Un muro en el desierto

El pueblo saharaui resiste al colonialista Marruecos, mientras el mundo calla el genocidio que continúa desde 1975. Lo cuentan a las palabras de los sometidos y torturados, y de un argentino que atravesó los territorios ocupados.

Nunca antes se había producido una transmisión en vivo desde la zona ocupada, donde los saharauis son sistemáticamente silenciados por los colonizadores marroquíes. Tanto el argentino Patricio Peñalba, organizador de esta comunicación, como los saharauis que participaron, se jugaron el pellejo al hacerlo pero valió la pena en nombre de la libertad y de generar conciencia en todos lados por este pueblo oprimido en pleno siglo XXI.

Militante argentino por los derechos del pueblo saharaui, Patricio cuenta cómo logró entrar en territorio saharaui controlado por Marruecos, ahora en un bar cerca al Obelisco porteño: “Íbamos en un Mercedes Benz con asientos de cuero y vidrios tonalizados. Un comerciante que conducía, tres marroquíes más y yo. Iba a funcionarle bien a este comerciante, al que más justo sería llamar narcotraficante. Como aún eso yo no lo sabía, entrar en territorio ocupado en un auto particular se me ocurría como la mejor opción. Sería más evidente en las furgonetas que atraviesan cada dos días la ruta. Tres kilómetros antes del muro paramos, cambiamos un neumático y continuamos, ahora con lenta marcha. A cada oficial de frontera el saludo iba acompañado de un cartón de cigarrillos, de los grandes. Como toda frontera, es zona de comercio. Aunque en esta ocasión esto significara otra cosa. El auto fue escaneado, y a tres kilómetros volvimos a cambiar el mismo neumático”.muro desde el cielo 1486585_595746997165022_1904000906_n

Pegado al Atlántico, entre Mauritania y lo que pocos reconocen como territorio ocupado de Sahara Occidental y no lo atribuyen a la colonialista Marruecos, hay una franja de cinco kilómetros en donde los caminos bombardeados hace ya más de dos décadas ceden frente al desierto de piedra. Hay que continuar hacia el norte. Solo quienes son habituales en estas latitudes reconocen la senda que esquiva las minas antipersonales.

Pasada la frontera mauritana el muro no se ve hasta tenerlo bien cerca. Se confunde con el color del desierto, aunque no puede disimularse en sus 2700 kilómetros de largo. Es el más extenso del planeta, más del doble del que separa a América Latina del resto de América. Construido con ayuda de técnicos israelíes y financiación de Arabia Saudita y de Estados Unidos, cumple una doble función: proteger el territorio ocupado por Marruecos de las irrupciones, cuando aún no habían depuesto las armas, del Frente Polisario -movimiento rebelde de liberación nacional del Sahara Occidental-, y además evitar la vuelta de los refugiados saharauis a su territorio. Búnkeres, siete millones de minas antipersonales, nidos de ametralladoras, radares, armamentos pesados.

“El único objetivo de tu viaje, para lograr ingresar en territorio ocupado, debe ser parecer un viajero de paso -confía Patricio-, que buscás destinos turísticos marroquíes. No se le permitirá el paso a nadie que esté involucrado en la causa saharaui. Al llegar tu pasaporte es sellado con un número identificatorio de la policía de inteligencia marroquí. Pasa a ser tu identificación en cada control y en cada alojamiento que consigas. Los responsables de alojamiento están obligados a comunicar cada movimiento o visita que realices”.

Patricio Peñalba.
Patricio Peñalba.

En El Aaiun, la capital de Sahara Occidental, los encuentros políticos deben llevarse a cabo en casas particulares, resguardados del ejército de ocupación marroquí solo por oscuras madrugadas. Es que en cualquier momento, unos diez saharauis cualquiera se juntan en cualquier esquina céntrica de la ciudad para hacerse notar, para sentirse vivos en la opresión, para resistir. Eso no puede durar. La policía marroquí y la policía secreta dispersan a los golpes al pequeño grupo, registran a cada militante, los atacan con piedras, detenciones, prisión, condenas efectivas, más golpes. Cada vez que los saharauis organizan una manifestación para reivindicar sus derechos políticos, económicos o sociales, las autoridades de la ocupación marroquí intervienen con fuerza para oprimir cualquier expresión libre de la independencia saharaui.

 

– ¡Documentos! 

