Creación corporizada

El Teatro Sanitario de Operaciones no es una compañía de teatro, es un proceso artístico. Y es el cuerpo el nodo de ese proceso, para la creación y la relación con los otros. Desde adentro, nos cuentan cómo es estar 20 años en la vanguardia.

En la desembocadura del Riachuelo, hay dos puentes con un solo nombre. Dos estructuras que se erigen allí, fieles testigos de cada ocaso y cada amanecer.  Se encargan de unir sendas orillas, pero entre ellos se perpetúa un abismo absoluto, una distancia infranqueable. Sin embargo, los puentes, condenados a ser soportes y a estar siempre “entre” y nunca “en”, no son los protagonistas de este retrato. Porque una noche algo brotó del fluir del río, perturbando la presencia inmutable del Puente de La Boca. De ese río de oscuridad profunda, de silencios viscosos y gritos ahogados, emergió una gigantesca figura humana de hierro, ensamblada por manos de hombres y mujeres. Con luces que la iluminaban desde dentro, captó la atención de hasta los más necios: nos hablaba de las ausencias, sacudiendo nuestra quietud, aún más inerte que la de los sólidos puentes.

Esta intervención se llamó “Aparecido” y fue producida por el colectivo artístico Teatro Sanitario de Operaciones en 1997.

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En cada producción, es central el mensaje que está detrás, no buscamos la imagen por la imagen, nunca fuimos esteticistas.  Y siempre tomamos un discurso social. Creemos en el discurso y tratamos de comunicarlo a partir de la imagen, no del texto. La idea es que a la gente le llegue: somos contadores de cuentos”. Así desenmascara la piedra angular de TSO, su director, Quique López, y resalta la brecha que los distancia de otros grupos que se suelen homologar dentro del “teatro de imagen” o “teatro de acción”. Aunque sus obras y performances cuentan  por sí mismas, la aclaración se hace necesaria porque existe un punto de origen que los hermana. Su historia empieza en 1996, cuando el grupo de teatro catalán Fura dels Baus llega a Argentina para dictar un seminario, al que asistieron quienes serían luego los fundadores de TSO. La muestra se realizó en Dr. Jekyll, uno de los escenarios claves del rock en los 90’, y cuando la vieron les propusieron hacer de soporte de bandas. Así fue que este ecléctico grup,o que albergaba actores, pero también canillitas y escaladores, se presentó con su primera obra, “Cuatro estómagos”, antes de recitales de bandas como Divididos y Los Brujos.

Desde ese entonces, atravesaron el “nefasto escenario de los 90’” y llegaron al 2013, con casi 20 años de vida, 6 obras (Cuatro Estómagos, Aparecido, Zamarra, Mantúa, Piedad, Kotidiana), en un proceso de creación y experimentación que no cesa. Hay que decirlo: es un caso atípico en la escena artística contemporánea. Es que TSO es del todo atípico. En su sitio web (teatrosanitario.com.ar) manifiestan que “TSO no es una compañía de teatro, es un proceso artístico (…), focaliza la importancia del relato o la narración en un tiempo cinematográfico de cada imagen, a la vez de desnudar todas las bambalinas de la puesta clásica”. Su propuesta se aleja de la práctica teatral convencional que se centra en el texto y que divide jerárquicamente los actores del público. Su propuesta abre una grieta y trabaja sobre la frontera donde se mezcla acción y percepción, actor y espectador. “El escenario es un límite claro, vos sos espectador y yo soy actor, y ninguno lo va a traspasar. Acá eso no existe, es constante y continua la comunión entre el espectador y el actor, la cercanía que hay hace que ambas partes formemos el marco de la escena de la obra, y el espectador siente eso. Es una cuestión sugerida y acompañada, no obligada. Cada uno puede tomar el punto de vista que quiera, meterse de lleno o mirar desde afuera”, caracteriza López. Esa ruptura abre un paréntesis en el que lo establecido cambia o se presta a la reflexión; es un teatro que ya no persigue el entretenimiento, para proponer una mirada, una forma de cuestionamiento y de reformulación. Sobre la base de la acción colectiva, los participantes ensayan a través de sus cuerpos, sus gestos, sus encuentros con el otro, una forma de crítica social. En las obras/performances de TSO se amplifica lo sensorial, y en el compromiso con el momento se conjugan intelecto, emoción y sensación. No se trata de representar un personaje o una idea, sino de vivirla, de encarnarla, de incorporarla. Y no es casual la reiterada referencia al cuerpo, dado que es él el que media todas nuestras relaciones con el mundo, en una forma casi originaria de acercamiento. En esta suspensión del mundo de todos los días, se inaugura un marco donde experimentar la sorpresa, el asombro y la perplejidad. “Es un arte que sigue siendo de vanguardia, por decirlo así, aunque pasaron varios años sigue siendo joven. A pesar de que el teatro empezó así, entre el público, y después el mercado los separó a todos y los sentó en butacas.”

En el 2002, se produjo otro de esos encuentros transformadores: TSO llegó al IMPA. “En Capital, pasamos por todos los espacios con posibilidad de albergarnos: Sala Villa Villa, Cemento, Dr. Jekyll, Obras, Luna Park, Konex, etc. Y pudiendo estar en todos esos lugares, elegimos venir al IMPA. Porque más allá de que el lugar propone, por sus características arquitectónicas, acá nos identificamos muy fuerte con la cuestión política e ideológica del espacio y comulgamos con eso. Es una cooperativa igualitaria y horizontal de obreros metalúrgicos que diseñaron un nuevo sistema que combina trabajo, cultura, lucha y educación.”, nos recuerda López. Desde el 2008, aparte de realizar allí sus obras, colaboran con la gestión y programación del centro cultural que funciona dentro de la cooperativa. Claro está que las coincidencias son muchas: desde la ruptura con un orden impuesto y la propuesta de algo transformador y superador, hasta la forma de organizarse: “El proceso creativo es colectivo. Últimamente, yo esbozo un guion, que se pone en consideración de todos, y  partir de ahí, ponemos el cuerpo, ponemos música, y vamos proponiendo performances sobre algún tema.” Otro de los grandes interrogantes a la hora de conocer a un grupo de teatro independiente es cómo se sostienen económicamente. TSO eligió siempre la autogestión: “Militamos en este teatro, creemos en esto, por la autogestión, por la independencia y la libertad que nos da. Somos productores de nuestro propio espectáculo. Pasaron un montón de productores, pasó Grimback, Catalán, Patalano, que quisieron hacer cosas con nosotros y las hicieron, pero que en definitiva pasaron ellos y el grupo quedó. Siempre hubo un momento en que el grupo quiso hacer lo que quiso y lo hizo, más allá de lo que dictaminaba el mercado o lo que fuese.”, aclara López. TSO genera ingresos a partir de armar performances publicitarias y del dictado de cursos.

Llega el momento, entonces, de preguntar por el nombre. Teatro Sanitario de Operaciones. López nos cuenta que el nombre salió al azar. Literalmente, cuando hicieron su primera presentación en Dr. Jekyll, se tenían que poner un nombre, pusieron varios en una bolsita, salió ese y gustó. Con los años, fueron elaborando el trasfondo teórico: “Sanitario por esta cuestión de elegir discursos para las obras, habla de una moral o de un sanitarismo, lo que la gente reconoce como bien y mal, sin tener que explicitarlo; de Operaciones, porque como no éramos todos actores, nos manejábamos con acciones, los actores son operadores.”

