Las vidas de Copola

No de Guillote, sino de Gabriel Copola, séptuple medallista parapanemericano en tenis de mesa. A los 11 años, una desafortunada maniobra en bicicleta lo obligó a sentarse de por vida en una silla de ruedas. De ahí en más encontró su camino en el tenis de mesa gracias al programa de Susana Giménez, viene de participar de los Juegos de Londres 2012, se recibió de licenciado en educación física, es profesor de la cátedra en la Universidad de La Matanza y es el encargado del área de recreación deportiva en el servicio penitenciario de San Martín.

Fotos: Cortesía de Gabriel Copola.

En su verborragia evidencia su polifuncionalidad. Gabriel Copola habla, corta, pega y enlaza los temas de manera que no quede resquicio para la duda. Presta sus palabras y sus vivencias a los oídos receptores de Nos Digital y, a medida que transcurre la charla, todo lo estructurado se desvanece. ¿No es, de hecho, lo que hace día a día? Si de voltear andamios se trata, él tiene un master. A los 11 años, una desafortunada maniobra en bicicleta lo obligó a sentarse de por vida en una silla de ruedas. Por el resto, hizo añicos al destino. A los 27, es séptuple medallista parapanemericano en tenis de mesa, participó de Londres 2012, se recibió de licenciado en educación física y ejerce en el servicio penitenciario.

Uno no conoce el final del asunto. Le va dando forma mientras la escribe y lo más paradójico es que los trazos son invisibles en el camino. Solo los marca la perspectiva. Si no, no habría motivo aparente para que una autopista en construcción, Susana Giménez y una paleta de ping pong confluyan en una misma historia, en un mismo sueño. Y sí, lo hacen. Ese anhelo es realidad y su intérprete es Gabriel Copola.

“Fue medio raro cómo llegué al tenis de mesa”, abre al diálogo y el futuro de la charla se abre por completo. “El primer contacto que tengo con él es por medio de un programa de Susana Giménez”, continúa y queda al descubierto que la lógica no nos va acompañar en el recorrido. Seguramente, de haber sido así estas líneas no hubiesen existido.

En 1996, mientras surcaba una improvisada pista de bici-cross montada sobre la no menos improvisada “Montaña de la Cruz” (nombre que adquirió el montículo de tierra que se removió para construir la Autopista del Oeste), Gabriel perdió el control de su bicicleta, salió despedido y se golpeó la espalda con una piedra. “Me cagué (sic) la médula”, recuerda. Todo cambió, menos su pasión por los deportes y su intención de ir más allá de lo posible.

Vuelve a aparecer la diva de los teléfonos en escena y Gabriel encauza su camino al ping pong. “Era 1996 y, por los Juegos Paralímpicos de Atlanta, Susana llevó a un grupo de paralímpicos que habían competido ahí. Entre ellos estaba Daniel Hailand, que había ganado en tenis de mesa. Ahí fue mi primer pedido para que me llevaran a jugar. Un tiempo después participé de unas olimpiadas infanto juveniles que organizó APEBI (NdeR: Asociación para Espina Bífida e Hidrocefalia) y agarré por primera vez una paleta. Fue en el CeNaRD. La solicitud se reiteró pero vivíamos en Ituzaingó y no había ningún lugar para practicar. Por suerte, en ese evento estaban los técnicos de la Selección y me recomendaron ir a Cedima, mi primer club. Quedaba en San Justo y mi papá era el encargado de llevarme y traerme a todos los entrenamientos. Eso fue en 1999. A los pocos meses ya estaba compitiendo en Guadalajara”.

Primera ruta a tomar: Su exitosa carrera como jugador de tenis de mesa. “La historia la escriben los que tienen huevos, los que van al frente, los que no bajan la cabeza, los que dejan la vida”, le dijo el padre a la vuelta de Guadalajara. “Me habían dicho que tenía todo para estar en el quinto o sexto puesto y gané un solo partido”, rememora.

Esa frustración no fue en vano. “Me sirvió para hacer click”, dice. Y lo hizo. Desde ese día se colgó tres medallas doradas en Parapanamericanos (una 2009 y dos en 2011) y cuatro de plata (2001, 2003 y dos en 2005).

¿De qué esfuerzo te hablaba tu viejo y cómo lo capitalizaste?
-Hay tres factores en los que se resumió ese esfuerzo: el primero fue el personal; el segundo el de mi familia, el de mi papá que me llevó y me trajo a todos lados; y el último el de la pelea para que me apoye el Estado. En mis comienzos, la ayuda fue nula. Hoy el Enard solucionó bastante ese vacío.

-¿En qué te cambió ese respaldo?
-Fue un giro absoluto. Hoy me río cuando algunos pibes dicen “no nos bancan nada”. Yo les digo que no, que antes nos faltaba todo. Allá por el 2001 o 2002 tuve el Mundial en Taiwan y no viajé ni una vez a Europa para poder clasificarme. Menos para prepararme. Jugué tres torneos en Argentina: la primera Copa Tango, el Sudamericano y el Panamericano. Con esos tres campeonatos sumé unos puntitos y ni siquiera me alcanzó, tuve la suerte que me invitaran. Antes, para viajar a Guadalajara, había tenido que vender rifas. Ahí sí que faltaba todo.

