“No podía cagarme en la historia de mis viejos”

En 2008, Pablo Gaona Miranda sintió que podía ser hijo de desaparecidos. Su apropiadora le confirmó que era cierto, pero que por favor no lo dijera porque podían ir presos. En 2012, se animó a ir a Abuelas y supo que era el nieto 106. Aunque no se lleva mal con sus apropiadores, fue a juicio. Su testimonio fue determinante para que fueran declarados culpables. “¿Qué harías vos si te roban a tu hija?”, plantea cuando le preguntan si no le da pena. 

A fines de 2008, fue, se sentó y preguntó: ¿soy o no soy?

Ella, su apropiadora, se largó a llorar.

-Yo creo que podés ser hijo de desaparecidos, pero por favor no digas nada porque vamos a ir presos.

Desde ese día, Pablo pensó.

“Vamos a ir presos”.

“Vamos a ir presos”.

“Vamos a ir presos” “Vamos a ir presos” “Vamos a ir presos”.

Desde ese día, Pablo pensó y pensó.

Recién en agosto de 2012, tres años y medio después de saberlo, se acercó a Abuelas para dejar de ser Leandro, para saberse hijo de los desaparecidos Ricardo Gaona Paiva y María Rosa Miranda, para asumirse como parte de la historia argentina más horrenda, para enterarse de que su cumpleaños ahora sería el 13 de abril: para ser el 106.

Desde ese día, Pablo pensó y pensó y pensó: “Vamos a ir presos”.

Desde ese día, hasta este día, sentado en una habitación de la Casa de Abuelas, mientras Estela de Carlotto pasa por la puerta y él ya no la mira sorprendido porque ella es parte de la escenografía de su nueva vida, mientras sonríe con lo bien que juega el River del Muñeco Gallardo porque esa es una herencia que no va a sacarse de su anterior vida, Pablo pensó, piensa y pensará: “Es lo justo”.

Por eso, el 11 de agosto, aunque el pensamiento digerido no pudiera ganarle del todo a los nervios, se volvió el testigo clave del juicio por su apropiación que terminó con la sentencia de 8 años a Salvador Norberto Girbone –su padrino, el militar que lo entregó-, de 8 años a Héctor Girbone –su apropiador- y de 6 años a Haydée Raquel Ali Ahmed –su apropiadora-.

 

***

Pablo piensa todo el tiempo y no es que por eso sienta menos. De hecho, todo su ejercicio de ajedrez lo define de una manera hasta divertida: “Tenía la cabeza hecha un despelote”. Tres años y medio estuvo pensando: ¿qué es lo correcto?, ¿qué está bien?, ¿qué está mal?, ¿está bien que desaparezcan a unos papás y les roben su bebé?, ¿está mal que a ese bebé, durante 30 años, no le digan realmente quién es?

 

– ¿Cómo fue el juicio?
– Yo fui el primero al que le tocó declarar. Fue el 11 de agosto. Después del juicio, los abogados y el fiscal de la causa me decían que había sido muy importante la declaración. Si yo no hubiera declarado, ellos estarían en libertad. Impunes. Porque no hay testigos del momento del secuestro. Y el militar que me entregó a mí no tenía ninguna denuncia. Es más, estuvo trabajando hasta el 2012 como militar. Si yo no hubiera ido a declarar y a contar el momento en que me pidieron que no fuera a Abuelas porque podían ir presos, ellos no iban presos.

– Pero declaraste igual.
– Yo lo hice por una cuestión de responsabilidad y por no cagarme en la historia de mis viejos. Por ahí, para mí era más cómodo no declarar, evitarme el sentimiento de culpa y que mis apropiadores estuvieran libres. Pero no hubiera sido lo correcto. Lo que yo sentía como correcto.

– Para el momento del juicio, vos ya habías contado tu historia muchas veces, ¿cambió contarla ahí?
– Estaba muchísimo más nervioso porque estaba en un tribunal. Estar en un tribunal es una cosa espantosa. No es cómodo. En muchos juicios los abogados piden que los acusados no estén y hacen lugar a eso y los acusados no están: estás en el tribunal, hablás con los jueces, respondés a los fiscales, a los abogados de la querella y a los abogados de la defensa. Pero en este caso, no: ellos estaban en frente mío. Eso me tenía un poco tenso.

– ¿Vos sabías que iban a estar?
– Me dijeron: “Posiblemente estén”. Es más: me hicieron un dibujo, una especie de croquis, explicándome el lugar donde ellos iban a estar. Pero, bueno, me dijeron que me hiciera a la idea de que posiblemente iban a estar. Y estaban.

– ¿A ellos los seguís viendo?
– Los seguí viendo hasta una semana antes de que arrancara el juicio y después ya no los vi más porque todo se ponía más incómodo. Después del juicio, bueno, ya veríamos. Pero ellos sabían perfectamente lo que yo iba a hacer. Yo a ellos los veía cada quince días y tengo una buena relación, a pesar de todo. Pero el acuerdo para seguir viéndonos era que ellos sabían que yo iba a hacer esto. Yo no iba a mentir para hacerlos zafar.

– ¿Y ahora?
– Ahora sí los iré a ver. Cuando se acomode todo, iré.

– Dentro de todo tu relato, queda muy claro que vos tenés una visión de qué es para vos lo justo.
– Nosotros buscamos justicia. Ni venganza, ni odio. Dentro de esos parámetros, yo me puedo parar en un lugar de lo que considero justo. Después el tema de las penas ya me excede. Pero yo me fui conforme del juicio porque los abogados me dijeron que no estaba mal la sentencia. Me decían que lo importante era que me creyeron. Que mi relato lo creyeron los jueces. Pero lo bueno es que ellos ya están condenados. Que hubo un juicio y que hubo una sentencia. Nosotros decimos que el robo de bebés es un delito de lesa humanidad y nos creen los jueces y eso es importante.

– Esto de lo justo que te digo exhibe una manera de pensar el “deber ciudadano”.
– Entiendo este punto que planteás y lo entiendo, sobre todo, porque, cuando estoy con mis amigos, a veces ellos me preguntan: “¿Y vos cómo te sentís con estar haciéndoles un juicio?”. Muchos de mis amigos conocen a mis apropiadores hace muchos años porque son vecinos. Y a veces se ponen más en el lugar de ellos que en el mío. Me pasa también en las charlas que lo primero que me preguntan es qué relación tenés con la gente que te crió. Esa es una manera de ponerse en el lugar de los apropiadores en vez del mío. Al principio no sabía cómo responder. Pero después fui pensando la manera. Es más sencillo con los que tienen hijos o con los que tienen nietos. Porque vos les decís: “¿Qué pasaría si viene alguien ahora y te saca a la nena? ¿Qué pensarías de la gente que te la robó, así la críen bien o mal? ¿Qué querrías para esa gente? Y me responden: “Y que vayan presos”. Entonces ahí se terminan las dudas. O me preguntan qué pienso de los años que les dieron y yo lo único que puedo decir es que ellos eran adultos, que sabían bien lo que hicieron y que tienen que hacerse cargo.

– Tu respuesta suena con toda la lógica.
– Sí, ojo que igual es chocante. Siempre la primera pregunta que hacen es si me da lástima que ellos vayan presos. Es duro. Yo siempre digo que pregunten lo que sea. Y es muy loco porque a ellos les dan lástima mis apropiadores. Les dan más lástima los apropiadores que yo. No piensan en mi historia porque ellos piensan que mis apropiadores son mis viejos, pero porque ellos no conocieron a mis papás. Creo que eso se da por desconocimiento. Por no leer casos como estos y pensarlos.

– ¿Cómo fue escuchar la sentencia?
– Estábamos citados a las 9.30, que era cuando la querella y la defensa decían las últimas palabras. La sentencia era a las 14. Entonces yo decidí ir directo a la sentencia porque tantas horas era demasiado. Ahí volví a ver al tribunal porque, después de declarar, yo decidí no ir a escuchar otros testimonios por una cuestión de salud mental.

– ¿Cómo fue esa mañana?
– Di vueltas, fui al gimnasio porque ese día no fui a trabajar y después fui a Tribunales. Había intentado dormir, pero no pude. Me acosté a las dos de la mañana y a las tres y media ya estaba despierto.

***

– Antes de este juicio, ¿alguna vez habías ido a un juzgado?
– Antes de que me devolvieran mi verdadera identidad, no. Después, sí. Yo recuperé la identidad en agosto de 2012 y en septiembre quise ir a presenciar un juicio. Fui el día en que declaró Catalina de Sanctis Ovando en los tribunales de San Martín. Quise ir por esta cuestión de decir: “Esto me va a pasar a mí”. Cuando yo la veía declarar, que lo hizo con mucha valentía, yo pensaba: “Ojalá yo pueda declarar así”. La veía muy tranquila, aunque ella no estaba nada tranquila, pero a partir de ahí fui a un par de juicios para acostumbrarme.

– Debe ser muy loco ese ejercicio de ir a ver algo tan fuerte que ya sabés que te va a pasar a vos.
– Yo me enteré que era hijo de desaparecidos a fines de 2008. Mi apropiadora me pidió que no dijera nada porque si no ellos iban a ir presos. Yo ahí dije: “Bueno, me voy a tomar mi tiempo para pensar”. Porque tenía un montón de dudas de lo que iba a ser mi vida después de ir a Abuelas. Entonces, yo lo que hacía era mirar todas las cosas que aparecían de los nietos para ver cómo ellos hacían llevar su vida adelante. Me compraba los diarios cada vez que había algo nuevo. Y ahora eso me atraviesa a mí.

– Una vez, en una entrevista, dijiste: “Yo quería saber cómo era la vida de la gente que iba recuperando su identidad”. ¿Cuánto de todo lo que imaginaste que podía pasar, pasó?
– No sé si imaginé bien las cosas, pero se dio todo lo esperado. Yo, cuando veía de las restituciones, por ejemplo, sabía que te daban una carpeta con todas las cosas de tu familia y de quién eras vos y, después, venían algunos otros nietos, los que querían, a hacer un brindis ese mismo día. Y eso pasó y yo pensé: “Bueno, me tocó a mí”.

– ¿Y vos ya te imaginabas buscando más nietos?
– Mi vida, más allá de otros aspectos que no cambiaron, apunta a seguir buscando a los que faltan. Antes de venir a Abuelas, mientras tenía la cabeza hecha un despelote, atrapado entre la culpa y la manipulación afectiva, sobre todo de mí apropiadora que me había dicho que no viniera, yo ya admiraba a la gente que se había podido animar. Yo pensaba: qué bueno que recuperan su identidad y al poco tiempo se ponen al hombro la búsqueda de Abuelas. Yo pensaba: quiero hacer eso, colaborar de esa manera.

