vista desde su interior”, explica Expósito desde Barcelona.

-¿Cómo eran esos escraches de H.I.J.O.S?

-Los escraches apuntaban a la condena social. Fueron en su mayoría entre el 98’ y el 2006. Se laburaba dos meses en el barrio para construir ese consenso y esa condena social en los vecinos. Tenía diferentes partes. Primero una situación más cerrada, en la que H.I.J.O.S investigaba los legajos que conocía de militares y ahí empezaba la averiguación de si la dirección que figuraba en los legajos era actual. Después de ahí –cuenta Julieta Colomer- se trataba de pensar cómo sacarle la foto, porque lo interesante era hablar con el vecino pero también mostrarle que el tipo al que escrachábamos ya no era un joven, sino que la mayoría de los genocidas ya eran personas mayores, que pasaban como vecinos de tercera edad, y en muchos casos ya no se reconocían porque los legajos de la CONADEP son de hace mucho tiempo. Y al final, una vez que ya estaba el operativo hecho, se invitaba a la gente al domicilio para hacer el escrache al represor.

Los escraches de H.I.J.O.S fueron el instrumento para combatir la impunidad que encontró esta agrupación formada en 1995 por hijos e hijas de las víctimas del Terrorismo de Estado de la última dictadura militar argentina. En la Mesa de Escrache, además de militantes de H.I.J.O.S, había gente que se acercaba por las suyas: grupos de arte callejeros, alumnos de centros de estudiantes de los secundarios, gente del Sindicato de Motoqueros, o asambleístas de los barrios que estaba por pasar o por los que ya había pasado el escrache post 2001. Todo el laburo que le ponían a marcar la casa donde vivía un genocida con su familia, ante la indiferencia y el desconocimiento de la gran mayoría de los vecinos previo a que el escrache pasara por allí, tenía su fruto una vez que dejaban la zona. “Nos enteramos de varias situaciones en las que se tuvieron que mudar después de que pasamos, porque la familia no soportaba la presión de ser marcados. Sobre todo las esposas de los represores. Nos enteramos de algunos que se suicidaron. También hubo algunas reacciones de vecinos que acompañaban. Me acuerdo que en Villa Urquiza hicimos un escrache a un médico y laburamos con un jardín maternal. Al otro día del escrache, desde el jardín fueron y le tiraron pañales todos cagados. Nos encontrábamos ese tipo de reacciones”, cuenta Julieta, comunicadora social y fotógrafa de la Cooperativa La Vaca, para la que también realizó junto con Graciela Daleo, sobreviviente de la ESMA, un noticiero radial quincenal sobre los juicios de lesa humanidad que se están desarrollando en los tribunales federales de todo el país.

Imagen: NosDigital
Imagen: NosDigital

Además de testimoniar con su cámara el momento en que el escrache se hacía carne, o sea cuando se realizaba la movilización de vecinos a la puerta del escrachado, Julieta junto a otros compañeros de la Mesa de Escraches se encargaba de la inteligencia previa para generar ambiente y conciencia en el barrio. Así lo cuenta: “El operativo de sacarle la foto al represor era bastante complicado porque no podía abrirse demasiado. La mesa de escrache era un espacio heterogéneo y esa información la manejaba solamente H.I.J.O.S. Era un momento tenso el de la foto. Hubo uno que nos paranoiqueó mal. Habíamos ido con cinco compañeros en una especie de operativo clandestino que armábamos y ya de por sí era todo muy raro. Vivía en un pasaje muy chiquitito, tuvimos que pasar varias veces para ver cuál era la casa, eso ya nos botoneó un poco. Pero hicimos toda la movida para lograr que el tipo asomara la cabeza a la calle, porque necesitábamos sacarle la foto. Por lo general lo que hacíamos era llevarle una carta disfrazados, la idea era que saliera él, no su mujer ni un hijo ni ningún otro. Y no era fácil. Logramos que este tipo saliera y cuando le estoy por disparar la foto desde adentro de un auto, veo que me sacan una foto a mí desde la casa, de un piso de arriba. Entonces ahí fue como no entender nada. Fue decir dos palabras y subirnos todos al auto y nos fuimos. Mucha paranoia porque no sabíamos cómo se había filtrado. Nos dio miedo. Nunca nos había pasado”. La anécdota sirve para entender el laburo previo que había detrás de esos escraches y para comprobar que eran necesarios no sólo para construir condena social por la memoria de lo que esos genocidas habían hecho 30 años atrás con sus padres, sino porque muchos de los escrachados seguían en actividad. Y con poder. “El escrache ese se hizo dos años después. Fue muy raro porque era a un tipo que seguía en actividad, fue médico, obstetra de la brigada de San Justo, entregó bebes. El tipo nos jodió durante varios meses todo el laburo. Apenas llegábamos al barrio, la Mesa de Esraches hacía un mapa y durante los dos meses previos al escrache organizaba cine debate, charlas, volanteaba las plazas, todo para informar. También escribíamos una carta que la repartíamos por debajo de la puerta a los vecinos, para explicar por qué el escrache, quién era el escrachado en cuestión que vivía en ese barrio. A las pocas semanas el tipo escribió su propia carta, hablando bien de él a sus vecinos y diciendo que nosotros éramos violentos, vengativos. Hicimos pintadas y las encontramos al otro día todas tachadas. Eso fue una pelea en el propio territorio. Y una muestra de que el tipo seguía activo, operando. Hasta el momento uno no se imaginaba eso: que todavía mueve groso, que no es ningún boludo, que tiene su aparato. Para nosotros eran todos viejos que estaban retirados”.

El último escrache de H.I.J.O.S fue hace ocho años, en 2006. “Fue el más difícil que nos tocó hacer: a un comisario que estaba en actividad”, recuerda Julieta. Pero el final no tuvo que ver con eso, sino con el momento histórico que se vivía en la Argentina. En 2003, al asumir Néstor Kirchner, lo primero que hizo fue anular las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. “Fue un paso necesario e importante. La primera vez que un gobierno constitucional daba respuesta al reclamo histórico de los organismos de derechos humanos. Por ese entonces en la Mesa de Escrache se agudizó una discusión que había surgido años antes y que nos interpelaba a pensar qué entendíamos por Justicia. Existía una diferencia muy sutil pero tajante entre la idea de concebir el escrache como herramienta capaz de presionar para lograr el juicio y castigo y había otra idea que lo entendía como una construcción desde abajo y entre los vecinos: la construcción de condena social. A mi modo de ver ambas propuestas podían convivir pero no fue posible llegar a un acuerdo y la discusión terminó con la salida de H.I.J.O.S de la Mesa de Escrache. Esta situación complicó los mecanismos para seguir investigando a los genocidas. Por eso, ya a fines de 2006, se hizo cada vez más difícil la construcción de los escraches”, explica Julieta, de 40 años. Fue ahí cuando los inventores del escrache dejaron de hacer escraches. Una modalidad que replicó rápido en varios puntos de Sudamérica. Y que el año pasado migró a España. Acaso por eso también estuvieron esas fotos colgadas en las paredes del Reina Sofía. “Los escraches han migrado a España en los últimos años, no como una reivindicación de la memoria, sino como una herramienta de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), con un apoyo social amplísimo. De hecho, los escraches practicados a los políticos responsables de la violencia sobre la población resultante del estallido de la burbuja inmobiliaria y la emergencia habitacional, han contribuido a señalizar con nombres y apellidos a los políticos cómplices del genocidio financiero, provocando con ello su fuerte deslegitimación”, cuenta Marcelo Expósito, el artista que armó la muestra en el Reina Sofía, quien divide su tiempo entre Barcelona y Buenos Aires.

La PAH es un movimiento social surgido en 2009, en Barcelona, que agrupa personas con dificultades para pagar la hipoteca o que se encuentran en situación de ejecución hipotecaria. En España, la subida del precio de la vivienda acompañada de un buen pasar económico, en lo que se conoció como burbuja inmobiliaria, provocó que sacar una hipoteca para vivienda fuera casi tan sencillo como ir al quiosco. Pero la burbuja un día explotó: desde la crisis económica que se desató en 2008, con el aumento del desempleo a más del 25%, se ha vuelto imposible para más de 350 mil familias pagar las hipotecas. Son los desahuciados, como se los llama en España, donde a los desalojos se los conoce como desahucios. Son los que se quedan sin la vivienda pero continúan con la deuda con el banco a cuestas aunque no disfruten del calor del hogar por el que deben pagar. “Los escraches efectuados por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca están estrechamente vinculados a los escraches argentinos, aun con las diferencias sustanciales en sus objetivos. También en el Estado español –cuenta Marcelo- se apela a la sociedad civil, se le reclama a la gente tomar posición. Son una apelación a la justicia desde abajo, sin ejercicio de violencia ni venganza, pero contundente en su condena social de los cómplices de violencia contra la sociedad civil”.

Durante su estadía en Madrid, Julieta Colomer dio una charla en el Patio Maravillas, un colegio que llevaba siete años cerrados hasta que se lo ocupó para transformarlo en el centro comunitario más grande de la capital española, junto con miembros de la PAH. “Ellos tuvieron la experiencia del 15M que fue similar al 19 y 20 de acá. El escrache que replicó allá, o que ellos tomaron, no es de víctimas de del franquismo sino que tiene que ver con un motivo económico. Tiene esas diferencias. Para algunos de allá, para otros no, pero sobre todo para las víctimas del franquismo que siempre remarcan que en España no se mira nunca al pasado, que no se ha hecho nada por esas víctimas, son importantes esas diferencias”, cuenta.  Marcelo Expósito retoma esos contrastes: “Aun así, desde hace quince años se desarrolla en todo el Estado español un potente movimiento por la recuperación de la memoria histórica, que si bien no ha hecho uso de la herramienta de los escraches, sí lo ha hecho de acciones contundentes con la continuada localización y exhumación de tumbas NN donde se encuentran todavía los más de cien mil desaparecidos fruto del crimen de Estado en los primeros años del franquismo. La influencia que el movimiento histórico por los derechos humanos argentino ha ejercido sobre este movimiento por la recuperación de la memoria histórica en el Estado español, ha sido enorme”.