El año que viene cumplen 20 años, pero no esperaron a las dos décadas para festejar. En el 2009, cual fiesta de 15, organizaron una retrospectiva y repusieron 3 de sus obras. A su vez, editaron en formato digital el libro “El Cuerpo en el Teatro Sanitario de Operaciones”, de pluma de Jackie Miller, una de las fundadoras del grupo. Allí hacen un repaso por sus referentes artísticos y analizan sus propias obras. Nuevamente, el cuerpo aparece en el centro de la escena y López lo explica claro: “El cuerpo es lo que tenemos. La mejor imagen en este teatro es el cuerpo del actor. La expresión, el gesto, el movimiento es lo que en nuestro tipo de teatro, hacen que se comunique algo”. El año pasado imprimieron el libro en la Cooperativa Chilavert y lo presentarán este año.

En el 2013, mientras preparan su próxima puesta que, anticipan, será una obra sobre Buenos Aires, encuentran un buen momento para hacer un repaso por todo lo transcurrido. Muchas cosas cambiaron desde 1996, desde la realidad socio-política al impacto que eso tuvo en el grupo, hasta el carácter de la participación del público: “Cuando arrancamos nos decían “punks”, “mimos skinhead”, porque como estábamos todos pelados y no hablábamos… No se entendía nuestra propuesta. En los 90’, el público era más agresivo, veníamos de años de un proceso de dictadura muy reciente, había mucha violencia y te pedían violencia. Hoy en día la gente no quiere violencia en los espectáculos, no quieren que la violenten, quiere otro tipo de participación. De ahí el tipo de propuestas que hacemos. Pasamos a hacer un teatro más sociológico con Kotidiana, por ejemplo, la última puesta que hicimos, que veíamos qué es lo que le entra a la gente en la fibra íntima o más cotidiana, y desde ahí es de donde se disparaba la participación. Antes se proponía desde otro lado. Nos colgábamos y nos tiraban cosas, esa cultura rock, punk que se fue suavizando con el tiempo. Son más educados y nosotros también, los tratamos mejor, los acompañamos, antes los empujábamos, los levantábamos y los arrastrábamos. Cambió la relación espectador – obra. Y el espectador es más consciente de este tipo de obra hoy en día”.

El proceso no se interrumpe y TSO ya tiene una arraigada identidad en el circuito cultural porteño, aunque esa identidad no le permite estancarse, y sigue los caminos de la experimentación y el cambio. Con el esfuerzo y el tiempo que conlleva, TSO no negocia y apuesta a la creación colectiva, manteniendo convicciones filosóficas que anudan el hecho artístico: “No creemos en la carrera  que propone lo comercial, es como una estrella fugaz, cuando brillás, en realidad te estás muriendo. Creemos en un proceso artístico, en una creación, en algo que continua en el tiempo, no en una cuestión de estrellato.”

30 años de construir sobre las ruinas

Hace ya muchos años, muchos aniversarios del inicio del horror, que se habla de los vestigios de la dictadura en la democracia argentina (aunque bien podría decirse latinoamericana) y sus instituciones. Si aún se le otorga algún rédito a la RAE, su última edición nos dice de los vestigios que son como huellas. Algo así como una sombra, una silueta que apenas deja adivinar los contornos de las cosas. Una huella es también como una guía en un camino del que ya conocemos el destino, el punto de llegada. Y bien sabemos que una huella dice mucho acerca de la identidad, como las dactilares que llevamos todos escondidas en los dedos.

Los vestigios, dice el diccionario, se parecen también a las ruinas. Cuando todo se desmorona y se reduce a un caos sin sentido, siempre quedan algunos restos que podemos reunir para llegar a una interpretación verosímil de los procesos previos a la muerte y la destrucción. Esos elementos teñidos del espanto, que sobrevivieron al derrumbe y la desaparición bañados en sangre, son los que nos permiten entender cómo llegamos hasta ahí. Quizás la definición se refiera más bien a ese cúmulo de ruinas que el huracán del “Progreso y la Nación” suele dejar a su paso. Esas ruinas que a su paso alborotan todo y no distinguen los cuerpos de las ideas, los sueños de los objetos, lo humano de lo inhumano. Quizás, no.

El tiempo de vida de estos elementos tiende a ser corto. Rápidamente nuevos zapatos llenos de ímpetu pueden difuminar hasta las huellas más profundas; manos deseosas de vida pueden reconstruir hasta las más majestuosas ciudades; el viento mismo puede levantar los restos por los aires y convertirlos en partículas de polvo, dejando la llanura lista para una nueva siembra. ¿Cómo explicar, entonces, 30 años de vestigios? Treinta años, sí, digámoslo en números, en letras, en nacimientos, en muertes. Unx creería que el tiempo se haría cargo de no mantener con vida tanta herencia de muerte. Si fuera solo cuestión de tiempo… Pero ni una aguja girando en el reloj, ni hojas arrancadas de un calendario son capaces de curar estas heridas, de desmantelar estructuras de odio y violencia, de torcerle el brazo a un Estado que para mantener el orden se “limpia” de algunos cuerpos. Se requiere tiempo, sí; pero, sobre todo, se necesitan políticas.

Los Derechos Humanos como categoría ética, política y jurídica existen desde la segunda posguerra, cuando la humanidad se enfrentó a sus propios precipicios, cuando hubo que frenar a los Estados para resguardar la vida de los pueblos y cuando se intentó limitar el ejercicio del poder para ponerlo al servicio de garantizar condiciones dignas de humanidad. La esquizofrenia estuvo dada desde el principio: los Estados, encargados de las violaciones más sistemáticas de los DDHH, eran a la vez quienes debían protegerlos y garantizarlos para sus ciudadanxs. Y casi igual de problemático fue el carácter universal que se les pretendió dar. Universalidad sesgada por la noción de humanidad perteneciente al horizonte específico de la modernidad occidental con un eje central en el individuo, y acordada principalmente entre hombres.

Más allá de estos problemas en el concepto, los Derechos Humanos rápidamente se convirtieron en poderosas herramientas de lucha para los pueblos. Fueron cruciales para la resistencia activa de Madres y Abuelas durante la dictadura, y para una cantidad de organismos nacidos en democracia que persiguen la búsqueda de la verdad y la justicia. En 30 años de democracia, la lucha por la defensa de los Derechos Humanos se ha centrado en la década del 70’. No es del todo sorprendente, ante la atrocidad del plan sistemático que se propuso el Proceso de Reorganización Militar. Sin embargo, es necesario ampliar el campo de visión, leer las continuidades, posar el ojo crítico en el más acá, en esas chispas que si no atendemos amenazan con volverse una fogata.

Se nos dice, desde muy chicos, que por la condición misma de ser humanos, tenemos derechos; nacemos con ellos. Para muchxs, esto constituye una verdad incuestionable. Para otrxs, es un campo de disputa, un atributo que la realidad se encarga de impugnar día a día. Aunque los Derechos Humanos no son algo que nadie nos pueda otorgar, ni ningún Estado ni ninguna ley, muchos grupos y personas parecen no aprobar ciertos requisitos no explicitados. Como el color de piel, la sexualidad, el estrato social, las ideas políticas o la ropa que usás. Estos indicadores parecen operan silenciosamente en una distribución desigual de la “humanidad”.

Ya es hora, o tal vez fue hora hace mucho tiempo, de asumir que la hipótesis de los vestigios es insuficiente. De enfrentarnos a que la represión estatal, la violencia policial y carcelaria, la discriminación étnica, social y sexual son elementos estructurales de nuestra democracia, sistemáticos y reproducidos periódicamente por los sucesivos gobiernos. ¿Cómo hablar de vestigios, de meras huellas, cuando en estos 30 años de “democracia” el total de asesinados por el aparato represivo estatal asciende 3.783 casos, entre gatillo fácil, muerte en la tortura, en cárceles, comisarías, asesinatos en movilizaciones y manifestaciones? ¿Cómo hablar de “el país de los derechos humanos cuando el Estado se empeña en limpiar, en desaparecer a casi cuatro mil de sus ciudadanxs?

