La revolución de los pinceles

El arte abandona la galería y desconfía del mercado. Con el dominio de diversas técnicas y soportes, y el uso “a full” de las redes sociales, la artista plástica Irene Lasivita nos cuenta cómo vivir del arte sin venderle el alma a ningún galerista. 

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

Son las once de la mañana, y en el corazón de Paternal el sol colorea las baldosas como si intentara desdibujar el frío, mientras recorremos las últimas cuadras que nos separan de una puerta blanca y una sonrisa casi tímida que todavía espera del otro lado. Nuestra respiración esboza arabescos de humo en el aire, y mientras caminamos jugamos a señalar aquí y allá las pinturas que ella fue sembrando por el barrio, como núcleos vivos de color que encienden y alegran el gris de la ciudad.

“El arte callejero está bueno para tomar los espacios. No si se concentra todo en Palermo y en San Telmo. Todo bien, pero hay que pintar en tu barrio. Si lo hacés para tener chapa, es cualquiera. Estamos hablando de una cosa que no es para vos, es para la calle. No tiene mucho sentido pelearse por una pared en Palermo, habiendo tanta pared en Buenos Aires. Hay barrios que están casi inmaculados: Floresta, Villa del Parque, no hay nada. Por acá tampoco hay mucho. Hay un montón de espacios para pintar”. Así nos dirá unos minutos más tarde y mate de por medio Irene Lasivita, artista plástica que elige vivir del arte transitando sus márgenes, y hoy nos invita a conocer su obra y su lectura del universo artístico.

“Hay diferentes mercados, y entrar en cualquiera de esos mercados es como un camino. Yo no estoy muy en esa. Porque no vendo un montón, ni tengo ningún contacto con ninguna galería (de hecho las galerías no me dan pelota), no me gano premios, no estoy dentro del circuito de los artistas institucionalizados. Podría decirse que lo que yo hago es popular, en el sentido de que si hay un reconocimiento siempre es desde la gente, nunca de ninguna institución”. Irene cuenta que existen recorridos prefijados para abrirse paso en el mundo del arte, caminos que implican ganar ciertos concursos y atravesar determinadas instancias. “Es como si fuese un bautismo de fuego”, se ríe, “pero en el medio para mí te volvés un vampiro, no sé cómo explicarte, en el medio es un bajón”.

Entonces recuerda que cuando decidió dedicarse a pintar armó una carpeta y salió a hacer una ronda por galerías. “Pero no solamente a dejar la carpeta, a hacer esta pregunta: cómo funciona esto, cómo es. Mandé un millón de mails, hice todo lo que una persona con su mejor predisposición hace cuando quiere conseguir algo”. En la mayoría de los espacios, sin embargo, no le prestaron atención, e incluso muchas veces ni siquiera se molestaron en abrirle la puerta. “Claro, porque constantemente les están llegando a ellos propuestas, materiales, y gente que quiere lo mismo”. Después de su periplo, Irene entendió que las galerías son básicamente un negocio, y mientras relata su experiencia esboza una clasificación en tres tipos: “Las primeras son las que te cobran por exponer. Esas no juegan. Te venden un servicio de muestra, juegan con la necesidad y los egos de la gente que quiere mostrar, entonces te hacen el circo, invitás gente y no sirve para nada. Te cobran un montón de plata. A mí me parece un negocio perverso, como que entre eso y armar cumpleaños de quince no hay mucha diferencia.” Las segundas, explica, son las galerías que manejan una cartera de coleccionistas determinada, y trabajan con obra de colección que ya tiene un valor en el mercado. “Y después están las intermedias, que son como galerías de ‘arte emergente’, y ahí es donde si me invitan, yo podría llegar a ir”. 

Contra la fantasía de que la gloria del artista está en el reconocimiento institucional, Irene tiene mucho que decir. “Hay mucha ilusión de que el sumum de la felicidad del artista es que te vaya bien, y vender, y ser reconocido, y que las boludeces que subís en Facebook tengan muchos ‘me gusta’. Para mí eso es mentira. Yo no busco eso. Para mí la felicidad del artista está en poder levantarse temprano, y poder tener la cabeza lo suficientemente tranqui como para laburar todos los días. Acceder a un ritmo de producción que sea fluido, y poder seguir descubriendo cosas en tu obra, y trabajar. Porque si te va ‘bien’, pero cuando te ponés adelante del cuadro, o del bloc, o de cualquier soporte, te angustiás, hay algo que no anda. Y eso pasa un montón”.