El escrache español tiene el mismo fin que el que inventó H.I.J.O.S pero una impronta bien distinta. “Tiene que ver con la época también. Es una situación un poco más virtual. Hay mucho tuiteo, redes sociales. Pero ellos han logrado con los escraches frenar algunos desalojos. Y el tema de los desalojos es bestial: hay gente que se quedó sin la casa pero además tiene la deuda por 20 años. Es tremendo –cuenta Julieta- eso generó mucha rabia y canalizó en el escrache. Allá se señala a los diputados que frenaron la ley que ampara los desalojos. Lo que pasa es que la sociedad española no logró calar el escrache porque no les gustó eso de señalar con el dedo, de buscar condena social. No está bien visto a nivel social. Por supuesto que sí en los jóvenes. Y hay algunas excepciones: cerrajeros  que les tocaba ir a desalojar y se negaron”.

Este asesino vive en nuestro barrio. Julieta Colomer.
Este asesino vive en nuestro barrio. Julieta Colomer.
Frente a la casa del torturador. Julieta Colomer.
Frente a la casa del torturador. Julieta Colomer.
En el barrio. Julieta Colomer.
En el barrio. Julieta Colomer.
Conozca a su vecino. Julieta Colomer.
Conozca a su vecino. Julieta Colomer.
Condena social. Julieta Colomer
Condena social. Julieta Colomer
Juicio y castigo. Julieta Colomer.
Juicio y castigo. Julieta Colomer.
Redoblante. Julieta Colomer.
Redoblante. Julieta Colomer.
Stencil en la calle. Julieta Colomer.
Stencil en la calle. Julieta Colomer.
Torturador suelto. Julieta Colomer.
Torturador suelto. Julieta Colomer.
Verdad justicia memoria. Julieta Colomer
Verdad justicia memoria. Julieta Colomer
Volante. Julieta Colomer.
Volante. Julieta Colomer.

Los publicistas siguen laburando

Burson Marsteller ideó la famosa campaña “Somos derechos y humanos” y hoy vive ganando premios de revistas y concursos de relaciones públicas. “Nosotros usamos recursos que no pueden comprarse: contactos directos en esferas de influencia”.

Mediados de 1979. Walter Klein viaja a Nueva York para encontrarse con Victor Emmanuel. Motivo: diseñar una campaña publicitaria que mejorara la imagen de la dictadura argentina. Contexto: previo a la visita anunciada de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que recorrería campos clandestinos en Córdoba, Tucumán y Buenos Aires.

Walter Klein era por entonces titular de Coordinación y Planificación Económica del país; Victor Emmanuel, el responsable de la “cuenta” argentina en la empresa Burson Marsteller, la agencia de imagen y comunicación más grande y más polémica del mundo.

Resultado del encuentro: el Ministerio del Interior aprobó en agosto, según el decreto 1659/79, una campaña que ordenaba comprar 250.000 calcomanías autoadhesivas, en dos tamaños, con el lema “Los argentinos somos derechos y humanos”.

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¿Pueden unas calcomanías mejorar la imagen de una dictadura? ¿Puede una empresa de comunicación tapar las torturas, desapariciones y muertes?

Burson Marsteller no es sólo una empresa publicitaria:“La publicidad intenta hacer lo mismo, pero ellos dependen de la compra de espacio y tiempo en los medios de comunicación”, explica el titular de BM, Donald Baer, en una reciente entrevista. “Nosotros usamos recursos que no pueden comprarse, tales como ser contactos directos en determinadas esferas de influencia”.

La famosa frase “Somos derechos y humanos” intentaba contrarestar las denuncias por violaciones de derechos humanos en el marco de un plan elaborado por la empresa Burson Marsteller, tal cual reveló la embajada estadounidense en 2013. El informe fue titulado “Mejorando la imagen internacional de la Argentina” y trazaba un plan de trabajo sobre distintos públicos: los que influyen en el pensamiento, los que influyen en las inversiones, los que influyen en el turismo, y el público en general.

La empresa estadounidense proponía trabajar sobre el concepto de “estabilidad” como imagen hacia afuera de Argentina – preocupada más por el primer tipo de público- y diseñó para ello distintas líneas de acción. Una de ellas fue la campaña del lema “Somos derechos y humanos”, y la otra intentó vincular la antesala del Mundial de Fútbol de manera positiva. En el informe BM plantea armar una convocatoria de medios en noviembre del 77 para mostrar cómo el país se preparaba para el Mundial, convocando a deportistas como Fangio, Vilas y Monzón para acentuar la imagen deportiva. Fangio luego participaría además de una gira por Venezuela junto a Rafael Videla para “propagandizar las buenas acciones del gobierno”, otra de las coartadas ideadas por BM.

Crisis y medios

Sobre las influencias, la empresa señalaba una serie de medios extranjeros como garantes de la difusión de su imagen creada: se mencionan al New York Times, el Washington Post, y Wall Street Journal, de EEUU; The Economist y The Times, del Reino Unido; El Tiempo y El Espectador de Colombia; y el Excelsior de México.

La relación con los medios y el manejo de las redes sociales son el fuerte de Burson Marsteller. En su página web la ofrecen como uno de sus servicios: “Burson-Marsteller incluye la relación estratégica con medios en el núcleo de cada programa de comunicación integral”.

Fundamentalmente son especialistas en trabajar con gobiernos y empresas que buscan salir de una crisis de imagen.“Ninguna compañía, institución o industria es inmune a algún tipo de crisis – y cuando sus acciones están en lo mas alto, solo los socios de comunicación confiables y expertos son los mejores aliados”, plantea BM en su presentación. Con esa premisa se jactan de haber participado en las relaciones públicas de la empresa Babcock and Wilcox luego de un accidente atómico en 1979; para el gobierno de Nigeria en 1965 para refutar acusaciones de genocidio en Biafra; a la empresa Union Carbide Corporation para afrontar su responsabilidad tras una pérdida masiva de gas venenoso en India que causó la muerte de 2 mil empleados y pobladores vecinos a la planta; y, otro ejemplo, manejando las relaciones públicas de Blackwater USA luego que se acusara a la empresa de matar a 17 civiles iraquíes.

La más premiada

Burson Marsteller vive ganando premios de revistas y concursos de relaciones públicas vinculados al éxito de sus campañas. En 2004 logró el premio Eikon que otorga la revista  Imagen en la categoría “relaciones con la prensa” por una campaña realizada a la empresa Repsol. Se llamó “preparando el desembarco” y  fue realizada un mes antes de la licitación de acciones de YPF que luego, claro, obtuvo.

En 2005 retuvo la premiación con una campaña vinculada al producto conocido – en parte gracias a BM- como “botox”: “La campaña de relaciones con los medios estuvo enfocada a desterrar el concepto de toxina botulínica asociada al veneno”, dicen en la revista. Una de las herramientas a las que apeló la empresa para remitificar al “botox” fueron la realización de congresos con médicos y científicos, el reparto de información “diseñada de manera creativa” y hasta paquetes dirigidos en el día del padre con artículos redactados que incluían la mención del producto. La empresa saca su conclusión: “El plan comunicacional sirvió para sostener el éxito en la esfera estética porque contribuyó a generar opinión de Botox y, además, se posicionó como un aliado terapéutico para el tratamiento de muchas afecciones”.

Más acá, en 2013 fue nombrada la Latin American Agency of the Year según la revista The Holmes Report. El presidente global de la empresa, Donald Baer, se refirió al trabajo en la región de manera inquietante:  “Este es un gran honor y un reconocimiento al estupendo trabajo que nuestro equipo está realizando en América Latina, expandiendo nuestra presencia geográfica, fortaleciendo nuestra red y elevando el estándar de las relaciones públicas en esta dinámica región”. Sobre este desembarco pueden leerse los trabajos que BM ha hecho para petroleras como Shell, Repson y Chevron, y ya no tanto para gobiernos. Pasadas las dictaduras, sobre el estado mantienen una particular visión: “Todos los días, funcionarios electos y del ámbito  regulatorio toman decisiones que pueden poner en peligro la competitividad de una compañía o complicar la misión de una fundación sin  fines de lucro”.

¿Hay límites éticos a los clientes que su empresa puede aceptar? Pregunta el entrervistador a Bauer, titular de BM, en la entrevista. Bauer sienta el límite: “Hemos rechazados cuentas de gobiernos, o temas controvertidos, como el derecho al aborto”.

La otra Burson

¿Qué tiene que ver Bush con el “No a la mina” en Esquel?

En agosto de 1990, en el Congressional Human Right Caucus una niña de 15 años de identidad reservada, que decía trabajar en un hospital de Kuwait, relató que soldados iraquíes habían entrado al hospital y sacado de las incubadoras a 312 bebés. “Los dejaron morir sobre el piso de las baldosas”, apuntó.

Años después se supo que la anónima niña era, en realidad, la hija del embajador kuwaití en Washington, y la noticia de las incubadoras, una completa mentira. Entonces la invasión estadounidense a Irak ya estaba desparramada. El presidente George Bush había logrado con éxito convencer a la opinión pública de la necesidad de ir a una guerra con Irak, en parte gracias a la noticia que inventó la agencia Hill & Kwnolton.

En 2003 y en Argentina la asamblea auto convocada de vecinos de Esquel logró un plebiscito contundente: el 81% de los votos no quería a la minera Meridian Gold en la ciudad. Pero la empresa no se fue y organizó en cambio un congreso en el hotel Crowne Plaza de Buenos Aires que reunió a directivos, agencias de publicidad y periodistas para “dar vuelta a la comunidad”. Asistieron, entre otros, representantes de Braga Menéndez y Asociados, la agencia de publicidad preferida del kircknerismo.