Solo con políticas podremos redibujar el fino trazo de las huellas dactilares de nuestro país. Al día de hoy, resisten aún demasiado profundos los surcos de lo que se dio en llamar “la noche más oscura”. Y las decisiones de este día simulado con lamparita, parecen erigirse firmes sobre muchas de esas ruinas que apresaron nuestro pasado y aún condenan nuestro presente.

Camboya profundo

Fue suficiente apenas enterarnos que habían vaciado cada ciudad del país, que entre los asesinados y esos a los que se dejó morir, la población se redujo un tercio en cuatro años, que se abolió la moneda, que ser profesional o saber un idioma extranjero eran los mejores pasajes para convertirse en difunto con rapidez. Todo para entender que desde Camboya hay una historia para contar, una de esas que te erizan los pelos justo antes de reprimirte las ganas de vomitar.

Los campos quedaron quietos, ahora con algo de suerte son museos de la memoria. Los miles de cráneos apilados viven inmóviles. Ni siquiera volviendo a nacer se nos quitará la mezcla de vergüenza con humillación por lo que a una nación entera se sometió. Desde Argentina estamos bien lejos de Camboya, y tan cerca, por conocer bien de torturas, genocidios y masacres planificadas.

Los genocidios de la periferia no cotizan fuerte en la Historia Universal, así quedan fuera los tutsis de Ruanda, así sabemos casi muy poco de Pol Pot en la Camboya de la década del ´70. En Camboya pasó de todo. Los Jemeres Rojos obtuvieron en abril de 1975 el poder en medio de los fuertes coletazos que la Guerra de Vietnam propinaba incesante al vecino país. Al iniciarse la guerra, Camboya mantenía una estrecha relación con Vietnam del Norte y China a través del Rey Sihanouk. El golpe del dictador Lon Nol en marzo de 1970, cambió la política externa en medio del conflicto, para pasar a apoyar a Vietnam del Sur y a los Estados Unidos. Más allá de la mudanza de influencias, las bombas no cesaron jamás de caer sobre territorio camboyano por saberse que allí se refugiaban tropas del Viet Cong. Entre octubre de 1965 y agosto 1973 los Estados Unidos arrojaron sobre suelo camboyano mas de dos millones y medio de toneladas de explosivos en trece mil pueblos.

camboyaDespués del diluvio que sumergió al pequeño país del sudeste asiático en las sombras, el Reino de Camboya hoy busca su progreso de la mano de la occidentalización: el turismo genera mayores ingresos que los que el Estado recibe por impuestos, los verdes billetes son la unidad de medida para todo, los rieles -moneda nacional- son solo para cambio menor a un dólar y un ingles fluido se mete en cada estudiante, esos mismos que usan o tienen un amigo que usa la casaca de Messi.

Los detalles de las torturas y los asesinatos son los mismos que los que nos enseñaron Etchecolatz, Videla, Viola, Massera, Von Wernich y todos esos hijos de puta que sabemos que todavía caminan por nuestras calles. Pero más allá de silencios eternos, los lugares no pueden callar, hablan solos cuando tienen tragedia encima, y eso, en cualquier parte del mundo. Supimos bastante por los libros que conseguimos, pero supimos realmente la magnitud cuando pisamos los lugares: la escuela Tuol Sleng (S-21) y el antiguo cementerio chino de Choeung Ek.

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Blanco y negro para la muerte

Pol Pot, indiscutido líder de los Jemeres Rojos, estaba convencido de vaciar por completo las ciudades para impulsar un renacer de la nación jemer partiendo de la producción de arroz. Con el mismo movimiento buscó la eliminación de la población citadina considerada ociosa-improductiva mediante una migración forzada al campo. El centro de detención ilegal S-21 se encontraba en pleno funcionar en medio de la vacía Phnom Penh, capital del país. Allí llegaban para ser torturados los supuestos contrarios al régimen: profesionales o conocedores de idioma extranjero, muchos jemeres rojos sospechados de traidores y todo aquél que no se adaptase a las nuevas. Todos fueron inmortalizados antes de ser asesinados por el fotógrafo oficial del centro de detención ilegal Nhem En. Ahora esas fotos son los rostros del terror instaurado por Pol Pot, el miedo y la resignación licuados en cada uno de los retratos en blanco y negro que ocupan seis salas enteras de las grandes. De los catorce mil que transitaron S-21 solo doce sobrevivieron, tan solo esos que se encontraban vivos dentro en el momento de la invasión vietnamita, siete de ellos quedaron atados a los instrumentos de tortura.

Los anchos tres pisos de los dos bloques de lo que supo ser una escuela se transformaron fatalmente en celdas de detención ilegal. Los parlantes en los mástiles del patio sonaban alto con consignas del partido; trataban de callar los gritos de muerte que emitía desde allí toda una nación. Aunque siempre que los pocos oídos que quedaban en la capital lograban interpretar la masacre, eran solo impotentes ante tamaño genocidio.

“Como un emisario, no puedo evadir las responsabilidades. Soy consciente de mi responsabilidad por las almas de los que murieron. Particularmente, soy legalmente responsable de la muerte de más de diez mil personas y me reverencio a la Cámara Extraordinaria de la Corte de Camboya como un individuo que hizo, sin implicar a ninguno de mis subordinados. Ésta es mi confesión total. Y constantemente rezo por las almas de los que han muerto. Nunca me olvido de eso…”, palabras de Dutch, director de S-21, durante los juicios iniciados en Camboya en 2009 que terminaron en 2012 otorgándole cadena perpetua.

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Rellenos humanos privatizados

Hasta Choeung Ek viajamos diecisiete kilómetros durante unos cuarenta minutos hacia las afueras de Phnom Penh en tuc tuc, ese típico carro camboyano con lugar para dos pasajeros integrado a una moto, el medio más sencillo para moverse. Antes de que Pol Pot lo eligiera como uno de los lugares para darle riendas al genocidio, amplificando los asesinatos y sembrando fosas comunes en cada rincón, este verde campo con sus frutales, rodeado de plantaciones de arroz, era un cementerio que por siglos estuvo reservado para los inmigrantes chinos.

La corporación japonesa JC Royal desde 2005 tiene la concesión otorgada por la municipalidad de Phnom Penh de la explotación turística de los campos de exterminio de Choeung Ek. Por treinta años la privatización de la memoria del genocidio a cambio de quince mil dólares anuales. La entrada paga incluye una voz que nos va a seguir en cada paso que demos aquí dentro para explicarnos hasta los pequeños detalles:

“De todas las tumbas aquí en Choeung Ek, esta bien puede ser la más difícil entender. Las víctimas que murieron aquí eran mujeres y niños. La mayoría de las mujeres que fueron empujadas a este pozo habían sido despojadas de su ropa. Algunas habían sido violadas también. Hasta bebés fueron asesinados aquí, muchos, ante los ojos de sus madres. ¿Ves ese árbol grande cerca? Se llama el árbol de la matanza. Los soldados agarraban a los bebés por las piernas, estrellaban las cabezas contra él, entonces sí los arrojaban a la fosa. Todo esto por la noche, al resplandor de las luces fluorescentes, con el sonido de la música revolucionaria. ¿Por qué matar a los niños? ¿Por qué de esta forma tan brutal? En primer lugar, era rápido y fácil. Además, cuando un miembro de la familia era asesinado, todos los demás debían ser muertos, así no quedaría nadie vivo en busca de venganza. Un lema de los Jemeres Rojos: Para excavar el césped, hay que eliminar incluso las raíces.´ Las personas que descubrieron este lugar encontraron sangre, restos de cerebro y fragmentos de huesos en la corteza del árbol. No entendían por qué hasta que la tumba fue abierta”.