Entonces sí nos sumergimos en su producción plástica, indagando acerca de los diversos géneros en los que trabaja y del tipo de imágenes que le interesa producir. Irene habla en un tono suave, teje y desteje palabras con ternura, y por momentos se detiene hasta dar con la expresión que busca. “Yo tiro un fondo, agarro una tiza y empiezo a tirar líneas, y esas líneas a veces son más o menos algo, y a veces no. Hasta que de repente digo: bueno, listo, esta se queda. Pero yo no estoy pensando en nada, no sabría decirte hasta dónde se filtra qué”. Observo que hay algo de onírico en las imágenes que van germinando entre sus manos. “Son como apariciones, ¿no? Es re difícil hablar sobre esto, voy a usar palabras de otro artista. Paul Klee dice que el arte no reproduce lo visible, que hace visible lo invisible. Que nosotros y los objetos que representamos compartimos una vía más básica, que es la vía físico-óptica, que es aquello que podemos ver, que entra dentro de nuestra percepción. Entonces él dice que, más allá de lo que podemos percibir, hay un montón de cosas, y ese montón de cosas los artistas tratan de hacerlas visibles”.

ireneActualmente Irene trabaja con cuatro soportes: dibujo, pintura, mural y digital. “Todo lo que es dibujar es desarrollo de la forma: línea y aparición de volúmenes, o de personajes, o de lo que vaya surgiendo. Tiene que ver con ir ganando coherencia y estilo. Y por lo general es como un momento de la mañana, una energía de la mañana, mate y dibujo, es casi como un entrenamiento. Hay que dibujar, hay que dibujar mucho”. Hace hincapié en la importancia de entrenar para ser capaz de canalizar las apariciones que van emergiendo en el proceso. “Vos estás ahí, y como que te atraviesa algo, te ves atravesado por algo. Si vos no estás entrenado en todos los aspectos necesarios, eso que te atraviesa te colapsa, como si vos fueras un cable. Si no estás fuerte, te derretís y hacés cortocircuito, y lo que te sale no está bueno”.

La pintura, en cambio, avanza muchísimo más lento y sólo va mutando muy gradualmente. “Yo tengo la sensación de que recién a los cincuenta, sesenta años voy a tener fluidez en la pintura: dominio, estilo, resistencia”. Rodeadas como estamos por varias de sus obras, algunas que saludan desde las paredes, y otras que aguardan el toque de su pincel todavía encaramadas sobre algún caballete, Irene intenta explicarnos cuán vibrante resulta el acto de pintar. “Es re fuerte la experiencia, no es sencillito. Y no tiene nada que ver con la técnica. Es súper confrontativo, es movilizante. Vos estás pintando, y si no estás emulando un estilo que viste porque pensás que de esa manera te va a ir bien, si no estás tratando de hacer un leopardo hiperrealista porque pensás que esa es la posta, si estás haciendo la tuya realmente, estás sacando imágenes de un lugar que yo no tengo idea cuál es y en ese proceso agitás mucho”. Es como si fuese un viento arrasador, explica, y es casi inevitable imaginarla a ella, tan flaquita y en apariencia tan frágil, luchando contra una corriente enloquecida. “Y vos tenés que estar ahí plantada, porque caso contrario se descontrola el resultado, se te descontrola. Es como una súper energía que hay que saber canalizar, y eso lleva un montón de preparación”.

En cuanto al mural, Irene observa que hoy salir a pintar la calle está muy en boga. “Que esté de moda por un lado es re bueno, porque hay un montón de gente pintando, y por otro lado es malo, porque de todo lo que se está pintando, se repiten mucho las cosas. Estaría buenísimo que todos los que salen a pintar hagan la suya, y no que haya mil personas haciendo solamente un par de estilos distintos”. En este sentido, y partiendo de la idea de generar una imagen genuina y propia, ella destaca las posibilidades creativas que surgen de involucrar todo el cuerpo en el acto de pintar. “Del mural me gusta mucho la situación física. Es una cuestión de motricidad. Porque el dibujo es falange, la pintura puede ser muñeca o puede ser codo, pero el mural es hombro, es cintura, es cadera, y cuanto más interviene todo tu cuerpo en una situación también menos cerebral es, menos racional es lo que estás haciendo. Y cuanto menos racional es lo que hacés, va creciendo la posibilidad de que lo creativo aparezca”.