Estos detalles que en general pasan desapercibidos pueden saberse gracias a la filtración de un audio de aquellas jornadas. Llegó a Esquel y hasta algunos programas de radio locales lo reprodujeron. En el se mencionaba que el plan para convencer a la comunidad – o, mejor, a quienes toman decisiones sobre- consistía en influir – mantener al tanto sobre todos los movimientos de la empresa- sobre el grupo de confianza del entonces presidente Néstor Kirchner: se nombraba a De Vido, Parrilli, Alberto Fernández. La empresa finalmente se fue, pero les dejó a cuatro pobladores y dos periodistas un proceso por violar el “secreto empresario” según es audio filtrado.

Hill & Knowlton es famosa también por diseñar las campañas de desinformación de las tabacaleras a mediados del 50. Su estrategia para contradecir la evidencia científica que relacionaba el tabaco a distintas enfermedades fue la creación de dos institutos denominados Council for Tobacco Research y Tobacco Research Institute. Desde allí emitían informes propios con científicos poco éticos que avalaban estudios que ocultaban más información de la que proveían.

Tal es la estrategia de estas empresas: no es mentira decir sólo una parte de la verdad.

Socios

El avance de la Justicia sobre tres directivos de Ford por crímenes de lesa humanidad y una reciente investigación de la Procuraduría General sobre los libros contables de Loma Negra empiezan a iluminar otra raíz de la dictadura: la económica.

“Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada”.

Rodolfo Walsh. Carta abierta a la Junta Militar.

Durante la dictadura se derogaron 27 artículos de la Ley de Contrato de Trabajo, se modificaron otros 99, se estableció la prohibición de la huelga, se intervinieron los sindicatos, se decretó el congelamiento de los salarios y se aplicó la represión a trabajadores como herramienta para contener el descontento social y también para mejorar los márgenes de rentabilidad de las empresas.

Tal es el resumen que redondean dos investigaciones que demuestran que una serie de empresas – mientras otras representaban el derrumbe de la industria nacional- no sólo se vieron beneficiadas por este conjunto de políticas económicas y laborales, sino que además fueron ideólogas y partícipes de desapariciones, torturas y muertes de trabajadores, delegados y dirigentes sindicales.

El libro “Cuentas pendientes” del jurista Juan Pablo Boholavsky y el periodista Horacio Verbitsky compila una serie de artículos técnicos y otros periodísticos que abordan distintas medidas del gobierno de facto: conceptos jurídicos que intentan cercar estos crímenes como de “lesa humanidad”, y casos puntuales de las empresas más terribles. Otra investigación en esta sintonía fue propulsada por una de las recién creadas Oficinas de Investigación de la Procuraduría General sobre datos contables de la empresa Loma Negra, que relaciona directamente su mejoría económica con la represión a trabajadores y en particular a la muerte de un abogado laboralista.

Para intentar articular estas evidencias, que mantienen causas estancadas en la justicia, se aprobó recientemente un proyecto de ley que crea una Comisión Bicameral de Identificación de las Complicidades Económicas durante la dictadura militar y que establece que se investigue el caso de una empresa durante 180 días. “Quiero saber quiénes fueron los que redactaron las leyes laborales que se llevaron derechos y conquistas. Porque no creo que un almirante, un general y un brigadier hayan estudiado en menos de un mes la reforma de la ley de contrato de trabajo”, explica el diputado Héctor Recalde, creador de la iniciativa, sobre la idea de seguir escalando responsabilidades. Los resultados que arroje la Comisión – que empezaría a funcionar a fin de año- no podrán aplicarse retroactivamente, lo cual representa una seria limitación, pero sí podrá iluminar complicidades persistentes como, por ejemplo, casos de apropiaciones inmobiliarias fraudulentas.

Hasta aquí las investigaciones arrojan una serie de historias y datos que esta nota intenta compilar, y otros que quedarán por llenarse a medida que las causas, y las discusiones, avancen.

El caso Ford

En la planta que la empresa mantiene en General Pacheco, durante la dictadura operaba un cuartel militar en la zona del quincho de deportes. Según la declaración de distintos trabajadores cumplían funciones allí más de 100 militares, no precisamente fabricando autopartes.

La militarización de la empresa no sólo era el modo de amedrentar a los trabajadores, sino una forma efectiva de detenerlos en el predio e interrogar a los miembros de una comisión interna combativa que estaba plantada contra la empresa y también contra el gremio cómplice SMATA.

El 20 de mayo del 2013 fueron procesados por privación ilegal de la libertad y tormentos sufridos el presidente de Ford, Nicolás Enrique Courard – hoy fallecido-, el gerente general de la planta Pedro Muller, el gerente de relaciones laborales Guillermo Galarraga y el jefe de seguridad de la planta, Héctor Francisco Sibilla. El 8 de julio próximo comenzará el juicio oral que investiga a los tres directivos por facilitar datos y listas de trabajadores a la inteligencia militar.

Sibilla fue contratado para encargarse de vigilar la empresa siendo miembro de las fuerzas armadas. Esta doble agencia le permitía, por ejemplo, según consta en la causa iniciada en 2002 por los trabajadores, estar presente en los interrogatorios a los delegados secuestrados. Fue de hecho ascendido en julio del 78 al rango de Teniente Coronel, luego de los secuestros a, al menos, 24 obreros. Y tras su paso por la empresa, relata el libro Cuentas pendientes, fue contratado por la embajada de Estados Unidos como personal de seguridad.

La Fundación Ford creó la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), de donde salieron funcionarios del Proceso, y los secuestros en camionetas F100 o en los míticos Ford Falcon son otras de las imágenes que acreditan el vínculo encarnado de los militares con la empresa.

Mercedes Benz

En octubre de 1975 una movilización de obreros de Mercedes Benz se reunió para rechazar a los representantes del gremio SMATA. Más de 4 mil trabajadores participaron en una asamblea en la que se eligieron nuevos delegados, que el gremio no reconoció y que la empresa usó para despedir a más de cien obreros.

En esas semanas, el jefe de producción de la planta Heinrich Metz fue secuestrado por Montoneros. La empresa cedió a la reincorporación de los despedidos y pagó un rescate por Metz. La revancha patronal vendría con el golpe.

De 16 trabajadores secuestrados entre el 76 y el 79, sólo tres reaparecieron. Fueron Juan Martín, detenido en abril del 76 en la fábrica, encarcelado y torturado en la comisaría de San Justo; Héctor Aníbal Ratto, detenido en agosto del 77 también en la fábrica, en cautiverio y bajo tortura en la comisaría de Ramos Mejía y luego en Campo de Mayo hasta marzo del 79; y Alfredo Martín, detenido en el 76, torturado en la comisaría de San Justo por el represor Rubén Lavallen y liberado horas después.

El caso de Lavallen, quien estuvo a cargo de la Brigada de Investigaciones de San Justo, ilustra la profundidad de la relación de la empresa con las fuerzas represivas: fue contratado por Mercedes Benz en 1978 como encargado de seguridad de la planta de González Catán. Si bien los casos de los obreros secuestrados no fueron esclarecidos, y recién el 22 de abril del 2013 la Corte Suprema de Estados Unidos aceptó tratar una compensación económica por las violaciones, Lavallen fue condenado a cuatro años de prisión por la falsificación del acta de nacimiento de Paula Logares, hija de una pareja de uruguayos secuestrados en el marco del Plan Cóndor.

Mercedes Benz estuvo entre las veinte empresas de mayor facturación y era uno de los principales complejos industriales del país. Tenía como principal cliente al Ejército Argentino, quien compraba los camiones Unimog, y en forma de gentileza, de acuerdo con información proporcionada por la empresa, la compañía donó en esos años equipamiento de obstetricia para ser utilizado en Campo de Mayo, donde se realizaban los partos clandestinos de las mujeres desaparecidas.

Ledesma

El caso Ledesma es el más claro en la comunión del poder económico y el poder político, y de la forma en que funcionaron éstos en un contexto de terrorismo de Estado a escala pueblerina.

El mismo día del golpe fueron secuestrados cuatro dirigentes de sindicatos obreros y empleados del ingenio.

La seccional de Gendarmería de Libertador General San Martín fue ubicada en el 76 dentro de la estructura edilicia del ingenio a través de un decreto. Creada para controlar la zona de seguridad de frontera, se utilizó en la práctica para el control y represión de actividades sindicales. “Los encarcelamientos, torturas, asesinatos y desapariciones (…) habrían tenido por razón no sólo la preservación de una determinada ideología, sino que la represión ilegal apuntó además a la instauración y defensa de una economía de tintes neoliberales exenta de amenazas de reclamos y reivindicaciones gremiales”, reza en la causa que investiga la desaparición de veintiséis personas entre el 20 y el 27 de julio del 76.

Estos secuestros se produjeron durante las llamadas “noches del apagón”, en las que el servicio energético de tres localidades vecinas a Libertador General San Martín se vio suspendido, lo cual facilitó el secuestro incluso con camionetas de la empresa Ledesma.

El principal accionista de la azucarera, Carlos Pedro Blaquier, y el administrador Alberto Lemos están procesados como cómplices en primer y segundo grado, respectivamente, de la privación ilegal de libertad de 29 personas.

Acindar y Techint

El libro Cuentas pendientes se ocupa de Acindar y Techint conjuntamente, planteando que las metalúrgicas no sólo fueron socios menores que aprovecharon la dictadura para imponer salarios en baja, despidos y jornadas de trabajo de duración irrisoria, sino que además compitieron contra otros sectores empresarios a los que hicieron desaparecer del mercado: “Los obligaron a vender sus fábricas y a ceder contratos de exportación, más de una vez en la mesa de tortura de un campo de concentración”.

La represión a los obreros de Acindar comenzó mucho antes del golpe, cuando en la presidencia del directorio estaba José Alfredo Martínez de Hoz, hasta que lideró el Ministerio de Economía de la dictadura.

En el 75, a la vanguardia de la represión, Acindar instaló dentro del predio de la planta de Villa Constitución un destacamento de la Policía Federal. Tras el golpe, la seccional funcionó directamente como un centro clandestino de detención. Ese mismo año una huelga terminó con el despido de más de mil trabajadores.