-¿Y para los Juegos Paralímpicos cómo te preparaste?
-Jugué seis torneos en Europa y el Mundial, que me clasificó para Londres. Antes me pasaba que quería tomármelo en serio y el contexto no me lo permitía. Hoy por poco estás obligado a viajar a todos los torneos para prepararte.

-¿Cobran lo mismo que un deportista olímpico?
-Sí, por suerte desde el Enard y la Secretaría de Deportes nos catalogan como deportistas. Estamos en el mismo marco de becas que los convencionales. Cosas para mejorar hay muchas, igual. Habría que invertir más en la formación. En mi deporte todo lo que puedas mejorar viene de la competencia que tengas. Y si no tenés rivales de tu altura, te estancás. Actualmente, la mejor alternativa es conseguir lugares de entrenamiento en el exterior. Por otro lado, creo que habría que instruir a un grupo de personas para que califique el rendimiento de cada deportista y repartan el dinero en consecuencia. Hay que ser discrecional y no es cuestión de derrochar. Yo cuando sienta que no me merezco la beca voy a ser el primero en resignar a ella.

-¿Cuán mayor es el esfuerzo que debe hacer un deportista paralímpico sobre el que realiza uno convencional?
-No me gusta comparar. La verdad es que la vida que uno lleva es totalmente distinta, empezando por el hecho de que yo siempre dependí de alguien para poder practicar mi deporte. Hasta los 18 años me tenían que llevar a todos lados, es difícil.

-¿Transporte público?
-(Se ríe) No estamos preparados como sociedad para personas con discapacidad. Yo tuve la suerte de poder comprarme un auto y dejar de depender del resto y de los medios de transporte público. Pero es imposible. Ni siquiera es discriminación (que al menos supondría que te tuvieran en cuenta para tratarte como distinto), es ignorancia. No existis.

Las palabras alcanzan pero las vivencias las superan. “Quiso el destino que mi viejo sea colectivero –introduce-. Un día me invitó a un almuerzo que hacían de la empresa y dio la casualidad que estaba el jefe de personal. Yo lo encaré y a forma de chiste le pregunté por qué no arreglaban la rampa de los colectivos. El me contestó: ‘si tengo que arreglar las rampas de los colectivos, no le tengo que pagar el sueldo a tu viejo. ¿Qué preferís?’ Me indigné tanto que me fui. Justo por esa época yo estaba de novio con una chica que vivía en Villa del Parque y, obviamente, la quería ver. No tenía trabajo, no tenía plata, ir en remis era caro y tenía que viajar en el Sarmiento, era un desafío, una travesía”, grafica.

Por estas razones, el futuro -laboral y personal- suele ser una isla inabordable para personas con discapacidad. Con una sociedad que omite y un contexto que condiciona, las posibilidades se reducen. “Costó mucho encontrar un rumbo en lo profesional”, remarca e inaugura una nueva vía de análisis.

El 2001 no fue un gran año para aquellos que terminaban la escuela secundaria. Ese fue el caso de Gabriel. Con 17 años y un cúmulo de dudas en su cabeza, siguió las indicaciones de Miguel Angel, su papá, el mismo que lo había aconsejado con el deporte. Esta vez no fue con tanto éxito. “Me dijo que busque por el lado de las computadoras, que el futuro estaba ahí. Me metí en la carrera de analista de sistema en la Universidad de San Martín. Después, me fui a hacer diseño gráfico (por el tema del diseño de sitios web) al centro. Cursaba en pleno Callao. Imposible movilizarse. Entonces, terminé en un instituto de barrio haciendo unos cursos de reparador de pc y diseño web y trabajé en una casa de computación y en un cyber, ambos de amigos”, explica a manera de introducción de lo que vendría.

Fue recién en el 2003 cuando cambió la cosa.

-¿Cómo entrás en la universidad de La Matanza?
-Me estaba preparando para los Parapanamericanos de 2003. Entrenaba ahí y un día apareció Walter Toscano, que era el coordinador del profesorado de educación física. Me comentó que había un ‘plan b’ de la carrera. Es una Licenciatura en la que se dan los contenidos teóricos para ejercer. Hice el curso de ingreso como cualquier hijo de vecino en 2006, empecé en 2007 y me recibí. Fue altamente apasionante. Fui un bicho raro. Recuerdo que en la primera clase de gimnasia la consigna era hacer un rol hacia adelante, imagínate. Todos nos preguntábamos qué hacía yo ahí adentro. El resto no sabía pero yo sí. Nos fuimos adaptando yo a ellos y ellos a mí.

-¿Hoy que rol desempeñas en la facultad?
-Soy profesor de la cátedra de “Introducción a la educación física especial”. Por otro lado, trabajo en el Servicio Penitenciario Bonaerense, en la Unidad 47 de San Martín.