¿Y a éste que le pasa? En todo caso yo debería estar pidiéndoselos a él. Acabo de verlo estremecerle la cabeza a una mujer tirada en el piso. Como testigo debería servir para balancear el exceso de ese poder autoritario, pero ¿frente a quién? ¿Quién sería capaz de poner mantel para esa banca? Aquí no hay justicia, o peor, es la Justicia quien lo ordena. Y ser testigos es la pura impotencia. Pero aquí te pasan de testigo a protagonista en un instante para el otro, en cuanto el violento cambia de dirección. ¿La foto terminará sirviendo de algo? ¿Hasta dónde mostrar la imagen morbosa del daño causará el impacto necesario sobre el testigo ausente? La realidad mostrada cruda suele alejarnos del medio por sentirla congruente con lo que nos vemos capaces de hacer en nuestras peores facetas.

–Mostrame tus documentos.[i]

 

En los bares, imprescindibles tres vasos de té, y quien vigila. Aparecen filmando, acercándose a las conversaciones, o en actitudes algo más desapercibidas. Percibirlos es su impunidad y su poder. Las cárceles se llenan de presos políticos torturados, en un continuado de las matanzas marroquíes sobre el pueblo saharaui que comenzaron en 1975 hasta que en 1991 el Polisario depuso las armas en pos de un referéndum de autodeterminación pacífico supervisado por la ONU. Se trató de un genocidio de 10 mil saharauis, en solo cinco días de febrero de 1976 la aviación marroquí bombardeó con fósforo blanco y napalm dejando 2.000 muertos en el campamento de Um Draiga.

El panóptico diseñado por el filósofo Jeremy Bentham en el siglo XIII es un centro penitenciario diseñado para controlar a un gran número de presos con tan solo unos pocos vigilantes. Hay una torre central con acceso visual a cada celda y los prisioneros pueden ser observados veinticuatros horas al día. Es imposible ver qué hay dentro de la torre central: los prisioneros nunca saben si hay alguien en el interior o no. Si crees que te están vigilando, te comportás igual que si de verdad te estuvieran vigilando. Basta con que la población crea que dichos informadores están en todas partes. A partir de ahí, nosotros mismos les hacemos el trabajo.[ii]

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Omar Hiba Meyara, saharaui, lo describía ya hace décadas aún más allá del miedo: “¿El miedo? Imagina que dentro de una familia no hay confianza. Yo recuerdo que alguna persona estuvo encarcelada sólo por escuchar la radio del Polisario y la gente de la familia no podíamos hacer nada. No podíamos ver la televisión, ni podíamos escuchar la radio. Decimos que la pared tiene orejas. No hablábamos ni en la familia. Ese es el problema, nosotros no hablamos porque el miedo está en todas partes”[iii].

 

Sordo mundo

El Sahara Occidental es uno de los 17 territorios no autónomos a ser descolonizados -al igual que las Islas Malvinas- por el Comité de Descolonización de la ONU. Estados Unidos ni Europa reconocen la soberanía saharaui. Son pocos los que lo hacen, en su mayoría africanos. Argentina por su lado, desconoce su gobierno y mantiene una relación amena con el colonizador:

 

Llegamos a Marruecos a las 10.30 hora local. Como siempre, la hospitalidad y la cordialidad, el signo distintivo.[iv]

Cristina Fernández de Kirchner. 2015.

 

La Cancillería argentina teme que su declaración del reconocimiento del Estado saharaui pueda interpretarse internacionalmente como una violación al principio de integridad territorial y una sumisión al derecho de autodeterminación, perjudicando así el reclamo argentino sobre Malvinas. Es clave entender que el reclamo saharaui es el mismo que el argentino. Ambos pueblos fueron despojados de sus tierras por potencias colonizadoras y hoy sufren los saqueos de sus recursos: en Malvinas, pescado, krill y posibilidades de petróleo; mientras que en Sahara Occidental, pesca y fosfatos. Las razones de la fluida relación diplomática argentina con el Estado marroquí son bastante menos claras.

Esta semana el Consejo de Seguridad de la ONU acaba de prolongar nuevamente la Misión de Naciones Unidas en el Sahara Occidental (Minurso) establecida en 1991 con el fin de facilitar un referéndum para definir el estatus de la excolonia española. La misión que pasados los 24 años no cumple su objetivo, seguirá sin supervisar la situación de los derechos humanos en el territorio.