La zona de Zárate-Campana fue uno de los epicentros de represión por la cantidad de empresas que tenían sus plantas allí. Entre el 20 de marzo del 75 y el golpe, fueron detenidos alrededor de trescientos trabajadores metalúrgicos de esas localidades y se estima que de los 150 desaparecidos de la zona un tercio era trabajador metalúrgico.

Allí también tiene al día de hoy su planta principal Techint, además del hotel de la empresa que supo albergar en los primeros tiempos de la dictadura a la plana mayor del Área de Seguridad 400. Según el libro, decenas de operarios y algunos supervisores fueron alcanzados por el terrorismo de Estado. Un suceso trascendente fue la llamada “noche de los tubos”, cuando cuatro trabajadores de la firma fueron secuestrados en septiembre del 76.

Acindar y Techint crecieron esos años gracias a subsidios y créditos que les permitieron instalar sus propias acerías eléctricas, y luego consolidarse con el menemismo. Durante los 90 Techint se quedaron con SOMISA, una de las principales siderúrgicas de la Argentina que fue privatizada en el 92, y forma un duopolio con Acindar.

Loma negra S.A.

El abogado laboralista Carlos Alberto Moreno fue torturado y asesinado en 1977 y por su crimen fueron condenados a prisión perpetua dos coroneles. De una serie de resoluciones que derivaron de la causa que investigó su muerte, la Oficina de Investigación Económica y Análisis Financiero accedió a la documentación contable de Loma Negra que arroja datos contundentes sobre cómo la represión se tradujo en rentabilidad empresarial.

El balance de la semana del 31 de marzo de 1976 Loma Negra tuvo pérdidas. Al año siguiente la situación ya se revertiría a través de la fórmula de disminuir “costos laborales”: sueldos y jornadas de los trabajadores. Si el “costo laboral” representaba un 21 por ciento de los costos totales, un año después cayeron 14 por ciento. Sumado a que la empresa mejoró su rentabilidad, la participación de los trabajadores en los ingresos de Loma Negra se redujo un 53% durante la dictadura. Más números del informe: “Los asalariados perdieron el equivalente a 13 puntos porcentuales del PBI, en circunstancias en que este último permaneció constante”.

La reforma de facto de la ley de contrato de trabajo, en general, y la muerte del abogado Moreno, mensaje hacia adentro de Loma Negra, fueron herramientas que allanaron el camino del ajuste del costo laboral. Otro ejemplo que revela el informe es la evolución de la cuenta contable en la que constan una serie de importes que Loma Negra preveía que debería pagar en el futuro en concepto de indemnizaciones que habilitaba la idea de un “pasivo contingente, que puede o no llegar a suceder”. En 1975 esa cifra trepaba a los 15 millones de pesos, y se redujo hasta menos de 3 millones en las cuentas que cierran el 31 de marzo de 1978, muerte del abogado mediante.

La presión fiscal durante ese período también se redujo notablemente, a pesar que la empresa, se dijo, mejoró sus ingresos: de un 8% los impuestos pasaron a representar sólo un 3%.

La caída de los ingresos de los trabajadores, la represión de sus reclamos y la muerte de Moreno permitieron el incremento de la ganancia empresaria de Loma Negra S.A. que pasó del saldo negativo del 31 de marzo de 1976 a uno positivo que superó los 150 millones de pesos a la misma fecha de 1981.

Ahora la investigación de la oficina de la Procuraduría pretende avanzar sobre el directorio que presidía la multimillonaria Amalia Fortabat.

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Fuentes
  • Juan Pablo Bohoslavsky, HoracioVerbitsky.Cuentas pendientes. Los cómplices económicos de la dictadura. Siglo XXI editores.
  • Victoria Basualdo. Artículo “Complicidad patronal-militar en la última dictadura argentina: Los casos de Acindar, Astarsa, Dálmine Siderca, Ford, Ledesma y Mercedes Benz”.
  • HIJOS Capital: http://www.hijos-capital.org.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=426:un-mercedes-benz-con-problemas-en-la-justicia&catid=34:titulares&Itemid=397
  • Página 12, domingo 25 de mayo de 2014.

Una pregunta imperdonable

Vamos a hacer un ejercicio que esta revista considera imperdonable. Vamos a hacer un ejercicio, por más que duela y que hacia adentro, de a ratos, merezca un antiácido. Vamos a hacer un ejercicio irrespetuoso para con la historia de este país, incluso a riesgo de dar un miligramo de chances para dar un paso en falso. Vamos a hacer un ejercicio que, teniendo en cuenta los ejercicios que quedan pendientes, puede ser sedentario. Vamos a hacer un ejercicio que, de por sí, de ante mano, pide abiertas disculpas a las Madres de Plaza de Mayo, a las Abuelas, a los H.I.J.O.S, al pueblo argentino y a los pueblos que honestamente sintieron el dolor ajeno como propio.

Vamos a preguntarnos: ¿Por qué decimos Nunca Más?

“No nos merecemos seguir frenados en los setenta”, dice, en una esquina de Madrid, un tipo que condena la dictadura militar y que, aún así, se da el lujo de elaborar semejante expresión. “Hay que mirar para adelante”, opina, en una esquina de Buenos Aires, un tipo que no condena la dictadura militar y que se da el lujo de elaborar semejante expresión. Esas frases las repiten señores y señoras, algunos más convencidos, algunos más ignorantes, algunos más justificados, algunos menos justificados.

Y, a pesar de que da un asco tremendo, y por el temor de no estar poniendo en discusión lo establecido, y para tratar de entender por qué carajo dicen eso, y para tener en cuenta -incluso- las razones de por qué lo dicen para ver si tienen algo de cierto, vamos a preguntarnos: ¿Por qué decimos Nunca Más?

Vamos a preguntarnos para saber que no vamos a la Plaza a hacer, simplemente, un acto de huella histórica por los 38 años del golpe cívico-político-militar que desapareció gente -desapareciódesapareciódesapareció: hace 38 años que muchos, de 30.000, todavía no se encuentran, ni se encuentran hijos que tuvieron ni los hijos que podrían haber tenido-. Vamos a preguntarnos, también, por las escuelas en las que se preguntan qué pasó y dan clase con eso, pero también por las escuelas que se niegan a hacerlo. Por los que lo hablan en la mesa con sus papás, por los que no pueden hablarlo.

Pero, sobre todas las cosas, para los que no pueden decir Nunca Más: acá y ahora, y en vivo y nunca en directo (porque, desaparecer, incluso ahora, no se muestra).

Vamos a preguntarnos luego de saber que la maquinaria de las fuerzas de seguridad de este país, ahorita, que viajamos en el colectivo leyendo cosas por el celular, mientras cogemos, mientras hacemos caca, mientras hacemos asado, mientras vamos a la cancha y gritamos goles, mientras tomamos cerverza, mientras nos creemos super libres, siga funcionando:

“Hay un muerto por día por gatillo fácil”, según afirma, con detalles, María del Carmen Verdú, directora de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) en http://www.nosdigital.com.ar/2012/08/hay-un-muerto-por-dia-por-gatillo-facil/;

“Mi hermano fue torturado por ocho canas. Tenía 16 años. Un familiar tiene que ponerse en ese momento a decir ‘Mi hermano era un buen pibe, trabajaba…’ ¿Y si no trabajaba? ¿Si era chorro? ¿Igual la sociedad soporta esas torturas?”, según cuenta Vanesa Orieta en http://www.nosdigital.com.ar/2013/08/yo-todavia-busco-a-luciano/, hermana de Luciano Arruga, desaparecido;

“Tu hijo murió porque era un negrito de mierda”, le dijeron a la mamá de Kiki Lezcano, según relata en http://www.nosdigital.com.ar/2013/07/yo-soy-kiki-lezcano-y-nadie-me-va-a-callar/;

“En el país de los desaparecidos permitimos 197 en democracia”, plantea Pablo Pimentel, presidente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de La Matanza en http://www.nosdigital.com.ar/2013/07/en-el-pais-de-los-desaparecidos-permitimos-197-en-democracia/

Y más.

Vamos a preguntarnos sabiendo que, en este momento, alguien de parte de las fuerzas del Estado está torturando a alguien. Vamos a preguntarnos, a riesgo, de que cualquiera de nosotros, todavía, esté a riesgo de no poder decir lo que dice. Vamos a preguntarnos hasta el día en que la policía no presione a chicos para robar, el día en que no se torture a los marginales, el día en que ya no maten a Mariano Ferreyra, el día en que aparezcan todos, absolutamente todos, los que están bajo la alfombra, el día en que ya no funcione ni un centímetro de los que tapan la alfombra.

Vamos a preguntarnos Por qué decimos Nunca Más, al menos, hasta el día en que sea Nunca Más.

Eso ya es bastante respuesta.

“No podía ir a un Mundial con lo que estaba sucediendo”

En 2009, NosDigital publicó una entrevista con Jorge Carrascosa, el hombre que se negó a jugar el Mundial del 78. En aquella entrevista, explicaba por qué no jugó. Hoy vale la pena revivirla. “No estaba de acuerdo con que el Mundial fuera jugado como algo de vida o muerte”, explicaba, aquella tarde, en una oficina en Burzaco. 