-¿Cómo fue tu ingreso a la cárcel?
-Raro. Me anoté en 2002 en un concurso para cupos de trabajo en el Estado. Recién me llamaron en 2006 para una entrevista. Fue en La Plata. En principio era para trabajar en administración, en el servicio que habían inaugurado en San Martín. Yo mucho no quería entrar pero me dijeron que, una vez adentro, podía pelear por dar clases. El tiempo pasó y hace un par de años que soy el encargado del área de recreación deportiva, una de las aristas fundamentales para ayudar a la reinserción de los internos.

Podría ser el final de una historia perfecta. Gabriel sabe que no. “Fui forjando con el tiempo un espíritu luchador. Creo que nació el día que me dijeron que iba a tener que usar una silla. La pasé mal, lo sé. Pero, hoy por hoy, tengo una filosofía de vida que es ‘hacer lo que me gusta y no hacer lo que no’. Parece simple pero esa es mi única barrera. Muchos me dicen que pare y yo no me doy cuenta. Así es como me mando cagadas, por hacer una demás. El otro día tiré un plasma de 42 pulgadas por querer correrlo, por no esperar a un amigo que me había dicho que me iba a ayudar. Soy un tarado, sí. Pero si me hubiese quedado con las cosas que podía hacer, sin intentar lo que creía que no podía, me hubiese quedado sin hacer nada en mi vida”, cierra. En definitivas, la perspectiva será la única que ponga en su lugar todas estas palabras.

La bicicleta del Estado

Hace 20 años que el Velódromo municipal -un estadio fastuoso construido por Perón para los Panamericanos del 51, donde entraron diez mil personas, ubicado en pleno Palermo- se volvió literalmente una ruina. Ahora, en peligro de derrumbre, está ocupado por Mantelectric, una empresa amiga del GCBA, por una comisaría y es usado como estacionamiento por el club C.U.B.A. Hasta hace unos años se jugaba al paintball, regenteado por un empresa privada. El proyecto del Pro es hacerlo un “skatepark”. Una crónica de la incapacidad del Estado que nos hace la bicicleta.

Cuando Juan Domingo Perón inauguró este velódromo municipal para los Juegos Panamericanos de 1951, el pedal era un deporte popular en el país y este circuito era de los más prestigiosos del ciclismo a nivel mundial. En las décadas del 50 y 60 tuvo sus etapa de furor como sede de espectáculos deportivos, luego mutó con los años y en los 70 y 80 se recicló como un punto clave cultural para la Ciudad de Buenos Aires, cuando se volvió centro de diversos shows artísticos. Un estadio con capacidad para diez mil personas de pie, con una pista con un perímetro de 333.33 metros, ubicado en Figueroa Alcorta y Belisario Roldán, una de las zonas más vistosa de Capital, que ahora parece, literalmente, una ruina o un adorno porteño.

En 1991 se sentenció la suerte definitiva del Velódromo: Carlos Grosso, ex Intendente , le dio una concesión de 20 años a una empresa que hizo negocios con el golf inaugurando el complejo Velódromo-Golf. Ocho fueron los meses de prisión que le dieron a Grosso cuando se descubrieron las mugres que había detrás de la concesión en el 2002, tras una causa judicial. De la Rúa, como Jefe de Gobierno, rescindió en 1997 ese contrato y dejó las tierras tiradas y abandonadas. Sin planes ni proyectos.

¿Qué pasó desde entonces?

Detrás de esas tribunas color mugre y debajo de las columnas de musgo, hay una tarea de silencio y un juego de escondidas que señala en su torpeza un manto grande y negro que cubre algo sucio y tramposo. Sociedades anónimas usurpadoras, actividades fantasma, presencia policial, invasión de clubes de elite y la falta de planificación y proyección política sobre un espacio que supo ser glorioso y ahora es sólo historia.

El velódromo, ahora lo sabemos, esconde algo más que la ausencia y el abandono.

-Pibe, ¿a dónde te pensás que vas?

-Quiero pasar, vine a hacer una crónica, a escribir. Necesito ver un minuto el estadio y listo.

-No, de ninguna manera. Acá sin permiso no pasa nadie.

-Pero, ¿cómo? Este lugar es público…

El tipo, vestido de negro, con logos bordados de una empresa de seguridad privada, no sabe bien qué contestar. Duda. Se toma unos 15 segundos y responde:
-Sí, bueno, pero no se puede. Bajá de ahí.

El pibe, que llevaba una libreta y una birome, que sólo quería hacer una crónica literaria, baja las pocas gradas que pudo subir.

-Dale, viejo, es un toque nomás. Miro, me guardo la imagen en la cabeza y me voy. Lo escribo en mi casa. Es para un cuento, nada grave.

-Tengo órdenes precisas de que no puede pasar nadie.

Sin mucho más que jugar, el pibe, sin ganas de haber desperdiciado su tarde, le dice:
-¿Puedo hablar con el responsable a cargo?

Lo había visto en las películas y necesitaba tiempo para pensar o, quizá, para correr, mirar el coliseo abandonado y volver. El tipo de negro picó: “Bueno, esperá un segundo, pero no te muevas”.