El árbol, ahí parado, robusto y con un perdón en cada rama y cada hoja, a pesar del paso de los años, los japoneses y los juicios a las cúpulas, los olores a muerte no los puede olvidar. Las cabezas estalladas en su corteza, no lo dejarán jamás en paz. Los olores a muerte son terribles, claro, no te dejan vivir.

Las precipitadas ondulaciones que se repiten en todo el terreno nacieron del trabajo de los Jemeres Rojos al remover tierra para realizar los rellenos humanos. Al poco tiempo que Vietnam irrumpió en Camboya, adelantando la huida de los líderes rojos con Pol Pot a la cabeza hacia Tailandia, los campos de la muerte de Choeung Ek eran el propio infierno. La descomposición de los cuerpos en las fosas comunes hizo estallar y rebalsar éstas, poniendo a disposición del sol y la naturaleza decenas de miles de cadáveres.

En medio del campo se erige un memorial bien alto, de unos cinco pisos, que aloja todos los cráneos encontrados de las víctimas de Choeung Ek, vidriado, para guardar sin esconder la memoria cruda y violenta que representa. La quietud domina hasta el aire que se cuela entre las fosas oculares que sin duda miran, miran mucho más profundo que muchos de los que todavía pueden caminar y respirar. No todo esta en su lugar, los movimientos de las tierras y las lluvias, siguen dejando a la vista fragmentos de huesos humanos y restos de ropa entre la negra tierra y el césped.

Los locos genocidas

Mirar todas las imágenes del S-21 al atravesarlas, pisar el césped de Choeung Ek, son más que aventuras introspectivas de reflexión, la locura de una cúpula dirigente no es suficiente para que las explicaciones razonen con uno mismo y nos den una idea acabada de que se trató de un plan. Que aunque maquiavélico y horrible, fue un plan con su propia lógica interna. En Camboya aún, las explicaciones históricas se las sigue llevando en una porción grande la locura. Así los esclarecimientos se vuelven más una cuestión de fe que un análisis histórico genuino. Entender las causas de un genocidio a partir de la locura, será siempre por lo menos peligroso y facilista. Estar en los centros de detención ilegal moviliza bien dentro, y nos da la seguridad de entender que el genocidio camboyano fue un plan que involucró una logística tal que no puede haber nacido solo de la locura de un puñado.

Adiós al muro de la verdad

Se trata de una pared que pertenecía a la estructura de un ex Centro Clandestino de Detención de la última dictadura, ubicado en la localidad cordobesa Pilar. La misma era una prueba fundamental para juicios aún no resueltos relacionados a víctimas del Terrorismo de Estado, pero ya no está. El intendente por la UCR, Diego Bechis, ordenó un violento desalojo de una familia que vivía hace veinte años en un predio contiguo al muro, y en medio del miedo, la impunidad destruyó esta prueba histórica.

Hace pocos días, el viernes 19 de octubre, el intendente de la localidad cordobesa Pilar, Diego Bechis, ordenó un violento desalojo que tuvo como protagonistas estelares a policías y gendarmes que “debían sacar a una familia que estaba ocupando un predio”, según el pedido explícito de Bechis. El predio en cuestión está exactamente al lado del ex Centro Clandestino de Detención y Tortura conocido como Puesto Caminero de Pilar, así surge un segundo conflicto: por orden del intendente, perteneciente a la Unión Cívica Radical, los empleados municipales demolieron la única pared que quedaba como señalización de que en Pilar funcionó un Centro Clandestino de Detención durante la última dictadura militar. Es decir, acabaron con una contundente prueba histórica.
El Puesto Caminero de Pilar estaba ubicado en la Ruta nacional 9 y es reconocido, hoy, como un espacio de memoria por el Archivo Nacional de la Memoria, por la Comisión de Memoria de Córdoba y por el propio Municipio de Pilar. Qué ironía. El edificio en sí fue demolido hace varios años, por eso en su lugar como símbolo había quedado en pie un muro y una plaza que se transformaron en un espacio de reflexión viva. El muro no tenía ninguna relación física ni legal con la casa del desalojo, pero la impunidad y la inoperancia de las fuerzas de seguridad lo destruyeron.
Más allá del valor histórico del lugar, ya que era la ubicación exacta en donde se cometieron delitos de lesa humanidad que todavía no fueron juzgados, cuya desaparición afectará a los procesos judiciales relacionados a la última dictadura, se cuela la situación de la familia desalojada por orden del juzgado de Río Segundo. Vivían hace más de veinte años en ese lugar y no se les respetó su derecho a la vivienda al desconocer que tienen en proceso un juicio por usucapión de la casa, por la cantidad de años que llevan manteniendo su hogar allí. Pero las irregularidades siguieron, porque los vecinos que intentaron detener esa maniobra inescrupulosa fueron amenazados. Sí, los amenazaron por defender un sitio histórico para los derechos humanos argentinos.
La organización H.I.J.O.S, en especial la rama que radica en la provincia de Córdoba, tomó la causa y a través de un comunicado catalogó al accionar del municipio de Pilar como “ilegal y violatorio de los derechos humanos”, al mismo tiempo que exigieron “la inmediata preservación del lugar de memoria y el inmediato esclarecimiento de los hechos”.
Dos días después del vergonzoso desalojo, y ante diferentes denuncias públicas, el secretario de Gobierno admitió ante unos 40 vecinos autoconvocados a la Municipalidad que “había sido un error”. Sin embargo, a la noche salió en la televisión provincial diciendo exactamente lo contrario, hasta se animó a aclarar que habían utilizado los servicios de un “antropólogo forense” en la destrucción del sitio. Los vecinos de Pilar están movilizados y quieren visibilizar el autoritarismo violatorio de las normas jurídicas y humanas que impone el intendente Bechis, por eso realizarán diferentes marchas durante las primeras semanas de noviembre.

Los fantasmas de Valentín Alsina

El oído, las historias y las memorias de Valentín Alsina cuentan que en la ex fábrica Campomar funcionó un centro clandestino de detención durante la última dictadura. La recuperación y la investigación sobre el terrorismo de Estado se enfrentan contra el municipio de Lanús y su proyecto inmobiliario en esos mismos terrenos. Entrá y metete en esta historia de asesinatos, desaparecidos, millonadas y vecinos que se niegan a olvidar.