Ahora cierra un poco más una de las tantas frases hechas que deambulan por el mundo del fútbol. Se dice, en no pocos casos, que un futbolista juega como vive. Treinta años después de su retiro del fútbol profesional, Jorge Carrascosa continúa dejando huellas. Como lo hizo dentro de la cancha, marcando surcos por el sector izquierdo del terreno de juego. Un marcador de punta que se extraña por su solvencia y también por la escasez de jugadores en ese puesto. Como lo hizo fuera de la cancha cada vez que tuvo que hablar, mirar, actuar. Como lo hace, treinta años después. Un tipo de barrio, con las convicciones claras, antes y ahora. Un tipo para conocer, descubrirlo y luego sí, tratar de entenderlo.

carrascosaLa geografía de mi barrio llevo en mí, será por eso que del todo no me fui: la esquina, el almacén, el piberío los reconozco… son algo mío…

Con ese tango Corazón al Sur, de Eladia Blázquez se identifica, lo canta y disfruta de cantarlo. Se siente orgulloso de reflejarse en esa letra. Es él. Ese nene, ese pibe, este hombre de 61 años que dice no haber cambiado su forma de pensar por el paso del tiempo. Este hombre que mantiene sus bigotes como distintivo y su sensibilidad social como estampa personal. Esa rebelión ante las injusticias que forjó en su niñez, entre su familia, sus amigos, la escuela y su Burzaco querido. Esa que familiarizó en sus charlas con César Luis Menotti. Esa que moldeó en sus diversas lecturas sobre el “hombre nuevo”, del que hablaba el Che Guevara. Hombre nuevo, ese que busca y lucha por un bienestar social. Como este abuelo de tres nietas, este padre de dos hijas, este marido a quien le brillan los ojos cuando habla de ella, de Lucy, el amor de toda su vida, que hoy desde otro lugar, quizá desde las pequeñas cosas, desde las simples acciones, continúa conservando intactos esos ideales, esos sueños de cambio.

Va y viene, todo el tiempo. Si hasta uno parece verlo correr intensamente por el lateral. En cada respuesta se encarga de crear un paralelismo entre el fútbol y la vida.

-¿Imposible separarlos?

-Es así, no se puede, a cada persona le deberá pasar lo mismo en el medio en que le toca manifestarse. Y ahí, uno con hechos juega una pelea para cambiar las cosas que no le gustan, que le hacen mal, que cree injustas. Hoy todo es competencia, desafío. Lo mismo ocurre en un colegio que en las Inferiores de un club. Los chicos van al jardín y ya los quieren hacer figuras. En esto influye la sociedad que te tritura y uno lo termina pagando con salud. Si a un jugador lo venden a Europa, los medios de comunicación vociferan “se salvó”. Yo me pregunto, ¿quién se salvó? La vida no es así, hay muchos factores que influyen en cada uno, no sólo lo económico.

El Lobo, apodo que le pusieron en Rosario Central sin que él supiera bien por qué, se retiró del fútbol en un buen momento de su carrera, a los 31 años, cuando aún le restaban dos más de contrato en Huracán. El motivo del precipitado adiós se debió a la imposibilidad que sintió de continuar dentro del agobiante ambiente del fútbol.

– Cuando la falta de valores pasa a ser algo común en el fútbol, ¿no vale la pena jugarlo?

– El deporte debe servir para afianzar la personalidad de cada ser humano, que sea de utilidad para que se aprenda a competir, a saber ganar y perder. ¿Por qué uno tiene que ganar siempre? Competir con dignidad y lealtad muchas veces se capitaliza más en la derrota que en el triunfo. El fútbol debe ser parte de la enseñanza, la vida es un camino difícil. Desde que nacemos sabemos que hay cosas que uno va a perder.

Ese alejamiento de las canchas embadurnadas de dinero, que se produjo luego de su último partido, el 2 de diciembre de 1979, fue una decisión consecuente con muchas de las anteriores actitudes que había tomado referidas al fútbol. Un privilegiado en materia deportiva, Carrascosa disputó el Mundial de Alemania 1974, en el que Argentina fue eliminada en la segunda ronda. En el último encuentro de la primera fase, Argentina no sólo debía vencer a Haití por tres goles de diferencia, sino esperar que Polonia le ganase a Italia. Ahí entró en escena la incentivación de parte de los jugadores argentinos a sus pares polacos. El plantel casi completo nacional les propuso 25 mil dólares si cumplían con el objetivo. Argentina hizo lo suyo dentro de la cancha y venció por 4 a 1; también afuera: Polonia 2 -Italia 1. Argentina clasificada. Italia eliminada.

-¿Un punto de inflexión en tu mirada crítica hacia el fútbol fue la incentivación a Polonia?

-Fue algo que me cayó muy mal. Yo debo rendir al máximo sin que me des a cambio nada, lo único que hace es desvirtuar la esencia del deporte. No me presté para eso como no lo haría nunca. Uno debe distinguir las cosas que están bien y las que están mal.

En enero de 1978, cuando Menotti dio la lista de los futbolistas preseleccionados para el mundial disputado en Argentina, una ausencia dejó a todos con la boca abierta. Nada menos que el capitán, Jorge Carrascosa, quien había decidido renunciar a disputar lo que para muchos representa el máximo anhelo de su carrera. Un campeonato del mundo, en su propio país. ¿A qué más podría aspirar un jugador de fútbol?

Miles de conjeturas se tejieron a partir de su salida. Cientos de veces se dijo que había sido sólo por estar en contra de la Junta Militar genocida que gobernó al país en aquellos oscuros años y la que se encargo de la realización del torneo. Diversas notas periodísticas le hicieron en busca de la verdad, del supuesto secreto jamás revelado. Esa verdad, para los que piensan únicamente con una pelota que late sin cesar, es aún inexplicable.

Un deleite escucharlo, leerlo, comprender al protagonista de su vida.

– ¿De dónde nacieron las decisiones que tomaste en relación al fútbol?

– Por un montón de cosas que observé durante mi carrera en el fútbol, me fui sintiendo mal y eso es lo que me llevó a tomar las decisiones que tomé, como por ejemplo la de no participar en el Mundial. No es que hubo un hecho determinante. Hay cosas que ya sabía y otras que se fueron sumando, que no estuve de acuerdo nunca, en el país, en el fútbol y que no me hacían sentir bien. Sin duda que para mí no fue lo mismo que el Mundial haya sido armado por un gobierno militar, que si lo era por un Estado democrático.

– Pero, ¿en dónde estaba lo fundamental de tu desacuerdo?

– No estaba de acuerdo con que el Mundial fuera jugado como algo de vida o muerte, para mí era un hecho natural, aunque no así para los demás. Un partido de fútbol es simplemente eso, nada más. En un partido no está ni el amigo, ni un hermano, ni la patria, ni la vida, no hay que confundir, hay cosas mucho más importantes. En 1982, cuando ya estaba retirado, se produjo la Guerra de las Malvinas. Si hubiese seguido en actividad podía haber sido convocado, pero tampoco hubiera ido a jugar. No podía ir a un Mundial con lo que estaba sucediendo en el país.

– Después de tantos años, ¿cómo ves aquella decisión?

– La actitud que tomé no la hice consciente, no me puedo engañar. No sabía los riesgos que se corrían, actué de manera natural, como lo hice siempre, para mí primero está el hombre y después la profesión. Estoy definido en eso. Nunca imaginé todo lo que estaba ocurriendo en el país. Incluso aunque alguien te contara algo, uno quizás no lo creía. La prensa influyó mucho en esos años para que no se observase lo que realmente ocurría.

– ¿Y sentís que te equivocaste en algo?

– El error que cometí fue el de creer que todo lo malo estaba sólo en el fútbol y cuando salí de ese entorno, me di cuenta de que es un reflejo de la vida. Uno tiene tres opciones cuando está en un medio que se ha convertido en un negocio salvaje, en el que se sacrifican principios, se hacen concesiones en función de cosas netamente materiales y priman los intereses personales. Si tenés poder, uno puede intentar cambiar el medio desde adentro; otra opción es meterse en la de todos y cerrar los ojos como si nada ocurriese. La última y por la que opté yo fue la de aislarme del ambiente que no me hacía bien. A mí se me hace muy fácil tomar decisiones. Separo lo económico de lo que siento. Entonces se me simplifica todo al preguntarme por ejemplo, en qué lugar me voy a sentir más cómodo, allá que me ofrecen tanta plata o en mi barrio, con mis afectos.

No necesita volver a cantar el tango de Eladia Blázquez. Lo tiene inmerso, lo vive ese Corazón al Sur. Como también aparenta vivir en él una frase consignada en un plato que le obsequió la Asociación Argentina de Árbitros por ser el jugador más correcto del 1976: “Nadie es bueno como todos juntos”, está grabado en la porcelana. Y está grabado sobre todo en su memoria, en sus gestos, en sus convicciones. “Es difícil que otro me entienda pero yo tomo decisiones por mi filosofía de vida, cosas que no me dejan dormir, que me hacen mal, pero son naturales. Ética, moral, dignidad, honor, esas palabras son sagradas. Sigo teniendo sueños e ideales, aunque uno de desilusiona de muchas cosas, hay que seguir teniendo esa fuerza que yo tuve cuando era joven, que soñaba que podía cambiar el barrio, el fútbol, la Selección, el país, luchaba por esas cosas. Esa fue la manera de desarrollar mi identidad.

– Treinta años después de su retiro, ¿qué es el fútbol?

-Un deporte apasionante. Disfruto de ver jugar y de jugarlo, y más cuando lo hago con mis amigos. Nuestro equipo se llama Sub 70, no hace falta aclarar por qué. Como siempre, continúo marcando la punta izquierda y trato de anticipar al wing, de poder llegar antes que él y ganarle la posición, de cuidarme de que no me tire un caño. Vuelvo a ser un chico dentro de la cancha.

A veces sin mala intención se minimiza el obrar de un hombre. Así sucede cuando se lo termina reduciendo a un episodio puntual. Jorge Carrascosa es muchísimo más que una persona a quien se le busca poder extirparle una declaración rimbombante, que derive en título revelador, que logre tener repercusión mediática. Es mucho más que eso. Es un tipo intachable, de principios firmes e incorruptibles. Apasionado por los intereses populares, grupales, colectivos. Y además, es amante del fútbol como pocos.

Terrorismo mediático

El diario bahiense La Nueva Provincia en juicio por crímenes de lesa humanidad. Los jefes de redacción de Gente y Somos dando entrevistas reveladoras sobre el rol del periodismo en la dictadura. ¿Siguen mintiendo?

