“No vamos a ser cómplices del caos”

Los trabajadores del Hospital Garrahan están decididos hace tiempo a no transar con el sistema de desabastecimiento humano que se quiso perpetuar. Los trataron de “terroristas sanitarios”, los denunciaron por coacción agravada, pero se bancaron todo para continuar con dignidad la atención de uno de los hospitales más complejos de Latinoamérica.

-Con sus 30 años de experiencia, ¿no le pareció rutinaria la situación que se vivió el 27 de julio de 2005 en la huelga que hacían los trabajadores del Garrahan?

-Sí

-¿Y siempre hace denuncias como esta?

-No

-¿Entonces?

IMG_0959Entonces, la inspectora del Ministerio de Trabajo, Iris Moyano, confesó lo que los cuatro trabajadores del Hospital Garrahan sentados en el banquillo venían denunciando sobre la causa que los llevó al juicio oral y público: “Con una mezcla de impunidad e ignorancia, la inspectora dice que ella hizo la denuncia porque se lo ordenó la viceministra de Trabajo de la Nación (NdeR: Noemí Rial)”, cuenta uno de los procesados, el enfermero Eduardo García, y lo traduce según la altura que merece la anécdota: “Es decir: el Poder Ejecutivo denunciando a los delegados que encabezamos una huelga por mejoras salariales, condiciones de trabajo y en defensa del hospital público”.

La causa que procesó por coacción agravada (amenazas) a Eduardo García, Gustavo Lerer (bioquímico, delegado general ATE Garrahan), Adriana Agüero (enfermera) y Marcelo Mansilla (técnico de laboratorio) llegó a su fin el viernes pasado con la justicia de su absolución y la injusta confirmación de que todo fue armado. “Ya estaba demostrado, cuando Gines Garcia (ministro de Salud en ese entonces) nos dice terroristas, ahí está interviniendo el ministerio directamente. Cuando el ministro Tomada dice que no se cumplen las guardias mínimas cuando no están reglamentadas; cuando Nestor Kirchner dice que hay que avanzar sobre el tema y al otro día vienen ocho patrulleros y un juez”. Aunque para Gustavo Lerer ya estaba desnudo el interés del gobierno en criminalizarlos, la confesión de la inspectora Moyano en el juicio terminó de sellar toda sospecha, suposición y denuncia. Hoy esta causa se convierte en un caso testigo de cómo accionan los funcionarios del Estado en contra de los trabajadores que se organizan para reclamar mejores condiciones, y el rol que cumple la Justicia.

Cómo se armó la causa

-En 2005, los trabajadores del Garrahan entraron en paro tras catorce años sin aumentos salariales. Agrega Lerer: “Fue eso y la defensa del hospital público, el pase a planta de todos los tercerizados y la puesta en condiciones del resonador magnético”.

-Todas las semanas, inspectores del Ministerio de Trabajo pasaban a verificar que se estén cumpliendo las guardias mínimas en el hospital. Dice Lerer: “En realidad, las guardias mínimas no estaban reglamentadas o estaban reglamentadas a favor de la patronal: decían que tenía que haber siete trabajadores cuando ése es el número habitual de la guardia, es decir que no si trabajan esos compañeros no pueden hacer huelga”. El enfermero Eduardo García descree que ese fuera el fondo del problema: “En realidad los inspectores venían a marcar a quienes hacíamos la huelga”.

-El 27 de julio del 2005, cuatro meses después de comenzada la huelga, llegaron al hospital los inspectores Sergio Neira e Iris Moyano a hacer su rutina. “Nosotros no los conocíamos entonces les preguntamos quiénes eran. La inspectora Irirs Moyano empezó a gritar e hizo todo un teatro y salieron derecho a la Dirección del Hospital”. El día pasó como si nada. Cinco días después les llegó una notificación del juzgado que avisaba el inicio de una causa por “coacción agravada” (amenazas). “Si a vos te hicieron una amenaza y temes por tu vida, lo lógico es que salgas del hospital y vayas a la fiscalía a notificarlo, no que recién te acuerdes cinco días después”, interpreta Lerer. Mansilla  fue acusado de sacarles fotos a los inspectores, lo cual no es un delito; a Eduardo García le incriminan haber pecheado a la inspectora, “cosa que nunca ocurrió”. Y a Gustavo Lerer y Adriana Acuña los imputaron por mover la manifestación a la puerta de la Dirección y cantar el repertorio musical habitual por esas fechas: “Atención, atención, estamos defendiendo la salud de la Nación”.