Por otro lado, en un hecho con leves precedentes, a principios de abril el juez español Pablo Ruz propuso juzgar a once altos funcionarios, militares y gendarmes marroquíes por delitos de genocidio, torturas, asesinato y desaparición forzada en el Sáhara Occidental entre los años 1975 y 1992[v]. Civiles y militares son imputados por 50 asesinatos y 202 secuestros, contra todos ellos el juez ordenó la “busca, detención e ingreso en prisión”. Según el mismo juez el hecho fundamental fue “el hallazgo de una fosa común en febrero de 2013 en Amgala, Sahara Occidental, con ocho cadáveres que han sido plenamente identificados por el ADN, así como por la documentación que tenían entre sus prendas”.

[i] Blog de Patricio Peñalba: amanoarmada.wordpress.com/2014/02/15/clandestino-vos/
[ii] Emma Larkin, Historias Secretas de Birmania: a la sombra de George Orwell, Altair, 2008.
[iii] Beristain e Higaldo, El Oasis de la Memoria, Bilbao, Hegoa, 2012.
[iv] Cristina Fernandéz de Kirchner via Twitter 19 de marzo 2015.
[v] Los imputados son el coronel mayor de la Gendarmería Real en Agadir, Driss Sbai; el interventor del director de Policía Judicial, Brahim Ben Sami; el comisario Hariz El Arbi; el coronel Lamartiel; el exgobernador de la Administración Territorial del Sahara Abdelhafid Ben Hachem; el excoronel Abdelhak Lemdaour; y los exgobernadores del campo de refugiados de Smara Driss Sbai: Said Oussaou, Hassan Uychen, Muley Ahmed Albourkadi, Bel Laarabi y Abdelghani Loudghiri.
Imágenes cedidas por Patricio Peñalba.

Club tomado por sus dueños

Recorrimos el club Comunicaciones, tomado por sus socios para impedir algo que ya parece imposible: que esas 18 hectáreas en un pulmón de Buenos Aires queden en manos de la Mutual de Camioneros. En el medio de la pelea entre el kirchernismo, Moyano y Macri quedaron los socios de Comu, que se aferran a la última esperanza que les queda para que no les rematen el club: ocuparlo y pasar sus noches ahí pese al frío.

El club se parte en dos. No sólo porque Comunicaciones está a instantes de desaparecer como institución y dejar de ser, sino porque el frío que pega contra las desoladas instalaciones choca con el calor de una toma de socios a las puertas principales del Cartero. La toma empieza en la vereda y se desarrolla por todo el corredor central. Unos pasos más allá, cuando se desea caminar un poco por las baldosas que supieron ser club, se ve Comunicaciones a la luz de la realidad de un crudo invierno: todo roto.La entrada central ofrece un pasillo previo que atenta contra el ojo. Es fácil ir por Avenida San Martín, del trecho desde Tinogasta hasta Nazca, y notar que a esas tipos parados en la puerta del club, rodeados de banderas con consignas desesperadas, se les está yendo la vida en algo.

“Club Tomado”.

“Macri farsante. Presidenta, por favor, haga algo por nuestro club”.

“Fuera Moyano!”.

“Comunicaciones es de los socios y de nadie más”.

Con las banderas se arma la historia que ya se contó muchas veces (http://www.nosdigital.dreamhosters.com//2011/11/la-misma-basura/ y http://www.nosdigital.dreamhosters.com//2011/05/el-sentimiento-no-se-remata/). No hay fallos nuevos, no hay novedades judiciales, no se presentaron nuevas ofertas. Solamente, se cansaron de esperar. El club está tomado y la imagen es perfecta: están solo los socios, los de siempre. Nada de funcionarios ni dirigentes, los de nunca.

Una vez que cruzás esa entrada, que pasas a los hinchas enteramente vestidos de amarillo y negro que en la puerta dejan pasar sólo a los que tienen carnet, empezás a encontrar al club.
Vacío. Frío. Sin actividades. Los dedos y la nariz se hielan. Los ojos también, no hay ninguna pelota rodando.

A las baldosas y a las paredes y a los vidrios les queda la soledad de la destrucción. La mera función de de dar la imagen de que allí hay una pasión que se cae a pedazos en cada grieta de cada techo y en cada teja destrozada de cada quincho que no se arreglan desde hace más de una década.

“Desde hace 12 años, cuando se quema una bombita no se cambia. Así con todo”, explica el socio vitalicio, Omar Cerradas. Un viejo encorvado de campera de cuero marrón, sin nada de pelo, sólo unas canas que se dejan ver detrás de las patillas de los anteojos. Habla con seguridad, 64 años en el club le dan la razón. Las vio todas: “Esta es la peor”.