En un comunicado de prensa del 31 de mayo de este año el Municipio de Lanús anunciaba que “con el firme objetivo de llevar adelante un cambio por demás significativo para la ciudad de Valentín Alsina, se puso en marcha con la firma del convenio entre el Municipio de Lanús y la empresa Electroingeniería S.A, el desarrollo del ambicioso emprendimiento urbanístico a realizarse en el predio de la ex Campomar, denominado Nuevo Valentín Alsina”. ¿Cómo no entusiasmarse cuando se leen frases como “ambicioso emprendimiento”, “cambio por demás significativo para la ciudad”? Si, un enorme proyecto que implica la construcción de 1500 viviendas y un centro comercial en esa destartalada fábrica. Suficiente. De pié y a aplaudir… Pasemos a ver, mejor.
Sin embargo, siempre hay alguien que intenta arruinar la supuesta fiesta. En este caso la Comisión de Vecinos “Valentín Alsina por la Verdad” será la encargada de sacarnos de tanto júbilo y mostrarnos la tenebrosa verdad presente bajo los escombros de lo que supo ser la vida económica y social de aquella ciudad. Juan Ayala, periodista y miembro de la Comisión le cuenta a NosDigital: “A partir de un viejo rumor que se corrió en el barrio y ante la inminencia del derrumbe de la fábrica y con ello la caída de probables pruebas, es que reuní los testimonios, que terminaron por declarar frente a la Cámara Federal en La Plata. Fue en base a esto que se frenó la intención de demoler la fábrica por un mes”.
¿La Secretaría de Derechos Humanos de Lanús? Nada de nada. Solo promesas de que iban a actuar, rastrillar, investigar. En palabras de Juan: “fuimos con dos vecinos a la Secretaria de Derechos Humanos del Municipio, nos recibieron, y prometieron ellos llevarlo a La Plata para presentarlo a la Cámara Federal, cosa que nunca hicieron y así lo tuvimos que hacer nosotros como vecinos”. Así, se inicia el largo camino para motorizar la causa.
Haydee Villar, otra de las que participan en la Comisión y que estuvo al frente en las denuncias, recuerda: “nos conformamos en una comisión de vecinos en forma práctica, y comenzamos a trabajar, a investigar, pero lo extendimos más allá de Valentín Alsina. Tenemos historias de vecinos que hablaron, pero que tienen miedo, no quieren declarar ante la Justicia, porque aún eso del ´Silencio es Salud´ aún perdura. Estamos siguiendo la causa y nos estamos expandiendo. Queremos que se investigue y que se sepa. No que se haga que se investiga y así nos vamos todos contentos. Esto se logrará solo con una investigación antropológica adecuada, con medios que el país sí tiene.”
Ok, se juntaron, recogieron las historias, la presentaron frente a la Cámara Federal de Apelaciones en La Plata y por un mes se suspendieron las obras. El día clave para saber si se continuaba con la investigación o se seguía con las obras de construcción fue el 12 de octubre. ¿Qué pasó? Inspección ocular a cargo del Juez del Tribunal doctor Leopoldo Héctor Schiffrin, juntaron pruebas y el jueves 18 decidieron prorrogar la resolución por otro mes más.
Volvamos a Lanús. Haydee mencionó la frase el Silencio es Salud, ahora usaremos otra para entender a la intendencia de esta localidad: el Silencio es Cómplice. ¿Por qué no se movió el intendente Díaz Pérez al conocer la noticia? Ayala da en la tecla: “hay un convenio no explicito con Electroingenieria S.A. El municipio se mostró siempre interesado en llevar adelante el proyecto inmobiliario, ya que ellos lo impulsaron. Incluso se mostraron como auspiciantes, pegando afiches, publicitándolo. Tampoco hay que olvidar que la familia Díaz Pérez está ligada al negocio inmobiliario y a este en particular; y más allá de que a la prensa se muestran como a favor de los Derechos Humanos, realmente poco les importa”.
Empezamos a entender un poco qué pasa por estos pagos. Pero esto recién comienza y las novedades irán surgiendo: qué fue Campomar, quiénes participaron, el rol de la Comisaría que se encuentra a solo tres cuadras del lugar, y mucho más. Mientras tanto, nos vamos con la reflexión de Haydee de por qué los vecinos se niegan a abandonar a su suerte a esta causa, que lejos de ser local es tan nacional como humana: “memoria, verdad y justicia es la única forma para que un pueblo pueda crecer. Para que nosotros tengamos saldadas cuestiones de historia reciente. Hay muchos familiares que están buscando a los suyos. Hay que agotar todas las instancias para que así suceda, y evitar que sea un como si. No se puede vivir con falsedad, sin conocimiento real. Solo falta voluntad política”.

Mercedes Benz sabe desaparecer

“Hubo una asamblea sindical en la que participaban todos los gremios que había en Mercedes Benz, ahí se iba a tratar un conflicto por las vacaciones y por la reincorporación de unos empleados, luego de una huelga de más de veinte días. Todos los delegados accedieron al petitorio de la patronal, menos mi papá y otros compañeros que eran independientes al gremio mayoritario (SMATA). Esa misma noche, la madrugada del 5 de enero de 1977, se lo llevaron.” Malena es hija de Esteban Reimer, militante de la Juventud Peronista y delegado de la fábrica automotriz alemana, donde fue secuestrado por no querer tranzar con la empresa. Este caso se repitió con 17 nombres, 17 secuestros impulsados desde Mercedes Benz durante la dictadura. Solo tres aparecieron y fueron los que contaron bien qué pasó.

El año pasado se cumplieron sesenta años desde que Mercedes Benz pisó suelo argentino, donde desde principio se erigió como una de las empresas automotrices cuyas ganancias más iban a contribuir al crecimiento del modelo económico actual. Hubo un acto encabezado por Cristina Kirchner, hubo festejos y agradecimientos a unos cuantos empresarios alemanes que se sentaron detrás del atril presidencial para escuchar, atentos, una enumeración larga de apellidos difíciles de pronunciar, balances, ganancias, etc. Curioso y chocante si volamos por un rato a los años setenta. Allí, yace inmóvil una lista de catorce nombres que todavía esperan justicia. Todos ellos fueron empleados de la firma alemana y por encarar una lucha por derechos laborales o por elegir no ser cómplices de la impunidad empresarial fueron secuestrados y desaparecidos. Una causa que es una deuda aún pendiente, que no se resuelve. Lo que nos queda son tres testigos sobrevivientes de una dictadura cívico, militar, pero sobretodo, económica; cuarenta años; y una reverencia inentendible.

Esta es una historia de buchones y de políticas claras para eliminar todo grito de protesta laboral. Querían disolver los gremios a toda costa. ¿Por qué? Esta empresa, como también Ledesma, Ford, Acindar, Astarsa, entre tantas, se benefició con el nuevo sistema económico que venía bajo el ala de las fuerzas armadas: un creciente poder sobre los trabajadores les abría terreno a una mayor explotación, con menores costos y muchos beneficios, ya que le transferían al Estado sus deudas privadas. Mercedes Benz, dueña de una inmensa facturación y además uno de los centros industriales más importantes del país, tenía como principal cliente al Ejército en la venta de camiones. Además, desde la firma donaban equipamiento obstétrico para el Hospital Militar de Campo de Mayo, que se utilizó en muchos partos clandestinos de mujeres desaparecidas.

En octubre de 1975, los obreros de Mercedes Benz se organizaron y movilizaron en rechazo a los representantes que había elegido a dedo el por entonces SMATA, sindicato de trabajadores del gremio mecánico y automotor a nivel nacional. Estas personas designadas no defendían los intereses de los empleados, sino que negociaban constantemente con los directivos de la empresa. Decididos, los cuatro mil empleados de la planta de González Catán lograron componer una asamblea de gran concurrencia en donde eligieron una nueva comisión interna compuesta por nueve representantes, “el grupo de los nueve”. SMATA catalogó de inválida a la nueva comisión, y la empresa despidió a 115 obreros, entre quienes estaban casualmente las 17 víctimas que después iban a sufrir el secuestro.

El 24 de octubre del 75, en medio de una huelga que duró veinte días, Montoneros secuestró al Jefe de Producción de la planta, Heinrich Metz. El pedido era claro: reincorporar a todos los empleados que habían sido apartados de sus puestos. El pedido fue concedido y desde Montoneros exigieron un pago por el rescate. Quedará a partir de esto en evidencia una de las prácticas fraudulentas de filial nacional de la empresa, ya que declaron a la matriz en Alemania que el pedido fue de siete millones de dólares, mientras que la organización de finanzas guerrillera aún sostiene que fueron dos.

                El revuelo volvió a la fábrica entre fines del 75 y principios del 76. El Ministro de Trabajo de ese momento, Carlos Ruckauf, promovió un decreto que estimulaba el “aniquilamiento de la subversión en los centros industriales”, es decir, establecía a la lucha obrera como un proceso de “guerrilla industrial”. SMATA aceptó esta política y firmó el convenio, que entró en vigencia en Mercedes Benz a partir del 21 de julio del 75. Este acuerdo derivaba el 1% del precio de venta de cada vehículo a la formación de un fondo extraordinario para la “erradicación de elementos negativos” de la fábrica. Este dinero lo administraba la misma dirección de SMATA sin auditoría alguna, a cambio de que aquella entidad, supuestamente representativa de los trabajadores, pero que en realidad había sido siempre cuestionada, garantizara una represión efectiva. Apenas irrumpió el golpe militar en 1976, comenzaron los secuestros de trabajadores y activistas.