– Hablás de la cabeza hecha un despelote, ¿cómo fue, después, encontrar la calma?
– Calculo que es un trabajo personal que lleva años. Desde ese momento en que me sentía manipulado afectivamente hasta el momento en que me asumí como una víctima. Es difícil asumirse como víctima. Yo no tengo la culpa si yo voy, me hago un análisis y ellos tienen que ir presos. Es una consecuencia judicial y yo no tengo la culpa de eso. Yo soy la víctima y es difícil, aunque parezca una obviedad, entender eso. Con el tiempo, sabiendo que yo no soy el culpable de esto, se atraviesa el tiempo de un juicio, de una sentencia, de ir a hablar nuevamente ante la Justicia, que obviamente no es lo mismo que ir a contar tu historia a un colegio. Pero había que cerrar una etapa. Yo celebro que a partir del 2003, gracias a Néstor Kirchner, se juzguen a los culpables y que no puedan andar caminando libres por la calle. Es una situación difícil, pero necesaria. Ahora, después del juicio, pienso que la justicia al fin un día llegó y que mis viejos deben estar contentos.

***

Pablo piensa. Pensó tres años y medio en el medio de un despelote. Después pensó más rápido porque los últimos dos años le fueron a ese ritmo: recuperó su identidad, se volvió un militante, empezó a llamarle hermanos a los otros nietos y aprendió a dar charlas contando su historia. Todo eso forma parte de su pensamiento.

Así como forman parte de su mente Teófilo Gutiérrez y Rodrigo Mora, sobre quienes siente el mismo misterio que el resto de la argentinidad: ¿cómo hizo Gallardo para volverlos a hacer jugar bien?

River, sin dudas, es parte de su identidad.

Por eso, cuando hace unas semanas entró al Monumental, antes de que arrancara el partido, a dar una vuelta con una bandera de Abuelas, se emocionó mucho.

– ¿Cómo fue eso?
– Fue hermoso. Muy lindo. Además, otra de las cosas que yo pensaba, mientras estaba ahí, es que el mismo año que desaparezco yo Argentina levantaba la Copa del Mundo y en la platea festejaban esos tres genocidas. Es impresionante que, de ese a este momento, 36 años después, tenés un presidente como D’onofrio que quiera cambiar esa etapa de la historia, salir de ser un club que tenía esas prácticas en ese momento y comprometerse con la lucha de Abuelas.

– ¿Y qué decía la gente cuando ustedes pasaban?
– Dar la vuelta en el Monumental con la bandera tiene una llegada tremenda. Yo me quedé muy sorprendido porque caminábamos a paso normal y, cada vez que pasábamos, la gente se paraba y aplaudía. No era una o dos personas. Eran casi todos. El tema de la identidad y el tema de los nietos es cada vez más conocido y la gente se sorprende. Y eso es muy importante porque en la cancha puede haber alguien que tenga dudas sobre su identidad. Mismo leyendo esta entrevista, capaz, haya alguien con dudas como las que tenía yo.

Violencia de nacimiento

Puja, el documental sobre violencia obstétrica, se presenta este viernes 12 de septiembre en La Tribu. Sus realizadoras lo definen como “una herramienta para las mujeres” y promueven que se hable de esta verdad incómoda.

Derecho a la privacidad e intimidad.

Derecho a la integridad personal (física, psíquica y moral).

Derecho a la información y a la toma de decisiones libres sobre la propia salud.

Derecho a no recibir tratos crueles, inhumanos y degradantes.

Derecho a estar libre de discriminación. .

1a

Éstos son, entre otros, los derechos que son violados a mujeres embarazadas por medio de prácticas rutinarias de preparto, parto y posparto en hospitales públicos y clínicas privadas del país. Configuran el fenómeno conocido como violencia obstétrica. La constante, más allá del grado de violencia, son las mujeres como objetos de intervención y no como sujetas de derecho. En el ordenamiento jurídico argentino está definido por la Ley 26.485 de Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales como “aquella que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres, expresada en un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, de conformidad con la Ley 25.929”. Esta otra ley es la de Parto Humanizado y establece los derechos de las mujeres en relación al embarazo y los del niño y la niña recién nacidos. Se sancionó en el 2004 y aún no fue reglamentada, lo que para muchas instituciones de la salud es argumento suficiente para no cumplirla.

***

Ana Luz Sanz y Valeria Álvarez son fotógrafas. Ana, además es mamá de dos. Se conocieron en un taller de Sub Cooperativa de fotógrafos, sobre “Fotografía y compromiso”. Para el ensayo final, eligieron con otros dos compañeros la problemática de la violencia obstétrica. Así nació el proyecto y se inició un camino de investigación, entrevistas y registro. Finalizada esa instancia, quedaron con ganas de más y realizaron el documental Puja, que presentan este viernes 12/9 a las 20 hs. en La Tribu:

Ana: – Sentimos que quizás en las fotos era más difícil de comunicar la causa y los procedimientos de rutina a los que se somete a las mujeres. Pensamos en un video muy cortito, pero se nos extendió. Quedó de alrededor de 30 minutos y muestra las prácticas violentas en torno al parto. La idea es ahora hacer un capítulo dos para hablar del parto respetado. Hay un poco más de material sobre esto y muy poco que muestre la parte dura.

14Valeria: – Nos pasó que fuimos descubriendo lo amplio que era el tema y lo poco que se habla, la poca información que circula. Hay muchas resistencias.

Ana: – Queríamos que fuera una fuerza de choque. Sin querer asustar a nadie, pero esto está pasando, hay que hacerse cargo. Estamos trabajando sobre la parte dos y queremos hacer una plataforma web, que sería un formato web-documental, adonde subiríamos estos dos videos y también interacciones con otros formatos donde se explique cada rutina, para que también haya intercambio con la gente. Un ida y vuelta. Porque lo que nos interesa es construir un herramienta para las mujeres. Con este tema, muchas se quieren acercar, contar su testimonio, porque no se habla de esto. Que sea un espacio de denuncia.

***

“Primero me drogaron y cada tanto aumentaban la dosis y así quedé frágil y vulnerable a merced de ellxs. Me abrieron las piernas, me ataron, acostada e inmóvil no fui más que un cacho de carne, cada segundo era peor que el anterior (…) Creí que me moría, me rompieron por dentro, Tuvieron que coserme luego la vagina y quedé con la panza llena de moretones, durante días el cuerpo entero me dolía, me costaba caminar, ir al baño, hace meses que la sola idea de tener relaciones me estremece por dentro. Luego, durante horas estuve tirada en la mitad de un pasillo, sola, desnuda, vacía, temblando de frío y miedo, no tenía fuerzas ni para llorar, mi mente en blanco solo trataba de huir, de contarme que era mentira, que no había pasado, que eso no me había pasado a mi. Durante mucho tiempo he querido hablar, denunciar, contar lo que me pasó pero nadie quiere escuchar, parece que de ESTO no se habla y que incluso por alguna extraña razón debería estar contenta, agradecida porque podría haber sido mucho peor, total estamos sanos y bien”.

Este es el testimonio que Violeta Osorio compartió en su facebook. Probablemente un nacimiento no es lo primero que se nos viene a la cabeza. Pero sí: es la historia de su parto. Fue compartida casi 200 veces y tuvo comentarios como: “Yo pasé por esa experiencia hace 12 años, y fui consciente de ese maltrato recién unos 8 años después… es tremendamente triste que esto se viva como algo naturalizado, algo que jamás tendría que pasar”; “y si se arma algún grupo de mujeres que hayamos pasado por algo así, por favor avisen!”; “Es realmente así. A mi me pasó dos veces. Es terrible. Pero lo peor es que lo naturalizamos”. Violeta estará presente en la proyección del viernes y sumará desde su experiencia al debate.

A partir de la organización y la lucha de mujeres, comienza a pensarse la violencia obstétrica como una forma de violencia de género y de violación a los derechos humanos. Apuntan de lleno a la situación de desigualdad de las mujeres respecto de los profesionales de la salud y de la industria biomédica y farmacológica que impide el ejercicio pleno de sus derechos.

19Ana: – Las mujeres son sometidas, aniñadas. En los mejores casos, la mujer puede procesarlo y entenderlo. Pero hay mujeres que fueron víctimas de violencia y se sienten de alguna forma salvadas ellas y su hijo o hija, entonces minimizan lo otro. Creemos que el material está apuntado sobre todo a mujeres que pasaron por un parto y no saben bien qué pasó pero algo no les cierra. Y así reflexionar e intercambiar experiencias para poder enfrentarse socialmente, porque hoy en día ¿cuántas madres pueden decir que quieren que las respeten y que estas cosas no las hagan? La mayoría dice que tiene que confiar en el médico.

Vale: – Entre las prácticas más reiteradas vimos maltrato verbal, episiotomías compulsivas – un corte quirúrgico en el perineo, la zona entre la vagina y el ano –, cesáreas innecesarias. Esto es sobre todo muy alevoso en las clínicas privadas, porque es un negocio, es menos tiempo y libera la sala o la camilla. Se lo piensa como el parto “rápido y seguro”.

Ana: – Toman la cesárea como una solución para la salud, como si fuera el medio más efectivo y dentro de todo estéril. El corto desmitifica la situación de esterilidad, porque todos nacemos en un ambiente lleno de bacterias, y eso también entrena nuestro sistema inmunológico. Y si llegás a tener la suerte de tener lo que ellos llaman un parto “natural”, porque es super intervenido, te hacen una maraña de cosas, que prácticamente tener una cirugía o no ya ni importa porque no podés decidir nada, estás atada de piernas, acostada – que es muy difícil parir acostada – con oxitocina que te genera contracciones más fuerte y si no querés epidural te dicen que la vas a pedir a gritos.

Vale: – Otra constante son las intervenciones sobre lxs recién nacidxs, que están completamente naturalizadas.

Ana: – Son súper cruentas. Lo que necesita el bebé es a su mamá, el contacto con ella le va a ayudar a respirar mejor, si cortan el cordón umbilical más tarde va a hacer que el oxígeno ingrese de forma más natural. En cambio, lo primero que hacen bañarlo, pesarlo, medirlo y recién después llevárselo a la madre. Si te lo traen. Porque en un montón de clínicas privadas te dicen “no, mami, vos descansá, te lo traigo más tarde”. En el medio el bebé está solo, en un lugar que no conoce, sin escuchar los latidos de la mamá, le dan leche de vaca que tampoco le viene bien para empezar la lactancia. Un montón de cosas gratuitamente y nadie habla de eso y a la gente no le gusta hablar de eso. Hay una industria atrás. Es la verdad incómoda.