El club está abandonado desde la gestión. Porque los socios están, caminan activamente un club que es fantasmal. El arenero es digno de una escena de película paranormal y espiritista: los sube y bajas bien quietos sólo alteran su estática cuando una ráfaga los hace rebotar contra el piso dando golpes que se hacen eco ante tanto silencio dirigencial.

Al entrar al Estadio Alfredo Ramos, dónde Comu juega cada fin de semana en la B Metropolitana, la destrucción se convierte en desolación.Hay un césped bien cuidado, contra todo pronóstico, que se pone fosforescente cuando el sol le da de perfil. Pero, los colores en las tribunas son todos oscuros. El negro y amarillo del Cartero se torna en negro y negro al ver ese amarillo sucio y mugriento que se confunde en un fondo de luto sobre las tribunas.

En Comunicaciones no hay ni un candado. Se puede entrar a la tribuna, al césped, a la platea, a los vestuarios visitantes y locales, incluso al vestuario de los árbitros, dónde se ven desparramadas las planillas de los informes de los jueces de los partidos anteriores. De no creer. Quedaron ahí, abandonadas.
El vestuario del equipo local de la primera de fútbol no se entiende. Duchas rotas e inodoros clausurados. Una letrina y dos mingitorios para todo el plantel. La táctica se ve dibujada en los azulejos de las paredes, donde queda inmortalizado cada partido.

Nadie vigila nada y todas las puertas están abiertas. Está, aunque suene triste, abandonado.
Lo han sabido dejar a la deriva todos, de a uno por vez: funcionarios de la quiebra, del fideicomiso, dirigentes del club, de AFA, las falsas promesas del PRO, la complicidad de la justicia.
Es un club herido de ver tantas espaldas.

Son los socios, solamente, los únicos -que no queden dudas sobre eso- , los que todavía caminan y besan y lloran a ese club que parece estar desbastado y entregado, dando las últimas muestras de vida para, pareciera, por momentos, poder decir en el final: “Por lo menos hicimos todo lo que se pudo”.

Después de la quiebra del 2000 se dieron 11 años para levantar la deuda. Vinieron interventores que, por lo contrario, aumentaron la deuda en los años más corruptos de la institución.

Comunicaciones, cuando pasó el plazo estipulado del fideicomiso, entró en una especie de remate.
Se presentó Moyano para adquirir el predio para su gremio: la Mutual de Camioneros. Los socios buscaron ayuda afuera mientras los funcionarios de adentro jugaban para otros intereses.

Imagen:NosDigital

El PRO les prometió representarlos. Hacerse cargo de la deuda a cambio de una pequeña porción del predio y devolver el resto a los socios.Ellos aceptaron. Tranzaron. Los socios fueron usados en las elecciones como aparato político para los actos. Participaron activamente de la campaña, inaugurando locales. El PRO ganó y se olvidó de Comunicaciones. Dijo no estar a la altura de Moyano y paró de ofertar.

El juez D´alessandro, sospechadísimo por sus vínculos con el moyanismo, le dio el club a Camioneros.
Comunicaciones dejó de ser un club. Pero, los socios apelaron. Aunque, bien los sabe el presidente de la subcomisión del hincha, Roberto Ruiz: “La apelación no va a ningún lado, el club ya está entregado”.
Cuando se sale del recorrido por el club se vuelve a cruzar por el camino, que ahora es de salida, donde se vuelve a ver a la muchedumbre de la toma.

Se ven desde barras, con gorritos jardineros que rezan “La Barra”, hasta los vitalicios, pasando por pibes, por mujeres, por señoritas, también por abuelas.
Todos están sentados en la misma mesa, en el centro una olla popular no para de repartir un guiso de fideos que aniquila al frío. Toman algún vino del pico y también gaseosas. Mojan el pan en el guiso y vuelven a comer.

Charlan entre ellos, hablan sobre como seguir, tratan de esperanzarse unos a otros. Los abuelos vitalicios de más de 80 años, como Cayetano Zacco, les dicen a los pibes: “Qué vamos a hacer, hay que seguir, estamos así, es una lucha que afrontamos para los chicos, los muchachos como ustedes, para nosotros, los viejos, no queremos nada, tenemos 84 años, estamos de paso”.