IMG_1065-Pero ése no fue el único intento de desarmar la huelga: “Tres días después”, relata García, “denuncian a las enfermeras por abandono de persona, y una semana antes el ministro de Salud Ginés González García nos trata de terroristas sanitarios. Fue el momento de mayor ataque”.

-La huelga duró cuatro meses más, ocho en total, y terminó con un aumento del 50% a favor de los trabajadores del hospital. “Pero no pudimos conseguir nuestro objetivo que era 1800 para el que menos ganaba, nos dimos cuenta que hace falta todo un sindicato para lograrlo”, lamenta Lerer a pesar del histórico logro. Eduardo lo complementa sobre esta cuestión de cómo y quiénes negocian el tironeo: “Para eso necesitamos un verdadero plan de lucha en el no vengan los sindicalistas a decirnos lo que necesitamos, porque mejor que los trabajadores no lo sabe nadie”.

-La causa por “coacción agravada” contra los cuatro trabajadores obtuvo “falta de mérito” en la primera instancia y otra sentencia los consideró “sobreseídos”. Sin embargo, durante la segunda mitad del 2012 se reactivó en sintonía con otras causas de distintos juzgados del país que procesan a al menos veinte sindicalistas y delegados de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE). En todos los casos se trata de causas armadas alrededor de antiguas protestas y que ya habían tenido – como la del Garrahan- sentencia en otras oportunidades. Un caso testigo de esta práctica lo representa el secretario general nacional de ATE, Julio Fuentes, que acumula 54 procesamientos en su contra, 6 juicios orales y 53 absoluciones; la única que le queda comenzó a dirimirse el pasado 18 de marzo y estudia una causa iniciada en 2002 en la que Fuentes ya fue sobreseído.

¿Por qué pasa esto?

Una pregunta que puede resultar ingenua porque no tiene explicación o su respuesta es muy obvia. En este caso, la sensación de Eduardo García puede resultar una síntesis de qué quiere lograr el Estado cuando judicializa una protesta: “Fuimos al juicio a contar lo que nos parecía una locura: por qué estábamos sentados ahí. Aunque políticamente uno lo puede entender, emocionalmente es muy fuerte sentarse solito en la silla, frente al tribunal del poder judicial, el Estado en su magnificencia, los jueces, la Policía, señalándonos como si fuéramos delincuentes”.

El hospital, hoy

Lejos de estar en condiciones ideales, los trabajadores del Garrahan aceptan que luego de la protesta de 2005 la situación salarial mejoró, sobre todo para aquellos con antigüedad en el hospital. “Lo que no cambió es la situación de los tercerizados, que son las empresas de limpieza y mantenimiento fundamentalmente, a quienes el hospital les paga una fortuna y ellos tienen flexibilizados a los trabajadores”, cuenta García. Para graficarlo llama a un joven vestido de azul: “Mirá, logramos que él se reincorporara al trabajo ya que la empresa lo había echado con otros dos compañeros”. El joven asiente. Más tarde revela que su sueldo es de 3.500 cuando el Hospital paga a la empresa contratista más de 7 mil por cada empleado.

IMG_1125Otro tema es la falta de personal, lucha que se encaró en aquél 2005. “En ese momento había 700 enfermeros y hoy son 1200: eso te da una pauta de eran necesarios”, cuenta Lerer. “Los nuevos ganan cinco mil quinientos… Del total hay 200 a la noche. El año pasado se revelaron y les tuvieron que dar el 20% de plus nocturno, cuando históricamente les pagaban el diez”, sentencia como ejemplo de cómo se consiguen las mejoras.

Javier Medina, encargado de la oncología pediátrica del Garrahan a la tarde, denuncia que desde hace meses su área pasó a ser “polivalente” y ahora recibe otras patologías: “Uno de los efectos en pacientes oncológicos es la baja de las defensas, y ahora están trayendo pacientes potencialmente infectados que pueden contagiar y los juntan. En un tiempo era un sector exclusivo pero ahora el Concejo (dirección del hospital) nos dijo que “la bajada de línea es internar”, relata.  El tono que al parecer se da en las oficinas del Concejo roza las escenas de El Padrino: “Una directora nos dijo s`i yo te traigo a mi hijo y no lo internas yo te pego un tiro´ “, apunta Sandra sobre la mezcla de pacientes.