Desde hace años sabemos que la dictadura no fue sólo militar. Que fue cívico-militar, por la participación indispensable de civiles. Que fue cívico-religiosa, incorporando el rol de la iglesia. ¿Y qué si decimos que, además, fue una dictadura mediática? Los medios contribuyeron a generar el clima propicio antes y durante, difundiendo mentiras, tergiversando y haciendo propaganda. El terrorismo mediático fue una de las herramientas cruciales para que las fuerzas desenrollaran sus operativos con impunidad. Y todavía hoy pueden verse las sombras de aquél monstruo.

El resultado, tras 30 años de democracia, son manotazos de justicia que ponen la lupa sobre los responsables de las decisiones editoriales de los medios, en forma de entrevistas o directamente como testigos en causas judiciales. Son los casos de la revista Gente y Somos, a cuyos responsables logró arrancar testimonio el cineasta Patricio Escobar, y el del diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca – acaso el más colaboracionista del país-, cuyo director Vicente Massot declaró el martes 18 de marzo.

¿Qué dicen estos empresarios, editores y periodistas? ¿Se defienden? ¿Qué verdad cuentan? ¿Siguen mintiendo?

Desinformación y “propaganda negra”

Revista Somos Mundial 78 - TapaSegún una oleada de juicios a represores en distintos puntos del país, Bahía Blanca tuvo justicia en 2012, cuando el Tribunal Oral Federal Subrogante condenó a 17 militares. En aquella sentencia, la justicia ordenó que se investigue el rol de los directivos de La Nueva Provincia en el terrorismo de Estado. “Fue una vinculación directa”, dice Miguel Palazzani, uno de los fiscales sobre los que recayó la investigación. “Nosotros profundizamos una investigación que empezó el doctor Hugo Cañón y siguió Abel Córdoba; compusimos la imputación, aportamos pruebas y ahora estamos en la etapa procesal, que es inicial, pero que era impensada años anteriores”.

Lo que parece inédito para un trámite judicial – la vinculación directa de una condena a represores con un medio local-, en el sur de la provincia era evidente: La Nueva Provincia jamás ocultó ni disfrazó su postura a favor de la dictadura, sino todo lo contrario. Lo que el Tribunal definió como “desinformación” y “propaganda negra”, en la práctica se verificaba en noticias que hacían aparecer como “enfrentamientos” los operativos militares, o a través de editoriales sin pelos. Dice el fiscal Palazzani: “Se estudia su complicidad a nivel de participar en las operaciones psicológicas que se hacían desde las Fuerzas Armadas. Esto lo perpetraban, todos los días, a partir de sus editoriales. Además del ocultamiento deliberado, como hemos demostrado en muchísimos casos, en casos con conocimiento pleno de que eran asesinatos los que estaban mostrando, los presentaban como enfrentamientos”.

Para dar una idea, el tenor de La Nueva Provincia era el siguiente:

“¡Ciudadano! Asuma sus obligaciones de soldado reservista; ¡ciudadana! Defienda desde su hogar la Paz que usted y su familia merece, colaborando con las fuerzas que combaten a la delincuencia apátrida y venal”.

Dar tan solo uno de los ejemplos, es descartar otros cientos. Precisamente, más de 500 editoriales que los fiscales José Nebbia y Miguel Palazzini estudiaron y presentaron como pruebas ante la justicia, entre otras.

Llegada la democracia se descubrió también que el diario tenía al fotógrafo Gustavo Lobos y periodistas como Jorge Soldini que integraban la nómina del Personal Civil de Inteligencia.

La familia Massot

SOMOS 2 DE DIC 1976 editadaLa responsable de la publicación era por entonces Diana Julio de Massot, acompañada en el directorio por sus hijos Federico y Vicente, y dentro del núcleo decisional se señala también al jefe de redacción Mario Gabrielli. Salvo Vicente Massot, el resto ha fallecido antes de rendir cuentas a la justicia.

Los fiscales José Nebbia y Miguel Palazzani consideran que además de instigar y de concretar materialmente las maniobras del diario, Vicente Massot hizo “aportes esenciales” en secuestros, torturas y homicidios de 35 personas, y lo imputaron como “coautor” de la muerte de dos obreros gráficos del diario: Enrique Heinrich y Miguel Ángel Loyola.

Sobre el primer plano de la imputación, Palazzani explica: “Hemos probado que su conocimiento era absoluto, la cercanía con el quinto cuerpo y con la base era permanente, diaria y cotidiana. Un genocidio o un plan de exterminio de esta característica no se hace por generación espontánea: inevitablemente en Bahía Blanca La Nueva Provincia fue parte del entramado criminal”.

La otra imputación se centra en los secuestros y asesinatos de Heinrinch y Loyola que eran, junto a Jorge Molina, delegados del diario, pero no tenían ninguna militancia partidaria además: su persecución probada, y su muerte cantada, son el sello de un plan que no pudo venir – solamente- del terrorismo de estado. Palazzani: “Uno era Secretario General del Gremio Gráfico de Bahía Blanca y el otro era tesorero. Ambos estaban trabajando en la Nueva Provincia y era su única militancia gremial. En ese caso, no se sale Massot de la misma conducta que muchos otros empresarios tuvieron durante la dictadura: la clase obrera fue la que más víctimas aportó al universo de víctimas totales. El disciplinamiento para adentro que significaron esos dos asesinatos y el beneficio que obtuvieron porque luego de eso no hubo más actividad gremial en La Nueva Provincia”.

Un reclamo de sueldos dejó a Loyola y Heinrich en evidencia en 1975, un año antes del golpe. Y un informe producto de un trabajo de inteligencia de Prefectura Nacional terminó de presentarlos como los principales nombres de una infiltración “marxista, peronista y tercermundista”.

El 30 de junio de 1976 fueron secuestrados en sus respectivas casas. Sus cuerpos fueron hallados meses después. Entre los dos tenían más de 50 balazos.

1976 - Gente enero¿Cómo se defienden los directivos? Vicente Massot declaró el martes 18 de marzo en carácter de testigo, y no como imputado, gracias al rechazo del juez subrogante Santiago Martínez del pedido de indagatoria solicitado por la querella. El fiscal Palazzani cuenta su estrategia: “Las explicaciones que ha dado son las previsibles y las que hemos escuchado en los foros públicos. O utiliza la coartada de que eran su madre y su hermano los que estaban en el diario; o dice que él no estaba en Bahía Blanca. Ninguna se corresponde con las pruebas que hemos aportado en la causa penal”.

La posibilidad de que Massot maneje a discreción su verdad, y que en Bahía nadie se alborote por eso, se entiende gracias a la propia influencia del diario: “La Nueva Provincia se apropió del sentido común, de la matriz sugestiva durante décadas. Entonces es muy difícil romper con eso, porque además la dictadura se ocupó muy bien de instalar un discurso. Venimos con toda esa carga y tenemos que romper con todo eso; de a poco y con los que han luchado siempre la gente va conociendo más y colabora para que la lupa se ponga en estas conductas. Estamos en los pasos iniciales, nos falta mucho”.

Operativos mediático-militares

Otra de las evidencias que aporta este tiempo fue encontrada por el documentalista Patricio Escobar, director entre otros de “La crisis causó 2 nuevas muertes”, que entrevistó a los responsables de dos de la revistas más colaboracionistas durante el proceso, Somos y Gente, para su nuevo trabajo Sonata en si menor.

El documental narra la historia de 15 personas – mujeres, hombres y niños- secuestrados por encargo del estado argentino en Uruguay en el llamado Plan Cóndor, y hace foco en los medios argentinos a partir de dos testimonios reveladores: el del secretario de redacción de Gente, Alfredo “el pingüino” Serra, y uno de los responsables de Somos, Eduardo Paredes.

Por esos años, Gente y Somos eran, junto a Para Ti, las publicaciones predilectas de Editorial Atlántida, y de las más leídas. Además de tapas famosas que la historia ha dejado en offside, estas revistas realizaban operativos mediáticos conjunto a las fuerzas militares. El más pornográfico es el caso de la nota a Thelma Jara de Cabezas en Para Ti, militante montonera a quien sacaron de la ESMA, vistieron y peinaron para hacerle dar una entrevista que luego llevaría el título manipulado de “Habla la madre de un subversivo muerto”. La nota serviría para mostrar falsamente que Thelma no estaba secuestrada como se denunciaba, y para demonizar a Montoneros y a los familiares de víctimas.

SOMOS 1 DE OCTUBRE 1976 editadaEl documental cuenta otro de los operativos mediáticos: el de Alejandrina Barri, presentada entonces como una niña a la que los “terroristas” habían abandonado. Entre los títulos que llevó la nota, replicada en las tres publicaciones de Editorial Atlántida, estuvieron “Alejandrina está sola” y “Los hijos del terror”. El contenido puede suponerse.

“Todos los diarios hicieron lo mismo”, declara en el documental el jefe de redacción de Gente, Alfredo Serra, sin tapujos, ampliando la responsabilidad de Atlántida a medios como La Nación, Perfil o Clarín.

Serra, en el documental, asume abiertamente la teoría de los dos demonios, y acompaña la idea de que los “subversivos” no eran inocentes con el gesto de su mano apoyada al antebrazo: minga. Actualmente es – sigue siendo- el “redactor jefe general” de la revista Gente.

El culo sucio

El documental aborda el plan internacional que unió a Argentina y Uruguay en un operativo de secuestro de personas – incluyendo al pianista Miguel Ángel Estrella y Jaime Dri, el protagonista de Recuerdos de la muerte de Miguel Bonasso-, y desnuda de paso a los medios garantes. “No juzgues al periodismo por quizás un error”, pide el pingüino Serra al documentalista Patricio Escobar sobre el caso de Alejandrina Barri. “Todos tienen el culo sucio”, termina diciendo, obvia y cobardemente haciendo la salvedad de su caso.

Eduardo Paredes, secretario de redacción de Somos, mantiene una postura más frágil, casi victimizante, según la cual los periodistas – el periodismo- no podían hacer otra cosa que apoyar al proceso. Habla de “plumas favorables” motivadas por cierta oposición a la izquierda, y de la voluntad periodística de no “irritar” al poder. El miedo y el alcahuetismo también forman parte de su retórica; su sinceridad lleva a límites peligrosos la impunidad periodística. “Cuando hay dictadura no es que te mandan a escribir ´esto´. Todo el mundo escribe lo mismo, aunque no lo escriba”, dice  Paredes, en una frase para detenerse.