Ni bien el muchacho movió un pie supo notar que, desde un costado del manantial de barro y fango que se había formado por la lluvia en ese parque que rodea de más caos al Velódromo, miraban tres tipos sentados adentro de un camión contendor. Vigilaban. El camión decía “Mantelectric”.

-Disculpá, me podrías decir qué tareas hacen acá ustedes- intentó el pibe.

-Trabajando- respondió uno de poca simpatía y menos palabras.

Volvió el hombre de negro con un tipo vestido de verde. Era más alto y corpulento. Llegaron por un lado donde había unas camionetas estacionadas. Todas llevaban el nombre de Mantelectric. Una al lado del otro. Camiones y camiones blancos y estacionados.

-Te tenés que retirar- empezó, sin muchos preludios, el tipo de verde.

-Bueno, está bien, ¿pero podrías decirme qué hace la empresa acá?

-Está contratada por el Gobierno de la Ciudad.

-¿Para qué?

-No puedo darte esa información.

-¿Me das tu nombre?

-Martín de la Puente. Te tenés que retirar.

Antes de irse, el pibe, vio detrás de la cabeza de Martín un stencil pintado en rojo y blanco, sobre una de las paredes externas de las tribunas, que decía “Teg-Ball”.

-Ya me voy, pero ¿qué es Teg Ball?

-Una empresa de Paintball.

-Ah, mirá, ¿acá se juega paintball?

-Ya no.

-¿Desde cuándo que no se juega más?

-No sé, retírate por favor.

Martín, con su traje verde y su cara de hartazgo, se fue. El camión que vigilaba desde el otro costado, de pronto, puso primera y arrancó. El pibe quedó solo ante el tipo de negro del principio. Petiso, de unos 60 años. Le pidió que se fuera.

Miró un poco más y se fue. Quiso meterse por la otra entrada, que estaba a unos 30 metros, pero allí ya lo estaba esperando el mismo camión que antes lo vigilaba: fueron a cuidar la puerta del fondo. Cuando se iba resignado y cabizbajo vio una tercera entrada al Velódromo. Un playón de estacionamiento de la Comisaría 23. Tenía cientos de autos de siniestros estacionados debajo de las tribunas. Literalmente. Entre columna y columna.
Entonces sí, sorprendido, se fue del lugar.

Mantelectric y Teg-Ball: dos privados con presencia en el Velódromo público.

El primero, siempre en su condición de empresa, tiene la suficiente autoridad como para negarle el paso y la presencia a un ciudadano en un lugar estatal. Es una sociedad anónima que se dedica al desarrollo y gestión de proyectos de ingeniería. En su propia web, pone como su principal cliente al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Es un polirubro: arregla semáforos, arbolar parques y sanea espacios abiertos. Los colegas del Jefe de Gobierno son los elegidos por el ejecutivo porteño para ese tipo de tareas. También están en el Velódromo. Aunque, en ese caso, no se detalla en ninguna parte la actividad que realizan. Sólo se nota su silencio y la presencia de sus múltiples camiones y camionetas estacionadas. Y el control del paso al lugar público, claro.

Teg- Ball: empresa de paintball (ver videos). Montó una logística en pleno estadio. Transformó al Velódromo en un campo de batalla de pintura: bases, maderas, banderas, armas, parlantes. Alquilaban el espacio y lucraban con el Velódromo abandonado. Su actividad data, por lo menos, desde el 2007 hasta el 2008. La nueva concesión a un negocio particular no es lo más grave. En 2007 un grupo de investigadores del Centro Argentino de Ingenieros declaró al estadio en peligro de derrumbe. Está inutilizable por sus “fallas estructurales”. En ese mismo contexto se desarrollaba la práctica de paintball. En un estadio que se podía derrumbar. Los stenciles siguen grabados en las columnas y paredes de las tribunas: Teg – Ball. La empresa desapareció. Los teléfonos fijos y celulares que aparecen cuando uno googlea la actividad “ya no son de esas personas”, según la voz que atiende. “Llaman todo el tiempo, pero eso ya no existe más, no tengo el contacto de esas personas”, dicen antes de colgar. Desaparecieron. Con ese mismo nombre, por lo menos, no hay más emprendimientos de paintball.

“Acá no se pasa sin permiso de la Subsecretaría de Deportes”, había dicho aquel guardia-ocupa de Mantelectric.

Luego de que se volvieran innumerables la cantidad de llamados al teléfono que publicaba el Gobierno de la Ciudad en su web para dicha secretaría sin que nadie atendiera, probamos directamente con el teléfono del subsecretario: Francisco Irarrazábal, ex rugbier, ex puma y funcionario desde el 2007, cuando el Pro y Mauricio Macri asumieron el control de la Ciudad.

Contestó hasta donde pudo. Hasta donde sabía.

Imagen: NosDigital

-¿Qué hace Mantelectric en el Velódromo?