Finalmente, cuenta que la exploración del medio digital comenzó con una tableta gráfica que compró hace varios años. “Lo digital como medio está buenísimo. Tiene un lenguaje en sí mismo. Al principio, para mí era como emular lo analógico, intentar hacer a través de lo digital cosas que fueran lo más parecido a lo que se hubiese hecho con un pincel. Y después me di cuenta que no, que tiene su propio lenguaje y es súper rico: el bit, el pixel y los colores rabiosos. Hay cosas que se pueden hacer en lo digital y no en otra parte”. Utilizando este medio, Irene editó y publicó recientemente y de forma independiente Estequem, un libro que reúne muchos de sus dibujos. “En realidad desde chica que los venía haciendo, y son como las situaciones cotidianas de la vida, conmigo de caricatura ahí en el medio, y los personajes que dan vueltas”.

Tanto para la publicación del libro, como para difundir sus clases de pintura y las muestras en las que participa, el papel que juegan las redes sociales es central. “Para mí hay que usar Facebook a full y para lo que es importante. Hay que deshacerse de toda vergüenza, y usarlo para lo que uno lo necesita. Es una gran, gran, gran cartelera”. Cuenta que por vía de este medio llegaron a ella muchos alumnos que hoy le permiten vivir del arte, y que también fue a través de Facebook que consiguió juntar los quince mil pesos que necesitaba para imprimir el libro. El amor por lo que hace le late en la piel, y se nota. Con la misma fuerza con la que resiste vientos convulsos, siempre pincel en mano, Irene derriba varios mitos acerca de las dificultades de ser artista. “Hay muchas ilusiones de condiciones que no existen. Por ejemplo ‘vivir del arte’, como meta imposible. Ya nadie necesita un galerista para vivir del arte, nadie necesita un tipo que gane lo mismo que vos porque tiene un local en Palermo. Estamos en la era de las redes sociales: yo vendo las pinturas por Facebook, ya fue. Hay mucha ilusión de que necesitás cosas: sobre todo un reconocimiento institucional. Para mí no va por ahí. Toda esa energía tiene que estar puesta en tomarte en serio tu laburo, tomártelo con compromiso, dar lo mejor que puedas”.

http://www.irenelandia.com.ar/

“Estamos viviendo una liquidación pasiva”

Valentín Suárez es dibujante y líder de la comunidad qom Riacho de Oro, en Formosa. En su última visita a Buenos Aires, nos encontramos con él para hablar de su arte y de la cosmovisión que condensan sus dibujos. Entre leyes que no se cumplen y gobiernos que no oyen, un pueblo que rompe las cadenas del silencio.

 

-¿Qué significa para vos dibujar?

-Para mí, esto es una manera de ceder todo lo que uno sabe, y para difundir también. Difundir lo que es nuestro. Hay una voz que nunca fue oída y esta es una forma de que se escuche, que se vean en los dibujos los saberes que son parte de la cultura. Los saberes de los animales, el bosque, el agua, qué es el territorio para nosotros. Cada uno de los dibujos tiene significado. También hago dibujos sobre los atropellos de la conquista, de la campaña militar.

-¿Cuándo empezaste a dibujar?

-Siempre dibujé, pero recién en el 2006 empecé a dedicarme a dibujar para exponer. Empecé a retratar hechos que pasaron en mi pueblo y también lugares que tienen un significado para nosotros. Mi intención es difundir. Estamos muy lejos del alcance de los medios de comunicación, pero así voy preparando y plasmando lo que siento, y tal vez dé la casualidad de que hay una persona a la que le interesa algún tema, y yo estoy dispuesto para colaborar y para mostrarle lo que tengo. En Riacho de Oro, no hay interés en registrar y archivar nuestros trabajos para que sea un elemento pedagógico que se utilice en las escuelas. Se habla mucho del bilingüismo y la interculturalidad, pero en el fondo no se hace nada. Por eso, cuando les mostré estos libros y los dibujos que yo hago, a la gente le pareció muy importante y útil para la educación. Y también para difundir la historia nuestra, y la historia real que nunca fue escuchada.