***

Para la realización del documental, ingresaron a distintos hospitales públicos en los que por un acuerdo de palabra pudieron registrar el material. Es ahí donde el proyecto cobró espesor: “Entrar a los hospitales te da otra perspectiva, otro fuego en la sangre”. Sin embargo, una vez que colgaron el trailer en la web, para compartirlo en un principio con sus profesorxs y compañerxs, empezaron a recibir llamadas:

Ana: – Las instituciones no están muy contentas. Estamos esperando a ver qué pasa. En principio habíamos colgado una primera versión del trailer que no tenía ningún tipo de tapa en las caras y ahí les llegó al personal de uno de los hospitales. Es que la circulación del video nos excedió: en tres días tuvo 3 mil o 4 mil visitas, ahora está en casi 90 mil. Ni bien les llegó nos llamaron, nos dijeron que iban a poner abogados, que tuviéramos cuidado. Primero, nos asustamos y bajamos el material. Después, nos asesoramos y nos dijeron que sí, que nos podían hacer algo, que estábamos complicadas. Pero volvimos a subir el material, esta vez con la caras tapadas, aunque eso no soluciona el problema. Es que no hay ninguna manera legal de ingresar a esos lugares tampoco. Intentamos por esa vía y nos dieron la espalda.

Vale: – Vamos a ver qué pasa ahora cuando proyectemos el documental completo. Lo bueno que sucedió en ese momento es que hubo apoyo, mucha gente se sumó. Creemos que en un punto estamos todas juntas para aguantar. Hay muchas mujeres que se están interesando en la temática, en saber cuáles sos sus derechos…

Ana: – El cambio viene de ahí. La OMS ya hace bastante que desrecomienda muchas de las prácticas rutinarias del parto. Y hay una ley, pero tampoco tiene tanto impacto. Obviamente la legitimación del Estado suma. Pero la conciencia colectiva es lo que de verdad puede cambiar la situación. Si no, vamos a seguir sometidas. No hubiera pasado todo lo que pasó con Puja si no hubiera esa necesidad de hablar del tema. En ningún momento pusimos energía en la prensa, sino que la gente se fue acercando, compartiendo, entonces también está construida desde ese lugar, colectivamente. De alguna forma en el proceso de registro y ahora con la circulación, se fue formando una comunidad.

Puja – El documental (trailer) from Max Boniface on Vimeo.

Fotos, cortesía Colectivo Puja.

 

Los publicistas siguen laburando

Burson Marsteller ideó la famosa campaña “Somos derechos y humanos” y hoy vive ganando premios de revistas y concursos de relaciones públicas. “Nosotros usamos recursos que no pueden comprarse: contactos directos en esferas de influencia”.

Mediados de 1979. Walter Klein viaja a Nueva York para encontrarse con Victor Emmanuel. Motivo: diseñar una campaña publicitaria que mejorara la imagen de la dictadura argentina. Contexto: previo a la visita anunciada de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que recorrería campos clandestinos en Córdoba, Tucumán y Buenos Aires.

Walter Klein era por entonces titular de Coordinación y Planificación Económica del país; Victor Emmanuel, el responsable de la “cuenta” argentina en la empresa Burson Marsteller, la agencia de imagen y comunicación más grande y más polémica del mundo.

Resultado del encuentro: el Ministerio del Interior aprobó en agosto, según el decreto 1659/79, una campaña que ordenaba comprar 250.000 calcomanías autoadhesivas, en dos tamaños, con el lema “Los argentinos somos derechos y humanos”.

Esferas de influencias_MLA_v_F_f_143151299_3124

¿Pueden unas calcomanías mejorar la imagen de una dictadura? ¿Puede una empresa de comunicación tapar las torturas, desapariciones y muertes?

Burson Marsteller no es sólo una empresa publicitaria:“La publicidad intenta hacer lo mismo, pero ellos dependen de la compra de espacio y tiempo en los medios de comunicación”, explica el titular de BM, Donald Baer, en una reciente entrevista. “Nosotros usamos recursos que no pueden comprarse, tales como ser contactos directos en determinadas esferas de influencia”.

La famosa frase “Somos derechos y humanos” intentaba contrarestar las denuncias por violaciones de derechos humanos en el marco de un plan elaborado por la empresa Burson Marsteller, tal cual reveló la embajada estadounidense en 2013. El informe fue titulado “Mejorando la imagen internacional de la Argentina” y trazaba un plan de trabajo sobre distintos públicos: los que influyen en el pensamiento, los que influyen en las inversiones, los que influyen en el turismo, y el público en general.

La empresa estadounidense proponía trabajar sobre el concepto de “estabilidad” como imagen hacia afuera de Argentina – preocupada más por el primer tipo de público- y diseñó para ello distintas líneas de acción. Una de ellas fue la campaña del lema “Somos derechos y humanos”, y la otra intentó vincular la antesala del Mundial de Fútbol de manera positiva. En el informe BM plantea armar una convocatoria de medios en noviembre del 77 para mostrar cómo el país se preparaba para el Mundial, convocando a deportistas como Fangio, Vilas y Monzón para acentuar la imagen deportiva. Fangio luego participaría además de una gira por Venezuela junto a Rafael Videla para “propagandizar las buenas acciones del gobierno”, otra de las coartadas ideadas por BM.

Crisis y medios

Sobre las influencias, la empresa señalaba una serie de medios extranjeros como garantes de la difusión de su imagen creada: se mencionan al New York Times, el Washington Post, y Wall Street Journal, de EEUU; The Economist y The Times, del Reino Unido; El Tiempo y El Espectador de Colombia; y el Excelsior de México.

La relación con los medios y el manejo de las redes sociales son el fuerte de Burson Marsteller. En su página web la ofrecen como uno de sus servicios: “Burson-Marsteller incluye la relación estratégica con medios en el núcleo de cada programa de comunicación integral”.

Fundamentalmente son especialistas en trabajar con gobiernos y empresas que buscan salir de una crisis de imagen.“Ninguna compañía, institución o industria es inmune a algún tipo de crisis – y cuando sus acciones están en lo mas alto, solo los socios de comunicación confiables y expertos son los mejores aliados”, plantea BM en su presentación. Con esa premisa se jactan de haber participado en las relaciones públicas de la empresa Babcock and Wilcox luego de un accidente atómico en 1979; para el gobierno de Nigeria en 1965 para refutar acusaciones de genocidio en Biafra; a la empresa Union Carbide Corporation para afrontar su responsabilidad tras una pérdida masiva de gas venenoso en India que causó la muerte de 2 mil empleados y pobladores vecinos a la planta; y, otro ejemplo, manejando las relaciones públicas de Blackwater USA luego que se acusara a la empresa de matar a 17 civiles iraquíes.

La más premiada

Burson Marsteller vive ganando premios de revistas y concursos de relaciones públicas vinculados al éxito de sus campañas. En 2004 logró el premio Eikon que otorga la revista  Imagen en la categoría “relaciones con la prensa” por una campaña realizada a la empresa Repsol. Se llamó “preparando el desembarco” y  fue realizada un mes antes de la licitación de acciones de YPF que luego, claro, obtuvo.

En 2005 retuvo la premiación con una campaña vinculada al producto conocido – en parte gracias a BM- como “botox”: “La campaña de relaciones con los medios estuvo enfocada a desterrar el concepto de toxina botulínica asociada al veneno”, dicen en la revista. Una de las herramientas a las que apeló la empresa para remitificar al “botox” fueron la realización de congresos con médicos y científicos, el reparto de información “diseñada de manera creativa” y hasta paquetes dirigidos en el día del padre con artículos redactados que incluían la mención del producto. La empresa saca su conclusión: “El plan comunicacional sirvió para sostener el éxito en la esfera estética porque contribuyó a generar opinión de Botox y, además, se posicionó como un aliado terapéutico para el tratamiento de muchas afecciones”.

Más acá, en 2013 fue nombrada la Latin American Agency of the Year según la revista The Holmes Report. El presidente global de la empresa, Donald Baer, se refirió al trabajo en la región de manera inquietante:  “Este es un gran honor y un reconocimiento al estupendo trabajo que nuestro equipo está realizando en América Latina, expandiendo nuestra presencia geográfica, fortaleciendo nuestra red y elevando el estándar de las relaciones públicas en esta dinámica región”. Sobre este desembarco pueden leerse los trabajos que BM ha hecho para petroleras como Shell, Repson y Chevron, y ya no tanto para gobiernos. Pasadas las dictaduras, sobre el estado mantienen una particular visión: “Todos los días, funcionarios electos y del ámbito  regulatorio toman decisiones que pueden poner en peligro la competitividad de una compañía o complicar la misión de una fundación sin  fines de lucro”.

¿Hay límites éticos a los clientes que su empresa puede aceptar? Pregunta el entrervistador a Bauer, titular de BM, en la entrevista. Bauer sienta el límite: “Hemos rechazados cuentas de gobiernos, o temas controvertidos, como el derecho al aborto”.

La otra Burson

¿Qué tiene que ver Bush con el “No a la mina” en Esquel?

En agosto de 1990, en el Congressional Human Right Caucus una niña de 15 años de identidad reservada, que decía trabajar en un hospital de Kuwait, relató que soldados iraquíes habían entrado al hospital y sacado de las incubadoras a 312 bebés. “Los dejaron morir sobre el piso de las baldosas”, apuntó.

Años después se supo que la anónima niña era, en realidad, la hija del embajador kuwaití en Washington, y la noticia de las incubadoras, una completa mentira. Entonces la invasión estadounidense a Irak ya estaba desparramada. El presidente George Bush había logrado con éxito convencer a la opinión pública de la necesidad de ir a una guerra con Irak, en parte gracias a la noticia que inventó la agencia Hill & Kwnolton.

En 2003 y en Argentina la asamblea auto convocada de vecinos de Esquel logró un plebiscito contundente: el 81% de los votos no quería a la minera Meridian Gold en la ciudad. Pero la empresa no se fue y organizó en cambio un congreso en el hotel Crowne Plaza de Buenos Aires que reunió a directivos, agencias de publicidad y periodistas para “dar vuelta a la comunidad”. Asistieron, entre otros, representantes de Braga Menéndez y Asociados, la agencia de publicidad preferida del kircknerismo.