El acusado de entregar ala Policíalas listas con las direcciones de las víctimas es Juan Ronaldo Tasselkraut, ex gerente general de Mercedes Benz. Además, presenta una causa en trámite por la sospecha de apropiación de un varón cuya partida de nacimiento afirma que nació el 19 de agosto de 1974 (su hermano también está sospechado de haber apropiado ilegalmente a otros dos chicos). La participación de la empresa en la represión se documentó a través de los testimonios de los tres sobrevivientes. El mismo Tasselkraut fue bien crudo en una de sus respuestas en un Juicio porla Verdaden los tribunales deLa Platacuando le preguntaron si había alguna relación entre la disminución de los conflictos en la fábrica, la desaparición de obreros militantes y la productividad: “Y… milagros no hay” contestó en crudo.

Actualmente, la causa se encuentra en plena etapa de instrucción. Como pasa con la mayoría de los juicios penales de lesa humanidad, la etapa de recolección de pruebas y testimonios lleva mucho tiempo, hasta después recién elevarse a juicio, donde las partes acusadoras, querella y fiscalía debe enfrentarse a la defensa de los acusados.

Cuando nadar, pedalear y correr no alcanza

El 7 de agosto Gonzalo Telechea cruzaba la meta de llegada en el Hyde Park de Londres en la competencia olímpica de Triatlón. Lejos de la euforia de los Juegos, el 28 de septiembre pasado reclamó en San Juan junto a su familia por haberse cumplido ocho años de la desaparición de Raúl, su padre, que trabajaba en la Mutual del Personal de la Universidad Nacional de San Juan. Es otro desaparecido en democracia que ensucia a la gobernación cuyana.

Imagen: Leti Ferrarini

Gonzalo Tellechea tardó 1 hora 51 minutos con 07 centésimas en cruzar la meta en los Juegos Olímpicos Londres 2012. El tiempo es insignificante. Pero no por esa maldita costumbre argentina del resultadismo. Sino porque la verdadera lucha de Gonzalo está fuera del triatlón. El 28 de septiembre pasado se cumplieron ocho años de reclamo de justicia por su padre Raúl, otro de los desaparecidos en democracia.

La Mutual del Personal de la Universidad Nacional de San Juan era el lugar de trabajo de Raúl Tellechea. Durante 11 años fue el encargado de manejar un gran caudal de información referida al funcionamiento económico de la institución, de la cual había decidido renunciar 15 días antes de su desaparición. Había algo que no le gustaba. Lo sabía. Y ese conocimiento le terminaría jugando en contra.

Raúl cenó con Natalia Hobeika, su pareja, en la noche del lunes 27 de septiembre de 2004, luego de una reunión en La Mutual en la que había discutido con sus compañeros de trabajo. Permaneció callado, serio durante la comida. Natalia fue la última persona que lo vio con vida. En el departamento quedaron sus documentos personales, su insulina, la billetera, los anteojos, el celular cargándose. Raúl, casualmente, había perdido un juego de llaves de su casa en La Mutual, tan solo un mes antes de su desaparición. A los dos días del hecho, la Justicia sanjuanina recibió una denuncia penal por parte de La Mutual. Era en contra de Raúl.

Lo acusaban de falsificar unas planillas para cobrar unos $10.000 en sobresueldos. “Ese trabajo lo hacía únicamente Raúl Tellechea, que se desempeñaba como encargado de todo el sistema informático. Y al detectar esas irregularidades se presentaron las pruebas ante la Justicia para que investiguen las responsabilidades”, declaraba Miguel Del Castillo, presidente de la Mutual de los empleados universitarios en aquel momento. Sí: se presentaba una denuncia contra un desaparecido.
La causa contra Raúl se “cayó”. No había cómo sustentarla. Al mismo tiempo, los Socios de La Mutual denunciaron a Luis Moyano, Miguel del Castillo, Eduardo Oro, Luis Alonso y otros 4 miembros de la comisión directiva por estafa y administración fraudulenta ante el Juez Leopoldo Zavalla Pringles. La decisión del Juez fue procesarlos y, a su vez, modificar el expediente de “Actuaciones para establecer paradero del Ing. Raúl Félix Tellechea” a “Con motivo de la desaparición forzada del Ing. Raúl Félix Tellechea”.

Gonzalo, mientras tanto, sigue corriendo y pedaleando y nadando. Fue el último argentino en meterse en los Juegos Olímpicos de Londres. El 27 de mayo de este año, tras finalizar en el 16to. lugar de la tercera prueba del Mundial de Triatlón en Madrid, el sanjuanino podía cumplir su sueño deportivo que había arrancado tan solo 4 años antes, después de Beijing. Bondad y generosidad son dos palabras que lo caracterizan a Gonzalo, según sus amigos más cercanos. Esas dos cualidades las sacó de su padre. Pero no fue lo único. Fue Raúl quien le fomentó la pasión por el deporte. Ese mismo Raúl que era reconocido en cada carrera por su función de cronometrista de la Federación Sanjuanina de Ciclismo y por ser uno de los pocos comisarios internacionales de ese deporte. A esas enseñanzas se tuvo que aferrar Gonzalo cuando desapareció su padre. Su familia y sus amigos sirvieron como apoyo y con la frente en alto, con seguridad, empezó su lucha y su búsqueda de verdad y justicia. Por eso también corre y nada y pedalea.

19 de agosto de 2008. Beijing estaba despierta. San Juan, dormía. Y Gonzalo estaba prendido a la televisión. Mientras, el alemán Jan Frodeno cruzaba la meta en la prueba de Triatlón en los Juegos Olímpicos tras recorrer 1.5km. de natación, 40km. de bicicleta y 10km. más de pedestrismo. A esa altura, llevaba cuatro años alejado de la disciplina. Sus esfuerzos, como los de sus hermanos Mariana, Mauricio y Rodrigo, estaban dedicados en que se eche un poco de luz sobre lo que ocurrió con su padre. “Es ahora o nunca”, se prometió Gonzalo. Tal vez un poco por su padre. Tal vez un poco por él. A esa altura, ya lo tranquiliza saber que la Justicia había sobreseído a su padre por la falsa denuncia que le habían hecho al momento de su desaparición.

Gonzalo se mentalizó en ese momento. Se preparó para representar a Argentina. El Hyde Park era testigo del tesón y de su perseverancia. Él estaba siendo feliz, tal cual hubiese querido su padre. Hizo un esfuerzo grande y mejoró su marca de clasificación, quedando a 8 segundos y dos puestos del campeón Panamericano y mejor sudamericano en la carrera, el brasileño Reinaldo Colucci. “Siempre fui para adelante y en positivo. Si me hubiera quedado en el lamento, en las cosas que me fueron pasando, me habría estancado”, declaró apenas terminada la carrera.

Una vez concluidos los Juegos, Gonzalo vuelve a ser Gonza en San Juan. Vuelve a su ciudad a pedir Justicia por Raúl, con esa misma perseverancia con la que transitó el Hyde Park, aunque no deja de pensar en Río 2016. Sabe que los acusados pertenecen al poder político de San Juan, que manchan a la gobernación, y que por eso la Justicia tiene “miedo” de investigar. Pero también sabe que su experiencia deportiva en Londres 2012 le permitió algo mucho más valioso que un puesto 38: “Que se escuche mi nombre, para bien. Que el apellido de mi papá sea bien representado por su hijo es muy valioso”. Eso, se sabe, vale más que una medalla.

Por Walter Vodopiviz.
Colaboró Leti Ferrarini.

Viene para irse

Le abrimos las puertas, lo recibimos, lo agasajamos, pero sabemos que viene para irse.