-En diciembre participaste de una muestra, ¿cómo fue esa experiencia?

-La muestra fue contundente, a mí me impresionó mucho. Los que participaron de la exposición eran artistas que estudiaron para ser artistas, y yo empezaba de abajo. Lo primero que explicaba era que todo lo plasmado en el papel es lo que yo sentía en mi corazón, mis sentimientos. No copié ningún libro ni ninguna imagen, sino que es desde mi espíritu a la imagen. A la gente le impactó. También participé de libros de antropología y de zoología, y cuando la zoóloga me pedía que dibujara, yo no necesitaba copiar de los libros o estudiar cómo es el animal, sino que yo tenía conocimientos reales de cada uno de los animales, para qué sirven, si se comen, si tienen uso medicinal…

-¿Cómo llegan a vos las historias de tus dibujos?

-Algunos de los mitos que plasmo en los dibujos los rescato de mi abuelo, que falleció en 1976 con más de 100 años. Yo tenía entre 8 y 10 años, y alcancé a acompañarlo en la marisca y la pesca, y a escuchar sus relatos. También me hablaba mucho sobre la campaña militar, sobre la lucha. Otras que no tengo tan claras las consulto con mis hermanos mayores o con los ancianos. Nuestras historias no están en un papel, sino que se transmiten de generación en generación. Se siguen transmitiendo a los más chiquitos. Lo veo porque en mi comunidad, y en las de otros pueblos (en Formosa estamos los qom, los wichi y los pilagá), hablan el idioma de su familia. La importancia de esto es que una vez que ven el dibujo, ya los chicos automáticamente recuerdan alguna anécdota, quizás de la marisca o de algo que pasó en el lago.

-¿Te acordás de alguna?

-Sí, por ejemplo, un chico vio un dibujo mío y recordó una vez que estaban un grupo en una laguna muy profunda y se lo llevó para abajo una víbora; pudo ver todo lo que había abajo sin ahogarse. Los chamanes decían que el que llevó a ese nene es una víbora semejante que nosotros llamamos AraGanaGalate’e, pero que a veces aparece como una mujer. Porque lo que yo dibujo existe. Estas son las cosas que intentamos difundir para que entiendan por qué queremos el agua, por qué queremos la tierra: porque hay una relación. Es muy difícil que nos entiendan. Somos una nación, con una lengua y una cultura propia, dentro de un país. El territorio para nosotros es más complejo, es el bosque, pero también son los animales, que tienen vida, también el árbol tiene vida y los dueños de los animales también existen.

-¿Cómo ven el avance de la soja?

-El desmonte es muy veloz. La persona ignora por qué ocurren tantas catástrofes: tormentas, piedras, grandes inundaciones. Para nosotros eso ocurre porque  el aire está contaminado y hay alguien que tiene que limpiar todo eso. Yo observo esta gran ciudad y no hay polvaredas de tierra, solamente se ve color negro, el color del humor. Entonces, hay alguien que tiene compasión por los seres humanos que hace llover para limpiar el ambiente.

-¿Cómo es ser el líder de tu comunidad, Riacho de Oro?

-Empecé en el año 93’, a nivel local y provincial, nunca pensando en llegar a Buenos Aires. Pero lamentablemente, a medida que voy mirando la necesidad de mi gente y las leyes que garantizan nuestros derechos, veo que todo está muy bien escrito pero la acción falta. Para mí la base más esencial para que nosotros podamos reclamar y luchar es que conozcamos nuestros derechos y que tengamos una educación de calidad, no como la que tenemos en Formosa.  Recién ahora, por nuestra insistencia, se está enseñando cómo está organizado el Estado, los municipios; pero años atrás, no se explicaba nada, sólo Matemática, Lengua, algo de Historia y casi nada de Tecnología. Ahora se está avanzando pero no porque el Estado quiere, sino porque nosotros queremos que nuestros hijos estén más capacitados.