Estos detalles que en general pasan desapercibidos pueden saberse gracias a la filtración de un audio de aquellas jornadas. Llegó a Esquel y hasta algunos programas de radio locales lo reprodujeron. En el se mencionaba que el plan para convencer a la comunidad – o, mejor, a quienes toman decisiones sobre- consistía en influir – mantener al tanto sobre todos los movimientos de la empresa- sobre el grupo de confianza del entonces presidente Néstor Kirchner: se nombraba a De Vido, Parrilli, Alberto Fernández. La empresa finalmente se fue, pero les dejó a cuatro pobladores y dos periodistas un proceso por violar el “secreto empresario” según es audio filtrado.

Hill & Knowlton es famosa también por diseñar las campañas de desinformación de las tabacaleras a mediados del 50. Su estrategia para contradecir la evidencia científica que relacionaba el tabaco a distintas enfermedades fue la creación de dos institutos denominados Council for Tobacco Research y Tobacco Research Institute. Desde allí emitían informes propios con científicos poco éticos que avalaban estudios que ocultaban más información de la que proveían.

Tal es la estrategia de estas empresas: no es mentira decir sólo una parte de la verdad.

Derechos inhumanos

La historia desopilante del abogado policial que denuncia a los organismos de derechos humanos, la fiscalía que lo avala y la sentencia en suspenso de tres policías que torturaron y mataron a Gabriel Blanco en una comisaría.

Comisaría 2, Barrio San Carlos, La Matanza.

Shhhhh. En la celda de al lado están cagando a piñas a un pibe. Podría ser yo. Hace un rato vino la mujer con la hija. La madre también. Ya le estaban pegando; y él, que quiero ver a mi familia, que quiero ver a mi familia… Por los gritos, en cualquier momento lo matan. Lo metieron esposado y no parece que se las hayan sacado.

No puede más, grita. Lo van a matar. Hay que hacer algo. Nos van a matar a todos.

¿Qué más me pueden hacer?

Le siguen dando, ya no grita, lo van a matar.

¿Qué habrá hecho?

Silencio.

El cuento

“Te vamos a detener y no vas a contar más el cuento. Vas a aparecer en una zanja”, lo callaron a Gabriel Blanco, que tenía entradas en la comisaría por robo. Ya no quería afanar; iba también a un grupo de rehabilitación de adicciones. La policía lo perseguía para que sí siguiera robando: para ellos, con zona liberada.

El 1 de marzo de 2007 convirtieron la amenaza en hechos. Lo detuvieron cuando estaba con su pareja, después de comprarle un regalo a su hermana, que lo había hecho tío. Lo paró la policía, lo puso contra la camioneta, le pegaron a ella y lo metieron en el patrullero. A la medianoche su metro ochenta y sus ochenta kilos aparecieron ahorcados en el calabozo oscuro, sin algunos dientes, cagado a piñas, con un cable de luz que apenas resistía 50 kilos. Como demostraron las pericias, lo ahorcaron ya muerto, para simular el suicidio.

Justicia lenta, justicia rápida

Seis años después del asesinato, el juez de Garantías Raúl Ricardo Alí pidió las detenciones del subcomisario Rubén Darío Suárez, del suboficial Ariel Emiliano Gómez y del oficial Pablo Balbuena por torturas seguidas de muerte. Se hicieron pruebas y contrapruebas, se cambió de fiscal y todavía estaban en actividad.

Las detenciones, cuando llegaron, se hicieron efectivas en el mismo lugar donde trabajaban.

Además se procesó por encubrimiento al comisario inspector Claudio Horacio Javier Ilundayn y el capitán Daniel Omar Dos Santos.

La causa sucia

Alguien dirá: cuánto avanzó la causa. Pero no termina ahí. Cuando se trata de policías, siempre hay un plan b: el abogado de los detenidos denunció que referentes de la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos de La Matanza visitaron a los presos que habían testimoniado en la causa sobre la muerte de Gabriel; y que les habían insinuado que debían señalar a la policía como responsable. Corroboró esto con una nueva declaración de los presos que habían testimoniado 6 años antes, que cambiaron de opinión.

El abogado de apellido Fernández radicó la denuncia contra la APDH, en septiembre. La Fiscalía General donde recayó le dio entidad a la causa y la derivó a una fiscalía descentralizada: esta notificó a Pablo Pimentel, titular de la regional de APDH Matanza, que estaba denunciado por armar una causa contra tres policías. “A los seis meses el fiscal entiende que la denuncia no tenía ningún sentido y la eleva a la Fiscalía General para que le den lugar a la desestimación; pero la Fiscalía se lo rechaza diciendo que era temprana la decisión, y eso es lo que realmente nos preocupa”, cuenta Pimentel.

La otra marcha

La APDH organizó el 28 de mayo un acto y marcha hasta la plaza San justo, frente a la Municipalidad. Reunieron entre 100 y 150 personas. “Contra la impunidad judicial, policial y política”, decía la consigna de esta primera marcha de la APDH-La Matanza en 30 años de historia.

Antes de empezar, un periodista se acercó a Pablo Pimentel y le preguntó si estaba al tanto de la otra movilización.

¿Cuál?

La de los familiares de los policías, al mismo lugar, a la misma hora.

Los gritos

-Todavía no llegó- le mentían a la madre, mientras en la celda le pegaban, esposado.

-Se suicidó porque tenía miedo de volver a la cárcel después de haber recuperado la libertad- argumentó la defensa al juez.

-La Asociación (sic) Permanente por los Derechos Humanos y el Comité Provincial por la Memoria (sic) buscan “obtener declaraciones falsas y agravar la situación procesal” de los oficiales- plantearon en la causa que abrieron contra la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y la Comisión Provincial por la Memoria.

-Sr. Pimentel deje de manipular causas judiciales obteniendo peritajes y declaraciones falsas para lograr la detención de policías y así réditos económicos del Estado que debemos solventar todos- denunciaban los volantes que repartían en la contramarcha.

-Los policías también tienen derechos humanos- culminaban.

 Silencio.

El grito recuerda a Luciano Arruga, Kiki Lezcano y más de 200 desaparecidos en democracia.

 

Yo soy Kiki Lezcano y nadie me va a callar

Fue un NN. Fue un número de cadáver. Fue un consumidor de paco. Fue uno al que le costó salir. Fue alguien a quien la policía le pidió que robara. Fue hijo de una madre a la que no le quisieron decir que ya había muerto. Fue un ser humano por el que nadie hizo justicia. Fue amigo de Ezequiel Blanco, al que mataron. Fue un pibe al que asesinaron. Hoy podría contar esto.

Dicen que morí con mi amigo Ezequiel Blanco en un enfrentamiento. Ni que me mataron, ni que el enfrentamiento tenía balas de un solo lado. Dicen eso y les creen. Les creen gracias a que ya me callaron. Y quisieron callar a mi vieja. Bah, a mi vieja para callarla ni le dijeron que yo estaba muerto. Y lo sabía la yuta y lo sabía la morgue judicial y lo sabían todos esos hijos de puta que hicieron todo para que yo robara para la cana. Y no hicieron todo lo que tenían que hacer para que no pudiera salir de la droga, para que no me cagaran a palos sin problemas si me retobaba, para que mis amigos tuvieran miedo…

Ahora les cuento lo que pasó, porque no soy mulo de nadie y tiene que quedar claro. Y no tiene que pasar más. Si no les cabe, váyanse a la mierda porque, mientras tanto, a mi familia y a los pibes como yo les siguen dando.
La licencia que el logi ese siempre saca y nos enrostra dice “Mario Chávez. Oficial. Comisaría 52”. “El indio” le dicen en el barrio, acá en la Villa 20. O “el chino”. Todos conocemos la historia de que siempre se lleva algo de los pibes que aprehende en el barrio, algo como un trofeo de guerra. Lo conocemos. Siempre trata de dejar alguna marca física en el enemigo. Todos sabemos que es uno más de los que anda atrás, nos persigue para que robemos, va a cuidar la casa del transa…

Yo, me da vergüenza decirlo, caí en el paco. Y me costó salir. Busqué la recuperación, pero me esquivaban la ayuda. 3200 pe por mes costó en algún momento. Ni ahí lo puedo pagar. La obra social cubría la mitad. Cuando la conseguimos gratis, con esfuerzo de mi vieja, me dijeron “Te falta voluntad”. La concha de su madre. Ellos me verduguean así y a mí me falta voluntad.

En febrero el indio pasó por mi casa y le dijo a mi vieja: “Cuidelo a Kiki. Le puede pasar algo malo. Si no somos nosotros, son los narcos”. Y me cagaron a piñas nomás en marzo. Dos semanas después, de nuevo. El sol no los molestaba como me molestaba a mí cuando podía abrir los ojos. Me pararon en Cruz y Pola, me desfiguraron hasta que llegó mi prima y después mi vieja. “Mirá cómo me dejaron, mami”. Ya me habían dicho: “Kiki, voy a ser tu sombra”. Estaba en “actitud sospechosa” y no respeté la voz de alto. Jaja. Mi vieja los denunció en el juzgado de Menores N° 5. Tenía 17 años. Me faltaban meses para que la cosa cambiara totalmente y me hicieran lo mismo en una cárcel. Ya había pasado casi un año en un Instituto.

Dos meses después, el 7 de Julio, el indio y otro rati me volvieron a descansar. “Una vez te salvaste. Dos no”, dijo su “voz de alto”, y me sacó una foto.

Al otro día, para no pensar más me puse la remera rayada blanca y roja, el buzo y aproveché que se venía el feriado. Agarré la colonia, fui para el espejo… Me acomodé el pelo y le sonreí a mi vieja: “Mami, quédate tranquila. Voy a ver a una chica y vuelvo”. Ahí, cerca del Piñeiro. Daniel Veygas, agente de la Policía Federal perteneciente a la División Operaciones Urbanas de Contención y Actividades Deportivas, dice que simultáneamente estaba saliendo del departamento de su hermana. La primera “Justicia”, Facundo Cubas, del juzgado de Instrucción 49, le creyó eso y que yo fui con Ezequiel Blanco, mi amigo, y le quisimos afanar el auto, que le disparamos con una .39. Facundo Cubas, del juzgado de Instrucción 49. Mentira. Las pericias me dan la razón. Hubo disparos de un solo lado. No hubo martilleo ni siquiera. Nos fusiló a los dos, y a mí me dejó agonizando una hora y media. Y mientras tanto, me filmó con otros tres logis que se reían. “¿Qué pasa, putito? Hacé arrancar la camioneta, la concha de tu madre”, escuchaba mientras me miraban morir en el asiento del conductor.

