Fidelidad

Fotorreportaje desde la Habana

Hay llantos de bronca, de ira, de nervios, de alivio, de desazón, de culpa. El llanto a Fidel es de tristeza, de terrible ausencia, pero no de preocupación. No es como cuando llorábamos a Chávez, lagrimas de tristeza, de bronca y de miedo. Miedo a que sin él todo se terminara. En Cuba no existe ese llanto, al menos no estos días.

Se llora a Fidel como a un padre, a un familiar que ya no está más, con esa congoja que te aplasta el pecho cuando pensás que ya no vas a ver más a alguien al que querés mucho. Y cómo no va a querer el pueblo a Fidel Castro. Cómo no van a sentir la falta de un padre aquellas familias que hoy habitan en las suntuosas mansiones de los gringos ricos que vivían en Cuba antes de la Revolución. Cómo no van a extrañar a la persona que hizo construir un centro de salud en cada barrio, que hizo que sus hijos coman, que estudien, que vivan seguros.

Cientos de miles de personas rindieron homenaje a Fidel, hicieron kilométricas colas para pasar por dentro del Memorial José Martí a rendirle tributo. Muchos de ellos eran jóvenes estudiantes de la universidad publica y para todos, uno entre ellos afirma: “la manera en que honramos a Fidel es seguir siendo rebeldes”. Y te sostiene la mirada, severa, seria, qué alguien se atreva a contradecirlo. Una joven estudiante de Libia, que asegura estar ahí porque gracias a Fidel ella estudia en la Universidad y que a pesar de la tristeza, mañana va a ir estudiar.

Porque acá en Cuba la vida sigue. El socialismo también. El legado de Fidel es este: un país sin indigencia, donde nadie muere de hambre, donde todos estudian, donde no hay drogas ni trata, donde el Estado no se asienta sobre relaciones de dominación. Sí, touché. Lugares comunes al hablar de Cuba, y a quien le haga ruido puede ir a buscar en el repertorio de países, Estados, gobiernos y regiones un sistema más justo que este, si encuentra alguno, uno solo, donde los pibes no se mueran de hambre, abandonamos para siempre los lugares comunes. Mientras tanto, vamos a seguir destacando a Cuba por lo que verdaderamente es: un país que no tolera las bajezas del sistema capitalista, donde los padres pueden dormir tranquilos sabiendo que les dejan a sus hijos un lugar justo donde vivir. Porque la justicia no es más que igualdad de oportunidades, y hoy todos los pibes de Cuba nacen con ese derecho.

Fidel se fue. Sí, y de solo decirlo la congoja se instala en la garganta, brotan las lágrimas, porque lo vamos a extrañar muchísimo, porque gracias a él sabemos que otro mundo es posible, porque se fue un revolucionario que le cambio la vida de un país entero. En Argentina tuvieron que matar a una generación de luchadores para frenar lo que la Revolución Cubana mostraba: es posible desde la lucha armada tomar por asalto el poder para repartir la riqueza. Hoy desde Argentina todavía sufrimos las consecuencias y seguramente el llanto de muchos por Fidel hoy también tenga que ver con eso. Pero en Cuba están tranquilos, hay mucho para defender y cuidar.

Fidel se murió a los 90 años, en su cama, habiendo sobrevivido a más de 600 atentados contra su vida y dejando uno de los legados más grandes y necesarios de la historia del mundo: un pueblo digno, movilizado y que defiende el piso que dejó la Revolución. Fidel murió burlando al Imperio. Fidel va a vivir siempre en cada pibe rebelde de Cuba y del mundo.

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“Tres años de primavera en el país de la tiranía”

A poco más de tres meses del golpe de Estado en Paraguay, nos juntamos con el historiador cubano Sergio Guerra Vilaboy, especialista en historia del país guaraní, para esclarecer las raíces sociales del golpe. El proyecto autónomo posindependencia y su destrucción en la Guerra de la Triple Alianza, la dictadura de Strossner y la incapacidad de Fernando Lugo para revertir el rumbo de una nación que parece condenada a la corrupción política eterna.

“No es Fernando Lugo el que recibe un golpe, hoy no es Fernando Lugo el que es destituido; es la historia paraguaya, su democracia, la que ha sido herida profundamente”, pronunciaba el ya destituido expresidente paraguayo el último 22 de junio en el Palacio de Gobierno. El historiador cubano Sergio Guerra Vilaboy, profesor y director del departamento de Historia de la Universidad de la Habana y presidente de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC), buscará esclarecer ciertas cuestiones de la historia paraguaya que indudablemente condicionan y construyen el presente de la nación.