Sandra Ruiz es enfermera de emergencias y trabaja en la guardia del Garrahan. Relata su experiencia: “Después de padecer muchos años con chicos internados en camas en el pasillo pudimos entablar una lucha y ganarla. La guardia tiene una capacidad de 33 camas  y el año pasado llegamos al tope de la tolerancia: 30 chicos internados en los pasillos, es decir el doble del permitido, siendo siempre la misma dotación de enfermeros que es un promedio de diez porque nunca estamos todos”.

“Entonces nos dimos cuenta que estábamos siendo cómplices de la mala atención; las enfermeras no estudiamos para atender mal a los pacientes, estudiamos para calmar el dolor, para contener a la familia, pero en la vorágine que había acá en la guardia estábamos dejando chicos en los pasillos, madres durmiendo en una silla, no había frazadas para cubrirse en invierno… Nos íbamos en pleno caos, y al otro día volvíamos y encontrábamos el caos que habíamos dejado. Decidimos decirle  `así no más´  pero nunca dijimos que no íbamos a atender a los chicos porque somos seres humanos, tenemos hijos, pero no queríamos ser cómplices de la mala atención que había”.

IMG_1061“Primero salimos a pedir ayuda, a decir que no dábamos abasto. Tuvimos reuniones con la gente del Concejo, con la jefa de enfermería, y lo único que recibimos fue indiferencia, amenazas, y hasta de una forma irónica alguien del Concejo nos dijo que se vengan los niños del mundo entero´. Nos dijeron que si no nos gustaba teníamos la puerta abierta para salir a otra área del hospital. Nos pusimos firmes y pudimos trabajar el año pasado como corresponde. Pero no estamos durmiendo en los laureles porque ahora ya se avecina la época de invierno y va a volver a pasar exactamente lo mismo; vienen muchos pacientes del conurbano, del interior del país, todos vienen con muchas historias de vida que incluye desnutrición, mucha pobreza, padres desocupados, y eso es parte de nuestro trabajo”.

Luisa Pérez trabaja en el área de internaciones del hospital, analiza: “El sistema de salud en general no funciona. El padre que llega acá ya pasó por dos hospitales, una salita y un sanatorio privado. Muchos de ellos tienen obra social pero llegan acá y como ven una buena respuesta al problema de su hijo deciden no irse. Uno se pone en el lugar de padre y lo entiende porque uno tiene hijos y sabe que busca lo mejor para su hijo, pero eso es a raíz que funcionan mal todos los hospitales del conurbano e inclusive los de Capital. Antes  se decía que venían solo los de zona sur, pero ahora no, ya se recorrieron toda la Capital. Prefieren arriesgarse a estar en un pasillo…”.

Gustavo Lerer explica los problemas de la superpoblación: “Perjudica al paciente y perjudica al profesional porque no hay lugar, si uno tiene un paro no entra el carro de paro, la movilidad del enfermero para poder asistirlo, ese hacinamiento colabora en las infecciones cruzadas. Esto responde a normativas internacionales, no lo estoy diciendo yo”.

Propuestas:

-Sandra: “Si aumenta la cantidad de pacientes, que aumente también la cantidad de enfermeros”.

-Lerer: “Mientras acá está lleno hasta el techo, los sanatorios están todos vacios. Que usen esos sanatorios y lo pague el Estado. Y que mejoren las atenciones primarias para que no lleguen acá en el límite”.

Las camillas del Garrahan, su espacio, contemplan la posibilidad – nunca definitiva- que al paciente lo acompañe un familiar. En este caso, siempre, una madre o un padre. En la dimensión de esta nota cabe aclarar que el Hospital Garrahan es un hospital que atiende casos de enfermedades severas de niños. Pasar por los pasillos arroja una serie de imágenes imborrables para cualquiera, sin embargo rutinarias para estos médicos. “Esas cosas las vemos en el día a día. Y por eso nosotros, trabajadores, que defendemos a hijos de trabajadores, no queremos ser cómplices de toda esta currada”, dice Sandra sobre la naturaleza burocrática que los tiene atrapados entre los recursos del Estado, el Concejo mafioso del hospital y la sonrisa de los niños que esmeran el trabajo de los profesionales del Garrahan y lo alzan, a pesar de todo, todos y todas, como uno de los hospitales de complejidad mejores de Latinoamérica.

Que quede claro a gracias a quiénes y a pesar de qué.

La que no te contaron

Se dijeron muchas en la semana. Hubo una que se les pasó por alto o no te la quisieron mostrar:

La que no te contaron en Vámonos de casa.

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