Después fui un NN.

Nadie.

Un cuerpo en un montón.

Un número de cadáver, el 15636.

Y sabían muy bien quiénes éramos Ezequiel y yo. Nos identificaron el 13 de julio y no les dijeron nada a nuestras familias hasta el 14 de septiembre, cuando llamaron al juzgado para pedir fotocopias del expediente. Mientras tanto, mientras les entregaban esas fotocopias para poder ocuparse de la causa, sebreseían a Veyga. “Falta de pruebas”.
Más de dos meses estuve ahí y no le dijeron a nadie, aunque mi familia haya ido a Missing Children, al Juzgado Criminal de Instrucción N° 30, a la comisaría, aunque haya hecho la denuncia de abril por resguardo de persona. O por eso.

Cuando le dieron el papelito indicado, el empleado lo leyó:
“MORGUE JUDICIAL
JUNÍN 760
CADÁVER N° 15636
(JONATHAN LEZCANO)”.

-No. Este ya fue enterrado el viernes.

Yo ya era un NN, aunque habían sacado de mis bolsillos el DNI. Después les cobraron para levantar mi cuerpo.
Y no termina ahí. El 4 de octubre, mi vieja estaba en casa, escuchó ruido afuera, salió y le empezaron a gritar, a insultar, a pegar. La tiraron el piso. La puta que los parió. “Tu hijo se murió porque era un negrito de mierda” y “No te metas más con nosotros”. La detuvieron una noche entera, le pegaron y no le dejaron tomar su medicamento. Le hicieron una causa por robo de autos. Otra vez con el verso: Mi vieja los agarró y tumbó a tres ratis con un palo. La causa fue un chiste. La levantaron por falta de pruebas después de llamarla a declarar.

Al que nunca llamaron a dar declaración indagatoria fue a Veyga. Su defensa fue solo una “declaración espontánea” por escrito, pero ahora la Cámara de Casación levantó el sobreseimiento por todas estas irregularidades.
A mi hermana sí la jodieron: la sancionaron en el colegio, sin sentido.

Al resto de mi familia también: pasan con la patrulla, insultan, dejan el auto ahí nomás de casa.
A mi otra hermana también. Como está la puerta abierta siempre, una vez pasó uno de civil, la manoseó y se fue.
También los descansaron hasta que apareció mi cuerpo diciendo que yo estaba en Zavaleta, en la 1-11-14, en Ciudad Oculta, que estoy a la vuelta, que me había escapado con una chica. Y lo inventan todo ellos.
Y hay más cosas raras: en uno de los cortes de la calle Cruz que organizaron mis amigos y mi familia, un chico se acercó a mi vieja, dijo que era de una revista barrial y pidió una entrevista. Después se acercó a un patrullero y desapareció.

Pero no como Ezequiel y yo durante esos meses, ni como yo ahora, ni como Luciano Arruga, ni como Daniel Solano y todos nosotros. A nosotros nos desapareció el Estado.

DSC_8148

“Hay mucha información que tienen solo ellos”

La visibilización de delitos y desapariciones con vínculos económicos de la última dictadura ha comenzado. El caso Ledesma-Blaquier está en movimiento, pero no es el único, muchos esperan la atención judicial y mediática. NosDigital se juntó a hablar sobre la causa Mercedes Benz con el abogado especializado en Derechos Humanos Rodolfo Yanzón para entender la situación específica de la causa y las circunstancias actuales que la enmarcan.

-¿Cuál es tu relación con la causa Mercedes Benz?

Fotos: NosDigital
-Llegué a la causa Mercedes Benz en 1999, a partir de mi trabajo como abogado de los familiares de víctimas de origen alemán. Uno de los materiales que abordamos fue la investigación que realizó Gaby Weber, una periodista alemana que trabajó desde el inicio en el caso, para presentar la denuncia en los tribunales alemanes. También fue a partir del trabajo que encararon abogados alemanes que presentaron formalmente la denuncia ante el tribunal y la fiscalía de Nuremberg. Eso trajo aparejado la solidaridad de muchas los familiares de las víctimas.

-¿Por qué se daba esta doble situación en Alemania, por un lado una política de defensa de los derechos humanos y al mismo tiempo tenían una empresa violatoria?

-La causa Mercedes Benz a nosotros nos generó mucho conflicto en Alemania, porque los sindicatos estaban a favor de que motorizáramos e impulsáramos el proceso contra la empresa, pero otras organizaciones, que defendían los derechos humanos en Argentina, empezaron a mirar con malos ojos la situación: “Esto nos parece demasiado clasista”. Ponían sus reparos, seguramente, porque todas ellas, sumadas a otras organizaciones religiosas, recibirían algún tipo de subsidio o aporte dinerario de parte de Mercedes, entonces no se iban a tirar contra quien los esponsoreaba. Las denuncias, de cualquier manera, fueron interesantes porque generaron un debate en un pequeño sector de la sociedad alemana, fundamentalmente en torno a los gremios y al sector empresarial, y concretamente en la ciudad de Stuttgart, donde tiene la sede central Mercedes Benz.

-¿Ya está instaurado completamente el concepto de dictadura cívico-militar en todos los ámbitos necesarios?

-Se está trabajando para asentar ese término, lo que pasa es que se trata de procesos penales donde la prueba es fundamental para delinear las culpas de los involucrados. Lo importante es que hay fiscales decididos a profundizar la relación entre los delitos de lesa humanidad con los delitos económicos. Los casos de Papel Prensa y de Clarín fueron los primeros, pero en estos momentos salió en los diarios una decisión ligada a la participación de civiles en el proceso dictatorial, concretamente Carlos Pedro Blaquier, procesado por su participación primaria en los crímenes cometidos en esa época contra trabajadores azucareros que trabajaban para el ingenio Ledesma. Me parece que esto abre una puerta, más allá de otras discusiones que se están dando, hay una unidad de investigación en la Secretaría de Derechos Humanos, la Procuración General de la Nación está haciendo lo suyo. Desde luego que en distintos procesos se está avanzando en cuanto a lo que fue la complicidad civil, tanto en empresas como en bancos, también en todo lo que tuvo que ver con el desapoderamiento de bienes por parte de las fuerzas militares.

-¿Qué tiene el caso Blaquier que lo hace tan visible ahora?

-Se visibilizó el caso de Blaquier porque hubo una decision de que así fuera, con una voluntad de un juez y desde luego de las querellas. Concretamente se lo acusa de haber prestado colaboración con sus camionetas de la empresa para secuestrar a la gente. En el noroeste esto ha dado un debate importante, porque se trata de una empresa que tiene mucha presencia todavía, presencia que ya tenía desde mucho antes del golpe inclusive. Las tareas de inteligencia contra los trabajadores y hasta la propia represión interna existieron desde mucho antes de los ´70. Hoy le tocó el turno a Blaquier, pero esperemos que no sea el único. La gran mayoría de las grandes empresas, por no decir su totalidad, tuvieron delegados gremiales perseguidos, secuestrados, desaparecidos, torturados, no son una excepción ni Ledesma ni Mercedes Benz. Fueron directamente a disciplinar a sus trabajadores y para eso necesitaron llevarse a los más activos. Hay mucha información que solo tienen ellos y no me cabe duda de que nunca la van a entregar, espero equivocarme.

Más información de la causa Mercedes Benz: Mercedes Benz sabe desaparecer

“Lo mío es luchar contra los molinos de viento”

A Julio Ricardo Villa la pelota le ha regalado sonrisas a destiempo: fue campeón del mundo en Dictadura e ídolo en Londres durante la Guerra de Malvinas. “Que aquello nos sirva, por favor: Nunca Más”, dice ahora que es entrenador de Defensa y Justicia y también anda en una cruzada a contramano: en épocas de bostezos y 0 a 0 levanta la bandera del menottismo y asegura que el cómo todavía importa. “Si no gambeteás a alguien, no es fútbol”, define.

Ninguno de todos los tipos que se metieron en este bar para resguardarse de la lluvia y el frío detiene su cortado cuando ven entrar a este hombre de barba blanca, corte prolijo y pañuelo anudado al cuello. El hombre metió el que fue elegido como el mejor gol de la historia de Wembley, levantó la Copa del Mundo, fue comparado con Dios en Tucumán, cuando jugaba en Atlético, y mezclado en banderas con la imagen del Che Guevara en Londres, cuando gambeteaba con la remera del Totenham, pero ahora en esta esquina de Buenos Aires, ciudad futbolera y de cafés, la presencia de Julio Ricardo Villa pasa desapercibida. Es raro. Aunque tiene una explicación: Buenos Aires, ciudad futbolera y de cafés, también se ha vuelto una tierra de tiempos presentes y Villa hace ocho años que andaba lejos del ambiente de la pelota, metido en la tranquilidad de su pueblo, Roque Pérez. Hasta que en julio pasado, Defensa y Justicia se quedó sin entrenador y le ofreció tener su tercer ciclo como técnico del club.

-¿Por qué dejaste Roque Pérez para volver a meterte en la locura del fútbol argentino?

-Yo me defino como menottista porque coincido con la manera de ver el fútbol del Flaco, no porque él me haya sacado campeón del mundo. Le agradezco por eso, pero vivo así y defiendo el fútbol desde ese punto. Y este discurso no es tentador para nada. Es negativo. Si charlás con un dirigente, se van pensando ‘este es un bohemio, yo quiero uno que especule con el 4-4-2’. Especulan como lo hace la sociedad en Argentina. No soy mediático, entonces me diluí en este discurso. Y tengo mi orgullo: si no me van a buscar no me ofrezco. Así que pensé que no dirigía más, pero Defensa me ofreció un espacio y lo acepté.

-Defensa se ha vuelto un refugio menottista.

-Diego y José Lemme dicen que ahora están convencidos de que este es el fútbol que debería tener la institución. Y a mí me alegra. Es el único club que tiene una línea, que es lo que deberían tener todos. Cualquiera, no sólo esta, y que todos los técnicos coincidieran en un estilo de juego que el club quiera imponer.

-Bielsa, antes de que Guardiola arrancara su carrera como entrenador, le preguntó: ¿tanto le gusta la sangre?

-Me gusta el desafío. He elegido un cuerpo técnico joven, porque la juventud alrededor del fútbol es algo lógico. En eso estamos. Lo que me entusiasma es que el jugador acepta el desafío de jugar. Antes ellos fueron amateurs, y hablaban de ir a jugar a la pelota. Ahora tienen que hacer lo mismo, en un nivel profesional. ¿Si entrenamos todas las semanas, por qué en el partido no le vamos a poder hacer un pase al compañero que está a diez metros?