-¿Cuáles fueron las debilidades del gobierno de Lugo para haber caído sin resistencia aparente en manos de un golpe de Estado parlamentario?

-Lamentablemente en Paraguay, como también había pasado en Honduras, el proceso de cambios no partió de una base sólida. La endeblez en la formación de un movimiento de masas, pero más que nada del punto de vista organizativo, de estructura partidaria, dieron al traste con el gobierno de Lugo. Él logró organizar lo que se llama el Frente Guasú, una organización de pequeños partidos políticos y organizaciones sociales, pero que no llegó a vertebrarse con solidez, por lo que el gobierno de Lugo dependió en gran medida del apoyo del Partido Liberal Radical, sobre todo del ala izquierda de ese partido. El Liberal Radical y el Colorado son los partidos tradicionales históricos de Paraguay que sirvieron de fundamento a la dictadura de Strossner y al régimen de tenencia de la tierra que es el mas desigual de América Latina, donde una porción ínfima de la población controla la mayor parte de la tierra. El gobierno de Fernando Lugo les representó siempre una piedra en el zapato, encontraron la ocasión de deshacerse de él aprovechando la matanza hecha por un terrateniente del partido Colorado, en tierras que no eran suyas, tierras que le pertenecen al Estado, donde campesinos se habían asentado para reclamar el incumplimiento del programa oficial de reforma agraria, que precisamente por el control que los partidos tradicionales tienen en el parlamento, impidieron la efectivización del plan redistributivo. Se desencadenó con un incidente que a todas luces fue fabricado para poner en crisis la dirección de Lugo en un momento en que se acercaba el cambio de gobierno, precisamente, querían deshacerse de Lugo para tomar posiciones y favorecer a estos partidos tradicionales en las elecciones del año próximo.

Imagen: NosDigital

-¿Qué raíz histórica se puede encontrar en los grupos que llevaron adelante el golpe de Estado en Paraguay?

-Los antecedentes sociales de este proceso están en la interrupción del proceso de desarrollo independiente que vivió Paraguay luego de su independencia, primero bajo el gobierno del Doctor Francia, y luego con el gobierno de los López, donde el país desarrolló un sistema sui generis en el contexto de la época, que promovió de parte del Estado la producción autóctona, que repartió tierras a los campesinos, que expropió las propiedades de la Iglesia, que protegió las fronteras nacionales de la penetración del capital extranjero; en dos palabras, que desarrolló un régimen propio, favoreciendo a las grandes masas. Fue finalmente interrumpido más que nada por la Argentina liberal de Mitre y Sarmiento, y el Brasil imperial, ambos ya supeditados al capital británico. Luego de liquidar aquél desarrollo independiente con la Guerra de la Triple Alianza en 1870, se incubó un Estado dependiente controlado por una élite de terratenientes bien vinculados al capital extranjero que se había visto acorralada por los gobiernos nacionalistas de Francia y los López. Estas mismas son las bases de los partidos tradicionales que han liderado el país desde entonces hasta hoy, con muy pocas e intermitentes excepciones a lo largo de la historia.

-¿La falta de movilización popular en el derrocamiento de Lugo, puede verse como consecuencia de la desmovilización fruto de tantos años del partido Colorado en el poder?

-Sin duda que el régimen de Strossner aún sobrevive junto a la fuerza de los militares tradicionales como Lino Oviedo, pero pienso que no hay que desconocer las propias características del gobierno de Lugo. Un hombre que era un obispo, que no tenía experiencia política, que no logró vertebrar un movimiento de masas, y quizás su propio origen religioso lo llevó a cometer errores en esta última parte del proceso. En m criterio fue un error de parte del Presidente Lugo reconocerle al Parlamento la destitución. En mi opinión debería haber dicho: “A mi me eligió el pueblo, no el Parlamento. La Constitución puede indicar que el Parlamento tiene el poder para destituirme, pero no me iré hasta que el pueblo lo haga. Por lo tanto sigo considerándome Presidente” y así generar un movimiento de masas. En realidad él dijo que no quería que se produjera un derramamiento de sangre, acepto la destitución; tendió a desmovilizar. Por eso creo que fue una suma de factores, la falta de una organización poderosa, características propias y el poder que se le hacía ajeno en el Parlamento, contribuyeron a que su derrocamiento fuese relativamente fácil para la élite local. Eso no quiere decir que esté todo dicho, que puedan consolidarse en el poder, ahora se está gestando una unidad entre las organizaciones antigolpistas, encabezados por el Frente Guasú y el propio Lugo, que están intentando atraer a los sectores antigolpistas de los partidos tradicionales que puedan dar lugar a una formación de un frente de masas que permita cambiar la relación de poder en el país.Mutatis mutandi, en Honduras por ejemplo, ha sorprendido a los conservadores el movimiento de masas que se ha erigido por la candidatura presidencial de la esposa del derrocado Zelaya, movilizaciones de masas que las encuestas permiten vislumbrar que pueden hacerse con el poder. Quizás algo parecido pueda pasar en el Paraguay, quizás es lo que deseamos para el futuro próximo del país que no deja de ser uno de los más pobres de nuestro continente.