-¿Cómo viviste estos últimos años de mayor visibilidad del conflicto?

-La represión en Potae Napocna Navogoh (La Primavera, en la lengua de la colonia) dio vista a todo el mundo lo que es la realidad de las cosas. Nos dio fortaleza a los líderes que muchas veces no somos recibidos en el Estado porque dicen que no somos los representantes legales. Félix Díaz se reconoce como genuino representante porque fue elegido por la comunidad, y uno de nuestros derechos dice que tiene que respetarse la forma ancestral en que se elige a los líderes. La Democracia se forma por un Estado y un Pueblo. Nosotros muchos años hemos esperado que nuestras instituciones, como el INAI (Instituto Nacional de Asuntos Indígenas) o el ICA (Instituto de Comunidades Aborígenes) en la provincia de Formosa, vengan a solucionar nuestros problemas. Después comprendimos que esto es parte del Estado, que no tiene una política sobre la realidad de las comunidades. Entonces, nosotros como pueblo tenemos la posibilidad o la responsabilidad de reclamar lo que es justo. Estamos viviendo una liquidación pasiva.

¿Qué pasa con la Ley de Emergencia Territorial?

-En 2006, cuando se promulgó la Ley, para nosotros fue hermoso porque creíamos que ya se iba a regularizar toda esta situación, cosa que pasaron tres años y no sucedió nada. Se prorrogó y quieren aplicar lo que a ellos les parece. Uno de los artículos dice que el relevamiento territorial tendrá la participación activa de las comunidades indígenas, quiere decir que se requiere un proceso previo. Sin embargo, los presidentes de INAI y el ICA hicieron un convenio entre ellos que dice que los que tendrán participación activa son los representantes de las comunidades, contrario a la Ley que habla de toda la comunidad. Este párrafo lo pusieron porque ellos están seguros de que tienen agarrados a los representantes legales, saben que les ponen el papel adelante y ellos lo firman detrás de un escritorio, sin llegar a las comunidades y sin el trabajo técnico – operativo y antropológico. Es un ejemplo claro de cómo dilatan todo para que no se haga el trabajo. Estamos con poco tiempo hasta que venza la última prórroga en el 2013, y en Formosa no se está haciendo. Tenemos que dar nuestra vida, nosotros vamos a entrar a nuestros territorios y vamos a decir que son nuestros. Si el gobierno no es consciente, la historia de Potae Napocna Navogoh se va a repetir en todas las comunidades.

Sentir justicia

Fuimos a la presentación del libro “Acá se juzgan genocidas. Dibujos, crónicas y fotos”, síntesis del trabajo militante, artístico y académico. Con la idea de hacer públicos los juicios que, ninguneados por los medios, suelen quedar dentro de las paredes de Tribunales, esta obra recorre experiencias disímiles y subjetivas e invita a participar y hacerse presente en este momento histórico que nos pertenece a todos y todas.

“Esta manera de mostrar los juicios tiene que ver con exponer a los acusados ante la sociedad, la historia y el mundo, como lo que son: violadores, torturadores, apropiadores de niños. Y además, ponerles ese peso encima, con una cara reconocible, porque son los mismos que hoy tienen toda la verdad, para que las Madres como Taty sepan qué pasó con sus hijos, nosotros recuperemos a nuestros hermanos, y que este pueblo pueda, por fin, saber qué pasó con cada uno de los desaparecidos. Es una verdad necesaria para el colectivo, no es algo de cada madre o de cada hijo, sino que es algo que nos constituye como sociedad”. Contundente, Giselle de H.I.J.O.S. cierra su espacio de micrófono en la presentación del libro “Acá se juzgan genocidas. Dibujos, crónicas y fotos”. Este “manifiesto colectivo” es un testimonio  de la permanente, inagotable y creativa búsqueda de la verdad, la persecución de la justicia y la construcción de la memoria colectiva.