Estas historias sostienen una pregunta inquietante: ¿Cuál es el rol del periodismo?

Y también nos preguntan sobre las distintas justicias.

¿Qué importancia tiene avanzar en el juzgamiento de periodistas, editores y responsables de los medios que fueron parte? “Es fundamental, primero, para visibilizar y mostrar pruebas del rol de la prensa en estos procesos”, responde el fiscal Palazzani. “Si queremos que el Nunca Más se efectivo, inevitablemente tenemos que avanzar en estos lugares que todavía no están debidamente visibilizados. Para ver todas las dimensiones del fenómeno criminal y también para que veamos que eso se puede repetir: las reacciones psicológicas siguen estando. Por otro lado, para entender la importancia que la dictadura cívico-militar le daba a la acción psicológica y que necesitaba, como hemos probado en la causa, la colaboración y la participación de medios de difusión”.

Las sombras no esconden

Situada en la Argentina del 78’, la ópera rock de Mariano Cejas se adentra en la herida de una familia oprimida por el silencio. “Los restos de la memoria” enfrenta la impotencia de representar la ausencia y de narrar lo impensable de la desaparición.

La memoria opera según parámetros difíciles de medir y comparar con variables lineales como el tiempo. Recorre otros caminos, deja otras huellas y recrudece su actividad a partir de impulsos insospechados. La memoria colectiva, por su parte, se alimenta exponencialmente del amor y la resistencia de las fuerzas vitales contra la muerte; el amor también es político. Como construcción social, la memoria se mantiene activa, cada día edifica un nuevo puente entre el pasado y el presente y resignifica sus sentidos. La memoria es caliente. Entrelaza manos, abraza sueños y da abrigo.

El hierro, en cambio, es frío y punzante. Refracta una luz gris que te sumerge en la más cruda soledad y te deja atrapado entre sus filos.

¿Puede un recuerdo hueco, ausente de cuerpo, quebrantar la cárcel paralizante que impone el hierro? ¿O es justamente esa falta la que potencia el deseo de seguir encarnando el lugar de ese otro arrebatado?

***

_DSC4535“Esta es una obra a favor de los derechos humanos. Me interesó representar y transmitir sensaciones, más allá de la literalidad de la violencia”, expresa Mariano Cejas, director de Los Restos de la Memoria. En esa búsqueda, la obra nos asoma a la vida cotidiana de una familia argentina en 1978, cuyo padre ha desaparecido. Desde esa perturbación absoluta de cada espacio de la intimidad, desde el desgarramiento del día a día, se reflexiona en torno a los efectos corrosivos del silencio y la incertidumbre sobre los vínculos familiares y los lazos afectivos entre los que quedaron. “Decidí centrarme en una familia porque creo que siempre se va hacia el desaparecido, hacia la violencia más literal. No he visto cosas que se centren en una casa, desde el punto de vista de la persona que se tuvo que quedar en la incertidumbre de no saber qué va a pasar. Que a la vez es súper dramático. La gente se va reflexionando porque la obra es fuerte desde el contenido, por el sufrimiento de la familia. En la temporada anterior, se me acercó gente a decirme  ‘contaste la historia de mi primo…’. La verdad es que no nos basamos en ninguna historia en particular, aunque por supuesto hubo mucha investigación”, cuenta Cejas. De hecho, la obra deja la sensación de que podría ser cualquier otra familia y por eso es tan fuerte la identificación con la propia historia. A partir de esta ficción mínima, “Los Restos…” interpela, atraviesa al público con un espejo de la época y lo deja en carne viva. “No queríamos representación de una casa en sí, sino que tuviera una sensación fría, de soledad y de encierro. Que tiene que ver sobre todo con el personaje principal, que es una mujer que se queda estancada en el tiempo, no sale en la búsqueda. La mujer se estanca en un estado de desolación. Por eso, la escenografía de cubos de hierro que manipulan los bailarines tiene que ver con una cárcel”. Para Cejas, “el punto de partida es cómo se transforma la vida de una persona, de una familia, y cómo se van adaptando a eso”.

La obra está escrita por su director, Mariano Cejas, junto a Norberto Helmholt, y la composición e interpretación musical en vivo está a cargo de la banda “Muelles, colores y libertad”. La música genera climas de angustia y oscuridad y permite adentrarnos en la vida emocional de cada uno de los personajes. “La música tiene un rol muy protagonista, no es secundario o de fondo. Elegimos el rock porque fue un género muy censurado durante la última dictadura, y es como nuestro pequeño homenaje para todos los músicos que se tuvieron que exiliar”, aclara Cejas. El elenco también se está compuesto por un cuerpo de baile con coreografía de Leandro Bustos. Los bailarines, presente durante toda la obra y con una estética desgarrada y brutal, expresan las vivencias del horror de los distintos personajes. “Nos interesó trabajar a partir de distintos lenguajes, la música, el teatro, la danza, el diseño de luces… De todas formas, más allá del desarrollo de cada uno y de las distintas interpretaciones que se pueden hacer, siempre sostuvimos la importancia de ser conscientes de la historia que se está narrando y, sobre todo, la época en la que se enmarca”. Para esto, el equipo de la producción y el elenco leyeron el Nunca Más, vieron películas y leyeron artículos de investigación sobre el impacto psicológico de “tener” un desaparecido, justamente como aquello arrebatado, que nunca más se tiene. “Es una gran incertidumbre. Es no saber. Es alguien que se lo llevaron, no sabés dónde estuvo, cómo murió, ni qué le hicieron. La obra abarca más o menos cuatro años… y el tiempo ayuda, pero no es algo que se pueda superar, porque no hay un cuerpo que te permita una clausura. No hay adónde ir a llorar”.

La idea de “Los Restos de la Memoria” surgió en 2012, pero no aspiraba a tener el despliegue que finalmente tuvo, sino que esperaba una puesta más modesta. Sin embargo, el encuentro entre Mariano Cejas y “Muelles, colores y libertad” fue decisivo para dar rienda suelta al desarrollo que la historia demandaba. Los ensayos comenzaron en 2013; la banda, el cuerpo de baile y los actores trabajaron sus partes por separado hasta que en agosto del año pasado comenzó el proceso de ensamble, cuando la obra comenzó a mostrar su espesor. Finalmente, con el auspicio de la Asociación Civil Abuelas de Plaza de Mayo y declarada de interés por la Secretaría de Cultura de la nación, se estrenó en octubre de ese año en el Teatro Sha, con tres únicas funciones. “Es como una tranquilidad tener el apoyo de Abuelas, como un permiso para habar sobre el tema”, confiesa Cejas. Con buenas repercusiones y críticas, ese primer estreno le sirvió a Mariano para ver la obra desde otra perspectiva y comenzar a trabajar sobre algunos elementos a mejorar. En este marzo de 2014, horas antes de que se conmemore un nuevo Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, “Los Restos de la Memoria” se reestrena en el Teatro Sha. La obra, que se puede ver los domingos a las 20hs, seguirá en cartel hasta el 11 de mayo.

“Hemos hecho trabajos fuertes con los actores. La obra empieza con el padre desaparecido, y en uno de los ensayos recreamos como una escena previa, un festejo del cumpleaños con el padre presente, porque la ausencia solo puede inscribirse donde hubo una presencia. Entonces durante un ensayo hicimos un corte de luz y asistentes de la producción entraron de una forma violenta, tirando toda la escenografía, agarraron a los intérpretes y se llevaron a ese padre. Sin que ellos supieran que eso iba a suceder. Terminaron en un estado de angustia muy grande, sobre todo porque no esperaban que eso pase”, cuenta Cejas. Este ejercicio que puede pensarse simplemente desde la dirección de una obra de teatro, simboliza esa imposibilidad, ese espacio límite para el pensamiento que constituye una desaparición. Esa ausencia de hueco, ese vacío descarnado e infinito, ese horror abismal que rebasa a la muerte misma, que condena a una herida sin sutura. “De alguna forma, esas pequeñas cosas contribuyen a la verdad que puede transmitir la obra. Incluso como incentivos para que los actores se involucren con esa realidad. A veces no basta con ponerse en el lugar, hay cosas que es necesario hacérselas vivir de alguna forma. Fue una obra fuerte para ensayar. Por la historia que contamos, era necesario poner mucho de lo emocional de cada uno”.

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Sáhara: el desierto ocupado

Dos mujeres de Aragón entregan esta colaboración a NosDigital. Crónica e historia del pueblo saharaui, luego de 35 años de ocupación, desaparición y tortura marroquí. Un viaje a las entrañas del terrorismo de Estado que cuenta con el silencio y el encubrimiento de las potencias mundiales.

Primer encuentro con el Sáhara

Al Sahara se puede entrar de varias maneras, o porque leés algo en una revista como esta, o porque te cuenta alguien que ha estado o – como es mi caso – porque desde pequeña en los veranos de 1996 y 1998 tuve la visita de hermanas pequeñas. No hablaban castellano y vivían en el desierto. Es entonces cuando me enteré de la situación del pueblo saharaui y de la responsabilidad que el Estado español tiene en ella. Durante aquellos veranos, algunas ONGs organizaban vacaciones para niñas y niños saharauis en España. Recuerdo la primera noche de Yamila en casa, tenía 7 años y no sabía una palabra de castellano, estaba sola entre gente, clima y ciudad extraños y echaba de menos a su madre. Mis padres me contaron la historia del Sahara Occidental. De cómo es un territorio ocupado y su población está dispersa y gran parte de ella vive en campamentos de refugiados en mitad del desierto.

Pero ¿qué es esto del Sahara?