-Tengo entendido que existe un contrato firmado por la gestión anterior que, si no me equivoco, termina el año que viene o el año próximo. Lo que tengo entendido, es que usan una parte del Velódromo hace tiempo como un lugar en el que guardan materiales y demás. Nosotros les hemos solicitado que dentro de este acuerdo nos ayuden en la limpieza del parque y ciertos arreglos del lugar. No es una concesión, es un permiso de uso de un espacio muy pequeño, hasta donde tengo entendido, que está firmado, si no me equivocó, por la última gestión o la anterior, que les permite usar un pequeño espacio detrás de una de las tribunas donde hacen, creo, trabajos que tienen que ver con lo que ellos hacen, que no sé bien qué es lo que hacen. Más allá de eso, dado que este convenio estaba firmado, lo que hicimos fue sentarnos con ellos y decirles: “Bueno, están acá, ayúdennos a recuperar un espacio que está destruido y desbastado hace 28 años”. Estamos en ese proceso de recuperación. Cuando entramos en la gestión Mantelectric ya estaba.

– ¿Cómo le cae la presencia del privado en ese espacio?

-Me gustaría que no estén, pero lamentablemente cuando entramos a la gestión el estado de todos los parques era calamitoso. Fuimos a lo urgente y después a lo importante. El Velódromo no se usaba. Optamos primero por otros lugares que la gente usa. Nos fue quedando para el final. Cuando lo terminemos de recuperar saldrá la empresa Mantelectric.

-¿Y por qué tanto recelo y autoridad de la empresa en el parque ante la presencia de un vecino?

-Habría que preguntarle a Mantelectric. El espacio es público. En algún momento se cerró con candado porque se trató de intrusar y gente intentó vivir allí dentro. Las reacciones de la gente de Mantelectric no va por cuenta nuestra. Nosotros les abrimos la puerta a los periodistas. El lugar está abierto. Pertenece al espacio Golf-Velódromo. Después si la gente de Mantelectric es más o menos celosa, corre por su cuenta. El lugar es de la ciudad.

-¿El golf es privado?

-No, es público. Se administra el espacio del Velódromo desde el golf.
-Había stenciles de Teg-Ball ¿Qué sabe de esa actividad que montó toda una estructura dentro del Velódromo?

-Es una actividad que nosotros sacamos. Venía heredada. Es un lugar público y no correspondía. Además había razones de seguridad. No sabía que el nombre era ese del paintball. El Velódromo hoy está deshabitado. Salvo la presencia de la comisaría que hemos permitido, para pedir seguridad a cambio.

-Entonces, ustedes permitieron la presencia de la comisaría en el predio.

-Sí. Venía desde antes, igual. Pero cuando Nación nos quita la seguridad de los parques, aceptamos el intercambio. Podían usar el predio, pero debían darle seguridad, para que no haya intrusiones. Cuando se termine de recuperar se irán, al igual que Mantelectric.

-Pero, respecto a las intrusiones, el club C.U.B.A está utilizando una parte para estacionar vehículos de sus socios.

-No tengo clara catastralmente el área. Sé que todo el parque 3 de Febrero tiene una serie de irregularidades y que de apoco hemos ido corrigiendo. No sé si lo de CUBA es así. La prioridad fue KDT, Sarmiento, Golf, pista de atletismo. El Velódromo fue quedando para el final porque no lo usaba nadie. Hemos decidido este año empezar a recuperar tímidamente y, sí, a partir del año que viene, con más fuerza. Si ocurriera catastralmente que C.U.B.A. está intrusando correremos el alambrado hasta donde corresponda. Para nosotros el espacio público es el espacio público.

-Si heredó el problema y a usted no le resultan cómodas las presencias de los privados en los espacios públicos, ¿no se puede rescindir el contrato con Mantelectric?

-Por el momento, es más útil en el estado en el que está y con el tiempo que nos va a llevar recuperarlo, que Mantelectric colabore con todo lo que pueda, dado el convenio que se había firmado. Reitero, no recuerdo en la fecha que arrancó ni en la que termina. Hace 4 o 5 meses dijimos: “Bueno, señores, ustedes están acá hace un montón de años, empiezan a ayudarnos para rescatar esto porque este lugar no es de ustedes, es propiedad de la ciudad y sepan que cuando esto tenga destino concreto se van a tener que buscar otro lugar”.
-¿Cuál es el proyecto?

-Un skatepark. Pero no es certero, tenemos todavía que trabajarlo.
El subsecretario, antes de colgar, deja en claro que todavía no hay planificaciones concretas sobre el velódromo. Se nota: en cada respuesta se repetían las estructuras del tipo “creo”, “tengo entendido”, “si no me equivoco”. Y echa culpas a las gestiones anteriores. Es decir, a la de Ibarra y Telerman, quienes, según él, permitieron la presencia de estos intrusos de lujo.