-¿Los golpes en Bolivia, Venezuela y Ecuador que no resultaron exitosos y los que sí avanzaron en Paraguay y Honduras, pueden ser resultado de la falta de avance de los gobiernos progresistas latinoamericanos por sobre el poder económico histórico de las élites locales?

-No creo que sean resultado de eso, aunque, claro que sí los debilitan. Todos los golpes son diferentes, en lugares como en Venezuela y en Bolivia donde los gobiernos fueron más allá de lo que cualquiera podría haberse imaginado, de igual manera se activaron los intentos de golpes de Estado. Los grupos que son afectados por las medidas de unos gobiernos que se inclinen a favorecer a las grandes mases no se van a quedar tranquilos, lo mismo el capital extranjero, y van a tratar de derrocar a cualquiera que intente modificar el status quo. Si además de eso, el gobierno no ha logrado conformar un movimiento de masas, no ha profundizado en las medidas sociales, eso puede generar la situación propicia para un golpe. Ningún movimiento está inmunizado frente a una intervención militar. A Lugo lo tenían acosado, desgastándolo, contra la pared, desde los medios de comunicación. Había un discurso preparado desde los medios que construía un imaginario colectivo en la sociedad, para permitir la gestación de un golpe. A pesar de todas las campañas que se han hecho contra él, la popularidad de Lugo es del 50%. Es una lucha contra el poder mediático y las élites.

-La autonomía impulsada por Paraguay al independizarse habla de una sociedad con características distintivas propias, pero al día de hoy se han convertido en uno de los países con mayor dependencia, ¿Cómo se considera la sociedad paraguaya a sí misma?

-Es un país excepcional en América Latina, es el único bilingüe (guaraní y español, indistintamente), eso de una idea de la fortaleza de la identidad nacional paraguaya, nos explica por qué ese pueblo se inmoló en la Guerra de la Triple Alianza. Nos explica el propio proceso independentista, cuando no había uruguayos, sino que simplemente eran rioplatenses, mientras Artigas no buscaba la independencia de la Banda Oriental, sino que soñaba con la unión de ambas márgenes del Río de la Plata; los paraguayos ya tenía una identidad propia, sedimentada. Pero se trata de un sistema político anquilosado, viejo, esclerotizado, que incluso vetó la entrada de Venezuela al Mercosur. En una ocasión le pregunté a un político paraguayo, cuál era el problema con Venezuela –Lugo estaba todavía en el poder-, y me respondió que para votar a favor del ingreso estaban esperando simplemente que los sobornaran. Tan bruto y tan sencillo como eso. Es un sistema político corrupto, desprestigiado, de dos partidos que mantuvieron la dictadura de Strossner durante 50 años y que ahora han recuperado el poder luego de “tres años de primavera en el país de la eterna tiranía”, parafraseando al poeta guatemalteco Luis Cardoso de Aragón refiriéndose a su propio país.

-Recorriendo la historia de la posindependencia paraguaya encontramos grandes hitos productivos permitidos por la política antiimperialista autonomista, ¿cuán factible es hoy en día una empresa como tal para un país como Paraguay?

-Si las cosas se hicieran por deseo, por supuesto que quisiéramos ver un renacer del Paraguay como el que fue en el siglo XIX, que estaba llamado a ser una especie de Japón sudamericano. Hay que ver que el primer ferrocarril del Cono Sur no estuvo ni en Argentina ni en Brasil, estuvo en Paraguay. Hay que poder entender lo que significó para los paraguayos de la época tener trenes con acero paraguayo –aunque los motores fuesen importados de Inglaterra-. Lamentablemente ya el mundo de hoy es otro, es como la persona que nace desnutrida y luego por más que uno quiera que se desarrolle, cuesta mucho trabajo. Paraguay debe encontrar su forma de inserción en el continente de otra manera, en el mundo globalizado de hoy, para muchos países pretender una industrialización fuerte no es viable.