-¿Y están pudiendo?

-Algo. Las canchas no ayudan mucho, así que a veces usamos la teoría inglesa. Tirar el pelotazo, buscar el rebote y empezar a jugar 30 metros más adelante. Antes en Inglaterra las canchas sufrían mucho. Manchester en enero era un barrial, la pelota no podía ir si no era por arriba. Y ellos se las ingeniaban para jugar en esa cancha. Y tampoco es que me disgusta tanto, porque si hay tres tipos para buscar el centro es una situación de gol. No es lo mismo que tirar un pelotazo para un tipo que está solo contra cuatro defensores.

-¿Tus dirigidos saben quién es Julio Ricardo Villa?

-No creo. Aunque ya lo deben haber googleado. Pero yo no vengo a contar mi historia, vengo a ayudarlos a que crezcan como jugadores. Tengo bases como para sostener esto con todo lo que me pasó a mí. Yo jugué al fútbol de la manera que pienso el fútbol. Entraba a la cancha con ganas de que me aplaudan.

-Alguna vez dijiste: “Siempre sentí la obligación de hacer una jugada que le permitiera al público disfrutar de ese momento”.

-Eso es lo que pretendo cuando soy espectador. Quiero ver algo que no se vea el domingo a la mañana en el fútbol amateur. Una gambeta, nada más. Cosas simples. La gambeta ahora es imposible de ver. Si no gambeteás a alguien, no es fútbol. Ahora vino un jugador de Córdoba que me recomendó un amigo. Gambetea, es zurdo, delantero, 23 años, no tiene un gran físico pero es rápido y lo fiché. Me hace acordar al Negro Ortíz. La gente en estos primeros partidos ya decía “que bien, gambetea”. Estamos en esa lucha, es un desgaste tratar de imponer y convencer contra el mensaje dominante.

-¿Hoy creés que hay algún jugador que entre con esas ganas de hacer disfrutar al público?

-Al público ya casi no le importa nada más que el orgullo de que su equipo gane. A mi me interesa ganar, pero me interesa cómo.

-Estuviste casi diez años fuera del fútbol argentino. ¿Con qué te encontraste?

-Cambió. Pero mi base es hablar de fútbol. Yo creo que el futbolista no es una persona común, tiene que vivir distinto. Se tiene que cuidar: comer mejor, descansar mejor. Nosotros somos un país que nos gusta mucho la diversión. En diez minutos hacemos un asado y nos acostamos tarde después de comer y tomar algo. Para pasar la noche estamos más dispuestos que para trabajar o hacer sacrificios. Entonces: sos futbolista, hacés lo que te gusta, ganás buen dinero, dedicale tiempo. Tampoco es tanto sacrifico entrenar dos horitas.

-¿Cuándo jugabas también se ponía esa atención en el cuidado?

-Yo me cuidaba, pero ahora es todo más serio, más profesional. Defensa tiene un cuerpo médico estable, hay un psicólogo que está todo el día con el plantel. Me gusta, sirve. Conoce los problemas de cada jugador, y a mi también me sirve, charlo bastante. Yo no quiero presión, trato de cambiarlo por motivación. Si acá no soportás a la presión, no podés jugar, hay que tener inconciencia y hacer lo mismo que hacías en el potrero, donde jugabas sin presión.

-Antes de volver al fútbol tuviste una incursión en política. ¿Por qué?

-Soy un futbolista de pantalones largos. Te dicen vení, sumate pero hasta ahí. La política es un círculo cerrado. Nadie te dice vení y te dan algo. Tenés que pelarte hasta con los de tu partido. Y no tengo ganas, no tengo esa vocación de pelea que tuve en el fútbol para ganarme un lugar. Pero me gusta. Todos tenemos una ideología adentro y es bueno expresarla, decir cuáles con mis ideales, mis convicciones, mi ideología. Me gusta esa política, no la del poder como es en la Argentina, que por un cargo de diputado entregan hasta a la vieja.

-¿Y por qué militaste en la UCR, es un mandato familiar?

-Mi papá hacía política cuando era ideológica. En el mundo no hay grandes ideologías distintas, cada país con sus formas siempre se divide entre derecha e izquierda. En el medio hay poco, más allá de que los extremos sean malos. La derecha gobierna para un sector, la izquierda para el otro. Si hay alternancia, por ahí es bueno, tiene que haber un equilibrio. No es tan simple, pero es así, por algo cuando hay 20 años de una misma política la gente se harta y busca para otro lado.

-En el fútbol también están un poco diluidas las ideologías.

-En la Argentina ha triunfado la idea de Bilardo, tiene muchos más seguidores. La sociedad es más parecida a cómo piensa él. Yo me llevo bien con Carlos, me encuentro a veces y no charlamos de fútbol porque es para pelea. Pero él está vigente, es director de Selecciones. El menottismo no está en muchos lugares.

-Y los medios parecen coincidir más con Bilardo, también.

-Los medios no hablan de fútbol. Hablan de chimentos, de quién está peleado, de cuánto cobra. Me preocupa, me gustaría escuchar algo con fundamentos, lógica, debate. Pero no protesto. Trato de aprovechar cuando me dan un lugarcito, como Defensa, para luchar contra eso desde mi pequeño punto para defender esta forma de ver el fútbol. Si estaba en el otro grupo era más fácil todo.

-¿Te exigen más por cómo ves el fútbol?

-Lo mío es luchar contra los molinos de viento. Así soy yo, el problema sería si estuviera forzado mi personaje. Vivo así y seguiré así. Tengo un cuerpo técnico que piensa distinto, porque me sobra de un lado pero me falta una parte del discurso. Entonces en la estructura defensiva le doy participación a mi cuerpo técnico porque ven cosas que yo no veo. El equipo debe tener un punto cero, con un orden. Mariano de la Fuente y Carlos Silva que están conmigo ven algo distinto a mí, aunque yo tomo las decisiones. No me asusta hablar con alguien que piense distinto, porque estoy inclinado para un lado, entonces me gusta el equilibro. El jugador, además, se da cuenta quién habla con fundamentos y quién no.

-¿Y estás solo en esa lucha?

-Está José Romero, el de All Boys, que con muy poco tiene un equipo competitivo en Primera División y ha sobrevivido a las presiones que eso genera durante bastante tiempo.

-¿Cómo es tu relación con Menotti?

-El Flaco es un tipo muy preparado, con mucha capacidad para decir las cosas, con un nivel intelectual por encima de la media. Cuando ando bajoneado, me encuentro con él y me dan ganas de salir a pelear otra vez. Tenés que tener alguien que piense como vos, porque sino empezás a sentir que estás equivocado. Al Flaco me gusta escucharlo. Yo ya se lo que me está diciendo antes de que termine su frase. Me motivó mucho en mi carrera. Me desafiaba. Me decía: ‘Villa, usted no se anima a tirar un caño en el área’. Y yo lo tiraba para demostrarle. Si el jugador tiene talento, tiene que tener libertad y creatividad. Yo quiero ser libre cuando juego, aunque conozco las reglas del fútbol. Te hago esto y esto, pero de ahí para arriba dejame hacer lo que quiera.

-Decías que el Flaco te desafiaba a animarte. Gracias a eso quedaste en la historia por hacer el que eligieron como el mejor gol de Wembley, el estadio más emblemático de todos.

-¿Cuál es el lugar más seguro para estar con la pelota?

-¿El área?

-¡Claro! O es gol o penal. Y algunos no se animan ni a entrar. A mi me costó mucho jugar en el fútbol inglés. Y con ese gol de miércoles les demostré que podía. Eso me hizo aparecer en la historia del fútbol inglés, gracias a mi tozudez de jugar como me gusta. No es bueno ser tozudo, pero tan equivocado no estaba.

-¿Que Menotti haya sido el técnico del Mundial 78 tiene algo que ver con que hoy haya más seguidores de Bilardo?

-Yo he dado la cara siempre. Hoy tenemos una situación muy clara de lo que pasó. Podés hablar con una libertad total y absoluta. Parecieran ingenuas mis definiciones cuando la gente me pregunta si no me di cuenta. Yo tenía 23 años, quería ser campeón del mundo. Lo que pasaba políticamente alrededor lo escuchaba por el relato oficial de las noticias, que era una sola información. Y yo tenía mi cabeza en ese sueño. Me han preguntado si hubiera jugado el Mundial si sabía lo que estaba pasando. Y es una pregunta difícil, porque esa era una situación inmanejable. Es lo mismo que le pregunten a Messi ahora por la crisis de España. Yo contesto por mí, Menotti nos decía que jugáramos por el pueblo que es futbolero, y yo le creí y le creo. Cuando íbamos afuera veíamos los carteles de desaparecidos, de los derechos humanos. Esa era la única evidencia, pero nos decían que era la campaña antiargentina. Yo, y hay muchos como yo, no me dí cuenta de lo que estaba pasando. Que nos sirva, por favor: Nunca Más. Soy antimilitar total, no me gusta el autoritarismo, no me gusta nada de aquella época, pero yo jugaba al fútbol y la pasé.

-¿Nunca notaste nada?

-Vivía en Tucumán, que había combates en el cerro y andaba con barba y pelo largo y nunca tuve problemas graves. A veces se paraba el ejército en la puerta de un café, había una requisa, te sacaban del lugar y tenías que pasar por debajo del fusil del militar. El primer día te sorprende, al segundo ya no porque somos un animal de costumbres. Salía del radio de Tucumán, para visitar un amigo que vivía fuera de la zona céntrica y los soldados te pedían que bajaras del auto, que abrieras el baúl, te palpaban. Veías helicópteros, estallaban bombas. Tucumán era una locura. Te hacían creer que había buenos y malos. Hay muchos que nos acusan y ellos tampoco hicieron nada. Ahora vos escuchás las dos campanas del periodismo, más allá de sus peleas. Antes había una sola.

-¿Y a la distancia no se sienten usados?

-Yo hablo por mí. Y siento que pareciera que algún castigo tenemos. Lo entiendo, porque fuimos los futbolistas de la época. Por algo se escucha más del 86 que del 78, más allá de que es el último y el más cercano. Me parece un poco injusto, porque los dos fueron importante, son nuestras dos estrellitas. Lo tenemos que valorar de la misma manera, no le busquemos circunstancias ajenas al fútbol. Todos los gobiernos utilizan el deporte de la mejor manera para encubrir otras cosas que no son tan claras. Eso pasó y pasará, en todos lados.