Mientras tanto, allí descansa la historia y los escombros ordenados del velódromo. Dicen que no se puede derribar por ser monumento histórico. Ni las tribunas ni el anillo por donde alguna vez giraban las ruedas y hace poco corrían purretes que intentaban tirarse con balines de pintura. Desde el la Ciudad dicen que no se puede restablecer y darle su uso específico. En verdad: que no es rentable, que saldría más que construir uno nuevo. Planean tibiamente unas pistas de skate, de ruedas urbanas, sin todavía una definición al respecto. Mantelectric seguirá allí estacionando y no dejando pasar a nadie. Ayudando con la limpieza, después de tantos años de permisos licenciosos.

De quién habilitó el Teg-Ball, nunca nadie se hará cargo, porque no hay contrato firmado alguno. Fue una actividad fantasma. Que desapareció. Los videos lo dejan claro: 2007 y 2008, por lo menos. El Club de la Universidad de Buenos Aires (C.U.B.A.), uno de la elite porteña, seguirá usando tierras que no son suyas, porque ni siquiera se sabe hasta dónde avanza el terreno público.La Policía seguirá estacionando coches rotos y secuestrados entre columna y columna, como lo hizo durante los últimos años, pero desde este año presa un servicio: no dejar que entren intrusos. Con la excepción de Mantelectric y C.U.B.A.

Desde la gestión de Carlos Grosso (1989-1992),que en el ´91 inició el abandono definitivo con la nefasta concesión a un grupo privado, pasaron muchos intendentes y jefes de gobierno (cambió la designación en 1996). Pasó Saúl Bouer (1992-1994), del PJ, que continuó con la concesión al golf. Y siguió Jorge Domínguez (1994-1996), también del PJ, que hizo lo mismo. Llegó Fernando de la Rúa (1996-1999), con las nuevas ropas de Jefe de Gobierno y terminó con la concesión en 1997. Pero lo dejó allí, tirado. Sin planes. Enrique Olivera (1999-2000), también de la UCR, continuó. Llegaría la gestión de Aníbal Ibarra (2003-2006) acusado sin mucha precisión por Irarrazábal de darle el permiso de uso a Mantelectric. En esa misma falta de exactitud también podría haber sido Jorge Telerman (2006-2007), quien lo sucedió tras la tragedia de Cromagnon. En es lógica, y guiándose por el discurso del subsecretario, en el mandato de Telerman se habría instalado el Teg-Ball, actividad que se sacó en la actual gestión. Entonces, en el 2007, llegó Macri con Irarrazábal en la Subsecretaría de Deportes de la Ciudad, quien respondió hasta donde pudo y matizó, también como pudo, estos últimos 20 años de negocios y mugres.

“Las tablas de medallas son engañosas”

Claudio Morresi es el Secretario de Deportes de la Nación desde 2004. Pero desde mucho antes, desde su época de futbolista, es un militante que se detiene a pensar sobre cómo el deporte atraviesa todas las situaciones de una sociedad. A menos de tres meses de los JJOO, rodeado de cuadros de Perón y Evita, da su visión sobre la función social del deporte, las verdades relativas de las medallas olímpicas y le pega un palito a la AFA. “Nuestra concepción es que el deporte es una herramienta más para el desarrollo humano”, afirma.

Fotos: Nos Digital.
La tarde en el CENDARD está agitada. Los deportistas corren y corren, van y vienen. Fuera de la pista y de las canchas ahí unas oficinas, donde también se corre y corre, se va y viene. Se trata de la Secretaría de Deportes de la Nación, que depende del Ministerio de Desarrollo Social. Allí nos espera Claudio Morresi, Secretario de Deportes, ex futbolista de Huracán, River y Vélez Sarsfield. Antes de entrar en las función pública fue director técnico del Globo de Parque Patricios. Ahora ya no tiene camiseta ni botines puestos, no tiene la joginetta de DT ni el silbato; tiene un gran despacho donde cuelgan cuadros y retratos de Néstor y Cristina Kirchner, Eva Perón y las Madres de Plaza de Mayo. Desde ahí lleva adelante la función pública y estatal del deporte en la actualidad. “Ahora sólo pienso en esto”, resalta Morresi y empieza a detallar todas las funciones sociales del deporte, las obligaciones del Estado al respecto y los derechos populares de acceder a la actividad deportiva. También el papel de la Secretaría en los próximos Juegos Olímpicos de Londres, la ausencia del fútbol en esa cita, la responsabilidad de la AFA y el análisis de qué significa, verdaderamente, una medalla.
Deporte, ideología y función pública en un mano a mano exclusivo con Nos Digital.
Claudio Morresi, entonces, se sienta y responde.

-¿Cuál es la función social del deporte?

-Nuestra concepción, en la que creemos y en la que trabajamos, es que el deporte es una herramienta más para el desarrollo humano. El deporte no está alejado de la sociedad, al contrario, la atraviesa. Atraviesa todas las situaciones sociales que se presentan. De acuerdo a la concepción política e ideológica podés laburar al deporte para la inclusión, para trabajar valores, para llegar a ciertos sectores de nuestra sociedad que, si no está el Estado, no podrían tener un acompañamiento deportivo que les mejore su calidad de vida. El deporte puede ser algo sumamente mediático para esa elite deportiva donde hay una gran inferencia industrial a través de la producción del alto rendimiento y la alta competencia, o puede trabajar como una herramienta social. Puede ser muchas cosas. Nosotros entendemos que existe un derecho de poder relacionarse con una actividad deportiva y el Estado tiene la obligación de dar las herramientas para que lo hagan. Una vez que se relacionan con la actividad, los que tengan más condiciones, los más talentosos, pasarán al mundo federado y de ahí saldrán los seleccionados. También allí aparecerá el Estado para darle el apoyo que necesitan para ir a las grandes competencias internacionales y poder dejar a la Argentina en un sitial dentro de esas competencias.