Durante siglos los saharauis fueron nómadas del desierto. En 1884, en la Conferencia de Berlín, los europeos se repartieron África. España obtuvo la región conocida hoy como Sahara Occidental creando unas fronteras artificiales que dividieron al pueblo saharaui y lo sometieron a una autoridad colonial. En los ´60, más allá de la presión de las Naciones Unidas, España no realizó el proceso de descolonización. Así se inició el movimiento por la liberación del Sahara y en 1973 se creó el Frente Polisario con el fin de obtener la independencia por medio de la lucha armada contra la ocupación española. Los enfrentamientos armados se sucedieron, resultando en muertes saharauis y españolas.

El destino de los casi trecientos mil saharauis que viven hoy sometidos en su tierra o  refugiados se forjaba. Lo que estaba en juego –y nunca ha dejado de estarlo – era la libre autodeterminación de un pueblo, enroscado entre los intereses de las potencias colonialistas.

En 1975, España traicionó el acuerdo con los saharauis y con la ONU de realizar un proceso de descolonización apropiado y justo y un referéndum de autodeterminación. Unilateralmente entregó el Sahara a Marruecos. Así el Sahara fue ocupado por su vecino Marruecos enviando a miles de civiles y soldados en la Marcha Verde por el norte, mientras Mauritania ocupó los territorios del sur. La mayoría de los saharauis huyeron de las aberraciones y los bombardeos y se refugiaron en los campamentos de Tinduf, Argelia. En 1976, el Frente Polisario – único representante legítimo del pueblo saharaui – proclamó la independencia y creó la República Árabe Saharaui Democrática (RASD).

La guerra de Marruecos con el Polisario duró hasta 1991 (Mauritania abandonó la contienda en el 79), tras la firma del alto al fuego con la única condición de realizar un referéndum de autodeterminación auspiciado por Naciones Unidas. Hasta hoy, el referéndum no se ha producido y se mantiene a parte de la población saharaui en los campamentos de refugiados en Argelia, y a la otra gran parte en los territorios del Sahara Occidental, bajo la ocupación marroquí. Hoy el Sahara Occidental es la última colonia de África.

¿Y cómo entramos en el territorio?

A mis dos compañeros de viaje y a mí ya nos han contado cómo funcionan los controles hasta llegar al Sahara. Desde que compramos el billete a El Aaiún, tenemos policía secreta siguiéndonos y escuchando nuestras conversaciones. Casualmente el personal de la estación nos abrió una de nuestras maletas. Nosotros estábamos nerviosos, lo que no podía ayudar. En el viaje en autobús, el conductor preparó unas 8 fotocopias de nuestros pasaportes. En cada parada, en el control se quedaban una. Acercándonos a El Aaiún, la policía marroquí empezó a hacer más preguntas y a ser más incisiva. En el último nos hicieron bajar del autobús y entrar en la garita. Allí, más preguntas: profesión, por qué íbamos a El Aaiún, a quién iríamos a ver, si nos quedaríamos con amigos. Con una compañera se ensañaron más pues la confundieron con otra chica que había estado antes. La acusaban de ser periodista. Somos turistas y vamos a un hotel, nos lo llevábamos bien aprendido. Desde el último control nos pusieron una furgoneta que nos siguió para confirmar si era cierto nuestro destino. No parecían haberse creído que fuésemos a hacer sólo una noche en un hotel de El Aaiún. Por fin, nos dejaron ir. A las horas de llegar a la ciudad nos vinieron a buscar para hacer el traslado a casa de una familia saharaui. Todos los nervios y la tensión, la rabia y la impotencia se convirtieron en otra sensación aún más grande. Empezamos a experimentar la dignidad de la resistencia, en cada instante.

¿Qué es vivir en un territorio ocupado?

La ocupación es sostenida por las fuerzas armadas marroquíes. El seguimiento es constante, la presencia policial y militar es visible en cada calle, en cada plaza, incluso hay barrios de mayor presencia saharaui donde las furgonetas policiales permanecen fijas en puntos estratégicos para frenar cualquier atisbo de rebelión repentino. En la Avenida Smara las furgonetas son incontables. Hay policía secreta que te vigila y te sigue constantemente. Caminando por el Zoco, el mercado de la ciudad, te das cuenta de que hay un hombre pegado a ti, que no parece tener más objetivo que ese. Es un secreta. Los ves en cada esquina. Te acostumbrás a su presencia.

También es común oír sobre los chivatos. Una familia nos contaba sobre la paliza recibida por su hijo de 15 años. La policía le dio duro en la calle durante una manifestación de esas que ocurren a diario; no suelen ser grandes, sino muestras cotidianas no violentas de descontento y de deseo de un Sahara libre, protagonizadas por grupos de estudiantes. No fueron al hospital porque allí espera siempre la policía para controlar y hacer seguimientos de las personas heridas. Tampoco se atrevieron a ir a ningún profesional saharaui porque no se fían de quién pueda ser un informador de la policía marroquí. En cada conversación, corroboramos que todas las familias proceden de la misma manera, se llevan a sus familiares heridos a casa.

Said Dambar fue asesinado por la policía marroquí en diciembre de 2010. Su muerte aún no ha sido investigada y su cadáver sigue en paradero desconocido. Tras ser informada de su muerte, a la familia sólo se le permitió ver el cuerpo de su hijo en el hospital desde la distancia, pudiendo distinguir que tenía un orificio de bala entre los ojos. Desde el principio se ha exigido la autopsia y una investigación sobre lo realmente sucedido. Tras 17 meses en la morgue, las autoridades marroquíes decidieron enterrar a Said sin decir dónde. Meses más tarde, la salud del padre de Said empeoró. Aunque fue atendido en la ciudad de Rabat, no pasaron más de unas cuantas semanas para su muerte. Durante ese tiempo la familia fue chantajeada con el tratamiento de su salud y con los procedimientos con el cuerpo. Si se rinden y cesan en su empeño de investigar el asesinato de Said, tendrán facilidades; si no, se les hará la vida imposible. Se verán obligados a velar el cuerpo en su casa ya que se les niega el acceso a la morgue. A los familiares que se hallaban en Rabat se les dificulta conseguir cómo viajar al entierro en El Aaiún. Esta familia se ha movilizado mucho y ha denunciado el crimen de su hijo a nivel internacional. Para forzarles a cesar su lucha, unas veces les han ofrecido viviendas y trabajo, otras les han amenazado con desenchufar la luz de la morgue. La casa de la familia, las hermanas y la madre de Said Dambar han sido atacadas de manera brutal. El caso de la familia Dambar y el chantaje realizado a su familia nos cuenta, y resalta por su sadismo, hasta dónde llegan las autoridades marroquíes.

Las asociaciones funcionan en clandestinidad, ya que  son ilegalizadas por Marruecos. Incluso se ha rechazado la legalización a asociaciones de defensa de los derechos humanos reconocidas internacionalmente como la ASVDH (Asociación saharaui de víctimas de graves violaciones de derechos humanos cometidas por el estado marroquí), que lleva desde el año 2005 constituida siguiendo la ley marroquí y ha ganado varios juicios que reconocen su legalidad.

No hay libertad de movimiento para la saharaui. Simplemente para ir a un pueblo costero a 35 kilómetros de El Aaiún con nuestro compañero saharaui, pasamos dos controles, uno de la policía y otro militar. Omar paró el coche para indicar adónde iba. Nosotras permanecíamos calladas en los asientos traseros. Pero esto es un hecho menor comparado con lo que sufre una persona saharaui. A una saharaui activista se le dificulta y hasta prohíbe la salida al extranjero. No sólo es la libertad de movimiento la que se ve atacada. Todo saharaui tiene a su familia dividida por el Muro de la Vergüenza, ese conjunto de muros defensivos de más de 2.700 kilómetros, y zona militar repleta de búnkeres, campos de minas y defendida por más de 100.000 soldados marroquíes. Parte de la población saharaui vive en Tinduf, Argelia, en los campamentos de refugiados, y la otra parte bajo la ocupación marroquí en los territorios ocupados. Familias separadas más de 35 años por un conflicto que no se resuelve.

Tampoco hay libertad de manifestación ni de ningún tipo de actividad política. Los intentos de la libertad de este pueblo en el territorio ocupado son respondidos brutalmente. Las manifestaciones saharauis son reprimidas, los allanamientos y las detenciones arbitrarias están a la orden del día. “Sales de casa y no sabes si vas a volver”. “Es un estado de alerta continua, en cualquier momento puedes ser tú o tu hermana, tu primo, tu amiga”, ” tras las manifestaciones, la policía va a las casas de la gente saharaui, rompiendo y haciendo daño a todo lo que encuentran por delante. Tienes que quedarte en casa detrás de la puerta a esperar a que vaya la policía, sólo podemos cerrarla y esperar”.

La represión no distingue de edades, ya desde la escuela se reprime a los niños saharauis por hablar su idioma, el hassania, ya dentro de las escuelas se socializa dentro de lo que la represión permite. La marroquinidad del Sahara es incuestionable, empiezan los castigos por ser saharaui, pero por contraparte es el momento en el que se reafirma más la identidad saharaui. Lo mismo pasa en los institutos. Hay profesores saharauis, pero son una minoría. No tienen más opción que adaptarse al currículum marroquí si quieren conservar su trabajo y no acabar en la cárcel.

Marruecos impone su fuerza para castigar y sembrar el miedo entre la población saharaui, y en alianza con sus estados hermanos España, Francia y EEUU, se encargan de tener limpia la imagen mediática del Reino Alaui, de silenciar que Marruecos ocupa un territorio y tiene construido uno de los muros más grandes del planeta. Se silencia la represión y la tortura que se suceden día a día en el territorio, se silencia la ocupación y se silencia a una población que lleva más de 35 años resistiendo desapariciones, secuestros, tortura y chantaje.

Este texto está escrito desde el corazón y desde la rabia que genera que la situación del pueblo saharaui se mantenga luego de décadas mientras el mundo le da la espalda. Somos dos chicas aragonesas que creemos en el internacionalismo como forma de entender los procesos de lucha de los pueblos. Nos gusta conocer luchas y difundir las nuestras. Este es el resultado de seis viajes a territorios ocupados. Son solo pinceladas de lo que ocurre en el día a día saharaui.