-Pero algo te marcó porque has tratado de estar presente en algunos actos de organismos de derechos humanos, has tenido un encuentro con Tati Almeyda en una entrevista que fue muy famosa (http://edant.clarin.com/diario/2000/06/26/d-01202.htm).

-Sí. Trato de explicar mi inocencia en toda esa etapa, dar mi punto de vista. He ido una vez a un lugar que se presentaba un documental [Mundial ’78. Verdad o Mentira, del periodista Christian Rémoli] muy duro sobre nuestro título. Hay jugadores peruanos diciendo que recibieron dinero, cosas muy duras, acusaciones de dopaje. “La droga existió, existe y existirá”, dice alguien. Cuando terminó ese documental me tenían que llevar preso más o menos. Pero mi forma de defenderme es contar lo que me pasó a mí.

-Tocaste la Copa del Mundo en tu país e hiciste el que eligieron como mejor gol de la historia de Wembley. ¿Y?

-En aquel momento me parecía normal, que yo estaba preparado para ese momento. Hoy me parece increíble. Parece pedante lo que digo, pero yo estaba para jugar con la selección, aunque era el sueño del pibe. Por eso te digo que en el 78 la situación política no la podía medir. Es egoísta, pero me importaba muy poco la situación política.

-¿Y cómo es después? ¿Te acordás todos los días de que sos campeón del mundo?

-En Londres escribí un libro, algo que nunca pensé. Después de 25 años la gente se acuerda de ese gol y cuando voy me reconocen. Salgo de Roque Pérez, me tomo un avión y hay gente que me está esperando. Ellos valoran mucho la historia. Estoy en un museo, en el hall de la fama. Me hace sentir importante, pero el fútbol es muy penetrante en cualquier sociedad, te pone en un lugar que si no es por la pelota ni de casualidad llegás.

-Hasta te identificaron con el Che, en Londres.

-Me usaban de símbolo por la barba y el pelo largo. A mi me encanta. La rebeldía siempre la tuve dentro de la cancha, no afuera. Cuando me identificaban con algo de eso me gustaba, porque yo con la pelota tenía mi forma de ser rebelde. La imagen influía mucho en eso.

-Has tenido mala suerte con los tiempos: campeón del mundo en Dictadura y viviste en Londres cuando la guerra de Malvinas.

-Fue duro. Yo mismo me sentía incómodo por estar en el país enemigo, por llamarlo de alguna manera. Aunque ellos no me trataban como enemigos. Me decían que era un conflicto entre gobiernos, y era cierto. Me trataron de esa manera, así que la pasé. Alguna hinchada visitante, como hubo muertos de un lado y del otro y el dolor de las familias estaba, me silbaban un poco. Pero en la calle, mano a mano, nunca tuve problemas.

-¿Tu familia estaba allá?

-Mi señora y mis hijos sí. Los demás, acá. Yo viene aquí la semana previa a la rendición. Llegué un miércoles y el domingo venía el Papa a terminar todo. Llegué a Roque Pérez y un amigo me dice: ‘matamos 600 ingleses en Ganso Verde’. No creo, le dije. ‘Te lavaron la cabeza’, me contestó. Entonces yo les contaba todo lo que se decía allá que pasaba en Malvinas, que el domingo iba a ser la rendición. No es que deseaba la rendición, pero sí que terminara la guerra y que todo lo que les dije sea verdad, porque sino no me dejaban volver a pisar mi pueblo. Hasta mi papá estaba muy influenciado por la opinión pública de acá. Cuando vino el Papa y se terminó el conflicto no me sentí traidor. Ni mis padres ni mis amigos me podían creer. Yo sabía que el Ejercito Argentino le había solicitado al Papa que le pidiera la rendición, que era algo que había convenido con las fuerzas inglesas. Y ocurrió. Es una experiencia difícil de describir en una charla.

La búsqueda creativa de la propia identidad

Se realizó en Buenos Aires una nueva edición del Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos, con la “identidad” como eje central. En esta propuesta, el arte como el modo más íntimo de expresión y como una herramienta para la representación propia y del otro, tiene mucho que decir. NosDigital se acercó a la actividad “Arte por la Identidad” para situarte en el centro del debate.

Fotos: NosDigital

El centro de noche no parece ser el centro, quizás los ejes se mueven junto a las agujas del reloj. Puede ser también, que el centro de noche sea el centro, sin los autos, desprovisto de bocinas y ruidos, vacío de los tacos que corretean para llegar al bondi, de murmullos apurados. Esta noche, confieso, el centro me parece más centro que nunca cuando salgo del subte hacia el medio del debate.

En la calle Piedras al 700, el teatro La Máscara nos espera con la sala del primer piso lista. Inserto en el 14° Festival de Cine de Derechos Humanos, nos acomodamos para ver la proyección del corto “La Mirada Perdida” de Damián Dionisio que nos invita a reflexionar sobre la articulación de dos conceptos que hoy se nos vuelven inseparables: arte e identidad.

Una familia viviendo en la clandestinidad. Una nena que pinta con su mamá. Los nervios en el aire latentes. Un auto del que baja un grupo de tareas. Camperas de cuero. Falcón. Lentes negros. Armas. Impunidad. Ropa desesperada dentro de una valija. Tiros.  Muerte. Secuestro  Y en medio de todo ese dolor que nos eriza la piel, una imagen maravillosamente lograda. Una madre que le pinta con paisajes de colores los anteojos a su hija para que solo vea cosas lindas.

Once minutos de proyección y todo un pasado se instala entre las butacas. El concepto se refuerza con una representación en formato semimontado de la obra “Los tres patitos” de Beatriz Pustilnik, que plantea un lugar de posibles encuentros con las cosas que cada uno lleva encima, aquellas que no se pueden dejar de lado y viven con nosotros de por vida. Mientras se sostienen los aplausos, las actrices Sandra Posadino y Lucia Snieg se suman al público que espera que se arme la mesa de debate.

Taty Almeida, referente de Madres de Plaza de Mayo línea fundadora, rompió el hielo alentando a los presentes a seguir recordando y remarcó el gran momento que vive el arte en la actualidad, desde todas sus ramificaciones, como sujeto generador de memoria, una de las principales lucha de Madres junto a verdad y justicia.

El micrófono está ahora en manos de Claudia Quiroga, actriz de Teatro por la Identidad y de Mujeres de Arte Tomar, quien resaltó la importancia de seguir realizando actividades artísticas que sumen a la búsqueda de la verdad: “El hecho artístico como granito de arena para poder pensarnos y sobre todo visibilizarnos”.

Para cerrar el panel, Luis Guillermo Garay, director ejecutivo del Instituto de la Memoria de Santiago del Estero, nos brindó su testimonio. Reivindicando los nuevos espacios generados a partir de la lucha por la búsqueda de memoria concluye: “El arte tienen una participación activa como instrumento para colaborar en la construcción no solo de esa memoria histórica que nos negaron, sino también de las identidades que a partir de esa memoria se van construyendo”

Para sostener la articulación planteada de arte-identidad, rompemos con el arte como mercancía, lo sacamos a la calle, lo hacemos investigar, mostrar, descubrir. Lo comprometemos con una realidad pasada redefinida y con un presente de continua lucha en la que se entiende que falta caminar mucho, pero que se avanza.

Salimos a la calle y recordamos la imagen de la nena con los lentes pintados. ¿Cuánto tiempo viendo paisajes y no realidad? ¿Cuánto falta todavía por descubrir? ¿Cuánto ya logramos mostrar? Apuro el pucho contra el tiempo y espero que el humo desate el nudo de la garganta.

“La Iglesia debe hacer política, no partidismo”

A pocos días de que Videla nos haya reconfirmado lo que todos ya sabíamos acerca de la complicidad entre la Iglesia y la dictadura, vale la pena conocer historias diferentes. En pleno gobierno de facto, la Iglesia Evangélica Bautista se declaró mediáticamente en contra del terrorismo de Estado a través de un comunicado en los diarios. Uno de sus protagonistas nos cuenta esos días. 

Daniel Tomasini es pastor de la Iglesia Evangélica Bautista que se ubica en Barrio Norte. Además, es Psicoanalista recibido de la Universidad de Buenos Aires y docente de Teología. Egresado del Colegio Nacional de Buenos Aires, palpó desde su juventud la efervescencia que le trasmitió el caldeado centro de estudiantes de su secundario. En plena dictadura militar, publicó junto con otros pastores evangélicos un comunicado que repudió explícitamente el terrorismo de Estado y la violación de los derechos humanos.

-¿Cómo nace la iniciativa de hacer público su rechazo a la dictadura militar?

-Nuestro rechazo a la dictadura existió desde siempre, el contexto en el que decidimos publicar una nota en los diarios fue después de la guerra de Malvinas, en la época de Galtieri. Nos reunimos los pastores de la Iglesia Evangélica Bautista de Capital Federal, de las parroquias e iglesias, e hicimos la nota en repudio. Atacamos básicamente al terrorismo de Estado, tratábamos de hablar del valor de la Ley, de la Constitución y el rechazo general a los gobiernos de factos, el hecho de que el pueblo no fuera el que tomara las decisiones en cuanto a sus gobernantes. Fustigamos la guerra, que nos había parecido una maniobra de desviación política de los problemas internos, hacia un enemigo externo. Aunque todos compartamos el hecho de que reclamar la soberanía de las Islas Malvinas sea legítimo, nos pareció que el modo de acción del gobierno en ese momento fue totalmente impensado, imprudente, generador de nuevos problemas en lugar de solucionarlos. Fundamentamos todo eso en el mensaje de Jesús, un mensaje de respeto, de libertad, de solidaridad, básicamente de paz. La paz y la justicia siempre tomadas de la mano. No puede haber paz sin que haya justicia, porque esa es la paz de los cementerios, la paz de las dictaduras pretendía un orden sobre la base de la muerte. Y tampoco puede haber justicia sin paz, en el sentido de que no puede haber justicia impuesta desde la violencia. Entonces tratábamos de hablar de estos valores como contexto de lo que estábamos diciendo y declarando.

-¿Sufrieron alguna consecuencia por parte del gobierno dictatorial una vez publicada aquella nota?