Estas son las visitas de Vámonos de Casa:

– Washington Cucurto, escritor y poeta popular, creador de la cooperativa de trabajo editorial Eloisa Cartonera. Sus inicios, cómo le escribía a la chica que le gustaba con verduras cuando trabajaba en un supermercado, la razón de tener que empezar su propio proyecto editorial, los tabús en la literatura y mucho más en esta entrevista.

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-Mauro Navas, ex jugador de fútbol y actual DT: su experiencia en Cuba, la situación del juego en Argentina, los valores, los pibes y la quiebra de clubes. Una miarada distinta que analiza al fútbol de manera integral.

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– Cristian Aldana, cantante y guitarrista de “El otro yo” y socio fundador de UMI: la música independiente y la nueva ley de medios, el proyecto de la Ley Nacional de la Música y la iniciativa de creal el Instituto Nacional de la Música – 30 de septiembre el 2012

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-María del Carmen Verdú,  coordinadora de la CORREPI: gatillo fácil, desaparición forzada en democracia, violencia institucional y policial-23 de septiembre del 2012
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-Disfrutamos de la visita de Marlene Wayar, militante de los derechos transgénero y directora de “El Teje”, primer periódico travesti de Latinoamérica-16 de septiembre del 2012
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-Nos visitaron docentes de la UBA: denunciaron el intento de la universidad de cesantear  a más de 650 trabajadores de la educación- 9 de septiembre del 2012
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-Nos emocionó Nora Cortiñas, cofundadora de Asociación Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora- 2 de septiembre del 2012
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– Miembros de la Sala Alberdi, espacio tomado y en resistencia cultural – 26 de agosto del 2012

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-Pablo Vommaro, historiador e investigador del CONICET, especialista en movimientos sociales – 19 de agosto del 2012
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-Carlos Ponce de León, ex compañero de Santucho en el PRT, preso político durante la dictadura militar (1976-1983)- 12 de agosto de 2012
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-Miembros de Salvemos al Fútbol, familiares de hinchas asesinados – 5 de Agosto del 2012
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-Familia de Carlos Fuentealba, docente asesinado – 29 de Julio del 2012
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-La Alameda – 22 de Julio del 2012
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-Familia de Luciano Arruga – 15 de julio de 2012
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-Juan Manuel Herbella – 18 de abril de 2012
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-Luis Zamora – 11 de abril de 2012
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-Juanky Jurado – 4 de abril de 2012
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-Federico Cabral – 7 de marzo de 2012
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Son Hermanos de la Verdad y la Justicia

Después del terrorismo de Estado en los setentas, miles de familias perdieron hijos y nietos, pero también perdieron hermanos. La reflexión y la acción llegaron después del desahogo. El lazo de hermandad es el más igualador y contemporáneo entre dos historias, es complicidad y contención: es tácito. Por eso, también es una despedida muy difícil de digerir. En la voz de Beatriz Luque vamos a escuchar cómo comenzó la historia de una organización que surgió última de todas, que se tomó su tiempo, pero que ya llevan diez años de lucha activa, repleta de compromiso en la búsqueda de la verdad y justicia para sus hermanos desaparecidos.

Es una de esas caras difíciles de olvidar, si se vio aunque sea una vez. Como esa energía que no se puede explicar, solo se percibe. Beatriz Luque nos espera en un café paquete en Avenida de Mayo y Perú, el lugar es elegido por casualidad, no por gusto. Son las siete de la tarde y está sentada al lado de una ventana, está contigua al desorden del Centro, pero se la ve tranquila, leyendo. Está repasando hojas, documentos de estos diez años como integrante de la organización Herman@s de desaparecidos por la Verdad y la Justicia. Sin dudas, el compromiso que a cada uno de ellos les significa pertenecer a un colectivo convierte en una responsabilidad muy grande ser el vocero de esta historia. De esta construcción, la más joven en cuanto a las demás conformadas por familiares.

Desde su experiencia, pero también desde su dolor convertido en lucha, se toma un café con nosotros para compartirnos un poco de qué se trata este espacio de hermandad y reencuentro que ya lleva diez años, o más bien, treinta y siete años.

“Quiero sacar el pin de mi hermano, es lo que más me interesa si hay fotos”. Beatriz recuerda con mucha emoción a Marcos: “Era un muchacho muy creativo, totalmente rebelde. Provocó en la familia todos los cambios posibles. Desde nenito se hacía sus propios juguetes con botones y plastilina, hacía batallas inmensas y después rompía todo. Era totalmente alegre, muy libre, irradiaba energía. Jugaba al rugby y amaba a los Beatles, tenía pelo largo. Fuimos hasta el Machu Pichu en auto, recién ahora estoy pudiendo ver fotos de aquellas épocas.” Las palabras sobre su hermano se intercalan todo el tiempo, interrumpen sus relatos. Está con ella, lo mantiene vivo.

 

– ¿Cómo surge la organización Herman@s por la Verdad y la Justicia?

-En el año 2002 apareció en Madres una periodista que trabajaba en derechos humanos para el gobierno de la Ciudad, estaba haciendo una investigación y pidió testimonios de hermanos de víctimas. Recibí un llamado de Tati Almeyda, me comentó de la reunión y fui. Estaban Ana Sabino, Margarita Maroni y yo. Ana falleció. Todavía retengo la imagen plástica de ese lugar de Madres línea fundadora, un lugar muy amado, íbamos mucho ahí, acompañábamos. Atardecía, y la pared tenía carteles de HIJOS y de Abuelas. La periodista puso el grabador en el medio y empezamos a hablar. El recuerdo más profundo que tengo es que nos olvidamos del tiempo. Hablamos de nosotras, de nuestras historias, nos abrazamos, lloramos. Ahí surgió ese sentimiento: ‘¿por qué no nos reunimos más?’. Empezamos a convocar a otros hermanos, muchos de ellos militaban con sus hermanos desaparecidos y otros también eran hijos de Madres de Plaza de Mayo, pero no estábamos juntos. Entonces, elegimos un lugar, lo sugerí yo porque tenía a mi papá muy enfermo y necesitaba que quedara cerca de donde estaba él, fue la confitería Tuñín en Castros Barros y Rivadavia, empezamos a hablar, pero había mucho ruido y poca intimidad, entonces nos cruzamos a las Violetas, a una mesa redonda. Fue la primera reunión, a raíz de ella tuvimos la noción de que necesitábamos algo distinto para nosotros.

 

– De alguna manera encontraron un clima de hermandad entre los compañeros…

-Sí, porque los hermanos somos los contemporáneos, somos los que escuchamos sus voces, sus llantos, discutimos, compartimos militancia y confidencias. Somos los pares. Y esta sensación muy fuerte explica por qué surgimos. Tuvimos que seguir la pérdida del par, de algún modo también tuvimos que cuidar a nuestros padres, a los hijos, acompañar a los amigos de nuestros hermanos. Fue largo, un exilio interior enorme. Al encontrarnos empezamos a reproducir esta relación fraternal. En muchos casos no había otra, yo no tengo otros hermanos, perdí a Marcos y no tengo dónde encontrar de nuevo esa relación incondicional y absoluta, de peleas, alegrías, juegos y complicidad. Pero algo de eso encontré en este grupo, con todo el costo que implica. Es volver a encontrar ese lugar fecundo para cambiar, entre todos, fortalecernos. Es darle cuerpo a nuestros hermanos que se fueron tan jóvenes, poder abrazar a un hermano maduro que es como él o como ella nos permite instalarnos en un espacio real encarnado en el reencuentro.