-¿Se intenta vaciar de ideología al deporte desde ciertos espacios?

-En toda acción humana uno puede transmitir ciertas situaciones que se viven. Evidentemente, el fútbol tiene esa gran exposición mediática y hay vivencias que tienen que ver con lo que produce en nuestro pueblo, que podríamos decir que sectores del periodismo pueden enfocarse en esa dirección. Hay otros espacios también. Hubo un claro compromiso de muchos sectores del deporte y del fútbol de acompañar en la lucha a las Abuelas de Plaza de Mayo. Con banderas y adhesiones, incluso en el Mundial. Con la educación pública también hubo participación. Hay quienes sólo se quedaron con que el equipo A le ganó 2 a 0 al B y hay otros que pudieron transmitir otra cosa.

-¿Cuál es la situación social actual del deporte en Argentina y en las sociedades de Latinoamérica?

-A partir del 2003 en adelante empieza un cambio. Todo el actor de la política tiene un discurso sobre el deporte. Muchas veces muy repetido: que saca a los chicos de la calle, que te da buenos valores, que te mejora la salud. Hay cosas muy parecidas. La realidad es que cuando están en funciones no les dan las herramientas al deporte para llevar adelante lo que dicen. A partir del 2003 hubo una coherencia al respecto. Se pudo accionar. El presupuesto aumentó de 26 millones a 340 millones. Hubo institucionalidad política. Se crearon leyes, como los Juegos Evita, el ENARD. Esto hace que el Estado pueda llegar a más lugares que antes no podía y también a tener el financiamiento suficiente para sostener los programas y a los equipos nacionales que compiten en diferentes lugares del mundo.

-¿Es un objetivo de la Secretaría combatir la mercantilización absoluta y constante del deporte?

-Son situaciones en las que no podemos… – se frena y reformula- Nosotros podemos trabajar los valores que tienen que ver con el deporte. Cuando se hacen los Juegos Evita, por ejemplo, se implementan charlas de concientización de lo que tiene que ver con la posibilidad de hacer deporte y lo que eso significa. Ahora, con respecto a esto que existe en la sociedad y atraviesa todas las áreas, tal vez, no tengamos las armas para modificarlo.

-¿Cómo es el deporte que no vemos? ¿Qué es el deporte que no se transmite?

-El deporte es una acción lúdica que tiene el ser humano que cuando se organiza crea normas para poder llevar adelante ese juego y, si tiene la trascendencia mediática, empiezan a haber factores que hacen que tenga mayor apoyo de algunos sectores de la sociedad. Cuando no es así hay sectores de la sociedad, que al no ser mediático son sectores pequeños, que el Estado entiende que es sumamente importante que existan y por eso los sostiene.

-¿Cómo es la militancia a través del deporte? ¿Puede utilizarse para las cuestiones más nefastas como para las más justas?

-Es que el deporte es eso: una herramienta que el Estado puede utilizarla de diferentes maneras. Con Hitler en Alemania y el mundial del 78 en la dictadura última de nuestro país se vio una utilización, pero también el deporte es un factor de resistencia e involucración. No hay que olvidar que en el 78 cuando llegaron los periodistas de todo el mundo se encontraron con las Madres dando vueltas a una pirámide. Ahí hubo una versión de otra realidad que la del Gobierno de facto. Es una herramienta, un gran abanico donde tenés a Videla por un lado y lo tenés a Menem utilizando el deporte para su campaña personal y a Macri haciendo partiditos y utilizando a Boca en su postulación. Del otro lado, vas a tener a Evita con los Juegos Evita y, a mi entender, a Néstor Kirchner y a Cristina Fernández de Kirchner creando programas para que el deporte se masifique y llegue a sectores de nuestro país que no podrían relacionarse con el deporte sin esos programas.

-¿El título del 78 es legítimo?

-Sí, sí. Hay que separar la utilización de la dictadura con el logro deportivo. Los deportistas hicieron todo lo que querían y podían, jugaron y se enfrentaron, para darle la alegría al pueblo argentino que estuvo muy alegre por haber conquistado ese mundial. La dictadura fue otra cosa.

-Vos sabías lo que pasaba. ¿Cómo fueron esos años?

-Fue una situación contradictoria pero que uno la supo diferenciar muy bien: una cosa era la dictadura y otra cosa fueron las expresiones populares de nuestra gente por el deporte. Familiares nuestros no sabían lo que pasaba. Fue una situación muy terrible desde todo lugar, pero es injusto quitarle el valor deportivo a esos logros.