 -No hubo una reacción directa a esa declaración que hicimos, pero sí hubo algunos problemas, por ejemplo en la iglesia donde yo soy pastor, en pleno Barrio Norte, empezamos a tener un patrullero apostado en la puerta todos los domingos, mientras se hacía el culto. Cuando quisimos averiguar qué era lo que pasaba fui a la Comisaría 19 del barrio y hablé con el comisario. Su respuesta fue que el patrullero estaba por rumores que les habían llegado acerca de que algunos pibes que habían andado en la droga asistían a nuestra iglesia. Lo interpreté, y lo interpretamos, como una consecuencia a esa declaración, porque justamente la iglesia es un lugar de restauración, de recuperación y demás. Recibí de parte de ese comisario una especie de sermón diciéndonos que nuestras intenciones podían ser muy buenas, pero que debíamos “cuidarnos y ser prudentes”. Finalmente logramos que se fuera, pero el auto estuvo presente varios domingos. Eso fue lo que pasó con nuestro caso en particular, pero otro ejemplo ocurrió con la Iglesia Evangelista Metodista que también se pronunció en contra, son gente que está en línea con la Teología de la Liberación, ahí pusieron una bomba, destruyeron la biblioteca del seminario.

-¿Esta oposición pública que encarnaron nació de los propios pastores o de quienes asistían a su iglesia?

-En aquel momento había una disconformidad general, eran pocas las personas que estaban contentas con los gobiernos militares. Por supuesto hay gente con un discurso militarista y fascista en Argentina, más aún en ese momento, pero no eran la mayoría. La mayoría estaba bastante cansada, porque no solamente había cuestiones ligadas a la inconstitucionalidad y a las violaciones de los derechos, sino también desde el punto de vista de la economía: delinearon el gran endeudamiento del país. Recibimos las voces de los miembros de las iglesias, pero la carta la hicimos básicamente los pastores de la capital, y tuvimos repercusiones positivas dentro de nuestros seguidores.

-¿Tenían conexión con la militancia política?

-Desde ya que uno de los pilares de la Iglesia es la acción social, existían esas tareas en las calles, pero no nos dedicamos a bajar ninguna línea política. Sí se comparte un cierto ideario con valores comunes, pero después las personas, en cuanto a la política partidaria, asumen sus posiciones. Uno escucha muchas veces la frase “la Iglesia no se mete en política”, pero no, eso no puede ser: la Iglesia tiene un rol político, un rol profético, lo que no se debe hacer es partidismo.

-Un sector de los sacerdotes tercermundistas en Argentina termina conformando partidos políticos, o mismo participaron en agrupaciones guerrilleras, ¿por qué cree que sucede?

 -Son siempre decisiones individuales, cada uno lucha desde donde cree que es lo mejor, yo en alguna oportunidad estuve afiliado al Partido Intransigente, que ya ni existe, que se yo… En mi opinión personal, creo que hubo muchos mártires en la fe, no solo los mártires de la Iglesia primitiva, sino en estas últimas décadas. Yo respeto esas opciones, pero la mía no sería responder a la violencia con violencia, aunque no todos estarán de acuerdo con mi pensamiento. Apelar a la fuerza armada no me parece que sea el camino.

-Antes remarcó que siempre hubo un rechazo a la dictadura, desde el 76, ¿qué maneras había al interior de la Iglesia para poder hablar, manifestar o discutir sobre el repudio?

-La reflexión interna siempre se basa en la praxis externa: lo que la Iglesia puede reflexionar. La teología en general siempre es una reflexión segunda porque viene después de lo que uno hace, después del contacto que uno tiene con la gente más carenciada, con más problemas, menos derechos y menos posibilidades. Cuando uno acompaña a esas personas también se hace un poquito eco de eso y no se puede pensar que todo se va a solucionar por el acompañamiento personal o por la solidaridad, o la beneficencia, sino que uno intenta ver cuestiones más estructurales que provocan la pobreza, la falta de derechos, y demás. Esto ya es, digamos, reflexión “intraeclesial”.

-¿Por qué cree que el cristianismo da lugar a un contraste entre los que predican la paz y quienes se amparan en esta doctrina para ejercer violencia?

-Jesús no pregonó una forma de gobierno tal como las conocemos hoy nosotros, pero sí proclamó valores y accionares. Algunos toman unas cosas de la predicación de Jesús, y no otras. Eso tiene que ver un poco con la herejía, la parcialidad de no ver el conjunto de las cosas, entonces convierten el seguimiento de Jesús en una manera de sostener el status quo. Uno por solidaridad y espíritu crítico debe siempre cuestionar ese status quo, para mejorarlo.

Notas relacionadas:

Me amenazan las bestias, no me dejan dormirLa Masacre de San Patricio. Los fusiles que asesinaron a los curas palotinos en el ´76. El ensañamiento, el terrorismo de Estado y la propagación del miedo. La represión con connivencia de la Justicia argentina para el periodista investigador Kimel, ya en democracia. Y la restitución histórica, sin otorgamientos de culpabilidad.

Una mano en el fusil, la otra en la cruz: Recorrido por la historia que fusiona revolución, Evangelio, lucha por la igualdad social y cristianismo. La publicación Cristianismo y Revolución fue la expresión nacional de cambios en la mentalidad de parte del mundo eclesiástico. Con sorpresas variadas, da para pegarle una buena leída.

La dignidad lustra boliviana

Desde La Paz, Bolivia, se cuela un mensaje de integridad, valor y respeto. Los lustrabotas se organizan para escribir un periódico que refleja los esfuerzos de cada uno de sus días. Se demuestran a si mismos y toda la sociedad que cada trabajo tiene su dignidad de trabajo.

Foto: Nos Digital.

La Paz te recibe dura. Te reclama esfuerzos extraños para desplazarte, paso por paso. A  3650 metros sobre el nivel del mar las pendientes ascendentes atentan hasta contra esos que se creen príncipes del fitness. La Paz es ruido y desorden; a cada recoveco de calma lo saturan puestos sobre las veredas que forman ferias en donde se lo propongan y muchachos a gritos invitando a subir a cada buseta, transporte público básico.

La Paz te recibe calurosa más allá de un frío que se cree invernal también en verano. Te acompaña esa convicción de encontrarte en la capital del país que mayores conquistas sociales ha conseguido en los últimos cinco años. La Paz es movimiento y usanza. Cada noche, cuando los puestos comerciales se han guardado ya, te devuelve una imagen distinta de cada esquina diurna que creías conocer tan bien.

Salir del mercado de Lanza, uno de los más grandes de la ciudad, colarse entre la exagerada multitud para cruzar la San Francisco por un puente moderno y colorido para llegar a la Comercio, peatonal que a las pocas cuadras desemboca en la plaza central, la Murillo. Esquivando puestos de “todo lo que quieras” y algún músico callejero argentino, unos metros más y me junto con Cristian. Habla poco, tiene que volver a trabajar, le robo unos minutos. Remolcando cada una de sus respuestas, arrancamos una charla que de seguro tiene mucho más valor para mí que para él.

Va de irremovible pasamontañas azul, jogging y campera, con una caja de madera de donde surgen ruidos a metal cuando caminamos hasta un cordón que nos servirá de discreto asiento. Cristian es un lustrabotas de veinte años que conocí hace unos diez minutos ahí mismo. Es uno de esos anónimos que todos los días recorren las calles del centro trabajando. Siempre llevan el rostro tapado. Casi una ley. “Hace cuatro años ya estoy. Antes trabajaba de campo. Sí, en el campo. Aquí, más tranquilo. Esto me da comida, me da ropita, para eso está esto. Dignidad de trabajo”. Repite estas tres últimas palabras al final, como convenciéndose por enésima vez: “Dignidad de trabajo”.

Laburan y laburan. Esforzándonos los dos, entrevistado y entrevistador, capturamos sus palabras en ese grabador al que tanto mira Cristian chequeando cuánto llevamos grabando: “Trabajando, estudiando, triunfando en la vida”. “Empiezo, digamos a las ocho, hasta cinco y media, seis. A la noche también estudio, terminando el colegio para entrar en la universidad, para medicina”. “Yo compré la caja, pero hay también para alquilar, todo completo por cuatro o cinco bolivianos. Y cada día hay que comprar cremas”.

La pregunta por la cara cubierta no podía tardar en llegar, está claro que es el distintivo general de los lustrabotas paceños, que se ha convertido en una suerte de emblema. Respuesta sencilla: “Es porque el olor de la crema afecta, y también como una imagen”.

Unos días antes, también por las calles del centro de La Paz, me crucé con Fabián, un lustra de diez años. Aunque con pocas ganas de hablar, me vendió por cuatro bolivianos ($2,50 pesos argentinos) el último ejemplar de Hormigón Armado, el número 34. Se trata del periódico cultural de los lustrabotas que se viene publicando bimestralmente desde noviembre de 2005. El trabajo en la confección del Hormigón es voluntario, mientras para que un lustra pueda también ser un hormigón, o sea poder distribuirlo y hacerse con el dinero de la venta, están obligados a concurrir a talleres sobre alcoholismo, derechos humanos y educación sexual, entre otros. Todos los ingresos que genera por venta y publicidad se vuelcan en forma directa e indirecta –mediante los diferentes talleres- a los hormigones que los venden.

No hay edad que restrinja la posibilidad de trabajar lustrando zapatos, me lo cuenta, en medio de La Murillo, Jaime de El Alto con treinta y cuatro años. Sorprende con un amague a sacarse el pasamontañas, pero se conforma con descubrirse tan solo la boca para hablar más cómodo. Él es quién me explica que lo del diario está organizado solo por una de las asociaciones que los nuclea. “A veces voy, a veces no. Los menores de edad reciben del periódico, los mayores ya no”.

“Los hormigones trabajaron duro intentando comprender mejor los derechos humanos especialmente lo referido a su propio trabajo, porque aunque queramos con todo nuestro ser no ver un niño o niña trabajando en la calle, la realidad es que aún este sueño como país no se ha logrado alcanzar. Por ello, nosotros abogamos porque nuestros niños sean respetados y puedan desarrollar su trabajo protegidos por la sociedad, por todos nosotros.” (Fragmento extraído de la Editorial de Hormigón Armado del número de enero y febrero 2012).

Los proyectos a largo plazo no nublan las necesidades más urgentes. Cada hormigón que retorne a la escuela será siempre una conquista estupenda. La idea más grande del proyecto va en paralelo por un doble camino hacia una única construcción: la formación y consolidación del valor de la dignidad como persona a través de su trabajo, de cada uno de los lustras que patean y patean las calles cada día con su caja de madera a cuestas. Para esto es necesario la convicción sobre la noción de decencia de la propia ocupación; y, de la misma forma, que la sociedad adopte una representación positiva sobre los lustrabotas y su capacidad de ganarse la vida trabajando dignamente.