Estamos en el aula 108 dela Facultadde Filosofía y Letras, y desde una de las paredes nos miran los alumnos, docentes y no-docentes de esta facultad, desaparecidos por la dictadura. A la hora de hacer uso de la palabra, los disertantes se cuidan de usar palabras como “alegría” o “felicidad”, difícilmente compatibles con la temática que nos convoca; en cambio, prefieren hablar de “satisfacción” para referirse a los frutos de la persistente batalla, que no cesará hasta que el último genocida, el último cómplice, esté condenado. El libro que hoy se presenta es una nueva ofensiva en esta batalla, y es obra de un año de trabajo colectivo entre H.I.J.OS., las Facultades de Filosofía y Letras y Ciencias Sociales (UBA), el IUNA (Instituto Universitario Nacional de Arte), Cátedra Libre de Derechos Humanos (UBA), Cátedra de Fundamentos de Diseño Gráfico para Editores (UBA), Pasajeros de Edición, y Cátedra de Diseño Gráfico I, II y III (UBA).

En el marco de un proyecto de H.I.J.O.S. para incitar a la gente a acercarse a los juicios, y ante la imposibilidad de filmar o sacar fotos en la mayoría de los juzgados, surgió la convocatoria a estudiantes de distintas facultades para retratar las audiencias con dibujos, crónicas y ensayos. Es lo que hace a este libro tan particular; más teñido de sentimientos, gestos, actitudes y emociones que de análisis y voces expertas. Este esfuerzo de valernos de nuestra (otras) armas no es del todo frecuente en las mencionadas unidades académicas, de puertas pesadas y ventanas cerradas, por lo que es un evento digno de celebrar. “Todos, hasta el más sencillo, el más humilde, el más pacífico, poseemos armas – afirma Julio Flores, decano de Artes Visuales IUNA – Un arma es el dibujo. Recordaba la historia de las artes visuales en la lucha por los derechos humanos. La primera tarea fue ver cuánto espacio ocupan 30.000 desaparecidos. Si se los pone pie con cabeza acostados en calle Rivadavia y se empieza en Plaza de Mayo, llegamos General Rodríguez. El siguiente paso fue verles las caras, y decir ‘no son todos iguales, no es una masa’; son cada uno, con su historia. Lo tercero fue preguntarnos por los culpables. Ese es el orden en el que está armado el libro. Lo cuarto, alcanzar una justicia cierta. Y yo agregaría que lo quinto es que quede grabado en la memoria para siempre.”

El micrófono gira y le llega el turno a Taty Almeida, referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora e invitada de honor en esta presentación. El espíritu de “Acá se juzgan genocidas” se vuelve tangible en Taty, mucho más viva, fresca, fuerte y compleja que cualquier conceptualización ensayística. Y así lo demuestra su sonrisa, que esta noche no escatima en dientes para hablar de los 35 años de las Madres, para agradecerle a los H.I.J.O.S. y para hablar de este libro que “parece chiquito, pero es tan importante”. A sus palabras, breves pero llenas de energía, respondemos con un extendido aplauso, de esos que involucran todo el cuerpo y calientan las manos.

Otra reflexión es la de Matías Cordo, subsecretario de publicaciones de FYLO: “Es una obra de una riqueza excepcional, que está dada justamente por su carácter de mosaico auténticamente colectivo de miradas, expresiones, trazos y textos, que incluyen no sólo el contenido sino cada aspecto del libro: desde el diseño hasta la selección de cada elemento de las cubiertas y del interior que lo conforman. Es también la experiencia de chicos que nacieron después del 83 y que van a ver los juicios, escuchan las declaraciones de los testigos, están presentes, ven las reacciones de las personas, tanto por la parte defensora como por la parte acusadora, lo cual también es bastante impresionante y, en ese sentido, el libro cumple el objetivo de tratar de romper con esa idea de la indiferencia, de eso que pasa que no nos involucra como sociedad, que es un discurso sostenido por algunos sectores y, la verdad, no resiste el mínimo análisis. Cualquier persona expuesta al relato de lo que pasó no puede permanecer indiferente”.

 

Bajo la consigna de que “los juzga un Tribunal, pero los condenamos todos”, la convocatoria a participar de los juicios históricos a los responsables de los crímenes de lesa humanidad sigue abierta. Para hacerlo, solo basta que te presentes con tu DNI. Podés seguir el calendario en www.hijos-capital.org.ar