-Clubes como Comunicaciones y Deportivo Español sufren por su supervivencia. ¿Qué opinión te merece?

-Hay que tratar de que los clubes sigan con su valores fundantes dentro de la sociedad deportiva. Nosotros bajamos apoyo económico a muchos clubes de la Capital Federal, estamos presentes junto a ellos. De la Ciudad de Buenos Aires no me extraña nada. Que haya un abandono muy fuerte dentro de este tipo de políticas públicas no me asombra. Eso está enmarcado dentro de una ideología. Nosotros intentaremos seguir sosteniendo a estos clubes para que puedan seguir existiendo y desarrollándose.

-El deporte se ha tornado una vía para llegar al primer plano de la política. Casos como el de Scioli o Macri lo demuestran. ¿Por qué se da este fenómeno?

-Porque el deporte es una caja de resonancia importante y, aparte, no tiene cierta negatividad que pueden tener algunas otras sectores de la sociedad que ha hecho que esto suceda y hoy tengamos esta situación.

-¿Cuáles son las expectativas para los JJOO de Londres?

-Con respecto a los objetivos de la Secretaría de Deportes de la Nación, que es la herramienta del pueblo argentino para poder acompañar el desarrollo del deporte argentino, y en este caso a los atletas que van a competir, la función ha sido muy buena porque los deportistas van a llegar a los Juegos con sus necesidades satisfechas, con sus becas pagas, con sus etapas de preparación realizadas, con diferentes competencias en los lugares del mundo. Ahora, en la tabla de medallas no sabemos qué va a suceder. Si se fijan la historia de medallas de Argentina en los Juegos estuvimos más de 60 años sin ganar medallas de oro. Y se ganaban pocas medallas. En los dos últimos ganamos 12: dos de oro y cuatro de bronce en cada JJOO. Ahora la realidad, según las áreas técnicas, es que Argentina y Sudamérica se va a enfrentar a EEUU y China que van a seguir arrasando con las medallas en juego. A Europa también ya que se hace allí y muchas variables le son favorables a los deportistas de la región. Ventaja mínima, pero ventaja existente. Van a hacer unos juegos complicados. En toda nuestra región, salvo Brasil, que tiene otro tipo de poderío deportivo en algunas disciplinas, va a estar difícil. Ahora, Argentina va como hace muchísimo tiempo no va a un juego olímpico, con respecto a la preparación que tenemos. Si eso implica que vamos a sacar medallas, no lo sabemos. También decimos que las tablas de medallas son, muchas veces, engañosas.

-Pareciera que si no hay medallas no existió un proyecto. ¿Sentís presión por demostrar a través de las medallas el trabajo que hay detrás?

-Sin dudas, por lo que se produce en nuestra sociedad, por la exposición mediática que esto tiene, si se gana una medalla implica muchísimas situaciones a favor. Ejemplo simple y fácil: las Leonas cuando lograron las medallas produjeron en nuestra sociedad que miles de niñas se acercaran al deporte. Para nosotros esos son momentos importantes. Estamos satisfechos: hemos hecho lo que teníamos que hacer. Si no ganamos medallas será, sinceramente, una situación de tristeza y desilusión, pero no va a invalidar todo lo anterior. Se hablará con las federaciones donde estuvieron los errores, por supuesto. Pero, para ser claros: yo no le digo a Sabella si tiene que jugar Messi o Verón. Similar situación se da con las demás disciplinas y sus federaciones. Les podemos preguntar sobre sus planes y como se puede modificar una situación y cómo el Estado puede acompañar.

-¿Por qué dependemos tanto de los resultados en el deporte?

-Las tablas de medallas son verdades relativas. Noruega y Dinamarca tienen un estándar de vida y sacan una cantidad baja de medallas. Y después tenés países de África con otro estándar de vida pero tiene más medallas ¿Eso quiere decir que por tener más medallas se vive mejor? No, claro que no. La sociedad dentro del capitalismo, también en los países socialistas, manifiesta al logro como una cuestión de autoestima que hace que tenga esa repercusión.

-¿Qué pasó con el Fútbol en los JJOO?

-Me produce una gran decepción y bronca. Ya hemos hablado con la AFA varias veces de que intente volver a la forma de trabajo que se vio con Pekerman y Tocalli, que tuvo que ver con el gran crecimiento de las juveniles argentinas. Hablamos especialmente para que modifiquen sus torneos infantiles, que no haya semejante grado de competitividad, que tenga que ver con actividades de crecimiento de la técnica deportiva y que no sean esos torneos en canchas grandes y con pelotas enormes para chicos de 9 y 10 años. Eso atenta contra la técnica del jugador argentino. No hay duda de que eso está pasando.

-¿Cuál fue la respuesta de AFA?

-Como que esta en análisis, pero a veces le cuestan modificar ciertas cosas. Desgraciadamente son organismos no gubernamentales y tienen todo el derecho de aceptar la sugerencia que uno les hace como de no aceptarla. Seguiremos insistiendo.