A Cayetano se le caen los parpados sobre los ojos, apenas puede ver por la ranura de esos anteojos lo que queda del club que supo ver con esplendor. Con una gorra que dice “Turismo y Pesca” con los colores y el escudo del club entona la denuncia: “Hay mano negra para darle el club a Moyano. Quiere comprar el club por migajas y el juez está emperrado en dárselo a él. Entonces, ¿es por simpatía o por la guita que le dio…? Queremos que D´alessandro se vaya, ya robó 12 años, se tiene que ir ¿Por qué el fideicomiso no pagó la deuda? Tenía los fondos para hacerlo. No reguló, ni pagó, destruyeron, y ahora lo quieren vender. 12 años aprovechando las entradas del club. Queremos que la Presidenta ponga manos en el asunto, que nos pague la deuda y en 5 años devolvemos todo, con interés incluido. El club está abandonado, está todo roto. Desaparecieron todo. Que D´alessandro se deje de joder, que entregue el club a los socios y que se vaya. El órgano fiduciario que nos pusieron fue una vergüenza: los tipos venían con armas en la cintura.”

Los socios de la toma, en su totalidad, posan con la bandera para la foto: “Fuera Moyano!”, dice el trapo. Luego aplauden y gritan “¡Vamos Comu que salimos!”, “Somos nosotros, somos los socios”.

El vitalicio Cerrada explica: “Necesitamos 6 meses de gracia para demostrar que los socios solos, con el control del club, podemos levantar la quiebra. Este club da superávit pero se lo llevan todo. Queremos hacernos cargo los socios, que ya sacamos el presupuesto y sabemos que, con honestidad, se puede. Estamos seguros de que se puede hacer. Lo único que se le pide al gobierno nacional es que nos dé la posibilidad de tener de esos 6 meses. Si el club está totalmente abandonado es porque los que tenían que hacerse cargo no aparecieron nunca.”

Los muchachos que se quedan a dormir, todos vestidos de pies a cabeza con los colores de Comu, muestran el lugar donde pasan la noche. En un galpón a la entrada del club. “Hace un frío terrible, es realmente difícil, pero el club lo necesita”, dice uno de los pibes. “Se están quedando a dormir 20 más o menos, los que no tienen familia”, explica otro, mientras hace un fuego en un tacho de metal, a la vieja usanza.
Los colchones se amontonan debajo de un par de pancartas que hay en una de las paredes del salón donde duermen. Con techo de chapa y sin un vidrio sin romper, el frío se pone peludo y las noches se tornan insoportables. “De acá no nos saca nadie, el club es nuestro”, se escucha constantemente.

“Nos tocó vivir de todo. La quiebra, descenso, ascenso, promociones, eliminaciones, todo. La última que nos quedaba era esta y la vamos a superar también”, dice emocionado, desde el corazón de hincha, el que se encarga que ninguno se quede sin su plato de guiso ni sin su pan de pebete.

Comunicaciones está tomado por su gente, por sus dueños. No se ve a nadie más.

¿Qué le piden al Gobierno de la Nación? Mientras el kirchernismo y el moyanismo se tiran dardos mediáticos, aparece Comunicaciones como un calcado reflejo de lo que sucede en las altas cúpulas de poder. Ante el interés de Moyano por el terreno, en 2011, cuando con Nación era todo color de rosa, los socios acudieron al PRO. El macrismo aceptó ese papel de probable héroe del club de barrio ante el sindicalismo.
Macri y Moyano rompieron todos los pronósticos y se aliaron. Contrato de basura va, predio de 18 hectáreas viene, el PRO dejó de jugar fuerte para Comunicaciones y dijo no poder “igualar ofertas”.
¿Moneda de cambio?

Todo se evidenció ante la ruptura del kirchnerismo con el líder de la CGT. En el último paro organizado por Camioneros, al que Macri adhirió, lo que hasta entonces era una posibilidad arriesgada e improbable empezó a ser visible. Continuando en la lógica política del aquí y allá, desde principio de año, ante la inminencia de Moyano y la entrega del PRO, los amantes del club Comunicaciones van con todo a pedir la ayuda “de la Presidenta”.

Roberto Ruiz lo explica: “Cristina es la única que nos queda. Venimos hablando con Abal Medina desde que empezó el año. Es nuestra última chance. El club, desde la justicia, ya está entregado. La apelación no va a ningún lado. La propuesta a Nación es simple: que hagan lo que quieran pero que salven y nos devuelvan al club. El viernes decidimos tomar el club, no hubo detonantes, sólo cansarse de esperar un final cantado. ´Vamos a tomar el club´, le dije a Abal Medina. ´Otra no les queda´, me respondió. No sabemos que van a hacer pero que hagan lo que sea necesario.”

“Al club lo vamos a zafar”, cierra Ruiz.

En ese contexto complicadísimo, donde la toma parece un abrazo de despedida que pretende no soltar jamás, el concepto es desesperado: El club debe quedar para los socios como sea.