Beatriz era dos años más grande que Marcos, mantenían una relación muy íntima. Compartían espacios de estudio, mientras ella repasaba Historia del Arte, él le leía sus textos de Arquitectura. No sólo el arte los unía, también sus ideas: “En nuestra casa la política se vivía con mucho debate. La decisión de Marcos por integrarse al PRT y a la clandestinidad surgió a raíz de La Noche de los Bastones Largos. Ese día estuvo presente, vio esa violencia inexplicable contra los docentes y se llenó de indignación. Su entrega fue total, fue su vida. Tomó con conciencia y lucidez que la historia había que cambiarla, que los jóvenes tenían que pensar en otro mundo. Me hablaba de todo eso, compartíamos la vida política, discutí mucho con él, dolorosamente, porque sentía que era un riesgo muy alto. Pero finalmente terminaba respaldándolo, siempre. El día antes de irse le pidió a papá que lo bendijera, teníamos una relación familiar muy fuerte, pero eso también hizo que viviera sus experiencias con total libertad. Desde la clandestinidad seguía trabajando. Mi papá se enfermó de la cadera y lo tenían que operar, Marcos vino a casa a verlo. Ese día lo secuestraron. El momento fue terrible porque yo abrí la puerta, mi hermano vino y les dijo: ‘No le peguen más: soy yo’. Nunca me voy a olvidar, se acomodó el reloj y no lo pude ver más”. Esa voz es la que lleva con ella, la que hace que tenga fe para seguir: “No tengo su cuerpo, no tengo sus huesos, pero tengo su voz”.

 

Imagen: NosDigital

-En todos los testimonios, los integrantes de Herman@s confiesan que se crearon una especie de pared alrededor para poder contener a sus padres en ese momento, que no les ganara el dolor. ¿Cómo se transita ese cambio para fortalecerse y luchar?

-Es una pared que nos pusimos todos. Reunirnos fue empezar a abrir ventanas en esa oscuridad. Creo que la muralla como tal, ya no estaba, pero aún no habíamos podido atravesar ese portal de ingresar a la generación que nos acompañaba en ese momento. Generamos una red colectiva que trajo crecimientos individuales y colectivos muy fuertes. Las primeras reuniones después de ese primer encuentro fueron en casas. Eran multitudinarias, el eje pasaba por saber quiénes éramos. Decidimos ser Herman@s de desaparecidos, pero con la aclaración Porla Verdadyla Justicia, porque fueron ellos quienes la buscaron. Nosotros ahora también lo buscamos. Logramos transformar el castigo en un mensaje de vida, que no niega la cruel realidad, pero que tenazmente deja en claro que el terrorismo de Estado no se presentará nunca más.

 

El recuerdo de la cara de Beatriz se hace visible tras una anécdota. La conocemos desde un acto en el Colegio Nacional Buenos Aires, en la colocación de las baldosas conmemorativas que se encuentran ahora en la vereda de este secundario. Fue vocera aquel día, se la veía muy emocionada, pero con un discurso claro, sentido, cargado de orgullo hacia la docencia: “El día del discurso en la puerta del Nacional fue un antes y un después. Nunca había hablado en público de Marcos, nunca puedo contar su historia sin quebrarme. En esos últimos días antes de su secuestro él estaba en la clandestinidad, pero vino a casa  y le trajo a mi papá los dibujos de sus alumnos. Todo el tiempo contaba sobre los chicos, que lo querían muchísimo. Llamaban a casa, ‘¿dónde está el profesor?, ¿por qué no viene?’, lo extrañaban. Una de las últimas veces que lo ví fue en el Colegio. Entraba con tanto amor a ese lugar, compartir con los alumnos actuales y con sus compañeros de aquel momento una colocación de baldosas con su nombre fue muy fuerte”.

 

-Una de tus preocupaciones, por el 2002, era que la juventud de hoy no fuera una víctima del trabajo de la dictadura, de desconcientizar. ¿Cómo encontrás hoy en día a los jóvenes?

-El trabajo en la juventud ha sido permanente, desde el primer momento las Madres hicieron un agujerito en el muro. Se visibilizaron en el peor momento de la dictadura en la Plaza de Mayo, demostraron mucho coraje, contagioso. Veo un movimiento y una conciencia por parte de los jóvenes muy emocionante y valioso. Soy docente de alma, me jubilé hace dos años, si no hubiera sido por mis alumnos, nunca hubiera llegado con tanta fuerza. Porque en todos los momentos en los que fui profesora mis alumnos me enseñaban a mí, porque yo no tenía esperanzas en la vida, yo trataba de disimular eso. Reconozco compañeros en los gestos de los chicos, es una alegría. La generación del setenta es gloriosa, luchó de una manera determinada y sigue creando de una manera determinada. Pero la nueva generación reivindica eso, lo investiga y cuestiona, lo enriquece.

Un Mariano Acosta para el recuerdo

Esas baldosas que dan color en medio de la monotonía grisácea de cada vereda, esas que recuerdan desde el lugar mismo de donde fueron arrancados los detenidos, desaparecidos o asesinados. Fue el turno para la comunidad del colegio Mariano Acosta de pleno corazón porteño. Allí estuvimos para contártelo.

El lunes 14 de mayo pasado la organización “Barrios por la memoria y la justicia” dejó una nueva huella en el camino que transitan por mantener vivos a aquellos hombres y mujeres, jóvenes también, desaparecidos por el terrorismo de Estado de la última dictadura. Se trata de un grupo de vecinos que se juntan semanalmente en representación de cada uno de sus barrios. Se reúnen después de sus trabajos, laburan apoyados en un compañerismo sentido y se manejan a pulmón. Su tarea y objetivo es colocar baldosas a lo largo y ancho de todala Capital Federal en aquellos lugares específicos donde fueron secuestradas, para luego ser asesinadas, personas durante la década del ´70. En este caso fue el turno de la  Escuela Normal Superior N°2 Mariano Acosta, uno de los establecimientos educacionales que más víctimas tiene en manos de la A.A.A. y los militares. 35 jóvenes, cada uno con su nombre, hoy son parte de las veredas del lugar que los vio estudiar, militar y crecer.

Nora es una de las integrantes del grupo de Balvanera, junto con sus compañeros nos explicaron la importancia de su trabajo. Ellos mismos diseñan y consiguen los materiales para hacer las baldosas, tienen un objetivo y una razón muy claros: “Tratamos de salirnos del concepto global de treinta mil desaparecidos. Entendemos que cada uno de esos miles era una persona, con sus nombres y con sus historias. Nosotros reconstruimos esas historias, identificándolos, conociendo sus apodos. La baldosa es poner nuevamente en la calle, presentes y caminando, a todos los compañeros que durante o antes de la dictadura fueron secuestrados y desaparecidos. Volver a tener en la Ciudad sus pasos, para que la memoria esté fresca, quienes pasen los van a ver ahí.”

El acto se reprodujo en las puertas del Mariano Acosta, los oradores se repartieron entre profesores actuales y autoridades. Los saludos y las adhesiones llegaban desde todas las organizaciones de derechos humanos, incluso varias Madres de Línea Fundadora se acercaron en persona a presenciarlo, entre ellas Nora Cortiñas. Luego llegó la hora de los integrantes del Centro de Estudiantes quienes dijeron estar orgullosos por el crecimiento de su escuela y aseguraron que la mejor forma de reivindicar a los desaparecidos es a través de la lucha activa: pedir becas, mejoras edilicias, inaugurar nuevos espacios.

Por último fue el turno de las palabras de un ex compañero de algunas de las víctimas: “Muchas veces nos preguntábamos qué pasaría el día de mañana, qué dirán los chicos de seis años que vengan a cursar a la escuela y encuentren las baldosas con los nombres de nuestros queridos compañeros. Sabrán que fueron quienes lucharon por la educación publica, conviviendo con el terror y la ignorancia de aquellos tiempos, que lucharon para que de este colegio hayan podido salir grandes maestros y profesores comprometidos con la enseñanza”.